Un excesivo crecimiento de la población mundial provocaría serios problemas de alimentación, contaminación ambiental y otros inconvenientes derivados de ellos. El primero en advertir este peligro fue Thomas R. Malthus, quien propuso una ley para describir el aumento de una población, teniendo una forma matemática como la siguiente:
dP/dt = r P
Esta igualdad matemática indica que la velocidad de crecimiento de una población (derivada de la población P respecto del tiempo t) es proporcional a la población P existente, a través de una constante r que depende de la población considerada. Es fácil advertir que, a mayor población, mayor ha de ser la cantidad de nacimientos. Esta ley, que se cumple para una población que crece en forma exponencial, sólo tiene validez para pequeñas poblaciones, no sometidas a limitaciones como la falta de alimentos o la falta de vivienda.
Si la población mundial creciera según esa ley, tarde o temprano superaría la cantidad de alimentos disponibles y sobrevendría una catástrofe, pero las poblaciones reales tienden a limitarse, justamente debido a la limitación en la cantidad de alimentos y de viviendas, principalmente. Recientes investigaciones demográficas sostienen que dentro de poco se establecerá la última duplicación de la población mundial, quedando para un tiempo muy largo (quizás nunca más) una posterior duplicación.
Llama la atención que, desde organismos internacionales y desde grandes poderes económicos, se está promoviendo una limitación poblacional a partir de fomentar el aborto, la homosexualidad y otras prácticas que llevan a esa finalidad. Pareciera que no han consultado con los expertos en demografía o bien no le tienen confianza a sus conclusiones. O quizás las conclusiones no son coincidentes entre los especialistas.
Otras alarmas surgieron con el informe del Club de Roma, en los años 60, respecto del futuro de la humanidad. En realidad no se tiene en cuenta que se trató de una simulación por computadora mediante la cual se observaba la influencia de cinco variables interactuantes simultáneamente, lo que no implicaba que el comportamiento de la población mundial necesariamente habría de transitar por algunas de esas situaciones derivadas de las distintas simulaciones.
Todo indica que existe una especie de ley poblacional general que, en forma casi espontánea, la población mundial se acomoda a las condiciones de supervivencia existentes evitando la posibilidad de catástrofes mundiales, como se supone que podrían existir. Lo que depende de las acciones humanas es el nivel de felicidad o el nivel de sufrimiento existente, lo que requiere de cambios de tipo ético a nivel individual.
lunes, 3 de junio de 2024
domingo, 2 de junio de 2024
Transhumanismo: ¿sueño o pesadilla?
Por Agustín De Beitia
EL ANHELO DE MEJORAR AL HOMBRE A TRAVES DE LA TECNOLOGIA PODRIA ESCLAVIZARLO
La idea de que la especie humana debe tomar el control de su propia evolución se aprovecha de la pandemia. La tentación de desterrar el sufrimiento, la enfermedad o la muerte, y los riesgos que se presentan. ¿Habrá un hombre disminuido en una humanidad aumentada?
No deja de ser llamativo cómo la arrogante confianza del hombre en sí mismo se hizo añicos en un abrir y cerrar de ojos con la actual pandemia, llevándolo al extremo opuesto: al exagerado temor por su fragilidad y su posible muerte, bien que por una única causa. Esa vulnerabilidad selectiva, enternecedora, puede resultar el tipo de crisis que dé impulso a quienes adelantan desde hace tiempo un proyecto que parece salido de la ciencia ficción, el llamado transhumanismo, la idea de que la especie humana debe tomar el control de su propia evolución.
El transhumanismo quiere seducir al hombre moderno, angustiado, con la promesa de poner fin a sus limitaciones físicas, tales como el sufrimiento, la enfermedad o la muerte, mediante la fusión de su sistema biológico con otros sistemas tecnológicos y digitales. Entre estos últimos están la informática, la robótica (prótesis), la biotecnología (una técnica para editar genes), la nanotecnología (se afirma que unos nano robots podrían vivir en el interior de nuestras células y reparar constantemente los daños, deteniendo el envejecimiento), la inteligencia artificial y la neurociencia.
Algunas de estas aplicaciones entran todavía en el campo especulativo, pero sus promotores creen que podremos dominarlas antes de lo que la mayoría de la gente piensa, señaló el año pasado Adam Kirsch en el Wall Street Journal.
PODEROSOS
"El movimiento transhumanista cuenta con el apoyo de personas con recursos financieros como para hacer esto realidad", afirmó Kirsch en su artículo titulado Looking Forward to the End of Humanity. "Jeff Bezos, Peter Thiel y Elon Musk están entre los magnates de Silicon Valley que han invertido en la investigación de la extensión de la vida. En 2013, Google entró en este campo lanzando la empresa de biotecnología Calico, abreviatura de California Life Company", señaló.
Todas las tecnologías de las que esperan servirse para este proyecto, llamadas convergentes, señala el filósofo y escritor católico francés Fabrice Hadjadj, buscan fabricar un "súper hombre": mediante la selección genética, los implantes cerebrales o la cibernética y sus derivados, los híbridos entre hombre y robot". A futuro, dice el filósofo, piensan en la posibilidad de encontrar un soporte no biológico también para la conciencia, la inteligencia o la memoria, por ejemplo, conectándola a un disco duro.
"En última instancia la esperanza es que no sólo utilicemos computadoras, sino que nos convirtamos en ellas", corrobora el autor del artículo en el Journal. "El Human Connectome Proyect, puesto en marcha en 2009 por los Institutos Nacionales de Salud, se describe a sí mismo como «un ambicioso esfuerzo por cartografiar las vías neuronales que subyacen a la función del cerebro humano». Si esas vías se pudieran mapear por completo y traducir en ceros y unos digitales, los datos podrían cargarse en una computadora, donde podrían sobrevivir indefinidamente", añade.
MUNDO VIRTUAL
"Esto puede parecer ciencia ficción -continúa Kirsch-, pero también es la conclusión natural de los avances tecnológicos de los últimos 20 años. Internet ya ha hecho innecesario en gran medida visitar físicamente lugares como bancos, oficinas de correos y cines, y el encierro ha dado un gran impulso a esta tendencia. Mientras nuestros mundos físicos se encogen en un esfuerzo por evitar el contagio con Covid-19, nuestros mundos virtuales se expanden para compensarlo. En un futuro próximo, muchos de nosotros asistiremos a escuelas virtuales, rendiremos culto en iglesias virtuales y nos reuniremos en fiestas virtuales".
Tal vez ese escenario ya no sea tan propio del futuro. Sea como fuere, el sueño de una humanidad aumentada merced a todas estas tecnologías genera hoy más debates en Europa que en nuestro país, donde el fenómeno ha sido poco considerado. Pero el movimiento cultural que lo impulsa puede ser muchas cosas menos nuevo.
El término transhumanismo aparece después de la Segunda Guerra Mundial y fue retomado en su sentido moderno en 1957 por Julian Huxley, hermano de Aldous, el famoso autor de Un mundo feliz. Julian, que fue el primer director de la Unesco, era un genetista y -un dato que conviene retener- un partidario de la eugenesia, tal como recordó Hadjadj, quien señaló que desde entonces "no han cambiado de idea, incluso, si antes había existido el nazismo".
En el término transhumanismo se mantiene una idea de un progreso que, de alguna manera, no tiene límite, apuntó Hadjadj en un debate que sostuvo en 2014 con el escritor Jean-Marie Le Mené titulado ¿Hacia una humanidad aumentada?.
El concepto tiene una innegable filiación con el evolucionismo o el neodarwinismo, señaló en ese debate Le Mené, magistrado, director de la Fundación Lejeune y miembro de la Academia Pontificia para la Vida. "Después del Iluminismo -dice Le Mené- se impuso la noción de que la humanidad no fue donada, no fue creada por Dios, sino que es una materia que evoluciona sin cesar hacia algo mejor, entre otras cosas, por la selección natural. En este sentido, los transhumanistas pretenden favorecer esa selección de forma artificial".
OTRA NATURALEZA
El objetivo que declaran los proponentes del transhumanismo es "mejorar" a la criatura humana para que alcance su máximo potencial; que hasta el genoma humano o su cerebro, participen de la evolución que experimentan otras técnicas.
Alguien podría alegar: la técnica ha ayudado al hombre. Basta pensar en los anteojos, las prótesis auditivas, los marcapasos, un simple bastón y hasta una pierna biónica. "Pero eso, evidentemente, no es transhumanismo. La voluntad del transhumanismo es cambiar la naturaleza humana y pasar a otra naturaleza", explica Le Mené.
Esta corriente ideológica, promovida abiertamente por las plataformas tecnológicas, y posicionada en el imaginario colectivo gracias a una intensa campaña de marketing, puede haber experimentado un impulso adicional durante la pandemia.
No son pocos los que recuerdan que el año pasado los miembros del Foro Económico Mundial reunidos en Davos señalaron que la pandemia había puesto de manifiesto las debilidades del sistema y que, por lo tanto, ésta ofrecía una oportunidad para un Gran Reinicio del mundo. Un "apagón" que incluye un apoyo implícito al transhumanismo.
Miklós Lukács es uno de los que ha denunciado esto. Lukács, que es profesor en las Universidades de Essex y Manchester, en Reino Unido, y cuyo campo de investigación abarca la filosofía de la tecnología, las tecnologías convergentes y la filosofía política, recuerda que cuando el Foro Económico Mundial habla de aprovechar las innovaciones de la Cuarta Revolución Industrial se está refiriendo al transhumanismo.
De hecho, el director ejecutivo del Foro, Klaus Schwab, viene anticipando desde 2015 que la Cuarta Revolución Industrial llevará a una fusión de los sistemas biológicos, tecnológicos y digitales.
Para Lukács, esto demuestra que el transhumanismo ya pasó a formar parte de una agenda de política pública global, que se presenta como un imperativo para todos los gobiernos. "Desde organismos supranacionales se está trabajando de manera activa para encaminarnos a todos hacia aquella fusión", afirma.
Es fácil darse cuenta, como ya otros lo han hecho notar, que en efecto las respuestas que se han dado a la pandemia se basan en las tecnologías de la Cuarta Revolución Industrial, como la secuenciación genética y la biotecnología de las vacunas (plataformas de ARNm y vectores). Por no hablar del software de rastreo de contactos (vigilancia masiva), los implantes de chips que proveen datos biométricos o los algoritmos usados para nuestra información sanitaria.
OBJETIVOS
Hay avances tecnológicos cuyas aplicaciones ya no pertenecen al mundo de la ciencia ficción, sino a la realidad. "El problema -apunta Lukács en una muy buena entrevista que le hizo José María Aguerre y que está disponible en YouTube- es que las personas las ignoran y creen que es una simple especulación teórica".
Según Lukács, tres son los objetivos principales de esta corriente de pensamiento. El primero es la longevidad aumentada, el sueño de la vida eterna. El segundo es la inteligencia aumentada, porque los transhumanistas creen que nuestro intelecto es tan limitado que el poshumano nos considerará menos que mascotas. Y el tercero es el bienestar aumentado.
"Ese bienestar, que es presentado casi como un imperativo -dice Lukács- se logrará en parte gracias a la biotecnología, que permitirá editar nuestros genes para modelar nuestro comportamiento. Porque para el transhumanista no solo el aspecto físico se puede moldear sino también nuestro comportamiento, nuestras inclinaciones morales. Es decir, deshacernos de los genes que nos hacen violentos, agresivos, celosos, poco fraternos, y volvernos criaturas virtuosas".
"Si uno combina estas tres líneas de pensamiento -longevidad, inteligencia y bienestar aumentadas- y se detiene a pensar, el resultado es un hombre que quiere convertirse en dios", añade. "La ambición es dejar atrás el "Homo sapiens" para ser un "Homo deus", como se titula un libro de Yuval Noah Harari. En el fondo, en el corazón del transhumanismo, está el odio al hombre", advierte.
Pero ¿para qué redefinir al hombre? "Acá entra el componente político -explica Lukács-. Porque quienes controlen estas tecnologías -la inteligencia artificial, la biotecnología, quienes patenten los genes- serán como dioses. Lo que estamos viendo es una asombrosa concentración de poder en unas pocas personas que tendrán la potestad de dar y quitar la vida".
No son pocos los que advierten que la autonomía sin límites que propone el transhumanismo terminará destruyendo la propia libertad y llevando a consecuencias dramáticas. "El resultado es la inutilización del ser humano. El hombre terminará convirtiéndose en un esclavo de la tecnología y no al revés", dice Lukács en otra entrevista.
"Tendrá fuerza sobrehumana, visión de rayos X, todo eso que entra en el terreno de la fantasía", dice. "Pero si se materializara el transhumanismo, y el hombre tuviera por ojos dos cámaras super potentes para ver lejos, para ver de noche, y por brazos dos extremidades robóticas que puedan cargar 55 toneladas, lo que va a ocurrir es que va a depender de sus proveedores. Esto es así de lógico. No va a ser libre de nada. Si se le estropea algo de esto, y no pagó su mensualidad, tendrá que estar parado".
HACKER
"Del mismo modo -añade- alguien podría fantasear: qué bueno que estamos compartiendo todos nuestros pensamientos en esta nube. Pero llegará un neuro hacker y lo pondrá vegetal".
"En el campo de la biotecnología ya se ha logrado que ratones recién gestados sobrevivan en «biobolsas», fuera del útero de la madre, hasta once semanas. La técnica ya está. Es cuestión de tiempo hasta que se masifique. ¿Por qué debería preocuparnos? Porque es la idea de que la madre ya no será necesaria. Tampoco van a ser necesarias las relaciones sexuales porque a través de células madre ya se han hecho en laboratorio espermatozoides. Los hombres probablemente ya no serán necesarios para la reproducción", continúa.
"La gente no tiene idea de lo que está pasando a nivel del desarrollo tecnológico. Siguen creyendo que es ciencia ficción. Pero varias de estas técnicas ya se aplican en la vida real", añade.
"Pensemos en la biogenética", propone. "Podemos curar enfermedades graves. Si extraemos el gen que produce esa enfermedad y fabricamos otro gen en laboratorio. Ahora, cuidado. Así como puede haber aplicaciones terapéuticas, también los genes pueden utilizarse para mezclarnos con otras especies. ¿Quién estaría ya de acuerdo con esas cosas?".
"Puede haber clínicas de bebés por catálogo y puede parecer maravilloso. Pero esto puede apuntar a la eugenesia", alerta.
"Los transhumanistas hablan de eugenesia positiva para diferenciarla de los nazis. Dicen que ellos en cambio sólo promoverán, preservarán, los genes buenos. Pero Lukács advierte que "estas tecnologías pueden generar tiranías y discriminaciones peligrosas". "¿Qué va a pasar con quienes no tengan dinero para acceder a estas tecnologías? ¿Podrán competir con los que sí pudieron?", pregunta.
