sábado, 31 de enero de 2026

Auguste Comte y la religión universal

En algunos pensadores pueden advertirse grandes aciertos junto a grandes errores, opacando éstos a los primeros. Este es el caso de Auguste Comte, fundador de la sociología, quien promovió la idea de considerar a todo lo existente como regido por leyes naturales invariantes, incluyendo a la sociedad y a todo individuo bajo esta forma regulatoria. Comte escribió: “El carácter fundamental de la filosofía positiva es el considerar todos los fenómenos como sujetos a leyes naturales invariables, cuyo descubrimiento preciso y cuya reducción al mínimo número posible son la finalidad de todos nuestros esfuerzos”.

“Sólo el estudio directo del mundo exterior ha podido producir y desarrollar la gran noción de las leyes de la naturaleza que, como consecuencia de su extensión gradual y continua a fenómenos cada vez menos regulares, ha tenido que ser finalmente aplicada incluso al estudio del hombre y de la sociedad, último término de su total generalización”.

"La verdadera libertad no es más que una sumisión racional a las leyes de la naturaleza".

"El progreso debe ser considerado simplemente como el desarrollo del orden; el orden de la naturaleza implica necesariamente el germen de todo progreso positivo. El progreso, pues es esencialmente idéntico al orden, y debe ser considerado como la manifestación del orden".

Orden y progreso es el lema de Brasil por lo cual ambas palabras aparecen en la bandera de ese país, siguiendo las ideas de Auguste Comte.

El gran error de Comte está asociado a su "diseño" de una nueva religión. Georg Ritzer escribió: “Teniendo en cuenta la exagerada concepción comtiana del positivismo, así como la posición que él mismo se atribuía en su sistema, no nos sorprende que en su obra tardía concibiera un grandioso plan para el futuro del mundo. Es en esa parte de su obra donde encontramos las ideas más ridículas y extravagantes”.

“Por ejemplo, sugería la creación de un nuevo calendario positivista de trece meses, cada uno dividido en veintiocho días. Estableció numerosas fiestas para reafirmar el positivismo y sus principios básicos y venerar a sus héroes seculares. Se propuso incluso crear nuevos templos positivistas. Especificó la cantidad de sacerdotes y vicarios que necesitaba cada templo […] Todas estas figuras religiosas debían despreocuparse de la cuestión material: ¡Su subsistencia correría a cuenta de los banqueros!”.

“Aunque no los consideraba como fuerzas revolucionarias, Comte finalmente asignó a algunos miembros de la clase alta, como los banqueros e industriales, papeles cruciales en la nueva sociedad positiva. Especificaba que Europa occidental tendría «dos mil banqueros, cien mil comerciantes, doscientos mil fabricantes y cuatrocientos mil agricultores»”.

“En lo que a otros temas se refiere, Comte animaba a la creación de una biblioteca positivista que incluyera cien libros (que él se ocupó de especificar). Desaconsejaba las lecturas adicionales porque obstaculizaban la meditación, lo que refleja también el aumento progresivo del antiintelectualismo de Comte” (De “Teoría Sociológica Clásica”-McGraw-Hill SA-Madrid 1993).

El aspecto que debe destacarse es la necesidad que advirtió Comte respecto de encontrar o promover una religión de validez universal, debido a los efectos negativos que a lo largo de la historia han provenido de las diversas religiones en conflicto. No advirtió que el cristianismo, desprovisto de los misterios e incoherencias lógicas, puede muy bien considerarse como una religión universal compatible con las leyes naturales que rigen todo lo existente. Pierre Manent escribió al respecto: "Hay que corregir el sistema económico y social al completarlo y coronarlo, no con una organización política antigua o nueva -en su opinión la política es arcaica, sino anárquica-, será con una religión nueva, válida para los espíritus formados en los métodos científicos. Por lo tanto habrá que corregir y completar el poder industrial y financiero con el poder espiritual de académicos, mujeres y proletarios; habrá que corregir y completar el egoísmo con altruismo" (De "Curso de Filosofía Política"-Fondo de Cultura Económica de Argentina SA-Buenos Aires 2003).

jueves, 29 de enero de 2026

¿Ignorancia o perversidad?

Cuando observamos, no sin cierta sorpresa, el apoyo, seguimiento y hasta adoración de personas nefastas para la sociedad, como es el caso de los líderes considerados como los mayores criminales de la historia, algunos aducen que se trata de un problema de ignorancia, mientras que otros suponen que es una cuestión de simple perversidad.

Mientras que Friedrich Hayek asociaba a los socialistas un problema de ignorancia, suponiendo incluso que entre los socialistas existían muy buenas personas, para Ludwig von Mises la adhesión al socialismo implicaba una tendencia, poco santa, a la envidia. En nuestra época, principalmente, con amplias fuentes de información, casi nadie puede negar las diversas catástrofes humanas producidas por los totalitarismos, por lo cual, las adhesiones al socialismo llevan necesariamente cierta dosis de perversidad.

La perversidad es un síntoma del odio, actitud por la cual tendemos a alegrarnos del mal ajeno y entristecernos por sus éxitos. El síntoma de la alegría por el mal ajeno lleva implícita la tendencia a la burla, mientras que el síntoma de la tristeza por el bien ajeno es la envidia. De ahí que los masivos asesinatos de gente inocente sea del agrado de muchos envidiosos. Recordemos el caso de los atentados islámicos a las torres gemelas de Nueva York y la reacción de una líder socialista en la Argentina (Hebe de Bonafini) quien afirmaba "haber festejado" los atentados (por cuanto murieron algunos miles de sus odiados ciudadanos yankys). Cuando una radioemisora de Buenos Aires preguntaba por la adhesión, o no, a tal expresión de "felicidad", un 55% de encuestados afirmó coincidir con la actitud de dicha líder de Madres de Plaza de Mayo.

El odio está íntimamente ligado a la mentira. Imaginemos un caso extremo en el que una persona llamada Juan Estafador perjudica seriamente a Pedro Inocente. Debido a las penurias de por vida que Juan Estafador produjo en Pedro Inocente, éste sentirá un odio intenso por aquél. Pedro Inocente rechazará toda opinión favorable a Juan Estafador, incluso tratando de difamarlo de alguna manera. De ahí que el odio tiende a generar la mentira y a cambiar la realidad, que son la misma cosa.

Los políticos populistas y los totalitarios, tienden a divulgar mentiras y a crear "enemigos del pueblo" de manera que el pueblo también comience a mentir sobre los sectores odiados. El caso más importante es el de los ricos que serían los culpables de la pobreza de otros, excluyendo otras posibles causas. Entonces, el político se asegura de esa forma haber inoculado a un gran sector de la sociedad de un odio intenso y que, incluso tal sector tendrá la predisposición a creer en todas las mentiras que luego impartirán los políticos mencionados.

Se advierte en un gran porcentaje de la población cierta adversión hacia todo lo que implique un éxito ajeno o a todo que parezca ser un éxito ajeno. Incluso un importante porcentaje de adeptos al fútbol denigra todo lo que hace Liones Messi, por cuanto sus logros les resultan algo casi imposible de "digerir".

Es frecuente advertir, en toda conversación, el nivel de odio existente entre los interlocutores, que puede ser nulo en muchos casos. Todo intercambio de ideas y de información resulta poco fructífero por cuanto el nivel de odio puede parcializar completamente las opiniones tergiversando la realidad objetiva. Este es el caso de los comunistas que afirmaban que el muro de Berlín se había construido para evitar que ciudadanos de occidente "contaminarán" al paraíso soviético; una mentira evidente. De ahí que resulta imposible que un socialista, con un importante nivel de odio, vaya alguna vez a reconocer las ventajas de las sociedades democráticas.

En la actualidad, el odio generalizado está dirigido contra el hombre blanco, occidental, empresario, cristiano, etc. Los socialistas europeos están atentos a cada palabra emitida por tal individuo para acusarlo de fascista o con adjetivos por el estilo. Se advierte una generalizada discriminación moral, que divide a las personas en buenas y malas (a pesar de la vigencia del relativismo moral). Además, esta discriminación adopta la forma de discriminación racial, o étnica, que parece ser la única admitida en estos tiempos.

Para evitar los diversos adjetivos discriminatorios hacia quienes rechazan varios aspectos del Islam, un congresista español expresaba que "nosotros no tenemos absolutamente nada en contra del Islam", sino que la oposición era contra la decapitación, la lapidación, el casamiento con niñas, la misoginia, la ablación genital, el abuso infantil, la poligamia, el uso político del terrorismo, la homofobia, el abuso conjugal, la supremacía del varón, la esclavitud sexual, la yihad, la hiyab, la burka, la sharia, la zoofilia, etc.

miércoles, 28 de enero de 2026

George Soros vs. Karl Popper

Existe cierta confusión acerca de la compatibilidad de las ideas de Karl Popper y una posible aplicación de las mismas por parte de George Soros. En realidad, la propuesta de Popper no difiere esencialmente de lo que proponen los autores liberales, mientras que la propuesta de Soros tiene en cuenta prácticas cercanas al totalitarismo. Recordemos que Soros es un millonario que hace aportes para facilitar el éxito de la propuesta globalista, que apunta a la destrucción de la civilización humana.

La sociedad abierta, propuesta por Popper, implica un conjunto de seres humanos que se unen sin perder su individualidad, incluso acentuando los atributos que los distinguen de sus semejantes. Por el contrario, una sociedad cerrada es aquella en que sus integrantes se "unen" perdiendo su individualidad, renunciando a todo proyecto personal para participar solamente en la búsqueda de objetivos comunes impuestos por el Estado (o por quien, o quienes, lo dirigen).

En el caso del conjunto de los países ocurriría algo similar. El "planeta abierto" implicaría una unión pacífica de los países mediante intercambios comerciales (no exclusivamente), lo que conocemos como globalización. Este proceso queda amparado por una cultura universal construida con el aporte de todos. El "planeta cerrado" implica la unión forzada de los pueblos mediante intercambios poblacionales con diversas "culturas" (buenas o malas) que tienden a reemplazar a la cultura universal tanto como a los atributos, bienestar y potencialidades de los países desarrollados, tal el caso de la invasión colonialista afro-islámica que se abate sobre Europa, principalmente. Este proceso tiende a destruir todo atributo cultural previamente existente (globalismo).

Una sociedad abierta no ha de estar regida por decisiones individuales de algún gobernante, sino por leyes establecidas previamente y que conforman la democracia liberal. En este sentido, el liberalismo adopta una postura compatible con las religiones bíblicas, que consideran que el Reino de Dios implica el gobierno de Dios sobre los hombres a través de las leyes naturales existentes. Por el contrario, las religiones paganas (como el Islam) se basan en el criterio personal impuesto por un líder que ignora completamente toda ley natural existente, principalmente las leyes que rigen el comportamiento humano. Desde este punto de vista, se trata de una negación de la voluntad de Dios, o de la "voluntad" implícita en el espíritu de la ley natural.

