La escritora italiana Oriana Fallaci ha sido una de las primeras personas en advertir a los europeos acerca del peligro que representa la invasión islámica en Europa. Quienes promocionan una "Europa islámica" y reniegan del cristianismo, la acusaron por "incitación al odio" y cosas semejantes, mientras que en realidad la yihad, o guerra santa, que promueve entre otros "castigos" el asesinato de los infieles (judíos y cristianos, principalmente), proviene de sectores que odian a la humanidad, incluso que asesinan a sus propios pueblos cuando muestran alguna intención de desobedecer directivas, como es el reciente caso de las matanzas en Irán.
A continuación se menciona un artículo al respecto:
LOS IMPACTANTES EXTRACTOS DE LOS LIBROS DE ORIANA FALLACI EN LOS QUE ANTICIPÓ LA LOCURA DE HAMAS
Por Gabriela Esquivada
Convencida de que Occidente no entendía la magnitud de la amenaza, la famosa corresponsal de guerra y entrevistadora italiana escribió “La rabia y el orgullo” y “La fuerza de la razón”, textos en los que advierte que lo que el islamismo llama “guerra santa” busca la desaparición de la libertad, de la sociedad y la civilización occidental.
La italiana Oriana Fallaci, corresponsal de guerra y entrevistadora de fama mundial, vivía en Nueva York el 11 de septiembre de 2001, cuando el ataque terrorista contra las Torres Gemelas y el Pentágono dejó casi 3.000 muertos y 6.000 heridos. Estaba enferma de cáncer —moriría en 2006— y de inmediato se puso a escribir un libro, La rabia y el orgullo, con el que quería advertir a Occidente que no entendía la magnitud de la amenaza del islamismo (movimiento político que ella no distinguía del islam). Escrito casi como un flujo de conciencia, desordenado e ideológico, el texto le costó causas judiciales en Francia, Suiza e Italia, por incitación al odio, xenofobia y blasfemia (cargo curioso, este último, en naciones laicas).
La rabia y el orgullo vendió velozmente un millón de ejemplares en Italia y 500.000 en el resto de Europa. Dos años más tarde, la entrevistadora de Indira Gandhi, Golda Meir, Henry Kissinger, Yasser Arafat, Haile Selassie, Deng Xiaoping, Zulfikar Ali Bhutto, Willy Brandt, Andreas Papandreou, Lech Walesa, Muammar Gaddafi, Mário Soares, Alfred Hitchcock y el ayatolá Jomeini (en cuya cara se quitó el chador) escribió otro volumen del mismo tenor, La fuerza de la razón, que tuvo el mismo destino de best-seller. Los dos títulos —junto con el autorreportaje de El apocalipsis, que completó una trilogía— vendieron más de seis millones de ejemplares en el mundo. También le valieron todo tipo de intimidaciones a Fallaci.
A continuación se citan algunos de los extractos más impactantes de La rabia y el orgullo y La fuerza de la razón, libros que casi destrozaron la carrera de Fallaci, pero que a la vez confirmaron su coraje por defender sus ideas a lo largo del arco diverso que trazó en su vida.
De “La rabia y el orgullo”
“Intimidados como están por el miedo de ir a contracorriente o parecer racistas (palabra inapropiada porque como resultará claro el discurso no es sobre una raza, es sobre una religión), no entienden o no quieren entender que aquí está ocurriendo una Cruzada al Revés. Acostumbrados como están al doble juego, cegados como están por la miopía, no entienden o no quieren entender que nos han declarado una guerra de religión. Promovida y fomentada por una facción de aquella religión, puede ser, (¿puede ser?), pero de religión. Una guerra que ellos llaman Yihad: Guerra Santa. Una guerra que puede ser (¿puede ser?) que no aspire a conquistar nuestro territorio, pero mira a la conquista de nuestras almas. A la desaparición de nuestra libertad, de nuestra sociedad, de nuestra civilización. Es decir, al aniquilamiento de nuestra manera de vivir o de morir, de nuestra manera de rezar o no rezar, de pensar o no pensar. De nuestra forma de comer y beber, de vestir, de divertirnos, de informarnos... No entiendes o no quieres entender que si no nos oponemos, si no nos defendemos, si no luchamos, la Yihad ganará”.
“¿No comprenden que los Osama bin Laden se creen verdaderamente autorizados a matarlos a ustedes y a sus hijos porque beben vino o cerveza, porque no llevan barba larga o el chador o el burka, porque van al teatro y al cine, porque escuchan a Mozart y cantan una cancioncilla, porque bailan en las discotecas o en sus casas, porque ven la televisión, porque llevan minifalda o pantalones cortos, porque en el mar o en la piscina están desnudos o casi desnudos, porque follan cuando y donde y con quien quieren? ¿Ni siquiera les importa eso, tontos? Yo soy atea, gracias a Dios. Racionalmente, por tanto, irremediablemente atea. Y no tengo ninguna intención de ver mi racionalismo, mi ateísmo, ofendido y perseguido y castigado por los nuevos Inquisidores de la Tierra”.
“Para empezar, me molesta hablar de ‘dos’ culturas. Es decir, ponerlas en el mismo plano como si fueran dos realidades paralelas: dos entidades de igual peso y de igual medida. Porque detrás de nuestra civilización está Homero, está Sócrates, está Platón, está Aristóteles, está Fidias. Está la antigua Grecia con su Partenón, su escultura, su poesía, su filosofía, su invención de la Democracia. Está la antigua Roma con su grandeza, su concepto de la Ley, su literatura, sus palacios, sus anfiteatros, sus acueductos, sus puentes, sus calles. Hay un revolucionario, aquel Jesús muerto crucificado que nos enseñó (y paciencia si no lo hemos aprendido) el concepto de amor y justicia. Hay también una Iglesia que nos puso la Inquisición, de acuerdo. Que nos torturó, nos quemó mil veces en la hoguera. Que durante siglos nos obligó a esculpir o pintar sólo Cristos y Santos y Vírgenes, que casi me mató a Galileo Galilei. Lo humilló, lo silenció. Pero ha dado también una gran contribución a la Historia del Pensamiento, esa Iglesia. Ni siquiera una atea como yo puede negarlo. Y después está el Renacimiento. Está Leonardo da Vinci, Michelangelo, Raffaello, Donatello, etcétera. Por ejemplo, El Greco y Rembrandt y Goya".
"Hay una arquitectura que va bien allende de los minaretes y de las tiendas en el desierto. Está la música de Bach y Mozart y Beethoven, hasta llegar a Rossini y Donizetti y Verdi and Company. (Esa música sin la cual no sabemos vivir y que en la cultura o supuesta cultura islámica está prohibida. Pobre de ti si silbas una cancioncilla o tarareas el coro de Nabucco. ‘Como máximo puedo concederle alguna marcha para los soldados?, me dijo Jomeini cuando afronté el asunto). Finalmente está la Ciencia y la tecnología que de ella se deriva. Una ciencia que en pocos siglos ha cambiado el mundo. Ha realizado sortilegios dignos del mago Merlín, milagros dignos de la resurrección de Lázaro. Y Copérnico, Galileo, Newton, Darwin, Pasteur, Einstein (digo los primeros nombres que se me ocurren) no eran precisamente secuaces de Mahoma. ¿O me equivoco? El motor, el telégrafo, la electricidad, el radio, la radio, el teléfono, la televisión no se deben precisamente a los mullah y a los ayatollah. ¿O me equivoco? El barco de vapor, el tren, el automóvil, el avión, las naves espaciales con las cuales hemos ido a la Luna o a Marte y en el futuro iremos Dios sabe dónde, lo mismo. ¿O me equivoco? Los trasplantes de corazón, de hígado, de pulmón, de ojos, los tratamientos para el cáncer, el descubrimiento del genoma, ídem. ¿O me equivoco? Y aunque todo eso fuese algo para tirar a la basura (cosa que no creo) dime: detrás de la otra cultura, la cultura de los barbudos con la sotana y el turbante, ¿qué hay?”.
“Si este Corán es tan justo y fraternal y pacífico, ¿cómo se explica la historia del Ojo-por-Ojo-y-Diente-por-Diente? ¿Cómo se explica la historia del chador y del burkah, o sea la sábana que cubre el rostro de las musulmanas más desgraciadas, de manera que para echar un vistazo al prójimo las infelices deben mirar a través de una minúscula rejilla colocada cerca de los ojos? ¿Cómo se explica la poligamia y el principio de que las mujeres cuentan menos que los camellos, que no pueden ir a la escuela no pueden ir al médico, no pueden hacerse fotografías, etcétera, etcétera? ¿Cómo se explica el veto a las bebidas alcohólicas y la pena de muerte (¡de muerte!) para quien las consume? ¿Cómo se explica la historia de las adúlteras lapidadas o decapitadas? (Los adúlteros, no)”.
“La Cruzada al Revés dura desde hace demasiado tiempo, amigo mío. Y seducida por nuestro bienestar, nuestras comodidades, nuestras oportunidades, alentada por la flaqueza y la incapacidad de nuestros gobernantes, sostenida por los cálculos de la Iglesia católica y por oportunismos de la soi-disant izquierda, protegida por nuestras leyes complacientes, nuestro liberalismo, nuestro pietismo, nuestro (vuestro) miedo, avanza inexorablemente. Avanza sin cimitarras, esta vez. Sin picas, sin banderas, sin caballos árabes. Pero los soldados que la componen son belicosos como su antepasados, es decir, los moros que hasta el siglo XV dominaron España y Portugal. Como sus antepasados ocupan nuestras ciudades, nuestras calles, nuestras casas, nuestras escuelas. Y a través de nuestra tecnología, nuestros ordenadores, nuestra Internet, nuestros teléfonos móviles se infiltran dentro de los ganglios de nuestra civilización. Preparan las futuras oleadas”.
“En el caso de los Budas de Bamiyán, al contrario, hubo un auténtico proceso. Hubo una auténtica sentencia, una ejecución basada en normas o presuntas normas jurídicas. Una infamia premeditada, pues. Razonada, intencionada, y ocurrida ante los ojos del mundo que se puso de rodillas para impedirlo. ‘Os rogamos, señores Talibanes. Os suplicamos, no lo hagáis. Los monumentos arqueológicos son patrimonio universal y esos dos Budas no molestan a nadie’. Se pusieron de rodillas la ONU, la Unesco, la Unión Europea. (...) Pero no sirvió de nada y, ¿recuerdas el veredicto que la Corte Suprema del Tribunal Islámico de Kabul emitió el 26 de febrero de 2001? ‘Todas las estatuas preislámicas serán abatidas. Todos los símbolos preislámicos serán destruidos. Todos los ídolos condenados por el Profeta serán exterminados…’ Fue el día en el cual ese Tribunal autorizó los ahorcamientos públicos en los estadios y quitó a las mujeres los últimos derechos que les quedaban. (El derecho a reír. El derecho a llevar zapatos de tacón alto. El derecho a estar en casa sin las cortinas negras en las ventanas”.
“¿Nadie tiene en cuenta que todos los países islámicos tienen un régimen teocrático, que todos son copias o aspirantes a copias de Afganistán y de Irán? ¡Por Dios, no hay ni un solo país islámico que esté gobernado de forma democrática o, al menos, laica! ¡Incluso aquellos sojuzgados por una dictadura militar como Irak y Libia y Pakistán, incluso aquellos tiranizados por una monarquía absolutista como Arabia Saudí y Yemen, hasta aquellos regidos por una monarquía más razonable como Jordania o Marruecos, todos están bajo el yugo de una religión que regula cada momento y cada aspecto de sus vidas!”.
De “La fuerza de la razón”
“Si berreas barbaridades contra los americanos, si les llamas asesinos-y-enemigos-del-género-humano, si quemas sus banderas, si pones la esvástica sobre las fotografías de su presidente o si incluso aplaudes el Once de Septiembre, no te pasa nada. Al contrario, esas bajezas son consideradas virtudes. Pero si haces lo mismo con el Islam. terminas en la cárcel. Si eres occidental y dices que tu civilización es una civilización superior, la más evolucionada que haya producido este planeta, vas a la hoguera. Pero si eres un hijo de Alá o un colaboracionista suyo y dices que el Islam siempre ha sido una civilización superior, un faro de luz, y si según las enseñanzas del Corán añades que los cristianos hieden como las cabras y los cerdos y los monos y los camellos, nadie te toca. Nadie te denuncia. Nadie te procesa. Nadie te condena”.
"Como es obvio, todo esto también ocurre por culpa de la filoislámica ONU. Esa ONU de la que los imbéciles y los hipócritas hablan siempre quitándose el sombrero como si fuese una cosa seria, una madre justa y honesta e imparcial. (’Dirijámonos-a-la-ONU’. ‘Que-intervenga-la-ONU’. ‘Dejemos-que-decida-la-ONU’). Esa ONU que despreciando olímpicamente la Declaración Universal de Derechos Humanos, texto que los países musulmanes nunca han querido suscribir, publicó en 1997 la ‘Declaración de los Derechos Humanos en el Islam’. Un documento que ya en el prólogo dice: ‘Todos los derechos estipulados en la siguiente Declaración están sujetos a la Ley Islámica, a la Sharia. En los países islámicos, la Sharia es la única fuente de referencia por lo que a los derechos humanos se refiere’. Esa ONU que por medio de su ambigua Commission for Human Rights albergó en Ginebra en el mes de noviembre de 1997 un seminario financiado por la Conferencia Islámica llamado ‘Perspectivas Islámicas sobre la Declaración Universal de los Derechos Humanos’. Seminario que concluyó con la invitación a ‘extender por todas partes las perspectivas islámicas sobre los derechos humanos’ así como a recordar ‘la contribución hecha por el Islam para poner los fundamentos de tales derechos’”.
“Ergo, la rabia que me consumía hace ya más de dos años no se ha aplacado. Si acaso se ha duplicado. El orgullo que hace ya más de dos años me mantenía firme no se ha debilitado. Si acaso se ha agudizado. (...) Añado además que la rabia y el orgullo se casaron y han dudo a luz un hijo robusto: la indignación. Y la indignación ha aumentado la reflexión, ha fortalecido la Razón. La Razón ha enfocado las verdades que los sentimientos no habían enfocado y que hoy puedo expresar sin medias tintas. Preguntándome por ejemplo: ¿qué clase de democracia es una democracia que vela el disenso, lo castiga, lo transforma en delito? ¿Qué clase de democracia es una democracia que en vez de escuchar a los ciudadanos los silencia, los entrega al enemigo, los deja abandonados ante los abusos y la prepotencia? ¿Qué tipo de democracia es una democracia que favorece la teocracia, restablece el concepto de herejía, tortura y manda a la hoguera a sus hijos? ¡¿Qué tipo de democracia es una democracia en la que la minoría cuenta más que la mayoría y, en contra de la mayoría, tiraniza y chantajea?!”.
“No me agrada decir que Troya arde en llamas, que Europa es ya una provincia, mejor dicho, una colonia del islam (...) Los musulmanes constituyen el grupo étnico y religioso más prolífico del mundo. Característica favorecida por la poligamia y por el hecho de que el Corán en una mujer ve ante todo un vientre para parir. Se corre peligro de muerte civil si se toca este argumento. En la Europa sojuzgada el tema de la fertilidad islámica es un tabú que nadie se atreve a desafiar. Si lo intentas, vas derecho ante un tribunal acusado de racismo-xenofobia-blasfemia. No es casual que entre las acusaciones del proceso al que fui sometida en París figurase una frase (brutal, estoy de acuerdo’ pero exacta) con la que me había traducido al francés. ‘Ils se multiplient comme les rats. Se multiplican como ratas’. Pero ningún proceso liberticida podrá negar algo de lo que ellos mismos se vanaglorian. Es decir, el hecho de que en el último medio siglo los musulmanes han crecido un 235 por ciento. (Los cristianos sólo el 47 por ciento)”.
