Puede decirse que un "socialista decente" es aquel que se autodenomina socialista pensando en cooperar y contribuir con la sociedad esperando dar algo o mucho de lo suyo, sin esperar nada a cambio, excepto una gratificación moral. Por el contrario, el "socialista indecente" es el que se autodenomina socialista pensando en recibir de los demás y en no dar nada a los demás; a lo sumo aspira a repartir "generosamente" los bienes ajenos. Si imaginamos una sociedad constituida principalmente por aquellos que sólo piensan en recibir o en repartir lo ajeno, sería una sociedad carente de cooperación social que pronto sucumbiría en la pobreza y la miseria, tanto material como moral.
El "socialista" que tiene la predisposición a cooperar con los demás, es el empresario que piensa producir para él y para el resto de la sociedad. Su tarea se verá compartida por empleados que intercambian trabajo por remuneración monetaria, bajo el principio general del beneficio simultáneo entre ambas partes. En realidad, tal tipo de "socialista" se conoce como "empresario burgués" y su meta es la cooperación social en un marco de libertad económica y politica. Por supuesto que no todo empresario ha de tener la predisposición mencionada, pero se acercará mucho a ella debido a la simple necesidad de sobrevivir como empresario en un mercado competitivo.
Los socialistas que predominan en la actualidad, y desde bastante tiempo atrás, son los que esperan recibir del resto de la sociedad, a través del Estado, la seguridad y los medios que permitan su supervivencia. Esta mentalidad es promovida por los políticos socialistas creando personas inútiles para la producción, convirtiéndolos en simples parásitos sociales, incapaces de realizar por sus propios medios alguna labor eficaz, ya que, así como el SIDA destruye los anticuerpos que nos defienden de las enfermedades, el socialismo real destruye las fuerzas anímicas y morales necesarias para llevar una vida digna de un ser humano auténtico.
En la Argentina, millones de parásitos sociales viven sin trabajar al recibir del Estado un "plan social". Incluso, si tienen hijos, recibirán una AUH (Ayuda universal por hijo), llegando al extremo que algunos de ellos se han burlado en público de aquellos que carecen de la posibilidad de ser mantenidos por la gente decente (vía Estado e impuestos) debido a que éstos tienen que trabajar arduamente sin llegar a lograr un satisfactorio ingreso mensual. Es una actitud similar a la del ladrón que se burla de aquellos que deben trabajar para poder vivir.
Puede decirse que la sociedad argentina, funcionando de esa forma, es una "sociedad" indigna de ese nombre, ya que se trata de un conjunto de seres humanos en el que un sector parasitario explota al sector trabajador, incluso apoyando electoralmente al bando político que ejerce una activa acción saboteadora contra el gobierno actual (2024) esperando que las injusticias sigan adelante en forma indefinida.
Ante la gran oposición a la llegada de capitales e inversiones, por parte del sector saboteador a través del Congreso Nacional, las perspectivas de cambio y de mejoramiento son cada vez menores.
sábado, 8 de junio de 2024
Proteccionismo y miedo a la prosperidad
Por Donald J. Boudreaux
En el corazón del proteccionismo está el miedo a la prosperidad. Las políticas basadas en el miedo a la superabundancia son extremadamente destructivas
Los seres humanos que confundan su mundo con uno de superabundancia pagarán un alto precio. Es un error muy costoso. (Flickr)
La realidad es siempre mucho más compleja que cualquier modelo mental que los seres humanos podamos utilizar para darle sentido y navegar por ella. Los mejores modelos mentales son los que ponen de relieve y aclaran los aspectos de la realidad que tienen más probabilidades de permitirnos reunir los medios adecuados para alcanzar nuestros fines.
Un aspecto importante de la realidad que la economía sana pone de relieve y aclara es la inevitabilidad y ubicuidad de la escasez. El «problema económico» (como se le suele llamar) existe únicamente porque no todos los deseos humanos pueden satisfacerse con los medios -recursos, herramientas, tiempo, conocimientos- de que disponemos. Algunos -de hecho, la mayoría- de nuestros deseos quedarán siempre insatisfechos para que podamos utilizar los escasos recursos, herramientas, tiempo y conocimientos de que disponemos para satisfacer aquellos relativamente pocos deseos que juzgamos más importantes.
Como individuos y como sociedad, nunca actuamos a la perfección. Cometemos muchos errores. Pero si mantenemos nuestros errores en un mínimo alcanzable, prosperaremos. Por tanto, debemos tener cuidado, como individuos y como sociedad, con nuestra propensión al error. Los que tienen éxito aprenden de sus errores; los que no aprenden de ellos, fracasan.
Uno de los errores económicos más graves que puede cometer el ser humano es olvidar que el nuestro es inevitablemente un mundo de escasez. En un mundo de superabundancia -un mundo casi inimaginable sin escasez- los seres humanos que confundan su mundo con uno de escasez no pagarán ningún precio. Sería un error sin coste. Pero en el mundo real, en nuestro mundo de escasez, los seres humanos que confundan su mundo con uno de superabundancia pagarán un alto precio. Es un error muy costoso.
Si piensan que estoy afirmando algo que no sólo es obvio, sino tan obvio que es irrelevante, porque nadie se atrevería a suponer lo contrario, piénsenlo otra vez. Gran parte de las políticas gubernamentales se basan en la suposición de que el mayor «problema» al que se enfrenta la humanidad no es la escasez, sino la superabundancia.
El proteccionismo y el miedo a la prosperidad
Un ejemplo estelar de este tipo de política, basada en el miedo a la superabundancia, es el proteccionismo.
Con mucho, la fuerza ideológica más poderosa que impulsa y promueve el proteccionismo es el miedo a que, con el libre comercio, haya muy pocos puestos de trabajo para los trabajadores en la economía nacional. Sin embargo, ¿qué es este miedo sino, en el fondo, un miedo a que el libre comercio cree superabundancia? ¿Qué es este miedo sino uno que se basa en la idea de que, con el libre comercio, los deseos de la humanidad (o al menos de los conciudadanos) se verán tan plenamente satisfechos que habrá muy pocas oportunidades para que seamos útiles los unos a los otros?
El miedo primario del hombre de la calle al libre comercio -y a otras innovaciones que ahorran trabajo- es un miedo arraigado en una comprensión completamente errónea de la realidad. Es un miedo a que los humanos (o al menos nosotros en nuestro país) estemos a punto de vencer la escasez y de transformar el mundo (o al menos nuestro país) en uno de superabundancia. Este miedo es verdaderamente irracional.
Este miedo es irracional no sólo porque no importa lo materialmente prósperos que lleguemos a ser, la escasez siempre existirá. El «problema económico» no va a desaparecer, nunca. Este miedo es irracional también porque su expresión es invariablemente internamente inconsistente. Las muchas personas que temen que el libre(r) comercio o las innovaciones que ahorran mano de obra conduzcan a un desempleo involuntario cada vez mayor y eterno no comprenden que un éxito tan notable en la superación de la escasez significaría que estar sin trabajo no significaría la indigencia. En un mundo de superabundancia, nadie necesita trabajar para sobrevivir o incluso para vivir opíparamente. Por el contrario, un mundo en el que la gente necesita trabajar para sobrevivir, y desde luego para vivir pródigamente, es un mundo de escasez, lo que significa que es un mundo lleno de oportunidades para que todos los que lo deseen se sirvan mutuamente de forma productiva y provechosa (es decir, que trabajen de forma remunerada).
Las políticas basadas en un error tan gigantesco como el que confunde nuestro mundo de escasez incesante con un mundo de -o a punto de- superabundancia son destructivas. Y cuanto más se aplican estas políticas, más destructivas resultan. El proteccionismo es una política basada en el temor calamitosamente erróneo de que entre los principales problemas a los que nos enfrentamos los seres humanos no está la escasez sino, más bien, la superabundancia.
El gobierno limita la flexibilidad del capital humano
Es cierto que existen defensas más sofisticadas del proteccionismo. Los recursos, aunque escasos, suelen ser específicos para determinadas tareas. Si disminuye la demanda del recurso L para realizar la tarea para la que es específico, el propietario de ese recurso concreto sale perjudicado. La liberalización del comercio, al igual que cualquier cambio en el patrón de gasto de los consumidores, suele reducir la demanda de recursos que se utilizan de forma específica. El problema aquí es la escasez: escasez de capacidad humana para aprender rápidamente a realizar nuevas tareas de forma productiva. (Recuerda: el problema no es exclusivo en modo alguno del comercio internacional, ya que este problema se desencadena con cualquier cambio en el patrón de gasto de los consumidores).
A menudo, este problema de la incapacidad de los recursos para pasar rápidamente a otros usos no menos atractivos se ve amplificado por restricciones artificiales a la capacidad de los trabajadores y otros propietarios de recursos para cambiar de ocupación. Las políticas gubernamentales que reducen la capacidad de los empresarios para emplear recursos actualmente desempleados o subempleados mediante la creación de nuevas empresas o la ampliación de las existentes garantizan que los cambios en los patrones de gasto de los consumidores generen más desempleo, y más duradero, del que existiría en ausencia de dichas políticas. (Irónicamente, entre esas políticas perjudiciales se encuentran las que dificultan artificialmente el despido de trabajadores. Los trabajadores a los que es más costoso dejar de contratar son trabajadores a los que es más costoso empezar a contratar).
Así que, sí, aunque hay algunas justificaciones (débiles) para las restricciones comerciales que no se basan en última instancia en la incapacidad de reconocer que nuestro mundo es un mundo de escasez inevitable, la justificación primordial -la justificación que cree el hombre de la calle- para las restricciones comerciales se basa en la extraña creencia de que la humanidad está al borde de la superabundancia. Se basa en la noción errónea de que somos inconcebiblemente más ricos de lo que realmente somos o de lo que nunca podremos ser.
(De panampost.com)
En el corazón del proteccionismo está el miedo a la prosperidad. Las políticas basadas en el miedo a la superabundancia son extremadamente destructivas
Los seres humanos que confundan su mundo con uno de superabundancia pagarán un alto precio. Es un error muy costoso. (Flickr)
La realidad es siempre mucho más compleja que cualquier modelo mental que los seres humanos podamos utilizar para darle sentido y navegar por ella. Los mejores modelos mentales son los que ponen de relieve y aclaran los aspectos de la realidad que tienen más probabilidades de permitirnos reunir los medios adecuados para alcanzar nuestros fines.
Un aspecto importante de la realidad que la economía sana pone de relieve y aclara es la inevitabilidad y ubicuidad de la escasez. El «problema económico» (como se le suele llamar) existe únicamente porque no todos los deseos humanos pueden satisfacerse con los medios -recursos, herramientas, tiempo, conocimientos- de que disponemos. Algunos -de hecho, la mayoría- de nuestros deseos quedarán siempre insatisfechos para que podamos utilizar los escasos recursos, herramientas, tiempo y conocimientos de que disponemos para satisfacer aquellos relativamente pocos deseos que juzgamos más importantes.
