sábado, 14 de agosto de 2021

Valores y descalificaciones

Es posible definir las sociedades en decadencia en función de la ausencia de valores personales o bien en función de la utilización de algunos de esos valores para descalificar a quienes, supuestamente, no los poseen. En este caso, en lugar de utilizarse en una forma cooperativa se los utiliza en una forma competitiva orientada hacia la denigración de los demás.

Todavía se acepta el trío de valores tradicionales: el bien, la verdad y la belleza. Ellos hacen referencia a lo moral, a lo cognitivo y a lo estético, o bien, a lo emocional, a lo racional y a lo corporal, respectivamente. A ellos se les agrega, a veces sustituyéndolos, la posesión de dinero, superponiendo "lo que se tiene" a "lo que se es".

Con la palabra "materialismo" designamos la sustitución de valores personales por valores que se logran, muchas veces, careciendo del trío tradicional. Incluso se busca una supuesta igualdad sin contemplar al trío, ya que se busca una igualdad (o igualitarismo) en base a la posesión mencionada, lo que conduce a la ostentación del que tiene dinero en cantidad suficiente y a la envidia del que no lo tiene. La sociedad sin valores personales queda compuesta por "materialistas con dinero" y por "materialistas sin dinero".

El materialismo está asociado al egoísmo ya que con el dinero resultan accesibles las comodidades del cuerpo, mientras que los valores personales son accesibles aun para quienes carecen de dinero suficiente. El materialista poco exitoso, a veces, muestra una falsa espiritualidad al no poder lograr dinero en forma suficiente.

Una vez que se considera que el dinero implica el "sumo bien", las sociedades en crisis apuntan a establecer mejoras políticas y económicas para revertir la situación de crisis o de decadencia. Sin embargo, sin descartar la existencia de mejores y peores sistemas políticos y económicos, la verdadera restauración de una sociedad se ha de lograr tratando de difundir la búsqueda de valores personales, principalmente los valores éticos o emocionales.

En una sociedad en crisis, orientada por el egoísmo y la envidia, quien posee ciertos valores intelectuales tenderá a mirar en menos a quien no los posee. Incluso quien supone poseer valores éticos superiores intenta despreciar a quien considera que no los posee. Esto conduce al proceso descripto como "el acoso moral". Marie-France Hirigoyen escribió: "El desprecio y la burla dominan la relación del perverso con el mundo exterior. El desprecio afecta al compañero odiado, a lo que éste piensa y hace, pero afecta también a su círculo de relaciones. El desprecio es el arma del débil; protege contra los sentimientos indeseables. El perverso se esconde detrás de la máscara del irónico o del bromista" (De "El acoso moral"-Editorial Paidós SAICF-Buenos Aires 2014).

Cuando una persona perversa dirige un país, o cuando mayoritariamente se vota para que lo dirija, las cosas tienden a empeorar. Este es el caso de la Argentina, acosada moralmente por una vicepresidente en ejercicio del poder total, que trataba de "pelotudo" a uno de sus seguidores cercanos (según grabaciones telefónicas que se conocieron públicamente). La autora citada escribió: "El perverso no practica la comunicación directa porque «con los objetos no se habla». Cuando a un perverso se le pregunta algo directamente, elude la comunicación. Como no habla, impone una imagen de grandeza y sabiduría. Penetramos así en un mundo en el que la comunicación verbal es escasa y en el que tan sólo se nos llama la atención con pequeños toques desestabilizadores. El perverso no nombra nada, pero lo insinúa todo".

"La mentira de los perversos narcisistas sólo se vuelve directa durante la fase de destrucción. En ese momento, la mentira desprecia cualquier evidencia. Y lo que, sobre todo y ante todo, permite convencer a la víctima es que esa mentira es una mentira convencida. Sea cual fuere el tamaño de esa mentira, el perverso se agarra a ella y termina por convencer a su interlocutor".

La grieta social que se inició con el peronismo, ha sido agravada por la perversidad de la líder del kirchnerismo. De ahí que la Argentina actual, si pudiese describirla Ortega y Gasset, titularía su libro como "Argentina invertebrada". Al respecto, Claudio Fantini escribió: "La Argentina ha vuelto a ser dos continentes separados por un océano de mareas oscilantes. En uno de esos continentes reina un liderazgo vigoroso, eficaz y concentrado, a cuya sombra la sumisión y la obsecuencia resultan altamente redituables. El otro continente es un espacio baldío de líderes, de acciones y de ideas, en el que la intemperie pesa como una orfandad".

"En términos de contienda política, parece Esparta contra Atenas, pero una Atenas sin Pericles y en la que, para colmo, no hay ágora ni se promueve el pensamiento lúcido".

"En la vereda espartana, reina un ánimo combatiente entre legionarios que llaman militancia a la adhesión remunerada con cargos y prebendas, como si militancia y beneficio económico no fueran mutuamente excluyentes. En la fallida Atenas no hay militantes porque no hay producción de pensamiento ni activismo cultural y a nadie se le ocurre nada inteligente, atractivo o aglutinante. Es un espacio en donde deambulan solitarios los que sienten aversión por el culto personalista, el uso patrimonialista del Estado y las poses ideológicas de los que están haciendo el gran negocio de ser oficialistas" (De "la gravedad del silencio"-Editorial Raíz de Dos-Córdoba-Argentina 2012).

La Argentina se dirige hacia la venezuelización del país, siguiendo la secuencia impuesta por líderes perversos con objetivos totalitarios. La secuencia destructiva de las naciones fue observada por George Orwell, y es la siguiente:

1ª fase: Destruir la libertad
2ª fase: Empobrecer la lengua
3ª fase: Abolir la verdad
4ª fase: Suprimir la historia
5ª fase: Negar la naturaleza
6ª fase: Propagar el odio
7ª fase: Aspirar al imperio.

martes, 10 de agosto de 2021

Acerca de la economía de mercado

La economía capitalista, o economía de mercado, se basa en la especialización, o división, del trabajo, para establecer a continuación el intercambio de productos y servicios. Tal intercambio se concretará bajo alguna de las tres actitudes o predisposiciones básicas que puede adoptar un ser humano:

a) El otro es lo más importante: otro-ismo (altruismo)
b) Yo soy lo más importante: yo-ismo (egoísmo)
c) Nosotros somos igualmente importantes: nosotros-ismo (cooperación social)

Para que los intercambios entre dos personas, A y B, perduren en el tiempo, es imprescindible que en ellos predomine la cooperación. Por el contrario, si uno de los protagonistas tiene la predisposición a no contemplar sus propias ventajas, o bien las ventajas del otro, seguramente tales intercambios se verán interrumpidos; al menos esto es lo que sucede en la vida cotidiana.