La misma duda ha expresado Fabrice Hadjadj. El filósofo reconoce que entre quienes más hablan del transhumanismo están los políticos, como en su momento Bill Clinton. Esto es, en su opinión, porque "el hombre aumentado es siempre el sueño de un hombre disminuido. Son siempre los hombres frustrados, o como decía Nietzsche, resentidos o ingratos ante el don de la existencia y de la vida".
OBSOLESCENCIA
Pero Hadjadj advierte que "cuando hablamos de inteligencia artificial o de aumentar la inteligencia, lo que hay que saber es que ellos quieren aumentar lo que han comprendido que es la inteligencia". Y entrevé un peligro no muchas veces señalado: el hecho casi seguro de que "la producción de ese hombre, ya fusionado con la técnica, tendrá la misma obsolescencia que los objetos tecnológicos. Tendremos un transhumano de la época del iPhone 8 pero después saldrá una nueva tecnología y ese transhumano tendrá menor valor".
Junto a esa advertencia, ilumina otra cuestión, no menor. Que este movimiento cultural nos llega, no solamente por la tecnociencia, sino también "a causa de una antropología dualista que ha sido sostenida desde hace mucho tiempo por hombres de la Iglesia".
"A partir de un cierto momento -explica Hadjadj- empezó a definirse al hombre por su especificidad, por su inteligencia, por su conciencia. El «cuerpo» humano, la animalidad del hombre, ya no formaba parte de su humanidad: ni el rostro, ni el reconocimiento facial, ni la mano. De pronto, todo eso pasó a ser considerado secundario porque el hombre era la razón, su inteligencia. ¿Y qué es lo que dicen los transhumanistas? Pero, claro, es la razón".
"Hay una suerte de revolución antropológica que se dio incluso entre los cristianos", dice. "No hay que olvidar entonces que los espiritualistas son también responsables de esta visión del hombre definido a partir de la razón, no solamente los materialistas darwinianos. Atención, porque el mal ha partido de entre nosotros. Como el Anticristo, según San Juan. No hay que olvidar que un espiritualismo ha sido también responsable del pasaje al transhumanismo".
EL ADOCTRINAMIENTO DEL CINE Y LA AGENDA DEL PROGRESISMO.
El profesor Miklós Lukács admite que el transhumanismo debe situarse como una continuación de obras distópicas como 1984, de George Orwell, y especialmente Un mundo feliz, de Aldous Huxley. Pero agrega que también puede referenciarse en otras obras como La isla del doctor Moreau, de H.G. Wells, sobre ese doctor que naufraga y cae en una isla donde viven criaturas mutantes que haría alusión a las especies genéticamente modificadas, a las quimeras, mezcla de genes humanos y de otras especies.
No sólo la literatura, sino especialmente la industria cinematográfica, son en su opinión aparatos de adoctrinamiento y de infiltración de esta ideología, tal como expuso hace un tiempo en una entrevista con el profesor José María Aguerre.
"Cuando uno ve las películas de Hollywood, sobre todo las dirigidas a jóvenes y niños, el mensaje es muy claro: X Men, Iron Man, Hulk, Thor, El hombre pelícano, los ciborgs, la propia Guerra de las galaxias. Todo se presenta de una manera muy natural. Son literalmente procesos de adoctrinamiento de las generaciones más jóvenes", apunta.
Lukács advierte que hoy el transhumanismo tiene una dimensión política, porque habría que hablar del progresismo y toda su agenda, que es múltiple.
"El principal paraguas de esa agenda es el medio ambientalismo", explica Lukács. "A partir de eso, de la defensa de la tierra, surge que quien está causando daño a la tierra es «la plaga humana», en palabras del eminente zoólogo británico David Attenborough, que es quien presenta esos documentales famosos en la BBC ¿Y qué se hace con las plagas? Se las desaparece".
Todo esto Lukács lo trae a colación por el simple hecho de que "en esa agenda se encuentra desde el aborto y los reclamos LGTB o de género hasta el feminismo, todo lo cual apunta a limitar la población y, más importante, a reconfigurar al hombre".
"La agenda progresista suele conducir a debates estériles y sin sentido entre derecha e izquierda por los modelos de capitalismo y comunismo, cuando el objetivo de todas esas causas es redefinir y reconfigurar al ser humano", advierte.
"El tema del mercado o del Estado son simplemente instrumentos para llegar a lo mismo. En un sistema se imponen las cosas por la fuerza y en el otro se disuelve y fragmenta a la sociedad, aislando al individuo y convenciéndolo de que él es el principio y el fin del universo", dice. "Ambos sistemas trabajan en conjunto: uno concentra y otro disuelve", agrega con notable lucidez.
(De www.laprensa.com.ar)
EL ANHELO DE MEJORAR AL HOMBRE A TRAVES DE LA TECNOLOGIA PODRIA ESCLAVIZARLO
La idea de que la especie humana debe tomar el control de su propia evolución se aprovecha de la pandemia. La tentación de desterrar el sufrimiento, la enfermedad o la muerte, y los riesgos que se presentan. ¿Habrá un hombre disminuido en una humanidad aumentada?
No deja de ser llamativo cómo la arrogante confianza del hombre en sí mismo se hizo añicos en un abrir y cerrar de ojos con la actual pandemia, llevándolo al extremo opuesto: al exagerado temor por su fragilidad y su posible muerte, bien que por una única causa. Esa vulnerabilidad selectiva, enternecedora, puede resultar el tipo de crisis que dé impulso a quienes adelantan desde hace tiempo un proyecto que parece salido de la ciencia ficción, el llamado transhumanismo, la idea de que la especie humana debe tomar el control de su propia evolución.
El transhumanismo quiere seducir al hombre moderno, angustiado, con la promesa de poner fin a sus limitaciones físicas, tales como el sufrimiento, la enfermedad o la muerte, mediante la fusión de su sistema biológico con otros sistemas tecnológicos y digitales. Entre estos últimos están la informática, la robótica (prótesis), la biotecnología (una técnica para editar genes), la nanotecnología (se afirma que unos nano robots podrían vivir en el interior de nuestras células y reparar constantemente los daños, deteniendo el envejecimiento), la inteligencia artificial y la neurociencia.
Algunas de estas aplicaciones entran todavía en el campo especulativo, pero sus promotores creen que podremos dominarlas antes de lo que la mayoría de la gente piensa, señaló el año pasado Adam Kirsch en el Wall Street Journal.
PODEROSOS
"El movimiento transhumanista cuenta con el apoyo de personas con recursos financieros como para hacer esto realidad", afirmó Kirsch en su artículo titulado Looking Forward to the End of Humanity. "Jeff Bezos, Peter Thiel y Elon Musk están entre los magnates de Silicon Valley que han invertido en la investigación de la extensión de la vida. En 2013, Google entró en este campo lanzando la empresa de biotecnología Calico, abreviatura de California Life Company", señaló.
Todas las tecnologías de las que esperan servirse para este proyecto, llamadas convergentes, señala el filósofo y escritor católico francés Fabrice Hadjadj, buscan fabricar un "súper hombre": mediante la selección genética, los implantes cerebrales o la cibernética y sus derivados, los híbridos entre hombre y robot". A futuro, dice el filósofo, piensan en la posibilidad de encontrar un soporte no biológico también para la conciencia, la inteligencia o la memoria, por ejemplo, conectándola a un disco duro.
"En última instancia la esperanza es que no sólo utilicemos computadoras, sino que nos convirtamos en ellas", corrobora el autor del artículo en el Journal. "El Human Connectome Proyect, puesto en marcha en 2009 por los Institutos Nacionales de Salud, se describe a sí mismo como «un ambicioso esfuerzo por cartografiar las vías neuronales que subyacen a la función del cerebro humano». Si esas vías se pudieran mapear por completo y traducir en ceros y unos digitales, los datos podrían cargarse en una computadora, donde podrían sobrevivir indefinidamente", añade.
MUNDO VIRTUAL
"Esto puede parecer ciencia ficción -continúa Kirsch-, pero también es la conclusión natural de los avances tecnológicos de los últimos 20 años. Internet ya ha hecho innecesario en gran medida visitar físicamente lugares como bancos, oficinas de correos y cines, y el encierro ha dado un gran impulso a esta tendencia. Mientras nuestros mundos físicos se encogen en un esfuerzo por evitar el contagio con Covid-19, nuestros mundos virtuales se expanden para compensarlo. En un futuro próximo, muchos de nosotros asistiremos a escuelas virtuales, rendiremos culto en iglesias virtuales y nos reuniremos en fiestas virtuales".
Tal vez ese escenario ya no sea tan propio del futuro. Sea como fuere, el sueño de una humanidad aumentada merced a todas estas tecnologías genera hoy más debates en Europa que en nuestro país, donde el fenómeno ha sido poco considerado. Pero el movimiento cultural que lo impulsa puede ser muchas cosas menos nuevo.
El término transhumanismo aparece después de la Segunda Guerra Mundial y fue retomado en su sentido moderno en 1957 por Julian Huxley, hermano de Aldous, el famoso autor de Un mundo feliz. Julian, que fue el primer director de la Unesco, era un genetista y -un dato que conviene retener- un partidario de la eugenesia, tal como recordó Hadjadj, quien señaló que desde entonces "no han cambiado de idea, incluso, si antes había existido el nazismo".
En el término transhumanismo se mantiene una idea de un progreso que, de alguna manera, no tiene límite, apuntó Hadjadj en un debate que sostuvo en 2014 con el escritor Jean-Marie Le Mené titulado ¿Hacia una humanidad aumentada?.
El concepto tiene una innegable filiación con el evolucionismo o el neodarwinismo, señaló en ese debate Le Mené, magistrado, director de la Fundación Lejeune y miembro de la Academia Pontificia para la Vida. "Después del Iluminismo -dice Le Mené- se impuso la noción de que la humanidad no fue donada, no fue creada por Dios, sino que es una materia que evoluciona sin cesar hacia algo mejor, entre otras cosas, por la selección natural. En este sentido, los transhumanistas pretenden favorecer esa selección de forma artificial".
OTRA NATURALEZA
El objetivo que declaran los proponentes del transhumanismo es "mejorar" a la criatura humana para que alcance su máximo potencial; que hasta el genoma humano o su cerebro, participen de la evolución que experimentan otras técnicas.
Alguien podría alegar: la técnica ha ayudado al hombre. Basta pensar en los anteojos, las prótesis auditivas, los marcapasos, un simple bastón y hasta una pierna biónica. "Pero eso, evidentemente, no es transhumanismo. La voluntad del transhumanismo es cambiar la naturaleza humana y pasar a otra naturaleza", explica Le Mené.
Esta corriente ideológica, promovida abiertamente por las plataformas tecnológicas, y posicionada en el imaginario colectivo gracias a una intensa campaña de marketing, puede haber experimentado un impulso adicional durante la pandemia.
No son pocos los que recuerdan que el año pasado los miembros del Foro Económico Mundial reunidos en Davos señalaron que la pandemia había puesto de manifiesto las debilidades del sistema y que, por lo tanto, ésta ofrecía una oportunidad para un Gran Reinicio del mundo. Un "apagón" que incluye un apoyo implícito al transhumanismo.
Miklós Lukács es uno de los que ha denunciado esto. Lukács, que es profesor en las Universidades de Essex y Manchester, en Reino Unido, y cuyo campo de investigación abarca la filosofía de la tecnología, las tecnologías convergentes y la filosofía política, recuerda que cuando el Foro Económico Mundial habla de aprovechar las innovaciones de la Cuarta Revolución Industrial se está refiriendo al transhumanismo.
De hecho, el director ejecutivo del Foro, Klaus Schwab, viene anticipando desde 2015 que la Cuarta Revolución Industrial llevará a una fusión de los sistemas biológicos, tecnológicos y digitales.
Para Lukács, esto demuestra que el transhumanismo ya pasó a formar parte de una agenda de política pública global, que se presenta como un imperativo para todos los gobiernos. "Desde organismos supranacionales se está trabajando de manera activa para encaminarnos a todos hacia aquella fusión", afirma.
Es fácil darse cuenta, como ya otros lo han hecho notar, que en efecto las respuestas que se han dado a la pandemia se basan en las tecnologías de la Cuarta Revolución Industrial, como la secuenciación genética y la biotecnología de las vacunas (plataformas de ARNm y vectores). Por no hablar del software de rastreo de contactos (vigilancia masiva), los implantes de chips que proveen datos biométricos o los algoritmos usados para nuestra información sanitaria.
OBJETIVOS
Hay avances tecnológicos cuyas aplicaciones ya no pertenecen al mundo de la ciencia ficción, sino a la realidad. "El problema -apunta Lukács en una muy buena entrevista que le hizo José María Aguerre y que está disponible en YouTube- es que las personas las ignoran y creen que es una simple especulación teórica".
Según Lukács, tres son los objetivos principales de esta corriente de pensamiento. El primero es la longevidad aumentada, el sueño de la vida eterna. El segundo es la inteligencia aumentada, porque los transhumanistas creen que nuestro intelecto es tan limitado que el poshumano nos considerará menos que mascotas. Y el tercero es el bienestar aumentado.
"Ese bienestar, que es presentado casi como un imperativo -dice Lukács- se logrará en parte gracias a la biotecnología, que permitirá editar nuestros genes para modelar nuestro comportamiento. Porque para el transhumanista no solo el aspecto físico se puede moldear sino también nuestro comportamiento, nuestras inclinaciones morales. Es decir, deshacernos de los genes que nos hacen violentos, agresivos, celosos, poco fraternos, y volvernos criaturas virtuosas".
"Si uno combina estas tres líneas de pensamiento -longevidad, inteligencia y bienestar aumentadas- y se detiene a pensar, el resultado es un hombre que quiere convertirse en dios", añade. "La ambición es dejar atrás el "Homo sapiens" para ser un "Homo deus", como se titula un libro de Yuval Noah Harari. En el fondo, en el corazón del transhumanismo, está el odio al hombre", advierte.
Pero ¿para qué redefinir al hombre? "Acá entra el componente político -explica Lukács-. Porque quienes controlen estas tecnologías -la inteligencia artificial, la biotecnología, quienes patenten los genes- serán como dioses. Lo que estamos viendo es una asombrosa concentración de poder en unas pocas personas que tendrán la potestad de dar y quitar la vida".
No son pocos los que advierten que la autonomía sin límites que propone el transhumanismo terminará destruyendo la propia libertad y llevando a consecuencias dramáticas. "El resultado es la inutilización del ser humano. El hombre terminará convirtiéndose en un esclavo de la tecnología y no al revés", dice Lukács en otra entrevista.
"Tendrá fuerza sobrehumana, visión de rayos X, todo eso que entra en el terreno de la fantasía", dice. "Pero si se materializara el transhumanismo, y el hombre tuviera por ojos dos cámaras super potentes para ver lejos, para ver de noche, y por brazos dos extremidades robóticas que puedan cargar 55 toneladas, lo que va a ocurrir es que va a depender de sus proveedores. Esto es así de lógico. No va a ser libre de nada. Si se le estropea algo de esto, y no pagó su mensualidad, tendrá que estar parado".
