viernes, 17 de septiembre de 2021

El delirio golpista de Cristina

Por Alfredo Leuco

Es cierto que hay que ser prudentes, porque Cristina puso las instituciones democráticas al borde del abismo. Pero también es verdad que para encontrar los mejores remedios, hay que hablar claro, sin eufemismos e identificar con la mayor precisión cual es la enfermedad. Y creo que hay que decirlo con todas las letras.

Cristina es golpista. Con sus delirios y venenos, finalmente se sacó la careta y está conspirando contra la continuidad de su propio gobierno. Es un suicidio político. De acá y de todas las tragedias autoritarias se sale siempre con más y mejor democracia.

Pero también hay que señalar con toda claridad el origen de esta situación destituyente. Se trata de un feroz enfrentamiento dentro del peronismo y que nos recuerda las peores épocas de la violencia criminal entre Montoneros y la Triple A, por suerte en esta ocasión, sin armas y sin sangre.

Pero hay que remontarse a esa época del horror y los cadáveres para encontrar algo semejante.

Hay que decirlo sin pelos en la lengua y sin temores como lo dijo la diputada Mariana Zuvic: “Dos dementes, en versión pimpinella, jugando con un país en llamas. Patético final”. Es cierto. Están bailando en la cubierta del Titanic.

El país se hunde rumbo a los 115 mil muertos, a la explosión de la pobreza y la desocupación y a la inseguridad galopante con narcos incluidos y estos irresponsables se tiran las culpas por la cabeza, en vivo y en directo y a cielo abierto.

No quiero hacer diagnósticos sobre el estado de la salud mental de Cristina, pero en su carta escribió 18 veces la palabra etcétera.

Una detrás de la otra. Un profesional de excelencia me dijo que en la siquiatría eso se llama “Perseveración” y que aparece en algunos trastornos de la personalidad que prefiero no nombrar para ser respetuoso. Pero cualquiera puede buscar en un diccionario médico lo que significa la palabra “perseveración”. Le recuerdo que fue el propio Alberto el que la calificó de “delirante y sicópata”.

Y como si esto fuera poco, pavotes engolados alimentados a millones de dólares por el kirchnerismo como Víctor Hugo Morales, dicen que el golpe de Estado lo quieren dar los medios de comunicación concentrados. ¿Se puede ser tan militonto?

Pero quiero seguir fundamentando sobre el peligro para las instituciones que es Cristina. Hace mucho tiempo que vengo diciendo que es la persona que más daño le hizo a la democracia y la que más daño le puede seguir haciendo. Por eso tuve que pagar algunos costos y fui víctima de ataques de todo tipo de parte de sus fanáticos. Pero lo creo firmemente. Y creo que mi responsabilidad ciudadana y periodística es denunciarlo con todas las letras para que no sea demasiado tarde para lágrimas.

Lo mismo pensé cuando grité a los cuatro vientos que Alberto era “menos de lo mismo”, que no era moderado y que fue el ejecutor de varias de las venganzas más crueles que le ordenó Néstor Kirchner en su momento.

Lo dije en la radio, en la tele y en un libro. Eso ocurría mientras muchos dirigentes hoy opositores y periodistas hoy independientes, compraron la mentira del “Alberto bueno y moderado” y me miraban como si yo fuera un loquito que alucinaba.

No lo digo por autobombo. Juro que a esta altura estoy más allá de esas cuestiones de vanidad. Pero esta actitud me hizo pelear con amigos que creían que yo exageraba y que Alberto era Charles De Gaulle. Hoy algunos lo reconocen y otros miran para otro lado. Está bien. No me quejo.

Pero Cristina hizo daños terribles de todo tipo. El más grave es de orden ético y moral. Muerto Néstor, ella se convirtió en la jefa del Cartel de los Pingüinos Millonarios que perpetraron el robo más grande de la historia democrática.

Todos se enriquecieron ilegalmente en forma colosal. Todo el mundo lo sabe y la justicia en algún momento se animará a probarlo en los tribunales. Sobran pruebas y confesiones.

Ella fue erosionando el valor del diálogo y los consensos en la democracia. Construyó enemigos, utilizó el conflicto y el odio como instrumento de gestión, potenció la grieta por mil.

Dijo “vamos por todo”, insultó incluso a sus mayordomos más fieles como Oscar Parrilli, le puso cara de asco y desprecio a su propia compañera derrotada como Tolosa Paz y se negó con capricho monárquico a entregar los atributos del poder a Mauricio Macri, que fue elegido presidente en forma democrática. Y a él también lo miró con repugnancia.

Para buscar su impunidad y la venganza, inventó este engendro de régimen vice presidencial donde ella eligió con un dedo al presidente y con la mano abierta lo llenó de cachetazos para que se ponga de rodillas. Se disfraza de nacional populista chavista pero la mueven sus inquinas personales.

Su capacidad de daño es monumental. Pero nunca había llegado a convertirse en golpista de su propio gobierno. Hicieron ensayos en Santa Cruz, pero esta vez la señora llegó demasiado lejos. Ella eligió a Alberto y ella lo quiere tomar de rehén y prisionero. Eso se llama tiranía. Cristinato. Dinastía K.

Y repito mi pregunta hasta el cansancio. ¿Cuál es el límite? ¿Va a empujar a Alberto hasta tirarlo por el precipicio de su renuncia?

¿Quiere que Alberto se haga el enfermo para poner en marcha la ley de acefalía y convertirse en presidenta por tercera vez? Un amigo dice que siempre piensa que Cristina va a hacer lo peor y que siempre se queda corto.

Su carta abierta es una extorsión antidemocrática y un ultimátum golpista. En cada párrafo ella dice yo soy una genia revolucionaria y Alberto es un boludo atómico.