Resulta llamativo, sin embargo, que un gran porcentaje de autores considere que el egoísmo empresarial es imprescindible para el funcionamiento exitoso de la economía de mercado, con una "prohibición" tácita para la participación de empresarios que contemplen simultáneamente sus ventajas como las de los demás. Cuando tales autores se denominan "liberales", en realidad proponen algo bastante distinto a lo propuesto por Ludwig von Mises, tal la cooperación social.

También se supone que todo empresario exitoso es un individuo carente de emociones y de moral; incluso una persona casi perversa que sólo tiene como objetivo la optimización de ganancias sin apenas interesarse en la calidad o utilidad de sus productos, y que, si lo hace, se debe a su prioritario amor por el dinero y por el poder. Se descarta la posibilidad de que, por ejemplo, un constructor de automóviles, sea alguien apasionado por esos vehículos y que tal pasión lo haya conducido a producirlos. Carlos Moyano Llerena escribió: "La ciencia económica neoclásica, que en la actualidad prevalece en Occidente, considera que las leyes de la economía -que explican el comportamiento humano en ese campo- se fundan en tres principios casi axiomáticos. Ellos son: Primero el utilitarismo que impulsa al hombre a buscar su beneficio personal, excluyendo cualquier motivación altruista. Segundo el racionalismo como guía única para calcular ese beneficio, excluyendo toda influencia de los valores y de los sentimientos. Y tercero el individualismo que exige eliminar cualquier interferencia del Estado en la libre iniciativa personal" (De "El redescubrimiento del mercado"-Varios autores-Asociación de Bancos de la República Argentina-Buenos Aires 1992).

En cuanto a las ventajas de la economía de mercado, se trascribe parcialmente un artículo al respecto:

EL MERCADO Y SU ESENCIA

Por Álvaro C. Alsogaray

Qué es el mercado

El mercado es un sistema de organización económica y social indisolublemente asociado a formas políticas y jurídicas consubstanciales con las libertades individuales, los derechos humanos y los metodos democráticos.

Ese sistema no ha sido planeado ni inventado por nadie; es una resultante de la acción humana y ha surgido espontáneamente a través del ejercicio de ésta a lo largo de siglos. El mercado es el mejor mecanismo descubierto hasta ahora por el hombre para coordinar los esfuerzos individuales dentro de un orden social extenso, con vistas a satisfacer de la mejor manera posible las necesidades, aspiraciones y el bienestar de los seres humanos.

Cabe aquí una aclaración acerca de qué entendemos por «orden extenso», aunque ello pudiera parecer innecesario ya que toda nuestra vida diaria se desarrolla dentro de un orden de esa clase. En los tiempos primitivos existían grupos humanos (tribus, clanes, ciudades y otros agrupamientos), que comprendían a un número relativamente pequeño de individuos, pero a medida que la especie humana y la civilización se fueron desarrollando, aparecieron conglomerados de millones de personas que se desconocían entre sí pero que debían actuar dentro de un orden determinado. A ese orden es a lo que llamamos «orden extenso», que difiere fundamentalmente del existente en las agrupaciones primitivas menores. Esa diferencia no radica solamente en el número de miembros que integran la comunidad, sino los métodos, instituciones y estructuras que van surgiendo dentro de ella.

En las comunidades primitivas que abarcaban un escenario limitado, era posible establecer determinados objetivos aceptados por todos sus integrantes, y organizar la cooperación de estos bajo una dirección central ejercida por el jefe de la comunidad. El comportamiento individual estaba entonces regulado por una autoridad que basaba su acción en principios de altruismo y solidaridad. El sistema podía funcionar porque los líderes disponían de la información necesaria para obtener el máximo provecho de la acción de todos y cada uno de sus integrantes, y éstos a su vez estaban también en condiciones de acceder a dicho conocimiento y apreciar los beneficios que se derivaban de él, lo cual los llevaba a aceptar naturalmente las reglas que les eran impuestas.

Pero muy distinta es la situación en los órdenes extensos. En ellos la información necesaria para el mejor empleo de los recursos de la comunidad y el desarrollo de ésta, se encuentran dispersos entre centenares de miles y aún millones de seres humanos, y nadie puede disponer completamente de esa información. Nadie puede tampoco dirigir en forma directa las actividades de los individuos al mejor aprovechamiento de dicha información. Señala Hayek al respecto: "En nuestras actividades económicas nada sabemos de las necesidades ajenas que nuestro esfuerzo productivo contribuirá a satisfacer, ni de los esfuerzos ajenos que acaban satisfaciendo nuestras propias necesidades. Casi todos ponemos nuestra aportación productiva al servicio de gentes que son para nosotros desconocidas, cuya existencia incluso ignoramos, mientras que buscamos satisfacer nuestros propios ciclos vitales en el consumo de bienes y servicios facilitados por gente que también desconocemos".

Surge entonces el problema central de los órdenes extensos: cómo establecer la cooperación entre los miembros de la comunidad regida por órdenes de esa clase. Aquí es donde aparece el mercado como instrumento o mecanismo capaz de coordinar los esfuerzos individuales sobre la base de esa información dispersa a la cual nadie puede totalmente acceder a través de la observación directa del proceder de los individuos.

Lo dicho nos permite ya definir la esencia del mercado, por lo menos en lo que hace a su naturaleza misma. Habrá que completar después esa definición analizando qué significa el mercado en el ordenamiento de las sociedades contemporáneas.

La esencia del mercado

El problema fundamental en los órdenes extensos radica, como queda dicho, en cómo lograr la cooperación y coordinar los esfuerzos de los individuos en procura del mejor aprovechamiento de los recursos, con vistas al desarrollo y progreso de la comunidad. Ya he señalado a ese respecto la imposibilidad de que ninguna autoridad central pueda reunir la información necesaria para ese aprovechamiento, y sobre todo conocer y regular los comportamientos individuales.