Como individuos y como sociedad, nunca actuamos a la perfección. Cometemos muchos errores. Pero si mantenemos nuestros errores en un mínimo alcanzable, prosperaremos. Por tanto, debemos tener cuidado, como individuos y como sociedad, con nuestra propensión al error. Los que tienen éxito aprenden de sus errores; los que no aprenden de ellos, fracasan.
Uno de los errores económicos más graves que puede cometer el ser humano es olvidar que el nuestro es inevitablemente un mundo de escasez. En un mundo de superabundancia -un mundo casi inimaginable sin escasez- los seres humanos que confundan su mundo con uno de escasez no pagarán ningún precio. Sería un error sin coste. Pero en el mundo real, en nuestro mundo de escasez, los seres humanos que confundan su mundo con uno de superabundancia pagarán un alto precio. Es un error muy costoso.
Si piensan que estoy afirmando algo que no sólo es obvio, sino tan obvio que es irrelevante, porque nadie se atrevería a suponer lo contrario, piénsenlo otra vez. Gran parte de las políticas gubernamentales se basan en la suposición de que el mayor «problema» al que se enfrenta la humanidad no es la escasez, sino la superabundancia.
El proteccionismo y el miedo a la prosperidad
Un ejemplo estelar de este tipo de política, basada en el miedo a la superabundancia, es el proteccionismo.
Con mucho, la fuerza ideológica más poderosa que impulsa y promueve el proteccionismo es el miedo a que, con el libre comercio, haya muy pocos puestos de trabajo para los trabajadores en la economía nacional. Sin embargo, ¿qué es este miedo sino, en el fondo, un miedo a que el libre comercio cree superabundancia? ¿Qué es este miedo sino uno que se basa en la idea de que, con el libre comercio, los deseos de la humanidad (o al menos de los conciudadanos) se verán tan plenamente satisfechos que habrá muy pocas oportunidades para que seamos útiles los unos a los otros?
El miedo primario del hombre de la calle al libre comercio -y a otras innovaciones que ahorran trabajo- es un miedo arraigado en una comprensión completamente errónea de la realidad. Es un miedo a que los humanos (o al menos nosotros en nuestro país) estemos a punto de vencer la escasez y de transformar el mundo (o al menos nuestro país) en uno de superabundancia. Este miedo es verdaderamente irracional.
Este miedo es irracional no sólo porque no importa lo materialmente prósperos que lleguemos a ser, la escasez siempre existirá. El «problema económico» no va a desaparecer, nunca. Este miedo es irracional también porque su expresión es invariablemente internamente inconsistente. Las muchas personas que temen que el libre(r) comercio o las innovaciones que ahorran mano de obra conduzcan a un desempleo involuntario cada vez mayor y eterno no comprenden que un éxito tan notable en la superación de la escasez significaría que estar sin trabajo no significaría la indigencia. En un mundo de superabundancia, nadie necesita trabajar para sobrevivir o incluso para vivir opíparamente. Por el contrario, un mundo en el que la gente necesita trabajar para sobrevivir, y desde luego para vivir pródigamente, es un mundo de escasez, lo que significa que es un mundo lleno de oportunidades para que todos los que lo deseen se sirvan mutuamente de forma productiva y provechosa (es decir, que trabajen de forma remunerada).
Las políticas basadas en un error tan gigantesco como el que confunde nuestro mundo de escasez incesante con un mundo de -o a punto de- superabundancia son destructivas. Y cuanto más se aplican estas políticas, más destructivas resultan. El proteccionismo es una política basada en el temor calamitosamente erróneo de que entre los principales problemas a los que nos enfrentamos los seres humanos no está la escasez sino, más bien, la superabundancia.
El gobierno limita la flexibilidad del capital humano
Es cierto que existen defensas más sofisticadas del proteccionismo. Los recursos, aunque escasos, suelen ser específicos para determinadas tareas. Si disminuye la demanda del recurso L para realizar la tarea para la que es específico, el propietario de ese recurso concreto sale perjudicado. La liberalización del comercio, al igual que cualquier cambio en el patrón de gasto de los consumidores, suele reducir la demanda de recursos que se utilizan de forma específica. El problema aquí es la escasez: escasez de capacidad humana para aprender rápidamente a realizar nuevas tareas de forma productiva. (Recuerda: el problema no es exclusivo en modo alguno del comercio internacional, ya que este problema se desencadena con cualquier cambio en el patrón de gasto de los consumidores).
A menudo, este problema de la incapacidad de los recursos para pasar rápidamente a otros usos no menos atractivos se ve amplificado por restricciones artificiales a la capacidad de los trabajadores y otros propietarios de recursos para cambiar de ocupación. Las políticas gubernamentales que reducen la capacidad de los empresarios para emplear recursos actualmente desempleados o subempleados mediante la creación de nuevas empresas o la ampliación de las existentes garantizan que los cambios en los patrones de gasto de los consumidores generen más desempleo, y más duradero, del que existiría en ausencia de dichas políticas. (Irónicamente, entre esas políticas perjudiciales se encuentran las que dificultan artificialmente el despido de trabajadores. Los trabajadores a los que es más costoso dejar de contratar son trabajadores a los que es más costoso empezar a contratar).
Así que, sí, aunque hay algunas justificaciones (débiles) para las restricciones comerciales que no se basan en última instancia en la incapacidad de reconocer que nuestro mundo es un mundo de escasez inevitable, la justificación primordial -la justificación que cree el hombre de la calle- para las restricciones comerciales se basa en la extraña creencia de que la humanidad está al borde de la superabundancia. Se basa en la noción errónea de que somos inconcebiblemente más ricos de lo que realmente somos o de lo que nunca podremos ser.
(De panampost.com)
viernes, 7 de junio de 2024
Arturo Frondizi y el petróleo nacional
En los diversos países existen circunstancias que se presentan a lo largo de los años y que resultan bastantes similares a otras ocurridas en el pasado. Algunos gobiernos tienen en cuenta estos hechos y tratan de hacer algo distinto a lo que aconteció en el pasado en caso de que, en ese entonces, se hayan adoptado decisiones poco eficaces. Sin embargo, cuando los políticos de turno están ideologizados y cuando sólo piensan en ganar elecciones, pueden reincidir en el error para dar validez aquello de que "El hombre es el único animal capaz de tropezar más de una vez con la misma piedra".
En los años 50, el entonces presidente argentino Arturo Frondizi, tenía previas intenciones de llegar al autoabastecimiento energético mediante la extracción y procesamiento del petróleo a través de empresas estatales. Sin embargo, advirtió que ello no pudo hacerse debido al limitado capital disponible, llegando a la conclusión que lo mejor sería realizar el proyecto con empresas y capitales extranjeros.
Al no cumplir con sus promesas iniciales, Alejandro Gómez, su vicepresidente, renuncia a su cargo. El próximo presidente electo mediante votaciones, Arturo Illia, anula los contratos petroleros con las empresas extranjeras, teniendo como efecto terminar con el autoabastecimiento, pagar unos 300 millones de dólares de indemnizaciones y comprarle petróleo a las mismas empresas anteriores.
En las actuales circunstancias, y debido a la pobre situación económica y social del país, es imprescindible la llegada de inversiones para explotaciones petrolíferas, gasíferas, mineras y productivas en general. Sin embargo, bajo el estribillo popular de "la patria no se vende", y el sabotaje evidente de senadores y diputados nacionales, quienes en su mayoría rechazan y desaprueban las leyes propuestas por Javier Milei para favorecer las inversiones necesarias, nos encontramos con situaciones algo similares a las del pasado. A esos estribillos se les podría contestar con "la patria no se roba ni se destruye", ya que el petróleo, el gas y los minerales del subsuelo y enterrados en la cordillera de Los Andes, de nada nos servirán en esas condiciones.
A continuación se transcribe una explicación que Frondizi dio respecto de su actuación presidencial en materia de petróleo:
"Se dijo que la política petrolera del presidente era todo lo contrario de lo que había sostenido el ciudadano Frondizi en su libro Petróleo y política [publicado en 1954]. Me complace recordar este cargo. No vacilo en reconocer que la doctrina de dicho libro no corresponde enteramente a la política practicada por mi gobierno. En el libro sostuve la necesidad de alcanzar el autoabastecimiento petrolero a través del monopolio estatal. Era una tesis ideal y sincera. Cuando llegué al gobierno me enfrenté a una realidad que no correspondía a esa postura teórica por dos razones: primera, porque el Estado no tenía los recursos necesarios para explotar por sí solo nuestro petróleo; y, segundo, porque la inmediata y urgente necesidad de sustituir nuestras importaciones de combustible no dejaba margen de tiempo para esperar que el Gobierno reuniera los recursos financieros y técnicos que demandaba una explotación masiva que produjera el autoabastecimiento en 2 años".
"La opción para el ciudadano que ocupaba la presidencia era muy simple: o se aferraba a su postulación teórica de años anteriores y el petróleo seguía durmiendo bajo tierra, o se extraía el petróleo con el auxilio del capital externo para aliviar nuestra balanza de pagos y alimentar adecuadamente a nuestras industrias. En una palabra: se salvaba el prestigio intelectual del autor de Petróleo y política o se salvaba el país. No vacilé en poner al país por encima del amor propio del escritor" (Citado en "Esta vez ¿será diferente?" de Juan Carlos de Pablo-Editorial El Ateneo-Buenos Aires 2015).
En los años 50, el entonces presidente argentino Arturo Frondizi, tenía previas intenciones de llegar al autoabastecimiento energético mediante la extracción y procesamiento del petróleo a través de empresas estatales. Sin embargo, advirtió que ello no pudo hacerse debido al limitado capital disponible, llegando a la conclusión que lo mejor sería realizar el proyecto con empresas y capitales extranjeros.
Al no cumplir con sus promesas iniciales, Alejandro Gómez, su vicepresidente, renuncia a su cargo. El próximo presidente electo mediante votaciones, Arturo Illia, anula los contratos petroleros con las empresas extranjeras, teniendo como efecto terminar con el autoabastecimiento, pagar unos 300 millones de dólares de indemnizaciones y comprarle petróleo a las mismas empresas anteriores.
En las actuales circunstancias, y debido a la pobre situación económica y social del país, es imprescindible la llegada de inversiones para explotaciones petrolíferas, gasíferas, mineras y productivas en general. Sin embargo, bajo el estribillo popular de "la patria no se vende", y el sabotaje evidente de senadores y diputados nacionales, quienes en su mayoría rechazan y desaprueban las leyes propuestas por Javier Milei para favorecer las inversiones necesarias, nos encontramos con situaciones algo similares a las del pasado. A esos estribillos se les podría contestar con "la patria no se roba ni se destruye", ya que el petróleo, el gas y los minerales del subsuelo y enterrados en la cordillera de Los Andes, de nada nos servirán en esas condiciones.
