Si consideramos que todo lo existente está regido por leyes naturales invariantes, atribuyendo su realización al criterio de un Creador, o bien que tales leyes existen desde un pasado remoto, el ateísmo implica desconocer tales leyes, o bien conocerlas y no intentar adaptarse a las mismas, o bien intentar hacer lo contrario a tal posible adaptación. De ahí que, por ejemplo, suponer que el orden natural no condujo a la formación de hombres y mujeres, sino que los atributos que los caracterizan responden a una elección arbitraria por parte de los seres humanos, implica una forma inmediata de ateísmo.
Como una consecuencia de tal actitud, surgen los denominados relativismos, que por lo general se dan juntos en una misma persona, y son el relativismo moral, el cognitivo y el cultural. Leemos al respecto: "El relativismo cultural es una ideología político-social que defiende la validez y riqueza de todo sistema cultural y niega cualquier valoración de tipo universal y absolutista moral o ético. Sostiene que la diversidad de ideas y valores entre las distintas sociedades son irreductibles; no se puede juzgar un elemento cultural desde otra sociedad, lo único importante es que tenga sentido dentro de esa cultura. Todo lo que un grupo cultural apruebe o condene es considerado correcto dentro de esa cultura" (De santiagofuentes.wordpress.com).
Se advierte que en ningún momento aparece, para el relativista cultural, la simple pregunta de si acaso las denominadas "culturas" resultan compatibles, o no, con las leyes naturales que rigen nuestras conductas individuales. Al existir las leyes naturales estudiadas por la psicología, la psicología social y el resto de las ramas de las ciencias humanas y sociales, es posible determinar si una cultura o una civilización determinada resulta compatible con las conclusiones derivadas de las ciencias sociales, y de ahí una posible comparación entre las mismas, en oposición a la actitud del relativista cultural.
Cuando los países europeos consideran que no es posible establecer comparaciones entre diversas culturas, y que "vale" tanto la que sugiere "amar al prójimo como a uno mismo" como la que trata de imponer el criterio de "eliminar a los infieles", comienzan a alejarse de posturas civilizadas para entrar en otros estados diferentes. André Lalande escribió: "La civilización (opuesta al estado salvaje o a la barbarie) es el conjunto de los caracteres comunes a las civilizaciones consideradas como las más elevadas" (Del "Vocabulario técnico y crítico de la Filosofía"-Librería "El Ateneo" Editorial-Buenos Aires 1967).
El multiculturalismo europeo es en realidad un proceso con el cual se trata de suprimir todo rastro de cristianismo por cuanto toda simbologìa cristiana "ofende" a los musulmanes, que por cierto no aceptan el supuesto multiculturalismo, es decir, rechazan toda forma cultural que no sea la propia. Pero el problema esencial no radica en las diferencias, sino que gran parte de la "cultura islàmica" es considerada por el europeo comùn como simples delitos, tales como violaciones, robos, ataques con cuchillos hacia todo lo que no sea musulmàn. En definitiva, la izquierda gobernante europea reconoce todas las culturas, menos la asociada al cristianismo, y de ahì el apoyo evidente y el encubrimiento hacia todo delito provocado por musulmanes y africanos. La violencia promovida va en aumento a medida que pasan los meses y los años.
Como el multicultturalismo no exige, en principio, intregraciòn entre distintos grupos sociales, sino convivencia pacìfica entre los mismos, el resultado inmediato es la existencias de grupos distintos proclives a conflictos permanentes. Si se descarta la existencia de una instancia superior, como lo es la ley natural, se pierde toda posibilidad de entendimiento y se rechaza el ùnico vìnculo posible para una unificaciòn futura de la humanidad. La bùsqueda de una cultura universal, fortalecida con el aporte de todos los pueblos, se opone de raìz al caos y a la violencia favorecida y permitida por el denominado "multiculturalismo", que no es otra cosa que el verdadero ateìsmo elevado hasta niveles insoportables para quienes son marginados por no poseer la "cultura correcta". La izquierda polìtica trata de repetir el mismo engaño de los lìderes totalitarios, quienes, "generosamente", deseaban unir a la humanidad, pero bajo su propio mando.
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