Si existe una ética universal, de validez para todos los seres humanos que poblamos el planeta, estando regidos por las mismas leyes naturales, el robo, el asesinato, la esclavitud, etc., deberían ser considerados como acciones negativas y prohibidas por las diversas legislaciones nacionales. Esto implica que la ética, y los valores netamente humanos que la justifican, deberían predominar sobre otros aspectos vinculados con las acciones y creencias humanas.
Esto no se cumple en el caso del denominado "muticulturalismo", por el cual las acciones humanas no se valoran en función de los efectos producidos en uno y en otros individuos, sino que se valoran según el "marco cultural" respectivo, que tiende a desplazar o a ignorar lo que nos impone el orden natural. Valentí Puig escribió: “Según la lógica multiculturalista, el inmigrante que llega de otras culturas no debe dejarse contaminar por los valores públicos de la tierra que le acoge. Queda deslegitimado el esfuerzo de integrarse. Es así como el multiculturalismo suscita guetos y atomiza la comunidad de acogida. Las entidades no se suman, sino que viven por separado, refractarias a la idea de bien común. La multiculturalidad sustituye al pluralismo de ciudadanía. Según el multiculturalismo, todas las culturas son iguales. Si fuera así, el Renacimiento y la Ilustración significan tanto o menos que la percusión elemental de los aborígenes australianos. Sin embargo, existe una diferencia entre las señales por humo y la telegrafía sin hilos” (De “La fe de nuestros padres”-Ediciones Península-Barcelona 2007).
Veamos un ejemplo. En los países occidentales están prohibidas las organizaciones mafiosas, en donde entran nuevos integrantes en forma voluntaria. Para el logro de los objetivos mafiosos se requieren acciones negativas para la sociedad, de ahí que algunos integrantes pretenden salirse de tales organizaciones, aunque esta posibilidad puede costarles la vida. En forma similar, o quizás peor, aparece el Islam, que obliga a los infieles a entrar en esa organización totalitaria. En caso de rechazar "la invitación", podrán perder la vida al ser considerados como infieles. Si quienes ya están en el Islam pretenden salirse, también en ese caso podrán ser asesinados por los adeptos al profeta de Alá.
Lo que sorprende un tanto es que la mafia siciliana esté prohibida por las leyes italianas, y de otros países, mientras que el Islam no lo está. Y aqui se advierte la diferencia esencial entre tener en cuenta los efectos de las acciones humanas a la luz del orden natural a tenerlos en cuenta en función del "marco cultural" en donde se desarrollan. Oriana Fallaci escribió: “Dijo Marcello Pera, presidente del Senado, que en la paz en la que se regodea desde hace sesenta años, una paz por otra parte garantizada por América, ve un derecho divino y natural no una fortuna que hay que salvaguardar si es necesario con la fuerza. Y gracias a eso (añado yo) Eurabia ha construido la patraña del pacifismo multiculturalista, ha sustituido el término «mejor» por el término «diverso-diferente» y se ha puesto a chismorrear que no existen civilizaciones mejores".
"No existen principios y valores mejores, sólo hay diversidad y diferencias de comportamiento. Esto ha criminalizado y sigue criminalizando a los que expresan opiniones, que señalan méritos y deméritos, que distinguen el Bien del Mal y que llaman al Mal por su nombre. Y por último, dijo lo que desde hace tres años yo repito en vano. Que Europa vive sumida en el miedo y que el terrorismo islámico tiene un objetivo muy preciso: destruir Occidente, es decir acabar con nuestros principios, con nuestros valores, con nuestras tradiciones, con nuestra civilización. Pero, al igual que en mi caso, su discurso cayó en saco roto”.
Más adelante, Fallaci menciona y transcribe parte de la carta que le enviara un joven italiano: “Ojo al que se atreva a abandonar la recta vía de lo Políticamente Correcto, es decir de la reverencia que los bienpensantes tienen hacia los hijos de Alá. Ojo si te atreves a observar que en los países musulmanes no pueden construirse iglesias, y que a los cristianos y a los budistas y a los hebreos, es decir a los perros-infieles, los matan sin problema alguno. Ojo si sostienes que el Islam es alérgico a nuestros valores y en particular al concepto de libertad. Como mínimo te llaman racista”.
“Para intentar establecer el principio del Bien y del Mal, para intentar comprender qué es la ética y la moral, hace tiempo se hizo un debate en clase. Yo puse el ejemplo de los talibanes que mataban las mujeres por llevar uñas pintadas, y los bienpensantes se ofendieron a muerte. Uno me gritó indignado la regla fundamental: no se pueden expresar juicios sobre los comportamientos, las costumbres y las religiones de los demás. Otro me reprochó gritando: «¡No olvidemos que los cristianos hicieron las Cruzadas!». De hecho, en ese momento me enfadé yo porque estoy hasta el gorro [harto] de ver presentar a los Cruzados como siniestros asesinos y al Feroz Saladino como un caballero con frac. Estoy hasta el gorro de ver justificar con las Cruzadas los abusos, la prepotencia, los degüellos y las decapitaciones” (De “Oriana Fallaci se entrevista a sí misma”-Editorial El Ateneo-Buenos Aires 2005)".
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