Patricio Lóizaga escribió respecto de Popper: "La aplicación del racionalismo crítico al ámbito práctico se realiza en obras como La sociedad abierta y sus enemigos y La miseria del historicismo. Es deber de la praxis social evitar el sufrimiento, pero no hacer felices a los hombres (buscar esto conduce a formas de autoritarismo, ya que el que lo intenta debe imponer a los demás sus propias valoraciones)".

"A nivel político no se debe buscar la creación del «reino del amor», sino sólo instituciones controladas por la razón. Para Popper, los problemas del mundo actual no son fruto de la perversidad humana, sino consecuencia del deseo de mejorar el mundo: amor mal dirigido. Ahora bien, si la elección por la racionalidad es injustificable, también ha de serlo la elección por la irracionalidad".

"¿Por qué elegir la racionalidad como forma de vida? Siguiendo el método del racionalismo critico: por el análisis de las consecuencias. El irracionalista es dogmático a la fuerza, ya que desdeña el uso de la razón y la crítica, de modo que el racionalismo crítico se convierte en la única actitud que permite el desarrollo de la sociedad abierta, que posibilita el libre ejercicio de las facultades humanas, mientras el irracionalismo o el seudoirracionalismo a la manera platónica fomentan la constitución de sociedades cerradas, en las que un grupo de elegidos puede dictaminar qué es lo bueno para los demás".

"Si bien nuestra sociedad no es la mejor posible, es la mejor que ha existido en la historia humana. Esta imagen optimista popperiana se relaciona con su creencia de que las democracias representativas están en condiciones de defender a los miembros más débiles frente a los más fuertes. Las ideas del falibilismo hallan su aplicación política directa en el tema de la ingeniería social práctica, que permitiría la racionalización y planificación de la sociedad con el objeto de favorecer la libertad de los individuos".

"En el otro extremo del historicismo, que considera que es imposible alterar el curso de la historia, se halla la ingeniería utópica que afirma que sólo a partir de la determinación del Estado ideal es posible trazar planes concretos. La ingeniería social gradual sustentada por Popper se encuentra equidistante de ambos extremos, no plantea fines últimos para la sociedad, sino que se atiene a un plan más modesto: combatir los males" (Del "Diccionario de pensadores contemporáneos"-Emecé Editores España SA-Barcelona 1996).

lunes, 26 de enero de 2026

Cuando los Papas abandonan a sus fieles

En medios de comunicación se menciona que casi 5.000 cristianos en el mundo han sido asesinados, durante el año 2025, por el simple hecho de adherir al cristianismo. La gran maypría de estos asesinatos fueron realizados por adherentes al Islam. Sin embargo, nunca se ha escuchado decir que, tanto el Papa Francisco como León XIV, hayan protestado contra los jerarcas islámicos por tal proceso terrorífico. Por el contrario, aparecieron sonrientes durante algunos encuentros interreligiosos buscando confraternizar con quienes promueven tanto la destrucción del cristianismo como de la civilización occidental.

No todos los recientes Papas se han desinteresado por la religión para priorizar la política, como los antes mencionados, ya que Benedicto XVI sintió la responsabilidad de advertir a las mujeres católicas de no casarse con musulmanes, conociendo de antemano la vida de esclavitud que casi seguramente habrían de llevar.

Todo indica que al actual presidente de EEUU, Donald Trump, le afectan más las miles de pérdidas de vídas cristianas que a las propias autoridades de la Iglesia, que hacen todo lo posible por facilitar la expansión del Islam en Europa y en todo el planeta.

Tanto en política como en religión se corren riesgos de que aparezcan líderes más interesados en sus proyectos personales que por el bienestar y la seguridad de sus dirigidos. La Iglesia ha caído en una especie de paganismo en el cual sólo interesa la trascendencia y la popularidad de Cristo, mientras que apenas existe un interés por que sus mandamienos éticos sean aceptados por los integrantes de la sociedad humana.

No se ha avanzado demasiado desde la Edad Media cuando existían problemas similares. Así, Guillermo de Ockham escribía:

El Papa no tiene poder absoluto ni en las cosas temporales ni en las espirituales

El bien común se ha de preferir al bien particular. Por eso, al poner Cristo a Pedro al frente de las ovejas, lo que principalmente quiso fue atender a las ovejas, no a Pedro. Pero si Pedro hubiese recibido tal plenitud de poder del mismo Cristo, no habría mirado fundamentalmente por sus ovejas, sino por sí mismo y su honor. Queda, pues, claro que Cristo no dio ni a Pedro ni a sus sucesores tal plenitud de poder.

Esto se puede confirmar y apoyar desde la razón de muchas maneras. El gobierno apostólico o papal no fue instituido menos para la utilidad común de los fieles que el gobierno civil (secular) moderado y justo para la utilidad de los súbditos. Gobierno que, según los estudiosos del mundo en materia política, fue instituido para beneficio de los súbditos. Luego el gobierno papal no fue instituido por Cristo para el mismo Papa, sino para los fieles.

De todo lo cual se deduce claramente que el obispo de Roma -si quiere considerarse el primero entre los obispos- no debe buscar su propio honor diciendo que tiene toda la plenitud de poder sobre todos los fieles, sino que debe buscar la utilidad de los demás de manera que sólo se atribuya aquel poder que se juzgue necesario y útil a los fieles, con lo cual ya no es tal plenitud de poder. Pues ¿qué sentido tiene imponer cargas pesadas e insoportables o apenas llevaderas -sobre todo a débiles e imperfectos, proclives a la impaciencia y a la ira- por un señor que puede ser tonto, temerario, mal intencionado y perverso como el Papa? ¿Y de qué le sirve tener por encima de ellos a quien de iure puede imponerles sobre sus hombros cargas insoportables?

No teniendo, pues, el Papa poder dado por Dios -como ya hemos dicho- para destruir sino para edificar a los fieles, se sigue que el Papa no tiene de Cristo tal plenitud de poder.

Hay más. El Papa -lo mismo que los otros prelados de la Iglesia- no debe dominar sobre el clero tal como lo afirma san Pedro («Apacentad no como dominadores sobre la heredad, sino sirviendo de ejemplo al rebaño». Luego, no tiene ni en las cosas temporales ni en las espirituales tal plenitud de poder.

(De "La filosofía medieval" de Andrés Martínez Lorca-EMSE EDAPP SL-Buenos Aires 2015).

domingo, 25 de enero de 2026

Religión de la fe y la razón vs. Religión de la evidencia y la razón

Entre las principales formas de religión se encuentran la religión de la fe, o de la creencia, y también la religión que parte de evidencias. Ambas se expanden luego mediante la razón, con sucesivas deducciones a partir del punto de partida. La razón no sólo permite las expansión de ideas sino también una especie de "control de calidad" por cuanto la coherencia lógica de las deducciones resulta ser un requisito necesario, aunque no suficiente para garantizar su compatibilidad con las leyes naturales existentes.

A la religión tradicional, o teísmo, podemos considerarla como la “religión de la creencia”, ya que proclama que la verdad ha sido revelada por el Creador a algunos elegidos que tienen como misión orientar al resto de los hombres con la sabiduría que de Él proviene. Ese resto deberá abstenerse de indagar por su propia cuenta acerca de esa verdad, por cuanto puede contradecirla, debiendo acatarla bajo el riesgo de un posible castigo eterno en caso de desobedecerla.

La religión de la creencia, o de la fe, tiene varios inconvenientes por cuanto siempre aparecen individuos que aducen ser los “verdaderos” elegidos, por lo cual no existe un criterio, inherente a este tipo de religión, capaz de permitirnos adoptar a uno y rechazar al resto, porque todos dicen cosas similares. Este es un caso análogo al de los políticos, que pronuncian palabras semejantes, pero, mientras unos dicen la verdad, los otros mienten. Sin embargo, mirando lo que hacen los gobernantes, podremos finalmente advertir si dijeron o no la verdad (aunque a veces lo sepamos demasiado tarde), mientras que en el caso de la religión resulta casi imposible advertir la veracidad o la falsedad de las promesas realizadas, especialmente cuando se trata acerca de promesas de ultratumba, no así en el caso de las normas éticas sugeridas.

En nuestra época, el nivel de conocimientos aportado por la ciencia experimental nos permite afirmar, con pocas dudas, que todo lo existente está regido por leyes naturales, y que estas leyes son accesibles, en principio, a la indagación científica. Desde las diminutas partículas fundamentales, hasta los pequeños organismos y el propio ser humano, todo está regido por leyes naturales invariantes. Esta invariancia en el tiempo y el espacio puede advertirse cuando se extrapolan, hacia el pasado y hacia lo muy lejano, las leyes de la física, comprobándose que mantienen su validez.

Ello implica que las leyes naturales (como vínculos invariantes entre causas y efectos) constituyen una instancia superior respecto de la cual debe toda religión ser compatible. Aun cuando pueda decirse que la religión tradicional “sólo es verificable en el más allá”, debe tenerse presente que el camino hacia ese “más allá” implica el cumplimiento de mandamientos en el “más acá”. En el caso del cristianismo, los efectos del cumplimiento del mandamiento del amor al prójimo son verificables observando el grado de felicidad logrado.

Al constituir dicho mandamiento una adaptación del hombre a la elemental ley psicológica de la empatía emocional, se observa que resulta compatible con la instancia superior antes considerada. Por ello Cristo indicaba que “por sus frutos los conoceréis”, como criterio para distinguir entre verdaderos y falsos profetas, es decir, el profeta verdadero tiene en cuenta las leyes naturales mientras que el falso profeta no las tiene en cuenta. Jaime Balmes escribió: “Aquí no hay [término] medio: o la religión procede de una revelación primitiva, o de una inspiración de la naturaleza: en uno u otro caso hallamos su origen divino: si hay revelación, Dios ha hablado al hombre; si no la hay, Dios ha escrito la religión en el fondo de nuestra alma. Es indudable que la religión no puede ser invención humana, y que, a pesar de la desfigurada y adulterada que la vemos en diferentes tiempos y países, se descubre en el fondo del corazón humano un sentimiento descendido de lo alto: a través de las monstruosidades que nos presenta la historia, columbramos la huella de una revelación primitiva” (De “El criterio”-Editorial Difusión-Buenos Aires 1952)

Muchos predicadores cristianos parecen ignorar la simplicidad de la empatía emocional, la cual nos permite compartir las penas y las alegrías de los demás como propias. Tal fenómeno psicológico, simple e inmediato, no requiere de una revelación directa desde Dios hacia un enviado. De ahí que, para darle un justificativo al proceso de la revelación, los predicadores aducen que el amor al prójimo implica un proceso mucho más complejo, inaccesible al individuo común y sólo accesible a los “elevados”; los que están vinculados a lo sobrenatural. Por ello establecen luego planteos de tipo filosófico que resultan inaccesibles al hombre común, careciendo de toda utilidad debido a la ambigüedad y oscuridad de sus deducciones.