Armó un plan sistemático para desestabilizar a su propio gobierno. Primero fue el “Cuervo” Larroque, después fue la diputada Fernanda Vallejos y anoche, la propia Cristina.

Todo fue diseñado por la Reina Cristina que parece seguir más a Nerón que a Perón. Quiere incendiar Roma y los argentinos lo tenemos que impedir. Juicio, castigo y condena para Cristina por todos los delitos que cometió.

Nunca más la corrupción de Estado. Nunca más el autoritarismo. Nunca más al golpismo. Nunca Más.

(De https://radiomitre.cienradios.com/editoriales/alfredo-leuco/el-delirio-golpista-de-cristina/)

Leibniz y la unidad entre católicos y protestantes

Quien se interesa por la religión, aspira secretamente a aportar ideas que permitan un acercamiento entre religiones, aunque tal objetivo parece imposible cuando uno advierte la obsecación de la mayoría de sus dirigentes. Ni siquiera tienen la mínima honestidad de reconocer las divisiones que provocan al conformar distintos subgrupos de la sociedad. Si se acepta la definición de religión como "la unión de los adeptos", se advierte que gran parte de las religiones sólo tienen el nombre de religión.

Ni siquiera resulta posible unificar las distintas ramas del cristianismo: católicos, protestantes y ortodoxos, por lo que resulta impensable la unión de cristianos con otras religiones. Y ello se debe principalmente a ignorar las leyes naturales, precisamente las leyes de Dios, en cuyo caso habría un vínculo de unión objetivo e, incluso, accesible a la observación. Pero para ello habría que aceptar previamente que la religión ha de tener como principal objetivo adaptar al ser humano al orden natural, en lugar de hacer pedidos a Dios para que intervenga, a través de milagros, para cambiar o destruir dicho orden.

Las religiones actuales funcionan al revés de lo que el sentido común indica, ya que, en lugar de intentar que el ser humano se adapte a las leyes de Dios, se invoca a Dios para que se adapte a los deseos y necesidades humanas. Bossuet escribió: "El Dios de Moisés puede hacer y deshacer como le place; da leyes a la naturaleza y las destruye cuando quiere...Sí, para hacerse conocer en la época en que la mayoría de los hombres lo habían olvidado, ha hecho milagros asombrosos y obligado a la naturaleza a salirse de sus leyes más constantes, ha continuado mostrando con ello que era su único dueño absoluto y que su voluntad es el único bien que conserva el orden del mundo" (Citado en "La crisis de la conciencia europea" de Paul Hazard-Ediciones Pegaso-Madrid 1952).

Tampoco faltan quienes se alejan de la sociedad aduciendo cierta espiritualidad a través de un supuesto "perfeccionamiento". En lugar de atribuir una posible perfección a la acción con gran influencia positiva en la sociedad, suponen que la "perfección" se logra estableciendo un vínculo afectivo con un ser perfecto e imaginario, en lugar de vincularse de esa forma con seres reales y con defectos. Jacques Leclercq escribió: "Los moralistas impulsan poco a la acción. Los tratados de moral no hablan, generalmente, de ella y si lo hacen es para decir que la acción aparta el espíritu de la perfección, que disipa, que materializa y que el sabio vive en espíritu" (De "Las grandes líneas de la filosofía moral"-Editorial Gredos SA-Madrid 1977).

Gottfried Leibniz, uno de los fundadores del cálculo infinitesimal y de la mecánica escalar, además de ser un reconocido filósofo, intentó unir a católicos y a protestantes, si bien, como era de esperar, no tuvo éxito. Ninguno de los jerarcas de ambos bandos habría de renunciar a sus creencias personales y a un puesto de mando y poder para facilitar una posible unión de cristianos. Emile Boutroux escribe sobre Leibniz: "Reanudar la tarea de Aristóteles, volver a encontrar la unidad y la armonía de las cosas, que el espíritu humano parece renunciar a captar, tal vez incluso a admitir, tal es el objeto que se propone Leibniz" (Citado en "La crisis de la conciencia europea").

Debido a los serios conflictos entre católicos y protestantes, varios son los pensadores que buscan la pacificación, siendo el luterano Leibniz uno de los más destacados. Establece intercambios epistolares con Bossuet, la figura más destacada del catolicismo a finales del siglo XVII. Como filósofo, Leibniz apela a la razón como guía para la unificación. Paul Hazard escribe: "Leibniz va más lejos que todos. Hacia la época en que se prepara y se ejecuta, en el Reino de Francia, la Revocación del Edicto de Nantes, insensible a las violencias pasajeras y convencido de que el espíritu de concordia es la verdad y la vida, reflexiona y compone la profesión de fe que se llama el Systema theologicum, de tono tan grave y tan hermoso: «Después de haber invocado el auxilio divino con largas y fervientes plegarias; dejando de lado, en cuanto es posible al hombre, todo espíritu de partido; meditando sobre las controversias religiosas como si llegara de un mundo nuevo; simple neófito, extraño a todas las comuniones, libre de todo compromiso, he llegado al fin, bien considerado todo, a los puntos que voy a exponer: he creído deber abrazarlos, porque la Sagrada Escritura, la autoridad de la piadosa antigüedad, la sana y recta razón misma y el testimonio cierto de los hechos, me parecen reunirse para inspirar su convicción a todo hombre exento de prejuicios...»".

"¿De qué convicción habla? Habiendo examinado no sólo los dogmas, la existencia de Dios, la creación del hombre y del mundo, el pecado original, los misterios, sino los puntos más debatidos en la práctica, los votos religiosos, las obras, las ceremonias, las imágenes, el culto de los santos, está convencido de que nada se opone a que católicos y protestantes se aproximen, se unan y, cediendo unos y otros acerca de algunas dificultades aparentes, restituyan la unidad de la fe".

