domingo, 3 de octubre de 2021

Pensadores de la negación

Marcuse, Reich, Freire, Fanon y Teilhard de Chardin, entre otros, desfilan por las páginas mordaces de La rebelión de la nada, publicado en 1984. La feliz intención del autor había sido "desmitificar a los desmitificadores".

Por Jorge Martínez

Entre la vasta obra que dejó el historiador argentino Enrique Díaz Araujo, quien falleció en febrero pasado a los 86 años, puede encontrarse un libro de combate, un ensayo provocador, irónico y desafiante aparecido hace cuatro decenios que abordaba un proceso ya muy avanzado para esa fecha y que hoy alcanzó niveles de saturación.

La rebelión de la nada, o los ideólogos de la subversión cultural se publicó en 1984. En sus páginas Díaz Araujo afrontaba con mirada irreverente las vidas y las ideas de una decena de "pensadores" que habían inspirado o ejecutado la vasta transformación social y sexual del siglo XX, cuyos efectos, desbocados, se derraman imparables sobre la centuria actual.

El prólogo aclaraba los tantos. En la obra, el autor se proponía "protestar contra los «bonzos» de la Nueva Izquierda, los grandes maestres de la Rebelión de la Nada, los favoritos de los Medios de Comunicación de Masas. Para desalienarnos (de nuestra condición humana) ellos recomiendan la «desmitificación» (de todos los valores en que se asienta nuestra vida). Les responderemos desmitificándolos a ellos y a sus mitos".

Ese tono socarrón fue uno de los grandes aciertos del libro. El otro, la selección de los pensadores, que desde luego fue arbitraria y pudo ser más amplia o más acotada. Pero los que recibieron los dardos filosos de Díaz Araujo bien merecido se lo tenían, de Herbert Marcuse al Che Guevara, y de Wilhelm Reich a Paulo Freire y Teilhard de Chardin.

Basándose en interpretaciones propias y de numerosas fuentes secundarias, el autor rastreaba la trayectoria de estos ilustres "rebeldes" a la caza de manías, vicios, desmesuras, caprichos o patologías que hubieran influido en la formulación de sus pensamientos. Lo asombroso de la pesquisa es el grado de auténtica "alienación" que sufrían quienes se creían llamados a combatirla con su pluma y con su ejemplo.

FRAUDE Y LOCURA

El caso más notable es el del austríaco Wilhelm Reich (1897-1957). Sabido es que Reich terminó sus días en Estados Unidos, donde lo recluyeron por enfermo mental y lo enviaron a la cárcel por estafador. Lo llamativo es que este personaje desorbitado, de enorme influencia en las décadas de 1930 y 1940, fue el padre del tóxico "freudomarxismo", el pionero de la revolución sexual y uno de los más insistentes promotores de la "liberación de la mujer" como la entendían quienes veían en ella un arma para la revolución social.

Antes de que lo expulsaran de todos los ámbitos políticos y pseudocientíficos que frecuentaba, incluso de las más ortodoxas formaciones comunistas, Reich había dado con la fórmula explosiva que haría volar por los aires a la sociedad asentada sobre los valores de la tradición cristiana. Sus cuestionadas "investigaciones" sobre la sexualidad, a la que buscaba liberar de las ataduras que la moderaban o la ocultaban, no eran gratuitas. El objetivo era minar el papel de la familia, que para Reich era la institución represiva por excelencia.

Detrás de sus imposturas y delirios había un designio muy preciso. Díaz Araujo destacaba que Reich no se equivocó al captar "el ingrediente revulsivo del freudismo para una negación radical de la civilización occidental al reducir todos sus elementos a simples compulsiones sexuales". En ello fue un ideólogo decidido y consecuente. No así en su vida personal, en la que, al igual que tantos de sus colegas transgresores, primó la hipocresía y la doble moral. Reich, ironizaba Díaz Araujo, proclamaba el libertinaje pero celaba a sus esposas (tuvo varias). Era "libertino público y Otelo privado".

No menos inquietante fue el caso de Frantz Fanon (1925-1961). También este "profeta del tercermundismo", el autor del clásico Los condenados de la tierra, era otro ideólogo aquejado de perturbaciones mentales, que siempre caminó por el borde entre la cordura y el desquicio.

El franco-caribeño de Fanon, señalaba Díaz Araujo, fue el teórico de la negritud como odio radical y venganza sexual, la expresión intelectualizada de una "fobia en definitiva". Su mensaje, que tantos adeptos consiguió a comienzos de la década de 1960 mientras se apagaba la guerra de Argelia, podía resumirse en el siguiente concepto: usar la ira como factor homicida. A la distancia puede verse en él a un precursor del actual antirracismo estadounidense y su venenosa "cultura de la cancelación".

SEMILLA GLOBALISTA

Al economista André Gunder Frank (1929-2005), maestro de la Nueva Escuela de la Dependencia, Díaz Araujo lo catalogaba como esquizofrénico por su tendencia a ser "políticamente revolucionario e intelectualmente reaccionario".

Aunque hace tiempo que las ideas de Gunder Frank pasaron de moda, es instructivo recorrer algunos de sus principios porque, según la glosa de Díaz Araujo, no perdieron vigencia, metamorfoseados en procesos que siguen operando en estos días.

Una de las novedades de la Nueva Escuela era que en el combate contra la dependencia económica apuntaba sus críticas tanto a los factores externos cuanto a los internos, como la burguesía nacional y el nacionalismo. En esa lucha veía con buenos ojos al lumpen, al "proletariado de la canalla", o "la golfocracia", según la definición de Karl Marx. Y, curiosamente o no tanto, defendía la integración de los estados nacionales a la economía mundial, lo que necesariamente llevaba a eliminar los intereses privados y nacionales. En suma, un globalismo de izquierda.

La rebelión de la nada también husmeaba en la vanidad insoportable y el "monoideísmo" evolucionista del sacerdote jesuita y paleontólogo Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955), otro fenómeno intelectual hoy olvidado, o examinaba los pies de barro del mito universal del Che Guevara (1928-1967), en una semblanza excelente que más tarde el autor expandiría hasta ubicarla en una obra independiente. Con mirada más local se remontaba, además, hasta las extravagancias de José Ingenieros (1877-1925), ese escritor tan influyente en la historia intelectual argentina y al mismo tiempo un personaje lastrado por un temperamento inmaduro, casi infantil.