Mientras que la religión tradicional requiere de la existencia de una interacción entre el hombre y lo sobrenatural, la religión de la evidencia (o religión natural) no se distingue esencialmente de la ciencia experimental, rechazando la hipótesis de lo sobrenatural por cuanto advierte que no hace falta complicar lo simple. Si tenemos en cuenta que la ciencia experimental describe las leyes naturales, o leyes de Dios, constituye una forma directa de conocer a Dios, a través de su obra. De ahí que, en lugar de suponer la existencia de un Dios que interviene en los acontecimientos humanos y se comunica con algunos hombres a través de lo sobrenatural, supone un mundo ordenado mediante leyes naturales invariantes al cual nos debemos adaptar. Así, el Reino de Dios sobre el hombre es interpretado en la religión natural como el gobierno de Dios a través de las leyes naturales, que se instalará plenamente cuando el hombre se disponga a acatar dichas leyes, es decir, cuando el hombre se decida a compartir las penas y las alegrías ajenas como propias. Esto, como una tendencia, actitud o predisposición general, sin un acatamiento estricto por cuanto la empatía se establece dependiendo siempre de dos o más personas.

A quienes se oponen a la religión natural, por cuanto no coincide con sus creencias y opiniones personales, se les puede recordar que es importante y necesario un resurgimiento moral de los seres humanos debido a los altos porcentajes de sufrimiento existentes en el planeta. Se les puede preguntar acerca de cuánto tiempo consideran necesario para hacer que, con sus creencias, la mayoría de los seres humanos adopten el “mandamiento empático” que permitirá el resurgimiento del hombre. Todo indica que los antagonismos y divisiones que generan las religiones de la fe no tienen solución en ese ámbito, ya que sólo la descripción y el entendimiento de las leyes naturales constituye el camino efectivo y seguro para la supervivencia amplia de la humanidad.

Este planteo resulta inobjetable teniendo presente las propias profecías bíblicas, ya que predicen un cambio importante en el futuro. Si actualmente predomina la religión de la fe y lo sobrenatural, el cambio importante ha de conducir a la religión de lo evidente y de lo natural. De lo contrario, no ha de haber ningún cambio esencial por lo que tampoco la profecía bíblica habría de ser verdadera. De ahí que, los que promueven la fe en la Biblia no creen entonces en la validez de la profecía apocalíptica, por cuanto tampoco creen en cambio alguno.

El filósofo romano Epicteto advirtió hace varios siglos respecto de la diferencia existente entre el conocimiento puramente contemplativo y aquél que nos sugiere acciones accesibles a nuestras decisiones. Debemos distinguir entre religión moral y religión contemplativa. La primera implica priorizar nuestra actitud cooperativa mientras que la segunda implica priorizar nuestra actitud cognitiva. Incluso se ha llegado al extremo de considerar que la virtud del creyente está asociada a la postura filosófica adoptada en lugar de vincularla al cumplimiento de los mandamientos. Se puede ser creyente sin cumplir con los mandamientos, mientras que se puede ser no creyente y cumplir con ellos. Jaime Balmes escribió: “Son muchas y muy varias las religiones que dominan en los diferentes puntos de la Tierra: ¿sería posible que todas fuesen verdaderas? El sí y el no, con respecto a una misma cosa, no puede ser verdadero a un mismo tiempo. Los judíos dicen que el Mesías no ha venido, los cristianos afirman que sí; los musulmanes respetan a Mahoma como insigne profeta, los cristianos le miran como solemne impostor; los católicos sostienen que la Iglesia es infalible en puntos de dogma y de moral, los protestantes lo niegan; la verdad no puede estar por ambas partes, unos y otros se engañan. Luego es un absurdo decir que todas las religiones son verdaderas”.

Desde el punto de vista de la religión natural se sostiene que el resurgimiento moral del hombre no sólo requiere del conocimiento y acatamiento de la ley natural, sino también de una decidida búsqueda de una mejora intelectual, ya que la predisposición a mantener nuestra mente ocupada con pensamientos importantes, deja poco tiempo y lugar para el pensamiento superfluo e incluso negativo hacia los demás. De ahí que el amor a Dios puede interpretarse, no como un proceso empático similar al destinado a los demás seres humanos, sino como “el amor intelectual de Dios” propuesto por Baruch de Spinoza.

El predominio de la religión moral sobre la religión contemplativa implica un todo coherente con la ética y con las ciencias que estudian al hombre. Jaime Balmes escribe al respecto: “Las ideas morales no se nos han dado como objetos de pura contemplación, sino como reglas de conducta: no son especulativas, son eminentemente prácticas: por esto no necesitan del análisis científico para que puedan regir al individuo y a la sociedad. Antes de las escuelas filosóficas había moralidad en los individuos y en los pueblos”.

“Así, pues, al entrar en el examen de la moral, es preciso considerar que se trata de un hecho; las teorías no serán verdaderas si no están acordes con él. La filosofía debe explicarle, no alterarle; pues no se ocupa de un objeto que ella haya inventado y que puede modificar, sino de un hecho que se le da para que lo examine. Por ese motivo, los elementos constitutivos de las ideas morales es necesario buscarlos en la razón, en la conciencia, en el sentido común. Siendo reguladores de la conducta del hombre, no pueden estar en contradicción con los medios perceptivos del humano linaje: debiendo dominar en la conciencia, han de encontrarse en la conciencia misma”.

“La razón, el sentido común, la conciencia, no son exclusivo patrimonio de los filósofos: pertenecen a todos los hombres, por lo que la filosofía moral debe comenzar interrogando al linaje humano, para que de la respuesta pueda sacar qué es lo que se entiende por moral o inmoral, y cuáles son las condiciones constitutivas de estas propiedades” (De “Ética”-Editorial TOR-Buenos Aires 1947).

sábado, 24 de enero de 2026

Las dimensiones humanas

Generalmente, se busca definir una identidad humana, con lo que se favorecería la ubicación personal en la sociedad y en el mundo. Por identidad se entiende "el conjunto único de características, creencias, valores, experiencias y rasgos que una persona desarrolla sobre sí misma". Sin embargo, muchas veces se busca integrar conjuntos humanos que coinciden con nuestros gustos o deseos personales, sintiéndose un individuo como parte integrante de una religión, tendencia política, etnia, nacionalidad, etc. Este es el primer paso para los conflictos sociales que llevan al enfrentamiento entre los distintos subgrupos humanos.

El camino inverso a mirar hacia afuera, a la sociedad, implica mirar hacia dentro, hacia uno mismo advirtiendo la existencia de tres dimensiones básicas que debemos intentar acrecentar. Ello implica que tiene mayor sentido práctico intentar mejorarse uno mismo que intentar mejorar a los demás.

Podemos describir el comportamiento humano considerando los objetivos fijados por distintos individuos para el progreso personal, y que constituyen las tres dimensiones básicas del hombre. Tales dimensiones tendrán como objetivo lograr el Bien, la Verdad y la Belleza, de ahí que apuntarán a la búsqueda del mejoramiento ético, como del intelectual y del corporal o estético. Así como el individuo que busca mejorar en los tres aspectos logrará llegar a ser un hombre integro, o completo, quien desatienda estos aspectos tenderá a ser un hombre "mutilado".

Suponiendo que nos hemos de especializar, por distintas razones, en el desarrollo de uno de los aspectos mencionados, debemos establecer cierta prioridad. De ahí que, contemplando nuestra esencia y nuestra naturaleza humana, debemos considerar el aspecto ético como prioritario, luego el aspecto intelectual y finalmente el estético. Podemos entonces hacer una síntesis de las dimensiones del hombre y los objetivos correspondientes:

1- Ética (la búsqueda del Bien)
2- Intelectualidad (la búsqueda de la Verdad)
3- Estética (la búsqueda de la Belleza)

Lo emocional está asociado al aspecto ético, y constituye el conjunto de valores más importantes del hombre. Wolfgang Goethe, para resaltar la superioridad de los sentimientos respecto del intelecto, dijo: “Lo que yo sé, todos pueden saberlo, pero el corazón es sólo mío”. Por otra parte, el destacado filósofo y matemático René Descartes, quizás justificando su estado de soltero, expresó: “He preferido la verdad a la belleza”.

Podemos caracterizar a todo ser humano, incluso a todo grupo social, mediante estos tres aspectos: ético, intelectual y estético, ya que existe cierta independencia entre los mismos. Esto se debe a que existen personas de reconocida belleza exterior, pero con pocos atributos éticos e intelectuales, o bien personas con reconocida belleza interior, pero con pocos atributos físicos e intelectuales, y así todas las demás posibilidades. El hombre plenamente adaptado al orden natural será el que tenga un desarrollo equilibrado de los tres aspectos.

Siendo la vida espiritual la que caracteriza nuestra esencia humana, la propia naturaleza nos brinda posibilidades a todos para llegar a ser personas íntegras, o a llegar muy cerca de ese ideal. Así, hay veces en que los aspectos afectivos e intelectuales crecen como compensación a una pobre valoración estética por parte del medio social. Tanto Blaise Pascal, como San Francisco de Asís, Baruch de Spinoza y Sören Kierkegaard, poseían una salud precaria, posiblemente tendrían poco atractivo estético y los cuatro vivieron alrededor de los cuarenta años, pero pasan los siglos y sus atractivas personalidades siguen despertando curiosidad. Dijo François Mauriac sobre Pascal: “…al cabo de tres siglos él aún está ahí, vivo, tomando parte en nuestras disputas. Hasta sus mínimos pensamientos nos confunden, entusiasman o incomodan, pero él es comprendido al momento, desde la primera palabra, mucho mejor que en su propio tiempo…”.

Si tuviésemos que elegir una edad óptima para detener el paso del tiempo, un deportista la elegiría entre 25 o 30 años, un científico entre 35 y 45 años, un filósofo quizás algo más, mientras que, quien basa su vida en sus vínculos sociales y afectivos, podrá elegir una edad mayor aún. De ahí que una valoración excesiva de la belleza física hará sentir poco feliz a quien posee una edad que excede a la óptima de su ideal. Lograr el desarrollo equilibrado de nuestras tres dimensiones equivale hacer más intensa nuestra propia vida.

Si tuviésemos que elegir al “modelo de hombre feliz”, quienes viven en la fase estética pensarán en algún millonario que vive lujosamente. En cambio, quienes viven en la fase ética e intelectual, podrán elegir una vida como la del médico Edward Jenner, quien alguna vez habrá podido decir con orgullo: “…con mi vacuna podré salvar 60 millones de vidas por siglo”, ya que esa fue la cantidad estimada de víctimas de la viruela durante el siglo XVIII. Por su obra podemos decir que era “creyente”, en el sentido religioso, aunque no sepamos cuáles eran sus pensamientos al respecto.