“En la Europa que arde en llamas se ha reproducido la enfermedad que el siglo pasado convirtió en fascistas incluso a los italianos no fascistas, en nazis a los alemanes no nazis y en bolcheviques a los rusos no bolcheviques. Y que ahora convierte en traidores incluso a los que no querrían serlo: el miedo. Es una enfermedad mortal, el miedo. Una enfermedad que alimentada de oportunismo, conformismo, chaqueteo y naturalmente bellaquería, causa más víctimas que el cáncer. Una enfermedad que al contrario del cáncer es contagiosa y afecta a cualquiera que se cruce en su camino. Buenos y malos, estúpidos e inteligentes, canallas y caballeros. He visto cosas terribles, durante estos dos años, causadas por culpa del miedo. Cosas mucho más terribles que las que vi en la guerra donde se vive y se muere en el miedo. He visto a líderes que iban de valentones y que, por miedo, han izado la bandera blanca. He visto a liberales, que se definían como paladines del laicismo y que, por miedo, han comenzado a cantar las alabanzas del Corán. He visto a amigos o a presuntos amigos que, aunque con suma cautela, compartían mis ideas, y que por miedo han dado marcha atrás y se han autocensurado”.
“La libertad y la democracia, amigos míos, hay que quererlas. Y para quererlas es necesario saber qué son y comprender qué es lo que encierran ambos conceptos. El noventa y cinco por ciento de los musulmanes rechazan la libertad y la democracia, no sólo porque no saben lo que es sino también porque, si se lo explicas, no lo entienden. Son conceptos demasiado opuestos a aquéllos sobre los que se basa el totalitarismo teocrático. Demasiado ajenos al tejido ideológico del Islam. En dicho tejido es Dios el que manda, no los hombres. Es Dios el que decide el destino de los hombres, no los propios hombres. Un Dios que no deja espacio a la elección personal, al raciocinio, al razonamiento. Un Dios para el que los hombres no son ni siquiera sus hijos: son sus súbditos, sus esclavos”.
“Detrás de las demás comunidades no hay una religión que se identifique a sí misma con la Ley, con el Estado. Una religión que colocando a Alá en el lugar de la Ley, en el lugar del Estado, gobierna en todos los sentidos la vida de sus fieles y que por lo tanto altera o perturba la vida de los demás. Que considera una blasfemia la separación entre Iglesia y Estado, que en su vocabulario ni siquiera existe el término Libertad. Para decir Libertad dicen Liberación Hurriyva. Palabra que deriva del adjetivo ‘hurr’, esclavo-liberado, esclavo-emancipado, y que fue utilizado por vez primera en 1774 para redactar un pacto ruso-turco de carácter comercial. Por eso a todo el que les escucha le digo: por Dios bendito, con todo lo que hemos luchado por romper el yugo de la Iglesia Católica, “¿vamos a entregarnos al yugo de un credo que no es el nuestro, que no pertenece a nuestra cultura, que en vez de amor siembra odio y en vez de libertad esclavitud, que en Dios y en el César ve la misma cosa?”.
“Engañada por el razonamiento no me di cuenta de que, favorecido por el final de nuestro colonialismo, el mismo flujo se verificaba en Europa. En Inglaterra por ejemplo, donde el eslogan Renacimiento del Islam procedía de Pakistán, de Uganda, de Nigeria, de Sudán, de Kenia, de Tanzania. En Francia donde procedía de Argelia, de Túnez, de Marruecos, de Mauritania, de Chad, de Camerún. En Bélgica donde procedía del Congo y de Burundi. En Holanda donde procedía de Indonesia y de Surinam y de las Molucas. En Italia donde procedía de Libia, de Somalia, de Eritrea. (La Universidad para Extranjeros de Perusa desbordaba, ese mismo año, de libios que junto a otros hijos de Alá habían fundado la Unión de Estudiantes Musulmanes de Italia y que en Italia se aprestaban a erigir la primera mezquita). En definitiva no entendí que lejos de ser un normal flujo migratorio el fenómeno formaba parte de una estrategia bien precisa, de un diseño basado en la penetración gradual y no en la agresión brutal y directa contra todos los perros infieles del planeta. Por lo demás, nadie se dio cuenta. La Guerra Fría distraía de todo, lo fagocitaba todo. En aquella época sólo se hablaba de comunismo. De marxismo, de leninismo, de bolchevismo» de socialismo, de comunismo. No se oía jamás la palabra islamismo”.
“Veamos ahora qué es lo que dice la investigación de Bat Ye’or [se refiere al texto “Islam and Dhimmitude”]. Dice que el que fecundó el óvulo ya maduro, el óvulo de la conjura, fue el espermatozoide (ella lo llama galillo, detonador) del 16 y el 17 de octubre de 1973. Es decir la Conferencia que durante la guerra del Yom Kippur o Guerra del Ramadán celebraron los representantes de la OPEP (Arabia Saudita, Kuwait, Irán, Irak, Qatar, Abu Dabi, Bahrein, Argelia, Libia, etcétera) en Kuwait City donde ipso facto cuadruplicaron el precio del petróleo. De 2,46 dólares el barril de crudo lo hicieron subir a 9,60 dólares. Y el refinado a 10,46 dólares. Después anunciaron que reducirían la extracción para que sólo aumentase un 5 por ciento, embargaron a Estados Unidos, Dinamarca y Holanda, y declararon que esta medida la extenderían a cualquier país que rechazase o no apoyase sus exigencias políticas. ¿Qué exigencias? Retirada de Israel de los territorios ocupados, reconocimiento de los palestinos, presencia de la OLP en todas las negociaciones de paz, aplicación del principio contenido en la Resolución 242 de la ONU. (...) “Diecinueve días después se reunieron en Bruselas y en un abrir y cerrar de ojos firmaron un documento con el que proclamaban que Israel tenía que abandonar los territorios ocupados, que la OLP y Arafat debían participar en las negociaciones de paz, que el principio contenido en la Resolución 242 era sacrosanto”.
“Cuando en el mes de octubre de 2002 publiqué en Italia el texto de la conferencia que había pronunciado en la American Enterprise Institute de Washington, titulada «Wake up Occidente» es decir «Despierta Occidente», esperaba que en torno a él se abriese un debate. Era un texto sobre el sueño que ha narcotizado a Europa transformándola en Eurabia, y merecía una discusión. Pero más que una invitación a razonar, a despertarse y razonar, los colaboracionistas vieron en él una fórmula belicista. Un eslogan racista, xenófobo, reaccionario, en definitiva blasfemo. Todos”.
“El Islam es una charca. Y una charca es una presa de agua estancada. Agua que no fluye, que no se mueve, que no se depura, que nunca se convierte en agua que corre y corriendo llega al mar. De hecho se corrompe fácilmente, y ni siquiera sirve como abrevadero para los animales. La charca no ama la Vida. Ama la Muerte. Por eso las madres de los kamikazes gozan cuando sus hijos mueren, dicen Allah akbar —Dios es grande— Allah akbar. En cambio, Occidente es un río. Y los ríos son corrientes de agua viva. Agua que fluye continuamente y fluyendo se depura, se renueva, recoge otra agua, llega al mar, y paciencia si a veces se sale de madre. Paciencia si a veces con su fuerza inunda. El río ama la Vida. La ama con todo el bien y con todo el mal que encierra. La nutre, la protege, la exalta, y por eso nuestras madres lloran cuando sus hijos mueren”.
“Pensar ilusamente que existe un Islam bueno y un Islam malo, es decir no darse cuenta de que existe sólo un Islam, que todo el Islam es una charca y que a este paso terminamos todos ahogados en esa charca, va contra la Razón. No defender el propio territorio, la propia casa, los propios hijos, la propia dignidad, la propia esencia, va contra la Razón”.
(De www.infobae.com.ar)
martes, 17 de febrero de 2026
lunes, 16 de febrero de 2026
Los movimientos revolucionarios y su principal atributo
Mientras que en épocas pasadas predominaba la creencia en un Dios Creador, que imponía sus leyes a los seres humanos, en épocas recientes parece acentuarse la idea de rechazar la antigua creencia para que sea el propio ser humano el que decida el criterio a utilizar acerca del destino de la humanidad. Si bien la idea de un Dios que interviene en los acontecimientos humanos parece no ser compatible con la realidad, existen leyes naturales que rigen todo lo existente, por lo cual la creencia de tipo religioso mantiene su validez y su vigencia.
En la actualidad, y ante la evidente decadencia que afecta a gran parte del planeta, se advierte la tendencia a reemplazar al orden natural, como referencia para nuestra vida, por criterios humanos que poco o nada lo tienen presente. De ahí que la crisis en realidad implica una decadencia que pareciera afianzarse en el tiempo.
Juan José Sebreli interpreta las diversas revoluciones políticas como intentos concretos de establecer el reemplazo del orden natural, como criterio orientador, por las ideas, creencias y voluntad de los diversos líderes totalitarios. De ahí que tanto durante la Revolución Francesa, como en la Guerra Civil Española, el nazismo y el comunismo, se advirtió una férrea lucha en contra de la Iglesia Católica, como representante de la promoción de Dios y el orden natural, como el principal escollo a vencer por las fuerzas totalitarias. Es por ello que Sebreli concluye que "la Revolución es un fenómeno teológico".
A continuación se transcribe parte de un artículo titulado "Las máscaras de la Revolución" de Ignacio Balcarce, que comenta un libro póstumo de Sebreli ("Revolución"), y que aparece en el diario La Prensa:
LA REVOLUCIÓN ANTICRISTIANA
Llegamos al punto en que la ciencia teológica nos puede mostrar quién es la Revolución porque su perfil se va insinuando como renovación de una antigua promesa: seréis como dioses; arquetípica tentación que se recicla históricamente.
El proceso revolucionario va perdiendo las máscaras y se transparenta como un giro antropocentrista, un gran desorden que procura desplazar a Dios, su verdad, su orden y su Iglesia, en dirección al poder fáctico, el dominio del entorno y la naturaleza.
El problema con lo expuesto es que antes, el mundo católico -comenzando por las autoridades eclesiásticas- era consciente de esta situación y hoy ya no.
El cristianismo, aturdido por la avalancha revolucionaria, pasó de la viril resistencia al diálogo y la conciliación con el enemigo. Pero si la esencia de la Revolución es el anticristianismo y su padre es Satanás, no hay conciliación posible y la respuesta debe ser la franca confrontación.
Sólo trato de recordar que la Revolución es un fenómeno teológico que secundariamente tiene sus resonancias políticas, económicas, jurídicas y culturales.
La base revolucionaria es el rechazo a Cristo como Rey de todas las naciones y de todo lo creado. Es ese desplazamiento -ese rechazo de los constructores a la Roca (Hch 4,11)- lo que posiciona al hombre como fuente de toda moral, toda ley y todo gobierno, lo obsesiona con el poder y lo catapulta a todo tipo de excesos, abusos y vicios.
La Revolución es querer construir la ciudad sin Dios. Es edificar el mundo sobre las solas fuerzas humanas. Es la impiedad. Es desobediencia y es caos. Es un montón de consignas seductoras y fórmulas que suenan bien, incluso humanitarias, y sólo nos pueden despeñar a un abismo de perdición. Es apetito de autodestrucción insuflado desde oscuras instancias preternaturales. Es una mentira que proviene del padre de la mentira, enemigo de la Iglesia y del género humano.
(De www.laprensa.com.ar)
En la actualidad, y ante la evidente decadencia que afecta a gran parte del planeta, se advierte la tendencia a reemplazar al orden natural, como referencia para nuestra vida, por criterios humanos que poco o nada lo tienen presente. De ahí que la crisis en realidad implica una decadencia que pareciera afianzarse en el tiempo.
Juan José Sebreli interpreta las diversas revoluciones políticas como intentos concretos de establecer el reemplazo del orden natural, como criterio orientador, por las ideas, creencias y voluntad de los diversos líderes totalitarios. De ahí que tanto durante la Revolución Francesa, como en la Guerra Civil Española, el nazismo y el comunismo, se advirtió una férrea lucha en contra de la Iglesia Católica, como representante de la promoción de Dios y el orden natural, como el principal escollo a vencer por las fuerzas totalitarias. Es por ello que Sebreli concluye que "la Revolución es un fenómeno teológico".
A continuación se transcribe parte de un artículo titulado "Las máscaras de la Revolución" de Ignacio Balcarce, que comenta un libro póstumo de Sebreli ("Revolución"), y que aparece en el diario La Prensa:
LA REVOLUCIÓN ANTICRISTIANA
Llegamos al punto en que la ciencia teológica nos puede mostrar quién es la Revolución porque su perfil se va insinuando como renovación de una antigua promesa: seréis como dioses; arquetípica tentación que se recicla históricamente.
El proceso revolucionario va perdiendo las máscaras y se transparenta como un giro antropocentrista, un gran desorden que procura desplazar a Dios, su verdad, su orden y su Iglesia, en dirección al poder fáctico, el dominio del entorno y la naturaleza.
El problema con lo expuesto es que antes, el mundo católico -comenzando por las autoridades eclesiásticas- era consciente de esta situación y hoy ya no.
El cristianismo, aturdido por la avalancha revolucionaria, pasó de la viril resistencia al diálogo y la conciliación con el enemigo. Pero si la esencia de la Revolución es el anticristianismo y su padre es Satanás, no hay conciliación posible y la respuesta debe ser la franca confrontación.
Sólo trato de recordar que la Revolución es un fenómeno teológico que secundariamente tiene sus resonancias políticas, económicas, jurídicas y culturales.
La base revolucionaria es el rechazo a Cristo como Rey de todas las naciones y de todo lo creado. Es ese desplazamiento -ese rechazo de los constructores a la Roca (Hch 4,11)- lo que posiciona al hombre como fuente de toda moral, toda ley y todo gobierno, lo obsesiona con el poder y lo catapulta a todo tipo de excesos, abusos y vicios.
La Revolución es querer construir la ciudad sin Dios. Es edificar el mundo sobre las solas fuerzas humanas. Es la impiedad. Es desobediencia y es caos. Es un montón de consignas seductoras y fórmulas que suenan bien, incluso humanitarias, y sólo nos pueden despeñar a un abismo de perdición. Es apetito de autodestrucción insuflado desde oscuras instancias preternaturales. Es una mentira que proviene del padre de la mentira, enemigo de la Iglesia y del género humano.
(De www.laprensa.com.ar)
domingo, 15 de febrero de 2026
Desequilibrio cultural
Ante las exigencias que nos impone el orden natural como precio a pagar por nuestra supervivencia, la humanidad responde con el proceso de adaptación cultural a dicho orden, es decir, se trata de un proceso por el cual el hombre hace todo lo posible para ser apto para vivir en un mundo en donde las reglas del juego (leyes naturales) les son impuestas, ya sea que nos guste, o no, el carácter de dichas leyes.
Tal proceso adaptativo se materializa en otros dos que lo conforman; el civilizatorio y el cultural propiamente dicho, no existiendo una división abrupta entre ambos. Puede decirse que el primero implica una adaptación “gruesa” y el segundo una adaptación “fina”. El primero está asociado a la organización de aspectos inherentes a vivienda, vestimenta, alimentos y a un orden social básico, mientras que el segundo atañe a nuestra conducta y creatividad individual que nos han de permitir la vida en sociedad.
Si una nación fuese una persona, la civilización estaría asociada al cuerpo mientras que la cultura lo estaría a los afectos y a la mente. Mientras que la civilización se fundamenta esencialmente en la ciencia y la tecnología, generando una secuencia progresiva y acumulativa de conocimientos, el proceso cultural presenta avances y retrocesos que no permiten alcanzar un progreso evidente y satisfactorio. Robert L. Carneiro escribió: “La cultura, atributo exclusivo del hombre, es algo que éste interpone entre él y su medio ambiente para garantizar su seguridad y su supervivencia. La cultura, como tal, favorece la adaptación”.
