domingo, 2 de septiembre de 2018

Einstein y sus rivales matemáticos (Poincaré y Hilbert)

Entre los matemáticos se distinguen aquellos considerados como “el mejor del siglo”, o “el mejor matemático del mundo”, pudiendo mencionarse la secuencia Fermat, Gauss, Riemann, Poincaré, Hilbert, von Neumann,…Para destacarse de esa manera, se espera que hayan hecho aportes importantes en más de una de las ramas de la matemática. En el caso del grupo mencionado, se advierte, además, que todos ellos establecieron aportes a la física teórica, ya que se interesaron por las matemáticas aplicadas y no solamente por la puramente abstracta.

El físico Albert Einstein, realizador de la relatividad especial y de la relatividad general, además de otros importantes aportes a la física, tuvo como competidores a los mejores matemáticos del momento, tal el caso de Henri Poincaré en la realización de la relatividad especial, y a David Hilbert en el caso de la relatividad general. Poincaré no participa en esta última teoría por cuanto fallece en 1912 a los 58 años de edad.

Algunos historiadores denominan al Principio de Relatividad, como “principio de Poincaré” o “principio de Poincaré-Einstein”, si bien no se le puede restar ningún mérito a Einstein por el hecho de tener un competidor de tan alto nivel. Louis de Broglie escribió al respecto: “En 1904, en víspera de los trabajos decisivos de Albert Einstein sobre este tópico, Henri Poincaré poseía todos los elementos de la teoría de la relatividad. Había profundizado todas las dificultades de la electrodinámica de los cuerpos en movimiento y conocía los artificios introducidos sucesivamente con el nombre de tiempo local de Lorentz y de contracción de Fitzgerald para tener en cuenta la invariancia de las ecuaciones del electromagnetismo y de los resultados de la experiencia de Michelson”.

“Veía claramente que estas hipótesis fragmentarias introducidas arbitrariamente una después de otra, deberían ceder su lugar a una teoría general, de las que ellas no serían más que consecuencias particulares. La dinámica del electrón con masa variable con la velocidad, ya estudiada por Lorentz, le era bien conocida: sabiendo que ella entraña para los cuerpos materiales la existencia de un límite superior de la velocidad igual a la velocidad de la luz en el vacío, percibió en seguida las consecuencias cuando escribía: «Se podría estar tentado de razonar como sigue: un observador puede alcanzar una velocidad de 200.000 kilómetros por segundo; un cuerpo en su movimiento relativo respecto del observador puede alcanzar la misma velocidad; entonces, su velocidad sería de 400.000 kilómetros por segundo, lo que sería imposible, ya que esta es una cifra superior a la velocidad de la luz. Esto no es sino una apariencia que se desvanece cuando se tiene en cuenta la forma en que Lorentz valúa los tiempos locales»"

“Este texto muestra que Poincaré conocía antes de Einstein las fórmulas de composición relativista de velocidades y, además, en una notable memoria escrita antes de los trabajos de Einstein y publicada en los «Rendiconti del Circolo Matematico di Palermo», donde estudió profundamente la dinámica del electrón, dio las fórmulas de la cinemática relativista”.

“Faltó, pues, poco para que fuese Henri Poincaré y no Einstein quien, el primero, desarrollara la teoría de la relatividad en toda su generalidad, procurando así a la ciencia francesa la gloria de este descubrimiento. En efecto, escribió en «Ciencia y Método» resumiendo toda su experiencia del problema: «Sea lo que fuere, es imposible escapar a esta impresión de que el principio de relatividad es una ley general de la naturaleza, que jamás se podrá, por ningún medio imaginable, poner en evidencia más que velocidades relativas, y por esto entiendo no sólo las velocidades de los cuerpos con relación al éter, sino las velocidades de los cuerpos, los unos con respecto a los otros. Muchas experiencias distintas han dado resultados concordantes para que no se esté tentado de atribuir a este principio de relatividad un valor comparable al del principio de equivalencia por ejemplo. Conviene en todo caso ver a qué consecuencias nos conduciría esta manera de ver y en seguida someter esas consecuencias al control de la experiencia». Es imposible estar más cerca del pensamiento de Einstein”.

“Sin embargo, Poincaré no dio el paso decisivo; dejó a Einstein la gloria de percibir todas las consecuencias del principio de relatividad y, en particular, de precisar por una crítica profunda de las medidas de longitud y de duración el verdadero carácter físico de la unión que el principio de relatividad establece entre el espacio y el tiempo. ¿Por qué no llegó Poincaré hasta el final de su pensamiento? Sin duda la causa está en el rango un tanto hipercrítico de su espíritu, debido quizás a su formación de matemático puro. Como lo recordamos continuamente, adoptaba una actitud un poco escéptica frente a las teorías físicas, estimando que en general existe una infinidad de puntos de vista diferentes, de imágenes variadas, que son lógicamente equivalentes y entre las cuales el científico elige sólo por razones de comodidad. Este nominalismo parece a veces hacerle desconocer el hecho de que, entre las teorías lógicamente posibles, hay sin embargo unas que están más cerca de la realidad física o, por lo menos, mejor adaptadas a la intuición del físico y por ello más aptas para secundar sus esfuerzos”.

“Es por eso que el joven Einstein, que entonces tenía solamente veinticinco años y cuya preparación matemática era rudimentaria en comparación con la del profundo y genial sabio francés, llegó, sin embargo, antes que él a la visión sintética que, utilizando y justificando todas las tentativas de sus predecesores, barrió de un solo golpe con todas las dificultades. ¡Golpe maestro de un espíritu vigoroso guiado por una intuición profunda de las realidades físicas!”.

“No obstante, el deslumbrador éxito de Einstein no debe hacernos olvidar cuán profundamente había sido analizado el problema con anterioridad por el espíritu luminoso de Poincaré y cuántas contribuciones esenciales para su futura solución había éste aportado. Sin Lorentz y sin Poincaré, Einstein no habría podido llegar al final” (De “Sabios y descubrimientos”-Espasa-Calpe Argentina SA-Buenos Aires 1952).

Unos años más adelante, Einstein busca una teoría para la descripción de los fenómenos gravitacionales teniendo en cuenta que todo campo gravitacional impone una misma aceleración a las diversas masas que en él se encuentran. También en este caso son varios los físicos y matemáticos que abordan el problema, siendo uno de ellos el matemático más destacado del momento: David Hilbert. De la misma manera en que los filósofos idealistas creen que es posible acceder a las verdades profundas de la realidad a partir del pensamiento, algunos matemáticos creen que a partir del pensamiento matemático, casi exclusivamente, es posible encontrar las leyes básicas del mundo físico. José Manuel Sánchez Ron escribió al respecto: “La teoría de Hilbert, que pretendía describir toda la realidad física (electromagnetismo, teoría del electrón, gravitación), no hacía referencia alguna a la física. Era el producto de una filosofía (idealista) matemática que, aparte de Hilbert, tenía como principales representantes a Minkowski y a Weyl, y según la cual el puro razonar matemático era suficiente para descubrir todas las leyes físicas de la naturaleza. Como es bien sabido, en aquella época esta filosofía era ajena a Einstein quien, en mayo de 1916, escribía a Ehrenfest: «No me agrada la representación de Hilbert. Está indebidamente especializada en lo concerniente a la ʻmateriaʼ, indebidamente complicada, no es honesta (≡ gaussiana) en su propósito, y refleja la pretensión de un superhombre mediante un camuflage de técnicas»”.

“De nuevo volvía al mismo tema unos meses más tarde cuando en una carta a Weyl afirmaba: «La suposición hilbertiana sobre la materia me parece infantil, en el sentido de niños que no conocen malicia en el mundo exterior. En vano busco yo una clave física en él [el mundo exterior], que permita construir la función hamiltoniana a partir de Φ, sin derivación. De cualquier manera, no se puede estar de acuerdo con que las firmes consideraciones que se derivan del postulado de relatividad se asocien con tales hipótesis infundadas acerca de la estructura de los electrones en su relación con la materia. Estoy dispuesto a admitir que la búsqueda de una hipótesis adecuada, o función hamiltoniana para la construcción de los electrones, comprende una de las tareas más inmediatas de la teoría. Pero el ʻmétodo axiomáticoʼ poco puede ayudar en esto»” (De “El origen y desarrollo de la relatividad”-Alianza Editorial SA-Madrid 1985).