"Véase cómo habla de las disciplinas romanas, de las mismas que excitan la cólera y el desprecio de sus correligionarios, los luteranos: «Confieso que las órdenes religiosas, las cofradías piadosas, las asociaciones santas y todas las demás instituciones de este género, han obtenido siempre de parte mía una admiración muy particular. Son como una milicia celestial que combate sobre la tierra, con tal de que se evite todo abuso y toda corrupción, que se las dirija según el espíritu y las reglas de los fundadores, y que el Sumo Pontífice las aplique a las necesidades de la Iglesia universal»".

Leibniz se adelanta a su tiempo buscando en las concidencias las bases para un acuerdo, aunque por un camino errado, ya que las coincidencias no pueden ser otras que aquello que es objetivo, observable y común a todos los seres humanos: la ley natural invariante. De ahí que la religión natural sea la única opción para la unión entre católicos y protestantes, y de las diversas religiones entre sí. Además, la ley natural que contempla la existencia de la empatía emocional, conduce a establecer una ética natural básica, a la que debe adherir toda religión (si busca en realidad "unir a los adeptos"). Mientras no se busque la unión por esa vía, se mantendrán los desacuerdos y los conflictos.

martes, 14 de septiembre de 2021

Fundamento de la ética ¿sólo religioso?

En la antigüedad no se aceptaba, como fundamento de la ética, otro que no fuera religioso, ya que se suponía que sólo estaban capacitados para ello los intermediarios que Dios elegía para expresar su voluntad respecto de la conducta que esperaba de los seres humanos. Previamente, los profetas de Israel advertían acerca de los efectos que podrían sobrevenir en el futuro si el pueblo no respondía a cierta ética básica. Santiago Kovadloff escribió: "Profetizar no significa adivinar lo venidero, sino inferir sus rasgos esenciales a partir de un conocimiento cabal de la actualidad".

"El profeta no es un visionario. Lo suyo es inferir, de las acciones presentes y pasadas, las consecuencias futuras. No proviene de las nubes su advertencia, ni cae en éxtasis para discernir qué sucederá. Extrae sus conclusiones de las conductas que observa. Es un analista político y no un buceador de las sombras. A la vez, es un teólogo incisivo y realista; articula como nadie el entramado histórico con el trascendental. Su figura es única en el mundo antiguo. Dotada de una actualidad desconcertante. No encontramos, entre los siglos IX y VI previos a Cristo, otra igualmente ganada por ese ideal de ley en el que se aúnan la justicia social, la perspicacia política y la austeridad moral en la gestión pública" (De "Locos de Dios"-Emecé-Buenos Aires 2018).

Los moralistas de la antigüedad, como los de toda época, se enfrentan con sociedades que desoyen sus advertencias, por cuanto todo proceso de masificación tiende a legitimar conductas generalizadas. El citado autor agrega: "Es sabido: a lo largo de casi tres siglos fueron muchos los profetas empeñados en sacudir el letargo moral de Israel. Aquí se los conjuga en una sola voz. Me fundo para hacerlo en la comunidad de propósito que compartieron. Del primero al último, esos judíos sucesivos hicieron oír un mismo reclamo. Las diferencias que hay entre ellos en términos de estilo, época y temperamento no afectan la sorprendente unidad de su mensaje. Por el contrario: la respaldan. Ella prueba dos cosas: el espesor del muro contra el que chocaron y la formidable constancia de la pasión con que lo embistieron. Su tenacidad incansable. La fortaleza de ese empeño, de esa resolución, sólo cayó con la concreción de lo que ellos pronosticaban y temían: la destrucción de Israel".

El proceso descripto por Kovadloff no difiere demasiado del que posteriormente emplearán los filósofos moralistas y los científicos sociales, ya que el método de observación de las conductas individuales, junto a sus consecuencias, permite advertir tanto lo que produce lo bueno y deseable, como lo malo e indeseable. La ética, propuesta por religiosos, filósofos o científicos, implica un reconocimiento de las actitudes que producen tanto el bien como el mal, para acentuar el bien y rechazar el mal.

Debe concluirse que no existe un fundamento religioso de la ética, excluyente de otros posibles fundamentos, ya que toda ética, compatible con las leyes naturales que rigen nuestras conductas individuales, se ha de establecer en base a la observación directa de las conductas mencionadas.

La superioridad de la ética cristiana, aducida por la Iglesia, no se debe a su origen sobrenatural, sino a su efectividad al ponerse en práctica. Ella consiste en la adopción de la actitud o predisposición afectiva basada en la empatía emocional. El amor al prójimo, como predisposición a compartir las penas y las alegrías ajenas como propias, aparece en alguna parte del Antiguo Testamento, siendo ubicado en un nivel prioritario en la ética cristiana.

La independencia de la ética, respecto de la religión, resulta imprescindible por cuanto no debe impedirse la posibilidad de ampliaciones o mejoras respecto del conocimiento de mayor importancia para todo ser humano, ya que, de la adopción de determinada ética, dependerá el nivel de felicidad que obtendrá en la vida.

Además de la independencia de los fundamentos de la ética respecto de la religión, existe también una independencia de la moral respecto de las creencias individuales. Paul Hazard escribió: "Si hay un hombre que haya afirmado, más clara y enérgicamente que todos sus predecesores, la independencia de la moral y la religión, es Pierre Bayle".

"Empezaba suavemente: los ateos no son peores que los idólatras, sea por la mente o por el corazón. Entonces, siguiendo la inclinación así establecida, insinuaba que los ateos no eran peores que los cristianos. Si se dijera a un hombre que llegara de otro mundo que existen gentes dotadas de razón y de buen sentido, temerosas de Dios, que creen que el Cielo recompensará sus méritos y que el infierno castigará sus vicios,el hombre del otro mundo esperaría verlas practicar las obras de misericordia, respetar al prójimo, perdonar las injurias, trabajar, en fin, por ganar una eternidad de dicha".