La evolución tecnológica y la vida moderna exigen al hombre un mínimo esfuerzo físico en sus actividades cotidianas, mientras que nuestra propia naturaleza requiere de cada uno de nosotros una actividad muscular permanente para el logro de una vida sana. El ejercicio físico y el deporte son necesarios e imprescindibles para el logro de una vida plena; fortalecen al cuerpo y prolongan la vida. Ayudan a embellecer el aspecto exterior como también han de servir para ejercitar la voluntad y la disciplina; aspectos necesarios para nuestro cotidiano vivir. John Locke escribió: “Educar es obtener un alma sana en un cuerpo sano”.

Cuando vemos diariamente el caso de algunos animalitos domésticos que muestran una buena dosis de afecto y de sociabilidad, y los comparamos con muchos seres humanos, compartimos aquella expresión que indica que “a medida que conozco mejor al ser humano, quiero más a mi perro”. De ahí que pareciera una sugerencia inútil hacer resaltar en la sociedad el ejemplo de notables hombres del pasado cuando, para una mejora inmediata, bastaría que señalar la presencia de algunos seres del reino animal que muestran aptitudes éticas bastante más elevadas que muchos seres humanos.

Podemos incluso establecer una escala de valores que, posiblemente, reflejará la actualidad ética de muchas sociedades. No es una escala ideal, sino real, ya que refleja los resultados de lo que el hombre busca para su vida:

1- El hombre económico (ser unidimensional que busca y valora el placer o el poder, o ambos).
2- Los animales domésticos (seres bidimensionales que superan éticamente a muchos hombres).
3- El hombre tridimensional (el que logra la integridad humana).

Mientras que el hombre crece buscando algunas, o todas, de las tres dimensiones mencionadas primeramente, los pueblos progresan eligiendo mejorar su nivel cultural, su nivel científico y tecnológico o bien su nivel económico. Incluso podemos decir que lo ético en el individuo se proyecta socialmente en lo cultural, lo intelectual en lo científico, tecnológico, artístico, etc., mientras que la búsqueda de comodidades y seguridad personales promoverán el desarrollo económico de la sociedad. Así, los romanos tenían una mentalidad práctica. Realizan, entre otras obras, 90.000 kilómetros de caminos, haciendo que Roma represente la fase tecnológica de la humanidad. Uno de ellos dijo: “Los griegos y los egipcios construyen monumentos que no tienen utilidad práctica, mientras que Roma construye caminos y acueductos que sirven a todo el pueblo”. Por el contrario, en la Grecia antigua se acentúa la fase intelectual y científica de la humanidad, y en donde, incluso, se desprecian las actividades puramente prácticas. También los pueblos deberán buscar un desarrollo equilibrado entre cultura, ciencia, tecnología y economía, que, como se dijo, resultan de la proyección de los valores individuales como valores sociales.

Generalmente se afirma que las crisis sociales y humanas se deben a un descenso en la búsqueda de valores personales. En esos casos predomina la idea del relativismo moral y cognitivo. Quienes adhieren a tales relativismos consideran que no existe el Bien ni la Verdad en un sentido objetivo. De ahí que, si el Bien y la Verdad son sólo cuestiones convencionales, no merecerían que les dediquemos demasiado tiempo y esfuerzos, ya que sólo adquiriremos atributos de reducida valoración social y de dudosa validez objetiva.

La más importante sugerencia para la mutilación espiritual del hombre proviene del marxismo cuando sostiene que no existen el Bien ni la Verdad objetivos y que todos esos conceptos derivan del sistema económico de producción y distribución vigente en determinada sociedad. Sostiene que todos los atributos del hombre renacerán una vez que se haya establecido el socialismo, al cual se llegará mediante una revolución, es decir, primeramente se siembra el odio, que luego llevará a una lucha entre sectores y finalmente, casi por arte de magia, aparecerá el “hombre nuevo” emergente del socialismo.

Podemos decir que el “homo economicus”, como “especie” predominante en las sociedades en crisis, no sólo lo encontramos en la base del socialismo, sino también en las sociedades de consumo. Posiblemente de ahí surjan las severas críticas al capitalismo, como sistema económico creador del “hombre unidimensional”, que carece de atributos éticos e intelectuales.

En este caso, el error que se comete radica en seguir el pensamiento marxista, ya que atribuye todos los defectos de una sociedad al sistema de producción. Si el individuo típico de la sociedad de consumo no busca su perfeccionamiento ético, intelectual y estético, y tan sólo busca lograr comodidades para su cuerpo, a través de la adquisición de bastante dinero, ello poco tiene que ver con las ventajas operativas que presenta el sistema capitalista de producción y distribución de bienes y servicios.

La economía de mercado es superior, o menos mala, si se prefiere, que la economía planificada. Su función es responder y satisfacer de la mejor manera a las demandas establecidas por el consumidor. Pero la ética que debe imperar en la sociedad debe reflejarse en el tipo de demanda que el consumidor establece. La ética debe tratar de mejorar las actitudes del cliente y del productor, siendo el sistema del mercado un sistema éticamente neutro, que no empeora ni mejora las conductas individuales. Si alguien come o bebe excesivamente, no debe culparse a quienes producen o venden alimentos o bebidas, sino que toda la responsabilidad recae sobre el propio consumidor. Si se atribuye al sistema capitalista la culpabilidad respecto del egoísmo y del materialismo extremo que impera en las sociedades en crisis, se deja de lado la posibilidad de buscar mejoras a nivel individual.

Todo sistema que funcione en base a la libre elección, por parte de los individuos que lo integran, funcionará aceptablemente en cuanto exista en tales individuos una base ética mínima y aceptable. De lo contrario, nunca funcionará adecuadamente. De la misma manera en que se acusa al sistema de mercado por “permitir” los excesos del hombre, podemos incluso cuestionar al propio Creador, o a la propia Naturaleza, por habernos dado libertad de elección por cuanto todavía no somos capaces de adaptarnos plenamente a las leyes naturales establecidas siendo el sufrimiento una medida de esa desadaptación.

Así como no es oportuno decir que el mundo está mal hecho, y que es para el hombre una trampa sin solución ni esperanzas, es posible decir que el capitalismo es un sistema que requiere del individuo el mismo tipo de ética que el necesario para el buen desempeño individual en la sociedad humana surgida libremente a partir de nuestros atributos personales.

viernes, 23 de enero de 2026

Democracia vs. Comunismo: cuadro comparativo

Se menciona a continuación un cuadro comparativo entre democracia y socialismo, o comunismo, cuyo autor es Sebastián Soler y que fuera editado por la Revista Somos bajo el título "¿De qué República hablamos?" (Editorial Atlántida SA-Buenos Aires 1981).

El ser humano

Para la democracia, el ser humano es el que, mediante su acción, ha proyectado el espíritu sobre un mundo ciego. La idea democrática reposa en la confianza de que en todo ser humano hay un fondo común y valioso de dignidad. Y que por ese fondo está dotado no sólo de autoconsciencia, sino también de capacidad para dar valiosas respuestas a los estímulos del mundo moderno. El hombre posee una originalidad creadora cuya libertad debe ser respetada. Esa revalorización del hombre, de su dignidad y de su originalidad es una de las formas más claras y evidentes de la vida democrática.

Para el comunismo, el ser humano es proletario o burgués: esclavo u opresor. El burgués será necesariamente explotador, sanguijuela, puerco, usurero, egoísta e inmoral. El proletario, naturalmente, todo lo opuesto. La historia del hombre y del mundo es la historia de la lucha de clases.

La familia

Para la democracia, la familia constituye el núcleo básico donde se conservan, transmiten y nutren los principios fundamentales de la moral individual, que en su característica de buena fe, configuran la virtud sobre la que reposa la república.

Para el comunismo, la familia es el primer gérmen de la propiedad. "La mujer y los hijos -dice Marx- son los esclavos del marido". O sea que ese "salvaje propietario y vampiro capitalista" -el marido, se entiende- para su personal prosperidad económica deberá darles de comer lo estrictamente necesario para que no perezcan de hambre, y la mujer pueda seguir cocinando para él, los hijos manteniéndolo, y él acumulando plusvalía más no sea en forma de gordura y colesterol.

La propiedad privada

Para la democracia, la propiedad privada forma parte del ser humano en el mismo sentido que forma parte de él la capacidad creadora que se funda en la libertad. Es uno de los bienes inajenables del hombre, como su libertad, su racionalidad inteligente, su moralidad, su religión.

Para el comunismo, la propiedad privada es la expresión externa de una tendencia del hombre, que trata de establecer sobre los demás un poder ajeno, para encontrar así una satisfacción de su necesidad egoísta. Es la gran responsable de todos los males: inmoralidad, frustración, esclavitud. Por lo tanto hay que abolirla e instaurar el comunismo.

Los derechos humanos

Para la democracia, los derechos humanos son violados cuando se violan las leyes.

Para el comunismo, los derechos humanos son violados cumpliendo las leyes.

El Estado

Para la democracia, el Estado le reconoce al hombre el máximo campo de desenvolvimiento, pues confía en que aquel hará buen uso de su libertad. El Estado democrático se asienta en la virtud.

Para el comunismo, el Estado está entretejido por estructuras de desconfianza y temor hacia la libertad. Multiplica sus leyes, reglamentos, órdenes, prohibiciones y penas: lo encarrila todo. Vive un perpetuo crecimiento canceroso. El Estado totalitario se asienta en la fuerza.

El poder

Para la democracia, el poder reside en el pueblo, "quien -como dice nuestra ley fundamental- no delibera ni gobierna sino por medio de sus representantes y autoridades creadas por esta Constitución". La democracia no coloca a todos los hombres en el mismo nivel de poder, pero sí en el mismo nivel de dignidad y de valor como seres humanos.

Para el comunismo, el poder está en manos del "proletariado", aunque no quede bien definido qué es el proletariado, y en la realidad sea ejercido por una minoría selecta digitada por el Partido.

El individuo

Para la democracia, el individuo es quien puede ofrecer testimonio seguro de la justicia de una ley, porque en él y sólo en él es donde podemos hallar el fundamento de toda evidencia. El manantial de las corrientes dinámicas y creadoras de la especie humana fluye en el individuo y en él brota. El liberalismo está fundado sobre "la noción del valor absoluto de la personalidad, la dignidad y la excelencia humanas".

Para el comunismo, el individuo es eclipsado por la masa. Y el individualismo fue convertido por la propaganda marxista en sinónimo de egoísmo, codicia, soberbia, falta de caridad y amor al prójimo.