HACKER
"Del mismo modo -añade- alguien podría fantasear: qué bueno que estamos compartiendo todos nuestros pensamientos en esta nube. Pero llegará un neuro hacker y lo pondrá vegetal".
"En el campo de la biotecnología ya se ha logrado que ratones recién gestados sobrevivan en «biobolsas», fuera del útero de la madre, hasta once semanas. La técnica ya está. Es cuestión de tiempo hasta que se masifique. ¿Por qué debería preocuparnos? Porque es la idea de que la madre ya no será necesaria. Tampoco van a ser necesarias las relaciones sexuales porque a través de células madre ya se han hecho en laboratorio espermatozoides. Los hombres probablemente ya no serán necesarios para la reproducción", continúa.
"La gente no tiene idea de lo que está pasando a nivel del desarrollo tecnológico. Siguen creyendo que es ciencia ficción. Pero varias de estas técnicas ya se aplican en la vida real", añade.
"Pensemos en la biogenética", propone. "Podemos curar enfermedades graves. Si extraemos el gen que produce esa enfermedad y fabricamos otro gen en laboratorio. Ahora, cuidado. Así como puede haber aplicaciones terapéuticas, también los genes pueden utilizarse para mezclarnos con otras especies. ¿Quién estaría ya de acuerdo con esas cosas?".
"Puede haber clínicas de bebés por catálogo y puede parecer maravilloso. Pero esto puede apuntar a la eugenesia", alerta.
"Los transhumanistas hablan de eugenesia positiva para diferenciarla de los nazis. Dicen que ellos en cambio sólo promoverán, preservarán, los genes buenos. Pero Lukács advierte que "estas tecnologías pueden generar tiranías y discriminaciones peligrosas". "¿Qué va a pasar con quienes no tengan dinero para acceder a estas tecnologías? ¿Podrán competir con los que sí pudieron?", pregunta.
La misma duda ha expresado Fabrice Hadjadj. El filósofo reconoce que entre quienes más hablan del transhumanismo están los políticos, como en su momento Bill Clinton. Esto es, en su opinión, porque "el hombre aumentado es siempre el sueño de un hombre disminuido. Son siempre los hombres frustrados, o como decía Nietzsche, resentidos o ingratos ante el don de la existencia y de la vida".
OBSOLESCENCIA
Pero Hadjadj advierte que "cuando hablamos de inteligencia artificial o de aumentar la inteligencia, lo que hay que saber es que ellos quieren aumentar lo que han comprendido que es la inteligencia". Y entrevé un peligro no muchas veces señalado: el hecho casi seguro de que "la producción de ese hombre, ya fusionado con la técnica, tendrá la misma obsolescencia que los objetos tecnológicos. Tendremos un transhumano de la época del iPhone 8 pero después saldrá una nueva tecnología y ese transhumano tendrá menor valor".
Junto a esa advertencia, ilumina otra cuestión, no menor. Que este movimiento cultural nos llega, no solamente por la tecnociencia, sino también "a causa de una antropología dualista que ha sido sostenida desde hace mucho tiempo por hombres de la Iglesia".
"A partir de un cierto momento -explica Hadjadj- empezó a definirse al hombre por su especificidad, por su inteligencia, por su conciencia. El «cuerpo» humano, la animalidad del hombre, ya no formaba parte de su humanidad: ni el rostro, ni el reconocimiento facial, ni la mano. De pronto, todo eso pasó a ser considerado secundario porque el hombre era la razón, su inteligencia. ¿Y qué es lo que dicen los transhumanistas? Pero, claro, es la razón".
"Hay una suerte de revolución antropológica que se dio incluso entre los cristianos", dice. "No hay que olvidar entonces que los espiritualistas son también responsables de esta visión del hombre definido a partir de la razón, no solamente los materialistas darwinianos. Atención, porque el mal ha partido de entre nosotros. Como el Anticristo, según San Juan. No hay que olvidar que un espiritualismo ha sido también responsable del pasaje al transhumanismo".
EL ADOCTRINAMIENTO DEL CINE Y LA AGENDA DEL PROGRESISMO.
El profesor Miklós Lukács admite que el transhumanismo debe situarse como una continuación de obras distópicas como 1984, de George Orwell, y especialmente Un mundo feliz, de Aldous Huxley. Pero agrega que también puede referenciarse en otras obras como La isla del doctor Moreau, de H.G. Wells, sobre ese doctor que naufraga y cae en una isla donde viven criaturas mutantes que haría alusión a las especies genéticamente modificadas, a las quimeras, mezcla de genes humanos y de otras especies.
No sólo la literatura, sino especialmente la industria cinematográfica, son en su opinión aparatos de adoctrinamiento y de infiltración de esta ideología, tal como expuso hace un tiempo en una entrevista con el profesor José María Aguerre.
"Cuando uno ve las películas de Hollywood, sobre todo las dirigidas a jóvenes y niños, el mensaje es muy claro: X Men, Iron Man, Hulk, Thor, El hombre pelícano, los ciborgs, la propia Guerra de las galaxias. Todo se presenta de una manera muy natural. Son literalmente procesos de adoctrinamiento de las generaciones más jóvenes", apunta.
Lukács advierte que hoy el transhumanismo tiene una dimensión política, porque habría que hablar del progresismo y toda su agenda, que es múltiple.
"El principal paraguas de esa agenda es el medio ambientalismo", explica Lukács. "A partir de eso, de la defensa de la tierra, surge que quien está causando daño a la tierra es «la plaga humana», en palabras del eminente zoólogo británico David Attenborough, que es quien presenta esos documentales famosos en la BBC ¿Y qué se hace con las plagas? Se las desaparece".
Todo esto Lukács lo trae a colación por el simple hecho de que "en esa agenda se encuentra desde el aborto y los reclamos LGTB o de género hasta el feminismo, todo lo cual apunta a limitar la población y, más importante, a reconfigurar al hombre".
"La agenda progresista suele conducir a debates estériles y sin sentido entre derecha e izquierda por los modelos de capitalismo y comunismo, cuando el objetivo de todas esas causas es redefinir y reconfigurar al ser humano", advierte.
"El tema del mercado o del Estado son simplemente instrumentos para llegar a lo mismo. En un sistema se imponen las cosas por la fuerza y en el otro se disuelve y fragmenta a la sociedad, aislando al individuo y convenciéndolo de que él es el principio y el fin del universo", dice. "Ambos sistemas trabajan en conjunto: uno concentra y otro disuelve", agrega con notable lucidez.
(De www.laprensa.com.ar)
sábado, 1 de junio de 2024
Ideas y creencias
Por no resultar tan evidente, conviene establecer una analogía previa para distinguir entre idea y creencia. Tal analogía la encontramos en el caso de un aprendiz de conductor, que razona en todo momento lo que debe hacer con el automóvil que conduce; luego de cierto tiempo, el automóvil y sus comandos pasan a ser una extensión del cuerpo del conductor y esta vez no tiene necesidad de razonar prácticamente nada de lo que hace. Las ideas que elaboramos, o que nos transmiten, se asemejan un tanto a la acción del aprendiz de conductor, mientras que las creencias las asociamos al manejo experto de quien no necesita razonar las acciones del manejo.
Puede decirse que las ideas generan creencias y, por lo tanto, las creencias erróneas (no compatibles con la realidad) podrán ser corregidas mediante ideas compatibles con esa realidad. Sin embargo, las creencias constituyen la base de la inercia mental, como un atributo que tiende a oponerse a todo cambio posible; de ahí las dificultades para promover cambios favorables en la sociedad y en cada uno de sus integrantes.
Nuestras ideas y creencias conforman nuestra personalidad. Y como, por lo general, las ideas y las creencias han sido elaboradas o asimiladas con bastante esfuerzo personal, cuesta bastante renunciar a ellas, aunque muchas veces debemos admitir que son erróneas. La inercia mental mencionada está vinculada con este aspecto. Humberto Maturana R. escribió: “Nunca nos enojamos cuando el desacuerdo es sólo lógico, es decir, cuando el desacuerdo surge de un error al aplicar las coherencias operacionales derivadas de premisas fundamentales aceptadas por todas las personas en desacuerdo. Pero hay otras discusiones en las cuales nos enojamos (es el caso de todas las discusiones ideológicas); esto ocurre cuando la diferencia está en las premisas fundamentales que cada uno tiene. Esos desacuerdos siempre traen consigo un remezón emocional, porque los participantes en el desacuerdo viven su desacuerdo como amenazas existenciales recíprocas. Desacuerdos en las premisas fundamentales son situaciones que amenazan la vida ya que el otro le niega a uno los fundamentos de su pensar y la coherencia racional de su existencia” (De “Emociones y lenguaje en educación y política”-Ediciones Pedagógicas Chilenas SA-Santiago 1994).
José Ortega y Gasset advirtió la diferencia entre ideas y creencias, por lo que conviene consultar sus escritos al respecto: "No hay vida humana que no esté desde luego constituida por ciertas creencias básicas y, por decirlo así, montada sobre ellas. Vivir es tener que habérselas con algo: con el mundo y consigo mismo. Mas ese mundo y ese «sí mismo» con que el hombre se encuentra le aparecen ya bajo la especie de una interpretación, de «idea» sobre el mundo y sobre sí mismo".
"Aquí topamos con otro estrato de ideas que un hombre tiene. Pero ¡cuán diferente de todas aquellas que se le ocurren o que adopta! Estas «ideas» básicas que llamo «creencias» no surgen en tal día y hora dentro de nuestra vida, no arribamos a ellas por un acto particular de pensar, no son, en suma, pensamientos que tenemos, no son ocurrencias ni siquiera de aquella especie más elevada por su perfección lógica y que denominamos razonamientos. Todo lo contrario: esas ideas que son, de verdad, «creencias» constituyen el continente de nuestra vida y, por ello, no tienen el carácter de contenidos particulares dentro de ésta".
"Cabe decir que no son ideas que tenemos, sino ideas que somos. Más aún: precisamente porque son creencias radicalísimas, se confunden para nosotros con la realidad misma -son nuestro mundo y nuestro ser-, pierden, por lo tanto, el carácter de ideas, de pensamientos nuestros que podían muy bien no habérsenos ocurrido".
"Cuando se ha caído en la cuenta de la diferencia existente entre esos dos estratos de ideas, aparece, sin más, claro el diferente papel que juegan en nuestra vida. Y, por lo pronto, la enorme diferencia de rango funcional. De las ideas-ocurrencias -y conste que incluyo en ellas las verdades más rigurosas de la ciencia- podemos decir que las producimos, las sostenemos, las discutimos, las propagamos, combatimos en su pro y hasta somos capaces de morir por ellas".
"Lo que no podemos es... vivir de ellas. Son obra nuestra y, por lo mismo, suponen ya nuestra vida, la cual se asienta en ideas-creencias que no producimos nosotros, que, en general, ni siquiera nos formulamos y que, claro está, no discutimos ni propagamos ni sostenemos. Con las creencias propiamente no hacemos nada, sino simplemente estamos en ellas. Precisamente lo que no nos pasa jamás -si hablamos cuidadosamente- con nuestras ocurrencias".
"El lenguaje vulgar ha inventado certeramente la expresión «estar en la creencia». En efecto, en la creencia se está, y la ocurrencia se tiene y se sostiene. Pero la creencia es quien nos tiene y sostiene a nosotros" (De "Ideas y creencias"-Espasa-Calpe SA-Madrid 1968).
Puede decirse que las ideas generan creencias y, por lo tanto, las creencias erróneas (no compatibles con la realidad) podrán ser corregidas mediante ideas compatibles con esa realidad. Sin embargo, las creencias constituyen la base de la inercia mental, como un atributo que tiende a oponerse a todo cambio posible; de ahí las dificultades para promover cambios favorables en la sociedad y en cada uno de sus integrantes.
Nuestras ideas y creencias conforman nuestra personalidad. Y como, por lo general, las ideas y las creencias han sido elaboradas o asimiladas con bastante esfuerzo personal, cuesta bastante renunciar a ellas, aunque muchas veces debemos admitir que son erróneas. La inercia mental mencionada está vinculada con este aspecto. Humberto Maturana R. escribió: “Nunca nos enojamos cuando el desacuerdo es sólo lógico, es decir, cuando el desacuerdo surge de un error al aplicar las coherencias operacionales derivadas de premisas fundamentales aceptadas por todas las personas en desacuerdo. Pero hay otras discusiones en las cuales nos enojamos (es el caso de todas las discusiones ideológicas); esto ocurre cuando la diferencia está en las premisas fundamentales que cada uno tiene. Esos desacuerdos siempre traen consigo un remezón emocional, porque los participantes en el desacuerdo viven su desacuerdo como amenazas existenciales recíprocas. Desacuerdos en las premisas fundamentales son situaciones que amenazan la vida ya que el otro le niega a uno los fundamentos de su pensar y la coherencia racional de su existencia” (De “Emociones y lenguaje en educación y política”-Ediciones Pedagógicas Chilenas SA-Santiago 1994).
José Ortega y Gasset advirtió la diferencia entre ideas y creencias, por lo que conviene consultar sus escritos al respecto: "No hay vida humana que no esté desde luego constituida por ciertas creencias básicas y, por decirlo así, montada sobre ellas. Vivir es tener que habérselas con algo: con el mundo y consigo mismo. Mas ese mundo y ese «sí mismo» con que el hombre se encuentra le aparecen ya bajo la especie de una interpretación, de «idea» sobre el mundo y sobre sí mismo".
"Aquí topamos con otro estrato de ideas que un hombre tiene. Pero ¡cuán diferente de todas aquellas que se le ocurren o que adopta! Estas «ideas» básicas que llamo «creencias» no surgen en tal día y hora dentro de nuestra vida, no arribamos a ellas por un acto particular de pensar, no son, en suma, pensamientos que tenemos, no son ocurrencias ni siquiera de aquella especie más elevada por su perfección lógica y que denominamos razonamientos. Todo lo contrario: esas ideas que son, de verdad, «creencias» constituyen el continente de nuestra vida y, por ello, no tienen el carácter de contenidos particulares dentro de ésta".
"Cabe decir que no son ideas que tenemos, sino ideas que somos. Más aún: precisamente porque son creencias radicalísimas, se confunden para nosotros con la realidad misma -son nuestro mundo y nuestro ser-, pierden, por lo tanto, el carácter de ideas, de pensamientos nuestros que podían muy bien no habérsenos ocurrido".
"Cuando se ha caído en la cuenta de la diferencia existente entre esos dos estratos de ideas, aparece, sin más, claro el diferente papel que juegan en nuestra vida. Y, por lo pronto, la enorme diferencia de rango funcional. De las ideas-ocurrencias -y conste que incluyo en ellas las verdades más rigurosas de la ciencia- podemos decir que las producimos, las sostenemos, las discutimos, las propagamos, combatimos en su pro y hasta somos capaces de morir por ellas".
