lunes, 19 de junio de 2023

Del Renacimiento a la Revolución Soviética

Es interesante conocer la opinión de un pensador católico respecto del acontecer histórico de los últimos cinco siglos de la humanidad, al menos en Occidente. Al alejamiento de los seres humanos respecto de la religión se lo considera como una situación ajena a la Iglesia, sin tener en cuenta que, en muchos casos, cuando alguien está dispuesto a aceptar el cristianismo, advierte que no puede entender varios de sus incomprensibles misterios, por lo cual le resulta imposible entenderlo y mucho menos hacer que pueda existir en su mente para poder influir en su vida.

Cuando se logra entenderlo adoptando una postura compatible con la religión natural, de manera que esta vez pueda ser de utilidad como orientadora en la vida, desde la ortodoxia católica se niega y se descalifica tal posibilidad. Aún cuando se adopten los mandamientos bíblicos como meta a cumplir, se rechazará tal postura por cuanto se considera que la fe cognitiva es prioritaria a la acción ética.

A continuación se transcribe un escrito de Alfredo Sáenz en el cual describe el proceso de alejamiento de la sociedad respecto del cristianismo. Tal síntesis tiene también validez parcial desde el punto de vista de la religión natural:

HACIA UNA VISIÓN SINTÉTICA: DEL RENACIMIENTO A LA REVOLUCIÓN SOVIÉTICA

Intentemos una visión de conjunto del camino recorrido. Lo haremos recurriendo a las inteligentes observaciones que al respecto hemos encontrado en Berdiaev. Según él, tanto la Revolución Francesa del siglo XVIII como el positivismo y el socialismo del siglo XIX son las consecuencias del humanismo que comenzó a imponerse a partir del Renacimiento, al mismo tiempo que los síntomas del agotamiento de su poder creador.

En el Renacimiento, el hombre comenzó el proceso de su autoexaltación. El florecimiento de lo humano no era posible sino en el grado en que el hombre tenía conciencia, en lo más profundo de su ser, de su verdadero lugar en el cosmos, conciencia de que encima de él había instancias superiores. Su perfeccionamiento humano sólo resultaba factible mientras se mantuviese ligado a las raíces divinas.

Al comienzo del Renacimiento, el hombre tenía aún esa conciencia, reconocía todavía el sentido trascendente de su existencia. Pero poco a poco se fue deslizando hacia la ruptura. El Renacimiento pudo ser un progreso, un desemboque enriquecedor de la Edad Media. Mas no fue así, al menos si los juzgamos por el desarrollo histórico que provocó, si lo juzgamos por lo que desencadenó: "Se ofrece al hombre una inmensa libertad -escribe Berdiaev-, que es el inmenso experimento de las fuerzas de su espíritu. Dios mismo, por decirlo así, espera del hombre su acción creadora, su aportación creadora. Pero, en lugar de volver hacia Dios su imagen creadora y de entregar a Dios la libre sobreabundancia de sus fuerzas, el hombre ha gastado y destruido esas fuerzas en la afirmación de sí mismo".

La paradoja no deja de ser dolorosa. El Renacimiento se inauguró con la afirmación gozosa de la individualidad creadora del hombre pero al agotarse sus virtualidades se clausuró con la negación de esa individualidad. El hombre sin Dios deja de ser hombre: tal es para Berdiaev el sentido religioso de la dialéctica interna de la historia de los últimos cinco siglos, historia de la grandeza y decadencia de las ilusiones humanistas.

Paulatinamente el hombre se fue desvinculando de sus religaciones trascendentes, y vaciada su alma, acabó convertido en esclavo, no de las fuerzas superiores, sobrehumanas, sino de los elementos inferiores e inhumanos. La elaboración de la religión humanista, la divinización del hombre y de lo humano, constituyen precisamente el fin del humanismo, su autonegación, el agotamiento de sus fuerzas creadoras. De la autoafirmación renacentista a la autonegación moderna.

En nuestra época ya se ha extenuado el libre juego renacentista de las potencias del hombre, al cual debemos el arte italiano, Shakespeare y Goethe. En nuestra época se desarrollan fuerzas hostiles, que aplastan al hombre. Hoy no es el hombre quien está liberado, sino los elementos inhumanos o infrahumanos que él desatara y cuyas oleadas lo acosan por todas partes. Estamos de nuevo en presencia de esa verdad paradojal, es a saber, que cuando el hombre se somete a un principio superior, suprahumano, se consolida y se afirma, mientras que se pierde cuando resuelve permanecer encerrado en su pequeño mundo, lejos de lo que lo trasciende.

El pensador ruso ha encontrado otra formulación para explicar lo mismo. Se ha llegado a considerar el proceso de la historia moderna, afirma, como el de una progresiva y creciente emancipación. "Pero ¿emancipación de qué, emancipación para qué? Los tiempos modernos no lo han sabido. Se hubieran visto en definitiva muy apurados para decir en nombre de quién, en nombre de qué. ¿En nombre del hombre, en nombre del humanismo, en nombre de la libertad y de la felicidad de la humanidad? No se ve ahí nada que sea una respuesta. No se puede liberar al hombre en nombre de la libertad del hombre, por no poder el hombre ser la finalidad del hombre. Así nos apoyamos sobre un vacío total. Si el hombre no tiene hacia qué elevarse, queda privado de sustancia. La libertad humana aparece en este caso como una simple fórmula sin consistencia" (De "Una nueva Edad Media").

Berdiaev creyó encontrar la mejor prueba de su aserto considerando lo acaecido en el campo del arte. El Renacimiento exaltó la imagen del hombre, su rostro clarividente, su torso musculoso, pero las corrientes estéticas del siglo XX han sometido la forma humana a un profundo quebranto, la han desvencijado. El hombre, imagen de Dios, tema obligado y excelso del arte, desaparece al fin, descompuesto en fragmentos, como se puede ver en Picasso, sobre todo en el Picasso del periodo cubista.

El mismo proceso es advertible en el campo del conocimiento. Hemos visto en qué grado la Revolución Francesa exaltó la razón del hombre, hasta llegar a endiosarla. Y recientes escuelas filosóficas no trepitaron en negar la posibilidad de que la razón humana fuese capaz de acceder a la verdad. Berdiaev compara el proceso gnoseológico con el proceso seguido en el arte: en la gnoseología crítica hay algo que recuerda al cubismo. A fuerza de atribuir suficiencia al conocimiento no sólo para autodefinirse y autoafirmarse, sino también para develar la totalidad de los problemas, llega el hombre a la negación y a la autodestrucción de su propia capacidad de inteligir. Perdido su centro espiritual y negado el origen trascendente de su inteligencia, reflejo del Logos divino, el hombre se pierde a sí mismo y renuncia a su capacidad de entender.

Dos hombres dominan el pensamiento de los tiempos modernos, Nietzsche y Marx, que ilustran con genial acuidad las dos formas concretas de la autonegación y autodestrucción del humanismo. En Nietzsche, el humanismo abdica de sí mismo y se desmorona bajo la forma individualista; en Marx, bajo la forma colectivista. Ambas formas han sido engendradas por una sola y misma causa: la sustracción del hombre a las raíces trascendentes y divinas de la vida. Tanto en Marx como en Nietzsche se consuma el fin del Renacimiento, aunque en formas diversas. Pero en ninguno de los dos casos se ha consumado con el triunfo del hombre. Despúes de ellos, ya no es posible ver en el humanismo moderno un ideal esplendoroso, ya no es posible la fe ingenua en lo pruramente humano.

Berdiaev ha caracterizado de dos maneras el largo proceso de los últimos siglos. En primer lugar, dice, se ha producido un gigantesco desplazamiento del centro a la periferia. Cuando el hombre rompió con el centro espiritual de la vida, se fue deslizando lentamente desde el fondo hacia la superficie, se fue haciendo cada vez más superficial, viviendo cada vez más en la periferia de su ser. Pero como el hombre ni puede vivir sin un centro, pronto comenzaron a surgir en la superficie misma de su vida, nuevos y engañosos centros.

Emancipados sus órganos y sus potencias de toda subordinación jerárquica, se proclamaron a sí mismos centros vitales, avanzando el hombre, siempre más, hacia la epidermis de su existencia. En nuestro siglo, el hombre occidental se encuentra en un estado de vacuidad terrible. Ya no sabe dónde está el centro de la vida. Ni siente profundidad bajo sus pies. Entre el principio y el fin de la era humanista, la distancia es formidable y la contradicción aterradora.