A continuación se transcribe una explicación que Frondizi dio respecto de su actuación presidencial en materia de petróleo:
"Se dijo que la política petrolera del presidente era todo lo contrario de lo que había sostenido el ciudadano Frondizi en su libro Petróleo y política [publicado en 1954]. Me complace recordar este cargo. No vacilo en reconocer que la doctrina de dicho libro no corresponde enteramente a la política practicada por mi gobierno. En el libro sostuve la necesidad de alcanzar el autoabastecimiento petrolero a través del monopolio estatal. Era una tesis ideal y sincera. Cuando llegué al gobierno me enfrenté a una realidad que no correspondía a esa postura teórica por dos razones: primera, porque el Estado no tenía los recursos necesarios para explotar por sí solo nuestro petróleo; y, segundo, porque la inmediata y urgente necesidad de sustituir nuestras importaciones de combustible no dejaba margen de tiempo para esperar que el Gobierno reuniera los recursos financieros y técnicos que demandaba una explotación masiva que produjera el autoabastecimiento en 2 años".
"La opción para el ciudadano que ocupaba la presidencia era muy simple: o se aferraba a su postulación teórica de años anteriores y el petróleo seguía durmiendo bajo tierra, o se extraía el petróleo con el auxilio del capital externo para aliviar nuestra balanza de pagos y alimentar adecuadamente a nuestras industrias. En una palabra: se salvaba el prestigio intelectual del autor de Petróleo y política o se salvaba el país. No vacilé en poner al país por encima del amor propio del escritor" (Citado en "Esta vez ¿será diferente?" de Juan Carlos de Pablo-Editorial El Ateneo-Buenos Aires 2015).
jueves, 6 de junio de 2024
Educación tradicional vs. Psicogénesis
Ante el evidente retroceso en el nivel intelectual de las nuevas generaciones, en comparación con el nivel de generaciones anteriores, deterioro derivado de varias causas, reconoce una causa principal, y es el antagonismo de las nuevas propuestas educativas (psicogénesis) en contra de la educación tradicional. Puede sintetizarse el deterioro educativo en el hecho de que algunas universidades den cursos de "lectura comprensiva" a sus aspirantes a ingresar, por cuanto, pareciera, apenas saben leer aún cuando hayan terminado la escuela secundaria.
La educación tradicional se basa en la enseñanza de quienes más saben (maestros y docentes) y que transmiten sus conocimientos básicos a los alumnos. Es la forma inmediata y elemental de aprender cualquier cosa que uno quiera saber, esto es, recurrir a las personas o a los libros para que nos permitan alcanzar el conocimiento por ellos vertidos. La alternativa a este proceso consiste en descubrir por uno mismo todo lo que uno quiere saber, lo que suena un poco absurdo dada la enorme cantidad de información disponible. También la secuencia de conocimientos necesarios para dominar cierta especialidad, requiere de la experiencia de quienes más saben del tema, quienes establecen las secuencias mencionadas, de lo contrario el alumno se perdería ante la enorme cantidad de información existente.
El proceso tradicional tiene validez para todos los niveles educativos. Sin embargo, las innovaciones pedagógicas de mayor alcance no intentan mejorarlo, sino abolirlo y reemplazarlo. Los resultados logrados por el sistema tradicional son bastante satisfactorios, si bien las tendencias ideologizadas poco o nada tienen en cuenta los resultados concretos, o bien derivan hacia otras causas como las culpables del deterioro educativo general.
En cuanto a los fundamentos y características de la psicogénesis, Antonio Caponnetto escribió: "La inteligencia es un mecanismo con un doble juego, asimilación y acomodación. En contacto con la realidad se perturba, conflictúa y desequilibra, pero no tiene otro modo de relacionarse con ella, incorporándola y hacerla propia y, por lo tanto, de construirla. Semejante tarea no puede hacerla el sujeto solo y aislado, sino en cooperación e interacción constante".
"Algún agente externo (antiguamente llamado maestro) debe suscitarle y presentarle sucesivas perturbaciones, pero sin la menor ingerencia en el mecanismo resolutivo (léase: sin correcciones), que encontrará en sus propios engranajes los modos de equilibración. No hay que temer que los conflictos dañen al circuito porque el proceso constructivista no retrocede. Puede no estar temporariamente en condiciones de responder, pero para eso se han inventado los estudios evolutivos. Ya llegará el momento".
"Tales proposiciones se traducen habitualmente en inquietantes circunstancias escolares que será preciso interpretar. Un alumno que se copia de su compañero, por ejemplo, en realidad está abocado al proceso piagetiano operación-cooperación; otro que se trenza a viva voz con varios al mismo tiempo, ha descubierto el valor de consignas tales como «pónganse de acuerdo» o «discutan entre ustedes», impartidas desde el corazón mismo de la psicología genética".
"Aquel que acaba de destruir su cuaderno y el de su vecino se halla en plena maduración endógena, y aquel otro que se retira del aula sin previo aviso ha captado al fin que el docente no es el único portador de informaciones. Más de tres días de polémicas sobre si zapallito se escribe aaio o domingo domicper, serán la señal triunfante de que las hipótesis silábicas o presilábicas avanzan lentamente pero ineluctablemente hacia el punto omega de la alfabetización. Y un murmullo gutural y onomatopéyico revelarán que en clase todos son capaces de leer, incluso el maestro".
"Pero volvamos al discurso académico. «Los investigadores no dicen a los niños que ellos están equivocados o son incoherentes, sino que dejan sus contradicciones sin resolver, entendiendo que en futuras interacciones con los mismos objetos o con objetos similares y a lo largo de sus experiencias cotidianas con la lengua escrita, los niños ajustarán su conceptualización. Las contradicciones que tienen los chicos son una fuente importante de información sobre el desarrollo de su conceptualización»".
"«Para adquirir conocimiento sobre el sistema de escritura» -escribe Emilia Ferreiro- «los niños proceden de modo similar a otros dominios del conocimiento: tratan de asimilar información suministrada por el medio ambiente», y con las cuales construyen sus teorías e hipótesis, no siempre interpretadas por los adultos. «Tomar en serio las consecuencias del desarrollo psicogenético significa colocar a los niños con sus esquemas de asimilación en el centro del proceso de aprendizaje y tomar en cuenta que los niños aprenden en situaciones sociales, no en aislamiento». A diferencia de lo que ocurría en la maldita educación «tradicional», los niños son aquí sujetos activos, y los docentes «atentos observadores de sus interacciones» que los «impulsan al desequilibrio y a la construcción permanente»".
"Surge así, como consecuencia de esta posición gnoseológica constructivista, una nueva imagen del maestro, en una escuela cuyo propósito central es ofrecer a todos los niños «las oportunidades que necesitan para apropiarse del conocimiento». En principio deberá olvidarse de que su misión es enseñar o comunicar saberes, expresiones ambas virtualmente desterradas y que suenan poco menos que a amenazas. Su rol es el de un activo problematizador, el de un profesional de las perturbaciones; un verdadero experto en conflictuar y desequilibrar a los niños, planteándoles «problemas que les permitan descubrir nuevos aspectos del objeto del conocimiento»".
"Su mayor responsabilidad como «informante» es poner al alumnado en circunstancias grupales de tal naturaleza que den pie para la construcción de sucesivas hipótesis. Este es el papel «más respetable y decisivo»: renunciar a su protagonismo y admitir que «el verdadero protagonista es el grupo». Caso contrario, si el docente intentase «un seguimiento exhaustivo que le permita saber a cada instante qué progreso acaba de realizar cada uno de los niños» que le han sido confiados, estaría retrotrayéndose «a un sistema de enseñanza individualizada»", ajeno a los afanes colectivistas en los que se resuelve la mágica fórmula operatividad-cooperatividad" (De "Lenguaje y Educación"-Scholastica-Buenos Aires 1993).
Es interesante observar ciertas conclusiones aparecidas en un documento oficial emitido por las autoridades educativas de Mendoza, en 1990: "«Liberémonos (los maestros), dejemos que los chicos se comprometan con las actividades que realizan y centren su atención en el logro de los objetivos y no en nosotros como si fuésemos la fuente del conocimiento». Que cada niño «averigüe, explore, pruebe, se exprese, reflexione, se equivoque, intercambie lo descubierto, se autoevalúe»".
"«Dejaremos nosotros de dar clase para ser realmente orientadores guías de los procesos individuales y grupales». «Es en la acción donde el niño se construye». Dejémoslo que actúe libremente «eligiendo la actividad a realizar y concluya su autoevaluación...El niño es el responsable directo de su aprendizaje», no perdamos más tiempo «realizando correcciones que el niño no mira»".
Si los docentes ya no tienen que enseñar, entonces a nadie debe extrañar que en algunas provincias tal función sea desempeñada por personas con mínimos conocimientos generales, con la consecuente destrucción de la educación pública, que ha pasado a ser un simple lugar para el adoctrinamiento político de los alumnos.
Resulta llamativa la reacción de un importante porcentaje de personas que rechaza, se opone y se burla de una astrónoma chilena que da interesantes charlas en Facebook, tal el caso de los terraplanistas que "han construido" su propia teoría. Posiblemente han recibido cierta influencia de la psicogénesis y de ahí el total rechazo del "conocimiento prefabricado" que trata de "imponer" la referida divulgadora científica. La ignorancia y la brutalidad intelectual parece no tener límites.
La educación tradicional se basa en la enseñanza de quienes más saben (maestros y docentes) y que transmiten sus conocimientos básicos a los alumnos. Es la forma inmediata y elemental de aprender cualquier cosa que uno quiera saber, esto es, recurrir a las personas o a los libros para que nos permitan alcanzar el conocimiento por ellos vertidos. La alternativa a este proceso consiste en descubrir por uno mismo todo lo que uno quiere saber, lo que suena un poco absurdo dada la enorme cantidad de información disponible. También la secuencia de conocimientos necesarios para dominar cierta especialidad, requiere de la experiencia de quienes más saben del tema, quienes establecen las secuencias mencionadas, de lo contrario el alumno se perdería ante la enorme cantidad de información existente.
El proceso tradicional tiene validez para todos los niveles educativos. Sin embargo, las innovaciones pedagógicas de mayor alcance no intentan mejorarlo, sino abolirlo y reemplazarlo. Los resultados logrados por el sistema tradicional son bastante satisfactorios, si bien las tendencias ideologizadas poco o nada tienen en cuenta los resultados concretos, o bien derivan hacia otras causas como las culpables del deterioro educativo general.
En cuanto a los fundamentos y características de la psicogénesis, Antonio Caponnetto escribió: "La inteligencia es un mecanismo con un doble juego, asimilación y acomodación. En contacto con la realidad se perturba, conflictúa y desequilibra, pero no tiene otro modo de relacionarse con ella, incorporándola y hacerla propia y, por lo tanto, de construirla. Semejante tarea no puede hacerla el sujeto solo y aislado, sino en cooperación e interacción constante".
"Algún agente externo (antiguamente llamado maestro) debe suscitarle y presentarle sucesivas perturbaciones, pero sin la menor ingerencia en el mecanismo resolutivo (léase: sin correcciones), que encontrará en sus propios engranajes los modos de equilibración. No hay que temer que los conflictos dañen al circuito porque el proceso constructivista no retrocede. Puede no estar temporariamente en condiciones de responder, pero para eso se han inventado los estudios evolutivos. Ya llegará el momento".
"Tales proposiciones se traducen habitualmente en inquietantes circunstancias escolares que será preciso interpretar. Un alumno que se copia de su compañero, por ejemplo, en realidad está abocado al proceso piagetiano operación-cooperación; otro que se trenza a viva voz con varios al mismo tiempo, ha descubierto el valor de consignas tales como «pónganse de acuerdo» o «discutan entre ustedes», impartidas desde el corazón mismo de la psicología genética".
"Aquel que acaba de destruir su cuaderno y el de su vecino se halla en plena maduración endógena, y aquel otro que se retira del aula sin previo aviso ha captado al fin que el docente no es el único portador de informaciones. Más de tres días de polémicas sobre si zapallito se escribe aaio o domingo domicper, serán la señal triunfante de que las hipótesis silábicas o presilábicas avanzan lentamente pero ineluctablemente hacia el punto omega de la alfabetización. Y un murmullo gutural y onomatopéyico revelarán que en clase todos son capaces de leer, incluso el maestro".
"Pero volvamos al discurso académico. «Los investigadores no dicen a los niños que ellos están equivocados o son incoherentes, sino que dejan sus contradicciones sin resolver, entendiendo que en futuras interacciones con los mismos objetos o con objetos similares y a lo largo de sus experiencias cotidianas con la lengua escrita, los niños ajustarán su conceptualización. Las contradicciones que tienen los chicos son una fuente importante de información sobre el desarrollo de su conceptualización»".
"«Para adquirir conocimiento sobre el sistema de escritura» -escribe Emilia Ferreiro- «los niños proceden de modo similar a otros dominios del conocimiento: tratan de asimilar información suministrada por el medio ambiente», y con las cuales construyen sus teorías e hipótesis, no siempre interpretadas por los adultos. «Tomar en serio las consecuencias del desarrollo psicogenético significa colocar a los niños con sus esquemas de asimilación en el centro del proceso de aprendizaje y tomar en cuenta que los niños aprenden en situaciones sociales, no en aislamiento». A diferencia de lo que ocurría en la maldita educación «tradicional», los niños son aquí sujetos activos, y los docentes «atentos observadores de sus interacciones» que los «impulsan al desequilibrio y a la construcción permanente»".
"Surge así, como consecuencia de esta posición gnoseológica constructivista, una nueva imagen del maestro, en una escuela cuyo propósito central es ofrecer a todos los niños «las oportunidades que necesitan para apropiarse del conocimiento». En principio deberá olvidarse de que su misión es enseñar o comunicar saberes, expresiones ambas virtualmente desterradas y que suenan poco menos que a amenazas. Su rol es el de un activo problematizador, el de un profesional de las perturbaciones; un verdadero experto en conflictuar y desequilibrar a los niños, planteándoles «problemas que les permitan descubrir nuevos aspectos del objeto del conocimiento»".
"Su mayor responsabilidad como «informante» es poner al alumnado en circunstancias grupales de tal naturaleza que den pie para la construcción de sucesivas hipótesis. Este es el papel «más respetable y decisivo»: renunciar a su protagonismo y admitir que «el verdadero protagonista es el grupo». Caso contrario, si el docente intentase «un seguimiento exhaustivo que le permita saber a cada instante qué progreso acaba de realizar cada uno de los niños» que le han sido confiados, estaría retrotrayéndose «a un sistema de enseñanza individualizada»", ajeno a los afanes colectivistas en los que se resuelve la mágica fórmula operatividad-cooperatividad" (De "Lenguaje y Educación"-Scholastica-Buenos Aires 1993).
Es interesante observar ciertas conclusiones aparecidas en un documento oficial emitido por las autoridades educativas de Mendoza, en 1990: "«Liberémonos (los maestros), dejemos que los chicos se comprometan con las actividades que realizan y centren su atención en el logro de los objetivos y no en nosotros como si fuésemos la fuente del conocimiento». Que cada niño «averigüe, explore, pruebe, se exprese, reflexione, se equivoque, intercambie lo descubierto, se autoevalúe»".
"«Dejaremos nosotros de dar clase para ser realmente orientadores guías de los procesos individuales y grupales». «Es en la acción donde el niño se construye». Dejémoslo que actúe libremente «eligiendo la actividad a realizar y concluya su autoevaluación...El niño es el responsable directo de su aprendizaje», no perdamos más tiempo «realizando correcciones que el niño no mira»".
Si los docentes ya no tienen que enseñar, entonces a nadie debe extrañar que en algunas provincias tal función sea desempeñada por personas con mínimos conocimientos generales, con la consecuente destrucción de la educación pública, que ha pasado a ser un simple lugar para el adoctrinamiento político de los alumnos.
Resulta llamativa la reacción de un importante porcentaje de personas que rechaza, se opone y se burla de una astrónoma chilena que da interesantes charlas en Facebook, tal el caso de los terraplanistas que "han construido" su propia teoría. Posiblemente han recibido cierta influencia de la psicogénesis y de ahí el total rechazo del "conocimiento prefabricado" que trata de "imponer" la referida divulgadora científica. La ignorancia y la brutalidad intelectual parece no tener límites.
lunes, 3 de junio de 2024
Malthus y el crecimiento poblacional
Un excesivo crecimiento de la población mundial provocaría serios problemas de alimentación, contaminación ambiental y otros inconvenientes derivados de ellos. El primero en advertir este peligro fue Thomas R. Malthus, quien propuso una ley para describir el aumento de una población, teniendo una forma matemática como la siguiente:
dP/dt = r P
Esta igualdad matemática indica que la velocidad de crecimiento de una población (derivada de la población P respecto del tiempo t) es proporcional a la población P existente, a través de una constante r que depende de la población considerada. Es fácil advertir que, a mayor población, mayor ha de ser la cantidad de nacimientos. Esta ley, que se cumple para una población que crece en forma exponencial, sólo tiene validez para pequeñas poblaciones, no sometidas a limitaciones como la falta de alimentos o la falta de vivienda.
Si la población mundial creciera según esa ley, tarde o temprano superaría la cantidad de alimentos disponibles y sobrevendría una catástrofe, pero las poblaciones reales tienden a limitarse, justamente debido a la limitación en la cantidad de alimentos y de viviendas, principalmente. Recientes investigaciones demográficas sostienen que dentro de poco se establecerá la última duplicación de la población mundial, quedando para un tiempo muy largo (quizás nunca más) una posterior duplicación.
Llama la atención que, desde organismos internacionales y desde grandes poderes económicos, se está promoviendo una limitación poblacional a partir de fomentar el aborto, la homosexualidad y otras prácticas que llevan a esa finalidad. Pareciera que no han consultado con los expertos en demografía o bien no le tienen confianza a sus conclusiones. O quizás las conclusiones no son coincidentes entre los especialistas.
Otras alarmas surgieron con el informe del Club de Roma, en los años 60, respecto del futuro de la humanidad. En realidad no se tiene en cuenta que se trató de una simulación por computadora mediante la cual se observaba la influencia de cinco variables interactuantes simultáneamente, lo que no implicaba que el comportamiento de la población mundial necesariamente habría de transitar por algunas de esas situaciones derivadas de las distintas simulaciones.
Todo indica que existe una especie de ley poblacional general que, en forma casi espontánea, la población mundial se acomoda a las condiciones de supervivencia existentes evitando la posibilidad de catástrofes mundiales, como se supone que podrían existir. Lo que depende de las acciones humanas es el nivel de felicidad o el nivel de sufrimiento existente, lo que requiere de cambios de tipo ético a nivel individual.
dP/dt = r P
Esta igualdad matemática indica que la velocidad de crecimiento de una población (derivada de la población P respecto del tiempo t) es proporcional a la población P existente, a través de una constante r que depende de la población considerada. Es fácil advertir que, a mayor población, mayor ha de ser la cantidad de nacimientos. Esta ley, que se cumple para una población que crece en forma exponencial, sólo tiene validez para pequeñas poblaciones, no sometidas a limitaciones como la falta de alimentos o la falta de vivienda.
Si la población mundial creciera según esa ley, tarde o temprano superaría la cantidad de alimentos disponibles y sobrevendría una catástrofe, pero las poblaciones reales tienden a limitarse, justamente debido a la limitación en la cantidad de alimentos y de viviendas, principalmente. Recientes investigaciones demográficas sostienen que dentro de poco se establecerá la última duplicación de la población mundial, quedando para un tiempo muy largo (quizás nunca más) una posterior duplicación.
Llama la atención que, desde organismos internacionales y desde grandes poderes económicos, se está promoviendo una limitación poblacional a partir de fomentar el aborto, la homosexualidad y otras prácticas que llevan a esa finalidad. Pareciera que no han consultado con los expertos en demografía o bien no le tienen confianza a sus conclusiones. O quizás las conclusiones no son coincidentes entre los especialistas.
Otras alarmas surgieron con el informe del Club de Roma, en los años 60, respecto del futuro de la humanidad. En realidad no se tiene en cuenta que se trató de una simulación por computadora mediante la cual se observaba la influencia de cinco variables interactuantes simultáneamente, lo que no implicaba que el comportamiento de la población mundial necesariamente habría de transitar por algunas de esas situaciones derivadas de las distintas simulaciones.
Todo indica que existe una especie de ley poblacional general que, en forma casi espontánea, la población mundial se acomoda a las condiciones de supervivencia existentes evitando la posibilidad de catástrofes mundiales, como se supone que podrían existir. Lo que depende de las acciones humanas es el nivel de felicidad o el nivel de sufrimiento existente, lo que requiere de cambios de tipo ético a nivel individual.
domingo, 2 de junio de 2024
Transhumanismo: ¿sueño o pesadilla?
Por Agustín De Beitia
EL ANHELO DE MEJORAR AL HOMBRE A TRAVES DE LA TECNOLOGIA PODRIA ESCLAVIZARLO
La idea de que la especie humana debe tomar el control de su propia evolución se aprovecha de la pandemia. La tentación de desterrar el sufrimiento, la enfermedad o la muerte, y los riesgos que se presentan. ¿Habrá un hombre disminuido en una humanidad aumentada?