"Puede decirse que vivía en estado irónico", afirmaba Díaz Araujo del autor de El hombre mediocre. En efecto, Ingenieros era un bromista incansable, un molesto autor de chanzas elaboradas hasta la crueldad que revelaban un carácter siniestro y estúpido. "¿Hasta dónde esta faceta de la vida de Ingenieros influyó sobre su condición de pensador? ¿Se trata de un caso psiquiátrico, de una de esas psicopatías a las que era tan afecto de investigar?", preguntaba su crítico menos indulgente.

No era el único enigma de la lista. Paulo Freire (1921-1997), "el pedagogo de la nueva izquierda latinoamericana", esbozó una teoría para enseñar a partir de un método de quince palabras que suprimía "lo que erróneamente se viene denominando «educación»". No puede sorprender el éxito descomunal que tuvo sobre generaciones de docentes latinoamericanos este teórico que fue el gran crítico de la educación "domesticadora, alienante, bancaria". "Más importante que alfabetizar es concientizar", era uno de sus lemas elocuentes. Aun así, la claridad no figuraba entre sus virtudes. Díaz Araujo lo demostraba citando una larga parrafada incomprensible tomada de Pedagogía del oprimido (1968).

¿Había un "gran maestre" de la Nueva Izquierda? Sí, era Herbert Marcuse (1898-1979), hombre de la expansiva Escuela de Frankfurt, luego analista de la organización precursora de la CIA durante la Segunda Guerra Mundial, después profesor establecido en las mejores universidades de Estados Unidos, donde vivió sus últimos años.

Sus ideas se popularizaron con la revuelta contracultural de "los años 60, el movimiento de los hippies y el mayo francés. Marcuse aparecía por entonces como un Wilhelm Reich más serio y más complejo. Al igual que el desequilibrado médico austríaco, su amalgama de revolución y liberación también ponía el énfasis en el potencial subversivo de las frustraciones sexuales y los conflictos intrafamiliares, a los que convenía atizar". Díaz Araujo recordaba otros dos aspectos muy actuales de la obra de Marcuse: el haber detectado el valor de los marginales y de las minorías en la lucha revolucionaria y su llamado de atención sobre el poder del lenguaje como arma insurreccional.

El filósofo que propugnaba abiertamente la "intolerancia de los tolerantes" (uno de sus libros se titulaba La tolerancia represiva) trabajó siempre en torno a una idea fuerza que daría frutos tan abundantes como perniciosos: para cambiar la civilización hay que cambiar al hombre.

La nada que postulaban estos pensadores revulsivos podía entenderse en dos sentidos: por un lado el nihilismo en el que desembocaban sus ideas, y por otro la pavorosa falta de sustento intelectual detrás de sus jergas muchas veces rimbombantes o convenientemente herméticas. Díaz Araujo ilustró esa doble carencia revisando además los defectos demasiado humanos de estas luminarias que llevaban décadas entronizadas. Su intención, dictada "por simple higiene mental", fue "desnudarlos de la falsa caparazón heroica con que se revistieron y con la que sus secuaces y epígonos los siguen disfrazando". Lo hizo con buena prosa y con la rara valentía de quien cumple en dar testimonio de la verdad a tiempo y a destiempo.

(De www.laprensa.com.ar)

Señales del mercado vs. Señales del gobierno intervencionista

En una economía de mercado, los precios de los bienes y servicios constituyen la información necesaria para la toma de decisiones de productores y consumidores. Tales señales permiten establecer un sistema autorregulado que no conviene distorsionar si se pretende una optimización del proceso económico.

Las principales distorsiones que se producen, y que debilitan las posibilidades de tal sistema de producción y distribución, son la inflación y las intervenciones del gobierno cuando desconoce la existencia del mercado como sistema de realimentación negativa. En estos sistemas, los efectos actúan sobre las causas haciendo innecesaria la intervención del Estado en el sentido de una corrección de tal sistema.

Por ejemplo, si existe una suba importante en el precio de los alquileres, ello despertará la atención de los inversores que construirán viviendas para ese fin, tendiendo a que bajen los precios en el futuro. En la situación mencionada, el gobierno intervencionista impondrá precios máximos para los alquileres, por lo cual no habrá ningún interés para la inversión en ese sector. Al detenerse la construcción de viviendas en alquiler y al aumentar la población, en el futuro la demanda se elevará sobre la oferta de tales viviendas y el precio subirá aún más. De ahí que, como siempre ocurre, la intervención del gobierno lográ resultados opuestos a los que pretende lograr. O bien, el remedio resulta peor que la enfermedad.

Cuando se habla de "gobierno intervencionista" se hace referencia a un gobierno que tiende a perturbar el proceso del mercado. Existe, sin embargo, la posibilidad de que la intervención de los gobiernos, en economía, implique el amparo y la protección de la economía de mercado, lo que dista bastante de suponer que "el Estado no debe intervenir en economía".

Así como los precios tienden a orientar las decisiones de productores y consumidores en una economía sin inflación, los gobiernos intervencionistas envian señales que tienden a desalentar la inversión y la producción. Este es el caso del gobierno peronista-kirchnerista de la Argentina actual (2021). Veamos algunos ejemplos:

a) Expropiaciones: el intento de expropiación de una exportadora de granos (Vicentín) y la ley por la cual se expropiará todo edificio en construcción, o lote, luego de ocho años, sin que se finalice la obra (Partido de Avellaneda, provincia de Buenos Aires), son señales emitidas por gente mentalmente afin a quienes dirigen el gobierno nacional, para que nadie compre lotes en Avellaneda, o haga inversiones importantes en cualquier parte del país, ante la posibilidad de una futura expropiación, aunque ello no ocurra.

b) Nacionalización de bonos bancarios: un diputado nacional del partido gobernante propuso una nacionalización de bonos por los cuales un ciudadano le presta dinero al Estado para recibir cierto interés. Con ello envía señales para que la gente retire sus depósitos en plazo fijo o haya corridas bancarias.

c) Emisión de dinero: a fin de "comprar votos" para las próximas elecciones, el gobierno emite, sin respaldo, importantes cantidades de circulante, estimulando con ello la inflación y el temor a una hiperinflación.

d) Exportaciones: al cerrar parcialmente las exportaciones y al limitar al 24% de la producción de carne vacuna para exportación, reduce las inversiones en el sector mientras que favorece la pérdida de compradores de productos argentinos (y no solo de carne vacuna) ya que ningún país tendrá interés de comerciar con quienes cierran las exportaciones para ganar votos aduciendo que tal medida "produce una baja en el precio de la carne".

