domingo, 27 de septiembre de 2026

Hayek vs. El manejo centralizado de información

Las diversas críticas dirigidas al socialismo provienen de distintos autores, cada uno de ellos enfatizando algunos aspectos concretos. Así, Ludwig von Mises critica al socialismo por la imposibilidad que presenta respecto del cálculo económico. También considera que ha sido la envidia, de muchos adeptos, el principal motivo de la adhesión incondicional que profesan. Otros autores advierten sobre el peligro potencial de otorgar a un solo individuo todo el poder posible en una nación, situación que produjo las mayores catástrofes humanas a lo largo de la historia.

En el caso de Friedrich A. Hayek podemos encontrar una crítica respecto del manejo de información y de la posterior toma de decisiones por parte de un solo gobernante, o de un pequeño grupo de gobernantes, debido a la imposibilidad de una administración normal tratándose de miles o de millones de situaciones que a diario surgen en poblaciones de millones de habitantes. Así, podemos imaginar a un Fidel Castro que tiene que decidir personalmente acerca de la reparación de un puente, o de la apertura de una calle, y así con todo. La aceptación de esta situación extrema, por parte de los políticos socialistas, ha sido designada por Hayek como "la fatal arrogancia".

El caso más destacado de esa fatal arrogancia, fue el ocurrido en la China de Mao-Tse-Tung (o Mao-Zedong), cuando este líder impulsa una campaña destructiva de gorriones, aduciendo que faltaban granos comestibles debido a que las cosechas disminuían por culpa de estos pájaros. Al desaparecer los gorriones, los insectos que atacaban las plantaciones dejaban de tener a su enemigo natural, lo que provocó posteriormente la mayor hambruna de la historia, con unas 40 millones de víctimas, según estimaciones. Hayek escribió: "Si todas las fuentes de información ordinaria están efectivamente bajo un mando único, la cuestión no es ya la de persuadir a la gente de esto o aquello. El propagandista diestro tiene entonces poder para moldear sus mentes en cualquier dirección que elija, y ni las personas más inteligentes e independientes pueden escapar por entero a aquella influencia si quedan por mucho tiempo aisladas de todas las demás fuentes informativas" (De "Camino de servidumbre"-Alianza Editorial SA-Madrid 2000).

En cuanto al asunto de los gorriones, leemos al respecto: "En el caso de los gorriones la excusa era que diezmaban las cosechas, pero el remedio fue mucho peor que la enfermedad. Quedan vídeos de aquella época. Aldeas enteras salieron a los campos con tambores para asustar a estas criaturas y no darles ni un segundo de descanso. Las avecillas se desplomaban del cielo, exhaustas, después de verse obligadas a volar ininterrumpidamente durante horas. Muchos ancianos, que no podían sostener el ritmo de los más jóvenes, murieron al intentar encaramarse a los árboles o a los tejados de las casas para destrozar los nidos".

"Los ejemplares también eran abatidos en pleno vuelo. El ya citado Frank Dikötter explica en otra de sus obras, La gran hambruna en la China de Mao (Acantilado), que durante esta «catástrofe devastadora» se distribuyeron armas entre ciudadanos y campesinos para que se convirtieran en francotiradores de la noche a la mañana. Sólo en Nankín se gastaron 330 kilos de pólvora en un único día. La única víctima de aquella fusilería fue la naturaleza, además de los heridos por el fuego amigo".

"Los cazadores dispararon contra todo lo que volase. Y lo que no mataron las balas o los perdigones lo mataron los cebos. El uso indiscriminado de venenos fue un Armagedón para gatos, perros, patos, palomas, conejos, corderos, lobos… Pero si esta estrafalaria guerra se ensañó contra alguien fue contra los humildes gorriones. Las estadísticas ofrecidas por las autoridades locales, ansiosas de satisfacer a los mandos del partido, se tienen que interpretar con muchísima cautela".

"Algunos informes oficiales desclasificados provocarían carcajadas, si no fuera por el trasfondo que ocultan de palizas, torturas y hambruna. Los chinos no se lanzaban a cazar gorriones o a fundir acero por capricho. Quienes no podían o no querían ya sabían a qué se arriesgaban. Shanghai dijo haber eliminado en una batida 48.695 kilos y 490 gramos de moscas. Esa surrealista precisión de 490 gramos dice mucho de la psicosis que se adueñó de la población para agradar a las autoridades. Quizá en el caso de los gorriones también se hincharon las estadísticas".

"Pero un dato resulta incontestable. Y atroz. Las bandadas de antaño se volatilizaron. Cuando ya casi se habían extinguido, las autoridades se dieron cuenta de un hecho trascendental: estos pajaritos no sólo comen semillas de cereales, también insectos. De hecho son un efectivo e insustituible plaguicida natural. Sólo los burócratas de Shanghai dijeron haber sacrificado un total de 1.367.440 gorriones en una de sus batallas contra este enemigo del Estado".