"¡Ay! no pasan así las cosas en realidad. Hay que rendirse a un hecho de experiencia que el espectáculo de la vida pone en una luz deslumbrante: entre lo que se cree y lo que se hace, es grande la diferencia. Los principios carecen de influencia sobre la acción: se es piadoso en palabras, impío en la conducta; se pretende adorar a Dios y no se obedece más que al interés, sólo se sigue a las pasiones; veo el bien y lo apruebo, pero hago el mal: el adagio no es nuevo" (De "La crisis de la conciencia europea"-Ediciones Pegaso-Madrid 1952).

domingo, 12 de septiembre de 2021

Vuelve el colectivismo en la cabeza de la Iglesia

Por Alberto Benegas Lynch (h)

EL RETORNO A LA LÍNEA DE SANTIAGO EL MAYOR

Originalmente hubo un problema serio en la Iglesia: la versión de Santiago el Mayor estaba colocándola al borde de la liquidación terrenal si no fuera por la vigorosa reacción de San Pablo. Así se lee por un lado, el mensaje central de Santiago: "Ahora bien, vosotros, ricos, llorad y dad alaridos por las desgracias que están para caer sobre vosotros". (Epístola de Santiago, 5: 1).

También en la Epístola de Santiago (2: 5-6): "Escuchen, hermanos muy queridos, ¿Acaso Dios no ha elegido a los pobres de este mundo para enriquecerlos en la fe y hacerlos herederos del Reino que ha prometido a los que aman? Y sin embargo, ¡ustedes desprecian al pobre! ¿No son acaso los ricos los que oprimen a ustedes y los hacen comparecer ante los tribunales?".

Más aun, la línea de Santiago expone la receta en cuanto a que "todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común; vendían sus posesiones y sus bienes y repartían el precio entre todos, según la necesidad de cada uno" (Los Hechos de los Apóstoles, 2:44/45).

Esto en la ciencia moderna se denomina "la tragedia de los comunes", es decir, lo que es de todos no es de nadie y los incentivos operan en dirección a la debacle. Y esto es precisamente lo que ocurrió en la iglesia primitiva paupérrima y como una carga insoportable para la Iglesia madre, de allí el mensaje contundente de Pablo de Tarso que afortunadamente predominó en cuanto a que "día y noche con fatiga y cansancio trabajamos para no ser una carga a ninguno de vosotros (...) Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma. Porque nos hemos enterado que hay entre vosotros algunos que viven desconcertados, sin trabajar nada, pero metiéndose en todo. A estos les mandamos y les exhortamos en el Señor Jesucristo a que trabajen con sosiego para comer su propio pan" (Segunda Epístola a los Tesalonicences, 3: 8/10, 11 y 12).

Sin la pretensión de una recopilación exhaustiva, a titulo de ejemplo a continuación hemos seleccionado pasajes de la tendencia inaugurada por Pablo que fue la que, como queda dicho, predominó al efecto de rescatar el espíritu cristiano, especialmente a partir de Constantino, aunque la Iglesia posconciliar, a partir de Medellín, Puebla, el tercermundismo, los desvíos de la llamada teología de la liberación y, más notoriamente, a partir de Francisco, ha vuelto en gran medida a la línea de Santiago que acabamos de resumir.

CONTRACORRIENTE

A contracorriente de estos desvíos, que vuelven a asomar con fuerza y en concordancia con los Mandamientos de No robar y No codiciar los bienes ajenos, que hacen referencia a la trascendencia de la propiedad privada, en Deuteronomio (viii-18): "Acuérdate que Yahveh tu Dios, es quien te da fuerza para que te proveas de riqueza". En 1 Timoteo (v-8): "Si alguno no provee para los que son suyos, y especialmente para los que son miembros de su casa, ha repudiado la fe y es peor que una persona sin fe".

En Mateo (v-3): "Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos"", fustigando al que anteponga lo material al amor a Dios (amor a la Perfección), en otras palabras al que "no es rico a los ojos de Dios" (Lucas xii-21), lo cual aclara la Enciclopedia de la Biblia (con la dirección técnica de R. P. Sebastián Bartina y R. P. Alejandro Díaz Macho bajo la supervisión del Arzobispo de Barcelona): "Fuerzan a interpretar las bienaventuranzas de los pobres de espíritu, en sentido moral de renuncia y desprendimiento", y que la "clara fórmula de Mateo -bienaventurados los pobres de espíritu- da a entender que ricos o pobres, lo que han de hacer es despojarse interiormente de toda riqueza" (Tomo vi, págs. 240/241).

En Proverbios (11-18): "Quien confía en su riqueza, ese caerá". En Salmos (62-11) "a las riquezas, cuando aumenten, no apeguéis el corazón". Este es también el sentido de la parábola del joven rico (Marcos x, 24-25) ya que "nadie puede servir a dos señores" (Mateo vi-24) y en la parábola del viñatero se concluye: "¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero?" (Mateo, xx: 15).

En cuanto a los textos papales, aunque en no pocas ocasiones ambivalentes y contradictorios es de interés destacar a León XIII en Rerum Novarum en el siguiente pasaje: "Quede, pues, sentado que cuando se busca el modo de aliviar a los pueblos, lo que principalmente, y como fundamento de todo se ha de tener es esto: que se ha de guardar intacta la propiedad privada. Sea, pues, el primer principio y como base de todo que no hay más remedio que acomodarse a la condición humana; que en la sociedad civil no pueden todos ser iguales, los altos y los bajos. Afánense en verdad, los socialistas; pero vano es este afán, y contra la naturaleza misma de las cosas. Porque ha puesto en los hombres la naturaleza misma grandísimas y muchísimas desigualdades. No son iguales los talentos de todos, ni igual el ingenio, ni la salud ni la fuerza; y a la necesaria desigualdad de estas cosas le sigue espontáneamente la desigualdad en la fortuna, lo cual es por cierto conveniente a la utilidad, así de los particulares como de la comunidad; porque necesitan para su gobierno la vida común de facultades diversas y oficios diversos; y lo que a ejercitar otros oficios diversos principalmente mueve a los hombres, es la diversidad de la fortuna de cada uno".