A pesar de partir desde posturas muy distintas, ambos llegan a un mismo resultado. Sánchez Ron agrega: “En resumen, podemos decir que las ecuaciones del campo gravitacional (que tal vez sería justo llamar de Hilbert-Einstein, o de Einstein-Hilbert) fueron el fruto, prácticamente simultáneo, de dos planteamientos independientes y bastante diferentes sobre la realidad física”.

sábado, 1 de septiembre de 2018

Fortaleza y debilidad de la democracia

El sistema político y económico propuesto por el liberalismo, la democracia, promueve la división de los poderes públicos como también la división del poder económico. En un caso recurre a las elecciones periódicas mientras que en el otro caso recurre al mercado. Se apunta, en un marco de libertad, a cierta igualdad de posibilidades potenciando las metas individuales sin oposición a las metas colectivas. La democracia constituye una innovación, relativamente reciente, que es promovida por quienes se adaptan a ella y rechazada por quienes tienen aspiraciones políticas o económicas que van más allá de la libertad inherente al sistema. Jean-Françoise Revel escribió: “Tal vez la democracia haya sido en la historia un accidente, un breve paréntesis que vuelve a cerrarse ante nuestros ojos. En su sentido moderno, el de una forma de sociedad que consigue conciliar la eficacia del Estado con su legitimidad, su autoridad con la libertad de los individuos, habrá durado algo más de dos siglos, a juzgar por la velocidad con que crecen las fuerzas que tienden a abolirla”.

“De este modo, tanto en el tiempo como en el espacio, la democracia ocupa un lugar de los más reducidos, porque a fin de cuentas la duración de unos doscientos años que yo evocaba sólo se refiere a los escasos países en que apareció, muy incompleta todavía, a finales del siglo XVIII. En la mayoría de los demás casos, los países en que hoy sobrevive la democracia no la han adoptado sino hace menos de un siglo, hace menos de medio siglo, en ocasiones hace menos de un decenio” (De “Cómo terminan las democracias”-Sudamericana-Planeta-Barcelona 1983).

La fortaleza de la democracia radica en los resultados logrados por las sociedades que cumplieron el requisito necesario para que en ellas pudiera surgir: una actitud predispuesta a la cooperación social. La debilidad radica en que la libertad inherente al sistema es utilizada por quienes pretenden destruirla. Son los totalitarismos, precisamente, los “virus” que aprovechan las posibilidades ofrecidas por la democracia, como las elecciones libres o la libertad de expresión, para destruirlas desde fuera. Ha sido el marxismo, principalmente, quien apunta a su destrucción, como también actúan en el mismo sentido los diversos populismos; respetan las leyes electorales, cuando les son favorables y sabotean a los gobiernos de turno cuando pierden el poder. Revel agrega: “Indudablemente, la democracia habría podido durar, si hubiera sido el único tipo de organización política en el mundo. Pero congénitamente no está hecho para defenderse de los enemigos que, desde el exterior, aspiran a destruirla: sobre todo, cuando el más reciente y el más temible de esos enemigos exteriores, el comunismo, variante actual y modelo acabado del totalitarismo, consigue presentarse como un perfeccionamiento de la democracia misma, aun siendo su negación absoluta”.

“La democracia, por su manera de ser, mira hacia el interior. Por vocación está ocupada en el mejoramiento paciente y realista de la vida en sociedad. El comunismo, por el contrario, se orienta, por necesidad, hacia el exterior, porque constituye un fracaso social, es incapaz de engendrar una sociedad viable. La Nomenklatura, conjunto de burócratas-dictadores que dirigen el sistema, sólo sabe emplear sus capacidades en el expansionismo. Es más hábil y más perseverante en ello de lo que la democracia lo es en defenderse. La democracia se inclina a desconocer, a negar incluso, las amenazas de que es objeto, por lo mucho que le repugna tomar las medidas idóneas para darles réplica. Sólo despierta cuando el peligro se vuelve mortal, inminente, evidente. Pero entonces, o ya no le queda tiempo para poder conjurarlo, o el precio que ha de pagar por sobrevivir resulta abrumador”.

“Al enemigo exterior, antaño nazi, hoy comunista, cuya energía intelectual y cuyo poder económico están completamente orientados a la destrucción, se añade, para la democracia, el enemigo interior, cuyo lugar está inscrito en sus mismas leyes. Mientras que el totalitarismo liquida todo enemigo interior y pulveriza todo principio de acción de su parte gracias a medios simples e infalibles por antidemocráticos, la democracia no puede defenderse más que con mucha suavidad. El enemigo interior de la democracia juega con ventaja, porque explota el derecho al desacuerdo inherente a la democracia misma”.

“Con habilidad bajo la oposición legítima, bajo la crítica reconocida como prerrogativa de todo ciudadano, oculta el propósito de destruir la democracia misma, la búsqueda activa del poder absoluto, del monopolio de la fuerza. En efecto: la democracia es ese régimen paradójico que ofrece a quienes quieren abolirla la posibilidad única de prepararse a ello en la legalidad, en virtud de un derecho, e incluso de recibir a tal efecto el apoyo casi patente del enemigo exterior, sin que ello se considere una violación realmente grave del pacto social”.

“Llegamos así a esta curiosa situación en la sociedad que convencionalmente llamamos Occidente: situación en la que quienes quieren destruir la democracia parecen luchar por reivindicaciones legítimas, mientras que quienes quieren defenderla son presentados como los artífices de una represión reaccionaria. La identificación de los adversarios, interiores y exteriores, de la democracia con unas fuerzas progresistas, legítimas y, lo que es más, con unas fuerzas de «paz», tiende a privar de consideración y a paralizar la acción de los hombres que no quieren más que defender sus instituciones”.

Al intento de destrucción premeditada de la democracia, que las ideologías totalitarias sustentan como principal objetivo, se le agregan los diversos embates que surgen como consecuencia necesaria de la corrupción propia de la política, que se acentúa en épocas de severa crisis moral. Este es el caso de la Argentina, país en el que la mayoría de la población admite con todo cinismo la intención de robar al propio Estado en caso de estar en una situación favorable. Algunos indicios aparecen en las encuestas realizadas al respecto. “Un 58% de los argentinos piensa que ser honesto no trae éxito en nuestro país. El dato, clavado como una espada en el corazón, surge a partir de una encuesta nacional de Gallup….La corrupción es, hoy, el SIDA de la democracia” (De “No robarás” de Gustavo Beliz-Editorial de Belgrano-Buenos Aires 1997).

Teniendo presente el pobre nivel moral predominante, a nadie debe extrañar que en el gobierno nacional se llegó a instalar una verdadera asociación ilícita para saquear al Estado (kirchnerismo). Para colmo, aun con las declaraciones de funcionarios y empresarios intervinientes en el saqueo, más de un cuarto de la población sigue apoyando incondicionalmente a los jefes políticos de tal asociación. San Agustín escribió: "¿Qué son las bandas de ladrones sino pequeños reinos? También una banda de ladrones es en efecto una asociación de hombres, en la que hay un jefe que manda, en la que se reconoce un pacto social, y el reparto del botín está regulado por acuerdos previamente establecidos. Si esta asociación de malhechores crece hasta el punto de ocupar un país y establecer en él su sede, sometiendo pueblos y ciudades, asume el título de reino. Título que le es asegurado no por la renuncia a la codicia, sino por la conquista de la impunidad".

Otro de los errores frecuentes que se cometen, especialmente en los países latinoamericanos, es la periódica aparición de políticos “salvadores de la Patria”, que creen que la historia recomienza con ellos y que por ello deben iniciar su gobierno “desde cero”, ignorando todo lo que hicieron en el pasado los demás gobernantes. Rafael Caldera escribió: “Junto al populismo, el caudillismo acecha en el fondo de la conciencia colectiva para plantear los desafíos a la gobernabilidad democrática. Se ha tratado de investigar el origen de la tentación caudillista hasta en las poblaciones indígenas y la tradición ibérica de los conquistadores. Lo cierto es que existe cierta facilidad en aceptar la presencia de gobiernos unipersonales, en los cuales todo el aparato administrativo y burocrático es una maquinaria al servicio de una sola mano. Basta que el caudillo diga una palabra, toque una tecla, para que todo el mecanismo funcione en la orientación que le ha impuesto”.

