En medios de comunicación se menciona que casi 5.000 cristianos en el mundo han sido asesinados, durante el año 2025, por el simple hecho de adherir al cristianismo. La gran maypría de estos asesinatos fueron realizados por adherentes al Islam. Sin embargo, nunca se ha escuchado decir que, tanto el Papa Francisco como León XIV, hayan protestado contra los jerarcas islámicos por tal proceso terrorífico. Por el contrario, aparecieron sonrientes durante algunos encuentros interreligiosos buscando confraternizar con quienes promueven tanto la destrucción del cristianismo como de la civilización occidental.
No todos los recientes Papas se han desinteresado por la religión para priorizar la política, como los antes mencionados, ya que Benedicto XVI sintió la responsabilidad de advertir a las mujeres católicas de no casarse con musulmanes, conociendo de antemano la vida de esclavitud que casi seguramente habrían de llevar.
Todo indica que al actual presidente de EEUU, Donald Trump, le afectan más las miles de pérdidas de vídas cristianas que a las propias autoridades de la Iglesia, que hacen todo lo posible por facilitar la expansión del Islam en Europa y en todo el planeta.
Tanto en política como en religión se corren riesgos de que aparezcan líderes más interesados en sus proyectos personales que por el bienestar y la seguridad de sus dirigidos. La Iglesia ha caído en una especie de paganismo en el cual sólo interesa la trascendencia y la popularidad de Cristo, mientras que apenas existe un interés por que sus mandamienos éticos sean aceptados por los integrantes de la sociedad humana.
No se ha avanzado demasiado desde la Edad Media cuando existían problemas similares. Así, Guillermo de Ockham escribía:
El Papa no tiene poder absoluto ni en las cosas temporales ni en las espirituales
El bien común se ha de preferir al bien particular. Por eso, al poner Cristo a Pedro al frente de las ovejas, lo que principalmente quiso fue atender a las ovejas, no a Pedro. Pero si Pedro hubiese recibido tal plenitud de poder del mismo Cristo, no habría mirado fundamentalmente por sus ovejas, sino por sí mismo y su honor. Queda, pues, claro que Cristo no dio ni a Pedro ni a sus sucesores tal plenitud de poder.
Esto se puede confirmar y apoyar desde la razón de muchas maneras. El gobierno apostólico o papal no fue instituido menos para la utilidad común de los fieles que el gobierno civil (secular) moderado y justo para la utilidad de los súbditos. Gobierno que, según los estudiosos del mundo en materia política, fue instituido para beneficio de los súbditos. Luego el gobierno papal no fue instituido por Cristo para el mismo Papa, sino para los fieles.
De todo lo cual se deduce claramente que el obispo de Roma -si quiere considerarse el primero entre los obispos- no debe buscar su propio honor diciendo que tiene toda la plenitud de poder sobre todos los fieles, sino que debe buscar la utilidad de los demás de manera que sólo se atribuya aquel poder que se juzgue necesario y útil a los fieles, con lo cual ya no es tal plenitud de poder. Pues ¿qué sentido tiene imponer cargas pesadas e insoportables o apenas llevaderas -sobre todo a débiles e imperfectos, proclives a la impaciencia y a la ira- por un señor que puede ser tonto, temerario, mal intencionado y perverso como el Papa? ¿Y de qué le sirve tener por encima de ellos a quien de iure puede imponerles sobre sus hombros cargas insoportables?
No teniendo, pues, el Papa poder dado por Dios -como ya hemos dicho- para destruir sino para edificar a los fieles, se sigue que el Papa no tiene de Cristo tal plenitud de poder.
Hay más. El Papa -lo mismo que los otros prelados de la Iglesia- no debe dominar sobre el clero tal como lo afirma san Pedro («Apacentad no como dominadores sobre la heredad, sino sirviendo de ejemplo al rebaño». Luego, no tiene ni en las cosas temporales ni en las espirituales tal plenitud de poder.
(De "La filosofía medieval" de Andrés Martínez Lorca-EMSE EDAPP SL-Buenos Aires 2015).
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario