Existe cierta confusión acerca de la compatibilidad de las ideas de Karl Popper y una posible aplicación de las mismas por parte de George Soros. En realidad, la propuesta de Popper no difiere esencialmente de lo que proponen los autores liberales, mientras que la propuesta de Soros tiene en cuenta prácticas cercanas al totalitarismo. Recordemos que Soros es un millonario que hace aportes para facilitar el éxito de la propuesta globalista, que apunta a la destrucción de la civilización humana.
La sociedad abierta, propuesta por Popper, implica un conjunto de seres humanos que se unen sin perder su individualidad, incluso acentuando los atributos que los distinguen de sus semejantes. Por el contrario, una sociedad cerrada es aquella en que sus integrantes se "unen" perdiendo su individualidad, renunciando a todo proyecto personal para participar solamente en la búsqueda de objetivos comunes impuestos por el Estado (o por quien, o quienes, lo dirigen).
En el caso del conjunto de los países ocurriría algo similar. El "planeta abierto" implicaría una unión pacífica de los países mediante intercambios comerciales (no exclusivamente), lo que conocemos como globalización. Este proceso queda amparado por una cultura universal construida con el aporte de todos. El "planeta cerrado" implica la unión forzada de los pueblos mediante intercambios poblacionales con diversas "culturas" (buenas o malas) que tienden a reemplazar a la cultura universal tanto como a los atributos, bienestar y potencialidades de los países desarrollados, tal el caso de la invasión colonialista afro-islámica que se abate sobre Europa, principalmente. Este proceso tiende a destruir todo atributo cultural previamente existente (globalismo).
Una sociedad abierta no ha de estar regida por decisiones individuales de algún gobernante, sino por leyes establecidas previamente y que conforman la democracia liberal. En este sentido, el liberalismo adopta una postura compatible con las religiones bíblicas, que consideran que el Reino de Dios implica el gobierno de Dios sobre los hombres a través de las leyes naturales existentes. Por el contrario, las religiones paganas (como el Islam) se basan en el criterio personal impuesto por un líder que ignora completamente toda ley natural existente, principalmente las leyes que rigen el comportamiento humano. Desde este punto de vista, se trata de una negación de la voluntad de Dios, o de la "voluntad" implícita en el espíritu de la ley natural.
Patricio Lóizaga escribió respecto de Popper: "La aplicación del racionalismo crítico al ámbito práctico se realiza en obras como La sociedad abierta y sus enemigos y La miseria del historicismo. Es deber de la praxis social evitar el sufrimiento, pero no hacer felices a los hombres (buscar esto conduce a formas de autoritarismo, ya que el que lo intenta debe imponer a los demás sus propias valoraciones)".
"A nivel político no se debe buscar la creación del «reino del amor», sino sólo instituciones controladas por la razón. Para Popper, los problemas del mundo actual no son fruto de la perversidad humana, sino consecuencia del deseo de mejorar el mundo: amor mal dirigido. Ahora bien, si la elección por la racionalidad es injustificable, también ha de serlo la elección por la irracionalidad".
"¿Por qué elegir la racionalidad como forma de vida? Siguiendo el método del racionalismo critico: por el análisis de las consecuencias. El irracionalista es dogmático a la fuerza, ya que desdeña el uso de la razón y la crítica, de modo que el racionalismo crítico se convierte en la única actitud que permite el desarrollo de la sociedad abierta, que posibilita el libre ejercicio de las facultades humanas, mientras el irracionalismo o el seudoirracionalismo a la manera platónica fomentan la constitución de sociedades cerradas, en las que un grupo de elegidos puede dictaminar qué es lo bueno para los demás".
"Si bien nuestra sociedad no es la mejor posible, es la mejor que ha existido en la historia humana. Esta imagen optimista popperiana se relaciona con su creencia de que las democracias representativas están en condiciones de defender a los miembros más débiles frente a los más fuertes. Las ideas del falibilismo hallan su aplicación política directa en el tema de la ingeniería social práctica, que permitiría la racionalización y planificación de la sociedad con el objeto de favorecer la libertad de los individuos".
"En el otro extremo del historicismo, que considera que es imposible alterar el curso de la historia, se halla la ingeniería utópica que afirma que sólo a partir de la determinación del Estado ideal es posible trazar planes concretos. La ingeniería social gradual sustentada por Popper se encuentra equidistante de ambos extremos, no plantea fines últimos para la sociedad, sino que se atiene a un plan más modesto: combatir los males" (Del "Diccionario de pensadores contemporáneos"-Emecé Editores España SA-Barcelona 1996).
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