“Otro de los grandes desafíos para la gobernabilidad en el país es el mito de Sísifo…Condenado Sísifo a levantar una gran roca, para llevarla desde el fondo del abismo hasta la montaña, cuando ya iba a coronar su labor, la roca caía nuevamente en el abismo y tenía que volver a comenzar el trayecto, repetir lo mismo varias veces seguidas. Los gobernantes venezolanos –y muchos latinoamericanos- han incurrido en hacerse actores del mito de Sísifo: nada de lo anterior sirve, hay que empezar de nuevo la construcción del país y sus instituciones” (De “Los desafíos a la gobernabilidad democrática”-Grupo Editorial Singular-Caracas 2014).

viernes, 31 de agosto de 2018

Legislar en base a la ley natural

Si en la actualidad se nos pide definir la religión, teniendo en cuenta la existencia de leyes naturales invariantes que rigen todo lo existente, puede decirse que la religión tiene como objetivo legislar a partir de la ley natural para promover la adaptación cultural del hombre al orden natural. Tal legislación ha de apuntar a una mejora ética individual constituyendo esencialmente una ética natural. Montesquieu escribió: “El hombre, como ser físico, lo mismo que los demás cuerpos, está gobernado por leyes invariables; como ser inteligente, viola sin cesar las leyes que Dios ha impuesto, y cambia las que él mismo establece. Debe conducirse, y sin embargo es un ser limitado; está sujeto a la ignorancia y al error, como todas las inteligencias finitas: los débiles conocimientos que tiene los pierde”.

“Como criatura sensible, está sometido a mil pasiones. Un ente así podía en todo momento olvidar a su creador: Dios lo ha llamado a sí por las leyes de la religión: un ente así podía en todo momento olvidarse a sí mismo; los filósofos lo advierten por las leyes de la moral; hecho para vivir en sociedad, podía olvidar a los otros: los legisladores lo han devuelto a sus deberes por las leyes políticas y sociales” (De “Del espíritu de las leyes”-Ediciones Altaya SA-Barcelona 1993).

En cuanto a la legislación establecida en base al derecho, puede decirse que, en cierta forma, depende también de la ley natural, aunque en forma indirecta. Sin embargo, mientras que la religión apunta a sugerir lo que debemos hacer, o a la actitud que debemos adoptar, la ley humana sólo nos impone reglas que nos prohíben realizar acciones que han de ser perjudiciales para los demás como para uno mismo.

El mandamiento bíblico del “no matarás” actúa en forma similar a la ley humana ya que prohíbe tal acción, mientras que el “amarás al prójimo como a ti mismo” sugiere (u ordena) una actitud concreta a adoptar para toda la vida. Adviértase que ninguna ley humana nos impone una actitud a adoptar, y mucho menos nos exige acciones concretas; de lo contrario estaríamos bajo un régimen totalitario. Se dice que en una sociedad democrática “está todo permitido excepto lo explícitamente prohibido”, mientras que en la sociedad totalitaria “está todo prohibido excepto lo explícitamente permitido”.

La conclusión importante es que la religión ocupa un lugar necesario en la sociedad, en oposición a la idea (predominante en muchos sectores) de que la religión es algo perteneciente al pasado remoto. Sin embargo, lo que en realidad se debe criticar es la forma que en la actualidad adopta la religión ya que constituye un factor de división social antes que de adaptación al orden natural, oponiéndose al establecimiento de un orden social eficaz.

Haciendo una síntesis, puede decirse que la religión promueve la moral mientras que el derecho limita la acción inmoral. La religión tiende a “llenar el vaso con cierto contenido” mientras que el derecho es “el recipiente que impide el desborde”.

Adviértase que en épocas remotas, los libros religiosos como la Biblia, constituían también la única legislación vigente, es decir, religión y derecho eran indistinguibles. Con el tiempo, se tiende a una especialización (o división del trabajo, dirían los economistas) ocupando cada uno la misión respectiva. “Los tres órdenes normativos fundamentales son, por consiguiente, la religión, la moral y el derecho. En los orígenes de las civilizaciones, los tres aparecen confundidos. No hay distinción neta entre ellos porque los mismos preceptos vienen impuestos por las creencias religiosas, el sentimiento moral y las leyes positivas. El Decálogo contiene normas de las tres clases, que en definitiva constituyen las reglas fundamentales a las que debe ajustar el hombre su conducta prescindiendo de distinciones superfluas. Pero en realidad los diez mandamientos –aunque algunos sean estrictamente jurídicos- son preceptos religiosos, porque violarlos constituye un pecado. Así la verdad revelada –y las creencias de las demás sociedades primitivas- fueron las primeras fuentes del derecho”.

“Con el desarrollo de las culturas se origina una profunda y creciente diferenciación. En primer término, al perder vigor el sentimiento religioso que por sí solo resultaba suficiente para orientar la conducta, fue necesario sustituirlo por normas obligatorias que impusieran las mismas soluciones con la fuerza del derecho y no ya con la simple coerción de las creencias. En segundo lugar, la complejidad de la vida social obligó a reglamentar una multitud de instituciones y de problemas que la religión y la moral no habían resuelto, porque cualquier solución que se adoptara les era indiferente”.

“Surgió así, adquiriendo un desarrollo cada vez mayor, la parte puramente social del derecho. Este último aparece entonces como un sistema autónomo, pero subordinado tanto a las creencias como a la moral, que conservan su natural jerarquía. Ambas continúan, en efecto, guiando al derecho, inspirando sus soluciones, imponiéndoles sus principios fundamentales. Las normas jurídicas no se apartan de los preceptos religiosos y morales, porque se reconoce que los otros sistemas normativos son superiores por su origen (la revelación, la razón) y porque rigen los actos desde un punto de vista más elevado y trascendental” (De “Introducción al Derecho” de Carlos Mouchet y Ricardo Zorraquin Becu-Editorial Perrot-Buenos Aires 1987).

En las actuales circunstancias se requiere compatibilizar la religión con el derecho, por medio de la inclusión de ambas en el ámbito de las ciencias sociales. Esto es posible teniendo en cuenta que toda ciencia social debe ser compatible con la ley natural, mientras que la religión natural es la adecuada para esta inclusión. Y si la religión no tiene vínculo alguno con la ley natural, se trata de una falsa religión.

El alejamiento, cada vez mayor, que se produce entre religión y derecho, se debe, por una parte, al predominio de una teología cercana a la filosofía que reemplaza la religión moral por una serie de disquisiciones complejas establecidas en el mundo de lo sobrenatural, que pronto pierden el contacto con la ética natural, que debería ser el aspecto central de la religión. Por otra parte, el derecho se aleja de las ciencias sociales al pretender ser una rama autónoma del conocimiento pretendiendo constituirse en la base de toda normatividad ética, que encuentra su mayor aceptación en el caso de los totalitarismos. Los citados autores escriben: “El desarrollo de la civilización fue separando cada vez más el derecho de aquellos ordenamientos superiores. Ello se explica, por lo demás, si se considera la complejidad de las relaciones sociales y el intervencionismo absorbente del Estado, que han obligado a dictar profusas reglamentaciones completamente extrañas a los principios de la moral y de la religión. No debemos olvidar, por cierto, que si éstas forman la base del orden jurídico, no son sin embargo suficientes para regular la convivencia humana. El derecho constituye entonces un sistema necesario, puesto que el hombre es un ser social y debe estar sometido a normas que lo guíen en sus relaciones con los demás”.

“No obstante la evidente subordinación del derecho con respecto a esos otros sistemas normativos, no han faltado quienes pretendieron cortar de raíz el vínculo que los mantiene unidos. Esto fue lo que se propuso, en el siglo XVII, la escuela del derecho natural y de gentes fundada por Hugo Grocio, la cual quiso sustituir a la voluntad y a la acción ordenadora de Dios por el orden inmanente de la naturaleza, negando así lo sobrenatural y lo divino. Más tarde, ya en el siglo XIX, los positivistas estudiaron el derecho como un producto puro y exclusivo de la vida social, ignorando deliberadamente el indispensable fundamento religioso y moral de todo orden jurídico. En la doctrina contemporánea se advierte una feliz reacción contra esas ideas que olvidaron la tendencia innata e irresistible del espíritu humano a buscar la explicación de su destino y las normas que deben guiar su conducta en algo superior a sus propios actos y realizaciones”.

