martes, 15 de septiembre de 2026

La educación moral

Por lo general, se supone que la educación de niños y adolescentes será el proceso que va a poder permiitir, en un futuro cercano, una mejora generalizada de la sociedad. Sin embargo, tal suposición tiene poco sentido a menos que se establezca qué tipo de educación se va a adoptar y a qué fines apuntará. Esto se debe a que existe una auténtica educación cuando tenemos presente nuestra naturaleza humana mientras que un simple adoctrinamiento tenderá a producir empeoramientos generalizados en lugar de mejoras. Agustín Álvarez escribió: “La mera instrucción nos ha perdido, pero la verdadera educación puede salvarnos. El objeto de la escuela es, en primer lugar, educar; en segundo, instruir”.

“El maestro debe trabajar ante todo y sobre todo en habituar a los niños a decir siempre la verdad y huir de la mentira. La disciplina escolar debe recaer en primer lugar sobre las faltas a la rectitud y en segundo sobre las faltas a las lecciones”.

“Las escuelas normales deben preparar educadores y no instructores, bajo la base de que el fundamento del aprendizaje es el instinto de imitación, no pudiendo educar el que no está educado, porque la educación no es la enseñanza de reglas muertas por el maestro al alumno, sino la transfusión al alumno de la moral efectiva del maestro” (Citado en “Perfiles del apóstol” de Pedro C. Corvetto-El Ateneo-Buenos Aires 1934).

Para lograr mejoras significativas, la educación debe orientarse a acentuar los aspectos emocionales de niños y adolescentes, que son la base de toda moral. Así, mediante la empatía emocional, se logra cumplir con la igualdad proclamada por todas partes, ya que sentimos como "igual" a toda persona respecto de la cual podemos compartir sus penas y sus alegrías. Una vez lograda la igualdad, se alcanza también la libertad, entendida como la ausencia de todo poder o gobierno del hombre sobre el hombre. Tal poder implica una situación indeseada caracterizada por la ausencia de empatía emocional.

Teniendo presente el proceso que apunta hacia la igualdad y a la libertad individual, puede advertirse que la "educación" actual, en muchos países de Occidente, poco o nada se parece con el proceso mencionado. Por el contrario, se apunta a una "educación" que busca cierta igualdad social u económica, una "educación sexual" desvinculada de lo emocional, una primacía de los derechos individuales sin casi mencionar los deberes respectivos, amparados tales objetivos en una aparente "ley natural" que advierte la existencia, en todo ámbito integrado por seres humanos, de duplas de opresores y oprimidos. De ahí que tal tipo de adoctrinamiento trata de formar individuos aptos para la lucha en contra de los opresores en todo ámbito o institución social que lo permita. Así, se busca la eliminación de la propiedad privada, de la familia y de la natural condición de hombre o mujer con que la naturaleza nos ha proporcionado.

En cuando a la obsesiva búsqueda de la igualdad, Santiago Ramón y Cajal escribía a principios del siglo XX: "¡La utopía de la igualdad! He aquí un bello ensueño, contra el cual pugnan solamente dos párvulos enemigos: el Universo entero y la evolución de la vida. Repitiendo un lugar común, bien cabe afirmar que en la inmensidad del espacio no brillan dos astros equiparables en masas, composición química, fase evolutiva, etc.; en nuestro miserable planeta jamás se descubren dos paisajes, dos rocas, dos plantas o dos animales absolutamente semejantes. Y, concentrándonos al hombre, ¿qué divergencias cuantitativas y cualitativas nos ofrece en las complexiones, la configuración exterior e interior, las capacidades mentales y digestivas, las aspiraciones e ideales, amén de las taras físicas y morales?".

"Si los defensores de la igualdad económica y política alcanzaran el ansiado triunfo, éste sería necesariamente efímero. La talla niveladora, actuando en la pradera social, abatiría las plantas más ingentes, diferenciadas y robustas; mientras que prevalecerían por compensación las hierbas más rastreras y nocivas. ¿Hasta cuando? Hasta que, llegadas las auras primaverales, renacieran triunfantes las bellas flores segadas por la inconsciencia" (De "Charlas de café"-Editorial Espasa-Calpe SA-Madrid 1966).

