lunes, 6 de julio de 2026

El atractivo intelectual

A la mayoría de las personas les interesa bastante mostrarse atractivos ante la mirada y la opinión de los demás. De ahí la importancia de las modas y del ejercicio físico, ya que apuntan a lograr una belleza estética o exterior. Sin embargo, existe también la que podríamos denominar "belleza interior", o moral, y también una "belleza intelectual", que son partes del atractivo personal de cada individuo.

Cuando en una persona se destaca sólo la belleza exterior, o bien alguna de las otras dos mencionadas, puede decirse que se ha producido cierto desequilibrio en cuanto a los valores perseguidos por ese individuo, o bien por gran parte de la sociedad.

Estos atractivos son, muchas veces, dejados de lado y sólo se admira la riqueza material y el poder asociado. Y esta admiración por la riqueza material implica que quien la encuentra ha de tener mayores ventajas para lograr un mayor atractivo estético. Por el contrario, la envidia orientada hacia los ricos sólo puede provenir de otros materialistas que no pudieron alcanzar el nivel de riqueza deseado.

Quienes persiguen los valores morales e intelectuales, que están al alcance de la mayoría de los integrantes de la sociedad, estarán exentos de envidia por cuanto valoran aspectos que no se adquieren con dinero. Puede hacerse una síntesis de los valores antes mencionados:

1- Ética (la búsqueda del Bien)
2- Intelectual (la búsqueda de la Verdad)
3- Estética (la búsqueda de la Belleza)

Lo emocional está asociado al aspecto ético, y constituye el valor más importantes del ser humano. Wolfgang Goethe, para resaltar la superioridad de los sentimientos respecto del intelecto, dijo: “Lo que yo sé, todos pueden saberlo, pero el corazón es sólo mío”. Por otra parte, el destacado filósofo y matemático René Descartes, justificando la superioridad de lo intelectual a lo estético, expresó: “He preferido la verdad a la belleza”.

Siendo la vida espiritual la que caracteriza nuestra esencia humana, la propia naturaleza nos brinda posibilidades a todos para llegar a ser personas íntegras, o para llegar muy cerca de ese ideal. Así, hay veces en que los aspectos afectivos e intelectuales crecen como compensación a una pobre valoración estética por parte del medio social. Tanto Blaise Pascal, como San Francisco de Asís, Baruch de Spinoza y Sören Kierkegaard, poseían una salud precaria, posiblemente tendrían poco atractivo estético y los cuatro vivieron alrededor de los cuarenta años, pero pasan los siglos y sus atractivas personalidades siguen despertando curiosidad. Dijo François Mauriac sobre Pascal: “…al cabo de tres siglos él aún está ahí, vivo, tomando parte en nuestras disputas. Hasta sus mínimos pensamientos nos confunden, entusiasman o incomodan, pero él es comprendido al momento, desde la primera palabra, mucho mejor que en su propio tiempo…”.

Si tuviésemos que elegir una edad óptima para detener el paso del tiempo, un deportista la elegiría entre 25 o 30 años, un científico entre 35 y 45 años, un filósofo quizás algo más, mientras que, quien basa su vida en sus vínculos sociales y afectivos, podrá elegir una edad mayor aún. De ahí que una valoración excesiva de la belleza física hará sentir poco feliz a quien posee una edad que excede a la óptima de su ideal. Lograr el desarrollo equilibrado de nuestras tres dimensiones equivale hacer más intensa nuestra propia vida.

En una época en que una gran parte de la humanidad padece algún tipo de sufrimiento, generalmente asociado a un débil o inexistente sentido de la vida, podemos encontrar un objetivo concreto en la tarea de construir una personalidad equilibrada buscando el Bien, la Verdad y la Belleza. En el camino que lleva a ese logro se podrá también ser útil al resto de la sociedad.

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