“Esta concepción de la cultura, poco usual hace escasos decenios, se ha extendido mucho en los últimos años entre los antropólogos”. “Hace tiempo que los biólogos han hecho ver que la vida social no es algo misterioso o caprichoso, sino que, al igual que la tecnología, es adaptativa. El ecólogo Angus Woodbury reconoce que la vida social es una adaptación para utilizar con eficiencia el tiempo y el espacio en la Tierra; la existencia de una vida social viene impuesta a los miembros de un grupo por la necesidad de cooperar para triunfar en la lucha por la existencia” (De la “Enciclopedia Internacional de las Ciencias Sociales”-Aguilar SA de Ediciones-Madrid 1974).
De la misma manera en que puede calificarse a los seres humanos en base a su actitud predominante (amor, odio, egoísmo, indiferencia), es posible caracterizar a las sociedades en base a las actitudes predominantes en sus integrantes, llegando a las siguientes tres posibilidades principales: civlización, barbarie y salvajismo. Así, en todo país existen las tres componentes básicas, si bien en distintas proporciones. Se puede asociar la civilización a la actitud de cooperación, la barbarie al egoísmo y el salvajismo al odio.
En la actualidad vemos con cierta preocupación el incremento de actitudes generalizadas en las cuales, a nivel individual, se renuncia a los emocional (o moral) y a lo intelectual, para exaltar sólo lo corporal, tal el caso del "cantante" Bad Bunny. La gravedad del caso no radica en que un individuo emita mensajes poco culturales y cercanos a la barbarie, sino a la trascendencia y la cantidad de seguidores logrados.
Puede decirse que una forma evidente de desequilibrio cultural implica la exaltación del individuo como "bicho genital", para quien no existe en su mente otra cosa que lo sexual desvinculado de toda asociación a lo afectivo. Poodemos decir que se trata del "hombre mutilado" que se aleja cada vez más de lo que nos impone el orden natural.
Todo cantante, o todo deportista con trascendencia internacional, hace creer en los demás países, al menos en una primera impresión, que lleva algo representativo de la sociedad de la que es originario. Luego, no faltan seguidores y periodistas que encuentran en el mencionado personaje cierta "representatividad" de los países hispano hablantes, lo que realmente causa un serio perjuicio a la imagen de tales países.
Por lo general, se legitima cualquier expresión musical o artística en función de la cantidad de adeptos que la aceptan, siendo un criterio poco válido teniendo presente casos como el de Hitler, que alguna vez ganaron una elección con bastante más votos que el 90 por ciento del electorado. El fenómeno "musical" Bad Bunny no es otra cosa que la prueba evidente del avance social hacia un desequilibrio cultural cercano a la barbarie, lo que, lógicamente, traerá serios perjuicios a las diversas sociedades.
Las simpatías despertadas entre los izquierdistas, ante la actuación del "artista" en los EEUU, se debe a su implícita adversión a dicho país y a sus autoridades, olvidando que el mejor combate contra un adversario se logra mostrando que es mejor humanamente hablando, y no evidenciando que se trata de un ser pornográfico e inmoral que incluso no es otra cosa que un corruptor de menores y adolescentes.
Tal proceso adaptativo se materializa en otros dos que lo conforman; el civilizatorio y el cultural propiamente dicho, no existiendo una división abrupta entre ambos. Puede decirse que el primero implica una adaptación “gruesa” y el segundo una adaptación “fina”. El primero está asociado a la organización de aspectos inherentes a vivienda, vestimenta, alimentos y a un orden social básico, mientras que el segundo atañe a nuestra conducta y creatividad individual que nos han de permitir la vida en sociedad.
Si una nación fuese una persona, la civilización estaría asociada al cuerpo mientras que la cultura lo estaría a los afectos y a la mente. Mientras que la civilización se fundamenta esencialmente en la ciencia y la tecnología, generando una secuencia progresiva y acumulativa de conocimientos, el proceso cultural presenta avances y retrocesos que no permiten alcanzar un progreso evidente y satisfactorio. Robert L. Carneiro escribió: “La cultura, atributo exclusivo del hombre, es algo que éste interpone entre él y su medio ambiente para garantizar su seguridad y su supervivencia. La cultura, como tal, favorece la adaptación”.
“Esta concepción de la cultura, poco usual hace escasos decenios, se ha extendido mucho en los últimos años entre los antropólogos”. “Hace tiempo que los biólogos han hecho ver que la vida social no es algo misterioso o caprichoso, sino que, al igual que la tecnología, es adaptativa. El ecólogo Angus Woodbury reconoce que la vida social es una adaptación para utilizar con eficiencia el tiempo y el espacio en la Tierra; la existencia de una vida social viene impuesta a los miembros de un grupo por la necesidad de cooperar para triunfar en la lucha por la existencia” (De la “Enciclopedia Internacional de las Ciencias Sociales”-Aguilar SA de Ediciones-Madrid 1974).
De la misma manera en que puede calificarse a los seres humanos en base a su actitud predominante (amor, odio, egoísmo, indiferencia), es posible caracterizar a las sociedades en base a las actitudes predominantes en sus integrantes, llegando a las siguientes tres posibilidades principales: civlización, barbarie y salvajismo. Así, en todo país existen las tres componentes básicas, si bien en distintas proporciones. Se puede asociar la civilización a la actitud de cooperación, la barbarie al egoísmo y el salvajismo al odio.
En la actualidad vemos con cierta preocupación el incremento de actitudes generalizadas en las cuales, a nivel individual, se renuncia a los emocional (o moral) y a lo intelectual, para exaltar sólo lo corporal, tal el caso del "cantante" Bad Bunny. La gravedad del caso no radica en que un individuo emita mensajes poco culturales y cercanos a la barbarie, sino a la trascendencia y la cantidad de seguidores logrados.
Puede decirse que una forma evidente de desequilibrio cultural implica la exaltación del individuo como "bicho genital", para quien no existe en su mente otra cosa que lo sexual desvinculado de toda asociación a lo afectivo. Poodemos decir que se trata del "hombre mutilado" que se aleja cada vez más de lo que nos impone el orden natural.
Todo cantante, o todo deportista con trascendencia internacional, hace creer en los demás países, al menos en una primera impresión, que lleva algo representativo de la sociedad de la que es originario. Luego, no faltan seguidores y periodistas que encuentran en el mencionado personaje cierta "representatividad" de los países hispano hablantes, lo que realmente causa un serio perjuicio a la imagen de tales países.
Por lo general, se legitima cualquier expresión musical o artística en función de la cantidad de adeptos que la aceptan, siendo un criterio poco válido teniendo presente casos como el de Hitler, que alguna vez ganaron una elección con bastante más votos que el 90 por ciento del electorado. El fenómeno "musical" Bad Bunny no es otra cosa que la prueba evidente del avance social hacia un desequilibrio cultural cercano a la barbarie, lo que, lógicamente, traerá serios perjuicios a las diversas sociedades.
Las simpatías despertadas entre los izquierdistas, ante la actuación del "artista" en los EEUU, se debe a su implícita adversión a dicho país y a sus autoridades, olvidando que el mejor combate contra un adversario se logra mostrando que es mejor humanamente hablando, y no evidenciando que se trata de un ser pornográfico e inmoral que incluso no es otra cosa que un corruptor de menores y adolescentes.
viernes, 13 de febrero de 2026
Libertad de expresión
Los sistemas totalitarios se caracterizan, entre otros aspectos, por la prohibición total o parcial de la libertad de expresión de todo aquel que no forme parte del gobierno, o que no tenga una autorización al respecto. Por el contrario, los sistemas democráticos se caracterizan por permitir tal libertad. Nicholas Capaldi escribió: "Entendemos aquí que la libertad de expresión incluye la libertad de palabra, de prensa y de reunión pacífica. Quizá su definición más clara sea la que da de ella John Stuart Mill, cuando dice que implica libertad de pensamiento y de discusión. Así, cuando hablamos de libertad de expresión, queremos significar la libertad para explorar, descubrir, formular y difundir qué es lo que sabemos, pensamos o sentimos" (De "Censura y libertad de expresión"-Ediciones Libera-Buenos Aires 1973).
La libertad de expresión no siempre producirá buenos resultados por cuanto se requiere, adicionalmente, de cierta responsabilidad individual para no producir perjuicios en la sociedad. Esto resulta evidente en el caso de quienes, amparados por la libertad que brinda la democracia, tienden a destruirla una vez que arriban al poder. En la actualidad, además, podemos comprobar cómo, en las redes sociales de Internet, se publica una importante cantidad de información de dudosa validez, cuando no de mentiras bastante evidentes. Aún así, la libertad de expresión resulta bastante menos peligrosa que las prohibiciones totalitarias.
Entre los atributos asociados a los sistemas totalitarios aparece la represión estatal ante toda expresión adversa acerca de quienes detentan el poder; de ahí que “se permita” decir todo lo que uno desee, aunque luego se deberán pagar las consecuencias. La ausencia de libertad de expresión implica, por lo tanto, un castigo posterior a haber hecho uso de una libertad natural y esencial de todo ser humano. Will y Ariel Durant escriben sobre Alexander Solyenitsin: “La Segunda Guerra Mundial lo lanzó a la vida de acción; ganó dos condecoraciones y se elevó al rango de capitán de artillería. Empero, en una de las cartas que envió desde el frente, se permitió el lujo de criticar los errores militares de «el hombre del bigote» (Stalin). Por ello fue condenado a ocho años en un campo de concentración, a los que se le agregaron tres más” (De “Interpretaciones de la vida”-Editorial Sudamericana SA-Buenos Aires 1973).
En los totalitarismos, el Estado no contempla las necesidades del individuo, sino que el individuo ha de justificar su vida estando al servicio del Estado, por lo que conceptos tales como libertad, derechos, deberes, etc., tienen significados opuestos según que se consideren desde una postura liberal o en una totalitaria. Benito Mussolini opinaba acerca de la libertad y del periodismo: “La libertad no es un fin: es un medio. Y como medio debe ser controlado y dominado”. “Libertad sin orden y disciplina equivale a disolución y catástrofe”.
“El concepto de libertad no es absoluto, porque en la vida no hay nada absoluto. La libertad no es un derecho: es un deber”. “Si hay un dato histórico es que toda la historia de la civilización, desde el hombre de las cavernas hasta este que llamamos civilizado de nuestros días, no es más que una limitación constante y progresiva de la libertad”. “Los hombres de hoy, amontonados en la ciudad y en las naciones, deben limitar continuamente sus libertades, incluso la de movimiento. El concepto absoluto de libertad es arbitrario. En la realidad no existe”.
“La Prensa más libre del mundo, es la Prensa italiana. En otros países los periódicos están al dictado de grupos plutocráticos, de partidos, de individuos; allá están reducidos a la mezquina compra-venta de noticias sensacionales, cuya reiterada lectura concluye por crear en el público una estupefacción constante, con síntomas de atonía e imbecilidad; allá, en suma, los diarios han caído en manos de un corto número de negociantes, para quienes el periódico es una simple industria, ni más ni menos que la del hierro o de las pieles”.
“Frente al individualismo demo-liberal hemos sido los primeros en sentar que el individuo existe únicamente en función del Estado y subordinado a las necesidades del Estado, y que a medida que la civilización asume formas cada vez más complejas, la libertad individual se restringe cada vez más” (De “El espíritu de la revolución fascista”-Ediciones Informes-Mar del Plata 1973).
En cuanto a los inicios históricos de la opinión pública, consecuencia inmediata de la libertad de expresión, leemos:
CÓMO NACE LA OPINIÓN PÚBLICA
En este ambiente en el que las "verdades inamovibles" empezaron a licuarse, nació la "opinión pública", que al principio fue sólo el conjunto de opiniones que intercambiaban algunas personas sobre temas que iban más allá de su vida cotidiana y que se vinculaban a cuestiones de conciencia, de bien público y en especial de política.
Jürgen Habermas dice que la opinión pública nació de las reuniones de personas que se encontraban en los cafetines europeos para conversar sobre política, filosofía y otros asuntos que hasta entonces estaban reservados a la élite. Eran burgueses que se sentían menospreciados en las ceremonias religiosas y en las recepciones de la nobleza, en las que los poderosos eran dueños de la palabra.
Los asistentes se entusiasmaban con esas tertulias en las que cualquiera podía informarse, expresarse, discutir sobre todos los tópicos sin necesidad de que nadie lo aprobara y donde quedaba derogada la falacia de autoridad: tenía la razón quien argumentaba mejor y no el que ostentaba un título más prestigioso. Desde el punto de vista de quienes vivimos en sociedades democráticas, es difícil entender cuán importante y subversiva es la conversación. Los gobiernos teocráticos, los totalitarismos comunistas y los populismos combaten la libertad de pensamiento y de expresión porque -al igual que las monarquías de la Antigüedad- son conservadores y temen la libertad.
La opinión pública y la democracia nacieron en los cafés que proliferaron en Londres desde que en 1652 se abrió el primero, el Pasqua Rosée. En 1660, restaurada la monarquía, había en la ciudad setenta y tres cafés que se habían convertido en las sedes del librepemsamiento. Allí se opinaba sobre todo tipo de cuestiones, incluida la política.
Los cafés fueron una ventana de lo nuevo en la que nacieron organizaciones como la Lloyd's, en donde se reunían poetas, literatos y científicos de la Royal Society. Las llamaron universidades de a penique porque con pagar esa suma, que era lo que costaba una taza de café, se podía asistir y participar en las charlas. A mediados del siglo XVIII, los cafés de París también fueron el refugio del pensamiento ilustrado. Denis Diderot compiló la Enciclopedia en el café de la Régence, y en el Procope disertaban Jean d'Alembert y Jean-Jacques Rousseau.
El liberalismo se desarrolló en ese ambiente en el que se difundían libros subversivos, los pocos periódicos que se imprimían, pasquines y volantes anticlericales que promovían el debate teológico. Todo eso quedó unido en la memoria de la gente que hasta hoy identifica la actividad política con el discurso escrito, la polémica y los manifiestos.
La opinión pública surgió de esas discusiones con aire de conspiración y de la lectura de impresos que esquivaban el imprimátur de los obispos. Pues así nació también la democracia, una nueva forma de concebir la política, con la que la burguesía desafió a los gobiernos autoritarios que monopolizaban la verdad, respaldados por la tradición, las costumbres y la religión.
(De "La política en el siglo XXI" de Jaime Durán Barba y Santiago Nieto-Debate-Buenos Aires 2017).
La libertad de expresión no siempre producirá buenos resultados por cuanto se requiere, adicionalmente, de cierta responsabilidad individual para no producir perjuicios en la sociedad. Esto resulta evidente en el caso de quienes, amparados por la libertad que brinda la democracia, tienden a destruirla una vez que arriban al poder. En la actualidad, además, podemos comprobar cómo, en las redes sociales de Internet, se publica una importante cantidad de información de dudosa validez, cuando no de mentiras bastante evidentes. Aún así, la libertad de expresión resulta bastante menos peligrosa que las prohibiciones totalitarias.
Entre los atributos asociados a los sistemas totalitarios aparece la represión estatal ante toda expresión adversa acerca de quienes detentan el poder; de ahí que “se permita” decir todo lo que uno desee, aunque luego se deberán pagar las consecuencias. La ausencia de libertad de expresión implica, por lo tanto, un castigo posterior a haber hecho uso de una libertad natural y esencial de todo ser humano. Will y Ariel Durant escriben sobre Alexander Solyenitsin: “La Segunda Guerra Mundial lo lanzó a la vida de acción; ganó dos condecoraciones y se elevó al rango de capitán de artillería. Empero, en una de las cartas que envió desde el frente, se permitió el lujo de criticar los errores militares de «el hombre del bigote» (Stalin). Por ello fue condenado a ocho años en un campo de concentración, a los que se le agregaron tres más” (De “Interpretaciones de la vida”-Editorial Sudamericana SA-Buenos Aires 1973).
En los totalitarismos, el Estado no contempla las necesidades del individuo, sino que el individuo ha de justificar su vida estando al servicio del Estado, por lo que conceptos tales como libertad, derechos, deberes, etc., tienen significados opuestos según que se consideren desde una postura liberal o en una totalitaria. Benito Mussolini opinaba acerca de la libertad y del periodismo: “La libertad no es un fin: es un medio. Y como medio debe ser controlado y dominado”. “Libertad sin orden y disciplina equivale a disolución y catástrofe”.