Asimismo Berdiaev considera este transcurrir de la modernidad como un trágico y secular desplazamiento de lo orgánico a lo mecánico. El fin histórico del Renacimiento trajo consigo la disgregación de todo cuanto era orgánico, la Cristiandad, las corporaciones, el orden político...Al comienzo de sus primeras fases, dicha dispersión fue considerada como si se tratase de una liberación de las potencias creadores del hombre, expeditas ahora para llevar adelante un juego autónomo. Mas no fue así, ya que dichas potencias se vieron constreñidas a subordinarse a nuevos engranajes sociales, cuyo símbolo fue la máquina, a la que debieron someterse. No es ello de extrañar ya que "cuando las potencias humanas salen del estado orgánico, quedan inevitablemente sujetas al estado mecánico".

En relación con este tema señala Thibon que, a diferencia del hombre de la cristiandad, impregnado de las corrientes que proceden de los otros dos mundos, es decir, asentado sobre lo elemental y coronado con lo espiritual, el hombre moderno no sólo ha perdido sus conexiones con el orden sobrenatural, sino también, en buena parte, con la naturaleza misma: "La sociedad feudal tenía echada sus raíces en la naturaleza y en la vida por el primado de la fuerza y del coraje físico, por la pertenencia a la tierra, por la herencia y el respeto a la ley de la sangre, y recibía el influjo espiritual y religioso por el juramento, la fidelidad, el espíritu caballeresco y todas las formas de sacralización del pacto social... La parte más ostensible de la sociedad actual, con sus jerarquías, basadas en el dinero anónimo y en el Estado abstracto; sus celebridades, agigantadas por la propaganda; sus autoridades, brotadas del azar y de la intriga, corresponde exactamente al segundo tipo. Vacíos de la savia de la tierra y de la savia del cielo...¿Cómo extrañarse, en estas condiciones, de la proliferación de flores artificiales? Son las únicas que no necesitan raíces ni savia".

El complejo proceso de la Revolución Moderna adquiere inteligibilidad si se lo considera a la luz de la parábola del hijo pródigo. Los hombres del Renacimiento pidieron a Dios la parte de su herencia, le pidieron el libre uso de su inteligencia, de su voluntad, de sus pasiones, para usarlas a su arbitrio. Al principio se sentían felices, pletóricos de impulso creador. Pero con el tiempo esa herencia se fue dilapidando, malbaratando, y los hombres comenzaron a sentirse vacíos, a experimentar hambre, y los que se habían negado a reconocer a su Señor divino buscaban ahora amos extraños con los cuales conchavarse. Acabaron apacentando cerdos.

La parábola de Cristo es dura e irónica. El hombre quiso hacerse como Dios, según se lo insinuara la tentación paradisiaca, y acabó reduciéndose al nivel de los animales. Bien afirma Thibon que "el hombre no escapa a la autoridad de las cosas de arriba, que lo alimentan, más que para caer en la tiranía de las cosas de abajo, que lo devoran". Es lo que dijo San Agustín: "El que cae de Dios, cae de sí mismo".

Casaubón lo expresa a su modo: "Resulta evidente que el hombre, para exaltarse a sí mismo ante Dios, Cristo, la Iglesia y el orden cósmico, ha ido negando 'progresivamente' a la Iglesia primero, a Cristo luego, a Dios enseguida, a la verdad especulativa, a la moral y a la belleza por último, autonegándose y empobreciéndose por lo mismo, para ponerse como epifenómeno de la economía, o de la líbido, o de la raza. Por tanto, buscándose, se ha perdido, como ya lo preveía Cristo".

(De "La cristiandad y su cosmovisión" de Alfredo Sáenz S.J.-Ediciones Gladius-Buenos Aires 1992)

COMENTARIO:

Si en el escrito anterior cambiamos la palabra Dios por Ley natural u Orden natural, el artículo tiene vigencia también desde el punto de vista de la religión natural, en la cual se propone la adaptación del hombre al orden natural.

domingo, 18 de junio de 2023

Cooperación y competencia en la familia, la sociedad y las naciones

Tanto a nivel familiar como social y como internacional, se establecen vínculos y conflictos que pueden ser descriptos en función de las dos tendencias básicas del comportamiento humano, que son la cooperación (asociada a la empatía emocional y a la competencia constructiva) y a la competencia destructiva (asociada al odio y al egoísmo). En todos los casos, son individuos quienes toman decisiones y, por lo tanto, dejan impresas las huellas de sus propias actitudes predominantes.

Las distintas opiniones que surgen desde la religión, de la filosofía y de las ciencias sociales pueden ser optimistas, realistas o pesimistas, si ven a los seres humanos mejor, igual o peor de lo que en realidad son, respectivamente. Así, el optimista dirá que la familia, como institución social, garantiza el éxito de sus integrantes debido a la bondad natural de cada uno. El realista dirá que existen tanto familias exitosas como familias fracasadas, mientras que el pesimista asegura que en la familia tradicional impera el egoísmo y la explotación patriarcal, por lo que debería desaparecer como célula básica de la sociedad.

Las propuestas que surgen desde la educación, la política o la economía derivan necesariamente de la orientación básica mencionada, es decir, optimista, realista o pesimista. De ahí que, desde un punto de vista lógico, pueden ser todas coherentes, pero, como surgen de creencias distintas sobre la única realidad, conllevan a desacuerdos con pocas posibilidades de llegar a coincidencias definitivas.

Cuando el optimista opina sobre la sociedad, posiblemente dirá que todo funciona bien, ya que las distintas clases sociales se complementan y colaboran entre ellas, como ocurría en épocas feudales y posteriores. Asi, Jacob Burckhardt escribía: "El arte y la magnificencia de que hizo alarde la Italia del Renacimiento en tales materias sólo fue posible gracias a la libre convivencia de todas las clases sociales que constituyeron el fundamento de la sociedad italiana" (Citado en "Maquiavelo" de Fernando Lucero Figueroa-UNR Editora-Rosario 2001).

Cuando el realista opina de la sociedad, propondrá la división de poderes del Estado, la economía de mercado en donde las empresas compiten evitando la formación de monopolios y las elecciones periódicas que permite el cambio de quienes gobiernan, además de la igualdad ante la ley. Como la sociedad está compuesta por personas que llevan encima actitudes cooperativas y también egoístas y destructivas, propone limitar la posibilidad de toda concentración de poder, ya sea político, económico o ideológico.

Cuando el pesismista opina sobre la sociedad, aduce que existe una básica lucha de clases, es decir, entre una poderosa y perversa clase dominante contra una débil y honesta clase dominada y explotada, por lo cual necesariamente se debería abolir la propiedad privada de los medios de producción (y a veces de toda forma de propiedad privada) para llegar así al colectivismo y el totalitarismo.

Cuando se hace referencia al orden internacional, también se vislumbran las diferencias advertidas. El optimista propondrá la formación de un gobierno mundial para evitar desvíos de la buena voluntad que muestran la mayoría de los países. El realista verá en el mercado libre mundial la posible cooperación entre naciones que afianzará el bienestar general y anulará las posibilidades de guerras y conflictos. El pesimista verá una dominación imperialista ejercida desde los países exitosos sobre los más débiles, inocentes de toda culpabilidad, por lo cual propone la abolición del sistema capitalista encubriendo el íntimo deseo de instaurar un imperialimo mundial de tipo socialista, o bien un gobierno supranacional que imponga sobre la humanidad un orden artificial distante del orden natural inherente al universo que conocemos.

El anterior análisis puede tener el inconveniente de ser incompleto, dejando de lado otras opiniones distintas, consistiendo seguramente en una simplificación excesiva. Sin embargo, es importante advertir las tendencias básicas mencionadas que están presentes en las personalidades de los seres humanos reales y concretos.

sábado, 17 de junio de 2023

La visión del universo de Giordano Bruno

Uno de los personajes de más renombre, que padeció el castigo de la inquisición, fue el sacerdote y filósofo Giordano Bruno, quemado vivo en el año 1600. Nacido en Nola (Napoli), se refiere a sí mismo como el Nolano. De espíritu discutidor, se enfrentó con la ortodoxia católica de su tiempo, sin advertir que resultaba casi imposible revertir o cambiar una ideología elaborada con cierto rigor lógico.

