domingo, 19 de julio de 2026

Precauciones ante la información recibida

Especialmente en épocas de Internet y de la Inteligencia Artificial, es necesario adoptar la actitud de los científicos, quienes dudan de la veracidad de sus propias teorías, y bastante más de las teorías ajenas. Por ejemplo, en una escena "fabricada" con Inteligencia Artificial, aparece el arquero Donnarumma aplicando un poderoso golpe al futbolista Vinicius Jr., acontecimiento que nunca ocurrió, pero que resulta real para quienes poco conocen de las nuevas tecnologías informáticas.

Otra "información" que circula por Internet implica noticias totalmente falsas, como las que anuncian la ocurrencia de un terremoto en cierto país, mientras que los medios periodísticos responsables ni siquiera escriben sobre ello. Cuesta entender esta mentalidad de quienes utilizan su tiempo para semejante estupidez. También podemos observar títulos de videos que, una vez abiertos y observados, se llega a la conclusión que el título poco o nada tiene que ver con el contenido, siendo otra forma de mentir.

Se dice que los efectos de ciertos acontecimientos dependen más de la opinión que tengamos sobre ellos que de la propia realidad. Así, un acto terrorista es promovido y festejado por algunos sectores y rechazado por otros. Un mismo acto es visto de distinta forma según las ideas y las fobias previas existentes en los diversos individuos y grupos.

Mientras que, en otras épocas, los peligros que afrontaba la sociedad radicaban en la presencia de líderes políticos o religiosos que sembraban el odio a nivel colectivo, bajo una mezcla de verdades y mentiras, en la actualidad muchos de estos personajes disponen de las redes sociales para imponer en la sociedad ciertas creencias poco compatibles con la civilización.

Por las razones expuestas, resulta imprescindible que en cada individuo surja una actitud de moderada desconfianza ante todo lo que lee u observa en Internet, ya que los porcentajes de noticias falsas es bastante considerable. La opción de un control estatal no parece segura por cuanto tal control puede resultar favorable para el poder político de turno, impidiendo cierta neutralización entre publicaciones en Internet que evitan la unificación del poder informático en pocas manos.

Se transcribe a continuación un artículo al respecto:

EVITAR EL SABER INCUESTIONABLE

Ortega y Gasset, filósofo, sobre la educación: "Siempre que enseñes, enseña a la vez a dudar de lo que enseñas".

La visión del pensador madrileño sobre la educación defendía que el aprendizaje sólo avanza cuando el conocimiento se somete de forma constante al análisis, la reflexión y el cuestionamiento.

Diderot, filósofo: "El hombre nace para vivir en sociedad. Sepáralo, aíslalo, y sus ideas se desintegran".

Pablo Neruda, escritor y premio Nobel: "Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera".

La educación, el pensamiento crítico y la capacidad de cuestionar las certezas forman parte del legado intelectual de José Ortega y Gasset. Entre las numerosas reflexiones que dejó el filósofo español, una destaca por su actualidad y profundidad. "Siempre que enseñes, enseña a la vez a dudar de lo que enseñas", dijo. Una frase que, lejos de promover la desconfianza hacia el conocimiento, reivindica una forma de aprendizaje basada en la reflexión y la autonomía intelectual.

Considerado uno de los pensadores más influyentes de la España del siglo XX, Ortega defendía que la educación debía ir mucho más allá de la simple transmisión de contenidos. Para él, el objetivo de enseñar no era llenar la mente de datos o conceptos, sino formar ciudadanos capaces de interpretar la realidad por sí mismos. En ese contexto, la duda no aparecía como un obstáculo, sino como una herramienta imprescindible para evitar que el saber se convierta en algo rígido e incuestionable.

La clave para entender esta idea se encuentra en una de las distinciones más conocidas de su filosofía: la diferencia entre ideas y creencias. Ortega explicaba que las creencias son aquellas convicciones tan arraigadas que forman parte de nuestra vida cotidiana sin que apenas reparemos en ellas. Actuamos desde ellas de manera automática. Las ideas, por el contrario, son construcciones intelectuales que utilizamos para responder preguntas, resolver problemas o comprender el mundo que nos rodea.

El filósofo advertía del riesgo de que las ideas acabaran transformándose en creencias ciegas. Cuando un conocimiento deja de ser cuestionado y se acepta como una verdad absoluta, pierde vitalidad y deja de evolucionar. Por eso defendía que quien enseña también debe mostrar los límites de lo que transmite. Educar no consiste en imponer certezas, sino en ofrecer herramientas para que cada persona pueda examinarlas, contrastarlas y, si es necesario, corregirlas.

Esta visión estuvo profundamente influida por el contexto histórico que le tocó vivir. Ortega desarrolló gran parte de su obra durante las primeras décadas del siglo XX, una etapa marcada por profundas crisis políticas, sociales e ideológicas. El ascenso de los totalitarismos en Europa y la creciente polarización de las sociedades occidentales reforzaron su preocupación por los discursos cerrados y las doctrinas que no admitían discrepancia.

Frente a esa tendencia, defendió el liberalismo intelectual y la importancia de una ciudadanía capaz de pensar de manera independiente. También mostró su desacuerdo con ciertos modelos educativos basados en la memorización y la repetición mecánica de conocimientos. Influido por las corrientes pedagógicas más avanzadas de su tiempo y por su experiencia académica en Alemania, apostó por una enseñanza en la que el estudiante desempeñara un papel activo en la construcción del saber.

Estas ideas aparecen reflejadas en algunas de sus obras más conocidas. En Misión de la Universidad, publicada en 1930, sostenía que las instituciones académicas no debían limitarse a formar profesionales especializados. También tenían la responsabilidad de cultivar personas capaces de comprender su tiempo y participar de manera crítica en la vida pública. Más tarde, en Ideas y creencias, profundizó en la forma en que los seres humanos construyen sus convicciones y en la necesidad de mantenerlas abiertas a la revisión.

La propuesta de Ortega y Gasset presenta además una diferencia significativa respecto a otros pensadores clásicos. Mientras René Descartes utilizó la duda como un método para alcanzar una verdad firme y definitiva, Ortega entendía que la realidad está en permanente cambio y que, por tanto, nuestras interpretaciones también deben adaptarse. La duda no era para él una etapa provisional, sino una actitud intelectual constante.

(De www.elconfidencial.com)

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