“El concepto de libertad no es absoluto, porque en la vida no hay nada absoluto. La libertad no es un derecho: es un deber”. “Si hay un dato histórico es que toda la historia de la civilización, desde el hombre de las cavernas hasta este que llamamos civilizado de nuestros días, no es más que una limitación constante y progresiva de la libertad”. “Los hombres de hoy, amontonados en la ciudad y en las naciones, deben limitar continuamente sus libertades, incluso la de movimiento. El concepto absoluto de libertad es arbitrario. En la realidad no existe”.
“La Prensa más libre del mundo, es la Prensa italiana. En otros países los periódicos están al dictado de grupos plutocráticos, de partidos, de individuos; allá están reducidos a la mezquina compra-venta de noticias sensacionales, cuya reiterada lectura concluye por crear en el público una estupefacción constante, con síntomas de atonía e imbecilidad; allá, en suma, los diarios han caído en manos de un corto número de negociantes, para quienes el periódico es una simple industria, ni más ni menos que la del hierro o de las pieles”.
“Frente al individualismo demo-liberal hemos sido los primeros en sentar que el individuo existe únicamente en función del Estado y subordinado a las necesidades del Estado, y que a medida que la civilización asume formas cada vez más complejas, la libertad individual se restringe cada vez más” (De “El espíritu de la revolución fascista”-Ediciones Informes-Mar del Plata 1973).
En cuanto a los inicios históricos de la opinión pública, consecuencia inmediata de la libertad de expresión, leemos:
CÓMO NACE LA OPINIÓN PÚBLICA
En este ambiente en el que las "verdades inamovibles" empezaron a licuarse, nació la "opinión pública", que al principio fue sólo el conjunto de opiniones que intercambiaban algunas personas sobre temas que iban más allá de su vida cotidiana y que se vinculaban a cuestiones de conciencia, de bien público y en especial de política.
Jürgen Habermas dice que la opinión pública nació de las reuniones de personas que se encontraban en los cafetines europeos para conversar sobre política, filosofía y otros asuntos que hasta entonces estaban reservados a la élite. Eran burgueses que se sentían menospreciados en las ceremonias religiosas y en las recepciones de la nobleza, en las que los poderosos eran dueños de la palabra.
Los asistentes se entusiasmaban con esas tertulias en las que cualquiera podía informarse, expresarse, discutir sobre todos los tópicos sin necesidad de que nadie lo aprobara y donde quedaba derogada la falacia de autoridad: tenía la razón quien argumentaba mejor y no el que ostentaba un título más prestigioso. Desde el punto de vista de quienes vivimos en sociedades democráticas, es difícil entender cuán importante y subversiva es la conversación. Los gobiernos teocráticos, los totalitarismos comunistas y los populismos combaten la libertad de pensamiento y de expresión porque -al igual que las monarquías de la Antigüedad- son conservadores y temen la libertad.
La opinión pública y la democracia nacieron en los cafés que proliferaron en Londres desde que en 1652 se abrió el primero, el Pasqua Rosée. En 1660, restaurada la monarquía, había en la ciudad setenta y tres cafés que se habían convertido en las sedes del librepemsamiento. Allí se opinaba sobre todo tipo de cuestiones, incluida la política.
Los cafés fueron una ventana de lo nuevo en la que nacieron organizaciones como la Lloyd's, en donde se reunían poetas, literatos y científicos de la Royal Society. Las llamaron universidades de a penique porque con pagar esa suma, que era lo que costaba una taza de café, se podía asistir y participar en las charlas. A mediados del siglo XVIII, los cafés de París también fueron el refugio del pensamiento ilustrado. Denis Diderot compiló la Enciclopedia en el café de la Régence, y en el Procope disertaban Jean d'Alembert y Jean-Jacques Rousseau.
El liberalismo se desarrolló en ese ambiente en el que se difundían libros subversivos, los pocos periódicos que se imprimían, pasquines y volantes anticlericales que promovían el debate teológico. Todo eso quedó unido en la memoria de la gente que hasta hoy identifica la actividad política con el discurso escrito, la polémica y los manifiestos.
La opinión pública surgió de esas discusiones con aire de conspiración y de la lectura de impresos que esquivaban el imprimátur de los obispos. Pues así nació también la democracia, una nueva forma de concebir la política, con la que la burguesía desafió a los gobiernos autoritarios que monopolizaban la verdad, respaldados por la tradición, las costumbres y la religión.
(De "La política en el siglo XXI" de Jaime Durán Barba y Santiago Nieto-Debate-Buenos Aires 2017).
jueves, 12 de febrero de 2026
La errónea visión marxista del capitalismo
El sistema económico de producción y distribución constituido por el mercado es conocido también como economía capitalista. La denominación de “capitalismo” proviene de uno de sus detractores, Karl Marx, quien sólo veía aspectos negativos en tal proceso. La, en su momento, innovación capitalista, consistió en la promoción del ahorro productivo como el factor más importante del proceso productivo, ya que el progreso económico de una sociedad depende del aumento del capital productivo per capita existente.
Como el capitalismo se “conoce” más por sus detractores que por sus defensores, primeramente consideraremos la versión marxista de dicho sistema. Para simplificar las cosas, supondremos un mercado limitado a tres empresas A, B y C. Estas empresas tienen dueños, que denominaremos A1, B1 y C1, y también tienen empleados, que denominaremos A2, B2 y C2. Según el marxismo, la sociedad capitalista está compuesta por la clase social burguesa, que en nuestro ejemplo estaría constituida por el conjunto de los dueños de las empresas, es decir, (A1 + B1 + C1) y por la clase social del proletariado, es decir, el conjunto de los empleados (A2 + B2 + C2).
Marx afirma que la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases, por lo que, para que se cumpla su teoría, debe encontrar luchas de clases en todas partes, y si no existen, las inventa y las promueve. De ahí que supone que en el mercado existiría una lucha del grupo de los dueños o burgueses, en contra de los empleados o proletarios. Esa lucha llevaría, a la larga, al empobrecimiento de la clase proletaria y al enriquecimiento de la clase burguesa. Karl Popper expresó:
“El proceso de industrialización no puede ser depauperación; esto es tan evidente como que dos y dos son cuatro. ¿Qué era entonces el tan traído y llevado capitalismo? Era industrialización y producción en masa. La fabricación en serie implica que se produce muchísimo y que por ello muchos más reciben algo. Pues muchos productos necesitan un gran mercado y, por lo tanto, muchos consumidores”.
Desde el punto de vista de Marx, la mayor producción sería consumida por los propios dueños de las empresas, lo que tiene muy poco que ver con la realidad. Esta supuesta injusticia es la que provoca malestar y reacción social. Popper agrega:
“Si el capitalismo conduce con necesidad a la depauperación, entonces aparece la subversión como la única salida posible: la revolución social”.
“Un «capitalismo» en el sentido histórico, en el que Marx empleaba el término, no ha existido nunca en este mundo: nunca ha existido una sociedad con una tendencia inherente en el sentido de la «Ley de depauperación creciente» de Marx o con una dictadura secreta de los capitalistas. Todo esto era y es puro autoengaño”.
“Concedido, la vida al comienzo de la industrialización era enormemente dura. Pero industrialización significaba también productividad creciente y enseguida producción en masa. Obviamente, la producción en masa encontró finalmente su camino también hacia las masas. La interpretación histórica de Marx junto con su profecía no es sólo falsa –es imposible: no se puede producir algo de forma masiva, que según su doctrina esté predestinado para los cada vez menos numerosos ricos capitalistas”.
“Por consiguiente, es un hecho: el capitalismo de Marx es un constructo mental imposible, una quimera. Para destruir esa quimera, la Unión Soviética reunió sin embargo un arsenal de armas sin precedentes hasta la fecha, incluidas armas atómicas, en una magnitud que calculando equivale aproximadamente a 50 millones o todavía más de bombas-Hiroshima. Todo esto para aniquilar un infierno imaginario a causa de su supuesta inhumanidad. Ciertamente, la realidad no era celestial –pero mucho más próxima al cielo que la realidad comunista” (De “La responsabilidad de vivir”-Ediciones Altaya SA-Barcelona 1999).
Es muy importante captar la idea básica asociada a la descripción marxista del mercado por cuanto ha sido una de las ideas más influyentes en la humanidad durante el siglo XX y aún hoy sigue teniendo bastantes adeptos. El marxismo supone que los burgueses necesariamente explotan a los trabajadores por cuanto se quedan con una gran parte de lo que a éstos corresponde por su trabajo. Se supone que el único factor de la producción es el trabajo, ignorándose las materias primas, el capital productivo asociado a maquinarias, los riesgos empresariales que se deben afrontar, la ganancia de los accionistas, etc.
La labor del marxismo es promover la destrucción de una sociedad “injusta y perversa” promoviendo el odio entre sectores. Éste lleva a la revolución, o guerra civil, por lo cual puede considerarse al marxismo como una especie de cáncer social inducido. Sin embargo, el revolucionario piensa que su misión en el mundo es muy importante. Incluso, como “ve” una realidad que no es tal, se siente superior al hombre común, que todavía no es consciente de la “explotación laboral” de la que es víctima. Karl Popper escribió:
“Pero en el tiempo del que ahora estoy hablando (debió ser en 1919 o en 1920) una de las cosas que me sublevaban era la presunción intelectual de algunos de mis amigos marxistas y compañeros estudiantes, quienes, apenas sin excepción, daban por hecho que ellos habían de ser los futuros líderes de la clase obrera. Yo sabía que no poseían aptitudes intelectuales especiales. Todo lo que podían alegar era una cierta familiaridad con la literatura marxista –aunque, por supuesto, no profunda y, ciertamente, no crítica” (De “Búsqueda sin término”-Editorial Tecnos SA-Madrid 1993).
En cuanto a lo que sucede en la realidad es que la empresa A, constituida por (A1 + A2) (dueños y empleados) compite con B (constituida por B1 + B2) y con C (constituida por C1 + C2). La competencia entre empresas tiende a impedir el monopolio y el abuso de aquellas que podrían quedar solas en el mercado. Además, la competencia exige de cada empresa continuas innovaciones para buscar precios más bajos y productos de mayor calidad. En caso de no innovar, corre el riesgo de ser desplazada del mercado por aquellas que sí lo hacen, debido a la pobre fidelidad que tiene el consumidor respecto de las empresas que lo proveen cotidianamente de bienes y servicios.
Si en la empresa A, sus dueños pretenden tener mayores ganancias reduciendo los sueldos de sus empleados, se arriesgan a perder parte de su capital humano, que puede llegar a ser tan valioso como el resto del capital productivo, por lo que tratan de mantenerlo con sueldos elevados o, en general, aceptables. De ahí que “la lucha de clases” sólo existe en la mente de los agitadores de masas, o en casos en que no existe un mercado por no haber una adecuada concurrencia de productores y de consumidores.
También se da el caso en que los propios empleados sean accionistas de las empresas, o que participen indirectamente con sus aportes previsionales como capitalistas de otras empresas. En este caso tendríamos que A1 = A2 y tampoco existirá la lucha de clases.
En una economía de intercambio, no sólo los precios vienen impuestos por el mercado, sino también los salarios de los trabajadores. A la “ley de depauperación” antes mencionada, el marxismo añade la inexistente “ley del salario mínimo” respecto de la cual Ludwig von Mises escribe:
“No hay país capitalista alguno en donde el nivel de vida de las masas trabajadoras no haya mejorado, a lo largo de los últimos cien años, de modo impresionante, pese a las fúnebres profecías de Don Carlos. Hallábanse él y sus seguidores convencidos de que bajo el capitalismo regia la «ley de hierro» salarial, según la cual los jornales no podían jamás superar el mínimo indispensable para la mera supervivencia del trabajador, lo que les hacía concluir que la condición de éste, mientras tal «ley» prevaleciera, jamás podría mejorar”.
“En el fondo, lo que los marxistas venían a decir era que si los salarios subían por encima del aludido límite de mera supervivencia, los obreros se dedicarían a tener más hijos, infantes éstos que, al acceder al mercado laboral, harían bajar otra vez los jornales al mínimo de mera subsistencia de la población obrera”
“Esta idea la tomó Marx de los –indudablemente acertados- descubrimientos biológicos del reino animal que, a la sazón, estaban popularizando investigadores destacados. Pero ello suponía equiparar los obreros a los seres irracionales, a los ratones, digamos, por ejemplo. Si el alimento aumenta, la población de bichos y microbios crece; si, en cambio, las vituallas se les restringen, redúcese su número. Pero los hombres son distintos. Hasta el más obtuso peón, digan lo que quieran los marxistas, busca, además de comida y ayuntamiento carnal, otras satisfacciones. El alza real de los ingresos laborales no sólo incrementa las cifras de población, sino que, además, y ante todo, da lugar a una mejora del nivel general de vida” (De “Seis lecciones sobre el capitalismo”-Unión Editorial SA-Madrid 1981).
Podemos hacer una síntesis de lo que implica la economía de mercado:
Economía de mercado = Trabajo + Ahorro productivo + Innovación + Ética
A pesar de que se trata de un sistema económico cuyos resultados son muy superiores a los logrados por las economías planificadas, sigue siendo tergiversado por la cotidiana y persistente difamación marxista.
El intelectual, para merecer serlo en una forma auténtica, debe ser un buscador de la verdad. De ahí que resulta contradictoria la expresión “intelectual marxista”, ya que, sin los ataques a lo que ellos consideran capitalismo, no queda ninguna justificación para la existencia de tal ideología. Y ello es evidente por cuanto, una vez logrado el poder total, a través de la revolución o vía elecciones, y al producirse la nacionalización de los medios de producción, se llega al capitalismo estatal que esta vez sí tendrá todos los defectos que los marxistas atribuyen injustamente al capitalismo privado.
También se ha tergiversado la historia, lo que no resulta extraño, para combatir al capitalismo de manera más efectiva aún. Ludwin von Mises escribió:
“Una de las mayores falsedades históricas es aquel mito, mil veces repetido, según el cual las mujeres y los niños que acudían a las fábricas anteriormente habían disfrutado de idílica existencia. Cuando, en tropel, las tan mentadas madres acudían al taller, no estaban dejando tras de sí agradables viviendas y bien repletas despensas; se amontonaban en las puertas de los nuevos establecimientos fabriles implorando acceso, precisamente porque la mayoría de ellas no sabía ni siquiera lo que era una cocina; y de poco hubiérale servido tal conocimiento al carecer de cosa alguna cocinable”.
“Fácil es refutar toda esa cháchara acerca de los indescriptibles horrores del capitalismo inicial, consustanciales al mismo, cuando, a través de la revolución industrial inglesa, comenzaba el nuevo sistema a tomar cuerpo, si pensamos que precisamente en tal época, de 1760 a 1830, la población británica duplica su número, lo que indudablemente proclama bien claro que millones de niños –ayer condenados a desaparecer- podían ahora sobrevivir y llegar a la edad adulta”
Como el capitalismo se “conoce” más por sus detractores que por sus defensores, primeramente consideraremos la versión marxista de dicho sistema. Para simplificar las cosas, supondremos un mercado limitado a tres empresas A, B y C. Estas empresas tienen dueños, que denominaremos A1, B1 y C1, y también tienen empleados, que denominaremos A2, B2 y C2. Según el marxismo, la sociedad capitalista está compuesta por la clase social burguesa, que en nuestro ejemplo estaría constituida por el conjunto de los dueños de las empresas, es decir, (A1 + B1 + C1) y por la clase social del proletariado, es decir, el conjunto de los empleados (A2 + B2 + C2).
Marx afirma que la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases, por lo que, para que se cumpla su teoría, debe encontrar luchas de clases en todas partes, y si no existen, las inventa y las promueve. De ahí que supone que en el mercado existiría una lucha del grupo de los dueños o burgueses, en contra de los empleados o proletarios. Esa lucha llevaría, a la larga, al empobrecimiento de la clase proletaria y al enriquecimiento de la clase burguesa. Karl Popper expresó:
“El proceso de industrialización no puede ser depauperación; esto es tan evidente como que dos y dos son cuatro. ¿Qué era entonces el tan traído y llevado capitalismo? Era industrialización y producción en masa. La fabricación en serie implica que se produce muchísimo y que por ello muchos más reciben algo. Pues muchos productos necesitan un gran mercado y, por lo tanto, muchos consumidores”.