Estas, y otras señales, favorecen la paralización de la economía junto al aumento de la pobreza, el éxodo de empresas y capital humano, y otros efectos indeseables para la nación.

jueves, 30 de septiembre de 2021

Reflexiones de un diplomático argentino que vivió en Cuba

Por Pedro Cornelio von Eyken

Entre septiembre de 2006 y septiembre de 2009 cumplí funciones diplomáticas en la Embajada Argentina en Cuba. En mi carrera diplomática de treinta y siete años y ocho meses, desde 1983 hasta que me retiré del servicio activo en abril último, tuve, además de Cuba, dos puestos sucesivos en Alemania, donde asistí a la caída del Muro de Berlín y a la reunificación de ese país. También estuve dos años en Finlandia y finalicé mi carrera en el exterior como Embajador en Haití entre 2017 y 2019.

Cuando decidí hacer el doctorado en ciencias políticas en la Universidad Católica Argentina, en 2013, elegí mi experiencia profesional en Cuba. El tema de mi tesis fue `La Revolución Cubana cincuenta años después. Impacto de los factores externos e internos en la grave crisis económica y social de Cuba en 2009'. La defendí en abril último y con ese título puede hallarse en el repositorio de la UCA.

Volcar mi experiencia en la isla y agregarle el debido contenido académico me llevó seis años de trabajo. Con 448 páginas, la tesis era demasiado extensa. No podía obviar la parte metodológica de rigor que hoy requiere una investigación del máximo nivel académico y si quería dar a conocer mi hipótesis de trabajo a un público más amplio, debía resumirla bastante. El libro ya está listo para ser publicado y su extensión apenas superará las 100 páginas. Como la tesis, lo redacté ex profeso en primera persona para subrayar su carácter testimonial.

LAS RAZONES VERDADERAS

Parto de una hipótesis que podrá resultar atrevida para muchos, hasta políticamente incorrecta: sostengo que las verdaderas razones del fracaso económico y social de la Revolución Cubana, cuando cumplía cinco décadas en 2009 y actualizada hasta 2019, no son externas sino internas. No fueron el "bloqueo" estadounidense ni la caída de la Unión Soviética. Fueron las políticas económicas dirigistas, igualitaristas y contradictorias de Fidel Castro y su sucesor. Aquellos factores externos condicionaron y facilitaron la grave crisis, pero no fueron determinantes. La caída del campo socialista detonó esa grave situación en 1991 pero se fue gestando por la suma de decisiones económicas cubanas.

En filosofía política hay una famosa frase atribuida a Aristóteles, que fue discípulo de Platón durante veinte años y maestro de Alejandro Magno: `Soy amigo de Platón, pero más amigo de la verdad'. La búsqueda de la verdad es superior a la amistad de una persona. El realista Aristóteles abandonó parcialmente las enseñanzas del idealista Platón y mostró su preferencia por la verdad, aunque esa búsqueda implicara una ruptura con las ideas de su maestro. En el tema que nos ocupa, esa amistad por una persona puede trocarse por el apego a una ideología, en este caso, el marxismo-leninismo interpretado por Fidel Castro desde 1959. Fui formado en la escuela realista de la filosofía aristotélico-tomista y me he sentido siempre más inclinado al poder de lo fáctico que a las ataduras ideológicas. Prefiero la verdad de lo que fue, sus resultados tangibles, a lo que debió haber sido.

EL CASO DE CUBA

En el caso de Cuba, que recorrí entera mientras conversaba con cubanos de a pie, observé una situación que me llevó a reflexionar si la Revolución Cubana se había hecho para llegar a esos magros resultados que no han hecho más que empeorar desde 2009 y que explican las manifestaciones espontáneas iniciadas el 11 de julio pasado. La economía se halla estancada y la escasez de comida y medicamentos, aunque haya dinero para pagarlos, se torna desesperante día a día. Los gritos clamando libertad, que no escuchaba en mis tres años allí, han ido aumentando. Esas manifestaciones, severamente reprimidas por fuerzas policiales y parapoliciales, han proliferado y se han difundido dentro y fuera de la isla gracias a internet y las redes sociales, los nuevos enemigos internos del régimen. Ninguna persona sensata, dentro o fuera de Cuba, puede decir honestamente que ignora esa situación.

Fui testigo de una Revolución doblemente traicionada al pueblo cubano. La primera traición se extendió desde antes del 1° de enero de 1959 hasta diciembre de 1961, cuando Fidel Castro adscribió públicamente al marxismo-leninismo. Durante la lucha en la Sierra Maestra y en la etapa inicial del gobierno revolucionario, Castro prometió elecciones, libertades individuales y el regreso a la Constitución de 1940, negando enfáticamente el comunismo. La segunda traición tuvo lugar desde 1961 hasta 2009, ya que el marxismo-leninismo no mejoró las condiciones de vida de los cubanos respecto de 1958. La última vez que el pueblo cubano eligió libremente un gobierno entre varias opciones políticas fue el 3 de noviembre de 1958, con el triunfo del candidato oficialista Andrés Rivero Agüero, que debía gobernar entre 1959 y 1963. Nunca llegó a asumir. Tampoco se realizó nunca en Cuba un referéndum para votar por sí o por no la continuación del gobierno revolucionario. La opción de Fidel Castro era clara desde el principio: enemistarse con EE.UU. durante el contexto favorable de la Guerra Fría y aliarse con la URSS para eternizarse en el poder.

`CULPA DEL BLOQUEO'

Para el gobierno y los simpatizantes externos de la Revolución, atados a criterios ideológicos, todo es culpa del "bloqueo" norteamericano. Yo me dedico a rebatir esa falsedad con cifras y argumentos; prefiero denominarlo embargo y explico por qué. El único bloqueo de la isla es interno, determinado por la obsesión igualitarista de Fidel Castro y continuada por sus sucesores que se da de bruces con la realidad: el mozo de un restaurante u hotel destinados al turismo extranjero gana en propinas, en una semana, mucho más de lo que ganan un médico o un maestro de escuela en un mes. La negación del lucro como incentivo natural e innegable del progreso económico se debe al temor de la nomenklatura gobernante de perder el poder.