SOCIALISMO RELIGIOSO

Por su parte Pio XI ha señalado en Quadragesimo Anno : "Socialismo religioso y socialismo cristiano son términos contradictorios; nadie puede al mismo tiempo ser buen católico y socialista verdadero". Y Juan Pablo II -el Papa de los pedidos de perdones por mayúsculas barrabasadas oficiales en la Iglesia y el formidable ecumenismo- ha puesto de manifiesto en Centesimus Annus: "Cuando una empresa da beneficios significa que los factores productivos han sido utilizados adecuadamente y que las correspondientes necesidades humanas han sido satisfechas debidamente (...) Si por capitalismo se entiende un sistema económico que reconoce el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para con los medios de producción, de la libre creatividad humana en el sector de la economía, la respuesta ciertamente es positiva".

Respecto al Papa Francisco, sin perjuicio de sus alabanzas a sacerdotes tercermundistas y sus reiteradas declaraciones en Cuba, Bolivia, Paraguay, Chile y en el Vaticano sobre lo males del capitalismo y las virtudes del intervencionismo de los aparatos estatales en las vidas y haciendas del prójimo, a título de ilustración decimos que en el segundo capítulo de Evangelii Gaudium se lee que la economía abierta "mata" y donde "todo entra dentro del juego de la competitividad", y "como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas sin trabajo, sin horizontes, sin salida". También ha dicho que "el dinero es el estiércol del diablo" sin hacer referencia al reiteradamente corrupto banco en su jurisdicción que de modo insolente se lo ha denominado el banco de Dios, ni a las abundantes riquezas del Vaticano.

En verdad, las reflexiones del Papa resultan sorprendentes. En primer lugar y antes que nada, debe precisarse que el mundo está muy lejos de vivir sistemas de competencia y mercados abiertos sino que en menor o mayor medida ha adoptado las recetas del estatismo más extremo en cuyo contexto el Leviatán es cada vez más adiposo y cada vez atropella con mayor vehemencia los derechos de las personas a través de múltiples regulaciones absurdas, gastos y deudas públicas colosales, impuestos insoportables e interferencias gubernamentales cada vez más agresivas, todo lo cual no es siquiera mencionado por el Papa en su documento.

Si no somos racistas y nos damos cuenta que las causas no residen en el clima imperante ni en los recursos naturales (recordemos que Africa es el continente que exhibe la mayor dosis y que Japón es un cascote donde solo el veinte por ciento es habitable), podremos concluir que dichas tasas permiten incrementar salarios e ingresos en términos reales.

En resumen, los valores y principios de una sociedad abierta no matan, lo que aniquila es el estatismo de hace ya mucho tiempo. En este sentido, estimo de una peligrosidad inusual el consejo papal basado en una cita de San Juan Crisóstomo cuando escribe en el documento referido: "Animo a los expertos financieros y a los gobernantes de los países a considerar las palabras de un sabio de la antigüedad: «No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros los bienes que tenemos, sino suyos». San Juan Crisóstomo, el antisemita rabioso que con el título de Adversus Judaeos escribió que los judíos "son bestias salvajes", que son "el domicilio del demonio" y que "las sinagogas son depósitos del mal" para quienes "no hay indulgencia ni perdón".

PENSAR COMO COMUNISTAS

Cuando le preguntaron al Papa Francisco si es comunista respondió que "son los comunistas los que piensan como los cristianos" (La Reppublica, noviembre 11 de 2016), lo cual subraya una vez más su simpatía original por el colectivismo impregnado de muy joven por la marxista doctora Esther Balestrino y luego por Monseñor Enrique Angelelli que celebraba misa bajo la insignia de los terroristas Montoneros. Es sumamente curioso que por un lado se condena la pobreza y, por otro, se hace alarde de pobrismo, con lo cual -como expresé mucho antes de este papado, cuando pronuncié el discurso inaugural en el congreso del Celam en Tegucigalpa, el 30 de junio de 1998 invitado por Monseñor Cristian Trecht Bañados- la Iglesia debería rechazar la mismísima caridad puesto que mitiga la pobreza del receptor y también dedicarse solo a los ricos pues los pobres ya estarían salvados.

Este lamentable derrumbe no es aceptado por los fanáticos de siempre que se niegan a ver una de los muy pocos temas con los que puede concordarse con el Papa actual y es su repetida manifestación en cuanto a que "los cortesanos son la lepra de la Iglesia". Afortunadamente hay obispos, sacerdotes y laicos que perciben este problema grave, es de esperar que se esté a tiempo de revertir la situación para no caer en lo que advertía el sacerdote polaco -doctor en teología, doctor en derecho y doctor en sociología- Miguel Poradowski en su libro El marxismo en la Iglesia: "No todos se dan cuenta hasta donde llega hoy día la nefasta influencia del marxismo en la Iglesia (...) tarde o temprano vamos a encontrarnos con una Iglesia ya marxistizada, es decir en una anti-Iglesia".

(De www.laprensa.com.ar)

viernes, 10 de septiembre de 2021

Oposición al éxito y búsqueda del fracaso

Mientras que el fracaso en el cumplimiento de algún objetivo se asocia al error, en la actualidad se observa una búsqueda consciente del fracaso, de lo que no funciona bien, especialmente en el ámbito de la política y de la economía. Esta sería la principal caracteristica de la mentalidad subdesarrollada. También es el caso del individuo que no busca el bien adoptando una actitud de cooperación social, sino que opta por una actitud competitiva y destructiva como guía para su vida.