Desde el punto de vista de Marx, la mayor producción sería consumida por los propios dueños de las empresas, lo que tiene muy poco que ver con la realidad. Esta supuesta injusticia es la que provoca malestar y reacción social. Popper agrega:
“Si el capitalismo conduce con necesidad a la depauperación, entonces aparece la subversión como la única salida posible: la revolución social”.
“Un «capitalismo» en el sentido histórico, en el que Marx empleaba el término, no ha existido nunca en este mundo: nunca ha existido una sociedad con una tendencia inherente en el sentido de la «Ley de depauperación creciente» de Marx o con una dictadura secreta de los capitalistas. Todo esto era y es puro autoengaño”.
“Concedido, la vida al comienzo de la industrialización era enormemente dura. Pero industrialización significaba también productividad creciente y enseguida producción en masa. Obviamente, la producción en masa encontró finalmente su camino también hacia las masas. La interpretación histórica de Marx junto con su profecía no es sólo falsa –es imposible: no se puede producir algo de forma masiva, que según su doctrina esté predestinado para los cada vez menos numerosos ricos capitalistas”.
“Por consiguiente, es un hecho: el capitalismo de Marx es un constructo mental imposible, una quimera. Para destruir esa quimera, la Unión Soviética reunió sin embargo un arsenal de armas sin precedentes hasta la fecha, incluidas armas atómicas, en una magnitud que calculando equivale aproximadamente a 50 millones o todavía más de bombas-Hiroshima. Todo esto para aniquilar un infierno imaginario a causa de su supuesta inhumanidad. Ciertamente, la realidad no era celestial –pero mucho más próxima al cielo que la realidad comunista” (De “La responsabilidad de vivir”-Ediciones Altaya SA-Barcelona 1999).
Es muy importante captar la idea básica asociada a la descripción marxista del mercado por cuanto ha sido una de las ideas más influyentes en la humanidad durante el siglo XX y aún hoy sigue teniendo bastantes adeptos. El marxismo supone que los burgueses necesariamente explotan a los trabajadores por cuanto se quedan con una gran parte de lo que a éstos corresponde por su trabajo. Se supone que el único factor de la producción es el trabajo, ignorándose las materias primas, el capital productivo asociado a maquinarias, los riesgos empresariales que se deben afrontar, la ganancia de los accionistas, etc.
La labor del marxismo es promover la destrucción de una sociedad “injusta y perversa” promoviendo el odio entre sectores. Éste lleva a la revolución, o guerra civil, por lo cual puede considerarse al marxismo como una especie de cáncer social inducido. Sin embargo, el revolucionario piensa que su misión en el mundo es muy importante. Incluso, como “ve” una realidad que no es tal, se siente superior al hombre común, que todavía no es consciente de la “explotación laboral” de la que es víctima. Karl Popper escribió:
“Pero en el tiempo del que ahora estoy hablando (debió ser en 1919 o en 1920) una de las cosas que me sublevaban era la presunción intelectual de algunos de mis amigos marxistas y compañeros estudiantes, quienes, apenas sin excepción, daban por hecho que ellos habían de ser los futuros líderes de la clase obrera. Yo sabía que no poseían aptitudes intelectuales especiales. Todo lo que podían alegar era una cierta familiaridad con la literatura marxista –aunque, por supuesto, no profunda y, ciertamente, no crítica” (De “Búsqueda sin término”-Editorial Tecnos SA-Madrid 1993).
En cuanto a lo que sucede en la realidad es que la empresa A, constituida por (A1 + A2) (dueños y empleados) compite con B (constituida por B1 + B2) y con C (constituida por C1 + C2). La competencia entre empresas tiende a impedir el monopolio y el abuso de aquellas que podrían quedar solas en el mercado. Además, la competencia exige de cada empresa continuas innovaciones para buscar precios más bajos y productos de mayor calidad. En caso de no innovar, corre el riesgo de ser desplazada del mercado por aquellas que sí lo hacen, debido a la pobre fidelidad que tiene el consumidor respecto de las empresas que lo proveen cotidianamente de bienes y servicios.
Si en la empresa A, sus dueños pretenden tener mayores ganancias reduciendo los sueldos de sus empleados, se arriesgan a perder parte de su capital humano, que puede llegar a ser tan valioso como el resto del capital productivo, por lo que tratan de mantenerlo con sueldos elevados o, en general, aceptables. De ahí que “la lucha de clases” sólo existe en la mente de los agitadores de masas, o en casos en que no existe un mercado por no haber una adecuada concurrencia de productores y de consumidores.
También se da el caso en que los propios empleados sean accionistas de las empresas, o que participen indirectamente con sus aportes previsionales como capitalistas de otras empresas. En este caso tendríamos que A1 = A2 y tampoco existirá la lucha de clases.
En una economía de intercambio, no sólo los precios vienen impuestos por el mercado, sino también los salarios de los trabajadores. A la “ley de depauperación” antes mencionada, el marxismo añade la inexistente “ley del salario mínimo” respecto de la cual Ludwig von Mises escribe:
“No hay país capitalista alguno en donde el nivel de vida de las masas trabajadoras no haya mejorado, a lo largo de los últimos cien años, de modo impresionante, pese a las fúnebres profecías de Don Carlos. Hallábanse él y sus seguidores convencidos de que bajo el capitalismo regia la «ley de hierro» salarial, según la cual los jornales no podían jamás superar el mínimo indispensable para la mera supervivencia del trabajador, lo que les hacía concluir que la condición de éste, mientras tal «ley» prevaleciera, jamás podría mejorar”.
“En el fondo, lo que los marxistas venían a decir era que si los salarios subían por encima del aludido límite de mera supervivencia, los obreros se dedicarían a tener más hijos, infantes éstos que, al acceder al mercado laboral, harían bajar otra vez los jornales al mínimo de mera subsistencia de la población obrera”
“Esta idea la tomó Marx de los –indudablemente acertados- descubrimientos biológicos del reino animal que, a la sazón, estaban popularizando investigadores destacados. Pero ello suponía equiparar los obreros a los seres irracionales, a los ratones, digamos, por ejemplo. Si el alimento aumenta, la población de bichos y microbios crece; si, en cambio, las vituallas se les restringen, redúcese su número. Pero los hombres son distintos. Hasta el más obtuso peón, digan lo que quieran los marxistas, busca, además de comida y ayuntamiento carnal, otras satisfacciones. El alza real de los ingresos laborales no sólo incrementa las cifras de población, sino que, además, y ante todo, da lugar a una mejora del nivel general de vida” (De “Seis lecciones sobre el capitalismo”-Unión Editorial SA-Madrid 1981).
Podemos hacer una síntesis de lo que implica la economía de mercado:
Economía de mercado = Trabajo + Ahorro productivo + Innovación + Ética
A pesar de que se trata de un sistema económico cuyos resultados son muy superiores a los logrados por las economías planificadas, sigue siendo tergiversado por la cotidiana y persistente difamación marxista.
El intelectual, para merecer serlo en una forma auténtica, debe ser un buscador de la verdad. De ahí que resulta contradictoria la expresión “intelectual marxista”, ya que, sin los ataques a lo que ellos consideran capitalismo, no queda ninguna justificación para la existencia de tal ideología. Y ello es evidente por cuanto, una vez logrado el poder total, a través de la revolución o vía elecciones, y al producirse la nacionalización de los medios de producción, se llega al capitalismo estatal que esta vez sí tendrá todos los defectos que los marxistas atribuyen injustamente al capitalismo privado.
También se ha tergiversado la historia, lo que no resulta extraño, para combatir al capitalismo de manera más efectiva aún. Ludwin von Mises escribió:
“Una de las mayores falsedades históricas es aquel mito, mil veces repetido, según el cual las mujeres y los niños que acudían a las fábricas anteriormente habían disfrutado de idílica existencia. Cuando, en tropel, las tan mentadas madres acudían al taller, no estaban dejando tras de sí agradables viviendas y bien repletas despensas; se amontonaban en las puertas de los nuevos establecimientos fabriles implorando acceso, precisamente porque la mayoría de ellas no sabía ni siquiera lo que era una cocina; y de poco hubiérale servido tal conocimiento al carecer de cosa alguna cocinable”.
“Fácil es refutar toda esa cháchara acerca de los indescriptibles horrores del capitalismo inicial, consustanciales al mismo, cuando, a través de la revolución industrial inglesa, comenzaba el nuevo sistema a tomar cuerpo, si pensamos que precisamente en tal época, de 1760 a 1830, la población británica duplica su número, lo que indudablemente proclama bien claro que millones de niños –ayer condenados a desaparecer- podían ahora sobrevivir y llegar a la edad adulta”
miércoles, 11 de febrero de 2026
Reforma laboral y abuso de derecho
Por Luis Sarmiento García
En Argentina se produjo la conformación de un abuso de derecho muy particular. No sólo los trabajadores a partir de 1946 incurrieron en abuso de derecho sino lo que es más grave, fue también la propia legislación laboral que lo institucionalizó.
Antecedentes
El General Juan Domingo Perón formó parte del GOU, Grupo de Oficiales Unidos que derrocó al presidente Ramón S. Castillo en 1943. Se sucedieron en las Presidencia los Generales Arturo Rawson, Pedro Pablo Ramírez y Edelmiro J. Farrell hasta que en 1946 asumió como presidente electo Perón. A partir de allí comienza una nueva y desconocida etapa en la historia nacional. La agregaduría militar de Perón en Italia le produjo una profunda admiración por el fascismo de Benito Mussolini y lentamente fue convirtiendo a su gobierno en una tiranía que viralizó su dogma “a los peronistas todo, a los enemigos ni Justicia”.
Empiezan a actuar dos clases sociales que luego se convertirían en la espina dorsal de su movimiento: la sindical y la trabajadora. Se les conceden beneficios extraordinarios con mengua del resto poblacional y de los empresarios. El impacto en el Derecho Laboral fue inmediato. Los privilegios del trabajo registrado con condiciones laborales de trabajo ilegítimas fueron tan duras que los empleadores comenzaron a abstenerse de tomar personal en blanco, provocando así otra grave irregularidad: la pauperización creciente de la clase menos pudiente hasta llegar los pobres a 2023 en casi el 60% de la población.
Es verdad que hasta 1943 los trabajadores se encontraban en muy malas condiciones sociales, pero la reivindicación peronista pasó de un exceso a otro, ambos lamentables. Tanto que, en los últimos 80 años, las tres de las mayores causas del deterioro argentino fueron la corrupción, la inflación y la laboral.
Los empleadores de pymes y algunas empresas grandes dejaron de demandar trabajadores o los tomaban en negro porque con demandas y exigencias millonarias basadas en la legislación laboral y abuso de derecho de los trabajadores, colocaban a sus empresas en riesgo de cierre o estado de quiebra.
En 2023 había 12.874.000 trabajadores, de los cuales 7.434.000 estaban registrados o en blanco y 5.440.000 informales o en negro. 338.000 eran estatales registrados. El 42% de los trabajadores estaba en negro.
Así aumentó la pobreza y se deterioraron también las jubilaciones. Por la falta de trabajadores activos en blanco que sustentaran a los jubilados, uno a uno en lugar de cuatro a uno, la tercera edad recibió y recibe mensualidades de pobreza que no les permite vivir dignamente.
La reforma laboral
Entonces, Milei se ha impuesto una reforma laboral que corrija una de las causas mencionadas del deterioro. Hay que dar seguridades legítimas tanto a los empleadores como a los trabajadores. Las empresas no pueden depender de empleados que pongan en riesgo su continuidad debido a sus demandas judiciales extorsivas y los empleados que pierdan sus empleos por la arbitrariedad de sus empleadores.
Abuso de derecho
Para ello ni empleadores ni empleados pueden incurrir en “abuso de derecho”. Este se produce cuando se ejerce un derecho con exceso y fuera de los límites de la buena fe, de la moral y de las buenas costumbres produciendo graves perjuicios en las personas y/o en el patrimonio de las personas o empresas. (Ver art. 10 del Código Civil y Comercial de la Nación)
En Argentina se produjo la conformación de un abuso de derecho muy particular. No solo los trabajadores a partir de 1946 incurrieron en abuso de derecho sino lo que es más grave, fue también la propia legislación laboral que lo institucionalizó.
En todo el derecho rige un principio normativo que es dogmático: onus probandi incumbit qui decit non qui negat que significa “la carga de la prueba incumbe al que afirma no al que niega”. Quien afirma tener un derecho debe probar que lo tiene en tribunales, nunca el que lo niega debe probar su negativa. Probar un hecho negativo, algo que no existe, es una diabólica probatio, una prueba diabólica, imposible de realizar.
Pues en nuestro país es el empresario o empleador quien debe probar que el derecho que dice tener el empleado (que lo afirma) no lo tiene. De esta forma, ante el fracaso procesal del empleador éste debe rendirse frente a las exigencias de su empleado con pérdida del proceso con el grave daño consiguiente, lo que se ha denominado “la industria del juicio laboral”, causante de la quiebra o cuantiosas pérdidas del empleador que lo obligan a cerrar su empresa. Así se formó el trabajo en negro porque tomar trabajadores en blanco es un altísimo riesgo que quienes invierten no lo pueden afrontar.
Hoy los gremialistas y sindicalistas se están uniendo promocionando paros y estrépitos sociales en repudio a la reforma laboral. Se resisten a que el país mejore, incluyendo a los trabajadores porque no admiten perder el abuso de derecho que tanto daño ha causado y causa al país.
Si el pleno empleo vuelve y la Justicia Laboral deja de ser arbitraria como lo es ahora, formándose jueces justos que den a cada uno lo suyo y no sean parte de la causa de la destrucción empresaria ni de la pauperización de la clase trabajadora, ¡ganaremos todos, ganarán los trabajadores, ganará el país!
(De www.losandes.com.ar)
En Argentina se produjo la conformación de un abuso de derecho muy particular. No sólo los trabajadores a partir de 1946 incurrieron en abuso de derecho sino lo que es más grave, fue también la propia legislación laboral que lo institucionalizó.
Antecedentes
El General Juan Domingo Perón formó parte del GOU, Grupo de Oficiales Unidos que derrocó al presidente Ramón S. Castillo en 1943. Se sucedieron en las Presidencia los Generales Arturo Rawson, Pedro Pablo Ramírez y Edelmiro J. Farrell hasta que en 1946 asumió como presidente electo Perón. A partir de allí comienza una nueva y desconocida etapa en la historia nacional. La agregaduría militar de Perón en Italia le produjo una profunda admiración por el fascismo de Benito Mussolini y lentamente fue convirtiendo a su gobierno en una tiranía que viralizó su dogma “a los peronistas todo, a los enemigos ni Justicia”.
Empiezan a actuar dos clases sociales que luego se convertirían en la espina dorsal de su movimiento: la sindical y la trabajadora. Se les conceden beneficios extraordinarios con mengua del resto poblacional y de los empresarios. El impacto en el Derecho Laboral fue inmediato. Los privilegios del trabajo registrado con condiciones laborales de trabajo ilegítimas fueron tan duras que los empleadores comenzaron a abstenerse de tomar personal en blanco, provocando así otra grave irregularidad: la pauperización creciente de la clase menos pudiente hasta llegar los pobres a 2023 en casi el 60% de la población.
Es verdad que hasta 1943 los trabajadores se encontraban en muy malas condiciones sociales, pero la reivindicación peronista pasó de un exceso a otro, ambos lamentables. Tanto que, en los últimos 80 años, las tres de las mayores causas del deterioro argentino fueron la corrupción, la inflación y la laboral.