Esa es precisamente la gran cuestión que resuelve el mercado. A través del mecanismo de los precios y de la competencia, todos y cada uno de los agentes económicos (productores y consumidores) reciben la información que necesitan para satisfacer sus propias necesidades, deseos y aspiraciones. El mercado cumple así una función esencial partiendo del principio ya establecido por pensadores del siglo XIX y aun antes, de que "el tipo de industria a la que el capital deba ser dedicado, y en qué rama de la producción implicará su incorporación superior valor, son cosas que evidentemente cada individuo, conocedor de las circunstancias del caso, podrá establecer con más acierto que cualquier estadista o legislador" (Adam Smith 1776). También, que "cualquier iniciativa económica precisa del conocimiento de innumerables y minuciosos detalles, información que sólo está al alcance de quienes tienen interés en ello" (Bailey 1840).

El mercado provee a los individuos esa información que reúne a través de mecanismos e interrelaciones sutiles, que es prácticamente imposible desentrañar mediante la observación directa. Aquí es donde aparece la "mano invisible" de Adam Smith. Al respecto dice Hayek: "quizá esa mano invisible pueda ser legítimamente interpretada como ese imperceptible e insustituible conjunto de tendencias que están implícitas en dicho orden (el del mercado)". Pero no es el caso extendernos aquí acerca de cómo el mercado cumple esa función. Sólo cabe señalar que para que pueda hacerlo, deben llenarse dos requisitos indispensables: la libertad de operar de todos los agentes que intervienen en él, y la competencia. Ello es lo que asegura el correcto funcionamiento del mecanismo de los precios, clave fundamental del sistema. Lo que interesa en relación con el tema que estamos tratando es destacar que dicha función constituye un aspecto fundamental de lo que consideramos la esencia del mercado.

Otro aspecto de ésta, íntimamente ligado al anterior, reside en que ese acopio y utilización de informaciones y conocimientos dispersos no se limita a lo existente, sino que sirve para generar acontecimientos futuros que no estamos en condiciones de prever, y en función de ellos orientar nuestra acción. Todavía más: el mercado a través de su funcionamiento actual, influye sobre la evolución social futura y, como veremos más adelante, da lugar a la creación o perfeccionamiento autónomo y espontáneo de órdenes cada vez más complejos y extensos.

La vida y la organización de las sociedades futuras dependen en gran medida de la evolución del mercado, evolución que conduce, como hemos visto, a ordenamientos más perfectos y extensos. Lo esencial del mercado está también, por lo tanto, en su capacidad para conformar esos órdenes en forma autónoma y espontánea, como si se tratara de un organismo vivo, que se desarrolla y multiplica a impulsos de fuerzas vitales. El mercado permite además, como queda dicho, tomar en cuenta situaciones y acontecimientos futuros, sobre los cuales, por otra parte, influye dando lugar a nuevos órdenes extensos o al perfeccionamiento de los existentes. En particular la competencia, factor fundamental del mercado, constituye un ininterrumpido proceso de descubrimiento, que lleva a responder a las nuevas situaciones. "Es la renovada competencia, no el consenso, lo que aumenta cada vez más nuestra eficacia" (Hayek).

(De "El redescubrimiento del mercado"-Varios autores-Asociación de Bancos de la República Argentina-Buenos Aires 1992).

domingo, 8 de agosto de 2021

Posmodernidad vs. Orden natural

Las diversas etapas históricas, por las que atraviesa la humanidad, se caracterizan por lo que cree, hace, piensa y dice la gente. Luego se establecen comparaciones para advertir progresos, estancamientos o retrocesos culturales. Sin embargo, la valoración objetiva de toda etapa debería establecerse adoptando como referencia las leyes que conforman el orden natural, especialmente aquellas leyes naturales que rigen nuestras conductas individuales.

Así como todo puente debe construirse teniendo presente las leyes de la estática y de la resistencia de materiales, para resistir el paso de vehículos, las diversas civilizaciones deberían fundamentarse en las leyes que favorecen nuestra supervivencia, como lo es la que establece la empatía emocional, ya que permite constituir vínculos entre individuos para dar lugar a sociedades verdaderamente humanas.

Para realizar nuestras vidas en base a la cooperación social y a la competencia que la favorece, el proceso evolutivo nos ha provisto de una capacidad para compartir penas y alegrías ajenas. Si este proceso no se respeta, ya que estaríamos ignorando la empatía mencionada, la sociedad se derrumbará al igual que todo puente mal construido.

Cuando todo individuo se interesa sólo en sí mismo, ignorando a los demás, se interrumpe el vínculo empático, o no llega a establecerse, desnaturalizándose el fundamento de lo que debería ser una sociedad, constituyendo sólo un conjunto de seres humanos, pero no una sociedad verdaderamente humana. Esta actitud predominante es el egoísmo.

Cuando en este conjunto de seres humanos, la alegría ajena se traduce en pena propia y la pena ajena en alegría propia, no sólo se desnaturaliza la sociedad, sino que tiende a autodestruirse. Esta actitud predominante es el odio, que ha sido promovido por los diversos totalitarismos (fascismo, nazismo, comunismo, peronismo, etc.).

En base a la existencia de tales actitudes o predisposiciones, es decir, de la empatía emocional (amor al prójimo), del egoísmo y del odio, podemos intentar establecer una valoración de las distintas sociedades humanas e, incluso, de las distintas épocas y civilizaciones, si bien las descripciones que de ellas hacen los historiadores no son del todo objetivas debido a las dificultades propias de la investigación histórica. Sin embargo, si nos aseguran que en tal sociedad predominaba tal o cual costumbre, quizá podamos asociarla con alguna de las actitudes mencionadas.

Si consideramos, por ejemplo, el caso de los romanos, se debe tener presente un factor adicional, que es la creencia en la existencia de un orden natural que nos impone "las reglas del juego" a las que nos debemos adaptar. Toda forma de religión implica una aproximación a la evidencia de dicho orden, constituyendo el principal factor que determinará la actitud predominante en la sociedad. R. H. Barrow escribió: "A través de toda su historia, los romanos sintieron de un modo intenso que existe una «fuerza» ajena al hombre, considerado individual o colectivamente, que éste debe tener en cuenta. Necesita el hombre subordinarse a algo".