En la Argentina se observa un predominante rechazo por el proceso iniciado en 1880, que permitió lograr en 1895 el mayor PBI mundial per capita, mientras se admira o se simpatiza con el régimen que, desde los años 40 del siglo XX, en adelante, marcó un continuo y sostenido descenso en esa variable económica, llegando en la actualidad a sumir en la pobreza o la indigencia a porcentajes mayores al 40% de la población.

Se critica al capitalista por ser alguien que "concentra riquezas en forma egoísta" sin advertir que el capital es la principal herramienta para la producción y que el nivel de sueldos y de empleos depende esencialmente del capital acumulado existente.

Los acuerdos entre posturas diferentes, en materia de política y economía, sólo pueden prosperar cuando apuntan a un mismo objetivo y sólo difieren en los medios para alcanzarlos. Por el contrario, cuando un sector busca el éxito y el otro el fracaso, las posibilidades de acuerdos son mínimas. Este es el caso del sistema económico que resultaría adecuado adoptar. Así, mientras sectores liberales proponían a la Economía Social de Mercado, la que produjo el "milagro alemán" luego de la Segunda Guerra Mundial, el peronismo se oponía a tal posibilidad; mientras unos veían a tal proceso como un éxito, otros lo miraban como un fracaso, el "fracaso" de reconstruir en poco tiempo una nación devastada por la guerra para convertirla en una próspera economía.

Mientras que la ética cristiana es vista como una guía personal exitosa, según los efectos producidos al ponerla en práctica, la visión marxista sugiere que tal ética ha sido promovida "para una mejor explotación laboral por parte de los burgueses y en contra del trabajador". En forma similar, los peronistas aducen, junto a los marxistas, que la economía de mercado ha sido promovida por los países imperialistas para favorecer la explotación de las colonias. Antonio F. Cafiero escribió: "Bien decía el economista alemán Federico List cuando procuraba advertir a los norteamericanos de las falacias implícitas en la dotrina liberal, al señalar que ésta busca «encubrir la verdadera política de Inglaterra mediante las razones y argumentos cosmopolitas inventados por Adam Smith»".

No parece que los alemanes, los italianos o los japoneses hayan reconstruido sus naciones, en la posguerra, con "falacias económicas", mientras que el peronismo, al simpatizar con fascistas y nazis y adoptar sus propuestas económicas y políticas, inició el proceso de decadencia que ha llevado a la nación a un estado deplorable. Cafiero destaca la "influencia negativa" de Wilhelm Röpke en la Argentina: "Como Röpke era asesor económico del ministro Ludwig Erhard, nombre asociado a la reconstrucción de la economía alemana, se aventuró la tesis de que las recetas ropkianas habrían de repetir en la Argentina el «milagro alemán». Para ello era menestar tan sólo un «gran cambio» en nuestra mentalidad embrutecida por largos años de «colectivismo». Había que instaurar una economía de «mercado libre», había que «planificar la competencia», volver a la «realidad económica». Una bien aceitada y costosa máquina propagandística repitió por todos los ámbitos del país estos «slogans»".

"Y mucha gente ingenua y de buena fe se sintió repentinamente deslumbrada por la nueva doctrina. Las ideas de Röpke, el «milagro alemán», hirieron la imaginación de muchos pequeños y medianos empresarios argentinos cuyas empresas habían podido nacer y desarrollarse gracias al proteccionismo estatal. Y pronto ya casi nadie osó discutir, en ciertos ambientes, la premisa de que la economía argentina estaba «arruinada» por el «intervencionismo» del Estado y que sólo podría volver a florecer si adoptábamos rápidamente las ideas de Röpke -traducidas al castellano y difundidas por sus epígonos nativos- y nos inspirábamos en el ejemplo alemán" (De "De la Economía social-justicialista al régimen liberal-capitalista"-EUDEBA-Buenos Aires 1974).

Si se adoptasen en nuestro país las ideas liberales, se verían reducidas las posibilidades de los políticos con ambiciones ilimitadas de poder y de dinero del pueblo a través del robo al Estado. De ahí la justificación de la opinión adversa sobre programas económicos exitosos. No está demás mencionar que al citado autor se lo recuerda, en Mendoza, tras su paso como Interventor a cargo del gobierno provincial, haber robado un piano de la gobernación y de haber hecho adquirir a la, entonces, bodega estatal Giol, gran cantidad de costosos tanques metálicos que nunca se usaron, seguramente porque no servían para el uso imaginado por el peronista Cafiero.

lunes, 6 de septiembre de 2021

El infierno en la tierra

Existen algunas ideas, siempre presentes en gran parte de la humanidad, que sirven para establecer las condiciones necesarias para la aparición de alguna forma de totalitarismo, siendo los principales el totalitarismo político y el totalitarismo teocrático, como el recientemente reinstalado en Afganistán. En el primer caso, la creencia básica para su instauración está asociada a la búsqueda de utopías; en el segundo caso la creencia básica es la existencia de un Dios personal, que interviene en los acontecimientos humanos y que requiere de intermediarios para hacer cumplir su voluntad sobre todos los seres humanos del planeta.

Por lo general, se afirma que las utopías son imprescindibles para mirar hacia adelante aunque no se las establezca concretamente. Sin embargo, como es el caso del socialismo, han servido también para instalar gobiernos mentales y materiales para ser impuestos a todo integrante de la sociedad, contra la voluntad de muchos, convirtiendo sus vidas en un permanente estado de terror y sufrimiento. De ahí que, para mirar hacia adelante, debemos intentar adaptarnos a las leyes naturales invariantes y eternas que rigen todo lo existente.