Entre los escritos de Bruno, aparece el siguiente: "Id a Oxford y haced que os cuenten lo que le pasó al Nolano cuando disputó en público con esos doctores en teología en presencia del príncipe polaco Alberto Laski y de otras personas de la noblesa inglesa. Que os digan cómo se supo responder a los argumentos, cómo quedó en quince ocasiones y por quince silogismos completamente mudo sin saber qué decir ese pobre doctor que en calidad de corifeo de la Academia enfrentaron al Nolano en esa importante ocasión. Que os digan con cuánta descortesía y mala educación se comportaba ese cerdo y con cuanta paciencia actuó el Nolano, mostrando ser realmente napolitano de nacimiento y educado bajo más benigno cielo" (Citado por Miguel A. Granada en la Introducción a la "Expulsión de la bestia triunfante" de Giordano Bruno-Ediciones Altaya SA-Barcelona 1997).

En cuanto a su visión del universo, llama la atención que ya en el siglo XVI pudo advertir lo que biólogos, geólogos y astrónomos descubrieron algunos siglos después. Al respecto escribió: "El proceso de la evolución es lento y está lleno de obstáculos. Así como la tierra se ha venido formando y perfeccionando poco a poco por medio de cataclismos, terremotos, inundaciones y erupcions volcánicas, etc., asimismo el alma humana se ha venido perfeccionando por medio del sufrimiento y de las dificultades que tiene que vencer".

"Sin el sufrimiento, nuestro espíritu permanecería siempre atrasado... De ahí se sigue que lo que llamamos mal, es un bien que no podemos comprender. Individualmente nada es perfecto en la naturaleza, pues todo se encuentra en estado de evolución. Pero colectivamente, el Todo, sí es perfecto. Para el que tiene en cuenta siempre el Todo y no sus partes, no existe el mal".

"Comprender la necesidad del sufrimiento inevitable es comprender el destino, y comprender el destino es haber alcanzado la sabiduría, esto es, la libertad, la redención, nuestra unión con Dios. No existe sino una sola religión verdadera, y es la religión del amor universal..." (Citado en "Spinoza y el panteísmo" de Carlos Brandt-Editorial Kier-Buenos Aires 1941).

Aquello del "sufrimiento inevitable" como medio para una mejora posterior, hace acordar a nazis y comunistas. En el caso de los primeros, Adolf Hitler expresaba: "cuando lucho contra del judío, combato a favor de la obra del Señor", mientras todavía hoy varios comunistas aducen que las matanzas de Stalin "eran necesarias" para establecer la supuesta sociedad ideal sin clases. Seguramente que Giordano Bruno escribía sobre el sufrimiento involuntario de seres humanos pacíficos, y no de un sufrimiento premeditado aplicado por delincuentes a otros seres humanos, y en gran escala, con los peores resultados posibles.

Crisis social y sufrimiento individual

El sufrimiento que podemos padecer tiene tres orígenes principales. El primero está asociado a nuestros propios errores ante una limitada adaptación a las leyes naturales que rigen nuestras conductas individuales. El segundo origen se debe al medio social muy poco adaptado a dichas leyes mientras que el tercero implica la propia naturaleza con sus accidentes climáticos asociados a tragedias que, en general, resultan poco evitables por las acciones o las prevenciones humanas.

El sufrimiento debido a nuestros errores no siempre resulta negativo por cuanto es el medio que disponemos para una mejora personal. Recordemos que la evolución biológica procede en base a "prueba y error", es decir, el mismo proceso que nos conduce a adquirir conocimientos que favorecen nuestra propia supervivencia. Como, por lo general, los errores personales se traducen en alguna forma de incomodidad o de sufrimiento, muchas veces se interpreta que, para lograr la felicidad, o incluso la vida eterna, el camino es el sufrimiento previo. Ello implica exagerar las cosas por cuanto es el error el que favorece nuestro crecimiento y no el sufrimiento en sí mismo.

Asociado a lo anterior, Carlos Brandt escribió: "Spinoza, cual verdadero sabio, reconoce que el derecho está en la fuerza, y que la fuerza no está hoy en manos de los sabios, precisamente para hacernos sufrir, ya que el sufrimiento es el medio más eficaz para obligar a progresar a una humanidad que sin el auxilio del sufrimiento, permanecería estacionaria, sin adelantar. Por eso desea el filósofo holandés que algún día los hombres lleguen a ser suficientemente sabios, a fin de que no requieran más del sufrimiento, y sin necesidad de éste, poder continuar progresando" (De "Spinoza y el panteísmo"-Editorial Kier-Buenos Aires 1941).

También la ciencia experimental logra sus importantes resultados en base a "prueba y error". Así, en épocas de Johannes Kepler, predominaba la teoría copernicana asociada a las órbitas circulares de los planetas en sus movimientos alrededor del Sol. Tycho Brahe, el mayor astrónomo experimental previo a la invención del telescopio, había efectuado mediciones en las cuales surgía una pequeña diferencia de 8 minutos en determinado ángulo medido. Cualquiera hubiera pensado que tal diferencia implicaba un simple error de observación. Sin embargo, Kepler pensaba que no era tal tipo de error sino que en realidad las órbitas reales no eran circulares sino elípticas. Ello lo condujo a enunciar sus leyes astronómicas que le sirvieron luego a Isaac Newton para establecer la gran síntesis de la astronomía y la mecánica.

En cuanto al sufrimiento debido a otros factores deberíamos adoptar una postura similar a la adoptada frente a nuestros propios errores, considerándola como una causa previa a una mejora personal asociada a la adquisición de valores morales antes ignorados o despreciados. Baruch de Spinoza escribió: "La emoción, que constituye sufrimiento, deja de serlo tan pronto como nos formamos una idea clara y precisa del mismo" (De "Ética demostrada según el orden geométrico"-Fondo de Cultura Económica-México 1985).

Respecto al "sentido del sufrimiento", Viktor Frankl escribió: "Así pues, desde la perspectiva médica, o por mejor decir, desde la perspectiva del enfermo, el problema central gira en torno a la actitud con que uno se enfrenta con la enfermedad, la disposición o talante con que se contempla esta enfermedad. En una palabra: se trata de la actitud adecuada, del adecuado y sincero sufrimiento de un auténtico destino. Del modo de soportar un padecimiento necesario depende que se esconda en él un posible sentido".

"Lo que importa es cómo se soporta el destino, cuando ya no se tiene poder para evitarlo. Dicho de otra forma: cuando ya no existe ninguna posibilidad de cambiar el destino, entonces es necesario salir al encuentro de este destino con la actitud acertada" (De "Ante el vacío existencial"-Editorial Herder SA-Barcelona 1986).

El propio Viktor Frankl tuvo que padecer un encierro en un campo de exterminio nazi, advirtiendo que quienes tenían un sentido de la vida definido podían soportar la situación adversa en mucha mejor forma que quienes carecían de tal sentido. Gordon W. Allport escribió al respecto: “En esta obra, el Dr. Frankl explica la experiencia que le llevó al descubrimiento de la logoterapia. Prisionero, durante mucho tiempo, en los bestiales campos de concentración, él mismo sintió en su propio ser lo que significaba una existencia desnuda. Sus padres, su hermano, incluso su esposa, murieron en los campos de concentración o fueron enviados a las cámaras de gas, de tal suerte que, salvo una hermana, todos perecieron. ¿Cómo pudo él –que todo lo había perdido, que había visto destruir todo lo que valía la pena, que padeció hambre, frío, brutalidades sin fin, que tantas veces estuvo a punto del exterminio-, cómo pudo aceptar que la vida fuera digna de vivirla?”.

“El psiquiatra que personalmente ha tenido que enfrentarse a tales rigores merece que se le escuche, pues nadie como él para juzgar nuestra condición humana sabia y compasivamente” (Del prefacio de “El hombre en busca de sentido”).

En el relato de su vida en Auschwitz, Víktor Frankl escribió: “Un pensamiento me petrificó: por primera vez en mi vida comprendí la verdad vertida en las canciones de tantos poetas y proclamada en la sabiduría definitiva de tantos pensadores. La verdad de que el amor es la meta última y más alta a que puede aspirar un hombre”.