"Lo que no podemos es... vivir de ellas. Son obra nuestra y, por lo mismo, suponen ya nuestra vida, la cual se asienta en ideas-creencias que no producimos nosotros, que, en general, ni siquiera nos formulamos y que, claro está, no discutimos ni propagamos ni sostenemos. Con las creencias propiamente no hacemos nada, sino simplemente estamos en ellas. Precisamente lo que no nos pasa jamás -si hablamos cuidadosamente- con nuestras ocurrencias".
"El lenguaje vulgar ha inventado certeramente la expresión «estar en la creencia». En efecto, en la creencia se está, y la ocurrencia se tiene y se sostiene. Pero la creencia es quien nos tiene y sostiene a nosotros" (De "Ideas y creencias"-Espasa-Calpe SA-Madrid 1968).
miércoles, 29 de mayo de 2024
Incondicionalidad ideológica
Muchos seres humanos tienen ansias de poder casi ilimitadas; también muchos otros tienen ansias de trascendencia. De ahí que la politica presenta la posibilidad de satisfacer ambas búsquedas, especialmente ante quienes carecen de aptitudes para realizar obras de cierto mérito.
En el caso de la búsqueda de trascendencia, ante la evidente limitación temporal de la vida humana, y ausente la posibilidad de trascender mediante una obra o acción propia, muchos son los que adhieren incondicionalmente a alguna ideología política para sentirse parte de ella y así compartir, de alguna forma, algo de la trascendencia de tal ideología.
Quizás esto explique en parte las creencias defendidas con uñas y dientes aún cuando las evidencias señalen la falsedad y la peligrosidad de tales creencias, como es el caso de las ideologías totalitarias. Incluso en la actualidad se puede advertir la existencia de un porcentaje nada despreciable de gente que admite el absurdo de la "tierra plana", ya que, desprovistos de todo nivel intelectual, se "juegan" por la validez de un absurdo con la esperanza de poder ver el triunfo de sus creencias. Se tranquilizan al saber que, en muchos casos, se trató de "locos" a verdaderos genios, si bien otros, calificados de la misma forma, hicieron honor al calificativo.
Volviendo a las ideologías políticas, haciendo una analogía, podría decirse que el "terraplanismo" es a la astronomía como el socialismo es a la economía (y a la ciencia en general). Esto se justifica por los reiterados fracasos socialistas, si bien ellos no impiden que sus creyentes mantengan la fe original. A manera de ejemplo puede mencionarse el caso de un intelectual que defendió a Lysenko sin apenas molestarse en estudiar o leer algo de biología. Tampoco los seguidores de Stalin se preocuparon por reproducir las experiencias de Gregor Mendel para comprobar por su cuenta las leyes de la genética. En cierta forma actuaron como los aristotélicos que rechazaron mirar el cielo mediante el telescopio que Galileo les ofrecía. Temían así perder "el sentido de sus vidas" asociado al poder y la trascendencia equivocadamente buscadas.
En cuanto al caso del intelectual socialista, Thérèse Delpech escribió: "El gran poeta nacional francés Louis Aragon, que no se destacaba por un particular talento por la agronomía, escribió en defensa de Lysenko un texto que sería cómico si la ofensiva en favor de este personaje no hubiera causado tantos crímenes en la URSS".
"Este oscuro técnico agrícola, que dominó toda una rama de la ciencia soviética, causó treinta años de atraso agrícola. El artículo de Louis Aragon fue publicado en la revista Europe en 1948: dada la incompetencia del autor sobre el tema, hubiera sido aconsejable una mayor discreción. Sin embargo, esto es lo que escribió, en momentos en que el «lysenkismo» estaba en pleno auge en Moscú y se cobraba vidas entre los opositores a esa doctrina:
«Es el carácter burgués de la ciencia lo que no permite, de hecho, la creación de una biología pura, científica, lo que impide a los científicos de la burguesía hacer algunos descubrimientos, cuyo principio de base no pueden aceptar, por razones sociológicas. En la URSS, la encarnizada lucha llevada adelante por los mendelistas nacionales contra los michurinistas no debería ser considerada por estos últimos, por Lysenko en especial, como una lucha biológica, científica, entre biólogos, sino como una pelea sociológica de científicos que están bajo la influencia sociológica de la burguesía (incluso por el simple hecho de participar en la ciencia burguesa que se mezcla con metáforas sociológicas), como un efecto de vestigios de la burguesía en la URSS».
«De ahí que, desde la perspectiva de Lysenko y de los michurinistas, koljosianos y sovjosianos de la URSS, del partido bolchevique, del Comité Central y de Stalin, la victoria de Lysenko sea, en efecto, una victoria de la ciencia, una victoria científica: el más rotundo rechazo a politizar el cromosoma»
"Las tesis genetistas eran vistas como «hitlero-trotskistas», y a los partidarios de Mendel se los condenaba a la categoría de «enemigos del pueblo soviético». La genética no podía ser verdadera, ¡puesto que era incompatible con el materialismo dialéctico! De esta manera, era posible justificar millones de muertos en Ucrania, el granero de trigo de la URSS, y también en el resto de la URSS".
"Las aberraciones de Lysenko provocaron la condena a muerte de muchos genetistas, entre los que se encontraba el gran científico Nikolai Vavilov, que murió en el campo de concentración de Saratov en 1943, pero sirvieron sobre todo para hallar chivos expiatorios del fracaso de la reforma agraria de Stalin en los años 1930, un fracasó que obligó a los padres a comer sus hijos" (De "El retorno a la barbarie en el siglo XXI"-Editorial El Ateneo-Buenos Aires 2006).
En el caso de la búsqueda de trascendencia, ante la evidente limitación temporal de la vida humana, y ausente la posibilidad de trascender mediante una obra o acción propia, muchos son los que adhieren incondicionalmente a alguna ideología política para sentirse parte de ella y así compartir, de alguna forma, algo de la trascendencia de tal ideología.
Quizás esto explique en parte las creencias defendidas con uñas y dientes aún cuando las evidencias señalen la falsedad y la peligrosidad de tales creencias, como es el caso de las ideologías totalitarias. Incluso en la actualidad se puede advertir la existencia de un porcentaje nada despreciable de gente que admite el absurdo de la "tierra plana", ya que, desprovistos de todo nivel intelectual, se "juegan" por la validez de un absurdo con la esperanza de poder ver el triunfo de sus creencias. Se tranquilizan al saber que, en muchos casos, se trató de "locos" a verdaderos genios, si bien otros, calificados de la misma forma, hicieron honor al calificativo.
Volviendo a las ideologías políticas, haciendo una analogía, podría decirse que el "terraplanismo" es a la astronomía como el socialismo es a la economía (y a la ciencia en general). Esto se justifica por los reiterados fracasos socialistas, si bien ellos no impiden que sus creyentes mantengan la fe original. A manera de ejemplo puede mencionarse el caso de un intelectual que defendió a Lysenko sin apenas molestarse en estudiar o leer algo de biología. Tampoco los seguidores de Stalin se preocuparon por reproducir las experiencias de Gregor Mendel para comprobar por su cuenta las leyes de la genética. En cierta forma actuaron como los aristotélicos que rechazaron mirar el cielo mediante el telescopio que Galileo les ofrecía. Temían así perder "el sentido de sus vidas" asociado al poder y la trascendencia equivocadamente buscadas.
En cuanto al caso del intelectual socialista, Thérèse Delpech escribió: "El gran poeta nacional francés Louis Aragon, que no se destacaba por un particular talento por la agronomía, escribió en defensa de Lysenko un texto que sería cómico si la ofensiva en favor de este personaje no hubiera causado tantos crímenes en la URSS".
"Este oscuro técnico agrícola, que dominó toda una rama de la ciencia soviética, causó treinta años de atraso agrícola. El artículo de Louis Aragon fue publicado en la revista Europe en 1948: dada la incompetencia del autor sobre el tema, hubiera sido aconsejable una mayor discreción. Sin embargo, esto es lo que escribió, en momentos en que el «lysenkismo» estaba en pleno auge en Moscú y se cobraba vidas entre los opositores a esa doctrina:
«Es el carácter burgués de la ciencia lo que no permite, de hecho, la creación de una biología pura, científica, lo que impide a los científicos de la burguesía hacer algunos descubrimientos, cuyo principio de base no pueden aceptar, por razones sociológicas. En la URSS, la encarnizada lucha llevada adelante por los mendelistas nacionales contra los michurinistas no debería ser considerada por estos últimos, por Lysenko en especial, como una lucha biológica, científica, entre biólogos, sino como una pelea sociológica de científicos que están bajo la influencia sociológica de la burguesía (incluso por el simple hecho de participar en la ciencia burguesa que se mezcla con metáforas sociológicas), como un efecto de vestigios de la burguesía en la URSS».
«De ahí que, desde la perspectiva de Lysenko y de los michurinistas, koljosianos y sovjosianos de la URSS, del partido bolchevique, del Comité Central y de Stalin, la victoria de Lysenko sea, en efecto, una victoria de la ciencia, una victoria científica: el más rotundo rechazo a politizar el cromosoma»
"Las tesis genetistas eran vistas como «hitlero-trotskistas», y a los partidarios de Mendel se los condenaba a la categoría de «enemigos del pueblo soviético». La genética no podía ser verdadera, ¡puesto que era incompatible con el materialismo dialéctico! De esta manera, era posible justificar millones de muertos en Ucrania, el granero de trigo de la URSS, y también en el resto de la URSS".
"Las aberraciones de Lysenko provocaron la condena a muerte de muchos genetistas, entre los que se encontraba el gran científico Nikolai Vavilov, que murió en el campo de concentración de Saratov en 1943, pero sirvieron sobre todo para hallar chivos expiatorios del fracaso de la reforma agraria de Stalin en los años 1930, un fracasó que obligó a los padres a comer sus hijos" (De "El retorno a la barbarie en el siglo XXI"-Editorial El Ateneo-Buenos Aires 2006).
lunes, 27 de mayo de 2024
Carlos Mugica ¿Mártir cristiano o héroe socialista?
Al cumplirse 50 años del asesinato de Carlos Mugica, ejecutado aparentemente por Montoneros el 11 de mayo de 1974, han surgido recordatorios y homenajes reivindicativos con su lucha. Algunas versiones indican que, una vez disuelta la sociedad Perón-Montoneros, Mugica decide seguirlo a Perón, lo que disgusta a Montoneros que optan por liquidarlo. En este caso se convalida el refrán: "Cría cuervos y te sacarán los ojos", ya que Mugica fue uno de los eficaces ideólogos que llenaron de odio a muchos jóvenes concurrentes a templos católicos convirtiéndolos en asesinos terroristas.
Se transcribe un artículo al respecto:
MUGICA: HISTORIA DE UNA IMPOSTURA (Su exaltación es parte del "relato setentista" eclesiástico)
Por Mario Caponnetto y Miguel De Lorenzo
Este mes de mayo, el 11 para ser más precisos, se han cumplido cincuenta años del asesinato del Padre Carlos Mugica, el reconocido “cura villero” o “cura de los pobres” como suelen denominarlo sus panegiristas. El aniversario ha dado ocasión a una desmesurada exaltación de su figura: grandes homenajes eclesiásticos, derroche de elogios y ditirambos y hasta la instalación de una llamada “carpa misionera” frente a la Catedral Metropolitana de Buenos Aires con la obvia autorización del Arzobispo García Cuerva y la activa participación del Vicario General Monseñor Carrara.
La Jerarquía Católica que, salvo pocas y honrosas excepciones, viene promoviendo desde hace tiempo una suerte de “relato setentista” eclesiástico (véase al respecto la obra en tres tomos La verdad los hará libres, una historia burdamente sesgada de los años setenta llevada a cabo directamente por encargo de la Conferencia Episcopal Argentina) no parece dispuesta a reconciliarse con la verdad histórica ni a admitir las antiguas complicidades de algunos de sus miembros con el terrorismo subversivo. Por el contrario, no oculta su empeño en mantener una impostura a tono con la “historia oficial” impuesta a palos desde hace cuarenta años. Contra esta falsificación, alertaba George Bernanós: “Existe una conspiración contra el mal, no para destruirlo, sino para disimularlo”.
Esto explica la exaltación de Mugica. Efectivamente, Mugica es una figura emblemática de ese “setentismo” ominoso y sangriento, metamorfoseado en epopeya, convertido en una imaginaria “lucha de liberación” en pro de los pobres. Porque digamos de una vez por todas la verdad: en esa historia real de los setenta, no la ficticia, una nada despreciable cantidad de católicos (obispos, sacerdotes, religiosas y laicos) fueron activos protagonistas y, por ende, responsables, de ese gran baño de sangre que nos sumió en el dolor y la muerte. Mugica fue, en este sentido, uno de los personajes más reconocidos (aunque no se le pueden atribuir las máximas responsabilidades); por eso hoy se ha convertido en la bandera enarbolada por vastos sectores católicos y la misma Jerarquía de la Iglesia en la Argentina, en ese intento de “disimular el mal” del que nos alertaba Bernanós.
Hemos oído hablar en estos días de Mugica como el mártir de los pobres; la palabra mártir es muy especial y adquiere un sentido muy hondo y sugestivo. Supone que alguien ha sido despojado de su vida por amor a la fe. Pero la realidad es muy otra y lo decimos sin la menor animosidad contra la figura del Padre Mugica: por el contrario, la vida y la muerte de este sacerdote nos mueven más bien a una profunda tristeza: Mugica es la parábola viviente de una tragedia que sacudió a la par a la Iglesia y a la Patria. Por eso, su muerte nada tuvo de la gloria del martirio cristiano: fue sólo el horrible episodio de una sórdida lucha interna de facciones y epílogo, a la vez, de un camino lleno de errores y desaciertos, de idas y de retornos.
RELATO INSOSTENIBLE
Pero si a esta altura de los hechos en Argentina, el relato “laico” de los años setenta ha sido ampliamente rebatido y sólo subsiste en los que de él viven (o en los obcecados pese a toda evidencia), no pasa lo mismo con el relato eclesiástico. Si bien mucho se ha escrito acerca del fenómeno, ya mencionado, del gravísimo compromiso de amplios sectores católicos con el marxismo revolucionario de los años setenta, todavía no se ha hecho una evaluación profunda de su significado; y nos referimos, fundamentalmente, de su significado a la luz de la Fe. Porque lo que ocurrió entonces en la Iglesia fue, por sobre todas las cosas, algo que afectó de manera esencial la Fe. Esta tarea está pendiente y lo seguirá estando mientras la Jerarquía Católica persista inexplicablemente en ignorar el problema o, lo que es peor, en exaltar sus consecuencias presentándolas como frutos evangélicos.