No deja de ser llamativo cómo la arrogante confianza del hombre en sí mismo se hizo añicos en un abrir y cerrar de ojos con la actual pandemia, llevándolo al extremo opuesto: al exagerado temor por su fragilidad y su posible muerte, bien que por una única causa. Esa vulnerabilidad selectiva, enternecedora, puede resultar el tipo de crisis que dé impulso a quienes adelantan desde hace tiempo un proyecto que parece salido de la ciencia ficción, el llamado transhumanismo, la idea de que la especie humana debe tomar el control de su propia evolución.
El transhumanismo quiere seducir al hombre moderno, angustiado, con la promesa de poner fin a sus limitaciones físicas, tales como el sufrimiento, la enfermedad o la muerte, mediante la fusión de su sistema biológico con otros sistemas tecnológicos y digitales. Entre estos últimos están la informática, la robótica (prótesis), la biotecnología (una técnica para editar genes), la nanotecnología (se afirma que unos nano robots podrían vivir en el interior de nuestras células y reparar constantemente los daños, deteniendo el envejecimiento), la inteligencia artificial y la neurociencia.
Algunas de estas aplicaciones entran todavía en el campo especulativo, pero sus promotores creen que podremos dominarlas antes de lo que la mayoría de la gente piensa, señaló el año pasado Adam Kirsch en el Wall Street Journal.
PODEROSOS
"El movimiento transhumanista cuenta con el apoyo de personas con recursos financieros como para hacer esto realidad", afirmó Kirsch en su artículo titulado Looking Forward to the End of Humanity. "Jeff Bezos, Peter Thiel y Elon Musk están entre los magnates de Silicon Valley que han invertido en la investigación de la extensión de la vida. En 2013, Google entró en este campo lanzando la empresa de biotecnología Calico, abreviatura de California Life Company", señaló.
Todas las tecnologías de las que esperan servirse para este proyecto, llamadas convergentes, señala el filósofo y escritor católico francés Fabrice Hadjadj, buscan fabricar un "súper hombre": mediante la selección genética, los implantes cerebrales o la cibernética y sus derivados, los híbridos entre hombre y robot". A futuro, dice el filósofo, piensan en la posibilidad de encontrar un soporte no biológico también para la conciencia, la inteligencia o la memoria, por ejemplo, conectándola a un disco duro.
"En última instancia la esperanza es que no sólo utilicemos computadoras, sino que nos convirtamos en ellas", corrobora el autor del artículo en el Journal. "El Human Connectome Proyect, puesto en marcha en 2009 por los Institutos Nacionales de Salud, se describe a sí mismo como «un ambicioso esfuerzo por cartografiar las vías neuronales que subyacen a la función del cerebro humano». Si esas vías se pudieran mapear por completo y traducir en ceros y unos digitales, los datos podrían cargarse en una computadora, donde podrían sobrevivir indefinidamente", añade.
MUNDO VIRTUAL
"Esto puede parecer ciencia ficción -continúa Kirsch-, pero también es la conclusión natural de los avances tecnológicos de los últimos 20 años. Internet ya ha hecho innecesario en gran medida visitar físicamente lugares como bancos, oficinas de correos y cines, y el encierro ha dado un gran impulso a esta tendencia. Mientras nuestros mundos físicos se encogen en un esfuerzo por evitar el contagio con Covid-19, nuestros mundos virtuales se expanden para compensarlo. En un futuro próximo, muchos de nosotros asistiremos a escuelas virtuales, rendiremos culto en iglesias virtuales y nos reuniremos en fiestas virtuales".
Tal vez ese escenario ya no sea tan propio del futuro. Sea como fuere, el sueño de una humanidad aumentada merced a todas estas tecnologías genera hoy más debates en Europa que en nuestro país, donde el fenómeno ha sido poco considerado. Pero el movimiento cultural que lo impulsa puede ser muchas cosas menos nuevo.
El término transhumanismo aparece después de la Segunda Guerra Mundial y fue retomado en su sentido moderno en 1957 por Julian Huxley, hermano de Aldous, el famoso autor de Un mundo feliz. Julian, que fue el primer director de la Unesco, era un genetista y -un dato que conviene retener- un partidario de la eugenesia, tal como recordó Hadjadj, quien señaló que desde entonces "no han cambiado de idea, incluso, si antes había existido el nazismo".
En el término transhumanismo se mantiene una idea de un progreso que, de alguna manera, no tiene límite, apuntó Hadjadj en un debate que sostuvo en 2014 con el escritor Jean-Marie Le Mené titulado ¿Hacia una humanidad aumentada?.
El concepto tiene una innegable filiación con el evolucionismo o el neodarwinismo, señaló en ese debate Le Mené, magistrado, director de la Fundación Lejeune y miembro de la Academia Pontificia para la Vida. "Después del Iluminismo -dice Le Mené- se impuso la noción de que la humanidad no fue donada, no fue creada por Dios, sino que es una materia que evoluciona sin cesar hacia algo mejor, entre otras cosas, por la selección natural. En este sentido, los transhumanistas pretenden favorecer esa selección de forma artificial".
OTRA NATURALEZA
El objetivo que declaran los proponentes del transhumanismo es "mejorar" a la criatura humana para que alcance su máximo potencial; que hasta el genoma humano o su cerebro, participen de la evolución que experimentan otras técnicas.
Alguien podría alegar: la técnica ha ayudado al hombre. Basta pensar en los anteojos, las prótesis auditivas, los marcapasos, un simple bastón y hasta una pierna biónica. "Pero eso, evidentemente, no es transhumanismo. La voluntad del transhumanismo es cambiar la naturaleza humana y pasar a otra naturaleza", explica Le Mené.
Esta corriente ideológica, promovida abiertamente por las plataformas tecnológicas, y posicionada en el imaginario colectivo gracias a una intensa campaña de marketing, puede haber experimentado un impulso adicional durante la pandemia.
No son pocos los que recuerdan que el año pasado los miembros del Foro Económico Mundial reunidos en Davos señalaron que la pandemia había puesto de manifiesto las debilidades del sistema y que, por lo tanto, ésta ofrecía una oportunidad para un Gran Reinicio del mundo. Un "apagón" que incluye un apoyo implícito al transhumanismo.
Miklós Lukács es uno de los que ha denunciado esto. Lukács, que es profesor en las Universidades de Essex y Manchester, en Reino Unido, y cuyo campo de investigación abarca la filosofía de la tecnología, las tecnologías convergentes y la filosofía política, recuerda que cuando el Foro Económico Mundial habla de aprovechar las innovaciones de la Cuarta Revolución Industrial se está refiriendo al transhumanismo.
De hecho, el director ejecutivo del Foro, Klaus Schwab, viene anticipando desde 2015 que la Cuarta Revolución Industrial llevará a una fusión de los sistemas biológicos, tecnológicos y digitales.
Para Lukács, esto demuestra que el transhumanismo ya pasó a formar parte de una agenda de política pública global, que se presenta como un imperativo para todos los gobiernos. "Desde organismos supranacionales se está trabajando de manera activa para encaminarnos a todos hacia aquella fusión", afirma.
Es fácil darse cuenta, como ya otros lo han hecho notar, que en efecto las respuestas que se han dado a la pandemia se basan en las tecnologías de la Cuarta Revolución Industrial, como la secuenciación genética y la biotecnología de las vacunas (plataformas de ARNm y vectores). Por no hablar del software de rastreo de contactos (vigilancia masiva), los implantes de chips que proveen datos biométricos o los algoritmos usados para nuestra información sanitaria.
OBJETIVOS
Hay avances tecnológicos cuyas aplicaciones ya no pertenecen al mundo de la ciencia ficción, sino a la realidad. "El problema -apunta Lukács en una muy buena entrevista que le hizo José María Aguerre y que está disponible en YouTube- es que las personas las ignoran y creen que es una simple especulación teórica".
Según Lukács, tres son los objetivos principales de esta corriente de pensamiento. El primero es la longevidad aumentada, el sueño de la vida eterna. El segundo es la inteligencia aumentada, porque los transhumanistas creen que nuestro intelecto es tan limitado que el poshumano nos considerará menos que mascotas. Y el tercero es el bienestar aumentado.
"Ese bienestar, que es presentado casi como un imperativo -dice Lukács- se logrará en parte gracias a la biotecnología, que permitirá editar nuestros genes para modelar nuestro comportamiento. Porque para el transhumanista no solo el aspecto físico se puede moldear sino también nuestro comportamiento, nuestras inclinaciones morales. Es decir, deshacernos de los genes que nos hacen violentos, agresivos, celosos, poco fraternos, y volvernos criaturas virtuosas".
"Si uno combina estas tres líneas de pensamiento -longevidad, inteligencia y bienestar aumentadas- y se detiene a pensar, el resultado es un hombre que quiere convertirse en dios", añade. "La ambición es dejar atrás el "Homo sapiens" para ser un "Homo deus", como se titula un libro de Yuval Noah Harari. En el fondo, en el corazón del transhumanismo, está el odio al hombre", advierte.
Pero ¿para qué redefinir al hombre? "Acá entra el componente político -explica Lukács-. Porque quienes controlen estas tecnologías -la inteligencia artificial, la biotecnología, quienes patenten los genes- serán como dioses. Lo que estamos viendo es una asombrosa concentración de poder en unas pocas personas que tendrán la potestad de dar y quitar la vida".
No son pocos los que advierten que la autonomía sin límites que propone el transhumanismo terminará destruyendo la propia libertad y llevando a consecuencias dramáticas. "El resultado es la inutilización del ser humano. El hombre terminará convirtiéndose en un esclavo de la tecnología y no al revés", dice Lukács en otra entrevista.
"Tendrá fuerza sobrehumana, visión de rayos X, todo eso que entra en el terreno de la fantasía", dice. "Pero si se materializara el transhumanismo, y el hombre tuviera por ojos dos cámaras super potentes para ver lejos, para ver de noche, y por brazos dos extremidades robóticas que puedan cargar 55 toneladas, lo que va a ocurrir es que va a depender de sus proveedores. Esto es así de lógico. No va a ser libre de nada. Si se le estropea algo de esto, y no pagó su mensualidad, tendrá que estar parado".
HACKER
"Del mismo modo -añade- alguien podría fantasear: qué bueno que estamos compartiendo todos nuestros pensamientos en esta nube. Pero llegará un neuro hacker y lo pondrá vegetal".