“Comprendí cómo el hombre, desposeído de todo en este mundo, todavía puede conocer la felicidad –aunque sea sólo momentáneamente- si contempla al ser querido. Cuando el hombre se encuentra en una situación de total desolación, sin poder expresarse por medio de una acción positiva, cuando su único objetivo es limitarse a soportar los sufrimientos correctamente –con dignidad- ese hombre puede, en fin, realizarse en la amorosa contemplación de la imagen del ser querido” (De "El hombre en busca de sentido"-Editorial Herder SA-Barclona 1986).

jueves, 15 de junio de 2023

Goethe y la difusión del pensamiento de Spinoza

Algunos personajes importantes de la filosofía y de la religión, han tenido la necesidad de ser apoyados por seguidores que difundieron sus mensajes. Este es el caso de los Evangelios y de la gran tarea de difusión por parte del ciudadano romano Pablo de Tarso (luego San Pablo); ya que la propagación del mensaje cristiano entre los romanos, y su posterior adopción, se debieron principalmente a su tarea divulgativa.

Una función algo similar ocurrió con Wolfgang Goethe y su difusión del pensamiento de Baruch de Spinoza, ya que, luego de casi un siglo de desaparecido el filósofo, apenas era conocido en Europa. Entre otros factores, suponiendo que varios pensadores destacados lo conocían, como es el caso de Locke, Rousseau, Kant y Schopenhauer, nunca lo nombraron en sus escritos, debido, posiblemente, a que Spinoza fue rechazado y expulsado por los jerarcas de la sinagoga de Amsterdam, y de ahí el temor al rechazo por parte de judíos y cristianos. A ello podía agregarse el egoísmo propio de algunos de los filósofos mencionados o bien la posibilidad de que realmente no lo conocieran.

Finalmente aparecen los escritos favorables de Goethe, escritor de gran fama en Alemania y en Europa, cuya opinión sobre Spinoza provocó su reinserción en los ámbitos intelectuales europeos. Al respecto escribió: "El ser que influyó más decisivamente en mí y que estaba destinado a afectar toda mi manera de pensar, fue Spinoza".

"Después de haber buscado en vano por todo el mundo una filosofía que satisficiera mi temperamento, tropecé con la Ëtica de este gran filósofo. Me sería imposible siquiera dar una idea de lo mucho que aprendí con sólo leer por encima esa obra que luego tuve que releer muchas veces con atención".

"En ella encontré un consuelo para mis pasiones y, al mismo tiempo, a medida que la iba leyendo, me parecía que se abría ante mi vista una perspectiva sin fin, tanto del mundo sentimental como del moral. Pero lo que más llamó mi atención fue el noble desinterés que brilla en cada una de sus páginas".

"Este pensamiento: «Aquel que realmente ama a Dios, no espera que Dios lo recompense amándolo también», así como las proposiciones preliminares en que descansa y las consecuencias que le siguen, colmó de satisfacción las aspiraciones de mi imaginación...".

"Pero no debemos olvidar que las uniones más íntimas son las de los caracteres más opuestos. La calma con que todo lo allana Spinoza contrasta con mi actividad impulsiva; su método matemático es la antítesis de mi sentimentalidad poética. Sin embargo, precisamente ese contraste -que se considera generalmente desfavorable en la adaptación para las mentalidades- es lo que me hizo el más entusiasta de sus discípulos; el más decidido de sus admiradores...".

"Aunque hacía tiempo que ya había oído hablar de Spinoza, fue una invectiva contra él, lo primero que me movió a estudiarlo...Siempre agradeceré al autor de dicha diatriba, la oportunidad que me dio para interesarme por tan admirable filósofo, y nunca podré olvidar la tranquilidad espiritual y la claridad de visión que experimenté cuando leí las obras póstumas del noble pensador...".

"Después de terminar de leerlo me di cuenta de que jamás había yo visto el mundo de una manera tan clara...Para mí, fue aquello una revelación que me hizo cambiar por completo mi criterio en general...Debo confesar que las ideas de Spinoza quedaron tan firmemente grabadas en mi imaginación, que ellas determinaron el curso de mi vida" (Citado en "Spinoza y el panteísmo" de Carlos Brandt-Editorial Kier-Buenos Aires 1941).

La lucha entre las ideas, antes que la lucha entre clases sociales, es la determinante del desarrollo y destino de la humanidad. La existencia, influencia y prevalencia de ciertas ideas depende de acontecimientos fortuitos en la vida de algunos individuos que, de no producirse, o de ser distintos, seguramente habría cambiado el acontecer de los pueblos.

miércoles, 14 de junio de 2023

La nueva pedagogía está destruyendo a la educación

Entre las causas que motivan los cambios en el proceso educativo tradicional, se encuentra la absurda tendencia del cambio por el cambio mismo, justificado en que todo lo anticuado debe cambiarse, sin tener presente los efectos o las consecuencias que esos cambios han de producir. Si un método antiguo produce buenos resultados, no debería cambiarse en lo más mínimo. Recordemos que el éxito de la ciencia experimental se debe esencialmente a admitir lo que funciona bien y a rechazar lo que no funciona, en forma independiente a todos los aspectos asociados a cierta tarea investigativa.

El otro factor de cambio es el proveniente de las ideologías filosóficas o políticas que priorizan su difusión y éxito en forma independiente de los perjuicios que puedan ocasionar en niños y adolescentes. En estos casos se pierden de vista los objetivos básicos de la educación para imponer cierto dominio mental sobre el alumnado reemplazando la realidad por las subjetivas ideas y proyectos de algún líder con pobreza mental y ansias desmedidas de poder.

Así como la sociedad tiende a destruirse cuando ignora las leyes naturales (o a Dios) para ubicar en su lugar la subjetiva arbitrariedad humana, la educación tiende a destruirse cuando rechaza el conocimiento del docente para ubicar en su lugar las subjetivas necesidades cognitivas y los criterios personales de los alumnos.

A continuación se transcribe un artículo al respecto:

LA NUEVA PEDAGOGÍA ESTÁ DESTRUYENDO A LA EDUCACIÓN

"Poner a la convivencia en aula por encima de la adquisición de conocimientos" constituye la razón de la crisis en la educación, según Inger Enkvist, profesora de la Universidad de Lund, en Suecia, y autora de "Repensar la educación".

Las críticas de Enkvist se originan en la modificación de la ley de educación sueca, en 1969, que "puso a la convivencia en aula por encima de la adquisición de conocimientos. Si la verdad no importa, si no importan los conocimientos, entonces estamos en una guardería, donde lo que importa es que los niños no se maten los unos a los otros, y que no haya ningún accidente mortal dentro de las paredes del colegio", señala Enkvist.

"La ley educativa decía que la educación obligatoria tiene por meta la convivencia que va a aumentar la armonía social y, al mismo tiempo, los conocimientos de los estudiantes. Así que, primero la convivencia y, después, si hay tiempo, el conocimiento. Ahora llevamos 35 años con esa pedagogía y cada vez vamos peor. Hay más violencia en el colegio, hay menos conocimiento, hay menos respeto entre alumnos e incluso hacia los profesores. Tenemos los resultados: priorizando la convivencia no llegamos a la armonía, sino a más violencia. Y es lógico pensarlo. ¿Sobre qué se basará la convivencia o el buen acuerdo entre los estudiantes sino hay una base objetiva, que son los conocimientos?"; la profesora Inger Enkvist advierte: "Me dirán de todo por lo que pienso, me llamarán reaccionaria y esas cosas, pero alguien tiene que intentar defender a los chicos que no se pueden defender solos".

Enkvist habló sobre las nuevas pedagogías: "Son las que se fueron imponiendo desde los años 70, con la idea de que el profesor no tiene por qué estar enseñando, estructurando el conocimiento o exigiendo, sino que la educación puede ser más libre, más divertida y que el alumno puede elegir lo que quiere estudiar, el orden en que lo quiere hacer y que los exámenes -en realidad- no son tan necesarios porque los chicos aman tanto el conocimiento que lo buscarán a su tiempo y por el camino que les convenga".

¿Qué cambios en la teoría educativa trajeron estas nuevas pedagogías?. "Todo se resume en una fórmula: colocar al alumno en el centro del proceso educativo. Algo que de tanto repetirse suena como muy inocente pero en realidad engloba un reto total a la educación tal cual la conocemos".

¿Cuál educación? "La educación de antes, tradicional, clásica, que era una especie de torre donde los estudiantes estudian el primero, segundo curso y así van avanzando. No sólo por la edad sino también por saberes. Es algo estructurado donde el profesor que enseña a un chico de 13 años sabe que éste ya adquirió ciertos conocimientos y entonces sigue desde ahí, no desde cero. Hay también exámenes para obligar a los alumnos a aprender ciertas cosas antes de continuar".