Los autores citados sugieren que el derecho y la moral mantengan cierta dependencia respecto de la religión, considerando a la religión como poseedora de mayor jerarquía. Por el contrario, al considerar la religión, la ética y el derecho, como ramas de la ciencia social, deja de haber jerarquías para buscar cierta compatibilidad. De esa forma, todas las ramas de la ciencia social resultan fundamentadas en la ley natural. “Una religión no es solamente un conjunto de creencias: es también una regla de conducta. El creyente sabe que Dios le ha propuesto una determinada forma de vida sin la cual no alcanzará la salvación eterna. Como esa regla de conducta es la más importante de todas (puesto que a ella se vincula el destino final de cada uno), lógico es que alcance una natural primacía sobre las demás. Mientras la religión deriva de lo alto y tiende a lo sobrenatural, el derecho tiene sólo fines terrenos y no trasciende al más allá. Hay, por lo tanto, una jerarquía lógica entre ambos sistemas normativos, que obliga al derecho a respetar las creencias religiosas y las reglas de conducta impuestas por la fe”.

Desde el punto de vista de la religión natural, no se habla ya de “salvación” sino de adaptación al orden natural. Tampoco se considera que la religión viene de “lo alto”, sino que surge del propio ser humano. Como la religión tiende a darle al hombre un sentido a su vida, indicándole la actitud que debe adoptar, no existe posibilidad de superposición con el derecho, que tiende a limitar las acciones humanas. Tampoco ha de haber jerarquías por cuanto ambas tienen objetivos diferentes

martes, 28 de agosto de 2018

Regimentación del pensamiento

En la tarea emprendida por imponer el socialismo en diversos países, el marxismo-leninismo tiende a emplear ideas y consignas ya empleadas en la Unión Soviética. La similitud puede provenir del hecho de partir de una misma base ideológica o bien por intentar aplicar métodos suficientemente probados. Alguien podrá decir que el régimen soviético fue un fracaso y que por ello fue abandonado en casi todo el mundo. Sin embargo, debe tenerse presente que, para la mayoría de sus adeptos, no fue así. Y si alguien les recuerda el muro de Berlín, responderán tranquilamente que con ese muro se trataba de “impedir el ingreso” de burgueses extranjeros para evitar que, con sus costumbres “contaminaran la sociedad comunista”.

La característica esencial del ideólogo o el militante marxista, consiste en su actitud permanente de creer que está inmerso en una guerra, ideológica y material, en contra de un enemigo al que quiere destruir y que, a su vez, pretende destruirlo. De ahí la necesidad de unificar todas las actividades en el Estado, como ocurrió en la Unión Soviética. Tanto la política, como la economía, cultura, educación, deporte, arte, ciencia, filosofía, etc., debían ser compatibles con la ideología filosófica que sustentaba al sistema colectivista. De ahí la adopción del marxismo-leninismo, y no la propia realidad, como referencia para la validación de hipótesis propuestas.

Julian Huxley describe la situación existente en épocas de la posguerra, aunque no fue distinto a lo ocurrido en otras épocas: “Las autoridades soviéticas consideraron que era necesario y deseable movilizar y regimentar no solamente la opinión pública en el sentido corriente, sino todas las actividades superiores del espíritu, tanto intelectuales como estéticas, desde las ciencias naturales hasta el arte y la música, y desde la filosofía hasta la literatura y la historia. El pensamiento y la expresión creadora tenían que convertirse en armas de la política exterior y en instrumentos de la política interna en la lucha del Estado soviético por sobrevivir y realizar sus fines en el difícil mundo de la posguerra. Con esta intención se ha hecho la tentativa de cementar las actividades mentales del pueblo de la URSS –sus ideas y emociones, sus intelectos y sus aspiraciones- en un todo monolítico, un instrumento para alcanzar una meta definida, pero difícil” (De “La genética soviética y la ciencia mundial”-Editorial Hermes-México 1952).

Resulta sorprendente que los marxistas sigan burlándose de la Iglesia, criticando el atraso científico que ésta produjo al adoptar la Biblia, y no la realidad, como referencia para valorar los descubrimientos realizados en otras épocas, mientras que, hace apenas unas decenas de años, los soviéticos adoptaron una postura similar al considerar que tal referencia debía ser la ideología marxista-leninista. Julian Huxley agrega: “La cuestión principal es la condena oficial de resultados científicos, hecha en otros terrenos que el científico, y por lo tanto el repudio por la URSS del concepto de método científico y actividad científica compartido por la gran mayoría de los hombres de ciencia de los otros países”,

En cuanto a la genética, escribió: “En 1948, la disputa quedó terminada –al menos por el momento- con la completa derrota del neomendelismo y la entronización del michurinismo como doctrina oficial en el campo de la genética y la evolución. Ahora ha llegado el momento para que quienes viven en otros países hagan un inventario de la situación y sus consecuencias. Ahora existe una «línea» partidaria en genética, lo cual significa que el principio científico básico de recurrir a los hechos ha sido pisoteado por consideraciones ideológicas”.

Recordemos que, según el marxismo, la influencia social es determinante en cuanto a los atributos personales de cada ser humano, restando importancia a los aspectos hereditarios. Tal influencia social dependería esencialmente del sistema económico vigente en la sociedad. De ahí que en la URSS se le haya dado tanta importancia a teorías de tipo lamarckiano (Michurin, Lysenko) en las cuales se acepta la herencia de los caracteres adquiridos por la influencia del medio, mientras que se rechazaba la genética mendeliana que sostiene que la herencia depende esencialmente de cuestiones estrictamente genéticas. “Nos dicen que las ideas de los neomendelistas son místicas, metafísicas, burguesas, pseudocientíficas y hasta anticientíficas”. “Además el michurinismo es calificado habitualmente con el adjetivo científico, materialista o progresista. El término genética soviética es utilizado con bastante frecuencia, y Lysenko emplea la frase darwinismo creativo soviético”.

La intromisión en la historia también resulta llamativa, ya que no sólo se ha empleado la mutilación de la realidad histórica, como en el caso de León Trotsky, cuyo nombre desapareció de los libros rusos por decisión de Stalin, sino que se promueve una interpretación ajustada a las necesidades ideológicas del momento. “Se afirma que la actual posición es que «el historiador ideal debe ser formado para que obtenga generalizaciones teóricas» en línea con las doctrinas del partido, y debe estar libre de un «excesivo amor por los hechos». Porque, como recientemente se ha declarado en Moscú, «cuando la teoría deja de desempeñar un papel predominante en la investigación, inevitablemente aparecen vicios –tales como el liberalismo podrido, el debilitamiento ideológico y la falta de espíritu crítico y de autocrítica»”.

“En filosofía, la restricción parece actuar respecto a una tradición de autoridad y ortodoxia….Se tiene hasta cierto punto la sensación de haber sido transportado hacia uno de los concilios del cristianismo primitivo, salvo que las autoridades con las que hay que estar de acuerdo no son los Padres de la Iglesia, sino con los Padres de la Revolución: Marx, Engels, Lenin y Stalin”.

Respecto a las artes y la literatura, Huxley escribió: “En las artes, el criterio positivo al que deben conformarse es el «realismo socialista», en oposición al criterio negativo del formalismo…Se puede decir, de una manera bastante grosera, que el «realismo socialista» está propuesto como justificación de la creencia en que las artes deben ser fácilmente inteligibles a todo ciudadano, y deberían tener como única, o por lo menos principal, función social la de proporcionar un desahogo emocional, una meta y un impulso para las actividades de la sociedad en la guerra y en la paz, por oposición a la creencia en la nueva exploración o en la expresión por medio del artista individual, o en la satisfacción privada del ciudadano individual”.

“Las autoridades del partido destacan continuamente dos puntos principales: la literatura tiene que ser optimista y debe demostrar la superioridad de la manera de vivir soviética sobre la del Occidente. Esta última exigencia implica la presentación del mundo no soviético como moralmente decadente e ideológicamente confuso”.