"Si rehúsa, provoca el desastre; si se somete contra su voluntad, se convierte en víctima de una fuerza superior; si lo hace voluntariamente, descubre que puede elevarse a la categoría de cooperador; por medio de la cooperación puede vislumbrar la dirección e incluso la finalidad de la fuerza superior. La cooperación voluntaria da a su obra un sentido de dedicación; las finalidades se hacen más claras, y el hombre se siente como agente o instrumento en su logro; en un nivel más alto, se llega a tener conciencia de una vocación, de una misión para sí y para los hombres que, como él, componen el Estado" (De "Los romanos"-Fondo de Cultura Económica-México 1995).

La descripción de toda época, o de toda civilización, implica la descripción de los principales atributos en cuanto a ideas y creencias predominantes. Luego, resulta conveniente vincularlos a las tres posibilidades mencionadas: sociedad de la cooperación (empática), conglomerado humano (egoísta) o bien conglomerado humano autodestructivo (basado en el odio).

Adviértase que, de esta forma, se intenta nuestra adaptación al orden natural y no tanto al orden social vigente. En realidad, quien forme parte de una sociedad totalitaria, deberá adaptarse a la misma si quiere sobrevivir, pero deberá hacerlo siendo consciente de que la adaptación prioritaria deberá establecerse respecto del orden natural con sus leyes invariantes.

Por lo general, se produce una realimentación entre lo que cree y piensa la gente, por una parte, y lo que proponen los ideólogos y los intelectuales, favoreciendo lo que caracteriza a una época o a una cultura determinada. Este es el proceso de masificación por el cual se adopta la cómoda postura de adherir a creencias e ideas vigentes, siendo lo "políticamente correcto" un síntoma de esa masificación.

La posmodernidad surge como una reacción contra la modernidad, rechazando sus principales objetivos. Al respecto, Esther Díaz escribió: "El espíritu de las luces dieciochesco -es decir, la Ilustración o madurez moderna- defendió la idea progresista de la historia. Concibió la cultura conformada por tres esferas: la ciencia, la moralidad y el arte. Estas esferas se validaban, respectivamente, por medio de la verdad, el deber y la belleza. Además, convergían al orientarse por el ideal de unidad de la ideología del Progreso" (De "Posmodernidad"-Editorial Biblos-Buenos Aires 2005).

Se pueden considerar algunos aspectos del proceso contracultural posmoderno en función de observaciones hechas por diversos autores. Así, para Mario Bunge, lo posmoderno se caracteriza por la "irracionalidad" y la "anticiencia", advirtiendo que, desde un punto de vista cognitivo, se opone a dos de los principales medios que disponemos para el conocimiento del orden natural, ya que la ciencia es, precisamente, la actividad cognitiva que tiene como meta la descripción de leyes naturales.

Armando Roa destaca el "relativismo moral" y el abandono del cumplimiento de "deberes" al contemplar tan sólo los "derechos" individuales. Esto último caracteriza al hombre-masa descrito por Ortega y Gasset. De ahí que esta mentalidad predominante no parece conducir a otra cosa que a un conjunto de seres humanos orientados por un egoísmo extremo, que se oponen a la formación de una sociedad empática y cooperativa.

El individuo posmoderno prioriza placeres y comodidades del cuerpo (hedonismo) relegando lo emocional (empatía) y lo cognitivo, estableciendo una especie de mutilación de las potencialidades que nos ha provisto el proceso evolutivo.

Al ignorarse toda forma de religión y toda ciencia, se produce un distanciamiento respecto del orden natural, y de ahí se pierde la principal posibilidad de encontrar un sentido objetivo de la vida. La ausencia de sentido, luego, es considerada por Viktor Frankl como la principal causa de los desórdenes emocionales y existenciales del individuo integrante de las sociedades actuales (por no decir "conglomerados humanos posmodernos").

jueves, 5 de agosto de 2021

Combatiendo al capital

La expresión "combatiendo al capital", indentificada con la mentalidad peronista, implica un combate contra las empresas, los empresarios, la economía de mercado y el ahorro productivo. De ahí la justificación de imponerle al sector productivo un excesivo nivel de impuestos. Al ser casi confiscatorios, ha generado un éxodo de empresas y capitales y una muy pobre predisposición a la inversión.

La falta de empresarios y la vigencia de una mentalidad desfavorable a la formación de empresas son las principales causas de la pobreza de los pueblos del Tercer mundo, ya que, habiendo necesidades y desocupados, lo que falta es el vínculo que los reúna, aunque Carlos Mugica, sacerdote católico elogiado por Jorge Bergoglio, piense lo contrario: “Una sociedad en la que se realicen plenamente los valores cristianos, será una sociedad sin empresarios”.

La baja productividad de las economías socialistas se debe, entre otros aspectos, a la ausencia de incentivos materiales para el trabajador, Sin embargo, Mugica apoyaba esa causa de baja productividad: “Las famosas leyes económicas, de las cuales se ha hablado tanto, son leyes que a lo mejor hay que criticar desde las bases, porque el principio que las fundamenta es falso, porque es el principio del lucro”.

“Si hoy todos los que se dicen católicos en la Argentina pusieran todas sus tierras en común, todas sus casas en común, no habría necesidad de reformas agrarias, no habría necesidad de construir una sola casa”.

“Yo personalmente, como miembro del movimiento del Tercer Mundo, estoy convencido que en la Argentina solo hay una salida a través de una revolución, pero una revolución verdadera, es decir simultánea: cambio de estructuras y cambio de estructuras internas. Como decían los estudiantes franceses de mayo del 68, tenemos que matar al policía que tenemos adentro, al opresor que tenemos adentro […] El cristiano, entonces, tiene que estar dispuesto a dar la vida”. (De “Una vida para el pueblo”-Pequén Ediciones-Buenos Aires 1984).

A continuación se transcribe un artículo del economista Roberto Cachanosky:

Todo lo que tiene para ofrecer el populismo K es poder comprar un par de zapatos en 12 cuotas

Mientras otra cadena de electrodomésticos se presentaba en convocatoria de acreedores, el presidente Alberto Fernández anunciaba, con bombos y platillos, el relanzamiento de Ahora 12 pero con la posibilidad de financiar compras hasta en 30 meses.