Los empleadores de pymes y algunas empresas grandes dejaron de demandar trabajadores o los tomaban en negro porque con demandas y exigencias millonarias basadas en la legislación laboral y abuso de derecho de los trabajadores, colocaban a sus empresas en riesgo de cierre o estado de quiebra.
En 2023 había 12.874.000 trabajadores, de los cuales 7.434.000 estaban registrados o en blanco y 5.440.000 informales o en negro. 338.000 eran estatales registrados. El 42% de los trabajadores estaba en negro.
Así aumentó la pobreza y se deterioraron también las jubilaciones. Por la falta de trabajadores activos en blanco que sustentaran a los jubilados, uno a uno en lugar de cuatro a uno, la tercera edad recibió y recibe mensualidades de pobreza que no les permite vivir dignamente.
La reforma laboral
Entonces, Milei se ha impuesto una reforma laboral que corrija una de las causas mencionadas del deterioro. Hay que dar seguridades legítimas tanto a los empleadores como a los trabajadores. Las empresas no pueden depender de empleados que pongan en riesgo su continuidad debido a sus demandas judiciales extorsivas y los empleados que pierdan sus empleos por la arbitrariedad de sus empleadores.
Abuso de derecho
Para ello ni empleadores ni empleados pueden incurrir en “abuso de derecho”. Este se produce cuando se ejerce un derecho con exceso y fuera de los límites de la buena fe, de la moral y de las buenas costumbres produciendo graves perjuicios en las personas y/o en el patrimonio de las personas o empresas. (Ver art. 10 del Código Civil y Comercial de la Nación)
En Argentina se produjo la conformación de un abuso de derecho muy particular. No solo los trabajadores a partir de 1946 incurrieron en abuso de derecho sino lo que es más grave, fue también la propia legislación laboral que lo institucionalizó.
En todo el derecho rige un principio normativo que es dogmático: onus probandi incumbit qui decit non qui negat que significa “la carga de la prueba incumbe al que afirma no al que niega”. Quien afirma tener un derecho debe probar que lo tiene en tribunales, nunca el que lo niega debe probar su negativa. Probar un hecho negativo, algo que no existe, es una diabólica probatio, una prueba diabólica, imposible de realizar.
Pues en nuestro país es el empresario o empleador quien debe probar que el derecho que dice tener el empleado (que lo afirma) no lo tiene. De esta forma, ante el fracaso procesal del empleador éste debe rendirse frente a las exigencias de su empleado con pérdida del proceso con el grave daño consiguiente, lo que se ha denominado “la industria del juicio laboral”, causante de la quiebra o cuantiosas pérdidas del empleador que lo obligan a cerrar su empresa. Así se formó el trabajo en negro porque tomar trabajadores en blanco es un altísimo riesgo que quienes invierten no lo pueden afrontar.
Hoy los gremialistas y sindicalistas se están uniendo promocionando paros y estrépitos sociales en repudio a la reforma laboral. Se resisten a que el país mejore, incluyendo a los trabajadores porque no admiten perder el abuso de derecho que tanto daño ha causado y causa al país.
Si el pleno empleo vuelve y la Justicia Laboral deja de ser arbitraria como lo es ahora, formándose jueces justos que den a cada uno lo suyo y no sean parte de la causa de la destrucción empresaria ni de la pauperización de la clase trabajadora, ¡ganaremos todos, ganarán los trabajadores, ganará el país!
(De www.losandes.com.ar)
martes, 10 de febrero de 2026
Afrodescendientes argentinos en el seleccionado de fútbol
Para inventar una "leyenda negra", orientada hacia la descalificación de un proceso civilizatorio, o bien de un país cualquiera, sólo hace falta que alguien la exprese y la difunda, aún cuando tal leyenda tenga poca o ninguna vinculación con la realidad. Este es el caso de un artículo aparecido tiempo atrás en el Washington Post, tal el que aparece bajo el título: "¿Por qué no hay jugadores negros en la selección argentina?" cuya autoría se debe a Erika Denise Edwards.
Si bien el artículo mencionado pareciera no llevar intención alguna en crear una "leyenda negra" de racismo, varias son las personas que, a partir de tal título, imaginan un país racista que poco o nada concuerda con la realidad. Luego emiten sus visiones en los medios masivos de comunicación para ir conformando una "leyenda negra" anti-argentina. La respuesta inicial a tal cuestión se concreta diciendo que el porcentaje de afrodescendientes en la Argentina es bastante bajo y que por ello la cantidad de integrantes afrodescendientes en el seleccionado es el reflejo de ese porcentaje, que ha de ser similar en otras actividades de la sociedad argentina.
La cantidad de esclavos africanos traídos al país en la época colonial fue de unos 200.000, que con el tiempo se fueron mezclando con otras etnias, o bien emigrando a otros países. Los esclavos de esa época tenían derechos de protección establecidos por los gobernantes de España. Pero, desde 1810, en que comienza el proceso independentista, no se traen nuevos esclavos, mientras que en 1813 se declara la libertad de todos los hijos de esclavos que nacieran a partir de ese año.
Es oportuno mencionar el hecho de que, en Brasil, antes de la era de Pelé, se excluían del seleccioinado de fútbol a los afrodescendientes, si bien después fue corregido ese error, siendo tal tipo de discriminación todavía existente, pero en menor grado. Leemos al respecto: "En 1921, el presidente Pessoa sugirió que los jugadores negros no fuesen convocados para la Copa Sudamericana ya que deseaba que «la imagen de la selección proyectara lo mejor de la sociedad brasileña»" (De "Tiempo extra").
Algo similar nunca ocurrió en la Argentina, ya que en la década de 1920 hubo un integrante afrodescendiente en el seleccionado, llamado Alejandro de los Santos. En la década de los 40, Carlos Rufino Fariña fue otro negro convocado a la selección nacional. Más adelante en el tiempo, encontramos un afrodescendiente en los mundiales de 1958 y 1962, José Manuel Ramos Delgado, con un antepasado proveniente de Cabo Verde. En el mundial de 1978 encontramos en Héctor Baley un caso similar, con antepasados provenientes de Senegal.
Los casos mencionados reflejan un pobre porcentaje de negros y una mezcla paulatina entre diversas etnias, como es el caso de Ramos Delgado y Baley, lo que desmiente toda suposición negativa que sea utilizada para promover una "leyenda negra".
La tendencia a considerar como discriminador a todo grupo o integrante de raza o etnia blamca, conduce al nuevo racismo anti-blancos, aceptado con bastante generalidad. Incluso la peor discriminación es aquella en que se divide a la humanidad en buenos y malos, considerándose actualmente a los blancos como el sector "malo" de la humanidad.
Quienes suponen que en la Argentina existe un racismo contra los afrodescendientes, sólo deben preguntarle a algunos de ellos, si tienen la posibilidad, para recibir una información más precisa. Ello implica una manera más efectiva y decente que se tiene antes de emitir o repetir consignas de dudosa validez.
Si bien el artículo mencionado pareciera no llevar intención alguna en crear una "leyenda negra" de racismo, varias son las personas que, a partir de tal título, imaginan un país racista que poco o nada concuerda con la realidad. Luego emiten sus visiones en los medios masivos de comunicación para ir conformando una "leyenda negra" anti-argentina. La respuesta inicial a tal cuestión se concreta diciendo que el porcentaje de afrodescendientes en la Argentina es bastante bajo y que por ello la cantidad de integrantes afrodescendientes en el seleccionado es el reflejo de ese porcentaje, que ha de ser similar en otras actividades de la sociedad argentina.
La cantidad de esclavos africanos traídos al país en la época colonial fue de unos 200.000, que con el tiempo se fueron mezclando con otras etnias, o bien emigrando a otros países. Los esclavos de esa época tenían derechos de protección establecidos por los gobernantes de España. Pero, desde 1810, en que comienza el proceso independentista, no se traen nuevos esclavos, mientras que en 1813 se declara la libertad de todos los hijos de esclavos que nacieran a partir de ese año.
Es oportuno mencionar el hecho de que, en Brasil, antes de la era de Pelé, se excluían del seleccioinado de fútbol a los afrodescendientes, si bien después fue corregido ese error, siendo tal tipo de discriminación todavía existente, pero en menor grado. Leemos al respecto: "En 1921, el presidente Pessoa sugirió que los jugadores negros no fuesen convocados para la Copa Sudamericana ya que deseaba que «la imagen de la selección proyectara lo mejor de la sociedad brasileña»" (De "Tiempo extra").
Algo similar nunca ocurrió en la Argentina, ya que en la década de 1920 hubo un integrante afrodescendiente en el seleccionado, llamado Alejandro de los Santos. En la década de los 40, Carlos Rufino Fariña fue otro negro convocado a la selección nacional. Más adelante en el tiempo, encontramos un afrodescendiente en los mundiales de 1958 y 1962, José Manuel Ramos Delgado, con un antepasado proveniente de Cabo Verde. En el mundial de 1978 encontramos en Héctor Baley un caso similar, con antepasados provenientes de Senegal.
Los casos mencionados reflejan un pobre porcentaje de negros y una mezcla paulatina entre diversas etnias, como es el caso de Ramos Delgado y Baley, lo que desmiente toda suposición negativa que sea utilizada para promover una "leyenda negra".
La tendencia a considerar como discriminador a todo grupo o integrante de raza o etnia blamca, conduce al nuevo racismo anti-blancos, aceptado con bastante generalidad. Incluso la peor discriminación es aquella en que se divide a la humanidad en buenos y malos, considerándose actualmente a los blancos como el sector "malo" de la humanidad.
Quienes suponen que en la Argentina existe un racismo contra los afrodescendientes, sólo deben preguntarle a algunos de ellos, si tienen la posibilidad, para recibir una información más precisa. Ello implica una manera más efectiva y decente que se tiene antes de emitir o repetir consignas de dudosa validez.
lunes, 9 de febrero de 2026
Edad de imputabilidad de menores
Ante la posibilidad de bajar la edad de imputabilidad de menores delincuentes, de 16 a 14 años, han surgido voces en contra, lo que a pocos debe extrañar por cuanto son las mismas voces que critican al presidente de El Salvador, Nayib Bukele, al encerrar a una multitud de asesinos para proteger la vida de cientos o miles de personas inocentes.
Para entender este proceso, debe tenerse presente una ley natural elemental, y es la que establece que una persona no puede estar en dos lugares distintos al mismo tiempo, es decir, si está encerrado en una cárcel, está imposibilitado de poder asesinar a alguien que camina por una calle alejada de ese establecimiento. Esta es la razón por la cual resulta efectivo el encierro a tiempo, ya que protege la vida de personas decentes mientras que a la vez impide la continuidad de la carrera delictiva del infractor.
Por lo general, los sectores de izquierda y las personas hipócritas tienden a mostrar su "gran amor fraternal" por la humanidad contemplando sólo la vida del delincuente, sin apenas ponerse un poco en el lugar de las víctimas y de sus familiares, que son también personas, y que habrán de sufrir la ausencia de familiares por el resto de sus días.
El hipócrita tampoco tiene en cuenta que el delincuente bajo encierro tiene más posibilidades de revertir su vida si es detenido a tiempo en un lugar correccional. Por el contrario, si recién a los 16 años se lo detiene, ya ha tenido tiempo suficiente de convertirse en un experto delincuente, con menores posibilidades de reorientar su vida.
Cuando se produjo el asesinato de un empleado de una estación de servicio en la ciudad de Rosario, siendo su autor un menor de 15 años, quedó eximido de toda sanción por cuanto la ley argentina protege a los menores de 16 años en estos casos, al considerarlos inimputables, por lo que puede decirse que la ley favorece la delincuencia de los menores de esa edad. La ex candidata presidencial socialista Myriam Bregman escribió al respecto: “El asesino del playero es sólo un niño de 15 años, inocente, victima de un sistema que lo obligó a matar. El Estado debe asegurarle su recuperación social en libertad y bajo el resguardo de sus padres”.
La mencionada política parece desconocer que existe un porcentaje de padres que avalan las actividades delictivas de sus hijos. Además, un adolescente no es un niño y si comete un alevoso crimen no es inocente, mientras que al “sistema” aborrecido por los socialistas no se lo puede acusar de “culpable” a menos que se le tenga un odio extremo a la sociedad que lo admite. Si el Estado le brinda apoyo familiar a tal menor, como una "casa digna", entonces el delincuente recibirá un premio adicional, lo que resulta absurdo para la gente normal.
Cuando un hecho semejante ocurre en un país socialista, como se trata de un país con un sistema “justo”, las cosas cambian y el culpable esta vez será el que delinque. Y si se lo fusila por sus delitos, los socialistas considerarán que esa es la mejor forma de actuar del Estado en beneficio de la sociedad.
La tan publicitada “reinserción social” del delincuente peligroso debe intentarse en condiciones de encierro, a menos que se considere tal reinserción más importante que la vida de muchos inocentes y se sugiera intentarlo en condiciones de libertad, como propone la mencionada dirigente.
Si cometer un delito no tiene consecuencias para el culpable, en cierta forma implica alentar los delitos. Ello se debe a que, en cierta forma, impera un criterio comercial; esto es, si se comete una acción ilegal, el "precio" que se ha de pagar es ir a la cárcel, lo que puede incidir a que no se lo cometa. Pero, si no debe pagarse ningún "costo", no habrá nada que temer y se podrá delinquir tranquilamente.
Esto se advierte en el caso de las multas de tránsito. Si bien tratamos de cumplir con las reglas de tránsito por una cuestión de seguridad personal, en otros casos este cumplimiento se debe al temor a pagar elevadas multas, advirtiéndose un "costo" económico concreto y evidente.
Todo esto resulta bastante claro. Sin embargo, como gran parte de la sociedad está del lado de la protección del delincuente antes que de la persona decente, se aduce que "el encierro en la cárcel no mejora al detenido", faltando poco para que se diga que no debe existir tal encierro, ya que impide la "reinserción social" del delincuente. Por el contrario, pensando en la seguridad de las personas decentes, que son mayoría, puede afirmarse que "el delincuente encerrado no tiene posibilidades de seguir matando inocentes", o cometiendo otros delitos.
La justicia estatal poco hace para evitar delitos, incluso se le prohíbe al policía disparar su arma antes que lo haga el delincuente, debiendo elegir entre desacatar el reglamento e ir a la cárcel o bien perder la vida ante el "victorioso" delincuente que sentirá cierto orgullo por haber matado a un policía.
En la lucha contra el delito se tiene, en un extremo, la denominada “tolerancia cero”, mientras que en el otro extremo se ubica el garantismo (que propone penas mínimas) y el abolicionismo (que propone erradicarlas). De ahí que toda nación mira hacia ambos extremos, aunque necesariamente se orienta hacia uno de ellos.
Debe aclararse que “tolerancia cero” no es lo mismo que “mano dura”, por cuanto con aquélla se han logrado excelentes resultados, mientras que con la última no ha sido así. La mano dura consiste, esencialmente, en aplicar el “ojo por ojo y diente por diente”, llegando el Estado a cometer excesos, mientras que la “tolerancia cero” implica adoptar penas proporcionales a los delitos cometidos comenzando por las pequeñas contravenciones, sin dejar ninguna sin sanción.
La tolerancia cero se basa en la tendencia a castigar cualquier infracción reduciendo el tiempo entre el delito cometido y la sanción recibida, pudiendo sintetizarse en dos postulados básicos:
1- Si el responsable de una infracción no es condenado inmediatamente, se le incita a reincidir.
2- Si los responsables de infracciones no son condenados cada vez con toda la severidad permitida por la ley, de forma progresiva pasarán de los pequeños delitos al crimen.
Adviértase que los postulados de la tolerancia cero casi explícitamente manifiestan que tanto el garantismo como el abolicionismo, al aplicar penas mínimas o nulas, convierten a la justicia penal en una promotora directa del delito. Howard Safir, ex jefe de policía de Nueva York relata algunas de sus experiencias aplicando el criterio mencionado: “Para dar una idea de cuánto avanzamos en menos de una década: en 1990, Nueva York, con una población de 7,5 millones de habitantes, tuvo más de 2.200 homicidios”.