A mediados de la década de los 70, las cosas no cambiaron demasiado. Andrei D. Sajarov escribe acerca de la URSS: “Las consecuencias del monopolio del Partido y el Estado son especialmente destructivas en el ámbito de la cultura y la ideología. La unificación total de la última exige cada día a cada ciudadano –desde el pupitre de la escuela hasta la cátedra universitaria- hipocresía, conformismo, mediocridad y autoembrutecimiento. Este ciudadano se ve obligado a representar, sin solución de continuidad, la tragicómica farsa ritual del juramento de fidelidad, relegando al segundo plano toda consideración hacia lo concreto, el sentido común y la dignidad. Escritores pintores, artistas, pedagogos, humanistas, todos se hallan sometidos a tan monstruosas presiones que no pueden por menos de admirarle a uno que el arte y las letras no hayan desaparecido por completo de nuestro país” (De “Mi país y el mundo”-Editorial Noguer SA-Barcelona 1976)

sábado, 25 de agosto de 2018

Perón y sus traiciones

Mientras que los líderes democráticos se identifican con lo mejor de una sociedad, los líderes totalitarios se identifican con lo peor de esa sociedad. Además, cada uno de ellos ha de poseer los atributos admirados por cada sector. En el caso de Juan D. Perón, se produjo una identificación con el argentino poseedor de “viveza criolla”, el que, como el adolescente inseguro de tener una auténtica inteligencia, hace continuos esfuerzos por demostrar a los demás, y por demostrarse a si mismo, que posee ese atributo. Marcelo A. Moreno escribió: “Se cree un vivo. Un vivo «bárbaro», como dice. Desde chico se piensa como el mejor del mundo, y está dispuesto a demostrarlo. Sólo que para llegar a esa evidencia necesitará imperiosamente perjudicar a los demás”.

“«Yo me corto solo». «Yo hago la mía». «Yo me salvo y zafo» son expresiones cotidianas de este personaje, prototipo del argentino medio: el porteño canchero, ganador, de fácil y frágil palabra, que «se las sabe todas»”.

“Desde luego, no hay un ser nacional ni entelequia parecida. Pero si existe un trabajado arquetipo de argentino: su modelo es el porteño, aunque se ha extendido y a este caracterizado personaje se lo puede encontrar en las más insospechadas provincias. Y como es un modelo ya impuesto, un «universal» de argentino, quien no responde al arquetipo o sufre por no alcanzarlo o lo padece en silencio”.

“Plástico, agradable, en su esquema de valores la viveza –una mezcla de astucia y ubicuidad, más un increíble poder de adaptación- suple a la sensibilidad, la inteligencia, el saber, la destreza, el esfuerzo, virtudes despreciadas en la geografía de sus estimas. Se trata, en suma, de un verdadero predador: lo único que espera es el momento y las circunstancias adecuadas para aprovecharse de los otros. Los demás son, para él, «los giles», sus víctimas. Quien estudia, trabaja o ama en serio de inmediato es catalogado como un gil. Ni hablar del que es honesto: «es un gil a cuadros». Un «vivo» es lo contrario: rápido, rapaz, se aprovecha. La diferencia está en la trampa, en el engaño, en la indecencia: ése es el mérito. Si se estudia, se trabaja, se mantiene una relación amorosa, pero siendo desleal y mentiroso, se saca carnet de vivo” (De “Contra los argentinos”-Editorial Sudamericana SA-Buenos Aires 2002).

Puede decirse que el éxito de Perón, como líder y agitador, se debió a intuir la mentalidad de las masas y a decirles siempre lo que deseaban escuchar, no sin antes utilizar una gran cantidad de mentiras y de engañar y traicionar a quienes encontraba a su paso. Incluso advertía a sus seguidores acerca de los peligros de la traición, ya que en forma inconsciente temía que los demás actuaran como siempre él lo hizo. Al respecto expresó: “El movimiento tiene enemigos de afuera y enemigos de adentro; quien no lucha contra el enemigo ni por la causa del pueblo, es un traidor; quien lucha contra el enemigo y por la causa del pueblo, es un compañero, y quien lucha contra un compañero es un enemigo o un traidor” (De “Perón, enemigos y traidores” en www.youtube.com).

Perón se caracterizó por usar a circunstanciales aliados para, luego, abandonarlos o traicionarlos una vez que obtenía de ellos alguna ventaja personal. Como ejemplo puede mencionarse el caso de Cipriano Reyes, sindicalista de la carne y fundador del Partido Laborista, que participa en el 17 de octubre de 1945, siendo la principal figura del movimiento obrero que promovió la liberación de Perón. Sin embargo, apenas Perón asume la presidencia, decreta la ilegalidad de los partidos políticos, incluidos los que lo apoyaron para ser electo. También ordena que todo sindicato dependa de la CGT para seguir teniendo legalidad. Por oponerse a las directivas de Perón, Reyes es ametrallado y luego encarcelado bajo la acusación de haber atentado contra Perón y Eva, por lo que es encarcelado por varios años hasta quedar liberado en 1955 por la Revolución Libertadora. Esta era la manera que tenía el tirano para “agradecer” a quienes colaboraron con sus planes.

En su actuación política, previa a su primera presidencia, prepara el terreno aliándose con nacionalistas, militares y católicos. Sin embargo, con el tiempo los va traicionando a todos, dejándolos de lado en cuanto deja de necesitarlos. Richard J. Walter escribió: “El 4 de junio de 1943, un sector del Ejército depuso al gobierno del presidente civil Ramón S. Castillo e instauró un régimen autoritario que duró hasta 1946. En el movimiento golpista se destacaban los militares nacionalistas; así, ofrecían a la derecha argentina la mejor oportunidad hasta entonces para influir en la sociedad y ejercer el poder real en escala nacional. Simultáneamente, uno de los oficiales implicados en el golpe –el coronel Juan Domingo Perón- utilizaría la ocasión para preparar su propio ascenso al poder”.

“En este proceso, los intereses de Perón y de los nacionalistas fueron coincidentes; pero, en varias ocasiones, Perón y los nacionalistas trabajaron con objetivos encontrados. En 1946, Perón ganó las elecciones presidenciales. Durante sus nueve años de gobierno, cooptó a los nacionalistas y se apropió de parte de su programa, relegándolos a roles secundarios en su administración. A comienzos de los años cincuenta, muchos nacionalistas se pasaron a la oposición y se incorporaron al movimiento que en septiembre de 1955 derrocó a Perón y lo obligó a exiliarse” (De “La derecha argentina” de David Rock y otros-Javier Vergara Editor-Buenos Aires 2001).

Los militares y los nacionalistas argentinos apoyaban durante la Segunda Guerra Mundial al Eje (Roma-Berlín). Sin embargo, cuando Perón advierte que el Eje va a perder la guerra, deja de lado su apoyo a pesar de las protestas de los nacionalistas. Walter agrega: “Perón intentó desempeñar un papel cuidadosamente ambiguo en estos sucesos, pero el balance final aparecía como partidario de la ruptura y se convirtió en el centro de la ira nacionalista. Para muchos integrantes de la corriente, Perón era – después de la ruptura con el Eje- un traidor a su causa, un personaje que había sacrificado el principio de neutralidad en función de sus propias ambiciones”.

Cuando necesitó ayuda de los enemigos del Eje y de los nacionalistas, los norteamericanos, el entonces vicepresidente “de facto”, no dejó de pedirla: “En marzo, Perón –a través de un emisario- intentó un acercamiento a la legación norteamericana, describiéndose como «un adversario de los nacionalistas» y prometiendo trabajar por el restablecimiento de un gobierno constitucional, a cambio del reconocimiento del gobierno militar. La embajada rechazó sus intenciones, pero esto mostraba que Perón era alguien que se debía tener en cuenta si las circunstancias lo exigían”.

Desde unos años antes, Perón ambicionaba ser el líder latinoamericano del nazi-fascismo ante la esperanza de que Hitler ganara la guerra. A pesar de la derrota del Eje, mantiene su proyecto. Buscaba aliarse con otros países latinoamericanos aunque algunos de ellos en la condición de súbditos. Ezequiel González Madariaga escribió: “Nosotros los chilenos no podremos olvidar fácilmente en nombre de Juan Domingo Perón. Adicto militar argentino en Santiago, intrigó para apoderarse de documentos secretos, lo que dio lugar a un bullado proceso. Presidente de la República más tarde, organiza legiones de espías dependientes de una Subsecretaría de Prensa y Propaganda la que, con el apoyo de malos chilenos, adquiere en Santiago radio-emisoras y organiza en el territorio la distribución de noticias encaminadas a destruir el Parlamento y a instaurar una dictadura, que respalde su máxima ambición de hacer de Argentina y Chile un solo Estado, con frente a dos océanos”.