Pero la verdad, insistimos, es bien distinta. Mugica fue uno de los tantos frutos de muerte de la herejía progresista, modernista y tercermundista que desgarró, y aún desgarra, a la Iglesia. En aquella época de imaginarias primaveras conciliares, se deslizaron por las venas de la Iglesia toda suerte de errores y de extravíos. La Teología de la Liberación, típico producto “teológico” europeo trasladado a nuestra América por los misioneros del nuevo credo, dio el clima ideológico en el que pulularon las más extrañas aventuras eclesiásticas, entre ellas, el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo del que Carlos Mugica fue mentor y líder entre nosotros.
Aquel movimiento implicaba, en esencia, una grave adulteración del Evangelio de Cristo, de la naturaleza y de la misión del sacerdocio católico al tiempo que consumaba una radical ruptura con el Magisterio de la Iglesia. Para aquellos clérigos tercermundistas (y cuantos con ellos avanzaron por el mismo camino) la misión del sacerdote católico dejó de estar enraizada en el misterio salvador de Jesucristo para fundarse en una praxis social liberadora. La pastoral no tenía ya como objetivo que los hombres vivieran la vida de la gracia y de la unión plena con Dios sino llevar a los pobres a la toma de conciencia de clase explotada y a poner en marcha, desde sí mismos y para sí mismos, el proceso revolucionario que los liberaría de las estructuras capitalistas y burguesas concebidas como estructuras de pecado. Este proceso revolucionario hacía del socialismo marxista -entonces considerado ineluctable- su herramienta principal: el socialismo vino a ser así la encarnación del Evangelio, su expresión histórica y, por ende, el compromiso ineludible de una Iglesia que debía para ello, necesariamente, romper con todo cuanto había dicho, predicado y enseñado. El Concilio Vaticano II, recientemente concluido, era apreciado como la voz de orden de ese cambio y los sacerdotes, y católicos en general, que así pensaban se sintieron la vanguardia profética de esa Iglesia nueva, para un mundo nuevo y por un hombre nuevo.
Hubo más. Puesto que la praxis revolucionaria era, ahora, inseparable de la pastoral, antes bien, se identificaba con ella, se planteaba el problema del método de dicha praxis. ¿Era la lucha armada, asumida por aquel entonces en Argentina e Hispanoamérica por el castrocomunismo y sus variantes, un camino lícito para los cristianos? No todos respondieron afirmativamente a esta pregunta, pero un número nada despreciable de sacerdotes dio inequívocamente su absoluta conformidad. De este modo, no sólo algunos sacerdotes tomaron las armas sino, lo que fue más grave, arrastraron a centenares de jóvenes católicos a la aventura de la guerrilla. En ella, no pocos, mataron y murieron; pero no por Cristo y su Evangelio sino por la falsa utopía revolucionaria bajo la inspiración de Marx, de Castro y de Ernesto Guevara. Esta es la verdad, la que los hombres de nuestra generación hemos visto y vivido de modo directo. No hay otra.
ALGUNOS TESTIMONIOS
¿Qué papel jugó exactamente Carlos Mugica en todo esto que acabamos de reseñar? Una lectura objetiva de sus actos y de sus textos nos permite advertir que, gracias a Dios, nunca perdió totalmente de vista el sentido sobrenatural del sacerdocio. También hay que destacar, en honor a la verdad completa, que hacia el final de su vida asumió su cuota de responsabilidad por la ola de violencia desatada en Argentina, así como su total ruptura con Montoneros a los que había animado y acompañado en sus momentos iniciales. También nos consta, por dichos de testigos directos, que esa conciencia de culpabilidad lo torturaba y angustiaba, sobre todo en los meses inmediatamente previos a su muerte.
Sabía, y lo decía con verdad, que la misión del sacerdote es llevar al hombre al pleno desarrollo de lo que hay en él de divino. Pero enseguida caía en un funesto error que lo hacía retroceder. “Para Cristo -escribía en Peronismo y Cristianismo- cada hombre es imagen y semejanza de Dios, por lo tanto, ofender a un hombre es ofender a Dios. Y el rol del que es ministro de Cristo es asumir la defensa del hombre, y sobre todo del pobre, del oprimido. Hay gente que dice: Ah, ustedes los sacerdotes, tanto hablar ahora de los pobres, ¿por qué no se ocupan de los ricos? Creo que sí, el sacerdote tiene el deber de ocuparse de los ricos. Su misión frente a los ricos es interpelarlos. Lo que pasa es que los ricos no quieren que uno se ocupe de ellos. Porque mi misión como sacerdote es denunciarlos. Yo tendría un problema de conciencia si no le hiciera ver al rico que, si no cambia de vida, debe poner sus bienes al servicio de la comunidad” ("Peronismo y Cristianismo", Buenos Aires, 1973. Fuente: http://www.elortiba.org/pdf/Carlos_Mugica-PeronismoyCristianismo.pdf).
Claro está que esta oposición dialéctica entre ricos y pobres de pecunia es radicalmente falaz pues presupone que el pobre es inmaculadamente bueno y el rico perdidamente malo: el corazón del hombre es mucho más profundo y el drama del pecado mucho más abismal que estas superficialidades sociológicas. Vale recordar a Sciacca: “El progreso modifica la superficie, pero los estúpidos se contentan con eso porque niegan la grandeza y la profundidad que no saben ver”.
Más adelante, en el mismo libro, su opción por el socialismo quedaba netamente expresada: “Por eso, como movimiento, los Sacerdotes del Tercer Mundo propugnamos el socialismo en la Argentina como único sistema en el cual se pueden dar relaciones de fraternidad entre los hombres. Que cesen las relaciones de dominación para que haya relaciones de fraternidad. Un socialismo que responda a nuestras auténticas tradiciones argentinas, que sea cristiano, un socialismo con rostro humano, que respete la libertad del hombre” (ibídem).
Su confusión, empero, llegaba a la cima cuando, sin más, asimilaba el Evangelio a las ideologías materialistas y ateas del marxismo: “Yo me opongo violentamente a todos los que pretenden reducir a Cristo al papel de un guerrillero, de un reformador social. Jesucristo es mucho más ambicioso. No pretende crear una sociedad nueva, pretende crear un hombre nuevo y la categoría de hombre nuevo que asume el Che, sobre todo en su trabajo El Socialismo y el Hombre, es una categoría netamente cristiana que San Pablo usa mucho” (ibídem). Y volvemos a Sciacca: “Creer que el mal puede ser vencido únicamente por obra del hombre; creer en la felicidad en la tierra, en sustitución de una vida vivida a la luz de la verdad es, por cierto, la última victoria del mal, la más peligrosa tentación de Satanás”.
Su ubicación frente a la lucha armada fue ambigua: “Ahora lo que sucede es esto: en concreto encontramos en América Latina -incluso en nuestro país- una situación de violencia institucionalizada. Es la violencia del hambre. Como dice Helder Cámara «El General hambre mata cada día más hombres que cualquier guerra». Es decir que existe la violencia del sistema, el desorden establecido. Frente a este desorden establecido yo, cristiano, tomo conciencia de que algo hay que hacer y me encuentro entre dos alternativas igualmente válidas: la de la no violencia en la línea de Luther King o la de la violencia en la línea del Che Guevara; hablando en cristiano la violencia en la línea de Camilo Torres. Y pienso que las dos opciones son legítimas” (“Entrevista al Padre Mugica”. Fuente: Revista 7 Días, junio de 1972).
Es evidente, pues, que Carlos Mugica sucumbió a todos los errores de una herejía de cuño modernista y progresista que, en el fondo, no fue ni es otra cosa que una grave adulteración del Evangelio y de la Fe. ¿Cómo es posible poner en la misma línea del hombre nuevo paulino, el hombre cristiano redimido por Cristo, la utopía marxista, signada ab instrinseco por el ateísmo más radical? ¿Qué falló aquí? Pues no otra cosa que la entera teología. Sus errores respecto del orden político social, su concreta opción por el socialismo, constituyeron antes que una equivocada opción política una contradicción expresa de la Fe de los Apóstoles y del Magisterio auténtico de la Iglesia.
Sí, es cierto: el Vaticano II no condenó al comunismo; pero tampoco levantó las condenas que pesaban sobre él. Pese a todo, cuando Mugica optaba por el socialismo, seguía vigente, por ejemplo, el Decreto de la Suprema Congregación del Santo Oficio, del 1 de junio de 1949, confirmado después por el Dubium del 4 de abril de 1959 que prohibía expresamente a todos los católicos la colaboración en cualquier terreno con el comunismo y consideraba a quienes violaban esta prohibición “apóstatas de la fe” incursos en “excomunión reservada de modo especial a la Sede Apostólica”. También regía plenamente la condena sin matices del Papa Pío XI en Divini Redemptoris, documento donde no sólo, ni principalmente, se declara al comunismo “intrínsecamente malo” (su afirmación más difundida) sino en el que se pone de manifiesto su carácter radical de falsa promesa redentora opuesta a la verdadera Promesa de Cristo, es decir, la promesa del hombre que se endiosa levantada en guerra inconciliable contra la Promesa de Dios hecho hombre. ¿Dónde está la proclamada fidelidad de Mugica al Magisterio de la Iglesia?
ADVERTENCIA DESOIDA
Pero hubo algo más inmediato y próximo. La creciente actividad del llamado Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo provocó una intervención directa del Episcopado Argentino de aquella época. En su Declaración del 12 de agosto de 1970, afirmaban los Obispos: “«Adherir a un proceso revolucionario … haciendo opción por un socialismo latinoamericano que implique necesariamente la socialización de los medios de producción del poder económico y político y de la cultura» (Declaración del Tercer Encuentro del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo. Santa Fe, 2 de mayo de 1970), no corresponde ni es lícito a ningún grupo de sacerdotes ni por su carácter sacerdotal, ni por la doctrina social de la Iglesia a la cual se opone, ni por el carácter de revolución social que implica la aceptación de la violencia como medio para lograr cuanto antes la liberación de los oprimidos”.
Unos párrafos más arriba, los Obispos exhortaban: “Lo que buscamos y queremos ahora es la reflexión seria y obligada de conocer bien y respetar la verdad de la Iglesia, en puntos básicos claramente enseñada por ella, para rectificar rumbos, deponer actitudes y, si es necesario, para hacer penitencia, que significa cambiar de mentalidad, a fin de pensar como piensa la Iglesia, con ella y en ella, cooperando así a su obra de salvación”.
Los tercermundistas respondieron a este llamado episcopal con un extenso Documento en el que consideraban el texto de los obispos “insuficiente, intemporal y parcial”, lo ponían en contradicción con otros textos (la famosa Declaración de Medellín, especialmente), por lo que se veían obligados no sólo a “integrar” sino a tomar “opciones pastorales” (en detrimento de la obediencia, desde luego, a sus obispos ordinarios), para terminar con unas abstrusas elucubraciones pseudo eclesiológicas a la luz de un difuso “espíritu del Concilio” (cf. Reflexiones en torno a la declaración de la Comisión Permanente del Episcopado del 12 de Agosto de 1970, Córdoba, 3 y 4 de octubre de 1970).
No tenemos noticias de que, tras la advertencia de los Obispos, el Padre Mugica (más allá de su ya mencionada ruptura con Montoneros) haya abandonado sus posiciones tercermundistas. Por el contrario, resulta claro que las mantuvo. Otra vez la pregunta: ¿dónde está la fidelidad al Magisterio legítimo de la Iglesia?
COLOFON
No escribimos con la intención de acusar a nadie. No nos mueve siquiera el deseo, legítimo por lo demás, de reivindicar personas y hechos que, en esa misma época, marcaron una genuina reacción católica contra el desvarío progresista; hechos y personas injustamente olvidados. De eso habrá tiempo cuando lo disponga Dios. Tampoco nos mueven “memorias históricas” ni el anhelo de una justicia demasiado humana, apenas un miserable remedo de la Justicia de Dios a la que nos encomendamos. No. Sólo nos mueve la Fe. Esa Fe peligra si hoy a las nuevas generaciones de católicos (y pensamos sobre todo en los sacerdotes) se les propone un relato eclesial sesgado y se le presentan como modelos de vida personajes que, cuanto menos, obligan a un respetuoso silencio.
Insistimos: lo más grave de Mugica no fueron ni sus opciones políticas, ni sus compromisos temporales, ni su identificación con este o aquel sector político, ni siquiera su ambigua posición frente a la lucha armada, a la que finalmente se opuso sin ambages tras la llegada de Perón al gobierno en 1973, oposición que tal vez fue la causa de su muerte.
Lo grave, lo decisivamente grave, es que contribuyó como pocos, en una Iglesia convulsa y confundida, a adulterar la Fe que recibió en su bautismo y que se comprometió a predicar el día de su ordenación. Puso al servicio de esta Fe adulterada los indiscutibles talentos que poseía, los rasgos de una personalidad fascinante que arrastraba y cautivaba auditorios y una pasión desbordante que, finalmente, lo llevó a morir. No cuestionamos su santidad personal. ¿Con qué derecho lo haríamos? Cuestionamos el significado y también la resignificación de su figura en el fondo trágica porque es, reiteramos, la parábola de una gran tragedia que los hombres de nuestra generación hemos vivido y que sigue gravando nuestras vidas.
Tal vez, después de todo, Mugica, sacerdos in aeternum, fue más víctima que victimario: la víctima de un tiempo confuso y oscuro que hoy, abrumados por la ideología del odio, algunos se empeñan en seguir llamando primavera.
Elevamos a Dios, con toda el alma, nuestra súplica por el Padre Mugica.
(De www.laprensa.com.ar)
Se transcribe un artículo al respecto:
MUGICA: HISTORIA DE UNA IMPOSTURA (Su exaltación es parte del "relato setentista" eclesiástico)
Por Mario Caponnetto y Miguel De Lorenzo
Este mes de mayo, el 11 para ser más precisos, se han cumplido cincuenta años del asesinato del Padre Carlos Mugica, el reconocido “cura villero” o “cura de los pobres” como suelen denominarlo sus panegiristas. El aniversario ha dado ocasión a una desmesurada exaltación de su figura: grandes homenajes eclesiásticos, derroche de elogios y ditirambos y hasta la instalación de una llamada “carpa misionera” frente a la Catedral Metropolitana de Buenos Aires con la obvia autorización del Arzobispo García Cuerva y la activa participación del Vicario General Monseñor Carrara.
La Jerarquía Católica que, salvo pocas y honrosas excepciones, viene promoviendo desde hace tiempo una suerte de “relato setentista” eclesiástico (véase al respecto la obra en tres tomos La verdad los hará libres, una historia burdamente sesgada de los años setenta llevada a cabo directamente por encargo de la Conferencia Episcopal Argentina) no parece dispuesta a reconciliarse con la verdad histórica ni a admitir las antiguas complicidades de algunos de sus miembros con el terrorismo subversivo. Por el contrario, no oculta su empeño en mantener una impostura a tono con la “historia oficial” impuesta a palos desde hace cuarenta años. Contra esta falsificación, alertaba George Bernanós: “Existe una conspiración contra el mal, no para destruirlo, sino para disimularlo”.
