Cuando en un país se llega a un proceso inflacionario importante, es necesario revertirlo hasta llegar a una inflación mínima o nula. Como la causa principal de este proceso es el gasto estatal excesivo, se recomienda bajarlo en forma gradual o bien en una forma rápida. En la forma a adoptar difieren los economistas. Así, la reducción del déficit fiscal; déficit que implica que los gastos estatales exceden a los ingresos, implica un “ajuste” que ha de producir sufrimientos en distintos sectores de la sociedad. Esta vez se busca que el proceso de ajuste sea lo menos “doloroso” posible. Las dos opciones son: intenso “dolor” durante breve tiempo o bien mediano “dolor” durante bastante tiempo, con la posibilidad de no llegar, en este caso, a la solución esperada.
En la Argentina, el gobierno de Javier Milei adoptó la alternativa de reducir las causas de la inflación en forma rápida, consiguiendo resultados positivos hasta el momento. Sin embargo, algunos “periodistas” aducen que no es tan exitoso el proceso porque en años anteriores, bajo gobiernos kirchneristas, se tenían niveles de inflación similares. Este es el caso de Rolando Graña, que envenena las pantallas televisivas semanalmente añorando, pareciera, al gobierno anterior.
Supongamos que el gobierno kirchnerista recibió al país con una inflación del 10% anual hasta subirla hasta el 300% (por decir algunas cifras). Es evidente que, en algún momento, pasó por el 30% de inflación, que es aproximadamente la inflación anual actual con Milei. Pero es muy distinto tener ese nivel en un proceso económico con inflación ascendente que tenerlo en un proceso de inflación descendente. Además, la inflación kirchnerista mantenía precios bajos de los servicios con fuertes subvenciones a las empresas respectivas, y con fuerte déficit fiscal. La inflación de Milei, por el contrario, se establece con déficit nulo, o muy bajo, y con subvenciones también muy bajas.
Puede decirse que, con tres o cuatro “periodistas” como el mencionado, un país puede caer en las peores crisis, ya que el votante desprevenido, que confía en lo que observa en televisión, posiblemente orientará su apoyo político a sectores populistas o totalitarios. De la misma forma en que los sectores socialistas utilizan la democracia para acceder al poder, para luego destruirla, se amparan en la libertad de expresión para difundir su nefasta ideología.
Ante la pregunta: ¿En qué se parece la crisis de 1930 a la actual? [década de los 70], Friedrich Hayek respondía: “Entre la primera y la segunda –que venimos atravesando desde 1973- hay parecidos y diferencias. Los parecidos se encuentran en las malas orientaciones de las actividades económicas, que hoy se manifiestan y que son la consecuencia del periodo de inflación que precedió”.
“Pero en la década del 30 la política monetaria era deflacionista, mientras que hoy todavía se cree que prolongando la inflación a un ritmo moderado se mantendrá un índice de actividad más elevado. Todo lo que se obtiene con ello es la «stagflación»”.
“Hemos llegado al punto en el que sólo una aceleración de la inflación podría mantener las actividades anteriores. Al no atreverse a detener la inflación, se juntan los males de las dos situaciones: se tiene a la vez inflación y desempleo”.
“Yo considero que deben ser corregidas las malas orientaciones de la producción debidas al periodo de inflación. Detener la inflación traerá aparejado un aumento del desempleo. Pero esto es posible realizarlo de dos maneras: rápidamente o lentamente. Personalmente estoy convencido de que hay que actuar rápidamente, porque ningún gobierno puede hacer frente políticamente a una política, extendida a lo largo de varios años, de reducción de la inflación, que se acompaña de depresión”.
“Pienso que es necesario estabilizar la situación en seis meses, que serán difíciles de soportar y muy penosos, pero que permitirán un nuevo comienzo económico. Es lo que hicieron los Estados Unidos después de la Primera Guerra Mundial: bajaron el nivel de los precios en un 44% en seis meses; seis meses horribles, con un 20% de desempleo. Pero al final de ese periodo, el camino estaba despejado para un nuevo boom: la reactivación fue posible”. (De “¿De qué República hablamos?”-Revista Somos-Editorial Atlántida SA-Buenos Aires 1981).
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