“Es la época en que lo trastornan delirios de grandeza y cae en la manía de anunciar para el futuro el proceso de guerras continentales, en el que la Argentina, como es de esperarlo, está llamada a regir los destinos de la América del Sur, como el dictador alemán de quien se sintió su discípulo, pensó en su tiempo ordenar la Europa. Los gobiernos que se han sucedido en la Argentina tienen una responsabilidad moral con el pueblo de Chile y con la democracia continental, como es la de revelar los dineros que se destinaron a esta propaganda y señalar, al mismo tiempo, los individuos que se consagraron a esta innoble tarea” (De “Patria y traición” de Ginna Maggi-Ediciones Gure-Buenos Aires 1957).

En cuanto a los intentos por sobornar a militares chilenos, Ginna Maggi escribió: “Cuando menos nadie lo imaginaba, el Mayor Perón fue descubierto con las manos en la «masa» en un intento de sobornar a un grupo de patriotas chilenos para que le vendieran unos planos secretos del Ejército de Chile. Los candidatos a traidores, le hicieron creer a Perón que estaban de acuerdo con sus proposiciones, y cuando éste concurría a la cita con el dinero a cambio de los planos, le presentaron unos planos falsos, y al tiempo en que el Mayor sacaba el dinero, caía la policía que comprobó la flagrante intención”.

“Por razones de salud, la esposa de Perón estaba viajando a Buenos Aires en los días anteriores a este ingrato episodio, y por razones «obvias», el Mayor Perón, hubo de seguirla precipitadamente, dejando en completo desorden los documentos relacionados con su fallido plan de espionaje, como diciendo: Ahora, «que se embrome el que viene»”.

El militar que ocupa el lugar de Perón como agregado militar de la Embajada Argentina en Chile, fue el Mayor Eduardo Lonardi. La citada autora agrega: “A partir de aquella «jugada» que el Mayor Perón le hiciera, el Mayor Lonardi no tuvo descanso ni perdió oportunidad para proclamar lo que el llamara: una «torpe e inaudita traición», que tan amargos momentos le hicieran vivir en su corta permanencia en Chile, y que tanto afectara su correcta sensibilidad de militar. Inútiles fueron las explicaciones que más tarde le diera el Coronel Perón, e inútiles las granjerías que ya como Presidente le ofreciera”.

También en la destitución del Gral. Ramírez, Perón había utilizado la traición. Ginna Maggi escribió al respecto: “Entonces Perón acudió a un plan maquiavélico sin perder un solo instante: necesitaba un hombre que le sirviera de punto de apoyo para actuar detrás de él, y encontró en el Gral. Farrell el modelo ideal, que escuchó halagado sus proposiciones tendientes a encaminarlo a la Primera Magistratura”.

“Los colaboradores del complot que habrían de derribar al General Ramírez, los buscaría Perón entre los mismos militares que eran adictos al Presidente. Por algo se trataba de un «plan maquiavélico». Sólo le pidió a Farrell «confianza y libertad para actuar…»”.

“Ya está Perón incluido en el grupo de los entusiastas amigos del General Ramírez, y se ha ganado la confianza y simpatía del grupo de oficiales que rodean al Presidente. Sus planes están listos para caminar sobre rieles…Y antes de cumplir un mes desde que Perón presentara el manifiesto al General Ramírez «nervio y motor» del histórico movimiento, había «fructificado» su plan de convencer al grupo revolucionario de que había que sacrificar a Ramírez, en bien de la patria…”

En realidad, Perón buscaba ubicar a Farrell en la presidencia vislumbrando su propio ascenso posterior. “El acto de sacrificio de Ramírez, al igual que el de proclamarlo días atrás, bajo palabra de soldado y de argentino, el nervio y motor de la Revolución, lo encabezó Perón secundado por Farrell. Los amigos del Presidente se negaron a estar en ese «acto patriótico»”.

Raúl Damonte Taborda describe algunos detalles del momento de la renuncia de Ramírez: “Perón y Farrell se han introducido, sin anunciarse previamente, en las habitaciones privadas de Ramírez y, sin decirle: ¡Agua va!, le presentan un pliego renunciante y una estilográfica. El pobre hombre está semidormido. (Es la una de la madrugada)”.

“Su señora, al escuchar el ruido de botas, sables y voces roncas, ha saltado del lecho y huído al baño. Los traidores a Ramírez intimidan y zamarrean al Presidente que no entiende nada, «tratando de cubrir sus vergüenzas» con las sábanas de seda” (Citado en “Patria y traición”).

Pero la mayor traición a la Patria la produjo cuando se asoció con la guerrilla marxista-leninista de los años 70, como es el caso de Montoneros, con el fin de destruir material y espiritualmente a la Nación. Ambos socios tratan de utilizar al otro para llegar al poder, pero, como es de esperar, triunfa quien mayor experiencia tiene como traicionero y, posteriormente, desde la Presidencia, ordena en “aniquilamiento” de sus antiguos cómplices destructivos.

viernes, 24 de agosto de 2018

El milenarismo y sus efectos

Asociado al libro del Apocalipsis, en donde se profetiza una bonanza de “mil años”, a partir de la Segunda Venida de Cristo, se conoce como “milenarismo” a la creencia en dicho acontecimiento. En cuanto a los efectos que tal profecía ha producido a lo largo de la historia, se advierten aspectos positivos, como la esperanza hacia el futuro y el triunfo definitivo del Bien sobre el Mal, y también efectos negativos, como es el caso del surgimiento de “falsos profetas” que promovieron diversas utopías con fines poco beneficiosos para los sectores engañados. Damian Thompson escribió: “¿En que consiste exactamente ser milenarista? En sentido estricto, la palabra se aplica a personas que viven aguardando a diario el amanecer del «Milenio» descrito en el libro de la Revelación, el último del Nuevo Testamento”.

“Este texto, conocido también como libro del Apocalipsis, es el último y más controvertido de los textos que componen el Nuevo Testamento, y consiste en una serie de visiones fantásticas sobre el fin del tiempo, cuando las fuerzas de Cristo y Satán combaten entre escenas de violencia y crueldad espeluznantes. Hacia el final del libro, la batalla se interrumpe por un periodo de mil años, durante el cual Satán está enjaulado y Cristo y sus santos reinan en la tierra. Ese es el Milenio, y los creyentes que esperan que el paraíso de mil años comience en cualquier momento son, por lo tanto, milenaristas”.

“Todos los movimientos milenaristas se distinguen por la conducta anormal de sus seguidores, conducta que puede oscilar desde el retiro en lugares desiertos o remotos para esperar el fin hasta actos de violencia inimaginable destinados a provocarlo. De una u otra manera, se produce una enorme liberación de energía emocional que proporciona a esos movimientos un sentido misional. Aparece idéntica configuración en movimientos separados por vastas extensiones de espacio y tiempo. Por ejemplo, los grupos milenaristas presentan una tendencia pronunciada a decantarse por actitudes extremas con respecto a la conducta sexual, en las que o bien se prohíbe el sexo o bien se goza de él de una manera indiscriminada. También el sentido milenarista de la identidad es peculiar, y posee invariablemente una característica narcisista y farisaica que no es de extrañar, puesto que esos grupos creen que sólo ellos serán testigos del fin y sobrevivirán” (De “El fin del tiempo”-Taurus-Madrid 1998).

Los movimientos milenaristas revistan el peligro de ser capaces de llamar la atención de personas psicológicamente normales, y no sólo de aquellos que padecen alguna deficiencia. El citado autor agrega: “Los estudios psicológicos de personas atrapadas en movimientos milenaristas sugieren que éstos no atraen a una proporción superior de enfermos mentales de lo que lo hacen las religiones convencionales o los partidos políticos. Así pues, difícilmente podemos sustraernos a la conclusión de que el milenarismo se debe con frecuencia a sentimientos de privación con respecto a la posición social, los medios económicos, la seguridad o el amor propio. Además, tiende a aparecer durante periodos de crisis, algo que, según un comentarista, puede ser «tan agresivo y crítico como el saqueo de una ciudad o tan sutil y prolongado como el paso de la comunidad agraria aislada a la megápolis industrial». En otras palabras, puede darse casi en todo tiempo y en cualquier lugar”.