“En 1998, luego de haber estado al mando por dos años, hubo sólo 633 homicidios, lo cual significa que en 1998 hubo 1.500 personas transitando tranquilamente por la calle, que en 1990 habrían sido asesinadas”.
“Los policías que sólo recorren las calles respondiendo a la delincuencia y esperando que su presencia lo impida, están perdiendo su tiempo y nuestro dinero; mientras que los oficiales que conocen con profundidad vecindarios y saben dónde, cuándo y cómo se cometen los delitos, pueden tener –y siempre lo han tenido- un efecto sobre la delincuencia. Los «policías conformistas» son de muy poca ayuda en las áreas invadidas por el tráfico de drogas”.
“La habilidad de los oficiales de policía para tener un impacto sobre la delincuencia es algo que los criminólogos –quienes creen que las fluctuaciones de aquélla se deben a motivos sociales y económicos- siempre han refutado. Muchos criminólogos creen que estos problemas rebasan las habilidades de un oficial de policía, o de los organismos de procuración de justicia. En la ciudad de Nueva York demostramos que no es así. Las actividades de la policía sí tienen un impacto considerable sobre la delincuencia, pero el éxito no sólo recae en las cifras de oficiales en la calle, sino en lo que hacen ahí”.
En cuanto al consumo de drogas y su reducción, el citado autor escribió: “Hasta que no se encuentre una manera de reducir exitosamente la demanda, de cortar el suministro de droga reduciendo el tráfico y volviendo su venta un negocio con pérdidas, no se controlará el comercio de estupefacientes”. “Mi trabajo no consistía en perseguir a los traficantes de heroína y cocaína por mar y tierra. Mi objetivo era sacar las drogas de la ciudad de Nueva York”.
“Recobrar las calles y los parques es una cosa, pero mantenerlos es otro reto. Sin un seguimiento eficaz, las ciudades a menudo vuelven a caer en manos de delincuentes. Quizás sea éste el aspecto más frustrante de la prevención delictiva, invertir tiempo y recursos para limpiar un vecindario, sólo para perderlo en cuanto nos retiramos de ahí”.
En cuanto a la penalización de delitos menores y su influencia en la disminución de los mayores, escribió: “En 1993 el promedio de gente que se saltaba los molinetes del metro era de 214.000 por mes –era casi un deporte olímpico-; el mensaje que les estábamos enviando a esos infractores era que si se saltaban un molinete podrían obtener no sólo eso, sino mucho más. Comenzamos por reforzar las leyes de evasión de pasajes, y redujimos el número a cerca de 15.000. No sólo incrementamos los ingresos del metro, sino que también en el año 2000 la delincuencia en este medio de transporte se redujo un 60%. Un ejemplo de trabajo bien hecho para mejorar la calidad de vida fue cuando arrestamos a uno de estos transgresores de molinetes y encontramos una metralleta corta bajo su abrigo. Imaginen si hubiéramos permitido que abordara un vagón del metro lleno” (De “Seguridad”-Grupo Editorial Planeta SAIC-Buenos Aires 2004).
La inimputabilidad de los menores ante delitos cometidos resulta ser también un aliciente que la justicia penal brinda a los jóvenes para iniciarse en el delito. Se mejoraría la situación, en el sentido de la tolerancia cero, si se bajara la edad de la imputabilidad al menos desde los catorce años, en lugar de los dieciséis.
Quienes apoyan el sistema penal garantista y abolicionista, son los sectores que se oponen al sistema capitalista (supuesto culpable de todos los males). Diana Cohen Agrest describe el prontuario de quien estaba libre cuando cometió el asesinato de su propio hijo: “Ezequiel había sido arrancado de la vida brutalmente, y el homicida, tan joven como su víctima, era un delincuente que de no ser por nuestra justicia injusta, debería haber estado encarcelado cuando disparó el horror. Hijo de un policía que habría denunciado el extravío de una de sus armas seis años antes, el asesino ya había sido condenado reiteradamente por el delito de portación de arma de guerra, por portación de arma de uso civil, por encubrimiento agravado, por el delito de robo agravado, por el delito de robo agravado por el uso de arma de fuego en grado de tentativa y por portación ilegal de arma de guerra en concurso real. Esta sucesión de condenas no fue un obstáculo para su libertad” (De “Ausencia perpetua”-Debate-Buenos Aires 2013).
El sistema garantista puede también denominarse como de “persuasión cero” por cuanto hace muy poco por desalentar al delincuente y para encaminarlo por la buena senda. Recién cuando comete un asesinato, es posible que vaya por un tiempo a la cárcel, para conformar a los familiares de la víctima. Aunque, si allí se comporta bien, pronto recuperará su libertad y volverá a asesinar a otros inocentes.
Para entender este proceso, debe tenerse presente una ley natural elemental, y es la que establece que una persona no puede estar en dos lugares distintos al mismo tiempo, es decir, si está encerrado en una cárcel, está imposibilitado de poder asesinar a alguien que camina por una calle alejada de ese establecimiento. Esta es la razón por la cual resulta efectivo el encierro a tiempo, ya que protege la vida de personas decentes mientras que a la vez impide la continuidad de la carrera delictiva del infractor.
Por lo general, los sectores de izquierda y las personas hipócritas tienden a mostrar su "gran amor fraternal" por la humanidad contemplando sólo la vida del delincuente, sin apenas ponerse un poco en el lugar de las víctimas y de sus familiares, que son también personas, y que habrán de sufrir la ausencia de familiares por el resto de sus días.
El hipócrita tampoco tiene en cuenta que el delincuente bajo encierro tiene más posibilidades de revertir su vida si es detenido a tiempo en un lugar correccional. Por el contrario, si recién a los 16 años se lo detiene, ya ha tenido tiempo suficiente de convertirse en un experto delincuente, con menores posibilidades de reorientar su vida.
Cuando se produjo el asesinato de un empleado de una estación de servicio en la ciudad de Rosario, siendo su autor un menor de 15 años, quedó eximido de toda sanción por cuanto la ley argentina protege a los menores de 16 años en estos casos, al considerarlos inimputables, por lo que puede decirse que la ley favorece la delincuencia de los menores de esa edad. La ex candidata presidencial socialista Myriam Bregman escribió al respecto: “El asesino del playero es sólo un niño de 15 años, inocente, victima de un sistema que lo obligó a matar. El Estado debe asegurarle su recuperación social en libertad y bajo el resguardo de sus padres”.
La mencionada política parece desconocer que existe un porcentaje de padres que avalan las actividades delictivas de sus hijos. Además, un adolescente no es un niño y si comete un alevoso crimen no es inocente, mientras que al “sistema” aborrecido por los socialistas no se lo puede acusar de “culpable” a menos que se le tenga un odio extremo a la sociedad que lo admite. Si el Estado le brinda apoyo familiar a tal menor, como una "casa digna", entonces el delincuente recibirá un premio adicional, lo que resulta absurdo para la gente normal.
Cuando un hecho semejante ocurre en un país socialista, como se trata de un país con un sistema “justo”, las cosas cambian y el culpable esta vez será el que delinque. Y si se lo fusila por sus delitos, los socialistas considerarán que esa es la mejor forma de actuar del Estado en beneficio de la sociedad.
La tan publicitada “reinserción social” del delincuente peligroso debe intentarse en condiciones de encierro, a menos que se considere tal reinserción más importante que la vida de muchos inocentes y se sugiera intentarlo en condiciones de libertad, como propone la mencionada dirigente.
Si cometer un delito no tiene consecuencias para el culpable, en cierta forma implica alentar los delitos. Ello se debe a que, en cierta forma, impera un criterio comercial; esto es, si se comete una acción ilegal, el "precio" que se ha de pagar es ir a la cárcel, lo que puede incidir a que no se lo cometa. Pero, si no debe pagarse ningún "costo", no habrá nada que temer y se podrá delinquir tranquilamente.
Esto se advierte en el caso de las multas de tránsito. Si bien tratamos de cumplir con las reglas de tránsito por una cuestión de seguridad personal, en otros casos este cumplimiento se debe al temor a pagar elevadas multas, advirtiéndose un "costo" económico concreto y evidente.
Todo esto resulta bastante claro. Sin embargo, como gran parte de la sociedad está del lado de la protección del delincuente antes que de la persona decente, se aduce que "el encierro en la cárcel no mejora al detenido", faltando poco para que se diga que no debe existir tal encierro, ya que impide la "reinserción social" del delincuente. Por el contrario, pensando en la seguridad de las personas decentes, que son mayoría, puede afirmarse que "el delincuente encerrado no tiene posibilidades de seguir matando inocentes", o cometiendo otros delitos.
La justicia estatal poco hace para evitar delitos, incluso se le prohíbe al policía disparar su arma antes que lo haga el delincuente, debiendo elegir entre desacatar el reglamento e ir a la cárcel o bien perder la vida ante el "victorioso" delincuente que sentirá cierto orgullo por haber matado a un policía.
En la lucha contra el delito se tiene, en un extremo, la denominada “tolerancia cero”, mientras que en el otro extremo se ubica el garantismo (que propone penas mínimas) y el abolicionismo (que propone erradicarlas). De ahí que toda nación mira hacia ambos extremos, aunque necesariamente se orienta hacia uno de ellos.
Debe aclararse que “tolerancia cero” no es lo mismo que “mano dura”, por cuanto con aquélla se han logrado excelentes resultados, mientras que con la última no ha sido así. La mano dura consiste, esencialmente, en aplicar el “ojo por ojo y diente por diente”, llegando el Estado a cometer excesos, mientras que la “tolerancia cero” implica adoptar penas proporcionales a los delitos cometidos comenzando por las pequeñas contravenciones, sin dejar ninguna sin sanción.
La tolerancia cero se basa en la tendencia a castigar cualquier infracción reduciendo el tiempo entre el delito cometido y la sanción recibida, pudiendo sintetizarse en dos postulados básicos:
1- Si el responsable de una infracción no es condenado inmediatamente, se le incita a reincidir.
2- Si los responsables de infracciones no son condenados cada vez con toda la severidad permitida por la ley, de forma progresiva pasarán de los pequeños delitos al crimen.
Adviértase que los postulados de la tolerancia cero casi explícitamente manifiestan que tanto el garantismo como el abolicionismo, al aplicar penas mínimas o nulas, convierten a la justicia penal en una promotora directa del delito. Howard Safir, ex jefe de policía de Nueva York relata algunas de sus experiencias aplicando el criterio mencionado: “Para dar una idea de cuánto avanzamos en menos de una década: en 1990, Nueva York, con una población de 7,5 millones de habitantes, tuvo más de 2.200 homicidios”.
“En 1998, luego de haber estado al mando por dos años, hubo sólo 633 homicidios, lo cual significa que en 1998 hubo 1.500 personas transitando tranquilamente por la calle, que en 1990 habrían sido asesinadas”.
“Los policías que sólo recorren las calles respondiendo a la delincuencia y esperando que su presencia lo impida, están perdiendo su tiempo y nuestro dinero; mientras que los oficiales que conocen con profundidad vecindarios y saben dónde, cuándo y cómo se cometen los delitos, pueden tener –y siempre lo han tenido- un efecto sobre la delincuencia. Los «policías conformistas» son de muy poca ayuda en las áreas invadidas por el tráfico de drogas”.
“La habilidad de los oficiales de policía para tener un impacto sobre la delincuencia es algo que los criminólogos –quienes creen que las fluctuaciones de aquélla se deben a motivos sociales y económicos- siempre han refutado. Muchos criminólogos creen que estos problemas rebasan las habilidades de un oficial de policía, o de los organismos de procuración de justicia. En la ciudad de Nueva York demostramos que no es así. Las actividades de la policía sí tienen un impacto considerable sobre la delincuencia, pero el éxito no sólo recae en las cifras de oficiales en la calle, sino en lo que hacen ahí”.
En cuanto al consumo de drogas y su reducción, el citado autor escribió: “Hasta que no se encuentre una manera de reducir exitosamente la demanda, de cortar el suministro de droga reduciendo el tráfico y volviendo su venta un negocio con pérdidas, no se controlará el comercio de estupefacientes”. “Mi trabajo no consistía en perseguir a los traficantes de heroína y cocaína por mar y tierra. Mi objetivo era sacar las drogas de la ciudad de Nueva York”.
“Recobrar las calles y los parques es una cosa, pero mantenerlos es otro reto. Sin un seguimiento eficaz, las ciudades a menudo vuelven a caer en manos de delincuentes. Quizás sea éste el aspecto más frustrante de la prevención delictiva, invertir tiempo y recursos para limpiar un vecindario, sólo para perderlo en cuanto nos retiramos de ahí”.
En cuanto a la penalización de delitos menores y su influencia en la disminución de los mayores, escribió: “En 1993 el promedio de gente que se saltaba los molinetes del metro era de 214.000 por mes –era casi un deporte olímpico-; el mensaje que les estábamos enviando a esos infractores era que si se saltaban un molinete podrían obtener no sólo eso, sino mucho más. Comenzamos por reforzar las leyes de evasión de pasajes, y redujimos el número a cerca de 15.000. No sólo incrementamos los ingresos del metro, sino que también en el año 2000 la delincuencia en este medio de transporte se redujo un 60%. Un ejemplo de trabajo bien hecho para mejorar la calidad de vida fue cuando arrestamos a uno de estos transgresores de molinetes y encontramos una metralleta corta bajo su abrigo. Imaginen si hubiéramos permitido que abordara un vagón del metro lleno” (De “Seguridad”-Grupo Editorial Planeta SAIC-Buenos Aires 2004).
La inimputabilidad de los menores ante delitos cometidos resulta ser también un aliciente que la justicia penal brinda a los jóvenes para iniciarse en el delito. Se mejoraría la situación, en el sentido de la tolerancia cero, si se bajara la edad de la imputabilidad al menos desde los catorce años, en lugar de los dieciséis.
Quienes apoyan el sistema penal garantista y abolicionista, son los sectores que se oponen al sistema capitalista (supuesto culpable de todos los males). Diana Cohen Agrest describe el prontuario de quien estaba libre cuando cometió el asesinato de su propio hijo: “Ezequiel había sido arrancado de la vida brutalmente, y el homicida, tan joven como su víctima, era un delincuente que de no ser por nuestra justicia injusta, debería haber estado encarcelado cuando disparó el horror. Hijo de un policía que habría denunciado el extravío de una de sus armas seis años antes, el asesino ya había sido condenado reiteradamente por el delito de portación de arma de guerra, por portación de arma de uso civil, por encubrimiento agravado, por el delito de robo agravado, por el delito de robo agravado por el uso de arma de fuego en grado de tentativa y por portación ilegal de arma de guerra en concurso real. Esta sucesión de condenas no fue un obstáculo para su libertad” (De “Ausencia perpetua”-Debate-Buenos Aires 2013).
El sistema garantista puede también denominarse como de “persuasión cero” por cuanto hace muy poco por desalentar al delincuente y para encaminarlo por la buena senda. Recién cuando comete un asesinato, es posible que vaya por un tiempo a la cárcel, para conformar a los familiares de la víctima. Aunque, si allí se comporta bien, pronto recuperará su libertad y volverá a asesinar a otros inocentes.
domingo, 8 de febrero de 2026
Feminismo y psicología de la victimización
El actual movimiento feminista, que se opone a todo lo que representa el varón, como así también la mayor parte de los movimientos políticos de izquierda, basan sus acciones en una ideología cercana a un trastorno psicológico conocido como "psicología de la victimización". De ahí que no busquen tanto la pregonada igualdad, sino que esencialmente buscan revancha por supuestos, o reales, males recibidos en el pasado.
Cuando la victimización establece cierta identidad personal, se necesitan enemigos para sostenerla en el tiempo. La víctima, o quien padece el trastorno de la victimización, se convierte en perseguidora del sector enemigo.
Las feministas de izquierda dicen ser silenciadas pero buscan la cancelación de quienes se opongan o disientan respecto de sus objetivos de venganza social. Dicen buscar igualdad pero en realidad buscan privilegios de grupo. De ahí que esto no sea otra cosa que una simple "ideología de victimización".