"En el campo de la biotecnología ya se ha logrado que ratones recién gestados sobrevivan en «biobolsas», fuera del útero de la madre, hasta once semanas. La técnica ya está. Es cuestión de tiempo hasta que se masifique. ¿Por qué debería preocuparnos? Porque es la idea de que la madre ya no será necesaria. Tampoco van a ser necesarias las relaciones sexuales porque a través de células madre ya se han hecho en laboratorio espermatozoides. Los hombres probablemente ya no serán necesarios para la reproducción", continúa.
"La gente no tiene idea de lo que está pasando a nivel del desarrollo tecnológico. Siguen creyendo que es ciencia ficción. Pero varias de estas técnicas ya se aplican en la vida real", añade.
"Pensemos en la biogenética", propone. "Podemos curar enfermedades graves. Si extraemos el gen que produce esa enfermedad y fabricamos otro gen en laboratorio. Ahora, cuidado. Así como puede haber aplicaciones terapéuticas, también los genes pueden utilizarse para mezclarnos con otras especies. ¿Quién estaría ya de acuerdo con esas cosas?".
"Puede haber clínicas de bebés por catálogo y puede parecer maravilloso. Pero esto puede apuntar a la eugenesia", alerta.
"Los transhumanistas hablan de eugenesia positiva para diferenciarla de los nazis. Dicen que ellos en cambio sólo promoverán, preservarán, los genes buenos. Pero Lukács advierte que "estas tecnologías pueden generar tiranías y discriminaciones peligrosas". "¿Qué va a pasar con quienes no tengan dinero para acceder a estas tecnologías? ¿Podrán competir con los que sí pudieron?", pregunta.
La misma duda ha expresado Fabrice Hadjadj. El filósofo reconoce que entre quienes más hablan del transhumanismo están los políticos, como en su momento Bill Clinton. Esto es, en su opinión, porque "el hombre aumentado es siempre el sueño de un hombre disminuido. Son siempre los hombres frustrados, o como decía Nietzsche, resentidos o ingratos ante el don de la existencia y de la vida".
OBSOLESCENCIA
Pero Hadjadj advierte que "cuando hablamos de inteligencia artificial o de aumentar la inteligencia, lo que hay que saber es que ellos quieren aumentar lo que han comprendido que es la inteligencia". Y entrevé un peligro no muchas veces señalado: el hecho casi seguro de que "la producción de ese hombre, ya fusionado con la técnica, tendrá la misma obsolescencia que los objetos tecnológicos. Tendremos un transhumano de la época del iPhone 8 pero después saldrá una nueva tecnología y ese transhumano tendrá menor valor".
Junto a esa advertencia, ilumina otra cuestión, no menor. Que este movimiento cultural nos llega, no solamente por la tecnociencia, sino también "a causa de una antropología dualista que ha sido sostenida desde hace mucho tiempo por hombres de la Iglesia".
"A partir de un cierto momento -explica Hadjadj- empezó a definirse al hombre por su especificidad, por su inteligencia, por su conciencia. El «cuerpo» humano, la animalidad del hombre, ya no formaba parte de su humanidad: ni el rostro, ni el reconocimiento facial, ni la mano. De pronto, todo eso pasó a ser considerado secundario porque el hombre era la razón, su inteligencia. ¿Y qué es lo que dicen los transhumanistas? Pero, claro, es la razón".
"Hay una suerte de revolución antropológica que se dio incluso entre los cristianos", dice. "No hay que olvidar entonces que los espiritualistas son también responsables de esta visión del hombre definido a partir de la razón, no solamente los materialistas darwinianos. Atención, porque el mal ha partido de entre nosotros. Como el Anticristo, según San Juan. No hay que olvidar que un espiritualismo ha sido también responsable del pasaje al transhumanismo".
EL ADOCTRINAMIENTO DEL CINE Y LA AGENDA DEL PROGRESISMO.
El profesor Miklós Lukács admite que el transhumanismo debe situarse como una continuación de obras distópicas como 1984, de George Orwell, y especialmente Un mundo feliz, de Aldous Huxley. Pero agrega que también puede referenciarse en otras obras como La isla del doctor Moreau, de H.G. Wells, sobre ese doctor que naufraga y cae en una isla donde viven criaturas mutantes que haría alusión a las especies genéticamente modificadas, a las quimeras, mezcla de genes humanos y de otras especies.
No sólo la literatura, sino especialmente la industria cinematográfica, son en su opinión aparatos de adoctrinamiento y de infiltración de esta ideología, tal como expuso hace un tiempo en una entrevista con el profesor José María Aguerre.
"Cuando uno ve las películas de Hollywood, sobre todo las dirigidas a jóvenes y niños, el mensaje es muy claro: X Men, Iron Man, Hulk, Thor, El hombre pelícano, los ciborgs, la propia Guerra de las galaxias. Todo se presenta de una manera muy natural. Son literalmente procesos de adoctrinamiento de las generaciones más jóvenes", apunta.
Lukács advierte que hoy el transhumanismo tiene una dimensión política, porque habría que hablar del progresismo y toda su agenda, que es múltiple.
"El principal paraguas de esa agenda es el medio ambientalismo", explica Lukács. "A partir de eso, de la defensa de la tierra, surge que quien está causando daño a la tierra es «la plaga humana», en palabras del eminente zoólogo británico David Attenborough, que es quien presenta esos documentales famosos en la BBC ¿Y qué se hace con las plagas? Se las desaparece".
Todo esto Lukács lo trae a colación por el simple hecho de que "en esa agenda se encuentra desde el aborto y los reclamos LGTB o de género hasta el feminismo, todo lo cual apunta a limitar la población y, más importante, a reconfigurar al hombre".
"La agenda progresista suele conducir a debates estériles y sin sentido entre derecha e izquierda por los modelos de capitalismo y comunismo, cuando el objetivo de todas esas causas es redefinir y reconfigurar al ser humano", advierte.
"El tema del mercado o del Estado son simplemente instrumentos para llegar a lo mismo. En un sistema se imponen las cosas por la fuerza y en el otro se disuelve y fragmenta a la sociedad, aislando al individuo y convenciéndolo de que él es el principio y el fin del universo", dice. "Ambos sistemas trabajan en conjunto: uno concentra y otro disuelve", agrega con notable lucidez.
(De www.laprensa.com.ar)
EL ANHELO DE MEJORAR AL HOMBRE A TRAVES DE LA TECNOLOGIA PODRIA ESCLAVIZARLO
La idea de que la especie humana debe tomar el control de su propia evolución se aprovecha de la pandemia. La tentación de desterrar el sufrimiento, la enfermedad o la muerte, y los riesgos que se presentan. ¿Habrá un hombre disminuido en una humanidad aumentada?
No deja de ser llamativo cómo la arrogante confianza del hombre en sí mismo se hizo añicos en un abrir y cerrar de ojos con la actual pandemia, llevándolo al extremo opuesto: al exagerado temor por su fragilidad y su posible muerte, bien que por una única causa. Esa vulnerabilidad selectiva, enternecedora, puede resultar el tipo de crisis que dé impulso a quienes adelantan desde hace tiempo un proyecto que parece salido de la ciencia ficción, el llamado transhumanismo, la idea de que la especie humana debe tomar el control de su propia evolución.
El transhumanismo quiere seducir al hombre moderno, angustiado, con la promesa de poner fin a sus limitaciones físicas, tales como el sufrimiento, la enfermedad o la muerte, mediante la fusión de su sistema biológico con otros sistemas tecnológicos y digitales. Entre estos últimos están la informática, la robótica (prótesis), la biotecnología (una técnica para editar genes), la nanotecnología (se afirma que unos nano robots podrían vivir en el interior de nuestras células y reparar constantemente los daños, deteniendo el envejecimiento), la inteligencia artificial y la neurociencia.
Algunas de estas aplicaciones entran todavía en el campo especulativo, pero sus promotores creen que podremos dominarlas antes de lo que la mayoría de la gente piensa, señaló el año pasado Adam Kirsch en el Wall Street Journal.
PODEROSOS
"El movimiento transhumanista cuenta con el apoyo de personas con recursos financieros como para hacer esto realidad", afirmó Kirsch en su artículo titulado Looking Forward to the End of Humanity. "Jeff Bezos, Peter Thiel y Elon Musk están entre los magnates de Silicon Valley que han invertido en la investigación de la extensión de la vida. En 2013, Google entró en este campo lanzando la empresa de biotecnología Calico, abreviatura de California Life Company", señaló.
Todas las tecnologías de las que esperan servirse para este proyecto, llamadas convergentes, señala el filósofo y escritor católico francés Fabrice Hadjadj, buscan fabricar un "súper hombre": mediante la selección genética, los implantes cerebrales o la cibernética y sus derivados, los híbridos entre hombre y robot". A futuro, dice el filósofo, piensan en la posibilidad de encontrar un soporte no biológico también para la conciencia, la inteligencia o la memoria, por ejemplo, conectándola a un disco duro.
"En última instancia la esperanza es que no sólo utilicemos computadoras, sino que nos convirtamos en ellas", corrobora el autor del artículo en el Journal. "El Human Connectome Proyect, puesto en marcha en 2009 por los Institutos Nacionales de Salud, se describe a sí mismo como «un ambicioso esfuerzo por cartografiar las vías neuronales que subyacen a la función del cerebro humano». Si esas vías se pudieran mapear por completo y traducir en ceros y unos digitales, los datos podrían cargarse en una computadora, donde podrían sobrevivir indefinidamente", añade.
MUNDO VIRTUAL
"Esto puede parecer ciencia ficción -continúa Kirsch-, pero también es la conclusión natural de los avances tecnológicos de los últimos 20 años. Internet ya ha hecho innecesario en gran medida visitar físicamente lugares como bancos, oficinas de correos y cines, y el encierro ha dado un gran impulso a esta tendencia. Mientras nuestros mundos físicos se encogen en un esfuerzo por evitar el contagio con Covid-19, nuestros mundos virtuales se expanden para compensarlo. En un futuro próximo, muchos de nosotros asistiremos a escuelas virtuales, rendiremos culto en iglesias virtuales y nos reuniremos en fiestas virtuales".
Tal vez ese escenario ya no sea tan propio del futuro. Sea como fuere, el sueño de una humanidad aumentada merced a todas estas tecnologías genera hoy más debates en Europa que en nuestro país, donde el fenómeno ha sido poco considerado. Pero el movimiento cultural que lo impulsa puede ser muchas cosas menos nuevo.
El término transhumanismo aparece después de la Segunda Guerra Mundial y fue retomado en su sentido moderno en 1957 por Julian Huxley, hermano de Aldous, el famoso autor de Un mundo feliz. Julian, que fue el primer director de la Unesco, era un genetista y -un dato que conviene retener- un partidario de la eugenesia, tal como recordó Hadjadj, quien señaló que desde entonces "no han cambiado de idea, incluso, si antes había existido el nazismo".