"El alto mando ordenó un alto el fuego inmediato en 1960. Ya era demasiado tarde. Las cosechas, en nombre de las que se hizo todo, fueron pasto de nubes de langostas. Las plagas de estos y otros insectos crecieron a medida que menguaban las colonias de gorriones, que estuvieron a punto de desaparecer por completo. Años después hubo que importarlos en secreto de la URSS para recuperar parcialmente su población".

"Otros parásitos muy dañinos para los cultivos proliferaron gracias a la ausencia de enemigos naturales. Como una venganza del medio ambiente, una de las capitales más afectadas fue precisamente Nankín, que llevó la delantera en este absurdo genocidio ornitológico. Y, justo cuando los gorriones más se echaban en falta y más necesarios eran los insecticidas, el país descubrió que se había quedado casi sin existencias" (Por Domingo Marchena en www.lavanguardia.com).

En cuanto al pensamiento de Hayek, Jesús Huerta de Soto escribió: "La idea esencial de Hayek, y que da pie al titulo del libro que comentamos, es que el socialismo constituye un error fatal de orgullo intelectual, o, si se prefiere, de arrogancia científica. Aunque Hayek no defina explícitamente qué entiende por «socialismo», se deduce de sus escritos que él mismo da un sentido muy amplio al término, incluyendo no sólo al denominado «socialismo real», sino, en general, a todo intento sistemático de disenar u organizar, total o parcialmente, mediante medidas coactivas de «ingeniería social», cualquier área del entramado de interacciones humanas que constituyen el mercado y la sociedad. Y el socialismo entendido de esta manera tan amplia es un error intelectual de acuerdo con Hayek, porque lógicamente es imposible que aquel que quiera organizar o intervenir en la sociedad pueda generar y hacerse con la información o conocimiento que se precisa para llevar a cabo su deseo voluntarista de «mejorar» el orden social. En efecto, de acuerdo con Hayek, la sociedad no es un sistema «racionalmente organizado» por ninguna mente o grupo de mentes humanas, sino que, por el contrario, es un orden espontáneo, es decir, un proceso en constante evolución, resultado de la interacción de millones de seres humanos, pero que no ha sido ni nunca podrá ser diseñado consciente o deliberadamente por ningun hombre".

"La esencia del proceso social, tal y como Hayek lo entiende, está constituida por la información o conocimiento, de tipo estrictamente personal, subjetivo, práctico y disperso, que cada ser humano, en sus circunstancias específicas de tiempo y lugar, va descubriendo y generando en todas y cada una de las acciones humanas que emprende para alcanzar sus particulares fines y objetivos, y que se plasman en las etapas de ese camino tan apasionante que supone la vida de todo ser humano. La capacidad innata del hombre para concebir constantemente nuevos fines, dedicando su esfuerzo, ingenio e imaginación a descubrir y elaborar los medios necesarios para alcanzarlos, constituye una fuerza poderosísima de creación y transmisión de información, que se encuentra en constante expansión y que hace posible el mantenimiento y el desarrollo de la civilización hacia cotas de complejidad cada vez mayores. Además, este proceso social de interacciones humanas es, por su propia naturaleza, coordinativo, en el sentido de que constantemente tiende a ajustar y coordinar los comportamientos contradictorios o descoordinados que surgen en el mismo. En efecto, todo desajuste o descoordinación genera, ipso facto, una oportunidad de ganancia o beneficio que actúa como incentivo para ser descubierta, y por tanto aprovechada y eliminada, por parte de los distintos actores, que de esta manera aprenden inconscientemente (es decir, de forma espontánea y no deliberada) a disciplinar su comportamiento en función del comportamiento de los demás".

"Ahora bien, que se pueda descubrir y transmitir el enorme volumen de información o conocimientos prácicos que el desarrollo y mantenimiento que la actual civilización necesita, exige que el hombre pueda libremente concebir nuevos fines y descubrir los medios necesarios para lograrlos sin ningún tipo de trabas, y especialmente sin verse coaccionado o violentado de forma sistemática o institucional. Se hace por tanto evidente en qué sentido el socialismo, con independencia de su tipo o grado, es un error intelectual. Por un lado, porque aquel que pretenda, utilizando la coacción institucional, «mejorar» u organizar una determinada área de la vida social, carecerá del enorme volumen de información práctica y dispersa que se encuentra distribuida en la mente de los miles de individuos que hayan de sufrir sus órdenes (y ello por razones de capacidad de comprensión, volumen y, sobre todo, dado el carácter tácito e inarticulable, y por tanto esencialmente no transmisible, del tipo de conocimiento práctico relevante para la vida en sociedad). Por otro lado, la utilización sistemática de la coacción y la violencia, que constituyen la esencia del socialismo, impedirán que el hombre libremente persiga sus fines, y por tanto no harán posible que éstos actúen como incentivo para descubrir y generar la información práctica que es necesaria para hacer posible el desarrollo y coordinación de la sociedad" (Del Prólogo de "La fatal arrogancia" de F. A. Hayek-Unión Editorial SA-Madrid 2020).

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