Igualmente, no apoyo el embargo por tres razones: A) Perjudica más al cubano promedio que a la clase dirigente; B) Cuba es un global trader que comercia con el resto del mundo y es apoyado por potencias extrarregionales enemigas de EE.UU.; y C) no sirvió a los objetivos estadounidenses que procuraban derrocar a Fidel Castro, torcer el curso de la Revolución o mejorar los derechos individuales.

En cinco décadas, a partir de la Reforma Agraria de 1959, Cuba pasó del latifundio privado al latifundio estatal. Hoy pueden verse miles de hectáreas improductivas. La isla debe importar el 80 % de los alimentos que consume. Y el embargo no es absoluto: en 2000 Estados Unidos exceptuó a los alimentos y medicinas, a tal punto que en 2008 el país del Norte vendió a la isla 710 millones de dólares en alimentos. El verdadero problema, que redundó en un descenso paulatino de esa cifra, es que EE.UU. exige a Cuba el pago al contado. La falta de efectivo y de crédito sí es consecuencia del embargo y de la orfandad de la isla respecto de los organismos mundiales de crédito. Lo saben nuestros exportadores.

DOS FACTORES IMPORTANTES

A lo largo de la tesis y del libro desarrollo otros dos factores importantes: primero, la obsesión de Fidel Castro de crearse un enemigo permanente con Estados Unidos, desde Dwight Eisenhower en 1959 hasta Barack Obama en 2016, a pesar de las manos extendidas por James Carter y Obama, quienes más hicieron por relanzar la relación bilateral. La guerra Fría terminó en 1991 pero no para Fidel Castro. Segundo, desarrollo una comparación entre los distintos caminos elegidos por Cuba y Vietnam a partir de la perestroika de Gorbachov. Ambos eran marxistas-leninistas en 1986 y siguen siéndolo, pero Vietnam inició ese año su Doi Moi (renovación). Se abrió el mercado y se conectó con Estados Unidos y el mundo, lo que condujo a una paulatina reducción de la pobreza, al regreso de Vietnam a los organismos mundiales de crédito, a que Clinton derogara el embargo comercial en 1994 -diecinueve años después de la caída de Saigón-, y a que Obama cancelara el embargo de armas en 2016. Fidel Castro, en cambio, desde 1991 rechazó de plano cualquier posibilidad de perestroika en Cuba.

Ensayó desde entonces una serie de medidas económicas sucesivas y contradictorias entre sí, abriéndose apenas al mercado para cerrarse enseguida cuando observaba que el país (y también el cuentapropismo, sinónimo de capitalismo) concedían bienestar al pueblo. Raúl Castro, a cargo del gobierno efectivo desde febrero de 2008 a 2018, no introdujo ninguna reforma estructural. Las diferencias entre ambos países, en septiembre de 2021, están a la vista.

(De www.laprensa.com.ar)

domingo, 26 de septiembre de 2021

Predicar el bien vs. Predicar el "no mal"

Toda ética propuesta debería divulgarse mediante la prédica del bien, tratando que predomine netamente sobre el mal. De ahí que la mayor parte del contenido de cada ética debería concentrarse en lo que genera el bien, dedicando menor atención a las causas del mal. De esa forma, se establecería la prédica de cierta información que ha de ser dirigida a todo integrante de la sociedad, sin excluir a nadie. Aún así, es posible que se advierta cierta debilidad de esta postura, por cuanto aparenta no combatir el mal en forma directa. Sin embargo, una convincente sugerencia de las ventajas del bien tiende a limitar simultáneamente el mal, en forma más efectiva que combatirlo en forma directa. Este es el caso del cristianismo.

Si el mal se considera como una ausencia del bien, la oposición al mal tendería a promover el bien, aunque en forma distinta a la anteriormente mencionada. Por lo general, el combate del mal viene asociado a una idea de justicia, pero también de castigo y venganza. Esta vez llega a ser excluyente, porque se atribuye el mal a un sector de la sociedad presuponiendo al resto exento de culpas. Este es el caso de los totalitarismos, ya que presuponen el mal como un atributo de ciertas clases sociales o bien de ciertas razas, sugiriendo combatirlas hasta hacerlas desaparecer.

La esencia de la prédica del "no mal", o de la "oposición al mal", implica tomar al mal como referencia para llegar al bien realizando todo lo contrario, es decir, no se toma como referencia las leyes naturales ni el orden natural, sino las supuestas "leyes" descubiertas por Marx y por Hitler en la creencia de que, destruyendo el mal (el capitalismo y los judíos, respectivamente) el bien surgirá en forma necesaria. Este fue el caso de la eliminación del dinero, el "estiercol del diablo" según Bergoglio. Alberto Falcionelli escribió: "La eliminación de los bancos y del dinero fue uno de los grandes caballos de batalla de Lenin antes de su llegada al poder y, por vías de consecuencia, en los primeros días del régimen bolchevique, durante los cuales se intentó, en el marco del Comunismo de Guerra, aplicar esa singular concepción de relaciones económicas".

"Resultados: al desaparecer todo tipo de transacción monetaria y al volver al sistema primigenio del trueque y del saqueo -bases fundamentales de las relaciones económicas entre ciudadanos rusos durante la fase aludida- la industria se paralizó incurablemente, el comercio desapareció, la agricultura redujo sus trabajos al mínimo exigido por la supervivencia del campesino, y los rusos empezaron a morirse de hambre por millones, aun cuando la Cheká se las arreglara para aumentar el número de raciones reduciendo el de los habitantes".

"Al descubrir, pues, esta imprevista, e insuperable, realidad, Lenin tuvo que «retroceder» hasta restaurar el capitalismo «en escala considerable» mediante la adopción del sistema conocido como Nueva Política Económica (NEP)" (De "El licenciado, el seminarista y el plomero"-Editorial La Mandragora-Buenos Aires 1961).

A pesar de los fracasos, la creencia en que la anulación del "mal" traerá como consecuencia inmediata el "bien" se mantiene en nuestros días. Esta vez bajo el "marxismo cultural", que, asociado a sectores del Islam, se propone borrar del mapa todo lo que esté asociado a lo que denominamos "civilización occidental" (cristianismo, capitalismo, derecho natural, etc.).