¿Qué cambios trajo la nueva pedagogía? "Ella supone un cuestionamiento total a esto; en ella el profesor debe acercarse al alumno y elaborar un programa individual para cada uno. Toda la obligación recae en el profesor, que debe inventar programas...multivalores...interesantes....individualizados y...actualizados. Además el que evalúa -por lo menos idealmente- es el alumno. Con eso lo que se logra es que el chico sólo quiera aprender lo que no le cuesta ningún esfuerzo".

"Con esos estudios que, por sobre todo, buscan ser atractivos, el chico basa sus juicios en caprichos personales, prefiere la irracionalidad al análisis o autoanálisis y cree tener derecho a pronunciarse sobre todo, porque cree que su opinión vale como cualquier otra opinión. Tiene una actitud absolutamente antieducativa: esto es lo que genera un sistema que coloca al alumno en el centro de la educación".

¿El centro debería ser el maestro? "No, el centro debería ser el aprendizaje y tanto el maestro como el alumno deberían concentrarse en el aprendizaje, porque a la escuela la hemos construido para eso. Invertimos en ella para que los alumnos aprendan y el maestro los ayude. Pero hoy los alumnos dicen: Si el maestro me gusta, estudio, pero hay maestros que no me gustan, entonces dejo de estudiar con ellos".

"También dicen: Algunas materias me atraen, pero otras no me interesan y no las estudio. Que la sociedad haya determinado una cierta combinación de conocimientos donde algunas cosas les guste y otras no, los tiene sin ningún cuidado. Estudian lo que quieren, nada más. Pero eso sí, quieren el certificado de estudios totales. No quieren hacer el esfuerzo pero quieren la recompensa".

Yo quisiera la educación de nuestros padres más un plus. Pero usted parece proponer sólo volver atrás y punto. "No, en la Argentina una parte de la reforma quizá sería volver atrás, pero mucho países -como Finlandia y Estonia- hoy tienen un excelente nivel educativo porque aplican la actitud seria que tenían antes los países más avanzados, también ustedes. Por eso deben volver atrás sólo los que se han equivocado mucho, porque otros países están subiendo, subiendo, subiendo".

El autoritarismo, la falta de diálogo, la relación distante con el maestro, todas cosas que antes proliferaban en la escuela clásica ¿no son también razones de la nueva pedagogía que quiere mayor diálogo y menos autoritarismo? "No lo creo. Voy a provocarlo un poco con mi respuesta (risas) porque lo que usted me pregunta es un planteamiento político que han introducido en el colegio. Está muy bien oponerse al autoritarismo en la sociedad, entre adultos y a nivel político".

"Pero es un gran error decir que un joven en camino de abrirse al mundo y de encontrarse a sí mismo no necesita una guía. La meta de la escuela es que los alumnos adquieran conocimientos para convertirse en personas autónomas que no sean autoritarios ni tampoco acepten el autoritarismo en otras personas, pero para llegar a tener ellos necesitan saberes, también necesitan un cierto control sobre sí mismos, formular un plan y cumplirlo".

¿La educación anterior daba todo eso? "No lo daba plenamente, pero es un argumento que siempre se pone como excusa, o que había muchos profesores autoritarios...Claro que no era siempre buena la educación antes, pero lo que se debería dejar de lado es un poco las grandes palabras y preguntarse con qué sistema aprenden mejor los alumnos para llegar a ser adultos competentes, buenos ciudadanos, con una visión relativamente optimista de la posibilidad de colaborar con la sociedad. Eso es lo que queremos".

"Lo más fácil para evitar las trampas ideológicas es comparar qué colegio tiene el mejor resultado. Pero ahora seguro que me preguntará lo mismo que todos me preguntan llegado a este punto".

¿Qué debería preguntarle? "Si sólo son importantes los conocimientos, si la escuela no debe ofrecer otras cosas: actitudes, valores. Claro que sí, le respondo antes que me lo pregunte. Pero en todo el mundo las escuelas con éxito logran buenos resultados académicos no sólo inculcando saberes sino también con un buen ambiente y un respeto hacia el alumno".

"Porque si no hay un respeto hacia el alumno tampoco se logran buenos saberes, así que no hay una oposición y sólo los que quieren dar un rodeo para minimizar la importancia del conocimiento no ven eso".

En la Argentina, la ideología que gobernó los '90 fue neoliberal y hoy los que gobiernan dicen ser su antípoda, pero el plantel educativo y sus ideas han sido los mismos en ambas épocas...antes eran asesores, ahora ministros, pero en general todos defienden la pedagogía que usted critica. ¿Porqué cree que ocurre eso? "Mi explicación es -sin conocer exactamente la situación aquí- que los departamentos, el mundo de la pedagogía ha sido (suena un poco brutal, pero debo decirlo) tomado por grupos políticos. Son grupos políticos aunque se presenten ante la sociedad como científicos, porque sus propuestas son mucho más políticas que educativas. Cuando no había comparación internacional de resultados educativos, nadie podía contradecirlos porque ellos eran los expertos. Pero ahora se están viendo sus fracasos".

Varios de ellos creen que hoy la escuela debe ser el último valuarte de la resistencia al neoliberalismo y seguro que a usted la criticarían por buscar introducir el neoliberalismo en la escuela... "Sí, precisamente así hablan, y esto muestra que son políticos. En vez de poner el conocimiento en el centro del proceso educativo, ponen la política, entonces hacen de la educación una instrucción, una doctrina, más que una formación libre. Vacían la educación de contenidos para poner allí un contenido político".

¿Puede haber educación sin política? "Sí, y tanto es así que los que hacen política con la educación saben en su interior que están intentando engañar a la sociedad. ¿Cómo se lo pruebo? Porque la mayoría de ellos suele poner a sus hijos a estudiar en colegios que enfocan en el conocimiento. Ésa es la mayor perversidad: averigüe si no dónde ponen a estudiar sus hijos la mayoría de los socialistas españoles: en un colegio muy famoso que llaman del Pilar".

"En Inglaterra Blair llevó sus hijos a un colegio católico; los dirigentes franceses, igual, igual, igual. O sea, cuando se trata de sus propios hijos muestran lo que realmente piensan. Para ellos no quieren política, sino educación".

¿Puede haber una síntesis entre lo que se hizo en las nuevas pedagogías con lo anterior, o hay que empezar todo de nuevo? "Empezar de cero es una tontería. No se trata de cambiar los planes de estudio. Lo más importante sería mejorar el nivel de los profesores, la formación docente y luego introducir un poco más de exigencia en el sistema. No se trata de cambiar todo de golpe sino de hacer pequeños cambios en todos los frentes a favor de la calidad. El deterioro ha sido lento y la recuperación será lenta también".

Antes en la escuela se aprendía, pero afuera no había conocimiento o había poco, pero ahora hay información por fuera y cada vez más...La escuela tradicional ¿se podrá adaptar a esta sociedad del conocimiento o de la información? "Esto que usted dice tiene algo de verdad. Hay varias cosas que son nuevas: primero hoy el alumno puede aprender fuera de la escuela, es muy posible. Puede aprender también sin el profesor".

"Pero una de las especificidades de la educación escolar es que el profesor organiza el trabajo de aprendizaje, corrige los malentendidos, propone una progresión lógica que ayuda al niño a cumplir con esfuerzo y llegar a la meta, mientras que el conocimiento que uno adquiere afuera, individualmente o por Internet es fragmentario".

"La mayoría de las personas hoy manejamos computadoras, lo cual es relativamente fácil y eso lo demuestran los chicos que aprenden a manejarlas solos y en su casa. Pero manejar un computador no es lo más importante. El verdadero problema es adquirir saberes que piden un esfuerzo largo, como las matemáticas o la lengua extranjera o las cronologías históricas o las relaciones entre causa y efecto en física, biología, etc.".

Terminemos con una definición filosófica, ¿cuál es para usted la relación entre educación y naturaleza humana? "Mucha de la nueva pedagogía dice que el niño aprende naturalmente en su entorno. Un niño pequeño sí, aprende a caminar o a hablar y aprende del ambiente, pero no es natural saber biología".