Esto explica la exaltación de Mugica. Efectivamente, Mugica es una figura emblemática de ese “setentismo” ominoso y sangriento, metamorfoseado en epopeya, convertido en una imaginaria “lucha de liberación” en pro de los pobres. Porque digamos de una vez por todas la verdad: en esa historia real de los setenta, no la ficticia, una nada despreciable cantidad de católicos (obispos, sacerdotes, religiosas y laicos) fueron activos protagonistas y, por ende, responsables, de ese gran baño de sangre que nos sumió en el dolor y la muerte. Mugica fue, en este sentido, uno de los personajes más reconocidos (aunque no se le pueden atribuir las máximas responsabilidades); por eso hoy se ha convertido en la bandera enarbolada por vastos sectores católicos y la misma Jerarquía de la Iglesia en la Argentina, en ese intento de “disimular el mal” del que nos alertaba Bernanós.
Hemos oído hablar en estos días de Mugica como el mártir de los pobres; la palabra mártir es muy especial y adquiere un sentido muy hondo y sugestivo. Supone que alguien ha sido despojado de su vida por amor a la fe. Pero la realidad es muy otra y lo decimos sin la menor animosidad contra la figura del Padre Mugica: por el contrario, la vida y la muerte de este sacerdote nos mueven más bien a una profunda tristeza: Mugica es la parábola viviente de una tragedia que sacudió a la par a la Iglesia y a la Patria. Por eso, su muerte nada tuvo de la gloria del martirio cristiano: fue sólo el horrible episodio de una sórdida lucha interna de facciones y epílogo, a la vez, de un camino lleno de errores y desaciertos, de idas y de retornos.
RELATO INSOSTENIBLE
Pero si a esta altura de los hechos en Argentina, el relato “laico” de los años setenta ha sido ampliamente rebatido y sólo subsiste en los que de él viven (o en los obcecados pese a toda evidencia), no pasa lo mismo con el relato eclesiástico. Si bien mucho se ha escrito acerca del fenómeno, ya mencionado, del gravísimo compromiso de amplios sectores católicos con el marxismo revolucionario de los años setenta, todavía no se ha hecho una evaluación profunda de su significado; y nos referimos, fundamentalmente, de su significado a la luz de la Fe. Porque lo que ocurrió entonces en la Iglesia fue, por sobre todas las cosas, algo que afectó de manera esencial la Fe. Esta tarea está pendiente y lo seguirá estando mientras la Jerarquía Católica persista inexplicablemente en ignorar el problema o, lo que es peor, en exaltar sus consecuencias presentándolas como frutos evangélicos.
Pero la verdad, insistimos, es bien distinta. Mugica fue uno de los tantos frutos de muerte de la herejía progresista, modernista y tercermundista que desgarró, y aún desgarra, a la Iglesia. En aquella época de imaginarias primaveras conciliares, se deslizaron por las venas de la Iglesia toda suerte de errores y de extravíos. La Teología de la Liberación, típico producto “teológico” europeo trasladado a nuestra América por los misioneros del nuevo credo, dio el clima ideológico en el que pulularon las más extrañas aventuras eclesiásticas, entre ellas, el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo del que Carlos Mugica fue mentor y líder entre nosotros.
Aquel movimiento implicaba, en esencia, una grave adulteración del Evangelio de Cristo, de la naturaleza y de la misión del sacerdocio católico al tiempo que consumaba una radical ruptura con el Magisterio de la Iglesia. Para aquellos clérigos tercermundistas (y cuantos con ellos avanzaron por el mismo camino) la misión del sacerdote católico dejó de estar enraizada en el misterio salvador de Jesucristo para fundarse en una praxis social liberadora. La pastoral no tenía ya como objetivo que los hombres vivieran la vida de la gracia y de la unión plena con Dios sino llevar a los pobres a la toma de conciencia de clase explotada y a poner en marcha, desde sí mismos y para sí mismos, el proceso revolucionario que los liberaría de las estructuras capitalistas y burguesas concebidas como estructuras de pecado. Este proceso revolucionario hacía del socialismo marxista -entonces considerado ineluctable- su herramienta principal: el socialismo vino a ser así la encarnación del Evangelio, su expresión histórica y, por ende, el compromiso ineludible de una Iglesia que debía para ello, necesariamente, romper con todo cuanto había dicho, predicado y enseñado. El Concilio Vaticano II, recientemente concluido, era apreciado como la voz de orden de ese cambio y los sacerdotes, y católicos en general, que así pensaban se sintieron la vanguardia profética de esa Iglesia nueva, para un mundo nuevo y por un hombre nuevo.
Hubo más. Puesto que la praxis revolucionaria era, ahora, inseparable de la pastoral, antes bien, se identificaba con ella, se planteaba el problema del método de dicha praxis. ¿Era la lucha armada, asumida por aquel entonces en Argentina e Hispanoamérica por el castrocomunismo y sus variantes, un camino lícito para los cristianos? No todos respondieron afirmativamente a esta pregunta, pero un número nada despreciable de sacerdotes dio inequívocamente su absoluta conformidad. De este modo, no sólo algunos sacerdotes tomaron las armas sino, lo que fue más grave, arrastraron a centenares de jóvenes católicos a la aventura de la guerrilla. En ella, no pocos, mataron y murieron; pero no por Cristo y su Evangelio sino por la falsa utopía revolucionaria bajo la inspiración de Marx, de Castro y de Ernesto Guevara. Esta es la verdad, la que los hombres de nuestra generación hemos visto y vivido de modo directo. No hay otra.
ALGUNOS TESTIMONIOS
¿Qué papel jugó exactamente Carlos Mugica en todo esto que acabamos de reseñar? Una lectura objetiva de sus actos y de sus textos nos permite advertir que, gracias a Dios, nunca perdió totalmente de vista el sentido sobrenatural del sacerdocio. También hay que destacar, en honor a la verdad completa, que hacia el final de su vida asumió su cuota de responsabilidad por la ola de violencia desatada en Argentina, así como su total ruptura con Montoneros a los que había animado y acompañado en sus momentos iniciales. También nos consta, por dichos de testigos directos, que esa conciencia de culpabilidad lo torturaba y angustiaba, sobre todo en los meses inmediatamente previos a su muerte.
Sabía, y lo decía con verdad, que la misión del sacerdote es llevar al hombre al pleno desarrollo de lo que hay en él de divino. Pero enseguida caía en un funesto error que lo hacía retroceder. “Para Cristo -escribía en Peronismo y Cristianismo- cada hombre es imagen y semejanza de Dios, por lo tanto, ofender a un hombre es ofender a Dios. Y el rol del que es ministro de Cristo es asumir la defensa del hombre, y sobre todo del pobre, del oprimido. Hay gente que dice: Ah, ustedes los sacerdotes, tanto hablar ahora de los pobres, ¿por qué no se ocupan de los ricos? Creo que sí, el sacerdote tiene el deber de ocuparse de los ricos. Su misión frente a los ricos es interpelarlos. Lo que pasa es que los ricos no quieren que uno se ocupe de ellos. Porque mi misión como sacerdote es denunciarlos. Yo tendría un problema de conciencia si no le hiciera ver al rico que, si no cambia de vida, debe poner sus bienes al servicio de la comunidad” ("Peronismo y Cristianismo", Buenos Aires, 1973. Fuente: http://www.elortiba.org/pdf/Carlos_Mugica-PeronismoyCristianismo.pdf).
Claro está que esta oposición dialéctica entre ricos y pobres de pecunia es radicalmente falaz pues presupone que el pobre es inmaculadamente bueno y el rico perdidamente malo: el corazón del hombre es mucho más profundo y el drama del pecado mucho más abismal que estas superficialidades sociológicas. Vale recordar a Sciacca: “El progreso modifica la superficie, pero los estúpidos se contentan con eso porque niegan la grandeza y la profundidad que no saben ver”.
Más adelante, en el mismo libro, su opción por el socialismo quedaba netamente expresada: “Por eso, como movimiento, los Sacerdotes del Tercer Mundo propugnamos el socialismo en la Argentina como único sistema en el cual se pueden dar relaciones de fraternidad entre los hombres. Que cesen las relaciones de dominación para que haya relaciones de fraternidad. Un socialismo que responda a nuestras auténticas tradiciones argentinas, que sea cristiano, un socialismo con rostro humano, que respete la libertad del hombre” (ibídem).
Su confusión, empero, llegaba a la cima cuando, sin más, asimilaba el Evangelio a las ideologías materialistas y ateas del marxismo: “Yo me opongo violentamente a todos los que pretenden reducir a Cristo al papel de un guerrillero, de un reformador social. Jesucristo es mucho más ambicioso. No pretende crear una sociedad nueva, pretende crear un hombre nuevo y la categoría de hombre nuevo que asume el Che, sobre todo en su trabajo El Socialismo y el Hombre, es una categoría netamente cristiana que San Pablo usa mucho” (ibídem). Y volvemos a Sciacca: “Creer que el mal puede ser vencido únicamente por obra del hombre; creer en la felicidad en la tierra, en sustitución de una vida vivida a la luz de la verdad es, por cierto, la última victoria del mal, la más peligrosa tentación de Satanás”.
Su ubicación frente a la lucha armada fue ambigua: “Ahora lo que sucede es esto: en concreto encontramos en América Latina -incluso en nuestro país- una situación de violencia institucionalizada. Es la violencia del hambre. Como dice Helder Cámara «El General hambre mata cada día más hombres que cualquier guerra». Es decir que existe la violencia del sistema, el desorden establecido. Frente a este desorden establecido yo, cristiano, tomo conciencia de que algo hay que hacer y me encuentro entre dos alternativas igualmente válidas: la de la no violencia en la línea de Luther King o la de la violencia en la línea del Che Guevara; hablando en cristiano la violencia en la línea de Camilo Torres. Y pienso que las dos opciones son legítimas” (“Entrevista al Padre Mugica”. Fuente: Revista 7 Días, junio de 1972).
Es evidente, pues, que Carlos Mugica sucumbió a todos los errores de una herejía de cuño modernista y progresista que, en el fondo, no fue ni es otra cosa que una grave adulteración del Evangelio y de la Fe. ¿Cómo es posible poner en la misma línea del hombre nuevo paulino, el hombre cristiano redimido por Cristo, la utopía marxista, signada ab instrinseco por el ateísmo más radical? ¿Qué falló aquí? Pues no otra cosa que la entera teología. Sus errores respecto del orden político social, su concreta opción por el socialismo, constituyeron antes que una equivocada opción política una contradicción expresa de la Fe de los Apóstoles y del Magisterio auténtico de la Iglesia.
Sí, es cierto: el Vaticano II no condenó al comunismo; pero tampoco levantó las condenas que pesaban sobre él. Pese a todo, cuando Mugica optaba por el socialismo, seguía vigente, por ejemplo, el Decreto de la Suprema Congregación del Santo Oficio, del 1 de junio de 1949, confirmado después por el Dubium del 4 de abril de 1959 que prohibía expresamente a todos los católicos la colaboración en cualquier terreno con el comunismo y consideraba a quienes violaban esta prohibición “apóstatas de la fe” incursos en “excomunión reservada de modo especial a la Sede Apostólica”. También regía plenamente la condena sin matices del Papa Pío XI en Divini Redemptoris, documento donde no sólo, ni principalmente, se declara al comunismo “intrínsecamente malo” (su afirmación más difundida) sino en el que se pone de manifiesto su carácter radical de falsa promesa redentora opuesta a la verdadera Promesa de Cristo, es decir, la promesa del hombre que se endiosa levantada en guerra inconciliable contra la Promesa de Dios hecho hombre. ¿Dónde está la proclamada fidelidad de Mugica al Magisterio de la Iglesia?
ADVERTENCIA DESOIDA
Pero hubo algo más inmediato y próximo. La creciente actividad del llamado Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo provocó una intervención directa del Episcopado Argentino de aquella época. En su Declaración del 12 de agosto de 1970, afirmaban los Obispos: “«Adherir a un proceso revolucionario … haciendo opción por un socialismo latinoamericano que implique necesariamente la socialización de los medios de producción del poder económico y político y de la cultura» (Declaración del Tercer Encuentro del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo. Santa Fe, 2 de mayo de 1970), no corresponde ni es lícito a ningún grupo de sacerdotes ni por su carácter sacerdotal, ni por la doctrina social de la Iglesia a la cual se opone, ni por el carácter de revolución social que implica la aceptación de la violencia como medio para lograr cuanto antes la liberación de los oprimidos”.
Unos párrafos más arriba, los Obispos exhortaban: “Lo que buscamos y queremos ahora es la reflexión seria y obligada de conocer bien y respetar la verdad de la Iglesia, en puntos básicos claramente enseñada por ella, para rectificar rumbos, deponer actitudes y, si es necesario, para hacer penitencia, que significa cambiar de mentalidad, a fin de pensar como piensa la Iglesia, con ella y en ella, cooperando así a su obra de salvación”.
Los tercermundistas respondieron a este llamado episcopal con un extenso Documento en el que consideraban el texto de los obispos “insuficiente, intemporal y parcial”, lo ponían en contradicción con otros textos (la famosa Declaración de Medellín, especialmente), por lo que se veían obligados no sólo a “integrar” sino a tomar “opciones pastorales” (en detrimento de la obediencia, desde luego, a sus obispos ordinarios), para terminar con unas abstrusas elucubraciones pseudo eclesiológicas a la luz de un difuso “espíritu del Concilio” (cf. Reflexiones en torno a la declaración de la Comisión Permanente del Episcopado del 12 de Agosto de 1970, Córdoba, 3 y 4 de octubre de 1970).
No tenemos noticias de que, tras la advertencia de los Obispos, el Padre Mugica (más allá de su ya mencionada ruptura con Montoneros) haya abandonado sus posiciones tercermundistas. Por el contrario, resulta claro que las mantuvo. Otra vez la pregunta: ¿dónde está la fidelidad al Magisterio legítimo de la Iglesia?
COLOFON
No escribimos con la intención de acusar a nadie. No nos mueve siquiera el deseo, legítimo por lo demás, de reivindicar personas y hechos que, en esa misma época, marcaron una genuina reacción católica contra el desvarío progresista; hechos y personas injustamente olvidados. De eso habrá tiempo cuando lo disponga Dios. Tampoco nos mueven “memorias históricas” ni el anhelo de una justicia demasiado humana, apenas un miserable remedo de la Justicia de Dios a la que nos encomendamos. No. Sólo nos mueve la Fe. Esa Fe peligra si hoy a las nuevas generaciones de católicos (y pensamos sobre todo en los sacerdotes) se les propone un relato eclesial sesgado y se le presentan como modelos de vida personajes que, cuanto menos, obligan a un respetuoso silencio.