La destrucción del "mal" debe ser total, de ahí que se exageran las flaquezas del enemigo de manera que la difamación sea efectiva. Este es el caso de la idealización favorable a los pueblos originarios de América y de la demonización de los conquistadores españoles. Sin embargo, estudios históricos recientes señalan que Hernán Cortés recibió el apoyo de los pueblos sometidos por los aztecas a fin de eliminar el estado de opresión al que estaban sometidos. Claudia Peiró escribió: "La otra cara de la leyenda negra sobre la colonización de América por los españoles es la idealización del mundo precolombino, pintado como un Edén en el que los indígenas vivían en armonía entre sí y con la naturaleza. La grandeza de la cultura azteca, plasmada en sus monumentales construcciones, o el «socialismo» inca eran elementos de un relato que encubría un dominio implacable de esos imperios sobre otras etnias a las que sojuzgaban, explotaban, saqueaban y, en ciertos casos, devoraban. Literalmente".

“«Oí decir que le solían guisar (a Moctezuma) carnes de muchachos de poca edad... (...) mas sé que ciertamente desde que nuestro capitán [Hernán Cortés] le reprendió el sacrificio y comer de carne humana, que desde entonces mandó que no le guisasen tal manjar»”. Quien esto escribe es Bernal Díaz del Castillo, conquistador español, que en 1519 a las órdenes de Hernán Cortés participó de la expedición que puso fin al Imperio azteca".

"Un impacto en el presente de estas tergiversaciones del pasado fue la renuncia de España a conmemorar, en 2019, los 500 años de la conquista de México por Hernán Cortes; y en realidad, del nacimiento de México. En cambio, el presidente de ese país, Andrés Manuel López Obrador, eligió evocar este año los 5 siglos de la caída de Tenochtitlán, la capital azteca. Amén de su constante y absurda exigencia de que España y la Iglesia pidan perdón por la conquista y la colonización, cuando en realidad la nación mexicana surgió de ese proceso" (De www.infobae.com).

En gran parte de los países latinoamericanos se sigue envenenando la mente de los estudiantes con la prédica de la necesaria abolición del "mal", unificado en todo lo asociado a Occidente. La actualización de la "conquista española" adquiere la forma de la "teoría de la dependencia", a pesar de que uno de sus autores, Fernando H. Cardozo, haya reconocido el error básico de tal teoría. De ahí que la actitud generalizada de culpar a otros países por nuestras propias debilidades, aseguran a los países latinoamericanos un futuro negativo ante la férrea intención de no reconocer ninguna de sus debilidades.

Los marxistas, que maldicen cotidianamente al Imperialismo de EEUU, cuando llegan al poder para imponer el socialismo, y aún antes, se convierten en aliados reales y concretos del "mal", ya que promueven el éxodo de capitales y de gente capacitada que beneficiará a otros países, especialmente a EEUU.

miércoles, 22 de septiembre de 2021

El fundamento definitivo de las ciencias sociales

Tanto la religión, como la filosofía y las ciencias sociales, deberían adoptar, como fundamento, un principio básico que sirviera para orientar a todo ser humano hacia una vida plena de significado y evitar toda vida exenta de sentido. Los principios, o puntos de partida, de todo conjunto de ideas lógicamente coherente, son, en general, poco vistosos, de la misma forma en que lo son los cimientos de un gran edificio. Sin embargo, son los cimientos los que permiten construir un edificio que tenga suficiente estabilidad y así durar por mucho tiempo.

Por lo general, se aduce que las ciencias sociales deberían describir al ser humano tal cual es, adoptando una postura neutral acerca de lo que debe ser. Si suponemos que el científico social ha de ser un especialista, que tiene mayor conocimiento del ser humano que el no especialista, es indudable que ha de ser quien sugiera "lo que el ser humano debe ser" como una optimización de "lo que es". Nicholas S. Timasheff escribió: "El historiador muestra lo variable; el sociólogo señala lo constante y recurrente. La historia describe la multitud de combinaciones concretas en que se han encontrado los hombres interdependientes; la sociología descompone las diferentes combinaciones en sus relativamente pocos elementos básicos y formula las leyes que las gobiernan. El descubrimiento de esas leyes, o el enunciado de las relaciones necesarias e invariables entre un limitado número de elementos en que puede descomponerse la realidad social, es el verdadero objetivo de la sociología, equivalente a los objetivos de la física, la química, la biología y la psicología en sus campos respectivos" (De "La teoría sociológica"-Fondo de Cultura Económica-México 1961).

El principio adoptado como punto de partida deberá constituir un axioma que permita luego deducir la mayor parte de los aspectos inherentes al comportamiento humano, constituyendo de esa forma la base de un conocimiento organizado. Además, tal axioma deberá tener un carácter objetivo, preferentemente ha de ser observable y verificable por cualquier individuo que así lo requiera. Los principios subjetivos, de validez personal o sectorial, conducen muchas veces a conflictos y antagonismos entre sectores.

Se advierte que estamos buscando una teoría ética que oriente las actitudes individuales en un sentido determinado para llegar a establecer una sociedad, y una humanidad, en las que predomine la cooperación social dejando de lado toda forma de competencia egoísta. La palabra "predisposición" es la que mejor se adapta a la definición de "actitud". James W. Vander Zanden escribió: "Una actitud es una tendencia o predisposición adquirida y relativamente duradera a evaluar de determinado modo a una persona, suceso o situación y actuar en consonancia con dicha evaluación. Constituye, pues, una orientación social, o sea, una inclinación subyacente a responder a algo de manera favorable o desfavorable. En tal sentido, una actitud es un estado de ánimo" (Del "Manual de psicología social"-Editorial Paidós SAICF-Buenos Aires 1986).

El principio básico de toda ciencia experimental proviene de la existencia de leyes naturales invariantes que rigen todo lo existente. De ahí que el principio a adoptar como fundamento de las ciencias sociales ha de ser una ley natural invariante que rige toda conducta individual; este es el caso de la empatía emocional. Una definición general sería:

Empatía emocional es la respuesta emocional que en un individuo produce la presencia o la referencia de otra persona y de todo lo que a ella le suceda.

