viernes, 17 de julio de 2026

Los primitivos habitantes de Mendoza

El proceso de la evolución cultural de la humanidad requiere de la cooperación social entre distintos pueblos y culturas, de manera de conformar una cultura universal que beneficie a todo habitante del planeta. De ahí que se haya visto con buenos ojos la conquista europea en el continente americano, no exenta, seguramente, de algunos excesos.

Quienes se oponen a tal principio de cooperación social, basados en el relativismo moral, cognitivo y cultural, aducen que el proceso colonizador en realidad destruyó ciivilizaciones autóctonas, incluso aducen que tal proceso requirió de una masiva eliminación de vidas de quienes conformaban los pueblos originarios. Varios son los historiadores que, por el contrario, describen tal proceso como una fusión de culturas y un mestizaje o mezcla de etnias, con resultados favorables a todos los sectores.

A la llegada de los europeos a América, se encontraron con una gran diversidad de pueblos aborígenes, con distintas costumbres y comportamientos. En nuestro caso, se mencionará al pueblo huarpe, que junto a los españoles y otros europeos llegados posteriormente, conforman la actual población de la provincia de Mendoza; mestizaje que dista bastante de la visión popular construida en base a calumnias y difamaciones emitidas desde sectores multiculturalistas, que tergiversan la realidad y que aplauden con entusiasmo la actual destrucción social y cultural de gran parte de los países europeos.

Para el cristianismo existen sólo seres humanos que deben unirse en base a una empatía emocional generalizada; de ahí que la palabra "prójimo" indique "todo ser humano", en forma independiente de toda etnia o pertenencia a determinado grupo social. Esta actitud produce mejores resultados que un multiculturalismo que favorece la vigencia de grupos exentos de toda voluntad de integración, que tarde o temprano conduce a conflictos y enfrentamientos.

HUARPES

Por María Delia Solá

Región de paso obligado entre los valles del noroeste y la ruta a Chile, Cuyo se convirtió en una zona abierta a influencias andinas del noroeste, de los nómadas chaqueños, y de los pueblos de la Pampa y de la Patagonia.

Los huarpes, nombre con el que se designaba a los indios cuyanos, mantuvieron una identidad cultural común, aunque estaban divididos en tres grupos lingüísticos: en San Juan estaban los huarpes allentiac; en Mendioza los huarpes ndillcayac, y en San Luis, los huarpes puntanos.

Eran agricultores y construyeron canales y acequias para la irrigación artificial; para alimentarse cultivaban maíz y quinoa, y con la semilla de ésta preparaban bebidas espirituosas. A la actividad agrícola se sumaba la recolección de la algarroba con la que elaboraban una especie de pan llamado patay y la chicha, un sabroso licor.

Los huarpes de la laguna de Guanacache, en el límite nordeste de Mendoza con San Luis, consumían la raíz de la planta acuática llamada totora.

También fueron buenos pescadores y cazadores de aves, con cuyas plumas confeccionaban llamativas vestimentas y adornos. Cazaban venados, guanacos y tatúes (una variedad de armadillo), usando arcos y flechas con puntas de piedra finamente talladas.

Eran altos, con una media de 1,70 metros en los hombres y 1,60 metros en las mujeres, delgados, y de costumbres sedentarias.

Tanto varones como mujeres vestían una túnica-camiseta sin mangas, hasta la rodilla, y calzaban la ushuta (ojota) andina, elementos ambos que demuestran la influencia norteña. Las mujeres no cortaban nunca sus cabellos, y tatuaban sus narices y labios con color verde.

Utilizaban morteros cavados en el suelo rocoso para moler maíz y cocinaban sus alimentos en pequeños hornos de barro, algunos de los cuales se han rescatado en las provincias de San Luis y Mendoza.

Después de la conquista se fueron mestizando hasta desaparecer como etnia, aunque recientemente se han encontrado descendientes de la población originaria.

Costumbres

Los huarpes fueron uno de los pueblos conquistados por el Imperio Inca, motivo por el cual adptaron muchas de sus costumbres, como la vestimenta y los cultivos de maíz. Sin embargo, no abandonaron prácticas muy arraigadas como la caza y la pesca. Para pescar utilizaban una balsa hecha con juncos o totora fuertemente atados, impulsados por una larga vara que manejaban parados en una parte posterior de la embarcación. Pescaban con lanza. También cazaban patos poniéndose una calabaza en su cabeza e introduciéndose en el agua hasta que se acercaba alguno, lo atrapaban y sumergían velozmente sin hacer ruido.

Para cazar, perseguían al animal constantemente durante dos o tres días (casi sin poder beber o comer) al cabo de los cuales lo capturaban, por agotamiento.

El material de construcción de sus viviendas variaba según el lugar donde estuvieran establecidos: si habitaban en zonas montañosas, las construían de piedra, con techo plano, a una sola agua; en la llanura las hacían con ramas, barro y juncos.

Realizaban tallados en piedra, alfarería, pictografías (Antofagasta de la Sierra), pero se destacaron en la cestería. Hacían canastas de paja con diversos modelos, figuras y tamaños, el entrelazado de las fibras era tan compacto que podían llenarse con agua. Así producían sus tazas y vasos, que eran muy durables y no se rompían.

La alfarería huarpe era pintada con dibujos geométricos.

Organización social

Los huarpes practicaban dos costumbres muy especiales en su estructura social: el levirato y el sororato. El levirato consistía en que al morir el marido, la viuda y los hijos pasaban a depender del hermano menor del fallecido. En el sororato, cuando un varón se casaba, adquiría el derecho de casarse con las demás hermanas menores de la novia.

También practicaban la poligamia, pero sólo los jefes y otros miembros destacados podían sostener económicamente a una familia múltiple.

Religión

Creían en una divinidad central llamada Hunuc Huar, que vivía en los picos nevados de la Cordillera de los Andes, y temían a un demonio que llamaban Huana. También adoraban a las fuerzas de la Naturaleza, al Sol, la Luna, el Lucero, a los cerros y a los ríos.

Los muertos eran colocados de cúbito dorsal con la cabeza dirigida hacia la cordillera, lugar donde vivía Hunuc Huar.

(De "Aborígenes Argentinos" de María Delia Solá-Gradifco SRL-Buenos Aires 2009).

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