Al encabezar en forma virtual un acto para anunciar la ampliación del programa “Ahora 12”, el presidente Alberto Fernández dijo que su administración tiene un “plan de salida” para la crisis.

¿Qué se puede comprar ahora 12 en cuotas? Por ejemplo, un par de zapatos. El anuncio luce bastante patético porque en los países normales la gente paga al contado los zapatos y en cuotas su vivienda. En el populismo argentino ocurre al revés.

Explico lo ridículo de la situación. El salario promedio que informa el Ministerio de Trabajo para el asalariado registrado estable está en $86.000 mensuales. Si esa persona quiere comprarse un departamento de 50 metros cuadrados en una zona económica como Villa Lugano, ¿cuántos años tendría que ahorrar para poder comprar al contado un departamento, dado que el crédito hipotecario en Argentina es prohibitivo?

Por empezar hay que utilizar el tipo de cambio libre o financiero para poder hacer la cuenta porque el vendedor quiere dólares. En Argentina las propiedades se cotizan en dólares y se hacen las operaciones con los billetes a la vista, independientemente si hay cepo, control de cambios u otras restricciones.

En el caso aludido, un departamento en Villa Lugano de 50 metros cuesta US$ 70.000 tomando un precio por metro cuadrado de USD 1.400. Ahora bien, el trabajador que gana $86.000 por mes, al tipo de cambio del mercado blue, equivale a unos USD 570 mensuales.

Si se supone que ese trabajador consume muy poco y vive con el 50% de sus ingresos, podría ahorrar USD 285 mensuales. Es decir, que para poder comprarse al contado el departamento de 50 metros cuadrados en Villa Lugano tiene que ahorrar 20 años, sin contar el costo de la escribanía, la inmobiliaria y los impuestos para el registro que representa entre 5% y 6%, equivalente a otros 14 meses más de ahorro.

Obviamente, dichos 20 años surgen de suponer que no hay inflación en dólares durante ese período y el salario equivalente en dólares al cambio libre se mantiene constante.

De más está decir que un joven que entra al mercado laboral, si tiene la suerte de conseguir trabajo con ese sueldo mensual inicial, tiene que esperar 20 años para poder comprarse su propiedad, y mientras tanto vivir en la casa de sus padres, para no pagar alquiler.

Como el tiempo de espera es muy largo, el Gobierno le ofrece como consuelo comprarse un par de zapatos en 12 cuotas y otros productos a pagar en 30 meses, como si con eso le estuviera dando la gran oportunidad de progreso de su vida.

Mercado de capitales devaluado

¿Por qué ocurre esta locura? Porque el populismo siempre vio al mercado de capitales como el enemigo que especula y no produce, cuando no es otra cosa que el lugar en el cual los que generan ahorro lo ofrecen a quienes demandan crédito para consumir o invertir, a través de un intermediario idóneo registrado.

Una gran oportunidad para que los jóvenes actuales pudieran comprarse una vivienda a créditos pagables hubiese existido si el kirchnerismo no hubiera confiscado los ahorros de los trabajadores que voluntariamente habían optado por las AFJP.

Actualmente, las AFP (Administradoras de Fondos de Pensiones) en Chile administran USD 200.000 millones de ahorro de largo plazo que pueden prestarlo a los que quieren comprarse un departamento o una casa.

Para tener una idea de qué representa ese monto, el total de depósitos del sector privado en el sistema financiero argentino suma apenas el equivalente a unos USD 41.000 millones, es decir que en Chile las AFJP administran ahorros para prestar que son 5 veces más grandes.

Y cabe nota, que la mitad de esos depósitos son colocaciones a la vista para transacciones corrientes. De ahí que si se hace una comparación homogénea, surge que Chile tiene 10 veces más ahorro de largo plazo que los depósitos a plazo fijo del sistema financiero argentino.

Cuando en 2008 el kirchnerismo se apropió con los ahorros de la gente en nombre de la solidaridad social, destruyó el ahorro de largo plazo que se estaba formando. Se lo apropió y lo utilizó para financiar políticas populistas de gasto público, que no detuvieron el aumento de la deuda de la Administración Central. Por lo tanto, si hoy los jóvenes no pueden acceder a una vivienda es culpa de ese populismo impulsado por el kirchnerismo.

La administración pública financia el déficit fiscal con aumento de la deuda de la Administración Central (Secretaría de Finanzas).

Agrego a esa locura la pesificación previa de los depósitos en 2002 que dispuso el mini gobierno de Eduardo Duhalde, la ausencia de moneda y la persecución del Estado a todo aquel que ahorra, haciéndole pagar el denominado Impuesto a la Riqueza, más todos los gravámenes que se cobran sobre las cuentas bancarias.

De ahí que hoy en la Argentina los depósitos privados en el sistema financiero representan apenas 16% del PBI, muy por debajo del 54% a 55% del PBI que significan en Brasil o Chile.

Además, es imposible que mejoren los ingresos reales si no se promueve la inversión bruta interna fija, que cayó a niveles muy bajos.

Como puede verse en el gráfico, en pesos constantes de 2004 la inversión fija no creció entre 2010 y 2016, y se encuentra en caída sostenida desde 2019. Esa es una de las causas por la que no se genera trabajo y se mantiene mal remunerado.

El populismo, combatiendo al capital, destruyendo la moneda y el mercado de capitales, ha conseguido que los argentinos terminemos financiando el crecimiento y la inversión de los países desarrollados porque, quien puede, fuga sus capitales en busca de seguridad jurídica.

Para paliar ese cuadro los populistas originarios buscan conformar a la gente con la posibilidad de poder comprar un par de zapatos en 12 cuotas gracias al Ahora 12. Esto es todo lo que tiene para ofrecer, no mucho más.

(De www.infobae.com)

sábado, 31 de julio de 2021

Argentina y el subdesarrollo voluntario

De la misma manera en que las personas tenemos virtudes y defectos, las sociedades, como conjuntos de individuos, también los tienen. Mientras que las virtudes conducen a la felicidad, los defectos conducen a la infelicidad. En forma semejante, las virtudes colectivas conducen al desarrollo social y económico, mientras que los defectos colectivos conducen al subdesarrollo y a la barbarie. Mientras que la ética individual implica un doble reconocimiento, de virtudes y defectos, para afianzar las primeras y evitar los segundos, la ética social requiere de un conocimiento similar; incluso puede decirse que esta ética colectiva surge de la ética individual "promedio", o bien de la ética individual predominante en la sociedad.