Si asociamos nuestras emociones a la tristeza y la alegría, la empatía emocional implica responder con tristeza o alegría a los estados de tristeza o alegría ajenas. Todas las posibilidades son las siguientes:

Empatía positiva: Compartir penas y alegrías ajenas como propias
Empatía neutra: Indiferencia ante las penas y las alegrías ajenas
Empatía negativa: Alegrarse por la tristeza ajena y entristecerse por su alegría

Las respuestas emocionales, actitudes o predisposiciones, son: el amor (empatía positiva), el egoísmo (empatía neutra) y el odio (empatía negativa). Por lo cual la optimización mencionada implica adoptar la actitud por la cual compartimos las penas y las alegrías ajenas como propias, que constituye esencialmente el bíblico "Amarás al prójimo como a ti mismo".

A partir de la empatía emocional es posible adoptar un principio descriptivo bajo el cual podremos "juzgar" los diversos comportamientos y actitudes personales de todas las personas, incluidos, por supuesto, cada uno de nosotros mismos.

martes, 21 de septiembre de 2021

Competencia sana vs. Competencia "enferma"

Las tendencias naturales, que orientan las conductas individuales, son la cooperación y la competencia. Se acepta, en general, que la cooperación es siempre buena, mientras que la competencia, por el contrario, es vista por muchos como algo malo. Sin embargo, se olvida que la competencia estimula las iniciativas creadoras favoreciendo a la sociedad en su conjunto. Quienes sostienen que no existe la "competencia sana" en cierta forma consideran que existe una falla en el proceso evolutivo, o que la competencia no favorecería a dicho proceso, proponiendo limitar o extirpar de la sociedad todo proceso competitivo.

El caso más evidente es la negación de la competencia económica en el mercado, lo que equivale a estimular la creación de monopolios, especialmente el gran monopolio estatal, al que apunta el socialismo. Demás está decir que tal sistema de planificación económica fracasó, por cuanto limita o niega toda forma de proyecto o de iniciativa individual, con la intención de proteger al envidioso del sufrimiento permanente que se inflinge a sí mismo.

Así como existe una sana competencia en el deporte, en la cual los rivales no son necesariamente enemigos, también es posible la existencia de una sana competencia en la economía y en otros ámbitos. En estos casos, cada individuo compite consigo mismo y evalúa su desempeño por comparación con los rivales. Por el contrario, cuando se busca el triunfo a toda costa, aún perjudicando al rival, o haciendo trampa, la competencia se desvirtúa y deja de ser "sana" para convertirse en "enferma".

Es oportuno mencionar la opinión de un biólogo que, pareciera, no está conforme con el proceso evolutivo que nos formó como seres humanos. Posiblemente ello se deba a que descarta la posibilidad de la existencia de una competencia sana a la cual podamos reconducir alguna vez a la competencia egoísta de tal manera que compitamos con los demás para cooperar de mejor forma que el resto. Humberto Maturana R. escribió: "La competencia no es ni puede ser sana porque se constituye en la negación del otro".

Si consideramos el caso de Messi y Cristiano Ronaldo, puede decirse que ambos se potenciaron gracias a la presencia del otro. No parece que hayan "negado" la existencia del otro, sino que la tuvieron presente para realizar todos los esfuerzos posibles para no ser vencidos por el rival con el resultado positivo para quienes pudimos verlos realizando sus espectaculares goles.

El biólogo citado agregó: "La sana competencia no existe. La competencia es un fenómeno cultural y humano y no constitutivo de lo biológico. Como fenómeno humano la competencia se constituye en la negación del otro. Observen las emociones involucradas en las competencias deportivas. En ellas no existe la sana convivencia porque la victoria de uno surge de la derrota del otro, y lo grave es que, bajo el discurso que valora la competencia como un bien social, uno no ve la emoción que constituye la praxis del competir, y que es la que constituye las acciones que niegan al otro" (De "Emociones y lenguaje en educación y política"-Hachette-Santiago de Chile 1992).

En cualquier actividad, el progreso individual se produce en base al proceso de prueba y error. La efectividad individual se pone a prueba, precisamente, por comparación o competencia con los demás. En dicho proceso se ha de perder en muchas ocasiones, pero es la única forma en que se han de corregir los errores. En las primeras etapas de la investigación espacial, en plena competencia entre EEUU y la URSS, se interpretaban los fracasos como verdaderos avances por cuanto enseñaban cuáles eran los errores cometidos.

En cuanto a la competencia en economía, Humberto Maturana R. agregó: "Recuerdo haber asistido a un curso de economía dictado en la Universidad Católica por un economista de la escuela de Chicago, pues quería entender a los economistas. Él centró su discurso en las leyes de la oferta y la demanda. Nos habló de los reemplazos de las importaciones por producciones locales y de las exportaciones en el libre mercado, destacando las bondades de la sana competencia, etcétera. Yo le pregunté si en el encuentro mercantil hay alguna diferencia cuando los que participan en él son amigos y se respetan, con respecto a cuando no lo son, no se conocen y no se respetan".

"Él no supo qué contestar. Por lo menos eso me reveló que era una pregunta que jamás se había hecho, porque quien se haga esa preguntan no puede sino trabajar para obtener una respuesta, pues se trata de una pregunta fundamental. No es lo mismo un encuentro con alguien que pertenece al mundo de uno y a quien uno respeta, que un encuentro con alguien que no pertenece al mundo de uno y que es para uno indiferente, aunque esto sea en la simple transacción mercantil que no parece tan obvia y tan clara. No es lo mismo porque las emociones involucradas son distintas.".

El citado autor parece no advertir que los empresarios compiten entre sí en su empeño por beneficiar a la mayor cantidad de consumidores. Si alguien domina el 50% del mercado de un determinado producto y un competidor sólo el 20%, significa que el primero vende productos de mejor calidad, o de igual calidad pero a menor precio. La competencia, en este caso, implica una competencia que favorece la cooperación social respecto de terceros.