Insistimos: lo más grave de Mugica no fueron ni sus opciones políticas, ni sus compromisos temporales, ni su identificación con este o aquel sector político, ni siquiera su ambigua posición frente a la lucha armada, a la que finalmente se opuso sin ambages tras la llegada de Perón al gobierno en 1973, oposición que tal vez fue la causa de su muerte.
Lo grave, lo decisivamente grave, es que contribuyó como pocos, en una Iglesia convulsa y confundida, a adulterar la Fe que recibió en su bautismo y que se comprometió a predicar el día de su ordenación. Puso al servicio de esta Fe adulterada los indiscutibles talentos que poseía, los rasgos de una personalidad fascinante que arrastraba y cautivaba auditorios y una pasión desbordante que, finalmente, lo llevó a morir. No cuestionamos su santidad personal. ¿Con qué derecho lo haríamos? Cuestionamos el significado y también la resignificación de su figura en el fondo trágica porque es, reiteramos, la parábola de una gran tragedia que los hombres de nuestra generación hemos vivido y que sigue gravando nuestras vidas.
Tal vez, después de todo, Mugica, sacerdos in aeternum, fue más víctima que victimario: la víctima de un tiempo confuso y oscuro que hoy, abrumados por la ideología del odio, algunos se empeñan en seguir llamando primavera.
Elevamos a Dios, con toda el alma, nuestra súplica por el Padre Mugica.
(De www.laprensa.com.ar)
domingo, 26 de mayo de 2024
La infancia en el centro de las acciones que buscan destruir a la sociedad
Por Enrique De Rosa Alabaster
En los últimos días, una campaña publicitaria en España desató una serie de respuestas en redes sociales en diversas partes del mundo. La contingencia permite señalar, hacer visible, una tendencia en el mundo y es la persistente e intensa acción que busca sexualizar a la infancia, asociando eso a otras acciones como las operaciones de cambio de sexo, que tantos desastres están dando por resultado. Pero vamos a ésta, ya que bajo la cubierta de un error no deja de actuar como la propaganda desde las cual se lanzan globos de ensayo, es decir intentos para ver la respuesta y ya luego ir habituando a la población a esto.
Hemos mencionado en varias oportunidades al origen moderno de la propaganda y de la figura del sobrino de Freud, Edward Bernays y cómo sus planteos hace un siglo siguen modelando la forma de instalar ideas en el público. Una de las características que persiste y se ha perfeccionado al día de hoy, es lanzar ideas controvertidas, que transgreden la norma vigente, pero luego en función de la respuesta obtenida, volver atrás en ellas, inclusive cuestionándolas. La idea transgresora ya ha sido “presentada en sociedad” y así de alguna manera ya ha estado instalada. Sin duda, la expresión que las teorías tachadas como conspirativas, anticientíficas, etcétera, son sólo la anticipación de la realidad, se cumple.
Una forma de ello es la programación predictiva, en la cual una idea se instala mucho tiempo antes de ser expuesta plenamente al público y permite ver cómo en diversas áreas temas absolutamente impensados en un momento, pasaron de ser parte de la ficción, de series, y hasta de debates televisivos que en su momento no se entendía la razón de los mismos por el absurdo que representaban, para que luego se instalen como (falso) dilema. Nadie hubiera dudado de sacar del aire una emisión televisiva hace por ejemplo 20 años que planteara la posibilidad de amor entre menores y adultos, hoy eso es un tema ya casi instalado. El camino, sin embargo, comenzó hace varias décadas, como se puede constatar en algunos casos célebres en la década de los años 70/80 en Francia.
Respecto a la programación predictiva, o más precisamente a la instalación de nuevas normas conceptuales y morales, es interesante una mirada a los sistemas de inteligencia artificial que ante una pregunta que reiteré en varios sistemas o plataformas, respecto a lo que es la programación predictiva responde, por ejemplo:
“…mediante el análisis de datos y la modelización predictiva, los gobiernos y organizaciones pueden identificar cuáles serán los problemas emergentes o las preocupaciones de la ciudadanía en el futuro. Con esta información, pueden adelantarse a los eventos, preparando iniciativas legislativas o campañas de comunicación que coloquen estos temas en el centro de la atención pública”.
O sea, la respuesta es que son temas que se estudian por anticipado para nuestro bien. Ahora bien, ¿eso incluye y responde a la idea de sexualizar a la infancia por ejemplo? Es en este contexto que viene a instalarse el tema del anuncio en la vía pública en España.
El Ayuntamiento (quizás nosotros lo llamaríamos municipalidad) de Almería, dice haberla lanzado “por error” en el marco de una campaña contra la violencia de género, un anuncio en la que por alguna extraña conexión se vinculaba el sexo con menores y en particular su capacidad de dar consentimiento en una imagen. El cartel venía encabezado con la imagen de un menor y el mensaje “Si dice no, no es sexo, es agresión”. Es decir, el problema es la agresión, que sumado a los repetidos mensajes de “no es no”, dejan en suspenso de una manera sugestiva implícitamente que el menor puede estar en condiciones psíquicas y emocionales de decir no. Ese es el límite, no el delito del adulto. Si bien se dice que la campaña era destinada a la violencia de género, instala con la imagen de un niño que el mismo puede decir no, y eso supondría que en caso que no diga no, según podemos inferir, tener sexo con un mayor no sería un inconveniente. Por supuesto, luego de la respuesta pública de rechazo a semejante dislate, el ayuntamiento, aduce un error del cual nadie parece ser responsable, aun cuando el anuncio portaba el logotipo no sólo del ayuntamiento de Almería, sino que el del Gobierno de España, y la campaña se había sufragado con fondos del Ministerio de Igualdad en el marco del Pacto de Estado contra la Violencia de Género.
En los términos de estudios poblacionales, el supuesto error de alguna manera sirvió de compulsa para ver el estado de la población respecto a un concepto/producto, al igual que se fueron instalando otras tantas imágenes primero de manera transgresora, como licencia artística o por error, para luego ser casi la norma. De hecho, la respuesta posterior a la crítica a nivel mundial fue mantener la campaña para, según señalaron, “concienciar y sensibilizar a la población almeriense sobre conceptos básicos de educación sexual para prevenir diferentes tipos de abusos sexuales”.
En varias notas en La Prensa se han señalado los intentos de sexualizar a la infancia, las doctrinas transgénero así como las operaciones mutilantes y los “arrepentidos” (de lo cual se habla poco), quienes al adquirir cierta madurez intentan volver para atrás una decisión que fue tomada a una edad que no podían tomarla. En muchos casos esa determinación es apoyada por el Estado, aun interviniendo contra la opinión de los padres.
En nuestro medio muchas veces se ha jugado con la idea del consentimiento del menor, instalando una idea que no resiste el menor análisis. Ese es el éxito de lo publicitario, no apelar a la razón, ya que plantearía un debate imposible en ese terreno, sino a la consigna ideologizada y completamente descontextualizada. En realidad, ese menor que sabemos desde la perspectiva psicoevolutiva no está en condiciones de dar un si o un no en determinadas áreas, menos frente a la presión de un adulto, se transforma en rehén, en víctima de un mercado humano: el mercado de la infancia que rinde unos extraordinarios beneficios.
La campaña internacional en favor de desproteger y exponer a los menores, bajo la idea de darles el poder de decisión, se extiende a todos los ámbitos no sólo el de la pedofilia que avanza a pasos agigantados. En los últimos tiempos empieza a ser evidente cómo esos menores también son no sólo producto a consumir en su inocencia, sino que son consumidores, como vemos en el auge de las apuestas en la infancia, en la cual cada vez más inmediatas plataformas virtuales facilitan el juego llevando al inicio de comportamientos adictivos y a la traslación de los mismos a otros dominios que pueden significar, en la necesidad de procurarse fondos para esas apuestas, el ingreso en el mundo del delito.
Quizás tenga que ser muy claro en que la infancia no sólo está en peligro, sino que está siendo desde hace mucho tiempo el objetivo principal de ciertas acciones que tienden a la destrucción de la sociedad, ya que el acoso a esos niños que serán pronto adultos los dejará en un mismo estado de indefensión y fácil presa de cualquier acción de control.
Lamentablemente, todo esto no es una novela distópica sino lo que ocurre, pero hay una intensa campaña que acompaña a la de dominación y control de la infancia y es la de instalar que cualquier intento de demostrar esto es parte de una especie de delirio conspirativo. Una de ellas es que un niño puede estar en condiciones de ser capaz de consentir. Un hecho ocurrido en estos días demuestra que no lo es y no necesitamos esperar el futuro, sólo basta mirar para atrás unos años, ver qué cosas creímos y ver cuáles se nos imponen ahora. El Parlamento alemán decide descriminalizar, reduciendo significativamente las penas, en caso de pornografía infantil. Esto quizás exima de todo comentario y resuma la famosa predicción de Orwell que, si no hacíamos algo ante el Estado que él anunciaba en sus obras, el futuro era una bota sobre nuestras cabezas. Evidentemente se refería a la bota concreta, pero especialmente a nuestras mentes aplastadas ante nuevos paradigmas totalitarios.
(De www.laprensa.com.ar)
En los últimos días, una campaña publicitaria en España desató una serie de respuestas en redes sociales en diversas partes del mundo. La contingencia permite señalar, hacer visible, una tendencia en el mundo y es la persistente e intensa acción que busca sexualizar a la infancia, asociando eso a otras acciones como las operaciones de cambio de sexo, que tantos desastres están dando por resultado. Pero vamos a ésta, ya que bajo la cubierta de un error no deja de actuar como la propaganda desde las cual se lanzan globos de ensayo, es decir intentos para ver la respuesta y ya luego ir habituando a la población a esto.
Hemos mencionado en varias oportunidades al origen moderno de la propaganda y de la figura del sobrino de Freud, Edward Bernays y cómo sus planteos hace un siglo siguen modelando la forma de instalar ideas en el público. Una de las características que persiste y se ha perfeccionado al día de hoy, es lanzar ideas controvertidas, que transgreden la norma vigente, pero luego en función de la respuesta obtenida, volver atrás en ellas, inclusive cuestionándolas. La idea transgresora ya ha sido “presentada en sociedad” y así de alguna manera ya ha estado instalada. Sin duda, la expresión que las teorías tachadas como conspirativas, anticientíficas, etcétera, son sólo la anticipación de la realidad, se cumple.
Una forma de ello es la programación predictiva, en la cual una idea se instala mucho tiempo antes de ser expuesta plenamente al público y permite ver cómo en diversas áreas temas absolutamente impensados en un momento, pasaron de ser parte de la ficción, de series, y hasta de debates televisivos que en su momento no se entendía la razón de los mismos por el absurdo que representaban, para que luego se instalen como (falso) dilema. Nadie hubiera dudado de sacar del aire una emisión televisiva hace por ejemplo 20 años que planteara la posibilidad de amor entre menores y adultos, hoy eso es un tema ya casi instalado. El camino, sin embargo, comenzó hace varias décadas, como se puede constatar en algunos casos célebres en la década de los años 70/80 en Francia.
Respecto a la programación predictiva, o más precisamente a la instalación de nuevas normas conceptuales y morales, es interesante una mirada a los sistemas de inteligencia artificial que ante una pregunta que reiteré en varios sistemas o plataformas, respecto a lo que es la programación predictiva responde, por ejemplo:
“…mediante el análisis de datos y la modelización predictiva, los gobiernos y organizaciones pueden identificar cuáles serán los problemas emergentes o las preocupaciones de la ciudadanía en el futuro. Con esta información, pueden adelantarse a los eventos, preparando iniciativas legislativas o campañas de comunicación que coloquen estos temas en el centro de la atención pública”.
O sea, la respuesta es que son temas que se estudian por anticipado para nuestro bien. Ahora bien, ¿eso incluye y responde a la idea de sexualizar a la infancia por ejemplo? Es en este contexto que viene a instalarse el tema del anuncio en la vía pública en España.
El Ayuntamiento (quizás nosotros lo llamaríamos municipalidad) de Almería, dice haberla lanzado “por error” en el marco de una campaña contra la violencia de género, un anuncio en la que por alguna extraña conexión se vinculaba el sexo con menores y en particular su capacidad de dar consentimiento en una imagen. El cartel venía encabezado con la imagen de un menor y el mensaje “Si dice no, no es sexo, es agresión”. Es decir, el problema es la agresión, que sumado a los repetidos mensajes de “no es no”, dejan en suspenso de una manera sugestiva implícitamente que el menor puede estar en condiciones psíquicas y emocionales de decir no. Ese es el límite, no el delito del adulto. Si bien se dice que la campaña era destinada a la violencia de género, instala con la imagen de un niño que el mismo puede decir no, y eso supondría que en caso que no diga no, según podemos inferir, tener sexo con un mayor no sería un inconveniente. Por supuesto, luego de la respuesta pública de rechazo a semejante dislate, el ayuntamiento, aduce un error del cual nadie parece ser responsable, aun cuando el anuncio portaba el logotipo no sólo del ayuntamiento de Almería, sino que el del Gobierno de España, y la campaña se había sufragado con fondos del Ministerio de Igualdad en el marco del Pacto de Estado contra la Violencia de Género.
En los términos de estudios poblacionales, el supuesto error de alguna manera sirvió de compulsa para ver el estado de la población respecto a un concepto/producto, al igual que se fueron instalando otras tantas imágenes primero de manera transgresora, como licencia artística o por error, para luego ser casi la norma. De hecho, la respuesta posterior a la crítica a nivel mundial fue mantener la campaña para, según señalaron, “concienciar y sensibilizar a la población almeriense sobre conceptos básicos de educación sexual para prevenir diferentes tipos de abusos sexuales”.
En varias notas en La Prensa se han señalado los intentos de sexualizar a la infancia, las doctrinas transgénero así como las operaciones mutilantes y los “arrepentidos” (de lo cual se habla poco), quienes al adquirir cierta madurez intentan volver para atrás una decisión que fue tomada a una edad que no podían tomarla. En muchos casos esa determinación es apoyada por el Estado, aun interviniendo contra la opinión de los padres.
En nuestro medio muchas veces se ha jugado con la idea del consentimiento del menor, instalando una idea que no resiste el menor análisis. Ese es el éxito de lo publicitario, no apelar a la razón, ya que plantearía un debate imposible en ese terreno, sino a la consigna ideologizada y completamente descontextualizada. En realidad, ese menor que sabemos desde la perspectiva psicoevolutiva no está en condiciones de dar un si o un no en determinadas áreas, menos frente a la presión de un adulto, se transforma en rehén, en víctima de un mercado humano: el mercado de la infancia que rinde unos extraordinarios beneficios.
La campaña internacional en favor de desproteger y exponer a los menores, bajo la idea de darles el poder de decisión, se extiende a todos los ámbitos no sólo el de la pedofilia que avanza a pasos agigantados. En los últimos tiempos empieza a ser evidente cómo esos menores también son no sólo producto a consumir en su inocencia, sino que son consumidores, como vemos en el auge de las apuestas en la infancia, en la cual cada vez más inmediatas plataformas virtuales facilitan el juego llevando al inicio de comportamientos adictivos y a la traslación de los mismos a otros dominios que pueden significar, en la necesidad de procurarse fondos para esas apuestas, el ingreso en el mundo del delito.