En el término transhumanismo se mantiene una idea de un progreso que, de alguna manera, no tiene límite, apuntó Hadjadj en un debate que sostuvo en 2014 con el escritor Jean-Marie Le Mené titulado ¿Hacia una humanidad aumentada?.
El concepto tiene una innegable filiación con el evolucionismo o el neodarwinismo, señaló en ese debate Le Mené, magistrado, director de la Fundación Lejeune y miembro de la Academia Pontificia para la Vida. "Después del Iluminismo -dice Le Mené- se impuso la noción de que la humanidad no fue donada, no fue creada por Dios, sino que es una materia que evoluciona sin cesar hacia algo mejor, entre otras cosas, por la selección natural. En este sentido, los transhumanistas pretenden favorecer esa selección de forma artificial".
OTRA NATURALEZA
El objetivo que declaran los proponentes del transhumanismo es "mejorar" a la criatura humana para que alcance su máximo potencial; que hasta el genoma humano o su cerebro, participen de la evolución que experimentan otras técnicas.
Alguien podría alegar: la técnica ha ayudado al hombre. Basta pensar en los anteojos, las prótesis auditivas, los marcapasos, un simple bastón y hasta una pierna biónica. "Pero eso, evidentemente, no es transhumanismo. La voluntad del transhumanismo es cambiar la naturaleza humana y pasar a otra naturaleza", explica Le Mené.
Esta corriente ideológica, promovida abiertamente por las plataformas tecnológicas, y posicionada en el imaginario colectivo gracias a una intensa campaña de marketing, puede haber experimentado un impulso adicional durante la pandemia.
No son pocos los que recuerdan que el año pasado los miembros del Foro Económico Mundial reunidos en Davos señalaron que la pandemia había puesto de manifiesto las debilidades del sistema y que, por lo tanto, ésta ofrecía una oportunidad para un Gran Reinicio del mundo. Un "apagón" que incluye un apoyo implícito al transhumanismo.
Miklós Lukács es uno de los que ha denunciado esto. Lukács, que es profesor en las Universidades de Essex y Manchester, en Reino Unido, y cuyo campo de investigación abarca la filosofía de la tecnología, las tecnologías convergentes y la filosofía política, recuerda que cuando el Foro Económico Mundial habla de aprovechar las innovaciones de la Cuarta Revolución Industrial se está refiriendo al transhumanismo.
De hecho, el director ejecutivo del Foro, Klaus Schwab, viene anticipando desde 2015 que la Cuarta Revolución Industrial llevará a una fusión de los sistemas biológicos, tecnológicos y digitales.
Para Lukács, esto demuestra que el transhumanismo ya pasó a formar parte de una agenda de política pública global, que se presenta como un imperativo para todos los gobiernos. "Desde organismos supranacionales se está trabajando de manera activa para encaminarnos a todos hacia aquella fusión", afirma.
Es fácil darse cuenta, como ya otros lo han hecho notar, que en efecto las respuestas que se han dado a la pandemia se basan en las tecnologías de la Cuarta Revolución Industrial, como la secuenciación genética y la biotecnología de las vacunas (plataformas de ARNm y vectores). Por no hablar del software de rastreo de contactos (vigilancia masiva), los implantes de chips que proveen datos biométricos o los algoritmos usados para nuestra información sanitaria.
OBJETIVOS
Hay avances tecnológicos cuyas aplicaciones ya no pertenecen al mundo de la ciencia ficción, sino a la realidad. "El problema -apunta Lukács en una muy buena entrevista que le hizo José María Aguerre y que está disponible en YouTube- es que las personas las ignoran y creen que es una simple especulación teórica".
Según Lukács, tres son los objetivos principales de esta corriente de pensamiento. El primero es la longevidad aumentada, el sueño de la vida eterna. El segundo es la inteligencia aumentada, porque los transhumanistas creen que nuestro intelecto es tan limitado que el poshumano nos considerará menos que mascotas. Y el tercero es el bienestar aumentado.
"Ese bienestar, que es presentado casi como un imperativo -dice Lukács- se logrará en parte gracias a la biotecnología, que permitirá editar nuestros genes para modelar nuestro comportamiento. Porque para el transhumanista no solo el aspecto físico se puede moldear sino también nuestro comportamiento, nuestras inclinaciones morales. Es decir, deshacernos de los genes que nos hacen violentos, agresivos, celosos, poco fraternos, y volvernos criaturas virtuosas".
"Si uno combina estas tres líneas de pensamiento -longevidad, inteligencia y bienestar aumentadas- y se detiene a pensar, el resultado es un hombre que quiere convertirse en dios", añade. "La ambición es dejar atrás el "Homo sapiens" para ser un "Homo deus", como se titula un libro de Yuval Noah Harari. En el fondo, en el corazón del transhumanismo, está el odio al hombre", advierte.
Pero ¿para qué redefinir al hombre? "Acá entra el componente político -explica Lukács-. Porque quienes controlen estas tecnologías -la inteligencia artificial, la biotecnología, quienes patenten los genes- serán como dioses. Lo que estamos viendo es una asombrosa concentración de poder en unas pocas personas que tendrán la potestad de dar y quitar la vida".
No son pocos los que advierten que la autonomía sin límites que propone el transhumanismo terminará destruyendo la propia libertad y llevando a consecuencias dramáticas. "El resultado es la inutilización del ser humano. El hombre terminará convirtiéndose en un esclavo de la tecnología y no al revés", dice Lukács en otra entrevista.
"Tendrá fuerza sobrehumana, visión de rayos X, todo eso que entra en el terreno de la fantasía", dice. "Pero si se materializara el transhumanismo, y el hombre tuviera por ojos dos cámaras super potentes para ver lejos, para ver de noche, y por brazos dos extremidades robóticas que puedan cargar 55 toneladas, lo que va a ocurrir es que va a depender de sus proveedores. Esto es así de lógico. No va a ser libre de nada. Si se le estropea algo de esto, y no pagó su mensualidad, tendrá que estar parado".
HACKER
"Del mismo modo -añade- alguien podría fantasear: qué bueno que estamos compartiendo todos nuestros pensamientos en esta nube. Pero llegará un neuro hacker y lo pondrá vegetal".
"En el campo de la biotecnología ya se ha logrado que ratones recién gestados sobrevivan en «biobolsas», fuera del útero de la madre, hasta once semanas. La técnica ya está. Es cuestión de tiempo hasta que se masifique. ¿Por qué debería preocuparnos? Porque es la idea de que la madre ya no será necesaria. Tampoco van a ser necesarias las relaciones sexuales porque a través de células madre ya se han hecho en laboratorio espermatozoides. Los hombres probablemente ya no serán necesarios para la reproducción", continúa.
"La gente no tiene idea de lo que está pasando a nivel del desarrollo tecnológico. Siguen creyendo que es ciencia ficción. Pero varias de estas técnicas ya se aplican en la vida real", añade.
"Pensemos en la biogenética", propone. "Podemos curar enfermedades graves. Si extraemos el gen que produce esa enfermedad y fabricamos otro gen en laboratorio. Ahora, cuidado. Así como puede haber aplicaciones terapéuticas, también los genes pueden utilizarse para mezclarnos con otras especies. ¿Quién estaría ya de acuerdo con esas cosas?".
"Puede haber clínicas de bebés por catálogo y puede parecer maravilloso. Pero esto puede apuntar a la eugenesia", alerta.
"Los transhumanistas hablan de eugenesia positiva para diferenciarla de los nazis. Dicen que ellos en cambio sólo promoverán, preservarán, los genes buenos. Pero Lukács advierte que "estas tecnologías pueden generar tiranías y discriminaciones peligrosas". "¿Qué va a pasar con quienes no tengan dinero para acceder a estas tecnologías? ¿Podrán competir con los que sí pudieron?", pregunta.
La misma duda ha expresado Fabrice Hadjadj. El filósofo reconoce que entre quienes más hablan del transhumanismo están los políticos, como en su momento Bill Clinton. Esto es, en su opinión, porque "el hombre aumentado es siempre el sueño de un hombre disminuido. Son siempre los hombres frustrados, o como decía Nietzsche, resentidos o ingratos ante el don de la existencia y de la vida".
OBSOLESCENCIA
Pero Hadjadj advierte que "cuando hablamos de inteligencia artificial o de aumentar la inteligencia, lo que hay que saber es que ellos quieren aumentar lo que han comprendido que es la inteligencia". Y entrevé un peligro no muchas veces señalado: el hecho casi seguro de que "la producción de ese hombre, ya fusionado con la técnica, tendrá la misma obsolescencia que los objetos tecnológicos. Tendremos un transhumano de la época del iPhone 8 pero después saldrá una nueva tecnología y ese transhumano tendrá menor valor".
Junto a esa advertencia, ilumina otra cuestión, no menor. Que este movimiento cultural nos llega, no solamente por la tecnociencia, sino también "a causa de una antropología dualista que ha sido sostenida desde hace mucho tiempo por hombres de la Iglesia".
"A partir de un cierto momento -explica Hadjadj- empezó a definirse al hombre por su especificidad, por su inteligencia, por su conciencia. El «cuerpo» humano, la animalidad del hombre, ya no formaba parte de su humanidad: ni el rostro, ni el reconocimiento facial, ni la mano. De pronto, todo eso pasó a ser considerado secundario porque el hombre era la razón, su inteligencia. ¿Y qué es lo que dicen los transhumanistas? Pero, claro, es la razón".
"Hay una suerte de revolución antropológica que se dio incluso entre los cristianos", dice. "No hay que olvidar entonces que los espiritualistas son también responsables de esta visión del hombre definido a partir de la razón, no solamente los materialistas darwinianos. Atención, porque el mal ha partido de entre nosotros. Como el Anticristo, según San Juan. No hay que olvidar que un espiritualismo ha sido también responsable del pasaje al transhumanismo".
EL ADOCTRINAMIENTO DEL CINE Y LA AGENDA DEL PROGRESISMO.
El profesor Miklós Lukács admite que el transhumanismo debe situarse como una continuación de obras distópicas como 1984, de George Orwell, y especialmente Un mundo feliz, de Aldous Huxley. Pero agrega que también puede referenciarse en otras obras como La isla del doctor Moreau, de H.G. Wells, sobre ese doctor que naufraga y cae en una isla donde viven criaturas mutantes que haría alusión a las especies genéticamente modificadas, a las quimeras, mezcla de genes humanos y de otras especies.
No sólo la literatura, sino especialmente la industria cinematográfica, son en su opinión aparatos de adoctrinamiento y de infiltración de esta ideología, tal como expuso hace un tiempo en una entrevista con el profesor José María Aguerre.
"Cuando uno ve las películas de Hollywood, sobre todo las dirigidas a jóvenes y niños, el mensaje es muy claro: X Men, Iron Man, Hulk, Thor, El hombre pelícano, los ciborgs, la propia Guerra de las galaxias. Todo se presenta de una manera muy natural. Son literalmente procesos de adoctrinamiento de las generaciones más jóvenes", apunta.