"Es muy difícil adquirir ese conocimiento desarrollado por siglos. Si queremos tener esos saberes, bueno, debemos pasar por el aprendizaje. No hay otra manera. Y esto no es natural, ya que pensar que un niño sin ningún interés especial por alguna materia de pronto se meta a aprender biología, no tiene nada de realismo".

(De "Nueva Lectura"-Buenos Aires 2010) (Editado originalmente en el Diario Los Andes-Mendoza)

lunes, 12 de junio de 2023

El Papa, el peronismo y la fábrica de pobres

Por Andrés Gabrielli

El historiador, docente y escritor italiano Loris Zanatta publicó recientemente "El Papa, el peronismo y la fábrica de pobres". Es un libro no muy extenso, pleno de definiciones concluyentes

Loris Zanatta, siendo italiano, ha hecho de América Latina su campo preferido de estudio.

El populismo, la relación entre religión y política, entre la Iglesia y los distintos regímenes políticos, son algunos de sus temas recurrentes.

Sus dos volúmenes anteriores, El populismo jesuita. Perón. Fidel. Chávez. Bergoglio y Fidel Castro, el último rey católico, nos abrieron la posibilidad de dialogar en continuo con este catedrático de Historia de América Latina en la Universidad de Bolonia.

El tercer encuentro se realiza, vía telefónica, para el programa La Conversación de Radio Nihuil, desde el aeropuerto de Bolonia, justamente, adonde Zanatta aguarda a un sobrino proveniente de Perú

-Profesor, usted, si bien es italiano, tiene un cabal conocimiento de la Argentina y de nuestro continente. ¿Le ha interesado rastrear el paso de Perón por Italia, cuando se sintió atraído por el Duce, según se comenta?

-Perón estuvo en Italia, en Pinerolo, antes de la guerra. Todos lo sabemos. Y se ha agigantado un poco la influencia de su pequeño viaje a nuestro país. No es el tema que más me apasionó. Yo estudié especialmente a Perón en la Argentina, que es lo que importa, en realidad.

-Siendo usted tan crítico del Papa y viviendo en Italia, ¿recibe algún tipo de recriminación o se ofenden con usted?

-(Ríe) Sí, sí, sí. Bueno… yo siempre trato de ser respetuoso. Mis críticas van por el lado histórico, que es finalmente mi oficio. Yo nunca ataco a las personas, sino que critico las ideas. Pero, sí, en Italia no existe la costumbre de criticar el Papa.

-¿Qué tipo de experiencias ha tenido al respecto?

-Eso lo descubrí sobre mi piel porque, efectivamente, reconozco que padecí censura en algunos casos. Digamos que no gustan mucho mis ideas. Del Papa se habla bien o no se habla. Conozco a muchísimas personas como yo que son extraordinariamente críticas del Papa, pero hablan poco porque se sabe que el riesgo es ser clasificado.

-¿De qué modo?

-Es que hay una grieta muy profunda dentro de la Iglesia Católica. Y yo lo digo desde afuera, pues no pertenezco a la Iglesia, no soy creyente. Lo hago simplemente como estudioso. Pero, inmediatamente, a quien critica al Papa lo tildan de tradicionalista, de derechista, de la derecha católica americana.

-¿Y usted cómo lo toma?

-A mí me hace reír un poco que me llamen católico americano porque ni hablo inglés ni soy católico (ríe). Pero ese es el riesgo de todos los choques maniqueos de situaciones muy polarizadas.

-O sea que, pensando en la grieta, ¿el Papa representaría a la izquierda dentro de la Iglesia?

-Qué curioso, ¿no? Curioso para quien conoce la biografía de Bergoglio, quien conoce sus primeros pasos con Guardia de Hierro, quien conoce toda su historia vinculada, finalmente, a los orígenes del nacionalcatolicismo en Argentina.

-Podría llamarse capacidad de adaptación.

-La palabra jesuitismo, entre otras cosas, significa eso: una gran capacidad de adaptarse a las circunstancias más diferentes. Y yo, que estoy trabajando en una biografía política de Bergoglio, me estoy dando cuenta de su extraordinaria, casi única capacidad de mantener un rumbo claro, porque, más o menos, su idea es siempre la misma, pero adaptándose como un camaleón. Dicho con respeto. El camaleón es un lindo animal, así que no lo tomen a mal.

-Pero, ¿hacia adónde apunta, en definitiva?

-En el mundo de hoy, su enemigo eterno -yo no lo llamaría de otra manera- es la civilización occidental entendida como civilización racionalista, liberal, individualista. Ese es el enemigo eterno. Es la línea roja de toda su vida. Y hoy, atacando a estos enemigos eternos, pasa por ser de izquierda. Muchos izquierdistas están enamorados del Papa.

-Sí, es curioso, porque si algo frenó el desarrollo de las izquierdas en Argentina, desde el socialismo al comunismo o el trotskismo, ese fue justamente el peronismo.

-Yo siempre recuerdo, porque es muy poco conocido y demasiado olvidado, que uno de los grandes ideólogos del peronismo, el padre Hernán Benítez, que era jesuita, después tuvo que abandonar la Compañía de Jesús porque era más peronista que jesuita. Pero siempre fue peronista y jesuita del alma.

-¿En qué consistía su ideario?

-Él hablaba del peronismo como de un comunismo de derecha. Es interesante. Pero los historiadores llaman al peronismo un fascismo de izquierda. O sea, fascismo es de izquierda y comunismo es de derecha (sonríe).

-Curioso, sí. ¿Cómo sería esto último?

-Comunismo de derecha porque finalmente las ideas de fondo traídas de la Biblia son las ideas comunistas. Esto lo dice siempre el Papa: son los comunistas los que nos copian a nosotros y no nosotros a los comunistas. Pero de derecha, porque no era ateo. O sea, no era hijo del racionalismo europeo, sino que era hijo, desde su punto de vista, de la tradición evangélica; de la evangelización hispánica, finalmente. De eso estamos hablando.

-Vale preguntarle a usted, entonces, como estudioso de las ideas políticas: ¿el mayor representante hoy del comunismo de derecha o comunismo liberal, valga la paradoja, no sería Xi Jinping?

-(Ríe) Como primera respuesta se me ocurriría decir sí. Y efectivamente en la iglesia de Bergoglio muchos apuestan a un orden mundial posliberal donde países como China se vuelven modelos. Para que tengan una idea, hace años, monseñor Sánchez Sorondo, alto funcionario vaticano y religioso argentino, como saben, de familia muy importante en la historia del nacionalcatolicismo, volvió de China diciendo que nunca había visto aplicarse la doctrina social de la Iglesia como allí.

-Sorprendente…

-Si uno lo piensa, da cierto escalofrío. Pero dicho lo cual, no pienso que este sea el modelo del Papa. Es decir, el papa Francisco viene de una tradición, como todo el nacionalcatolicismo argentino, profundamente anticapitalista por razones morales esencialmente y, por lo tanto, probablemente hasta China sea demasiado capitalista desde su punto de vista.

-Recordemos, de paso, que Xi Jinping fue en estos años el adalid del libre comercio mundial. Llegó a pelearse con Donald Trump, quien, a su lado, era un proteccionista.

-Es así. De hecho, en Estados Unidos, como muchos países europeos, todos dijeron al comienzo de la globalización que serían los grandes ganadores, los imperialistas que iban a dominar el mundo. Y, bueno, se dieron cuenta de que, efectivamente, la globalización favorecía el sur del mundo, no el norte. Hoy muchas empresas se están yendo de los países centrales. Se van a otros países con mano de obra más barata y, por lo tanto, las corrientes proteccionistas, tal como demuestra el caso de Trump, están creciendo más en el norte del mundo; aquí en Italia también.

-Usted, en este libro y en otros anteriores, dice que el Papa está en contra de la modernidad, de la Ilustración, de la tecnología, de la eficiencia, etcétera. Hoy ve, en todo eso, una amenaza a la religión católica, al pueblo llano, a toda esa concepción medieval. Por lo tanto, en este momento el Papa debe estar aterrado por el auge de la inteligencia artificial, porque ahí sí se le va a ir de las manos la cosa.

-Sí. Supongo que sí. Muchos están aterrados con la inteligencia artificial. Como todos los desafíos nuevos, habrá que aprender a gobernarla, ¿no? Pero yo veo que el Papa tiene, como siempre ha tenido, al igual que Perón, un discurso adaptado a las diferentes plateas.

-¿Cómo utiliza estas habilidades?