La educación

Para la democracia, la educación es fundamental, ya que sólo a través de ésta el ser humano biológico alcanza a un tiempo autoconsciencia y visión objetivante; captación del mundo externo y captación de los valores: comprensión de las leyes naturales y de las relaciones de convivencia; distinción entre el pensamiento lírico y el pensamiento válido. La democracia se apoya en ese ser. Ella cre que la inteligencia humana es atraída por la verdad, aunque admite el error, no sólo como posible, sino aun como natural. Cree que la inteligencia humana es capaz de desenmascarar todo interés y que la verdad es implacable, hasta en cada uno de nosotros.

Para el comunismo, la educación consiste en difundir la ideología marxista. La formación del hombre no apunta al desarrollo de la personalidad individual, sino al moldeo de un eficiente instrumento de producción y consolidación del sistema. Toda proyección individual -que se aparte o cuestione los principios filosóficos del sistema soviético- es por definición falsa y atentatoria contra la seguridad del Estado.

La prensa

Para la democracia, la prensa es un poder real del hombre, como la palabra y la opinión. Apenas es concebible que se abuse de esa libertad pues todas las desviaciones de la verdad no se comprenden sino como errores accidentales, que no pueden torcer el curso de aquélla; además, los destinatarios también son inteligencias tendientes a la verdad y voluntades en busca del bien.

Para el comunismo, la prensa es un poder del Estado, que expresa lo que debe decirse. Se trata de una prensa manejada como cualquier rama de la administración pública. Los ministerios de propaganda son una típica creación de los Estados totalitarios: su plan es el de pensar y hacer pensar de acuerdo con la norma.

jueves, 22 de enero de 2026

¿Moral subjetiva?

La principal base de la civilización occidental es la ética bíblica, ya que el "Amarás al prójimo como a ti mismo" constituye el fundamento moral básico que ha permitido construir una sociedad favorecedora de la libertad individual. Tal libertad permite luego poner a disposición de todo integrante de la misma todas las potencialidades individuales que se suman para favorecer al conjunto humano.

A la predisposición al progreso y a la construcción social se ha opuesto lo que se denomina "deconstrucción social", esto es, un proceso intelectual que busca descalificar y destruir las bases de la cultura occidental. Si se logra instalar la idea de que no existe una moral objetiva, compatible con el orden natural, sino que tan sólo existe un relativismo moral asociado a las diversas opiniones humanas, haciendo imposible concluir que una ética propuesta es mejor que otra, se logra el objetivo de abandonar definitivamente la base bíblica antes mencionada.

En realidad, toda ética, toda religión y toda descripción de la realidad humana, son "construcciones sociales", pero debemos distinguir entre las construcciones sociales compatibles con la realidad, o con las leyes naturales que rigen nuestras conductas individuales, respecto de aquellas construcciones sociales poco compatibles con dichas leyes. Como ejemplo de este proceso puede mencionarse a la física experimental; en un momento dado, existen varias teorías descriptivas diferentes acerca de ciertos fenómenos naturales. Luego, ante las evidencias que da la experimentación requerida, se acepta la teoría que con mayor precisión describe tales fenómenos.

En cuestiones humanas debería ocurrir algo similar, es decir, deberíamos aceptar la ética que mejores resultados produzca una vez puesta en práctica, en lugar de buscar sólo el éxito de aquella ética que más nos agrada. De ahí que la ética bíblica, que se basa en la empatía emocional, puede interpretarse como una sugerencia a compartir penas y alegrías ajenas como propias, por lo cual, al adoptar tal actitud o predisposición, se advierte que es la que mejores resultados produce. Adam Omary escribió: "El progreso humano depende de una comprensión compartida de lo que realmente significa «progreso». Esa comprensión se basa en nuestra psicología moral: cómo pensamos sobre la moralidad y lo que consideramos moral o inmoral. Durante milenios, las personas han debatido cuál debería ser la moral correcta, pero la moralidad no es un constructo unitario".

"Por ello, algunos filósofos han abandonado por completo la tarea de establecer prescripciones morales, optando en su lugar por una filosofía de relativismo moral, es decir, la visión de que lo correcto y lo incorrecto dependen de la cultura o de la elección personal. En el mejor de los casos, el relativismo moral reconoce que no existe un enfoque universal para el florecimiento humano en todos los contextos, lo que conduce a un debate más matizado sobre el progreso humano. En el peor de los casos, el relativismo moral representa un desprecio total por las restricciones morales".

"Filósofos posmodernistas, como Michel Foucault y Jacques Derrida, argumentaron que la moralidad no es objetiva, sino más bien una construcción social arbitraria, típicamente moldeada y aplicada para servir a los intereses de quienes están en el poder. Esta interpretación tiene consecuencias desastrosas: si la moralidad no es más que una máscara del poder, entonces la justicia se vuelve indistinguible de la dominación, y toda reivindicación moral se reduce a una lucha por el control. La posibilidad de la verdad, la virtud o la libertad genuina desaparece, dejando sólo narrativas morales contrapuestas sin ningún estándar ético objetivo que aplicar. Pero esa es una posición extrema y quizás deliberadamente provocadora. Existe una comprensión más matizada del relativismo moral, basada en la psicología evolutiva, que reconoce los diferentes valores morales como reales, pero que a menudo implican concesiones personales y sociales". (De "La psicología del progreso moral"-http://elcato.org).

Gran parte de los filósofos actuales, tienden a denigrar incluso a la ciencia experimental, aun a pesar de los importantes resultados logrados por la física, la biología y otras ramas de la ciencia. Leemos al respecto acerca de la postura de Jean-François Lyotard: "Dada la falta de anclaje a una realidad a la que no tiene acceso, el científico apela al consenso interno de la propia comunidad científica: es verdadero aquello que los científicos acuerdan que es verdadero. La verdad de un enunciado científico depende de la competencia de quien lo enuncia. Es necesario, por tanto, formar «buenos» científicos: esto es, semejantes (o iguales) a aquellos que los educaron. En definitiva, la ciencia se ve envuelta en este bucle autorreferencial, y necesita recurrir al lenguaje narrativo para justificarse" (De "Postmodernidad" de M. T. Oñate y B. G. Arribas-EMSE EDAPP SL-Buenos Aires 2016).

Llama la atención el grado de ignorancia del mencionado "filósofo" respecto de la ciencia experimental, ya que desconoce que, justamente, cuando se logra establecer una verificación experimental, todos los científicos aceptan el veredicto de la propia naturaleza, que es la que, en definitiva, aprueba o desaprueba las diversas teorías. Antes de llegar a tal comprobación, durante la lucha entre los diversos teóricos, existen preferencias, en universidades, por incluir en el plantel de investigadores a quienes adhieren a una teoría en especial, lo que implica también el rechazo de otros.

De la misma forma en que, en el ámbito de la ciencia experimental, se llega a un conocimiento objetivo, que es el primer paso para su aceptación generalizada, es deseable que en cuestiones humanas se acepte la ética que mejores resultados produzca, por lo cual es esencial la prioritaria búsqueda de la verdad, antes que la prioritaria búsqueda del interés personal. De ahí que es oportuno traer a la memoria las disputas entre un buscador de la verdad (Sócrates) y los buscadores del interés personal (los sofistas):

Antifonte: Mira, Sócrates, lo que en verdad no comprendo de ti es por qué buscas distinguirte de los demás. Tu eres maestro al igual que nosotros los sofistas, usas la palabra como tu herramienta, y si no cobras por ello, pues bien, tus razones tendrás. Pero te engañas si crees ser diferente al resto.

Sócrates: Celebro lo que dices, mi buen Antifonte, y celebro que por fin puedas razonar conmigo. Pero has de saber que yo encuentro muchas diferencias entre tú y yo. En primer lugar, no me considero un maestro, aunque así me llaman algunos de mis amigos. Maestro es quien tiene algo para enseñar, mientras que yo, como sabes, me paso el día entero preguntando. También dices que la palabra es mi herramienta, y en eso guardas razón, pero mientras tú usas la retórica para jugar y hacer malabares, yo pretendo utilizarla para llegar a la verdad.

Antifonte: ¿Qué quieres decir con eso, Sócrates? Nosotros empleamos las palabras con gran elegancia y no hacemos juegos ni malabares con ellas.

Sócrates: Creo que no me he explicado bien. Si juegas o no con las palabras, eso es un asunto de menor importancia. Lo esencial, amigo mío, es que los sofistas sólo se conforman con opinar, seducir, fascinar con la retórica, en vez de ir a lo hondo del problema. Confunden la elocuencia con la verdad. Se pavonean ante sus discípulos cautivándolos como Orfeo, con la música de sus palabras, pero no advierten que el discurso vacío no conduce a ninguna parte.

(De "Sócrates" de Miguel Betanzos-Grijalbo-Buenos Aires 2005).

Puede decirse que otro de los síntomas de la severa crisis moral y social que afecta gran parte de la humanidad, es el amplio predominio de los nuevos sofistas por sobre los nuevos socráticos.

miércoles, 21 de enero de 2026

Hayek y la forma de combatir la inflación

Cuando en un país se llega a un proceso inflacionario importante, es necesario revertirlo hasta llegar a una inflación mínima o nula. Como la causa principal de este proceso es el gasto estatal excesivo, se recomienda bajarlo en forma gradual o bien en una forma rápida. En la forma a adoptar difieren los economistas. Así, la reducción del déficit fiscal; déficit que implica que los gastos estatales exceden a los ingresos, implica un “ajuste” que ha de producir sufrimientos en distintos sectores de la sociedad. Esta vez se busca que el proceso de ajuste sea lo menos “doloroso” posible. Las dos opciones son: intenso “dolor” durante breve tiempo o bien mediano “dolor” durante bastante tiempo, con la posibilidad de no llegar, en este caso, a la solución esperada.

En la Argentina, el gobierno de Javier Milei adoptó la alternativa de reducir las causas de la inflación en forma rápida, consiguiendo resultados positivos hasta el momento. Sin embargo, algunos “periodistas” aducen que no es tan exitoso el proceso porque en años anteriores, bajo gobiernos kirchneristas, se tenían niveles de inflación similares. Este es el caso de Rolando Graña, que envenena las pantallas televisivas semanalmente añorando, pareciera, al gobierno anterior.

Supongamos que el gobierno kirchnerista recibió al país con una inflación del 10% anual hasta subirla hasta el 300% (por decir algunas cifras). Es evidente que, en algún momento, pasó por el 30% de inflación, que es aproximadamente la inflación anual actual con Milei. Pero es muy distinto tener ese nivel en un proceso económico con inflación ascendente que tenerlo en un proceso de inflación descendente. Además, la inflación kirchnerista mantenía precios bajos de los servicios con fuertes subvenciones a las empresas respectivas, y con fuerte déficit fiscal. La inflación de Milei, por el contrario, se establece con déficit nulo, o muy bajo, y con subvenciones también muy bajas.