Entre los absurdos observados, puede mencionarse en caso de la UTN Regional Mendoza, facultad de ingeniería que ha optado por refaccionar los antiguos baños separados para hombres y mujeres, estableciendo baños en los cuales acuden conjuntamente hombres y mujeres. Haciendo un esfuerxo mental considerable resulta dificil encontrar ventajas respecto de la anterior situación.

Nada es comparable a la aberración extrema de aplicar cirugías correctoras en niños, para establecer cambios de sexo previamente inducidos por ideólogos que sienten un inusitado desprecio por la naturaleza humana y que buscan cambiarla al alto precio de mutilar los cuerpos de aquellas víctimas inocentes. Todo vale cuando se trata de llevar adelante la dudosa Educación Sexual Integral, que actúa como un caballo de Troya para destruir parcialmente las personalidades de niños y adolescentes.

En los establecimientos educacionales, por lo general, se promueve en cada individuo la actitud de reclamar por sus derechos en lugar de tratar de que priorice el cumplimiento de sus deberes. En cuanto a la mentalidad posmoderna, puede decirse que se desarrolla en un marco de relativismo moral. Al respecto, Armando Roa escribió: "Se podría pensar que todo derecho involucra un deber, pero la posmodernidad maximiza los derechos y en cambio tiene una mirada benévola, comprensiva, silenciosa, para las evasiones de deberes”. Además, advierte “…una entrega abierta al consumismo en cuanto entretenida fuente de placer sin problemas. En este aspecto, el vivir a crédito sustituye la anterior mentalidad moderna de privilegiar el ahorro”.

El relativismo moral tiende a reemplazar los principios morales que en otras épocas recomendaba la religión o la filosofía, para reemplazarlos por simples convenios arbitrarios que se pactan en cada situación. Armando Roa escribe: “Esta etapa en que nos encontraríamos es la que algunos autores llaman la etapa de la eticidad sin moralidad, en la cual se dejaría de lado la discusión de los grandes principios en que se fundamenta una moral, y se llegaría a un acuerdo en la regulación de las costumbres y también de las acciones profesionales, como las médicas por ejemplo, a base más bien de un mero consenso; a esto se le llama eticidad”. (De “Modernidad y posmodernidad”-Editorial Andrés Bello-Santiago de Chile 1995).

En cuestiones de economía, prevalecen las ideas de tipo socialista. Rubén H. Zorrilla escribió: “Los más distintos populismos (salvo el histórico, que denomino «oligárquico», cuyo símbolo en la Argentina es Facundo Quiroga) reposan en una concepción económica fundada en la noción de reparto o «distribución». Hay que sacar a los que tienen para dar a los que no tienen, por dos razones: porque los que tienen más lo han robado o, en el mejor de los casos, explotado a los que tienen menos (lo que a veces es cierto) y porque hay que ejercer la solidaridad social. Esta posición no admite que los que tienen más hayan creado riquezas antes inexistentes, o que sin su iniciativa y diligencia no hubieran existido. Postula, en cambio, que desde el poder se podrá crearlas”.

“Por lo tanto, el populismo impulsa a la limitación de la propiedad privada y al control político del mercado. Inevitablemente, estas medidas conducen al aumento de las coerciones del Estado y al aumento de sus funciones económicas, así como al control no democrático de la actividad política y la cultura. Tiende hacia el autoritarismo más severo, y, si las condiciones históricas lo permiten, al totalitarismo. Las consecuencias son la disminución del estado de derecho, la inseguridad jurídica, y el aumento de la corrupción en todos los niveles de la vida social, especialmente del Estado, que la sostiene y la propaga” (De “Principios y leyes de la Sociología”-Emecé Editores SA-Buenos Aires 1992).

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