-El Papa que le habla a una platea de jóvenes europeos, etcétera, es un Papa muy moderno, en realidad, o sea, extraordinariamente respetuoso de los derechos de las minorías sexuales o de cosas que no eran parte de su formación. En eso el Papa seguramente ha cambiado. Pero cambia totalmente de discurso cuando está en la periferia del mundo.

-¿De qué manera efectúa ese viraje?

-Estoy convencido, al haberle estudiado tanto, que, en la visión del mundo del Papa, a Europa la da más o menos por perdida. O sea, es la cuna de la civilización que ha descristianizado el mundo. Pero en la periferia del mundo, él piensa, como siempre pensó, en el pueblo mítico como lo llamaba al argentino.

-¿Qué cualidades tiene ese pueblo mítico?

-En la periferia todavía subsiste un fondo de religiosidad en los pueblos. Él siempre habla de pueblos, no de personas. Y este fondo de religiosidad puede rescatar, salvar, redimir el mundo. De manera que él está apostando a la periferia contra el centro. Esta es mi impresión.

-Fíjese usted que la realidad todos los días confirma sus tesis, profesor. Viene de ser noticia que Francisco nombró a un cura villero, Jorge García Cuerva, como arzobispo de Buenos Aires. Es el tipo de “pastores con olor a oveja” que a él tanto le gustan, ¿no?

-Sí. De hecho, a mí no me sorprendió para nada que nombrara a ese obispo en particular. Yo lo tengo bastante estudiado. Es un hombre, en ciertos aspectos, brillante. Y, sí, su visión del mundo es la típica de los curas villeros que reivindican a Carlos Mujica.

-¿Cuál es su línea?

-Tienen una visión del mundo pobrista, por un lado; y, por el otro, les cuesta pactar con la modernidad. Pero lo que me impresiona más de ese nombramiento, en realidad, es que no vi que a nadie le llamara la atención que el nuevo arzobispo de Buenos Aires, un hombre totalmente identificado con Francisco, tiene 55 años.

-Un hombre joven para el cargo.

-Por lo tanto, si todo va como es esperable, y yo le deseo que viva mucho, por supuesto, va a ser arzobispo de Buenos Aires durante veinte años. O sea que Bergoglio está prolongando su dominio total y absoluto sobre la Iglesia de Argentina de forma abierta. Es una especie de reeleccionismo. Lo llamaría así.

-Usted, sobre el final del libro, plantea algunas salidas posibles a la actual situación nacional. Le trasladamos, por lo tanto, una inquietud que nos aporta Jaime Correas, nuestro exdirector general de Escuelas: ¿imagina una salida a los populismos después de que nuestra sociedad está borracha de que le digan lo que quiere hoy? ¿Aguanta la Argentina un gobierno que haga las políticas no populistas que se necesitan para salir adelante?

-Esto último es “la” pregunta, a la que yo no sabría contestar. Es decir, si la ciudadanía argentina, el electorado argentino, la opinión pública argentina, aguantan -este es el verbo- un gobierno normal, un gobierno que dice la verdad.

-¿Cuál sería la vía “normal”?

-Señores, aquí nadie tiene la varita mágica que les va a solucionar mañana el problema, que les va a bajar la pobreza de 40% a 10% en cuatro años. Es saber si se aguanta un gobierno normal que dice, ojo, hay que hacer esas cosas dolorosas; son reformas estructurales que llevarán frutos en décadas.

-¿Aguanta o no aguanta?

-Bueno… venimos de ver una Plaza de Mayo llena de gente para honrar y homenajear a Cristina Kirchner. Es una especie de líder mesiánica, por un lado; y, por el otro, veo que crece extraordinariamente una figura como Milei, que tiene una actitud mesiánica.

-¿Cuál es la actitud mesiánica de Milei?

-Tiene una idea de la economía como si fuera una especie de fórmula mágica que, aplicada prescindiendo de la política, solucionara todo. Cuando hay tanta gente que cree en una solución mágica, probablemente sea difícil que la sociedad se banque un gobierno más o menos normal.

-¿Cómo ve la casi confirmada visita del Papa a la Argentina para el año que viene teniendo en cuenta que, probablemente, el nuevo gobierno no sea peronista?

-La verdad, me parece un poco patético y de bajo nivel este jugar con visita, con no visita, desde hace diez años. El Papa muchas veces dijo que iba, después que no iba más, después que iba tal año, que no pudo ir porque tenía que visitar Chile, una excusa clamorosa. O sea, es como si el Papa, todas las veces que lanza el anuncio de que podría visitar Argentina, estuviera mandando mensajes políticos a quienes lo tienen que recibir.

-¿Por qué se funciona así?

-No me parece serio. La diplomacia vaticana debería comportarse de forma más previsible y decir: voy el próximo año, gane quien gane. ¿Ustedes piensan que, si gana Milei, por ejemplo, el Papa visitará Argentina? Yo lo dudo. Lo dudo mucho. A lo mejor me sorprende. Ahora bien, yo no deseo que gane Milei. Pero esa es mi opinión. Si gana, es un presidente democrático.

-Una conducta, la que estamos describiendo, que crea zozobra en el país.

-El Papa nunca visitó a los presidentes que no le gustaban en América Latina. Nunca, nunca, nunca. Por lo tanto, es un papa extraordinariamente político; bastante sectario con respecto a Latinoamérica, especialmente. Mi impresión es que se trata de una especie de zanahoria. Es decir: si se portan bien, si los argentinos votan un gobierno que pasa por encima de la grieta, que soluciona las divisiones del país -como si fuera tan fácil-, el Papa los visitará.

-¿Y si no?

-En cambio, si los argentinos son malos y siguen portándose de forma divisiva, el Papa no los irá a visitar. A mí me parece bastante pueril. Una actitud poco seria.

-Que la Argentina sea peronista y sigamos eligiendo gobiernos peronistas, es una responsabilidad nuestra. Tiene que ver con la idiosincrasia nacional. Ahora bien, ¿por qué el mundo, el planeta o el Vaticano, eligió un papa peronista? ¿A qué se debe?

-Bueno… se ve que el peronismo, tal como era su ambición de ser desde el comienzo, no es un fenómeno simplemente argentino. O sea, el peronismo es la forma argentina de una visión, de un imaginario colectivo, que, en realidad, existe todo en todo el mundo.

-¿Cuál es el núcleo de ese pensamiento?

-Es una idea de que la historia de la humanidad genera conflictos, que es tendencialmente apocalíptica, que es el mal. En fin, es una visión del mundo esencialmente de tipo religioso de acuerdo con la cual la pureza, la pureza del pueblo, estaba en los orígenes y la historia, que es historia esencialmente de la modernidad capitalista, liberal, ha implicado la corrupción de esta pureza originaria.

-¿Cómo se recupera ese estado ideal?

-El sueño de volver a esa pureza originaria, a un mundo de armonía, de colaboración entre las clases, donde desaparecen los conflictos; esa idea, es un mito religioso. Un gran historiador de las religiones, Mircea Eliade, hablaba del mito del eterno retorno, ¿no?

-A partir de ahí, ¿cómo gestionamos el sueño de volver a la pureza originaria?

-Eso es extraordinariamente popular y lo será siempre porque el hombre, en la historia, le tiene miedo muchas veces a la historia. Y, además, la vida es caduca. Nosotros, cuando nacemos, aprendemos que tendremos que morir. Entonces el sueño de volver a una pureza originaria es como el sueño de volver al vientre de la madre, de salvarse. Salvarse. Esa es la idea.

-El sueño del edén, del paraíso original, está metido en todo nuestro ADN, ¿no?

-Sí. De hecho, todas las mayores religiones tienen algo parecido: el sueño de un lugar que parece proyectado en el futuro, la tierra prometida. Pero el futuro, en realidad, es volver al comienzo; a ese comienzo de pureza que se fue disgregando a medida que el hombre caminaba en la historia.

-¿Cómo se hace para volver, pues?

-Finalmente, lo que hacen todos esos tipos de fenómenos, el peronismo incluso, es esto: había una vez un pueblo puro, el pueblo puro se corrompió al ingresar a la historia, viene el Redentor, lo toma de la mano. Ese pueblo es el pueblo elegido y el Redentor lo llevará a la tierra prometida. Y la tierra prometida es la pureza originaria. Es un círculo, una visión circular de la historia.

-Tenemos, respecto de eso, un mito con raíces intelectuales: el mito del buen salvaje.