Puede decirse que, con tres o cuatro “periodistas” como el mencionado, un país puede caer en las peores crisis, ya que el votante desprevenido, que confía en lo que observa en televisión, posiblemente orientará su apoyo político a sectores populistas o totalitarios. De la misma forma en que los sectores socialistas utilizan la democracia para acceder al poder, para luego destruirla, se amparan en la libertad de expresión para difundir su nefasta ideología.

Ante la pregunta: ¿En qué se parece la crisis de 1930 a la actual? [década de los 70], Friedrich Hayek respondía: “Entre la primera y la segunda –que venimos atravesando desde 1973- hay parecidos y diferencias. Los parecidos se encuentran en las malas orientaciones de las actividades económicas, que hoy se manifiestan y que son la consecuencia del periodo de inflación que precedió”.

“Pero en la década del 30 la política monetaria era deflacionista, mientras que hoy todavía se cree que prolongando la inflación a un ritmo moderado se mantendrá un índice de actividad más elevado. Todo lo que se obtiene con ello es la «stagflación»”.

“Hemos llegado al punto en el que sólo una aceleración de la inflación podría mantener las actividades anteriores. Al no atreverse a detener la inflación, se juntan los males de las dos situaciones: se tiene a la vez inflación y desempleo”.

“Yo considero que deben ser corregidas las malas orientaciones de la producción debidas al periodo de inflación. Detener la inflación traerá aparejado un aumento del desempleo. Pero esto es posible realizarlo de dos maneras: rápidamente o lentamente. Personalmente estoy convencido de que hay que actuar rápidamente, porque ningún gobierno puede hacer frente políticamente a una política, extendida a lo largo de varios años, de reducción de la inflación, que se acompaña de depresión”.

“Pienso que es necesario estabilizar la situación en seis meses, que serán difíciles de soportar y muy penosos, pero que permitirán un nuevo comienzo económico. Es lo que hicieron los Estados Unidos después de la Primera Guerra Mundial: bajaron el nivel de los precios en un 44% en seis meses; seis meses horribles, con un 20% de desempleo. Pero al final de ese periodo, el camino estaba despejado para un nuevo boom: la reactivación fue posible”. (De “¿De qué República hablamos?”-Revista Somos-Editorial Atlántida SA-Buenos Aires 1981).

lunes, 19 de enero de 2026

La izquierda política en las universidades de Occidente

Se estima que, en las principales universidades de Occidente, existe entre los docentes un evidente predominio izquierdista sobre los conservadores, llegando al 70% el porcentaje de los primeros. En una encuesta en que participan 168.000 docentes de EEUU, sólo el 12% se consideran conservadores, incluso en algunas universidades llegan al 0%. Entre las causas de este predominio, inexistente en los años 70, se aduce un cambio esencial en cuanto a las finalidades aceptadas por las universidades. Mientras que en épocas pasadas se consideraba que la finalidad esencial consistía en la generación y difusión del conocimiento, principalmente científico, en la actualidad se sostiene que la finalidad de la universidad implica promover la justicia social, la equidad y la transformación social, apuntando hacia esos objetivos, u otros similares.

Otro de los objetivos universitarios es la "corrección de injusticias históricas". Como si el presente no generase conflictos, tales correcciones implicarán sumar conflictos del pasado a los ya existentes.

En décadas anteriores, por ejemplo, se buscaba prioritariamente el conocimiento y la descripción de leyes naturales, de manera que, luego, el científico o el ingeniero aplicarían ese conocimiento a una función social. De ahí que estaba demás apuntar a tal función que se daría necesariamente. También las ciencias sociales apuntaban a establecer nuevos conocimientos para una mejora individual y social. Con la nueva perspectiva, pareciera que las universidades han cedido el lugar que antes ocupaba la ciencia experimental para ser ocupado por ideologías políticas poco compatibles con la realidad.

Como ejemplo de docente que simpatiza con ideologías totalitarias puede mencionarse el caso del filósofo Martin Heidegger, y su adhesión al nazismo, suponiendo que la barbarie nazi no estaba implícita en sus escritos como algo posible o deseable. Mario Vargas Llosa escribió: “Inscripto en el partido nazi el 1 de mayo de 1933, Heidegger continuaría pagando sus cuotas de afiliado hasta el fin de la guerra, en 1945”.

“¿Debemos aceptar, so pena de ser considerados unos inquisidores, esa censura infranqueable entre el hombre y la obra? ¿No hay, pues, relación entre lo que un filósofo piensa y escribe y lo que hace? ¿Es la excelencia intelectual una especie de salvoconducto que exime de responsabilidades morales? Parece que sí, por lo menos en nuestro tiempo. Y algunos consideran que esto es una gran conquista del espíritu, pues impermeabilizar la filosofía (o la literatura o el arte) de la moral es garantizarle la libertad, abrirle las puertas de la renovación permanente, inducirla a todas las audacias".

"Pero ¿y si fuera al revés? ¿Si disociar de esa manera tan tajante lo que leemos de lo que hacemos, fuera quitar todo valor de uso a la palabra escrita y apartarla de la experiencia común, ir empujándola cada vez más fuera de la vida, hacia la frivolidad o el juego irresponsable? Tal vez esta actitud tenga mucho que ver con la terrible devaluación que en nuestra época experimentan las ideas, con lo poco que significa hoy la filosofía para el común de las gentes (pese a haber tantos profesores de filosofía) y con los puntos que a diario pierden los libros en la batalla que tiene entablada con las imágenes de los medios. Si se trata sólo de entretener ¿cómo derrotaría Ser y tiempo a un culebrón?” (De “Desafíos a la libertad”-Alfaguara SA de Ediciones-Buenos Aires 2005).

Hace algunos años, el físico Alan Sokal realizó una interesante experiencia que consistió en escribir un artículo “científico” (en apariencias) que no significaba prácticamente nada. Era puro palabrerío hueco que fue publicado en la revista “Social Text”. Podemos leer al respecto: “Su famosa broma de 1996 provocó un feroz debate y se convirtió en noticia de portada en publicaciones de todo el mundo: él mismo reveló que un artículo que había publicado en la revista de estudios culturales Social Text era una parodia hábilmente construida que ponía en evidencia la jerga sin sentido de la critica posmoderna de la ciencia. Tal critica sostiene que los hechos, la verdad y la evidencia son meras construcciones sociales”.

“Sokal pone de manifiesto los peligros que entraña esa manera de pensar y propugna una visión del mundo basada en el respeto de la evidencia, la lógica y la argumentación racional por encima del pensamiento desiderativo, la superstición y la demagogia de cualquier signo” (De “Más allá de las imposturas intelectuales”-Alan Sokal-Ediciones Paidós Ibérica SA -Barcelona 2009).

Entre las conclusiones que se extraen de esta postura, A. Sokal y J. Bricmont, en el libro “Imposturas intelectuales”, mencionan los siguientes aspectos:

● Uso de teorías científicas acerca de las cuales, en el mejor de los casos, se tiene una vaga idea expresada en una erudición científica excesivamente superficial e irrelevante y en el uso extendido de jerga aparentemente científica.
● Importación de conceptos desde las ciencias naturales a las humanidades o las ciencias sociales sin la más mínima justificación; uso indiscriminado y arbitrario de la metáfora y de la analogía y despliegue de generalizaciones arbitrarias.
● Despliegue de erudición superficial, manejando términos técnicos en contextos completamente irrelevantes.
● Manipulación de frases carentes de significado, con exhibición de una verdadera intoxicación con palabras que resulta en un estilo oscuro de exposición como signo de supuesta profundidad.
● Indiferencia o desdén por los hechos y por la lógica

El primer paso para la inserción de ideologías totalitarias en las universidades, consiste en el reemplazo de los requisitos aceptados para el uso del método científico. Luego, se abren todas las puertas para el ingreso de ideas pseudocientíficas, además de un claro rechazo a la ciencia experimental en sí.

La casi masiva predisposición universitaria por mantener vigente una ideología totalitaria que produjo verdaderas catástrofes sociales en el siglo XX, principalmente, se ve favorecida por la utilización permanente de palabras a las cuales no se les puede asociar una imagen concreta, y mucho menos que se la pueda confrontar con una realidad concreta. Luego, con esas palabras poco definidas, se establecen deducciones y conclusiones cada vez más alejadas de la realidad.

Las verdades parciales, al implicar simultáneamente un ocultamiento parcial, se utilizan como una forma de engañar a los demás, siendo el ámbito de la política en donde se observa generalmente el importante arsenal de armas psicológicas que terminan perjudicando a la población en general.

Cuando alguien se proclama socialista, debería implicar que desea socializar (o compartir) parte de su patrimonio económico personal, mientras que en realidad implica que pretende socializar lo que es de otros. Luego, como muestra “buenas intenciones” (al desear repartir lo ajeno) se siente éticamente superior al resto de la sociedad. De ahí que la persona egoísta adhiera al Estado redistribuidor para revestirse con una máscara que lo ha de mostrar como una persona interesada por el bien de los demás.

Los severos ataques, sin embargo, los recibirán los empresarios que dan puestos de trabajo genuino, ya que crean “desigualdad social” por cuanto tienen más dinero que los demás sectores. Se dice que “explotan laboralmente” a sus empleados ya que, se supone, deberían compartir las ganancias con sus empleados (antes que con sus accionistas) por lo que, en realidad, antes que empleados se pretende que sean los nuevos socios del empresario. Cuando se trata de invertir y de trabajar duro para la formación de un medio productivo, son pocos los que se presentan, mientras que, cuando se trata de repartir beneficios, serán muchos los interesados.

El pseudointelectual insiste en utilizar un lenguaje oscuro y confuso, que muchos lo confunden con un pensamiento “profundo”. En lugar de ser una “oscuridad de expresión” se trata de una “expresión de oscuridad”. Jean Rostand escribió: “La gran seducción de las obras ininteligibles está en que los tontos entienden tanto de ellas como los inteligentes”.

Durante el siglo XX se consolidan las ideologías totalitarias (nazismo y comunismo), generadoras de grandes catástrofes humanitarias. Sin embargo, la ideología marxista sigue vigente como si nada hubiese ocurrido. Los ideólogos totalitarios, mediante mentiras, dirigen a las masas promoviendo el odio colectivo que ha de ser orientado contra determinado sector de la sociedad. Aun cuando carece de veracidad y de fundamentos válidos, el marxismo sigue todavía ocupando un lugar de importancia en determinados sectores intelectuales (o pseudointelectuales hablando con precisión). Florencio José Arnaudo escribió respecto del marxismo: “¿Cómo explicarse que una ideología que en lo filosófico es de «un primitivismo monstruoso» (Bochenski), en lo sociológico ha sido desmentida por el curso de la historia, en lo económico es «anticuada, errónea y falta de interés» (Keynes), y en lo político merece ser calificada de utópica, pueda haber concitado y seguir concitando la adhesión de decenas de miles de intelectuales que se tienen por progresistas? (De “La lucha ideológica”–EUDEBA-Buenos Aires 1981)

Así como, desde la ciencia económica, se le da poco, o ningún valor, a los aportes de Marx, la lógica formal tampoco considera la validez de la “lógica dialéctica”. Cuando la sociología supere la etapa filosófica en la que actualmente se encuentra, al menos parcialmente, es posible que los aportes de Marx sean considerados como de limitada validez o bien como carentes de realidad. No sólo el pensamiento único marxista pretende hacerse pasar por científico, como hace la pseudociencia normal, sino que incluso descalifica toda ciencia seria calificándola como mera “ideología”.