Es también necesario advertir que se puede competir en ciertas actividades sin que ello signifique que el competidor sea necesariamente un enemigo, ya que sólo es un rival ocasional. Ello nos retrotrae al caso de los hermanos Milito; el delantero jugando en Racing y el defensor en Independiente, rivales dentro de la cancha pero, seguramente, aliados en su ambiente familiar.

domingo, 19 de septiembre de 2021

Greenpeace y el neopuritarismo alimenticio

EL NEOPURITARISMO ALIMENTICIO CONTRA LOS TOMATES ASESINOS

Por Karina Mariani

Corría el año 1971 cuando un grupo de activistas protestó contra unos ensayos atómicos que Estados Unidos realizaba en la costa de Alaska cobrando alta notoriedad. El grupo en cuestión descubrió que cuanto más espectacular y vistosa fuera la manifestación, más rápida y eficazmente llegaba a los medios y a los corazones sensibles y menos tenía que explicar las razones científicas de sus denuncias, así que se especializó en eso. Se cumplen en estos días 50 años de la fundación de la exitosa empresa de divulgación publicitaria: Greenpeace.

A lo largo de medio siglo, Greenpeace interceptó ilegalmente buques en aguas soberanas, atacó edificios privados y monumentos públicos, saboteó empresas, perjudicó el desarrollo de medicinas y alimentos destinados a luchar por el bienestar de millones de personas, destruyó el prestigio de compañías de todos los rubros, promovió el veganismo compulsivo, mancilló el patrimonio de la humanidad y utilizó la violencia para promocionarse. Y fue recontrasúper exitosa en sus acciones, digamos todo.

Para celebrar sus bodas de oro, Greenpeace se la agarró ahora con los tomates, una cosa modesta si la comparamos con haber estropeado las Líneas de Nazca, de siglos de antigüedad y patrimonio de la Humanidad, pero posiblemente con más poder de daño. Es recomendable no subestimar la capacidad de influencia del activismo ecologista, casi inexistente hace medio siglo, cuya ideología domina actualmente el discurso político y cultural y dicta normas industriales, escolares y legales en todo el mundo. Bueno, en todo el mundo no, en la parte del mundo donde rigen libertades y donde pueden disfrutar de los beneficios del sistema que buscan dinamitar.

DOGMA ANTIHUMANISTA

El dogma ecológico antihumanista, vale decir, el que considera a la especie humana una plaga que se debe reducir y mancillar para "salvar al planeta" se nutre de varios mitos. En el caso de los tomates abreva al mito de los alimentos naturales vs. venenosos.

El #TomateChallenge es una de las tantas pantallas utilizadas para desprestigiar la modificación genética de los alimentos, de suerte tal que los tomates son sólo la punta del iceberg de una política destinada a controlar el desarrollo de la investigación y la producción agrícola. Ya lo han hecho antes con otros rubros con lucrativos resultados: los demonizan, se erigen como garantes de la aplicación de normas verdes y pasan a gerenciar la supervisión del rubro colonizado.

Para empezar por algún lado, es necesario recordar que desde que el hombre es hombre no hizo otra cosa que modificar la naturaleza. Es lo que lo distingue sobre otras especies y lo que demuestra que no es posible encontrar algo virgen de modificación humana porque los humanos somos la esencia misma de la modificación. Hecho maravilloso dado que caso contrario no existiríamos y Greenpeace no tendría cómo cobrar sus cuotas.

Cuestión que desde que nuestros lejanos abuelos recolectaron semillas y las plantaron donde ellos pudieran controlarlas y cazaron animales y los usaron para algo (comerlos, vestirse, defenderse o hacer videos para facebook) el hombre viene modificando la naturaleza en su beneficio. La domesticación es manipulación genética, gracias a la cual los hombres, partiendo del lobo llegaron a los caniches toy teñidos de rosa y con botitas que viajan en las carteras de las estrellas, firmes defensoras del dogma ecológico. La modificación genética se hizo instintivamente mediante cruza y selección, dele que te dele, desde hace siglos, pero la aceleración del conocimiento científico hizo que esa cruza y selección permita manipular genes específicos que mejoraron la calidad de vida como nunca antes.

Así, los intereses del activismo ecologista pasaron del conservacionismo de especies al neopuritanismo alimenticio. Esta corriente creció con fuerza en todos los lugares en los que el hambre no es un problema y en cambio la demencial soberbia de la ingeniería social sí lo es. La ideología que se opone a los organismos genéticamente modificados (OGM) ha crecido exponencialmente en el siglo XXI, en paralelo con otras variantes del anticapitalismo identitario. Tiene sentido, dado que es más fácil asustar a alguien persuadiéndolo de que come veneno que diciéndole que quedan sólo 14 ejemplares de ambystoma mexicanum, bicho tan feo que difícilmente su desaparición provoque alguna alarma.

ANTIEVIDENCIAS

Este neopuritanismo alimenticio cree (este es el verbo más adecuado) que los transgénicos son malos para la salud y que dañan a la naturaleza, punto. Existe abundante evidencia y muy al alcance de la mano que demuestra que los OGM son seguros para personas y para el medioambiente, pero ¿a quién le importan las evidencias si tenemos las emociones?

El chef Damián Betular es el protagonista de la campaña #TomateChallenge, en la que asegura que los tomates que llegan a los hogares tienen "un gusto insípido y a agua y que no manchan la ropa porque tienen mucha agua" (no nos detendremos a analizar lo irrisorio de esa oración) y nos dice "enterate qué se ESCONDE detrás de esa fruta que parece perfecta".

Esta campaña es modélica del accionar comunicativo del activismo ecológico, que navega siempre debajo del radar de la evidencia y apunta al impacto sentimental. Greenpeace nos dice: ¡Ojo! que hay algo que se esconde, con mirar ya te das cuenta de que hay algo raro, eso que comemos es una amenaza, comentalo con tus amigos.

Apenas se largó la campaña, la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes salió a responder a las falacias de los antitomates, pero el poder de fuego de los datos frente al circo mediático de Greenpeace es nulo. Se ve que el chef contratado como escudo humano para apelar al miedo no estudió en su escuela de cocina ni la cantidad de variantes de tomates que existen cada una con su sabor particular, ni la influencia de los tiempos de maduración para determinar la concentración de azúcares, ni el tipo de suelo, ni ninguna otra cosa que pueda determinar el gusto de un tomate. Bueno, tampoco estudió que el agua es el componente mayoritario del tomate, no nos ensañemos.

CASO DEMENCIAL

El alarmismo antitransgénico viene causando estragos de los que nadie se hace cargo. El caso más demencial lo protagoniza el arroz dorado una variante creada en 1999 con genes modificados para producir un precursor de la vitamina A. Greenpeace encabezó una feroz campaña de demonización y oposición al arroz dorado que había sido desarrollado para erradicar la avitaminosis endémica de las regiones más pobres de Africa y el sudeste asiático.