Quizás tenga que ser muy claro en que la infancia no sólo está en peligro, sino que está siendo desde hace mucho tiempo el objetivo principal de ciertas acciones que tienden a la destrucción de la sociedad, ya que el acoso a esos niños que serán pronto adultos los dejará en un mismo estado de indefensión y fácil presa de cualquier acción de control.
Lamentablemente, todo esto no es una novela distópica sino lo que ocurre, pero hay una intensa campaña que acompaña a la de dominación y control de la infancia y es la de instalar que cualquier intento de demostrar esto es parte de una especie de delirio conspirativo. Una de ellas es que un niño puede estar en condiciones de ser capaz de consentir. Un hecho ocurrido en estos días demuestra que no lo es y no necesitamos esperar el futuro, sólo basta mirar para atrás unos años, ver qué cosas creímos y ver cuáles se nos imponen ahora. El Parlamento alemán decide descriminalizar, reduciendo significativamente las penas, en caso de pornografía infantil. Esto quizás exima de todo comentario y resuma la famosa predicción de Orwell que, si no hacíamos algo ante el Estado que él anunciaba en sus obras, el futuro era una bota sobre nuestras cabezas. Evidentemente se refería a la bota concreta, pero especialmente a nuestras mentes aplastadas ante nuevos paradigmas totalitarios.
(De www.laprensa.com.ar)
Acerca de los jesuitas
Uno de los aspectos que caracterizan a los jesuitas es su mala reputación, ya que a lo largo de la historia
han sido expulsados muchas veces. Alain Woodrow escribió al respecto: "La voz pública -tal vez a causa de las tesis regicidas defendidas por algunos jesuitas- ha visto la mano oculta de la Compañía en muchos asesinatos, o intentos de asesinato...Ha sido esa pésima reputación la que ha hecho que los jesuitas fueran expulsados setenta y cuatro veces de los ditintos países en que se habían establecido, y que la misma Compañía fuera oficialmente disuelta por el papa Clemente XIV en 1773, para renacer unos años después, pero esta vez como defensora de las ideas absolutistas de la Santa Sede (defensa del trono, lucha contra el modernismo, etc)" (De "Los jesuitas"-Editorial Planeta SA-Buenos Aires 1985).
En cuanto a la postura política de los últimos tiempos, el citado autor escribió: "El director de Présent termina con este sorprendente resumen: «Los jesuitas han ganado. No han sido los únicos, pero han estado sin duda en primera fila de la colosal evolución mental, política y religiosa, por la que la Iglesia universal, en su conjunto, se encuentra hoy, casi, casi, más cerca del comunismo que del anticomunismo... Hasta tal punto que han llegado a hablar de ello abiertamente. ¿Por qué molestarse de ahora en adelante? Que nosotros sepamos, el padre Arrupe es hasta ahora el único superior general de una gran orden religiosa que haya declarado, que haya escrito, que haya decretado que la colaboración con el comunismo es ´no sólo posible, sino deseable´»".
La actuación de los jesuitas en Sudamérica, en el siglo XVIII, se materializa en la misiones en el Paraguay y el noroeste argentino, en donde establecen una especie de socialismo, siendo los aborígenes explotados laboralmente a imagen y semejanza de los socialismos que se verán después en el siglo XX. Es por ello que son expulsados de las misiones. La explotación laboral de los sectores privados es reemplazada por la explotación laboral del Estado, siendo el remedio peor que la enfermedad.
Es oportuno mencionar algunas opiniones respecto de los jesuitas:
Georges Bernanos escribió: "El viejo sueño de los jesuitas desde hace ciento cincuenta años: organizar la cristiandad siguiendo los métodos de la dictadura totalitaria y de la razón de Estado".
Blaise Pascal: "Los jesuitas han querido unir Dios al mundo, y lo único que han hecho ha sido ganarse el desprecio de Dios y del Mundo".
Información adicional en el siguiente artículo:
CUANDO SÓLO SE DIVIDE POR DOS
Por Noemi Agostino
Haciendo un poco de historia. La orden de los jesuitas surge como una orden militar para aniquilar al protestantismo, consigna explícita en el juramento de la orden. El tal reza la promesa: “Yo declaro y prometo cuando la oportunidad se presente de preparar y hacer implacable guerra contra todos los herejes protestantes, extirparlos de la faz de la tierra. No perdonaré ni edad, ni sexo, ni condición con tal de aniquilar su execrable raza” (…) El juramento es más largo y mucho más violento porque hace referencia a todas las manchas que la orden de la Compañía de Jesús ha tenido a lo largo de su historia: la copa del veneno, la daga, la espada. Pero para comprobar y hacer palpable este juramento. En la iglesia de Gesú que está en Roma, la cual es su templo central, donde su fundador Ignacio de Loyola oficiaba misas; podemos encontrar las estatuas que confirman el aniquilamiento.
Extraña el cruel silencio, nadie pide la remoción de estas imágenes de la feroz persecución. Aún aquellos que quieren volver al corazón del Santo Padre, no se han pronunciado. El respeto a los miles y miles de hermanos nuestros masacrados por el único delito de llevarnos a la verdad de la Palabra en días de prolongadas y sangrientas noches.
La Compañía Jesús fue expulsada de casi todos los países de Europa por su actitud conspirativa. Sus vinculaciones con el poder político-económico y principalmente por la desestabilización que produce el pensamiento dialéctico: Afirmar algo como una verdad y luego negarla. Primero aborrecer a los divorciados y luego querer darles la comunión. Primero perseguir a los homosexuales, luego abrirles las puertas para finalmente cerrarlas de golpe. Perseguir a los protestantes pero infiltrarse, conocerlos, penetrar en su doctrina, modificarla, de modo que se autodestruyan. Esa atomización del pensamiento y de las acciones fue la gran estrategia a los largo de su devenir.
Tal fue el poder que adquirió esta orden que, en el 1773, el Papa Clemente XIV prohibió La Compañía de Jesús siendo asesinado por envenenamiento poco tiempo después. El mismo advirtió que esta decisión podría costarle la vida. Una vez en el exilio, por medio del General Superior Jesuita Lorenzo Ricci, el 1 de mayo de 1776 se crea la Orden de los Iluminattis en Baviera, llevando como cabeza visible al catedrático de la Universidad Jesuita en Ingolstad Baviera, Adam Weishaupt. Es a partir de ese momento que se convierten en una secta secreta organizada.
En 1798 el papa Pio VI fue hecho prisionero por el ejército francés y el poder papal recibió su golpe mortal. Weishaupt y sus compañeros jesuitas recortaron las entradas económicas del Vaticano, suscitando y dirigiendo la Revolución francesa y a Napoleón hacia la conquista de la Europa católica. Utilizaron a Napoleón para encarcelar al papa en Avignon, hasta que recibió como pago de su liberación reestablecer la orden. Esta guerra entre el Vaticano contra los jesuitas terminó con el congreso de Viena y el tratado secreto de Verona. Napoleón al verse manipulado por ellos deja escrito: “Los Jesuitas son una organización militar, no una orden religiosa. Su jefe es un general de un ejército, no un mero padre abad de un monasterio. Y la meta de esta organización es: PODER. Poder en su ejercicio más déspota. Poder absoluto, poder universal, poder para controlar al mundo por la volición de un solo hombre. El Jesuitismo es el más absoluto de los despotismos; y al mismo tiempo el más grande y más enorme de los abusos..." (Memorial of the Captivity of Napoleón at St. Helena).
"El General de los Jesuitas insiste en ser el amo, soberano, sobre los soberanos. Donde quiera que los Jesuitas sean admitidos ellos serán los amos, cueste lo que cueste. La sociedad de ellos es por naturaleza dictatorial, por lo tanto, es el irreconciliable enemigo de toda autoridad constituida. Todo acto, todo crimen, por más atroz, es un trabajo meritorio, si es cometido por los intereses de la Sociedad de los Jesuitas, o por orden del General." -- General Montholon, (Memorial of the Captivity of Napoleón at St. Helena).
Finalmente, el papa Pio VI es liberado de la prisión a cambio de reestablecer la orden de los jesuitas con todos sus derechos y privilegios. Teniendo a los Papas bajo su poder, fue reestablecida la Orden por León XIII, SIN RESTRICCIÓN ALGUNA DE AUTORIDAD HUMANA Y PAPAL, con presencia permanente en el Vaticano del General Superior Jesuita. Al que a partir de ese entonces se lo denominará con el nombre de “Papa Negro”. (De www.cordialmentepxg.com)
En cuanto a la postura política de los últimos tiempos, el citado autor escribió: "El director de Présent termina con este sorprendente resumen: «Los jesuitas han ganado. No han sido los únicos, pero han estado sin duda en primera fila de la colosal evolución mental, política y religiosa, por la que la Iglesia universal, en su conjunto, se encuentra hoy, casi, casi, más cerca del comunismo que del anticomunismo... Hasta tal punto que han llegado a hablar de ello abiertamente. ¿Por qué molestarse de ahora en adelante? Que nosotros sepamos, el padre Arrupe es hasta ahora el único superior general de una gran orden religiosa que haya declarado, que haya escrito, que haya decretado que la colaboración con el comunismo es ´no sólo posible, sino deseable´»".
La actuación de los jesuitas en Sudamérica, en el siglo XVIII, se materializa en la misiones en el Paraguay y el noroeste argentino, en donde establecen una especie de socialismo, siendo los aborígenes explotados laboralmente a imagen y semejanza de los socialismos que se verán después en el siglo XX. Es por ello que son expulsados de las misiones. La explotación laboral de los sectores privados es reemplazada por la explotación laboral del Estado, siendo el remedio peor que la enfermedad.
Es oportuno mencionar algunas opiniones respecto de los jesuitas:
Georges Bernanos escribió: "El viejo sueño de los jesuitas desde hace ciento cincuenta años: organizar la cristiandad siguiendo los métodos de la dictadura totalitaria y de la razón de Estado".
Blaise Pascal: "Los jesuitas han querido unir Dios al mundo, y lo único que han hecho ha sido ganarse el desprecio de Dios y del Mundo".
Información adicional en el siguiente artículo:
CUANDO SÓLO SE DIVIDE POR DOS
Por Noemi Agostino
Haciendo un poco de historia. La orden de los jesuitas surge como una orden militar para aniquilar al protestantismo, consigna explícita en el juramento de la orden. El tal reza la promesa: “Yo declaro y prometo cuando la oportunidad se presente de preparar y hacer implacable guerra contra todos los herejes protestantes, extirparlos de la faz de la tierra. No perdonaré ni edad, ni sexo, ni condición con tal de aniquilar su execrable raza” (…) El juramento es más largo y mucho más violento porque hace referencia a todas las manchas que la orden de la Compañía de Jesús ha tenido a lo largo de su historia: la copa del veneno, la daga, la espada. Pero para comprobar y hacer palpable este juramento. En la iglesia de Gesú que está en Roma, la cual es su templo central, donde su fundador Ignacio de Loyola oficiaba misas; podemos encontrar las estatuas que confirman el aniquilamiento.
Extraña el cruel silencio, nadie pide la remoción de estas imágenes de la feroz persecución. Aún aquellos que quieren volver al corazón del Santo Padre, no se han pronunciado. El respeto a los miles y miles de hermanos nuestros masacrados por el único delito de llevarnos a la verdad de la Palabra en días de prolongadas y sangrientas noches.
La Compañía Jesús fue expulsada de casi todos los países de Europa por su actitud conspirativa. Sus vinculaciones con el poder político-económico y principalmente por la desestabilización que produce el pensamiento dialéctico: Afirmar algo como una verdad y luego negarla. Primero aborrecer a los divorciados y luego querer darles la comunión. Primero perseguir a los homosexuales, luego abrirles las puertas para finalmente cerrarlas de golpe. Perseguir a los protestantes pero infiltrarse, conocerlos, penetrar en su doctrina, modificarla, de modo que se autodestruyan. Esa atomización del pensamiento y de las acciones fue la gran estrategia a los largo de su devenir.
Tal fue el poder que adquirió esta orden que, en el 1773, el Papa Clemente XIV prohibió La Compañía de Jesús siendo asesinado por envenenamiento poco tiempo después. El mismo advirtió que esta decisión podría costarle la vida. Una vez en el exilio, por medio del General Superior Jesuita Lorenzo Ricci, el 1 de mayo de 1776 se crea la Orden de los Iluminattis en Baviera, llevando como cabeza visible al catedrático de la Universidad Jesuita en Ingolstad Baviera, Adam Weishaupt. Es a partir de ese momento que se convierten en una secta secreta organizada.
En 1798 el papa Pio VI fue hecho prisionero por el ejército francés y el poder papal recibió su golpe mortal. Weishaupt y sus compañeros jesuitas recortaron las entradas económicas del Vaticano, suscitando y dirigiendo la Revolución francesa y a Napoleón hacia la conquista de la Europa católica. Utilizaron a Napoleón para encarcelar al papa en Avignon, hasta que recibió como pago de su liberación reestablecer la orden. Esta guerra entre el Vaticano contra los jesuitas terminó con el congreso de Viena y el tratado secreto de Verona. Napoleón al verse manipulado por ellos deja escrito: “Los Jesuitas son una organización militar, no una orden religiosa. Su jefe es un general de un ejército, no un mero padre abad de un monasterio. Y la meta de esta organización es: PODER. Poder en su ejercicio más déspota. Poder absoluto, poder universal, poder para controlar al mundo por la volición de un solo hombre. El Jesuitismo es el más absoluto de los despotismos; y al mismo tiempo el más grande y más enorme de los abusos..." (Memorial of the Captivity of Napoleón at St. Helena).
"El General de los Jesuitas insiste en ser el amo, soberano, sobre los soberanos. Donde quiera que los Jesuitas sean admitidos ellos serán los amos, cueste lo que cueste. La sociedad de ellos es por naturaleza dictatorial, por lo tanto, es el irreconciliable enemigo de toda autoridad constituida. Todo acto, todo crimen, por más atroz, es un trabajo meritorio, si es cometido por los intereses de la Sociedad de los Jesuitas, o por orden del General." -- General Montholon, (Memorial of the Captivity of Napoleón at St. Helena).
Finalmente, el papa Pio VI es liberado de la prisión a cambio de reestablecer la orden de los jesuitas con todos sus derechos y privilegios. Teniendo a los Papas bajo su poder, fue reestablecida la Orden por León XIII, SIN RESTRICCIÓN ALGUNA DE AUTORIDAD HUMANA Y PAPAL, con presencia permanente en el Vaticano del General Superior Jesuita. Al que a partir de ese entonces se lo denominará con el nombre de “Papa Negro”. (De www.cordialmentepxg.com)
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