miércoles, 15 de julio de 2026

Teologías simples vs. Teologías complejas

La palabra "teología" designa el "estudio de Dios"; estudio establecido generalmente para extraer conclusiones morales y para lograr un aceptable nivel ético en individuos y sociedades. Para ser la teología accesible a la mayoría de las personas, debería ser simple y breve, como es el caso de los Evangelios. Sin embargo, cuando se agrega cierta cantidad de dogmas, como en el caso del catolicismo, se pierde efectividad por cuanto se relega lo importante a un reducido nivel.

En cierta ocasión, en una clase dada a nivel universitario, en una facultad perteneciente a una Universidad católica, una alumna no tenía clara la existencia de los dos mandamientos de Cristo, ya que para ella, la palabra "mandamientos" la remitía a los de Moisés, siendo que los mandamientos de Cristo resultan más exigentes y tienen una generalidad bastante mayor. En esa facultad los alumnos tenían varias materias asociadas a la religión, y de ahí lo llamativo del caso.

En cuanto a las opiniones de algunos filósofos respecto de la religión, leemos: "Se puede afirmar con toda certeza -escribe David Hume- que todas las teologías populares, pero sobre todo la teología escolástica, poseen una especie de apetito de cosas absurdas y contradictorias: si no fueran más allá de la razón y del sentido común, sus doctrinas parecerían demasiado simples y familiares; hay que asombrar a los hombres, fingir el misterio, cubrirse de tinieblas; hay que dar a los devotos la ocasión tan anhelada de dejar someter su entendimiento rebelde; hay que crearse el mérito de creer en sofismas que ellos mismos son incapaces de entender" (De "Comunidad de los grandes espíritus" de M. P. Nicolas-Editorial Claridad SA-Buenos Aires 1947).

Por otra parte, Montesquieu escribió: "Los libros de teología son doblemente ininteligibles: por la materia de que tratan y por el modo de tratarla", mientras que Montaigne dijo: "El verdadero campo y el verdadero tema de la impostura son las cosas desconocidas. Antes que nada, porque en primer lugar su misma rareza les presta crédito, y luego, porque no hallándose a la altura de las conversaciones ordinarias, nos quitan los medios para refutarlas. Es mucho más fácil, afirma Platón, satisfacer ese propósito hablando de la naturaleza de los dioses que discurriendo acerca de la naturaleza humana, porque la ignorancia de los oyentes deja un amplio y hermoso campo y una libertad total para manejar una materia oculta. Ocurre así que nada se cree con más firmeza que lo que se conoce menos, ni hay gente más segura que los que nos narran fábulas...A los que agregaría con placer, si me atreviera, un cúmulo de gente que interpreta y comprueba ordinariamente los designios de Dios".

Nicolas agrega: "Es justo hacer notar que algunos de esos intérpretes de los designios de Dios, algunas de esas personas que nos narran fábulas, son seguramente gente de buena fe y proceden con buena fe. Convencidos de poseer verdades extrahumanas, se sienten en el deber de enunciarlas, desconociendo la evidencia de que se puede estar convencido y equivocarse totalmente. Ni aun quien muere por sus convicciones demuestra nada, fuera de que está extraordinariamente convencido; queda por examinar esa convicción. En junio de 1743, un jansenista de Utrecht se ahorcó, afirmando que resucitaría a los tres días: estaba seguramente convencido de ello".

"Convencido o no, quienquiera que tome la verdad a su modo, tendrá que responder de su conducta ante el espíritu científico que caracteriza una nueva época del mundo. A los ojos de los maestros de esta nueva época, que son los grandes pensadores, ni la preocupación de convertir, ni la de persuadir, ni la de perfeccionar, justifica más a nadie para sostener que sabe lo que no sabe".

"En el siglo XIX se levantó una voz que pronunció en público esta sentencia: «Quién por una razón cualquiera, aunque sea religiosa o moral, se permita la más ligera alteración de los hechos, es indigno de la ciencia» (Gastón París)".

Cuando se oscurece y se reemplaza lo básico y elemental, como es el cumplimiento de los mandamientos éticos, se llega al absurdo de suponer que la religión moral carece de incumbencia en la "cuestión social", hasta llegar a promover al marxismo para restaurar esa supuesta ausencia. Posiblemente no exista algo más asociado a la "cuestión social" que la ética bíblica, debido a que sugiere una actitud a adoptar frente a la vida y frente al resto de los seres humanos.

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