-¡Claro! Y no casualmente esa visión antigua, que ya está en el Antiguo Testamento, en la época iluminista pasa por el iluminismo iliberal o antiliberal de Rousseau. En la visión de Rousseau hay una idea de pueblo sin individuos; o sea, una voluntad general donde se absorben todos los individuos que es como un cuerpo. Y está reflejado en el buen salvaje.

-¿Quién es el buen salvaje?

-Es el hombre originario que nunca nadie corrompió. Esa es la idea. Tiene una potencia extraordinaria. La va a tener siempre.

-Un oyente, un médico que nos está escuchando desde Córdoba, pregunta: ¿cómo cortar la fábrica de pobres si la masa de votantes tiene cada vez más pobres? Es como un círculo vicioso.

-Eso es. Los curas villeros se enojan mucho cuando alguien les dice que, finalmente, ellos hacen una tarea heroica -yo la respeto enormemente-, pero están cuidando su propia grey, en cierto sentido.

-¿En qué se traduce esa conducta?

-Es esa actitud asistencialista, esa actitud antiempresarial, este cultivo perenne de valores antieconómicos. Cuando uno los escucha, con ellos no se puede hablar de concurrencia, de competencia; no se puede hablar de tecnocracia, de eficiencia. No. Son todas cosas que maquinizan al hombre.

-¿Y adónde nos lleva, según usted?

-Cuando se cultivan valores antieconómicos seguramente se mantendrá una actitud negativa hacia la prosperidad. La prosperidad se vivirá como pecado. Y, si el pobre es el arquetipo de la pureza, si es el único hombre en el cual se ve la cara de Dios, el rostro de Dios, entonces, bueno, estamos fritos.

-¿Qué propone, entonces?

-Es una cultura que hay que cambiar. No digo abandonar el cristianismo. Yo no tengo nada contra el cristianismo, aunque no sea creyente. Pero en el mundo hay formas de cristianismo, y es lo que trato de explicar en el libro, que, en cierta medida, se hibridaron con la modernidad. Entendieron que no se puede interpretar de forma literal la Biblia en el 2023.

-¿Y acá qué pasó?

-En cambio, en la Argentina, hay razones históricas que vienen desde lejos, que vienen desde la Contrarreforma, de la independencia, del peronismo. Y hoy, el tipo de catolicismo que terminó afirmándose, es un catolicismo que mantiene una raíz antimoderna.

-En general, las religiones monoteístas, las que dominan el mundo, en materia de modernidad, ¿tiran para atrás o no? Pregunta que supone que, por ejemplo, no es lo mismo el catolicismo que encarna el papa Francisco que el protestantismo, ¿no?

-No. Pero la teología protestante, de igual modo, es extraordinariamente diversificada, por lo que también ahí encontramos mesianismos antimodernos, no se crean. Aunque, claro, en la teología protestante prevalece la idea de que la prosperidad, el éxito en la vida, es una forma de premio y no una especie de pecado. No tienen una teología del sufrimiento como tiene el catolicismo.

-Claro. Cambian los valores.

-Entonces, buscar éxito en la vida no es, en ese caso, un disvalor, un valor negativo, sino un valor positivo. Después, sobre las otras religiones hay muchos estudios. Ahí tampoco se puede generalizar porque hay tradiciones religiosas que se mezclan.

-Sí, el abanico es más amplio, por supuesto.

-Por ejemplo, los sociólogos de las religiones observan correctamente que un católico holandés tendrá una mentalidad con respecto a la economía mucho más parecida a un protestante holandés que a un católico, pongamos, latinoamericano. Por la historia. Y lo mismo vale para para otras religiones.

-¿Un ejemplo de las otras religiones?

-Por ejemplo, por lo que se está viendo en el este de Asia, la impresión es que esas religiones no necesariamente son tan contrarias a la riqueza, más bien al revés. Tienen algo más de protestante que de católico hispánico, en ese sentido.

-¿Por qué en la Argentina, que eliminó la obligación de que el presidente sea católico en la época de Menem, no nos despegamos de la religión? Ceremonias como el tedeum del 25 de Mayo, Semana Santa o el 8 de diciembre siguen teniendo un importante peso institucional y político.

-Yo pienso que, en términos religiosos, los argentinos no son más religiosos que otros países. Sospecho que los mexicanos o los colombianos o los peruanos, medianamente, han de ser tanto o más religiosos que los argentinos. No creo que sea una cuestión de fe. La fe está bien. La fe está perfecta.

-¿Entonces?

-El tema es por qué en la Argentina la religiosidad y la Iglesia Católica como institución terminaron ocupando el centro de la vida pública, de la vida política, de la vida social. Si le hacen caso, no hay sector, que sea político, que sea corporativo, que no tenga su propia parte de Iglesia como referente. Siempre fue así.

-Tema que usted conoce bien…

-Yo, en un libro, hablé de los años sesenta y setenta como una guerra de religión, porque todos se mataban entre ellos y todos invocaban el mismo evangelio. ¡Impresionante! Ahora, yo creo que todo esto tiene que ver con una historia antigua: con la formación de la Nación Argentina, donde la inmigración jugó un rol extraordinariamente importante, mucho más que en cualquier otro país, no digo de Latinoamérica, sino del mundo.

-¿Y por qué esto?

-Porque en ningún otro país del mundo el porcentual de población inmigrante fue tan grande con respecto a la población originaria. Entonces, se desarrolló una especie de obsesión identitaria; o sea, quiénes somos, cuál es el elemento que nos vincula, que nos une. Y, finalmente, esta carrera rumbo a ocupar el lugar de lo que une a los argentinos lo ganó la Iglesia. Lo ganó de a poco, a partir de los años veinte, treinta y, bueno, terminó en el peronismo.

-¿El peronismo entendido cómo?

-El peronismo, como lo llamaban los miembros de Guardia de Hierro, es un catolicismo de sustitución. Más claro, no se puede.

-Las raíces latinoamericanas son bastante comunes: la misma colonización, la misma Iglesia, etcétera. Pero, viniendo a nuestro tiempo, usted dice lo siguiente: “Los demás países de la región no son, como Argentina, prisioneros de una decadencia patológica”. ¿Cuál es la explicación de algo tan llamativo?

-Primero, matizaría. Es cierto lo que usted dice, que a la Argentina le está yendo muy mal, pero no de ahora sino desde hace mucho tiempo. Mucho peor que a los otros países.

-¿Por qué peor que a los otros?

-Si yo miro a las potencialidades de los demás, pensando en países como Brasil, como México, como Colombia, como Venezuela; si miro las potencialidades y miro lo que lograron, creo que padecen el mismo síndrome que la Argentina. No casualmente mi librito, que usted está comentando, comienza con una frase del Papa diciendo que en América Latina hay muchos pobres y muchos católicos. Mi intención es preguntar: ¿habrá un vínculo entre las dos cosas?

-¿Y? ¿Qué conclusión sacó?

-Yo creo que sí porque estos países deberían haberse desarrollado mucho más. ¡No puede ser que haya tanta pobreza todavía! Eso tiene que ver con la raíz católica.

-Pero, insistiendo con el enigma: ¿por qué a la Argentina le fue tan mal con respecto a los demás?

-Porque Argentina se quedó en el medio. Había, aquí, una tradición católica, confesional, que evocaba el pasado colonial y que terminó en el peronismo, extraordinariamente fuerte como para afirmarse; pero no lo suficientemente fuerte como para destruir a su enemigo eterno, o sea, la tradición liberal, que en Argentina es muy fuerte, diferente de muchos de los países que hemos nombrado. Finalmente, se ha creado un impasse. La grieta es eso. Son dos visiones del mundo a las que les cuesta convivir.

-Usted nos dijo recién que está trabajando en una biografía política del Papa. Suponemos, entonces, que habrá leído el libro de Ignacio Zuleta El Papa peronista.

-Sí, sí, lo he leído, efectivamente.

-¿Y qué le parece como fuente?

-Para la época que trata, de cuando Bergoglio era arzobispo de Buenos Aires, es una referencia. Hay mucha información que no es fácil encontrar, de manera que me va ser muy útil.

-¿Para cuándo está prevista la aparición de este libro?

-Falta un tiempito porque antes saldrá, en agosto, otro libro sobre diez años de relación entre el Papa y la Argentina. Ese sí, de actualidad total. Va a ser divertido.

(De www.diariouno.com.ar)