El accionar de Greenpeace fue tan descarado y vil que más de un centenar de científicos, mayoritariamente premios Nobel firmaron un manifiesto contra la organización ecologista por su rechazo a los alimentos transgénicos. En el texto urgen a Greenpeace a "reconocer las conclusiones de las instituciones científicas competentes" y "abandonar su campaña contra los organismos modificados genéticamente en general y el arroz dorado en particular".

Recordaban que la Organización Mundial de la Salud calculaba que 250 millones de niños sufren una carencia de vitamina A que les produce ceguera y que 500.000 niños se quedan ciegos cada año por falta de vitamina A y la mitad de ellos muere en el año siguiente a la pérdida de la visión. También hacían hincapié en que la producción mundial de alimentos debía duplicarse en 2050 para satisfacer las necesidades de la creciente población mundial.

"Hacemos un llamamiento a los gobiernos del mundo para que rechacen la campaña de Greenpeace contra el arroz dorado, en particular, y contra los cultivos y alimentos mejorados mediante biotecnología en general", y continúan los científicos, "Hay que detener la oposición basada en emociones y dogmas, en contradicción con los datos. Los alimentos transgénicos son tan seguros como cualquier otro alimento, si no más. Nunca ha habido un solo caso confirmado de un efecto negativo en la salud de humanos o animales", concluían.

El Manifiesto titulado Support GMOs and Golden Rice apoyaba los beneficios de la biotecnología genética aplicada a las plantas cultivadas. Pero de nuevo, el Nobel de la manipulación informativa lo tiene Greenpeace y la campaña de desinformación ya estaba lanzada.

Una de las formas que tienen los activistas ecológicos para contrarrestar a quienes denuncian sus manejos, es explicar que todo informe o denuncia contrario a su accionar está financiado por tal o cual empresa. Vale decir que exponiendo al financista de un estudio científico ya no es necesario refutar dicho estudio. Así vienen escapando de la necesidad honrada de probar lo que dicen sus campañas. Recurren al: "lo pagan los productores, lo pagan las farmacéuticas, lo paga tal o cual y por eso ya no tiene sentido desmentirlo".

Bien, si es cuestión de calibrar el desprestigio dependiendo de quien lo financia, hemos de recordar que a las múltiples franquicias de Greenpeace la financian los conglomerados más ricos y con más intereses financieros y empresariales del planeta como la Turner Foundation, la Rockefeller Brothers Fund, BlackRock, JP Morgan, Bank of America, Citigroup, y varios etcéteras, sin mencionar el apoyo que reciben de los Estados a costa de los contribuyentes que no pueden elegir la dirección de su compulsiva beneficencia. Los gobiernos deberían tener prohibido hacer caridad con el dinero que no les pertenece, pero el mercado de la compraventa de prestigio es un monstruo grande y pisa fuerte.

ARMAGEDONICOS

Las campañas de Greenpeace son exitosas y en ellas se invierten cuantiosos fondos obtenidos del capitalismo moralista y también se invierte el prestigio de esos escudos humanos que son la cara de las mismas. El ecologismo armagedónico echa mano de artistas, periodistas y, lo más triste, niños. Ir contra sus dogmas es ponerse enfrente de esos mascarones cosa que sería muy cruel y por eso los usan para decirle al mundo lo que tienen que comer, que los hijos son una plaga, que bañarse es atentar contra la madre Tierra y que el planeta está por explotar en unos 12 años.

De los orígenes y de los fundadores de Greenpeace queda poco. Paul Watson se peleó con sus compañeros de ruta y fue expulsado. Bob Hunter nunca superó la pelea y dejó todo en manos de Patrick Moore. Moore abandonó la organización denunciando que la agenda del cambio climático estaba guiada por una política destinada a crear cargos y subsidios y sostuvo que "se abandonó la ciencia y la lógica en favor de la emoción y el sensacionalismo". John Coleman otro de los fundadores y creador de Weather Channel, sumado al premio Nobel en física, Ivar Giaever y a Patrick Moore, explicaron que la alarma climática era una tergiversación de estadísticas y que la acción del hombre no impactaba en dicho fenómeno.

Pero los hombres pasan y Greenpeace queda, actualmente cuentan con más de tres millones de socios. Medio siglo de existencia demuestra que como actividad política el ecologismo tiene mayor capacidad de intervención en los Estados, mayor influencia política y mayor poder de fuego mediático que cualquier otra vertiente colectivista. Son inmunes a los datos y al fracaso, como lo demuestran las decenas de predicciones apocalípticas que jamás se cumplen y que reemplazan puntualmente cada vez que resulta necesario.

Greenpeace ha demostrado que el miedo funciona mejor que cualquier otra pulsión, incluso que el resentimiento socialista, y las pruebas están a la vista. La amplia sucesión de mensajes alarmistas serán un fracaso en términos fácticos pero en el proceso asustan a las personas con un recurrente fin del mundo y de paso dejan dinero e influencia como ninguna otra manifestación empresarial o política. De ahí las acusaciones de "negacionismo" frente a quienes no están dispuestos a aceptar su "consenso".

La ingeniería genética aplicada a los alimentos produjo mejoras extraordinarias en la calidad de vida pero el movimiento antitransgénico se ha ensañado con los OGM como lo hiciera años atrás con otros productos o ramas de la industria. Proponen: "un sistema de producción sin residuos de agroquímicos ni cultivos modificados genéticamente", y además sugieren "acortar la cadena de comercialización para que los alimentos lleguen frescos, desde el campo hasta la mesa, con beneficios socioeconómicos y culturales, ya que valora y dialoga con la experiencia de productores locales y campesinos". Pareciera que el neopuritanismo alimenticio no tiene idea ni de distancias, ni de logística, ni de agricultura, ni de economía.

Hablan de la naturaleza como una deidad rencorosa que asegura nuestro bienestar siempre y cuando no la modifiquemos ni la importunemos con nuestra vida humana ponzoñosa. Lástima que lo que el #TomateChallenge no explica es cómo, con su obsoleta, vetusta y trasnochada propuesta, lograrían alimentar a 8 mil millones de bocas.

(De www.laprensa.com.ar)