La idea del Dios interviniente en los acontecimientos humanos, que intenta gobernarnos a través de sus enviados, implica una teocracia indirecta que por lo general consiste en un gobierno humano, y no divino, como es el caso del terrorífico gobierno talibán, sustentado en interpretaciones del Corán, el que, al igual que otros Libros Sagrados, presenta una mezcla de mensajes de paz con mensajes de guerra y violencia. El apaciguamiento de este peligro latente habrá de establecerse con la evidencia de que la religión surge de seres humanos que miran a Dios, o al orden natural, en lugar de sostener que la religión surge de Dios; idea generadora de gran cantidad de conflictos a lo largo de la historia. Antonio Elorza escribió: "Los atentados que ha protagonizado al-Qaeda a lo largo de la última década reivindican un fundamento teórico rigurosamente ortodoxo en el Corán y son ejecutados en nombre de la causa de Alá" (De "Los dos mensajes del Islam"-Ediciones B SA-Barcelona 2008).

La palabra "totalitarismo" implica "todo en el Estado", si bien se interpreta como la intromisión del poder político o del poder religioso en la vida íntima y personal de cada integrante de la sociedad. Mientras que un dictador o un tirano ejerce su función sin llegar al control de tipo personal, no se ha llegado todavía al totalitarismo. Pero, en cuanto no se admite la oposición política o religiosa, ni tampoco la indiferencia, sino que surge la obligación de adherir al gobierno mental y material del líder político o del líder religioso, aparece el totalitarismo como el camino hacia la instauración del infierno sobre la tierra.

El infierno en la tierra se establece a través del temor, que pronto se convierte en terror, a ser denunciado como opositor por conocidos, amigos o familiares, ante el poder político o religioso, lo que conlleva a sufrir alguna forma de venganza ante la verdadera o supuesta disidencia. Ese temor o ese terror se traduce en una desconfianza ante los demás integrantes de la sociedad que se hace evidente en una incomunicación voluntaria con el resto, lo que implica destruir la esencia social de todo ser humano. De ahí que la palabra "socialismo" implica un totalitarismo disolvente de la sociedad, es decir, todo lo opuesto a lo que ese término sugiere.

Puede hacerse una síntesis del proceso totalitario considerando la existencia de un "director ideológico" que impone "su verdad" y la inmediata designación como "enemigo" de todo aquel que no acepte la propuesta ideológica. Entre los ejemplos podemos considerar:

a) Islam: Mahoma (Director ideológico) vs. Infieles (enemigos)
b) Inquisición: Interpretación bíblica vs. Herejes
c) Nazismo: Hitler vs. Razas inferiores
d) Socialismo: Marx, Lenin vs. Clases sociales incorrectas
e) Justicialismo: Perón vs. Oligarquía y clase media

Adviértase la prohibición bíblica de todo gobierno mental y material del hombre sobre el hombre, ya que tal gobierno se opone al gobierno de Dios sobre el hombre (o Reino de Dios) a través de la ley natural. También la libertad promovida por el liberalismo implica una limitación o "prohibición" de todo gobierno mental o material entre seres humanos.

viernes, 3 de septiembre de 2021

Economía popular vs. Economía populista

Por lo general, la economía propuesta por la izquierda política, va acompañada de un discurso netamente político, relegando aspectos estrictamente económicos. La propaganda que acompaña a las economías de tipo socialista, hace notar que se trata de una "economía popular" (en realidad, populista, o falsamente popular), ya que supone beneficiar a los sectores más humildes. Sin embargo, la esencia anti-mercado de esa propuesta genera lo contrario.

El proceso del mercado, despreciado por los socialistas, está constituido por las millones de decisiones cotidianas establecidas por los actores de la economía nacional. Como el socialista desconfía y desprecia a la gran mayoría de la población, mientras aduce poseer cierta superioridad intelectual y moral, propone la abolición del mercado, o bien su estricta regulación, pretendiendo suplantar esas millones de decisiones cotidianas. De ahí que el socialista propone una economía dirigida por una elite mientras rechaza lo verdaderamente popular, es decir, es partidario de una economía elitista mientras que afirma todo lo contrario en sus mensajes partidarios. Al igual que un vulgar estafador, debe encubrir sus intenciones bajo un manto de engaño y disimulo.

Mediante la propaganda partidaria habla de igualdad económica y de una inserción social del trabajador. Sin embargo, la dirección centralizada de la economía relega a todo trabajador a cumplir órdenes eximiéndolo de toda responsabilidad, lo que implica una forma efectiva de marginación social. Cuando la ayuda social llega incluso a quienes no trabajan, se los convierte en parásitos sociales anulándoseles toda capacidad de lucha por la vida. No existe mayor destrucción de capital humano que el establecido por la "redistribución socialista", al transferir recursos del sector productivo al sector parasitario.

Debido a las diversas habilidades y capacidades individuales, si se busca una optimización de la economía, se debe establecer un marco de libertad para el desarrollo de las potencialidades individuales. En esa optimización se ha de producir necesariamente una desigualdad económica, sólo perjudicial para los envidiosos. Se ha llegado al extremo de considerar como "desigualdad social" a la "desigualdad económica", al considerar prioritariamente los valores materiales relegando otro tipo de valores personales, como los morales, los intelectuales y los estéticos. Sólo existe una forma posible de igualdad económica, y es la igualdad en la pobreza. De ahí que las personas decentes, no envidiosas, prefieran una desigualdad en la riqueza antes que una igualdad en la pobreza.

