Se menciona a continuación un cuadro comparativo entre democracia y socialismo, o comunismo, cuyo autor es Sebastián Soler y que fuera editado por la Revista Somos bajo el título "¿De qué República hablamos?" (Editorial Atlántida SA-Buenos Aires 1981).
El ser humano
Para la democracia, el ser humano es el que, mediante su acción, ha proyectado el espíritu sobre un mundo ciego. La idea democrática reposa en la confianza de que en todo ser humano hay un fondo común y valioso de dignidad. Y que por ese fondo está dotado no sólo de autoconsciencia, sino también de capacidad para dar valiosas respuestas a los estímulos del mundo moderno. El hombre posee una originalidad creadora cuya libertad debe ser respetada. Esa revalorización del hombre, de su dignidad y de su originalidad es una de las formas más claras y evidentes de la vida democrática.
Para el comunismo, el ser humano es proletario o burgués: esclavo u opresor. El burgués será necesariamente explotador, sanguijuela, puerco, usurero, egoísta e inmoral. El proletario, naturalmente, todo lo opuesto. La historia del hombre y del mundo es la historia de la lucha de clases.
La familia
Para la democracia, la familia constituye el núcleo básico donde se conservan, transmiten y nutren los principios fundamentales de la moral individual, que en su característica de buena fe, configuran la virtud sobre la que reposa la república.
Para el comunismo, la familia es el primer gérmen de la propiedad. "La mujer y los hijos -dice Marx- son los esclavos del marido". O sea que ese "salvaje propietario y vampiro capitalista" -el marido, se entiende- para su personal prosperidad económica deberá darles de comer lo estrictamente necesario para que no perezcan de hambre, y la mujer pueda seguir cocinando para él, los hijos manteniéndolo, y él acumulando plusvalía más no sea en forma de gordura y colesterol.
La propiedad privada
Para la democracia, la propiedad privada forma parte del ser humano en el mismo sentido que forma parte de él la capacidad creadora que se funda en la libertad. Es uno de los bienes inajenables del hombre, como su libertad, su racionalidad inteligente, su moralidad, su religión.
Para el comunismo, la propiedad privada es la expresión externa de una tendencia del hombre, que trata de establecer sobre los demás un poder ajeno, para encontrar así una satisfacción de su necesidad egoísta. Es la gran responsable de todos los males: inmoralidad, frustración, esclavitud. Por lo tanto hay que abolirla e instaurar el comunismo.
Los derechos humanos
Para la democracia, los derechos humanos son violados cuando se violan las leyes.
Para el comunismo, los derechos humanos son violados cumpliendo las leyes.
El Estado
Para la democracia, el Estado le reconoce al hombre el máximo campo de desenvolvimiento, pues confía en que aquel hará buen uso de su libertad. El Estado democrático se asienta en la virtud.
Para el comunismo, el Estado está entretejido por estructuras de desconfianza y temor hacia la libertad. Multiplica sus leyes, reglamentos, órdenes, prohibiciones y penas: lo encarrila todo. Vive un perpetuo crecimiento canceroso. El Estado totalitario se asienta en la fuerza.
El poder
Para la democracia, el poder reside en el pueblo, "quien -como dice nuestra ley fundamental- no delibera ni gobierna sino por medio de sus representantes y autoridades creadas por esta Constitución". La democracia no coloca a todos los hombres en el mismo nivel de poder, pero sí en el mismo nivel de dignidad y de valor como seres humanos.
Para el comunismo, el poder está en manos del "proletariado", aunque no quede bien definido qué es el proletariado, y en la realidad sea ejercido por una minoría selecta digitada por el Partido.
El individuo
Para la democracia, el individuo es quien puede ofrecer testimonio seguro de la justicia de una ley, porque en él y sólo en él es donde podemos hallar el fundamento de toda evidencia. El manantial de las corrientes dinámicas y creadoras de la especie humana fluye en el individuo y en él brota. El liberalismo está fundado sobre "la noción del valor absoluto de la personalidad, la dignidad y la excelencia humanas".
Para el comunismo, el individuo es eclipsado por la masa. Y el individualismo fue convertido por la propaganda marxista en sinónimo de egoísmo, codicia, soberbia, falta de caridad y amor al prójimo.
La educación
Para la democracia, la educación es fundamental, ya que sólo a través de ésta el ser humano biológico alcanza a un tiempo autoconsciencia y visión objetivante; captación del mundo externo y captación de los valores: comprensión de las leyes naturales y de las relaciones de convivencia; distinción entre el pensamiento lírico y el pensamiento válido. La democracia se apoya en ese ser. Ella cre que la inteligencia humana es atraída por la verdad, aunque admite el error, no sólo como posible, sino aun como natural. Cree que la inteligencia humana es capaz de desenmascarar todo interés y que la verdad es implacable, hasta en cada uno de nosotros.
Para el comunismo, la educación consiste en difundir la ideología marxista. La formación del hombre no apunta al desarrollo de la personalidad individual, sino al moldeo de un eficiente instrumento de producción y consolidación del sistema. Toda proyección individual -que se aparte o cuestione los principios filosóficos del sistema soviético- es por definición falsa y atentatoria contra la seguridad del Estado.
La prensa
Para la democracia, la prensa es un poder real del hombre, como la palabra y la opinión. Apenas es concebible que se abuse de esa libertad pues todas las desviaciones de la verdad no se comprenden sino como errores accidentales, que no pueden torcer el curso de aquélla; además, los destinatarios también son inteligencias tendientes a la verdad y voluntades en busca del bien.
Para el comunismo, la prensa es un poder del Estado, que expresa lo que debe decirse. Se trata de una prensa manejada como cualquier rama de la administración pública. Los ministerios de propaganda son una típica creación de los Estados totalitarios: su plan es el de pensar y hacer pensar de acuerdo con la norma.
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