Lukács advierte que hoy el transhumanismo tiene una dimensión política, porque habría que hablar del progresismo y toda su agenda, que es múltiple.
"El principal paraguas de esa agenda es el medio ambientalismo", explica Lukács. "A partir de eso, de la defensa de la tierra, surge que quien está causando daño a la tierra es «la plaga humana», en palabras del eminente zoólogo británico David Attenborough, que es quien presenta esos documentales famosos en la BBC ¿Y qué se hace con las plagas? Se las desaparece".
Todo esto Lukács lo trae a colación por el simple hecho de que "en esa agenda se encuentra desde el aborto y los reclamos LGTB o de género hasta el feminismo, todo lo cual apunta a limitar la población y, más importante, a reconfigurar al hombre".
"La agenda progresista suele conducir a debates estériles y sin sentido entre derecha e izquierda por los modelos de capitalismo y comunismo, cuando el objetivo de todas esas causas es redefinir y reconfigurar al ser humano", advierte.
"El tema del mercado o del Estado son simplemente instrumentos para llegar a lo mismo. En un sistema se imponen las cosas por la fuerza y en el otro se disuelve y fragmenta a la sociedad, aislando al individuo y convenciéndolo de que él es el principio y el fin del universo", dice. "Ambos sistemas trabajan en conjunto: uno concentra y otro disuelve", agrega con notable lucidez.
(De www.laprensa.com.ar)
sábado, 1 de junio de 2024
Ideas y creencias
Por no resultar tan evidente, conviene establecer una analogía previa para distinguir entre idea y creencia. Tal analogía la encontramos en el caso de un aprendiz de conductor, que razona en todo momento lo que debe hacer con el automóvil que conduce; luego de cierto tiempo, el automóvil y sus comandos pasan a ser una extensión del cuerpo del conductor y esta vez no tiene necesidad de razonar prácticamente nada de lo que hace. Las ideas que elaboramos, o que nos transmiten, se asemejan un tanto a la acción del aprendiz de conductor, mientras que las creencias las asociamos al manejo experto de quien no necesita razonar las acciones del manejo.
Puede decirse que las ideas generan creencias y, por lo tanto, las creencias erróneas (no compatibles con la realidad) podrán ser corregidas mediante ideas compatibles con esa realidad. Sin embargo, las creencias constituyen la base de la inercia mental, como un atributo que tiende a oponerse a todo cambio posible; de ahí las dificultades para promover cambios favorables en la sociedad y en cada uno de sus integrantes.
Nuestras ideas y creencias conforman nuestra personalidad. Y como, por lo general, las ideas y las creencias han sido elaboradas o asimiladas con bastante esfuerzo personal, cuesta bastante renunciar a ellas, aunque muchas veces debemos admitir que son erróneas. La inercia mental mencionada está vinculada con este aspecto. Humberto Maturana R. escribió: “Nunca nos enojamos cuando el desacuerdo es sólo lógico, es decir, cuando el desacuerdo surge de un error al aplicar las coherencias operacionales derivadas de premisas fundamentales aceptadas por todas las personas en desacuerdo. Pero hay otras discusiones en las cuales nos enojamos (es el caso de todas las discusiones ideológicas); esto ocurre cuando la diferencia está en las premisas fundamentales que cada uno tiene. Esos desacuerdos siempre traen consigo un remezón emocional, porque los participantes en el desacuerdo viven su desacuerdo como amenazas existenciales recíprocas. Desacuerdos en las premisas fundamentales son situaciones que amenazan la vida ya que el otro le niega a uno los fundamentos de su pensar y la coherencia racional de su existencia” (De “Emociones y lenguaje en educación y política”-Ediciones Pedagógicas Chilenas SA-Santiago 1994).
José Ortega y Gasset advirtió la diferencia entre ideas y creencias, por lo que conviene consultar sus escritos al respecto: "No hay vida humana que no esté desde luego constituida por ciertas creencias básicas y, por decirlo así, montada sobre ellas. Vivir es tener que habérselas con algo: con el mundo y consigo mismo. Mas ese mundo y ese «sí mismo» con que el hombre se encuentra le aparecen ya bajo la especie de una interpretación, de «idea» sobre el mundo y sobre sí mismo".
"Aquí topamos con otro estrato de ideas que un hombre tiene. Pero ¡cuán diferente de todas aquellas que se le ocurren o que adopta! Estas «ideas» básicas que llamo «creencias» no surgen en tal día y hora dentro de nuestra vida, no arribamos a ellas por un acto particular de pensar, no son, en suma, pensamientos que tenemos, no son ocurrencias ni siquiera de aquella especie más elevada por su perfección lógica y que denominamos razonamientos. Todo lo contrario: esas ideas que son, de verdad, «creencias» constituyen el continente de nuestra vida y, por ello, no tienen el carácter de contenidos particulares dentro de ésta".
"Cabe decir que no son ideas que tenemos, sino ideas que somos. Más aún: precisamente porque son creencias radicalísimas, se confunden para nosotros con la realidad misma -son nuestro mundo y nuestro ser-, pierden, por lo tanto, el carácter de ideas, de pensamientos nuestros que podían muy bien no habérsenos ocurrido".
"Cuando se ha caído en la cuenta de la diferencia existente entre esos dos estratos de ideas, aparece, sin más, claro el diferente papel que juegan en nuestra vida. Y, por lo pronto, la enorme diferencia de rango funcional. De las ideas-ocurrencias -y conste que incluyo en ellas las verdades más rigurosas de la ciencia- podemos decir que las producimos, las sostenemos, las discutimos, las propagamos, combatimos en su pro y hasta somos capaces de morir por ellas".
"Lo que no podemos es... vivir de ellas. Son obra nuestra y, por lo mismo, suponen ya nuestra vida, la cual se asienta en ideas-creencias que no producimos nosotros, que, en general, ni siquiera nos formulamos y que, claro está, no discutimos ni propagamos ni sostenemos. Con las creencias propiamente no hacemos nada, sino simplemente estamos en ellas. Precisamente lo que no nos pasa jamás -si hablamos cuidadosamente- con nuestras ocurrencias".
"El lenguaje vulgar ha inventado certeramente la expresión «estar en la creencia». En efecto, en la creencia se está, y la ocurrencia se tiene y se sostiene. Pero la creencia es quien nos tiene y sostiene a nosotros" (De "Ideas y creencias"-Espasa-Calpe SA-Madrid 1968).
Puede decirse que las ideas generan creencias y, por lo tanto, las creencias erróneas (no compatibles con la realidad) podrán ser corregidas mediante ideas compatibles con esa realidad. Sin embargo, las creencias constituyen la base de la inercia mental, como un atributo que tiende a oponerse a todo cambio posible; de ahí las dificultades para promover cambios favorables en la sociedad y en cada uno de sus integrantes.
Nuestras ideas y creencias conforman nuestra personalidad. Y como, por lo general, las ideas y las creencias han sido elaboradas o asimiladas con bastante esfuerzo personal, cuesta bastante renunciar a ellas, aunque muchas veces debemos admitir que son erróneas. La inercia mental mencionada está vinculada con este aspecto. Humberto Maturana R. escribió: “Nunca nos enojamos cuando el desacuerdo es sólo lógico, es decir, cuando el desacuerdo surge de un error al aplicar las coherencias operacionales derivadas de premisas fundamentales aceptadas por todas las personas en desacuerdo. Pero hay otras discusiones en las cuales nos enojamos (es el caso de todas las discusiones ideológicas); esto ocurre cuando la diferencia está en las premisas fundamentales que cada uno tiene. Esos desacuerdos siempre traen consigo un remezón emocional, porque los participantes en el desacuerdo viven su desacuerdo como amenazas existenciales recíprocas. Desacuerdos en las premisas fundamentales son situaciones que amenazan la vida ya que el otro le niega a uno los fundamentos de su pensar y la coherencia racional de su existencia” (De “Emociones y lenguaje en educación y política”-Ediciones Pedagógicas Chilenas SA-Santiago 1994).
José Ortega y Gasset advirtió la diferencia entre ideas y creencias, por lo que conviene consultar sus escritos al respecto: "No hay vida humana que no esté desde luego constituida por ciertas creencias básicas y, por decirlo así, montada sobre ellas. Vivir es tener que habérselas con algo: con el mundo y consigo mismo. Mas ese mundo y ese «sí mismo» con que el hombre se encuentra le aparecen ya bajo la especie de una interpretación, de «idea» sobre el mundo y sobre sí mismo".
"Aquí topamos con otro estrato de ideas que un hombre tiene. Pero ¡cuán diferente de todas aquellas que se le ocurren o que adopta! Estas «ideas» básicas que llamo «creencias» no surgen en tal día y hora dentro de nuestra vida, no arribamos a ellas por un acto particular de pensar, no son, en suma, pensamientos que tenemos, no son ocurrencias ni siquiera de aquella especie más elevada por su perfección lógica y que denominamos razonamientos. Todo lo contrario: esas ideas que son, de verdad, «creencias» constituyen el continente de nuestra vida y, por ello, no tienen el carácter de contenidos particulares dentro de ésta".
"Cabe decir que no son ideas que tenemos, sino ideas que somos. Más aún: precisamente porque son creencias radicalísimas, se confunden para nosotros con la realidad misma -son nuestro mundo y nuestro ser-, pierden, por lo tanto, el carácter de ideas, de pensamientos nuestros que podían muy bien no habérsenos ocurrido".
"Cuando se ha caído en la cuenta de la diferencia existente entre esos dos estratos de ideas, aparece, sin más, claro el diferente papel que juegan en nuestra vida. Y, por lo pronto, la enorme diferencia de rango funcional. De las ideas-ocurrencias -y conste que incluyo en ellas las verdades más rigurosas de la ciencia- podemos decir que las producimos, las sostenemos, las discutimos, las propagamos, combatimos en su pro y hasta somos capaces de morir por ellas".
"Lo que no podemos es... vivir de ellas. Son obra nuestra y, por lo mismo, suponen ya nuestra vida, la cual se asienta en ideas-creencias que no producimos nosotros, que, en general, ni siquiera nos formulamos y que, claro está, no discutimos ni propagamos ni sostenemos. Con las creencias propiamente no hacemos nada, sino simplemente estamos en ellas. Precisamente lo que no nos pasa jamás -si hablamos cuidadosamente- con nuestras ocurrencias".
"El lenguaje vulgar ha inventado certeramente la expresión «estar en la creencia». En efecto, en la creencia se está, y la ocurrencia se tiene y se sostiene. Pero la creencia es quien nos tiene y sostiene a nosotros" (De "Ideas y creencias"-Espasa-Calpe SA-Madrid 1968).
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