La redistribución de lo que produce el sector productivo, bajo una confiscación parcial de ganancias y de capitales, tiende a limitar las inversiones y, por consiguiente, la cantidad de empleos y el nivel de producción. Incluso llegándose al extremo de que, tanto empresas como capitales y gente capacitada, emigren hacia países con economías de mercado. Mientras el socialista reniega cotidianamente del "imperialismo yanqui", al promover el éxodo del sector productivo hacia EEUU y otros países, es el principal promotor de la consolidación del imperio al que, supuestamente, se opone. A la vez, traiciona a su propio pueblo al debilitar al sector productivo.

En la Argentina kirchnerista se pueden observar, magnificados, todos los defectos producidos por la izquierda política. Entre sus creencias básicas se advierte la idea de que la oferta y la producción no se fortalecen con el trabajo, la inversión y el ahorro productivo, sino con la emisión monetaria para "llenarle el bolsillo" a la gente y así aumentar la demanda y, como consecuencia, la producción. El proceso inflacionario que le sigue, tiende a perjudicar seriamente a la gente de menores recursos, de donde se advierte que la "economía nacional y popular" genera serios perjuicios a quienes, aducen, protegen de la "voracidad" del sector productivo.

Como de costumbre, el gobierno populista culpa al empresariado y establece precios máximos, limita exportaciones de productos alimenticios, por lo que restringe la entrada de dólares y se deteriora un sector de la economía aun cuando la situación económica sea desastrosa. De ahí que la denominación corriente de "popular" deba ser en realidad entendida como "anti-popular". En los países serios, se advierte que un control de precios efectivo proviene de la libre competencia entre empresarios, ya que quien quiera cobrar precios excesivos, habrá de quedarse con pocos clientes y habrá de cerrar su comercio.

Respecto de la inflación, Hans F. Sennholz escribió: "Durante cientos de años, la emisión de cantidades excesivas de papel moneda por parte del Estado se llamo «inflación». Se consideraba que el alza de los precios de los bienes y servicios era el resultado inevitable de dichas emisiones y que tal aumento era una medida indicativa del grado de inflación monetaria existente en ese momento. Pero en medio de la confusión semántica imperante en nuestros días, ahora se denomina «inflación» al aumento de precios; y se dice que el emisor de moneda, el gobierno dispendioso que la causa, «combate la inflación»".

"¡Qué situación tan cómoda y rentable para funcionarios y políticos! Pueden gastar cuanto quieran, sin preocuparse mayormente de los déficit fiscales, que se financian mediante la emisión de nueva moneda. La terminología moderna responsabiliza del alza de los precios a cualquier persona que se atreva a aumentarlos, a la «codicia» de los empresarios y obreros, de los especuladores y de los extranjeros. Esta confusión causa estragos y pobreza en innumerables víctimas, que ven reducidos sus ingresos y destruidos sus ahorros. Empobrece a la «clase media», que ahorra para los momentos de apremio y para cuando llegue el momento de la jubilación" (De "Ideas sobre la libertad" N° 37-Centro de Estudios sobre la libertad-Buenos Aires 1979).

La inflación tiende a perjudicar con mayor dureza a los sectores más humildes, que son por lo general los que mayor predisposición tienen para votar a favor de los gobiernos populistas. De ahí la imperiosa necesidad de los políticos de culpar al sector empresarial por la elevación de los precios. El citado autor escribió: "Las clases sociales más pobres, que cuentan con magros recursos para la subsistencia, son las más afectadas por la depreciación monetaria. En especial, los pobres que viven con ingresos fijos, como pensiones, jubilaciones o beneficios sociales que se ajustan tardíamente con relación al alza de los precios; ellos pueden llegar a experimentar verdaderas privaciones, incluso hasta pasar hambre. Otros se ven en la necesidad de encontrar, si pueden, un empleo suplementario para compensar el poder adquisitivo cada vez menor. Cierta mano de obra no especializada que prefería el apoyo del Estado en vez de ganarse el propio sustento, se tiene que volcar nuevamente hacia los empleos productivos. Otros recurrirán al vicio y a la delincuencia para apuntalar sus ingresos declinantes".

Con inflación alta, prácticamente desaparece el crédito, debido a los elevados intereses existentes. De ahí la caída de la demanda y la producción. Adviértase, por otra parte, la ajustada descripción del proceso inflacionario, del citado autor, respecto del presente de la Argentina, a pesar de haber sido escrita hace más de 40 años en base a observaciones realizadas en otro país, lo que denota la invariabilidad de las leyes económicas y también de las leyes psicológicas aplicadas a los políticos irresponsables y a las masas engañadas por tales politicos.

Para colmo de males, existe un importante sector de la población que es absolutamente incondicional a todo lo que esté asociado al peronismo, apoyando cualquier decisión gubernamental en forma independiente de los efectos que produzca. Manuel Adorni escribió: "Festejan un 3% de inflación mensual, festejan que las grandes empresas multinacionales se van del país, festejan cada intento de estatización que pueda existir, festejan cada nuevo impuesto y cada amenaza pública por sobre la actividad privada, festejan cada cepo y prohibición. Festejan cada regulación y festejan cada plan social. Por desgracia, son promotores del pobrismo y el subdesarrollo, de la miseria y la decadencia, del pasado y del olvido. Argentina, un lugar que ya no puede más" (De www.infobae.com).

Los procesos inflacionarios son mantenidos por los gobiernos de tipo totalitario como pretexto para avanzar sobre las libertades individuales. Hans F. Sennholz escribió: "El peligro más grave para la producción y el bienestar reside en la intervención repentina del Estado. Al haber depreciado temerariamente la moneda hasta alcanzar una tasa compuesta por dos dígitos, el gobierno puede llegar a pretender legislar y regular las actividades económicas de la gente, imponiendo sorpresivamente controles de precios, salarios y alquileres, restricciones a las importaciones y exportaciones, gravando a la población con nuevos impuestos, o cometiendo cualquier otra locura con el fin de encontrar un paliativo para la sintomatología aguda de su propia política".