Desde las ciencias sociales se toman posturas extremas respecto de las ciencias naturales. En un caso se supone que la ciencia es una simple “construcción social” de validez relativa. Se confunde entre ciencia verificada experimentalmente y ciencia propuesta para una posterior verificación. A. Sokal y J. Bricmont escriben: “Una corriente intelectual caracterizada por el rechazo más o menos explícito de la tradición racionalista de la Ilustración, por discursos teóricos desconectados de todo test empírico, y por un relativismo cognitivo y cultural que considera la ciencia como nada más que una «narración», «un mito» o una construcción social entre otras” (Citado en “Metáforas en la evolución de las ciencias” de Héctor A. Palma–Jorge Baudino Ediciones-Buenos Aires 2004).

Si la ciencia experimental fuese una “construcción social”, podría haberse realizado una teoría distinta a la relatividad de Einstein o una teoría distinta a la evolución por selección natural de Darwin, y ser válidas en el mundo real. Sin embargo, no se habrían adaptado a la realidad de la forma en que tales teorías lo hacen. Steven Weinberg escribió: “Es sencillamente una falacia lógica pasar de la observación de que la ciencia es un proceso social a la conclusión de que el producto final, nuestras teorías científicas, es el que es a causa de las fuerzas sociales e históricas que actúan sobre este proceso. Un grupo de escaladores podrá discutir sobre cuál es la mejor vía hacia la cima….pero al final encuentran o no una buena vía hacia la cima, y cuando lo hacen la reconocen. (Nadie pondría a un libro sobre escalada el título de «La construcción del Everest»)” (De “El sueño de una teoría final”-Crítica-Barcelona 1994).

sábado, 17 de enero de 2026

¿Por voluntad de Alá?

Algunas estimaciones indican que, desde el atentado terrorista a las torres gemelas de Nueva York, hasta la actualidad, adeptos al Islam produjeron unos 47.000 atentados en 70 países. Por lo general, ante cualquier proceso destructor de vidas humanas, se busca al autor intelectual del mismo, ya que resulta evidente que tan amplio proceso no ha de surgir de pensamientos individuales aislados que fortuitamente coinciden en sus objetivos.

Como en el Corán se promueve la “guerra santa”, o yihad, la cual debería ser cumplida por todo musulmán practicante, y no sólo adherente, el autor intelectual del proceso terrorista mundial sería el propio Mahoma. Sin embargo, desde el Islam nos dicen que en realidad el texto del Corán fue “dictado”, a través de intermediarios, por Dios, o Alá, al propio Mahoma. De ahí que el verdadero autor intelectual de la “guerra santa” sería el mismísimo Dios, Creador de todo lo existente.

Sería también Dios el que obliga a las mujeres a aceptar un lugar secundario en la sociedad, limitándose tal sólo a obedecer a su marido musulmán. Bajo el mismo espíritu de la ley islámica, deben aceptar que a las niñas se las someta a la extirpación de algunas partes de su cuerpo para inhibir todo estímulo sexual satisfactorio. Deben aceptar la opción a que las niñas sean entregadas al casamiento, arreglado por sus padres, a partir de los 9 años de edad. Deben obligar a los infieles (judíos y cristianos, principalmente) a abandonar su religión y aceptar el Islam, bajo sanciones o castigos que pueden llegar hasta el asesinato. El creyente, no debe renunciar al Islam, en cuyo caso será asesinado según lo estipula Mahoma en el Corán, o según lo estipula Dios como “redactor” primario del Corán.

Se dice, respecto del vínculo entre hombre y mujer, que existe una cercanía entre la actitud cristiana y la islámica, ya que se expresan en una forma similar, sólo diferenciándose por una letra. Así, el cristiano dice: "Yo te amo", mientras que el musulmán expresa: "Yo tu amo".

No todo musulmán, ni en todo país islámico, se cumple estrictamente todo lo que sugiere u obliga el Corán, pero el fanático tiende a cumplirlo estrictamente y a hacerlo cumplir a nivel global, reaccionando mediante actos terroristas a la oposición surgida ante la expansión planetaria propuesta. Recordemos que en la Argentina sufrimos los atentados a la AMIA y a la embajada de Israel, con un total de 114 muertos y 542 heridos entre ambos atentados.

Mariano Grondona distingue entre quienes “rebajan” lo sagrado al nivel de lo cotidiano y de quienes tratan de imponer lo sagrado a todo lo cotidiano. Al respecto escribió: “La palabra «fanático» proviene del latín fanum, que quiere decir «lugar consagrado», «templo». De aquí derivan dos expresiones contrapuestas. El «profano» es aquel que opera dentro del templo de la misma manera como lo haría fuera de él. Inversamente, el «fanático» es aquel que obra fuera del templo como si estuviera adentro de él; aquel que transfiere al mundo actitudes y creencias que sólo valen para los lugares consagrados”.

“Tanto el profano como el fanático se desvían del recto camino. Uno «profana» lo sagrado; el otro «consagra» lo mundano. No nos gusta la primera actitud. A la segunda, empero, la tememos”.

“El fanatismo, en efecto, llama a la violencia. Ocurre que, dentro del ámbito de lo sagrado, las creencias y las actitudes son absolutas por no referirse a este mundo sino a la eternidad. Allí, en el templo, no hay términos medios. Pero el mundo y la vida consisten en toda una serie de tonos grises, de valores intermedios. Al inyectar en el ámbito de lo que es por naturaleza limitado e imperfecto, la exigencia absoluta de lo eterno, el fanático choca contra la pared de lo humano, de lo que es –para su gusto- «demasiado humano». Tarde o temprano, le pone una bomba para disolverla”.

"No debieran asombrarnos los horrendos atentados que han conmovido al mundo en estos días. Habiendo fanáticos, el problema no es si habrá o no habrá atentados, sino cuándo y dónde ocurrirán".

"Se llega al fanatismo por diversas vías. Una, la más directa es la trasposición de una fe religiosa, perfectamente aceptable dentro del templo, hacia el mundo al cual, ya que no se lo puede «con-vencer», se lo quiere «vencer» mediante la violencia. Todas las religiones encierran liturgias de violencia, desde el sacrificio del cordero hasta comer y beber a Dios. Es que la violencia, en cuanto negación absoluta de los límites de lo humano, se presenta como el vehículo natural hacia Lo Otro, hacia lo sobrehumano. Mientras ella permanezca bajo la vigilancia del rito, cumple una función insustituible. Cuando sale del templo, incendia al mundo".

"Es lo que está ocurriendo a partir del fundamentalismo musulmán. Toda gran religión, sea el Islam, el judaísmo o el cristianismo, tiene un problema al salir del templo y enfrentar al mundo. La luz y el ruido de la calle sorprenden a quien viene del augusto silencio de Dios. Muchas veces, el conflicto se resuelve con una apelación al dualismo. Religioso en el templo, secular fuera de él, el hombre acepta entonces vivir con «dos verdades», según la famosa teoría del musulmán aristotélico Averroes en plena Edad Media".

"Esto es lo que siguen haciendo millones y millones de musulmanes. Una minoría, empero, quiere unificar al templo y al mundo, querer meter la eternidad en el tiempo. Su rito secular es la violencia, ya sea ametrallando multitudes no musulmanas en Turquía o en Filipinas, ya sea secuestrando pasajeros inocentes en Pakistán. Para el fanático, nadie es inocente ni pertenece al mundo".

"Mientras combatamos a los violentos con la policía y las cárceles -algo, por otra parte, necesario- estaremos apagando algunos fuegos. El Fuego, con mayúscula, seguirá. Se sabe cómo detectar una bomba. La mente del fanático que la puso es en cambio un templo impenetrable, de cuyo misterioso interior nace y renace cada día el intento ilusorio pero poderoso de disolver el mundo" (De "Bajo el imperio de las ideas morales"-Editorial Sudamericana SA-Buenos Aires 1987).

jueves, 15 de enero de 2026

De la hipocresía al cinismo

Varias décadas atrás, todo vínculo comercial, o contractual, se hacía “de palabra”. Ante el predominio de la honradez de las personas, reflejo de la mentalidad reinante, no hacia falta establecer contratos ni concurrir a un escribano público para asegurar el cumplimiento de lo pactado. En la época actual, es impensable hacer algo semejante, ya que implica sucumbir económicamente en poco tiempo, excepto que los pactos se establezcan con personas de mucha confianza. Respecto de un ex-vicepresidente de la Nación (1922-28), Nelson Castro escribió: “Son muchos los testimonios de quienes recuerdan haberlo visto caminando por alguna calle céntrica de Buenos Aires, vistiendo un traje limpio pero gastado y portando un portafolio castigado por el paso del tiempo, o haciendo cola para subir al tranvía. Al reconocerlo, algunos tímidamente se acercaban a saludarlo. -«¿Cómo es posible que usted esté pasando estas vicisitudes?», le preguntaban. -«Ninguna vicisitud; es lo que corresponde», respondía él con naturalidad. Este era Elpidio González”.

De predominar en nuestra sociedad este tipo de persona, que tenía como principal orgullo el de ser una persona decente, se terminaría de inmediato con los populismos que han impedido el progreso de la Argentina. Elpidio González alguna vez manifestó: “Hay que servir a la Nación con desinterés personal, y después de disfrutar del honor de haber sido presidente o vice, no se le puede exigir al Estado que nos mantenga con altos sueldos vitalicios” (De “Vicepresidentes argentinos” de Nelson Castro-Ediciones B Argentina SA-Buenos Aires 2009).

Puede hacerse un esquema de la decadencia social que va desde la honradez al cinismo:

1- Honradez: se valora y se posee la virtud moral
2- Hipocresía: se valora tal virtud, pero se finge poseerla
3- Cinismo: no se la valora ni tampoco se finge poseerla

Mientras que la honradez proviene de la empatía emocional, la hipocresía proviene del egoismo. El cinismo está asociado al odio. De ahí que pareciera que vivimos en la era del cinismo, en la que predomina el odio y la mentira, al menos en los sectores que dirigen el rumbo de la humanidad.