Por lo general, se supone que las virtudes y defectos observados en una sociedad dependen del sistema político y económico vigente, mientras que, desde el punto de vista adoptado en el presente escrito, se supone que la aceptación o el rechazo de los diferentes sistemas políticos y económicos, dependen esencialmente del previo nivel ético de la sociedad. De ahí que toda mejora posible dependerá esencialmente de una cuestión ética.

La prolongada decadencia de la Argentina depende esencialmente de la ausencia casi total de empatía emocional, lo que implica egoísmo, que se advierte en la mayor parte de la sociedad. Es frecuente observar el caso de repartidores domiciliarios de boletas, para el pago de servicios de luz, gas, etc., quienes las dejan prácticamente en la vereda para evitar el mínimo trabajo de ingresarlas a un lugar seguro. También algunos carteros muestran el mismo desinterés por la correspondencia que reparten desinteresándose completamente por los perjuicios que afectarán a los destinatarios en caso de no recibirlas.

Este egoísmo se advierte a todo nivel, incluso en el caso de los gobernantes, a quienes poco o nada les interesan los efectos que pueden ocasionar sus decisiones, por cuanto poco o nada se interesan por el sufrimiento de gran parte de la población. Cada político piensa esencialmente en sus objetivos y ventajas personales, o, a lo sumo, sectoriales, admitiendo la errónea definición de la política como medio para el logro y mantenimiento del poder, en lugar de considerarla como una tarea asociada a la administración del Estado.

La decadencia de la economía, la política, la cultura, la educación, etc., es la resultante inmediata de la decadencia moral de la sociedad, la que depende esencialmente de la ausencia de empatía emocional, como se dijo. Al ignorarse tal empatía, como proceso por el cual compartimos penas y alegrías ajenas, la igualdad social no se la busca mejorando tal actitud, sino que se la busca como una "igualdad económica", apuntando a los sectores productivos como generadores, no de riquezas, sino de "desigualdad social".

A partir de la casi exclusiva valoración de lo económico, se advierte otra actitud, complementaria al egoísmo, que es el odio, como una predisposición a la envidia y la burla. Ambas constituyen el camino seguro para el subdesarrollo y la barbarie, asociada en este caso a alguna forma de totalitarismo.

Los sucesivos gobiernos, en la Argentina, se han dedicado esencialmente al irresponsable aumento del gasto social y a una masiva ayuda social. Al estar desvinculada del trabajo y la producción, esta "ayuda" ha sido la causa principal del aumento de la pobreza y a la masiva creación de "parásitos sociales". Es oportuno mencionar el intento realizado en los EEUU en las últimas décadas del siglo XX, para erradicar la pobreza, logrando pésimos resultados, aún con el aporte de grandes cantidades de dinero. Tal fracaso se produjo al disociar tal ayuda del trabajo. Muchos hombres, al advertir que la sociedad (a través del Estado) se encargaría de mantener a sus hijos, se dedicaron a la vagancia y al libertinaje, produciéndose un serio deterioro social en varios sectores; algo similar a lo que está ocurriendo en estos momentos en la Argentina.

La "ayuda social" es usada actualmente, por el gobierno de turno, para la masiva "compra" de votos al sector parasitario. De ahí que es posible que la venezuelización de la Argentina se logre por vía democrática, o más bien, pseudo-democrática. Este ha de ser el golpe final contra la nación efectuado por un gobierno totalitario que tuvo el apoyo electoral del 48% de los votantes y que mantiene la prédica anti-empresarial y anti-capitalista heredadas tanto del peronismo como del marxismo.

El derrumbe final de la economía se debe a la mínima seguridad jurídica asociada a un gobierno que intenta establecer expropiaciones y que sólo sabe aumentar impuestos e imprimir billetes en grandes cantidades. Se aduce que "llenando el bolsillo" de la gente se promueve la producción y la oferta (adicionalmente piensan que la impresión monetaria no es causa de inflación, sino que ésta se debe a los "especuladores despiadados" que sólo buscan enriquecerse a costa de los pobres).

Para las sociedades en decadencia, el capital es algo malo, y de ahí la expresión "combatiendo al capital" incluida en la marcha peronista, el verdadero "himno nacional" de un gran sector de la población argentina.

A continuación se transcribe parcialmente un escrito al respecto, en el que se advierte la importancia del capital en todo proceso productivo:

Capital físico: el rol de la inversión en el crecimiento económico

Por José Luis Espert

Supongamos que se mantienen constantes los primeros dos "ingredientes" que hacen al crecimiento de un país: el capital humano y las ideas/innovaciones. Ahora podemos enfocarnos únicamente en el capital físico.

Como lo único que cambia en esta suposición o modelo que estamos construyendo es el capital, decimos que la producción (los bienes y servicios que genera la economía) son una función de ese capital, en el sentido de que depende únicamente de su cantidad.

Dos cuestiones fundamentales que atañen a la relación entre capital y producción: en primer lugar, más capital incrementa la producción (dos máquinas producen más que una), pero a partir de un determinado tiempo lo hace a una tasa cada vez menor (recordemos que, como la cantidad de trabajadores está fija, en algún momento se acabarán las personas para operar las nuevas máquinas, y cada máquina nueva será menos productiva que la anterior). Esto último se conoce como la "Ley de rendimientos (marginales) decrecientes" y explica en parte por qué países que están experimentando un crecimiento acelerado, como Corea del Sur, crecen a tasas mucho más altas que países ya consolidados como potencias, como Estados Unidos.

Para los países que transitan el sendero del crecimiento hace menos años, cada unidad de capital es muy productiva e incrementa mucho más la producción, justamente porque su escasez es de capital. Otro motivo para esta diferencia en las tasas de crecimiento de países recientemente desarrollados versus los ya consolidados en su crecimiento es la depreciación del capital. El capital se desgasta (las herramientas y las máquinas pierden valor debido al uso), y esta depreciación, naturalmente, aumenta a medida que aumenta también el inventario de capital (cuantas más herramientas y maquinarias hay, más costoso es para el conjunto de la economía repararlas y mantenerlas en su máxima capacidad de funcionamiento).

