jueves, 30 de julio de 2026

¿Hacia un colectivismo planetario?

Los colectivismos propuestos por los sistemas totalitarios, como el comunismo, son sociedades que en cierta forma se parecen a un hormiguero o a una colmena. Ante la absurda creencia que siempre los objetivos que busca y benefician a un individuo se oponen necesariamente a beneficiar al resto de la sociedad, se logra cierta justificación para establecer tal tipo de colectivismos.

En realidad, los colectivismos apuntan a unir a los seres humanos mediante vínculos materiales, como es el caso de los medios de producción, en lugar de buscarlos a través de la empatía emocional, como lo propone el cristianismo. Mientras que los vínculos materiales atan a las personas produciendo verdaderas cárceles colectivas, los vínculos emocionales mantienen vigentes las libertades individuales que conllevan a la formación de sociedades verdaderamente humanas.

Los colectivismos resultan ser sociedades artificiales, en el sentido de que son creaciones netamente humanas en las cuales se acentúa el gobierno del hombre sobre el hombre, partiendo de una desigualdad inicial que se mantiene en el tiempo. Por el contrario, las sociedades de individuos vinculados mediante la empatía emocional adoptan como base la principal ley natural que el orden natural ofrece para la supervivencia de la vida inteligente, como también de otros seres vivientes. De ahí aquella búsqueda del Reino de Dios, es decir, la búsqueda del gobierno de Dios sobre los hombres a través de las leyes naturales existentes.

Todo individuo que se rija por las leyes naturales en lugar de las leyes humanas, puede considerarse como alguien que se "autogobierna". De ahí que la ética bíblica, basada en la ley natural, permite tal tipo de autogobierno, que conduce a la libertad individual y colectiva. Debido a estos aspectos, el cristianismo es combatido en Europa por cuanto es la oposición a toda forma de colectivismo de tipo socialista o islámico.

Lamentablemente, la propia Iglesia Católica se ha hecho cómplice del proceso destructivo asociado a los gobiernos socialdemócratas europeos y al Islam. El aumento del porcentaje de musulmanes en Europa y la creciente inmigración no selectiva, apuntan a un reemplazo poblacional que avanza con bastante rapidez.

Mientras que la globalización económica apunta hacia la formación de un mercado mundial, se conoce como "globalismo" la formación de un gobierno con pretensiones planetarias, promovido principalmente por los sectores socialistas con el apoyo del Islam. Con el aumento de la población musulmana, serán en el futuro los partidos políticos islámicos los que triunfarán con el incondicional apoyo de sus adeptos y con una posible ruptura de la sociedad "socialismo-Islam".

Ello implica que, de continuar el proceso destructivo tal como en la actualidad se presenta, al cabo de algunos años, o decenas de años, será el Islam el totalitarismo y colectivismo triunfante, con un importante deterioro de lo que se considera como "civilización" por cuanto el Islam está lejos de ser una "religión de paz" siendo en realidad una ideología política con ambiciones de dominar e imponer sus reglas a toda la humanidad.

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