La actual decadencia europea, favorecida por los gobiernos socialdemócratas, que han permitido un exceso de inmigrantes de pobre nivel cultural y moral, parece provenir de una previa etapa de riquezas y bienestar suficiente, no exenta de actitudes egoístas, lo que hizo surgir en muchos individuos cierto sentido de culpa. Luego, las culpas asociadas a las generaciones pasadas, injustamente recayeron en las actuales.

Por ese camino se exageran las culpas y se produce una discriminación del hombre blanco occidental surgiendo la tendencia a criticar y a destruir todo lo que este hombre acepta: capitalismo, libertad, democracia, cristianismo, etc. También el Islam totalitario coincide en esa denigración y aparece la peligrosa sociedad islámica-socialista. Luego se califica a todo opositor como burgués o fascista. Queda bien sentirse izquierdista por sus proclamas de igualdad, pero sin poner ningún dinero de su propio bolsillo; para eso está el Estado.

Se idealiza a los pobres y a los países pobres y así, en varios países de Europa, se abre una inmigración indiscriminada, que por cierto poco beneficia la dignidad del inmigrante, musulmán principalmente, que vive a costa de la sociedad local, vía Estado benefactor. Mientras que muchos de ellos ni siquiera intentan producir al menos lo que consumen, seguirán en una especie de parasitismo continuo que los llevará a llenar sus horas y sus días con vagancia, ocio y delitos.

La negación de la realidad se debe principalmente a la ignorancia de quienes no saben interpretarla adecuadamente y a la mentira que la encubre hasta deformarla, para hacerla compatible con la ideología dominante. Pero la verdad, tarde o temprano, se hace presente, a veces de la forma menos benigna. Aunque tampoco de esa crisis aprende el ignorante y el mentiroso, ya que de inmediato culpa a los demás por la situación adversa suponiendo que enemigos imaginarios tratan de destruirlo, otorgándose una importancia ni siquiera tenida en cuenta por los demás. Podemos hacer una síntesis de la secuencia adoptada por los gobiernos populistas, socialdemócratas principalmente:

a- Si hay problemas, no debe hablarse de ellos
b- Si resulta inevitable nombrarlos, cambiarles de nombre
c- Mientras tanto, se inventan acontecimientos que ocupan la atención pública para alejarla de los problemas reales
d- Si los problemas se han hecho muy evidentes, entonces se atribuye la culpa a los demás (gobiernos anteriores, grandes corporaciones, el imperialismo yankee o el sistema capitalista)
e- Si la táctica anterior no resulta suficiente, en lugar de mostrarse culpable, se adopta la postura de la victima inocente que padece la maldad de “ellos”; el sector opositor que busca la destitución
f- Si todo lo anterior resulta insuficiente, se trata de embaucar al pueblo mediante largos mensajes televisivos sin que advierta que lo están engañando. Se busca que sea conciente de la estafa recién “cuando yo ya no esté allí”
g- Si un gobierno posterior no pudo resolver la crisis heredada, en algunos años más podrá postularse para un nuevo periodo presidencial, ya que la memoria del pueblo es débil.

Son muchos los que piensan que el ciudadano decente debe trabajar para mantener a su familia y, además, debe hacer horas extras para mantener indirectamente a muchos que no quieren trabajar, evitando, de esa manera, que salgan a protestar o a robar. Luego, al negarse a trabajar esas horas adicionales, justificaría la culpabilidad supuesta. El medio más efectivo para llevar a cabo esta idea es el apoyo electoral a un gobierno populista que trate de “contener” a los potenciales ladrones manteniéndolos con lo obtenido de la confiscación parcial de los montos logrados del sector productivo. Con esto satisface, además, las múltiples adhesiones de los socialistas, quienes “generosamente” promueven repartir las riquezas ajenas pero sin dar nada propio y mucho menos pensar en la remota posibilidad de producir algo que pueda mejorar la situación económica y social de algún necesitado.

Esta hipócrita protección impide todo fortalecimiento del inmigrante de la misma manera en que la relativamente alta edad de la imputabilidad de los menores delincuentes, favorece que éstos orienten sus vidas al delito.

martes, 13 de enero de 2026

La neutralidad ética de León XIV

Se supone que un predicador cristiano debería estar a favor del bien y en contra del mal, defendiendo a la gente honesta y denunciando a los delincuentes y a los asesinos. Sin embargo, León XIV opta por la neutralidad ética en el caso de Irán, en donde los gobernantes islámicos responden con balas ante los reclamos de la población desarmada, provocando hasta ahora unos 2.000 muertos, según estimaciones.

Al respecto, León XIV escribió recientemente: "Mi pensamiento se dirige a lo que está sucediendo en estos días en Oriente Medio, en particular en Irán y en Siria, donde tensiones persistentes están provocando la muerte de muchas personas. Espero y rezo para que se cultiven con paciencia el diálogo y la paz, buscando el bien común de toda la sociedad".

Pareciera que el actual Papa desconoce los intentos islámicos iraníes por borrar del mapa a Israel y a todos los judíos, al mejor estilo nazi. Desconoce también la gran cantidad de asesinatos de cristianos en países africanos por parte de sectores islámicos. Sólo se atiene a aconsejar el "diálogo" entre sectores, en lugar de aconsejar y pedir a los violentos y asesinos que cesen en sus acciones. Lo que más desean los líderes totalitarios es el diálogo que les permita mantener en forma indefinida el poder.

El anterior Papa, Jorge Bergoglio, recomendaba "dialogar" cuando aparecían conflictos en países como Cuba o Venezuela, y también recomendaba "hacer lío" en países que todavía no caían bajo el socialismo. De ahí se observa cierta continuidad ideológica que favorece en realidad a los totalitarismos socialistas e islámicos, por lo cual la "neutralidad ética" termina convirtiéndose en una abierta promoción de gobiernos violentos y totalitarios.

domingo, 11 de enero de 2026

La ciencia experimental como salvación cultural

Ante el evidente fracaso tanto de las ciencias sociales como de las diversas religiones, que no han podido revertir la preocupante decadencia de las sociedades actuales, incluso promoviendo algunos de los males, resulta imprescindible dirigir nuestras miradas hacia las ramas más exitosas de la ciencia experimental.

En realidad, las denominadas “ciencias sociales” ya son parte integrante de la ciencia experimental, sin embargo, varias de ellas conducen a informaciones erróneas, o poco efectivas, por no utilizar el método y el espíritu de las ciencias exactas. Pretenden incluso llegar a una etapa científica mientras ni siquiera aplican el criterio del rechazo de lo que no se adapta a la realidad, aceptándose teorías opuestas sobre un mismo fenómeno social.

Tampoco la religión ha podido limitar el nivel de violencia existente en gran parte del planeta, ya que incluso es uno de los principales factores de divisiones y conflictos, como es el caso concreto del Islam. Aún cuando, desde las ciencias sociales, se llegue a disponer de una descripción aceptable y compatible con las leyes naturales, es muy probable que apenas sea reconocida y aceptada por muchos sectores de la población, por cuanto el fanatismo previo les induce a desconfiar de toda evidencia experimental al adherir a ciertas ideologías que los esclavizan mentalmente. Aún así, es importante continuar con las tentativas científicas que nos acerquen a una mejor comprensión de la realidad.

Si bien la ética bíblica puede considerarse como la mejor opción para emprender el camino de la reconstrucción moral de la sociedad, en manos de sus predicadores resulta ineficaz por cuanto la ética inherente está completamente disfrazada o reemplazada por una serie de misterios difíciles de digerir mediante el razonamiento elemental. Además, como los objetivos personales y las ambiciones de los predicadores resultan más importantes que la integridad de la sociedad, resulta difícil que se pongan de acuerdo en lo esencial ya que reemplazan la ética bíblica por una infinidad de aspectos susceptibles de interpretaciones subjetivas.

Un paso importante implica la aceptación de que la ética, tanto individual como social, no necesariamente ha de depender de un contexto religioso. Por el contrario, las leyes naturales que rigen nuestras conductas individuales resultan accesibles a la observación y a una descripción posterior. Pero, si asociamos tales leyes a la voluntad de un Creador, se advierte que una ética que provenga de la observación directa de la realidad, puede todavía considerarse como surgida de ideas religiosas. Andrew M. Greeley escribió: “El pensamiento racional y abstracto empezó a diferenciarse del mito en el segundo y primer milenios antes de Cristo; entonces comenzaron a surgir los sistemas legales y éticos independientes de los mitos, si bien es verdad que los primeros códigos morales aún tenían unas raíces mitológicas, mientras que las grandes construcciones éticas de hombres como Aristóteles aluden ocasionalmente a los mitos”.

“Tanto los códigos legales como los sistemas de ética filosófica –por no decir nada de la moral y los sistemas morales desarrollados más tarde por la Iglesia cristiana- trataban de apoyarse de una o de otra forma en la naturaleza de las cosas. Se suponía que la ley mosaica o los principios de la ética de Aristóteles poseían una vigencia moral indiscutible por el hecho de que expresaban la voluntad de Dios o la naturaleza de la realidad, lo que viene a ser lo mismo. Tanto la ética de Aristóteles como la ley mosaica eran simplemente las conclusiones morales que se desprendían de una cierta visión de la naturaleza última de la realidad” (De “El hombre no secular”-Ediciones Cristiandad-Madrid 1974).

Las leyes éticas de Moisés, conocidas como los “Diez mandamientos”, resultan fáciles de cumplir por cuanto implican cierta inacción; ya que al no matar, no robar, no mentir, etc., se estaría cumpliendo con ellos. Luego aparece la ética cristiana vinculada a la acción, más difícil de cumplir por cuanto nos sugiere: “amar al prójimo como a uno mismo”, o bien, compartir las penas y las alegrías ajenas como propias. Contemplando el caótico estado actual de la humanidad, se advierte que con sólo cumplir con los mandamientos de Moisés, la situación mejoraría bastante; se eliminaría el mal, si bien no se lograría el bien que, potencialmente, los seres humanos podemos alcanzar.

La actual decadencia planetaria no se debe sólo a la vigencia de la mentira y del engaño aplicados masivamente, sino al engaño propio, ya que, si intentamos adoptar el criterio cristiano, elevaríamos significativamente el nivel de felicidad individual, ya que el cumplimiento de la ética de los Evangelios apunta principalmente a la felicidad individual de quien la practica; luego implicará también la felicidad ajena, ya que así funciona el orden natural.

La empatía emocional, que es esencialmente el “amor al prójimo”, ya es parte de la Psicología Social y de la neurociencia. De ahí que, en adelante, la ética natural, compatible con el orden natural, será parte de las ciencias sociales. Al intentar adaptarnos por este medio a dicho orden, estamos admitiendo también un sentido de la vida adecuado, que nos permite sentirnos parte integrante del amplio y maravilloso universo en el cual estamos inmersos.