Economías más desarrolladas, por contar con una cantidad mayor de capital y por tanto mayores tasas de depreciación, deben destinar una gran proporción de su inversión al solo fin de conservar el capital en funcionamiento. Como la inversión proviene del ahorro (que mediante la intermediación financiera permite que el dinero vaya a emprendedores y empresarios), si la tasa de ahorro no alcanza ni siquiera para reemplazar el capital depreciado, o si el ahorro no puede traducirse en inversión a través del sistema bancario, el stock de capital del país disminuye, y la cantidad de producción decrece. En otras palabras, el país se estanca.

¿Cómo se aplica este sencillo esquema a la Argentina?

En nuestro país, por algún extraño motivo, y en contra de toda teoría económica sobre el crecimiento, nuestros políticos sostienen que el rol del Estado es "sostener el consumo". Redistribuir ingresos de los que más a los que menos tienen, para fomentar la actividad económica. Suena familiar, ¿cierto? Y hasta podría sonar lógico...si no lo pensamos demasiado.

Lo que no nos cuentan es que, ya de este primer y aparentemente inocente paso, se impide la conformación del primero de nuestros "ingredientes" para el crecimiento: el capital físico.

El capital físico depende de la inversión, que a su vez proviene del ahorro. El consumo es, por definición, lo contrario del ahorro, dado que cualquier agente puede o bien consumir su ingreso o ahorrarlo. Por más de que el consumo es importante, nada puede crecer si un país no ahorra parte de su ingreso y lo utiliza en invertir. Es tan lineal y sencillo como eso, pero, por algún motivo, en la Argentina nos salteamos ese paso y pensamos que para crecer basta con dar y repartir y consumir, aunque para eso haga falta endeudarnos o imprimir billetes a mansalva.

Así las cosas, no es una sorpresa nuestra trayectoria en el ranking de inversión como porcentaje del PBI (es decir, cuánto del ingreso total de nuestro país destinamos a invertir). Descendimos sesenta posiciones desde 1980 hasta la actualidad: del puesto 84 al 144 sobre los 175 países evaluados por el Fondo Monetario Internacional. La lectura que podemos hacer de esta penosa trayectoria es simple: mientras el resto de los países del mundo ha optado por valorar la inversión, y procurar que constituya una porción cada vez mayor de su ingreso, en la Argentina le fuimos dando progresivamente menos importancia.

Si pensamos en cómo nos va en el ranking de ingreso per cápita, podemos convenir que este sendero no es el acertado.

(De "La sociedad cómplice"-Sudamericana-Buenos Aires 2019)

domingo, 25 de julio de 2021

La opresiva corrección política

Por Agustín De Beitia

"Hay una dictadura de lo políticamente correcto. Si uno se sale de eso es sancionado, no solo en términos legales sino sancionado y repudiado socialmente", advierte Marcelo Gullo.

Marcelo Gullo sostiene que la corrección política es uno de los componentes más relevantes del mecanismo de control social que se aplica en Occidente, y que ese recurso será usado cada vez con mayor potencia.

"Hay una dictadura de lo políticamente correcto. Si uno se sale de eso es sancionado, no solo en términos legales sino sancionado y repudiado socialmente", remarca Gullo.

Es lo que sucedió en los últimos días en Estados Unidos, en un ambiente de ánimos caldeados por las protestas en torno al racismo, con las personas que fueron despedidas de sus trabajos por publicar en las redes sociales cosas que sus patrones consideraron insensibles. Un caso paradigmático es del de un relator de partidos de los Kings que fue despedido tras un tuit en el que apenas matizaba que "todas las vidas importan", frente al movimiento Black Live Matters.

"Es que lo políticamente correcto impide pensar", explica Gullo. "Porque donde se produjo esa terrible muerte la policía depende de la autoridad del condado, es decir, de la ciudad, no de las autoridades federales. Y el gobierno de ese condado es demócrata, no republicano. Pero en lugar de repudiar a la autoridad de esa ciudad, se echó la culpa a la autoridad federal, y comenzaron las manifestaciones contra Trump, que no tiene ninguna injerencia sobre esa policía".

"Decir algo en contra de ese movimiento es hoy políticamente incorrecto. Ahí tiene una forma de control social por el miedo. Las personas tienen miedo de manifestar lo que piensan porque pueden perder el trabajo, perder amistades, ser calumniados", continúa.

"La dictadura de lo políticamente correcto tiene varios ingredientes: el fundamentalismo indigenista, el aborto serial e indiscriminado, el alcance es terrible", manifiesta Gullo.

El analista cree que el uso del pánico social "va a ir creciendo porque demostró ser exitoso". Y a la pregunta de si se puede imaginar de qué medios se valdrá Occidente, distintos de los de ahora, para ejercer ese control social, afirma que alcanza con leer Un mundo feliz para ver cómo será.

Un mundo feliz nos da las claves para saber cómo será ese control, que tendrá como centro lo políticamente correcto. Será más de lo mismo. Peor de lo mismo, en realidad. En definitiva, lo que se puede apreciar es que lo políticamente correcto aniquila la democracia. "Porque liquida el pensamiento. Los ciudadanos ya no son libres de pensar ni de expresarse, que es el principal componente del sistema democrático", concluye.

(De www.laprensa.com.ar)

Comentario: El hombre-masa es el que adopta como referencia para su vida lo que los demás piensan o hacen, rechazando la realidad. De esta forma, renuncia a su individualidad careciendo de personalidad definida y de pensamiento propio. De ahí que se va construyendo un colectivismo autogestionado, dirigido por el que "grita más fuerte" o por el que dispone de mejores medios para dirigir una mentalidad generalizada carente de toda posibilidad de llegar a la verdad.

sábado, 24 de julio de 2021

Hacia el humanismo integral

El denominado "humanismo" implicó la incorporación del saber greco-romano al acervo cultural de Occidente, que fuera relegado un tanto por la Iglesia medieval. En esa época, el humanismo integral implicaba compatibilizar el cristianismo con el saber de la antigüedad. En la actualidad, el humanismo integral debería compatibilizar ciencia social, filosofía y religión, aceptándose lo que produce buenos resultados y rechazándose lo que los produce malos.