El propio Cristo, al establecer su profecía, advertía que “vendrán falsos Cristos y falsos profetas”, pero que el día y la hora de su Segunda Venida nadie la conoce. Sin embargo, desde el Islam se aduce que la religión de Mahoma presenta una continuidad con las religiones bíblicas y que Mahoma es el último de los enviados de Dios. De ahí que, si es el último, no habría lugar para la Segunda Venida mencionada. Por ello el Islam no tiene vínculo alguno con las religiones bíblicas, especialmente por la “guerra santa” promovida contra los infieles que poco o nada tiene relación con el “Amarás al prójimo como a ti mismo”. Peter Stanford escribió: “La idea en síntesis: Mahoma es el último profeta de Dios” (De “50 cosas que hay que saber sobre religión”-Ariel-Buenos Aires 2013).

Llama también la atención el caso de las sectas cristianas (o pseudo-cristianas) cuando se dedican a pronosticar el año en que se producirá el gran acontecimiento ya que, pareciera que pasaran por alto aquello de que “nadie sabe” el día ni la hora. Ismael E. Amaya escribió al respecto: “Muchas personas…han cometido el error de pensar que «velar», en relación a la Segunda Venida de Cristo, significa estar fijando fechas para su venida y pasársela mirando hacia el cielo para verle aparece en las nubes. Pero el verdadero significado de la palabra «velar» es que debemos estar cumpliendo fielmente con nuestras obligaciones y sirviendo a Dios con toda integridad para que la venida de Cristo no nos sorprenda desprevenidos” (De “Los falsos profetas de Jehová”-Methopress Editorial y gráfica-Buenos Aires 1964).

Uno de los tantos grupos milenaristas que surgieron a lo largo de la historia, y que produjeron nefastos resultados, fue el de los anabaptistas. Damian Thompson escribió al respecto: “No dispongo aquí de espacio para describir los acontecimientos de la revuelta campesina de 1525, en las que un intelectual medio loco llamado Thomas Müntzer se puso al frente de los mal pertrechados creyentes milenaristas en una batalla desesperada contra las fuerzas del Estado. La revuelta no fue, en conjunto, de carácter milenarista, sino un clásico levantamiento campesino, pero en Turingia los rebeldes cayeron bajo el dominio de Müntzer, un hombre obsesionado por las metáforas empapadas de sangre de la Revelación, el cual les prometía que sus luchas les valdrían la dicha terrena del milenio”.

“Los paralelos con el episodio taborita son ineludibles, y ambas tragedias surgieron de lo que podríamos llamar la desorientación teológica: al igual que los husitas moderados un siglo atrás, una vez los reformadores conservadores alemanes eliminaron la piedra angular de la autoridad de la Iglesia, es decir, su derecho exclusivo a interpretar la Biblia, les resultó imposible mantener el control de la especulación acerca de la llegada del fin”.

“Los antecedentes son la situación de confusión y violencia apenas reprimida en la Alemania de la época, cuando multitudes de desposeídos rechazaron tanto el catolicismo como el luteranismo y optaron por el anabaptismo, una serie de sectas apocalípticas disgregadas, cada una con su propio profeta. Münster [no confundir con Müntzer], en la región de Westfalia, se convirtió en centro de las anabaptistas más radicales, los cuales expulsaron de la ciudad a católicos y luteranos y anunciaron que iba a convertirse en la Nueva Jerusalén. Cuando las fuerzas del obispo católico sitiaron la ciudad, Jan Matthys, el dirigente anabaptista, impuso un régimen de terror dentro de sus muros: se prohibieron todos los libros excepto la Biblia y la catedral fue saqueada. Entonces Matthys se aventuró a salir y fue descuartizado, tras lo cual Münster cayó en manos de un hombre todavía más brutal y fanático, Jan bockelson, un ex sastre carismático que inició su gobierno corriendo desnudo por la ciudad en un estado de éxtasis. Entonces anunció la institución de un nuevo orden divino, en el que cualquier delito, es especial las relaciones sexuales fuera del matrimonio, era punible con la muerte”.

Los totalitarismos del siglo XX fueron bastante semejantes, aunque en mayor escala, a los peores movimientos milenaristas del pasado. Incluso algunos autores ven, tanto en el nazismo como en el marxismo, ideas de estilo milenarista, por lo cual puede considerarse a los ideólogos respectivos como “falsos profetas” que sólo lograron conducir a la humanidad a su etapa de mayor violencia y salvajismo. Thompson escribe al respecto: “La posibilidad sugerida por Norman Cohn, de que tanto el marxismo como el nazismo representan formas de milenarismo laico tiene también una amplia aceptación. Desde luego, parece responder a la definición del fenómeno que ofrece la «American Encyclopaedia of Religion» como «creencia en que el fin del mundo está próximo y que inmediatamente después aparecerá un nuevo mundo, de fertilidad inagotable, armonioso, santificado y justo»”.

“Ofrecer este argumento en la década de 1950, cuando aún había muchos admiradores de la Unión Soviética en las universidades británicas, era controvertido. Hoy, por supuesto, la idea de una equivalencia moral entre Hitler y Stalin tiene una amplia aceptación, aunque sea a regañadientes....El punto de vista de Cohn sigue siendo discutible en ciertos círculos, porque sugiere que el nazismo y el comunismo soviético demonizaron a sus respectivos adversarios de un modo muy similar, y los masacraron por la misma razón subyacente: obstaculizaban el camino hacia el milenio….Si Stalin era un creyente apocalíptico, ¿no significa esto que el marxismo, al igual que el nazismo, es un sistema apocalíptico que hunde sus raíces en la religión más que en la ciencia?”.

En cuanto al desarrollo histórico interpretado por la Biblia y el sugerido por el marxismo, aparecen ciertas semejanzas: “El Jardín del Edén corresponde al comunismo primitivo; la caída es el desarrollo de la propiedad privada y el sistema de clases; los Últimos Días son las etapas finales del capitalismo y el imperialismo sin trabas, el pueblo elegido es el proletariado; la Segunda Venida (o, desde el punto de vista judío, la Última Batalla) es la Revolución Socialista”.

“Finalmente, tanto el apocalipticismo cristiano como el marxista proponen una consumación de la historia en dos etapas. Al Milenio de la Revelación, el Reino terrenal de Cristo y sus santos, le siguen el cielo y la tierra nuevos tras la derrota final del Anticristo. Entretanto, en el marxismo la dictadura socialista del proletariado se funde con el verdadero comunismo cuando el Estado se extingue y la guerra de clases llega a su fin”.

“El marxismo ni siquiera era un sistema apocalíptico de una originalidad particular. Sin embargo, en potencia era mucho más destructivo que otros sistemas porque Marx había resucitado una forma de la batalla demoníaca en la que el enemigo no eran determinados individuos, sino todo un grupo de seres humanos. Por supuesto, Hitler hizo lo mismo, pero mientras que los nazis seleccionaron un enemigo tradicional como su demonio principal, la innovación de Marx consistió en demonizar a toda una clase socioeconómica, la burguesía, a la cual era preciso destruir a fin de que la historia avanzara”.

En cuanto a los nazis, Thompson escribió: “Es indudable que el reinado de mil años de los santos se encuentra en la visión de un Reich de mil años, pero una influencia mucho más importante sobre los nazis fue el retrato del Anticristo que aparece en la Revelación, un enemigo tan resistente que sólo es posible derrotarlo en una guerra cósmica. De hecho, el Anticristo es el mal en estado puro, pero existe en forma humana, y los elegidos de Dios tienen el don de ver detrás de la máscara. Adolf Hitler creía poseer ese don: «Por donde quiera que iba, empezaba a ver judíos, y cuántos más veía tanto más profundamente se distinguían para mí del resto de la humanidad»”.

