Entre las figuras argentinas del siglo XIX, que fueron conformando la nueva nación, encontramos a Domingo Faustino Sarmiento, promotor de la educación, y a Juan Bautista Alberdi, el constitucionalista. Ambos forjaron los cimientos de la Argentina aunque, sin embargo, entre ellos se despertó una agria enemistad y una enconada lucha verbal.
Se citan, a continuación, algunos escritos asociados a la opinión alberdiana acerca del "Facundo", uno de los libros de Sarmiento, siendo una especie de biografía de Facundo Quiroga, caudillo riojano:
LA RAZÓN DE MAQUIAVELO
El libro El Facundo es peligroso para los tutores argentinos de provincia. Es el manual del caudillo y del caudillaje, en que el autor desenvuelve y consagra la teoría del crimen político y social como medio de gobierno. Biografía de un caudillo cuya vida es un tejido de robos, de asesinatos, de violencias y atentados de todo género. El Facundo es un proceso criminal hecho a Quiroga, en efecto, pero es que el juez acaba por absolver al reo de lesa humanidad y de lesa patria, desde que le oye hablar de constitución; conclusión que no es sino la vieja inmoralidad enseñada por Maquiavelo, según la cual el fin justifica los medios.
La biografía que, como ejemplo, educa a sus lectores, educa antes que a ellos al biógrafo mismo, el más familiarizado con ese ejemplo y más expuesto a su contagio. Constituido Sarmiento en Plutarco de los caudillos y criminales políticos de su país, ha tomado de la moral de sus héroes más de lo que él piensa.
Así, el asesinato de Dorrego por Lavalle es un crimen, según él, que tiene su explicación y excusa en las necesidades fatales de la historia.
Otro tanto es que a sus ojos el asesinato de Quiroga por Rosas: la solución fatal de un conflicto, el desenlace doloroso de una situación difícil que estaba en la naturaleza de las cosas.
Confieso que la moral de un libro que tales máximas enseña, me inspira poca fe en el amor del autor a la libertad y mucha desconfianza a la moral política del que se educa en tales lecturas.
Constituido en el lugar de Lavalle o de Rosas, ¿qué dificultad tendría en ayudar a la naturaleza de las cosas a resolver el conflicto en que estuviera contrariada su ambición de él, o de algún discípulo suyo formado en su doctrina?
Para Sarmiento, el terror es un medio de gobierno, no sólo en Quiroga y en Rosas, sino en todo gobierno.
Es un sofisma grosero y peligroso, en un país nuevo. No ha sido el terror, repetimos, sino el tesoro, el instrumento con que Rosas se ha elevado, y se elevó Quiroga con el apoyo de Rosas; es decir, del dinero nacional, aglomerado en Buenos Aires.
El libro es pernicioso, como calumnia y sátira contra la República Argentina y su sociedad; y como manual de los caudillos y del caudillaje, está lleno de máximas inmorales y maquiavélicas, y de herejías contra la República Argentina, de que son muestras las siguientes:
"Y no hay que alucinarse: el terror es un medio de gobierno que produce mayores resultados que el patriotismo y la espontaneidad. La Rusia lo ejercita desde los tiempos de Iván y ha conquistado todos los pueblos bárbaros".
"El espíritu de la Pampa está allí (en la República Argentina) en todos los corazone; pues si solevantáis poco las solapas del frac con que el argentino se disfraza, hallaréis siempre el gaucho, más o menos civilizado, pero siempre gaucho".
"En Facundo Quiroga no veo un caudillo simplemente, sino una manifestación de la vida argentina tal como lo han hecho la colonización y las peculiaridades del terreno, a lo cual creo necesario consagrar una seria atención, porque sin esto la vida y los hechos de Facundo Quiroga son vulgaridades que no merecerían entrar sino episódicamente en el dominio de la historia. Facundo, expresión fiel de una manera de ser de su pueblo, de sus preocupaciones e instintos, siendo lo que fue, no por un accidente de su carácter, sino por accidentes inevitables y ajenos de su voluntad, es el personaje histórico más singular, más notable, que puede presentarse a la contemplación de los hombres que comprenden que un caudillo que encabeza un gran movimiento social no es más que el espejo en que se reflejan, en dimensiones colosales, las creencias, las necesidades, las preocupaciones y hábitos de una nación, en una época dada de su historia... Por esto no es necesario detenernos en los detalles de la vida interior argentina, para comprender su ideal, su personificación."
"Costumbres de este género requieren medios vigorosos de represión, y para reprimir desalmados, se necesitan jueces más desalmados aún. El juez naturalmente es algún famoso (bandido) de tiempo atrás a quien la edad y la familia han llevado a una vida ordenada".
(Extractos de "La barbarie histórica de Sarmiento" de Juan B. Alberdi-Ediciones Pampa y Cielo-Buenos Aires 1964).
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