La esencia de este humanismo implica la realización de una ideología planetaria que favorezca una mejora ética generalizada, que ha de ser la base y fundamento para una mejora social y económica posterior. Todos los intentos de mejoras sociales que se tratan de imponer por fuera de una ideología de aceptación generalizada, tienden a fracasar por cuanto los resultados óptimos sólo se alcanzan cuando todo individuo adopta libremente las sugerencias concretas que provienen de una visión del universo compatible con las leyes naturales existentes.

Se aduce, generalmente, que la religión debería ser dejada de lado por cuanto se trataría de una cuestión de misterios e incoherencias lógicas. Sin embargo, la ética cristiana, con sus mandamientos, es algo concreto con consecuencias concretas e inmediatas una vez que se pone en práctica.

La unificación o compatibilización entre filosofía aristotélica y cristianismo, establecida por Tomás de Aquino, vislumbra la tendencia hacia la difusión de una única verdad, en lugar de suponer la existencia de una verdad filosófica diferente de una religiosa. En la actualidad se presenta la necesidad de compatibilizar ciencia social, filosofía y religión, como se dijo, en lugar de seguir con los reiterados llamamientos hacia la paz desprovistos de todo intento unificador.

Mientras todo ser humano se mueve por la vida orientado por la cooperación y la competencia, se advierte que la competencia para una mejor cooperación tiende a mejorar tanto al individuo como a la sociedad. Por el contrario, cuando predomina una competencia desligada de toda posible cooperación, o bien predomina la indiferencia, la sociedad resultante se encontrará en crisis o en decadencia. Cuando predomina la competencia asociada a los perdedores, los envidiosos, la sociedad se desnaturaliza por completo, ya que tan sólo desean destruir o usurpar lo logrado por los ganadores.

Además de las tendencias individuales, algunos autores encuentran tendencias sociales, que en realidad son consecuencias de las ideas y sentimientos predominantes a nivel individual. Oliver L. Reiser escribió: "Parece que en esta coyuntura de la historia humana el mundo está atrapado entre dos fuerzas contrarias. La primera fuerza es una vis a tergo, una inercia que nos ata al pasado. Se trata de una fuerza conservadora que está dispuesta a mantener las diversidades políticas y teóricas tradicionales, fundadas en pautas regionales y provinciales de pensamiento y doctrina".

"En sus mejores expresiones, esta fuerza está asociada con una «democracia étnica», un pluralismo cultural de sistemas locales que se «toleran» mutuamente. En sus peores formas, esta fuerza produce rivalidades entre religiones, «razas», naciones e ideologías, que periódicamente estallan en conflictos francos".

"La segunda fuerza es una vis a fronte , una fuerza de succión que nos lleva a la unificación, una síntesis de la variedad cultural en la unidad ideológica. Esta integración social e intelectual de las naciones y las clases, con el tiempo culminará en una civilización mundial fundada en una filosofía mundial aceptada por todos -siempre que entretanto los grupos locales no se destruyan unos a otros" (De "El humanismo en el arte y la ciencia"-Varios autores-Ediciones Hormé SAE-Buenos Aires 1968).

En lugar de intentar imponer nuestras creencias o nuestros conocimientos buscando objetivos personales o sectoriales, debemos limitarnos a ofrecerlos para colaborar con la realización de una ideología unificada que contemple las imperiosas necesidades materiales y espirituales requeridas por gran parte de la humanidad. El citado autor agrega: "Abrigo la convicción de que los seres humanos ya no tenemos mucho que elegir entre la pluralidad ideológica o la unidad ideológica. Las exigencias económicas y políticas, los procesos de desarrollo de la energía nuclear y el desgaste de las barreras culturales nos están llevando al punto en que, si deseamos que haya un mundo -sea éste de la clase que fuere- tendrá que ser un mundo más unificado. En ese sentido, la única opción real que aún perdura consiste en la selección del tipo particular de unidad ideológica que adoptaremos".

"Quien pretenda pensar con seriedad debe ocuparse de los métodos de construcción de una civilización mundial apropiada para el hombre en su condición de especie planetaria. El problema supremo del mundo contemporáneo es el modo de crear una nueva simplicidad, un sistema unitario de ideas basado en el núcleo mínimo de creencias, valores e instituciones que cumplirá en relación con nuestro tiempo la misma función que el escolasticismo cumplió para el mundo medieval de Occidente, y que presuntamente el marxismo ha desempeñado en el experimento ruso".

"El defecto del escolasticismo y el marxismo no consiste en que aspiran a la posición de ideología mundial, sino en que procuran alcanzar su objetivo de manera errónea y en que se fundan en presupuestos equivocados y envejecidos. Ninguno de ellos se ajusta a los requerimientos del método científico -la democracia del pensamiento- y por el contrario ambos son autoritarios, y por consiguiente anticientíficos en el procedimiento. No es posible obtener una ideología mundial mediante revelaciones, vengan éstas de Moisés o de Marx. Sólo la ciencia y la imaginación científica pueden aportar los métodos y los materiales de la síntesis filosófica".

Por lo general, se aduce que las ciencias naturales describen "lo que es" mientras que las ciencias sociales sugieren "lo que debe ser" estableciéndose una injustificada separación entre unas y otras. En realidad, si consideramos "lo que debe ser" como una optimización de "lo que es", se advierte el error de aquella aseveración. Por otra parte, sería absurdo intentar promover "lo que debería ser" sin antes conocer "lo que es", algo que tristemente se advierte en muchos casos, especialmente entre los políticos totalitarios y las religiones paganas o paganizadas.

Desde el punto de vista de la Psicología social, luego de describir la conducta humana en función de las cuatro componentes emocionales y las cuatro componentes cognitivas de nuestra actitud característica, la optimización mencionada consiste en elegir las que mejores resultados producen, tal el caso del amor (empatía emocional) y de la realidad, con sus leyes naturales, como referencia para valorar todo conocimiento, respectivamente.

Oliver L. Reiser sintetiza la estructura básica del humanismo integral de la siguiente manera:

Una ideología general = (Los hechos de todas las ciencias) + (Los valores complementarios para toda la humanidad)

Agregando al respecto: "Es evidente que la ética y el humanismo naturalista o científico exalta el valor de la inteligencia -en oposición a una moral no inteligente que exige obediencia ciega a mandatos absolutos «de las alturas». El deber humano incluye la obligación de ser tan inteligente y estar tan bien informado como lo permiten la herencia biológica y el medio social".