“La misma intensidad del odio que los nazis sentían hacia los judíos es la mejor pista que tenemos de la naturaleza en esencia religiosa de sus creencias. Decir que deshumanizaban a los judíos se ha convertido en un lugar común, pero eso es precisamente lo que hacían. Para Hitler y sus seguidores más fanáticos, los judíos eran una fuerza maligna sobrenatural, y esta convicción es lo que posibilitó el Holocausto”.

lunes, 20 de agosto de 2018

Neutralidad y tibieza de la Iglesia Católica

La Biblia, al contemplar la lucha histórica existente entre el bien y el mal, propone, como objetivo de la religión moral, establecer el triunfo del primero sobre el segundo. Cuando la Iglesia Católica pierde de vista este objetivo, entra en una etapa de neutralidad o tibieza ética adoptando posturas intermedias entre el bien y el mal, o bien adoptando decididamente posturas colaboradoras del mal.

Esto se observa principalmente en la neutralidad adoptada respecto del liberalismo y el socialismo, colocando a la democracia política y económica propuesta por el liberalismo a la altura de los totalitarismos socialistas que tantas catástrofes sociales produjeron durante el siglo XX. No resulta extraño que también la Iglesia haya simpatizado con posturas de “tercera posición” como fue el caso del fascismo. Incluso la actual conducción de la Iglesia coincide ideológicamente con el marxismo-leninismo al aceptar la Teología de la Liberación.

A los sistemas políticos y económicos debemos valorarlos tanto por sus estructuras como por sus resultados al ponerlos en práctica. En cuanto al “pecaminoso” liberalismo, se lo debe analizar a partir de sus postulados básicos sin caer en la desafortunada descalificación al considerar como “capitalista” toda economía en la cual ni siquiera se establece un mercado competitivo. De ahí que la Iglesia tiende a asociarse con el marxismo utilizando argumentos anticapitalistas similares. Es un caso parecido al de los detractores del cristianismo cuando observan los desvíos de los falsos religiosos al culpar a Cristo por las fechorías concretadas por quienes, aduciendo ser sus seguidores, poco esfuerzo realizan por cumplir con los mandamientos bíblicos.

El “pecaminoso” liberalismo promueve, en su propuesta económica, la división o especialización del trabajo, necesaria e imprescindible para establecer economías eficaces. A partir de esa especialización le sigue el intercambio en el mercado. Para que los intercambios se mantengan en el tiempo, es imprescindible que exista un beneficio simultáneo entre las partes que intervienen (lo que resulta compatible con el “amarás al prójimo como a ti mismo”).

Debido al egoísmo propio de las personas normales, el liberalismo propone una competencia entre consumidores de manera de elevar los precios para que haya suficiente producción. También promueve una competencia entre productores de manera de reducir los precios para que haya suficiente consumo. Con precios que no son altos ni bajos, se llega a un punto de equilibrio que es el precio de mercado. En síntesis:

1- División del trabajo
2- Intercambio en el mercado
3- Beneficio simultáneo (o cooperación social)
4- Competencia entre consumidores
5- Competencia entre productores

Es oportuno mencionar que no existe una clase social de consumidores y otra clase social de productores, por cuanto los intercambios en el mercado son establecidos esencialmente por productores de bienes y servicios (antes del intercambio) que pasan a ser consumidores (luego del intercambio).

Supongamos el caso del empresario Fulano que fabrica el artículo X a buen precio y de buena calidad. Tenderá a dominar el mercado local, luego el nacional y finalmente el mercado mundial. Es alguien exitoso que da trabajo a mucha gente y beneficia con su producto a muchos más. Es evidente que, al convertirse en un nuevo rico, no perjudicó a nadie, sino que se limitó a producir y a establecer intercambios en el mercado. Sin embargo, según la versión antiliberal y anticapitalista, se dirá que “está mal que haya concentración de riquezas de pocas manos”, o que “haya ricos habiendo también pobres”, o que la pobreza de muchos se debe “al egoísmo de tipos como el empresario Fulano”.

En forma semejante, supongamos que existe un país denominado Capitalandia, al cual lo integran muchos empresarios como el mencionado. Pronto dominará el mercado mundial y se dirá de ese país que “establece un imperialismo económico” y que “la pobreza de los países subdesarrollados” se debe a Capitalandia. De ahí que los detractores de la producción y distribución eficaz propongan limitar el accionar de empresarios como Fulano y derrumbar violentamente a países como el mencionado.

Puede apreciarse que una economía de mercado no presenta aspectos negativos como lo sugiere la Iglesia y el marxismo-leninismo. Nunca un sistema capitalista, como el esbozado sintéticamente, ha producido los encarcelamientos de tipo socialista, ni las hambrunas como en las épocas de Mao, ni los asesinatos masivos de las épocas de Stalin. De ahí que comparar al liberalismo con el socialismo, como dos males que deben superarse, supone una profunda ignorancia o una mala intención de quienes aducen ser “predicadores de Cristo”. Armando Ribas escribió: “Podría decirse que el liberalismo encuentra en el cristianismo su fuente más lejana, pues fue éste el primer movimiento histórico que rescató el valor de la persona individual como criatura de Dios frente al poder temporal”.

“La epopeya argentina fue quizás el milagro del siglo XIX y le permitió al país transitar un proyecto político que se adelantaba en más de cien años a la propia Europa continental y que desde luego implicaba lo que parecía la ruptura definitiva con el medioevo de la Contrarreforma española, que llegó casi hasta nuestros días”.

“Es indudable también que ese proyecto político, llevado a cabo por liberales católicos y no católicos, tropezó en distintas oportunidades con la jerarquía eclesiástica. Tanto, que tal vez olvidamos que durante la primera presidencia de Roca, la Argentina rompió relaciones con Roma y éstas no fueron reanudadas hasta entrado el siglo XX. Las razones de este desencuentro fueron siempre políticas, pues sólo cuando la Iglesia entra en este campo puede producirse alguna coalición con el liberalismo. Éste, lejos de desconocer los valores del espíritu, tuvo como gran aporte a la humanidad la sabiduría de apartar esos conceptos trascendentes de las contingencias humanas en su lucha por el poder político” (De “Entre la libertad y la servidumbre”-Editorial Sudamericana SA-Buenos Aires 1992).

La imagen más representativa de la Iglesia Católica actual es, posiblemente, la escena en la que Jorge Bergoglio bendice a Nicolás Maduro, ya que el chavismo parece encarnar la visión antiliberal y socialista del actual Papa. Entre las creencias sostenidas por el catolicismo de Roma aparece aquella que sostiene que Dios ha otorgado las riquezas de la Tierra a todos los hombres, y que, si a algunos les falta, es porque otros les han robado la parte correspondiente. Se supone que no existe creación de riquezas y que la solución de la pobreza radica en una mejor distribución de las mismas. En realidad, las materias primas constituyen un 3 o 4% del PBI mundial; el resto es producción, y no robo. Armando Ribas escribe respecto de declaraciones de Juan Pablo II: “Esta pauta insiste en la doctrina de la redistribución que se sustenta en que los bienes y servicios habrían sido dados por Dios y no producto de la acción de los hombres. Y este supuesto lo manifiesta el Papa cuando dice: «Una paz que exige cada vez más el respeto riguroso de la Justicia y, por consiguiente, la distribución equitativa de los frutos del verdadero desarrollo», y más adelante señala: «La interdependencia debe convertirse en solidaridad, fundada en el principio de que los bienes de la Creación están destinados a todos»”.

“Pero he aquí donde reside a mi juicio el error más grave de la encíclica: su valoración de las causas que generan el desarrollo. En primer lugar, los bienes no son de la Creación, sino producto del ingenio humano, como lo demuestra la historia universal, en el que el subdesarrollo era el carácter mismo de la humanidad en su conjunto”.

“Y ese ingenio humano, que produce el conocimiento y la consecuente tecnología que ha puesto de manifiesto más que nunca la relativa posibilidad de sustituir los denominados recursos naturales, se lleva a niveles de excelencia entro de determinadas formas políticas que responden a estructuras culturales que implican la aceptación de una ética en la que prima la libertad individual como determinante y destinataria del bien común”.

Los sectores antiliberales critican el egoísmo de quienes “no comparten la cosecha”, mientras que casi nunca, por motivos demagógicos, critican el egoísmo de quienes se niegan a “compartir la siembra”, viviendo esperanzados en que el Estado redistribuidor les ha de permitir vivir a costa del trabajo ajeno, considerando este proceso como “justicia social”.