No buscan soluciones sino que buscan constituir una victimización perpetua. Si el victimismo es la fuente personal y grupal de poder, abandonar el victimismo implica una amenaza contra la propia existencia. Así, piensan de cada uno que su principal atributo personal es haber sido dañado. Si abandonan su trauma no saben quienes son. Pierden el sentido de sus vidas y sucumben ante el vacío existencial.
Cuando pasan del ámbito individual al colectivo convierten el trauma en un arma política. Si el conflicto se acabara en algún momento, la identidad del movimiento desaparecería. Tratan que el daño nunca cicatrice. Se cambia "lo que a uno le pasó" para convertirse en "quién eres".
La síntesis anterior resume un artículo aparecido en youtube. Se recomienda observarlo:
Buscar como: PSICÓLOGA ANALIZA: FEMINISMO RADICAL Y VICTIMISMO CRÓNICO
De: MENCHU PSICÓLOGA
Cuando la victimización establece cierta identidad personal, se necesitan enemigos para sostenerla en el tiempo. La víctima, o quien padece el trastorno de la victimización, se convierte en perseguidora del sector enemigo.
Las feministas de izquierda dicen ser silenciadas pero buscan la cancelación de quienes se opongan o disientan respecto de sus objetivos de venganza social. Dicen buscar igualdad pero en realidad buscan privilegios de grupo. De ahí que esto no sea otra cosa que una simple "ideología de victimización".
No buscan soluciones sino que buscan constituir una victimización perpetua. Si el victimismo es la fuente personal y grupal de poder, abandonar el victimismo implica una amenaza contra la propia existencia. Así, piensan de cada uno que su principal atributo personal es haber sido dañado. Si abandonan su trauma no saben quienes son. Pierden el sentido de sus vidas y sucumben ante el vacío existencial.
Cuando pasan del ámbito individual al colectivo convierten el trauma en un arma política. Si el conflicto se acabara en algún momento, la identidad del movimiento desaparecería. Tratan que el daño nunca cicatrice. Se cambia "lo que a uno le pasó" para convertirse en "quién eres".
La síntesis anterior resume un artículo aparecido en youtube. Se recomienda observarlo:
Buscar como: PSICÓLOGA ANALIZA: FEMINISMO RADICAL Y VICTIMISMO CRÓNICO
De: MENCHU PSICÓLOGA
Cultura y sociedad de masas
El hombre masa es el que toma como referencia lo que la mayoría dice y lo que la mayoría cree, careciendo de intenciones de pensar por su propia cuenta adoptando la realidad como referencia. Las masas son las preferidas por los agitadores políticos, apuntando a convertirse en directores mentales de gran cantidad de seres humanos, algo completamente opuesto a la idea bíblica del Reino de Dios, es decir, ser gobernados por Dios a través de las leyes naturales a través de los mandamientos éticos. Gustave Le Bon escribió: "Poco aptas para el razonamiento, las multitudes son, por el contrario, muy aptas para la acción. Por su organización actual su fuerza es inmensa. Los dogmas que vemos apuntar tendrán pronto la fuerza de los antiguos dogmas; es decir, la fuerza tiránica y soberana que hace inútil toda discusión y la repugna. El derecho divino de las muchedumbres reemplazará al derecho divino de los reyes" (De "Psicología de las multitudes"-Editorial Albatros-Buenos Aires 1972).
No son solamente los políticos los que pretenden gobernar a las masas, sino también los demás sectores de la sociedad ya que apuntan a ser admitidos por la mayoría de la sociedad, ya sea en el ámbito de la industria, el comercio, la cultura, el arte y el deporte, entre otros. Ello conlleva una posible adaptación generalizada hacia las masas, renunciando al proceso inverso de intentar adaptar al hombre masa hacia niveles culturales superiores.
Fernando Savater, en un resumen de la obra de Theodor Adorno, escribió al respecto: "Adorno fue, sino el primero, por lo menos el más destacado de los pensadores que comenzaron a reflexionar sobre un fenómeno profundamente actual y contemporáneo: los medios de comunicación de masas y las posibilidades que tienen, tanto para lo bueno como para lo malo. De ahí al análisis de la industria cultural había un paso".
"Es verdad que antes la cultura estaba destinada para unos pocos. Solamente el príncipe podía oír música de cámara, la persona pudiente podía tener una gran biblioteca de obras encuadernadas en piel, etc. Hoy todos podemos escuchar a las mejores orquestas con solamente introducir un disco en nuestro reproductor de CD".
"Cualquiera puede tener las obras literarias más importantes en ediciones de bolsillo, y todo esto obviamente supone un progreso, pero también tiene un costo. Adorno entonces estudió qué es lo que se pierde cuando se populariza y se extiende de esta manera extraordinaria la cultura, que está supuestamente al alcance de todos".
"¿No va perdiendo algo del énfasis crítico? ¿No va perdiendo algo de la capacidad rebelde que tuvo en algún momento? Al extenderse, al ponerse al alcance de todos, ¿no se va domesticando y perdiendo toda su crítica de la sociedad y toda su posibilidad de transformación y revolución? Y, por supuesto, los grandes medios de comunicación, que son tan potentes e importantes, lo mismo pueden servir para difundir temas educativos y culturales, o para manipular conciencias e imponer consignas".
En cuanto a la racionalidad moderna, Savater escribió: "Nuestra época se precia de ser fundamentalmente técnica y científica, es decir, profundamente racional. Adorno, junto con Horkheimer, estudió esta racionalidad moderna y concluyó que sí, que los hombres actuales aplicamos la razón, pero sólo en los medios que utilizamos para las cosas, es decir que hay apenas una razón instrumental que analiza cuáles son los mejores medios que hay que buscar para obtener tal o cual fin, los instrumentos técnicos, los científicos, incluso los mecanismos de organización social".
"Todos estos análisis son instrumentales, están muy racionalmente sirviendo a un fin. Pero ¿es racional ese fin? Esa es la pregunta que Adorno y Horkheimer se hacen en su Dialéctica de la Ilustración. Para ambos la Ilustración, el desarrollo intelectual, la crítica, la ciencia, el abandono de la religión y de las supersticiones, crean un orden racional, pero un orden racional solamente centrado en sus instrumentos".
"¿Cuando llega el momento de los fines? ¿Del todo esto para qué? ¿Qué queremos buscar? Eso sigue siendo irracional. Nuestra sociedad ha llevado, por ejemplo, al nazismo y al stalinismo. Fórmulas ambas que no tienen nada de racionales. Los métodos que se emplearon sí lo fueron, instrumentos para tener el poder, el dominio, la manipulación de la gente y de las conciencias. Se trata de métodos racionales, pero todos al servicio de fines profundamente irracionales" (De "La aventura del pensamiento"-Editorial Sudamericana SA-Buenos Aires 2008).
Si bien los autores citados por Savater formaron parte de la Escuela de Frankfurt, grupo de intelectuales de dudosa positividad social, es importante el planteo mencionado. Si bien los errores sociales son observados por todas las tendencias ideológicas, las diferencias surgen respecto de las posibles soluciones a esos males.
No son solamente los políticos los que pretenden gobernar a las masas, sino también los demás sectores de la sociedad ya que apuntan a ser admitidos por la mayoría de la sociedad, ya sea en el ámbito de la industria, el comercio, la cultura, el arte y el deporte, entre otros. Ello conlleva una posible adaptación generalizada hacia las masas, renunciando al proceso inverso de intentar adaptar al hombre masa hacia niveles culturales superiores.
Fernando Savater, en un resumen de la obra de Theodor Adorno, escribió al respecto: "Adorno fue, sino el primero, por lo menos el más destacado de los pensadores que comenzaron a reflexionar sobre un fenómeno profundamente actual y contemporáneo: los medios de comunicación de masas y las posibilidades que tienen, tanto para lo bueno como para lo malo. De ahí al análisis de la industria cultural había un paso".
"Es verdad que antes la cultura estaba destinada para unos pocos. Solamente el príncipe podía oír música de cámara, la persona pudiente podía tener una gran biblioteca de obras encuadernadas en piel, etc. Hoy todos podemos escuchar a las mejores orquestas con solamente introducir un disco en nuestro reproductor de CD".
"Cualquiera puede tener las obras literarias más importantes en ediciones de bolsillo, y todo esto obviamente supone un progreso, pero también tiene un costo. Adorno entonces estudió qué es lo que se pierde cuando se populariza y se extiende de esta manera extraordinaria la cultura, que está supuestamente al alcance de todos".
"¿No va perdiendo algo del énfasis crítico? ¿No va perdiendo algo de la capacidad rebelde que tuvo en algún momento? Al extenderse, al ponerse al alcance de todos, ¿no se va domesticando y perdiendo toda su crítica de la sociedad y toda su posibilidad de transformación y revolución? Y, por supuesto, los grandes medios de comunicación, que son tan potentes e importantes, lo mismo pueden servir para difundir temas educativos y culturales, o para manipular conciencias e imponer consignas".
En cuanto a la racionalidad moderna, Savater escribió: "Nuestra época se precia de ser fundamentalmente técnica y científica, es decir, profundamente racional. Adorno, junto con Horkheimer, estudió esta racionalidad moderna y concluyó que sí, que los hombres actuales aplicamos la razón, pero sólo en los medios que utilizamos para las cosas, es decir que hay apenas una razón instrumental que analiza cuáles son los mejores medios que hay que buscar para obtener tal o cual fin, los instrumentos técnicos, los científicos, incluso los mecanismos de organización social".
"Todos estos análisis son instrumentales, están muy racionalmente sirviendo a un fin. Pero ¿es racional ese fin? Esa es la pregunta que Adorno y Horkheimer se hacen en su Dialéctica de la Ilustración. Para ambos la Ilustración, el desarrollo intelectual, la crítica, la ciencia, el abandono de la religión y de las supersticiones, crean un orden racional, pero un orden racional solamente centrado en sus instrumentos".
"¿Cuando llega el momento de los fines? ¿Del todo esto para qué? ¿Qué queremos buscar? Eso sigue siendo irracional. Nuestra sociedad ha llevado, por ejemplo, al nazismo y al stalinismo. Fórmulas ambas que no tienen nada de racionales. Los métodos que se emplearon sí lo fueron, instrumentos para tener el poder, el dominio, la manipulación de la gente y de las conciencias. Se trata de métodos racionales, pero todos al servicio de fines profundamente irracionales" (De "La aventura del pensamiento"-Editorial Sudamericana SA-Buenos Aires 2008).
Si bien los autores citados por Savater formaron parte de la Escuela de Frankfurt, grupo de intelectuales de dudosa positividad social, es importante el planteo mencionado. Si bien los errores sociales son observados por todas las tendencias ideológicas, las diferencias surgen respecto de las posibles soluciones a esos males.
jueves, 5 de febrero de 2026
La fe en religión y en política
La adopción de la fe, como base del conocimiento religioso, presenta ciertos riesgos por cuanto, mediante la confianza en alguien que dice ser un enviado de Dios, podemos llegar al seguimiento de Cristo o también al de Mahoma, cuyas propuestas son totalmente distintas y opuestas. De ahí que hace falta algo más que la fe ciega e incondicional. Junto a la fe debe existir cierta coherencia lógica tanto en las interpretaciones de los dogmas como en las sugerencias emitidas, como también cierta visión respecto de los resultados que las creencias producen en individuos y sociedades.
Quienes se jactan de tener una fe desligada de la razón y de las evidencias, en cierta forma se convierten en esclavos mentales de otros seres humanos, ya que la esclavitud mental voluntaria es una consecuencia de la negligencia mental. También son culpables de esta situación quienes adoptan la postura de rectores mentales de otros individuos. Miguel de Unamuno escribió: “El verdadero pecado, acaso el pecado contra el Espíritu Santo, que no tiene remisión, es el pecado de herejía, el de pensar por cuenta propia. Ya se ha oído aquí, en nuestra España, que ser liberal, esto es, hereje, es peor que ser asesino, ladrón o adúltero. El pecado más grave es no obedecer a la Iglesia, cuya infalibilidad nos defiende de la razón”.
“¿Y por qué ha de escandalizar la infalibilidad de un hombre, del Papa? ¿Qué más da que sea infalible un libro: la Biblia, una sociedad de hombres: la Iglesia, o un hombre solo? ¿Cambia por eso la dificultad racional de esencia? Y pues no siendo más racional la infalibilidad de un libro o la de una sociedad que la de un hombre solo, había que asentar este supremo escándalo para el racionalismo” (De “Del sentimiento trágico de la vida”-Espasa-Calpe SA-Madrid 1980).
La fe ciega y obsecuente no se observa sólo en el ámbito de la religión sino también en el ámbito de la política, ya que muchos adhieren a ciertas ideologías que les dan sentido a sus vidas, y que, en caso de rechazarlas, implicaría quedar perdidos por la vida sin ninguna orientación. Este es el caso de los totalitarismos, cuyos seguidores se someten voluntariamente a la visión del mundo impuesta por los ideólogos respectivos. Cuando existe diferencia entre teoría y realidad, proceden de inmediato a cambiar la realidad. Por el contrario, el científico auténtico, cuando existe tal diferencia, procede a cambiar la teoría en cuestión.
Las creencias asociadas al mantenimiento de teorías políticas poco compatibles con la realidad, conducen a opiniones inverosímiles. Este es el caso de un terremoto producido en Mendoza en 1985, con muy pocas víctimas pero con gran cantidad de viviendas averiadas. En la actualidad, se advierte la existencia de un importante porcentaje de gente que cree que tal movimiento sísmico fue producido por "una explosión en la precordillera ocasionada por EEUU". Asombra la "elasticidad ideológica" para asociar cualquier acontecimiento negativo al "imperialismo yanqui", ignorando toda opinión de gente especializada y mirando como estúpidos a quienes aceptan las opiniones de científicos, que estarían actuando en complot con el "imperialismo". Carlos Daniel Lasa escribió: "El progresista es, ante todo, un ferviente creyente. Cree que la razón humana es tan perfecta que es capaz de generar una idea que eliminará todo el mal de este mundo. El progresista, en efecto, propicia la existencia de un estado paradisíaco dentro de la misma historia. Y este «mañana» prometedor, gracias a la acción humana orientada por la razón omnipotente, será siempre mejor que el pasado y el presente".
"Abandonada la idea de eternidad, el progresista privilegia la dimensión futura del tiempo. Allí, en lo que «todavía no es» (pero que lo será por obra de la acción humana), el hombre podrá encontrar la satisfacción completa de todas sus exigencias. La razón progresista se considera capaz de generar una idea salvífica que se ejecutará a través de una ingeniería política. Entonces, la felicidad humana, ansiada y definitiva, será posible" (De www.laprensa.com.ar).
Algunos especialistas en materia de política consideran este proceso. Leemos al respecto: "Hasta el año 1500 había verdades inmutables a las que se llegaba a través de la meditación o la interpretación de textos sagrados. Existían también conocimientos sin importancia que se obtenían, casi accidentalmente, y podían permitir la creación de inventos, pero que estaban sujetos al verdadero saber".
"Esa postura subyace en las ciencias sociales y en los políticos precientíficos que suponen que lo importante es tener una ideología o un marco teórico correcto, aunque contradiga a la realidad. Creen en doctrinas infalibles y en poderes mágicos que atribuyen a sus dirigentes, desprecian los números, los descubrimientos y las observaciones porque creen que conducen a verdades superficiales".
"No se pueden contradecir los conceptos de Antonio Gramsci o la doctrina de Lenin con el burdo argumento de que lo que dijeron no existe en la realidad según su análisis empírico o los estudios de opinión. Los conceptos no se pueden refutar desde la realidad concreta porque tienen que ver con teorías duras que son inmutables. Para saber qué hacemos con los youtubers y su impacto en los procesos democráticos debemos interpretar a Aristóteles o a León Trotsky".
"Tratar de entender esos fenómenos aplicando el método científico es degradar la política. Ningún profeta usó porcentajes o números para explicar su verdad, no se pueden reemplazar sus enseñanzas con simples investigaciones" (De "La política en el siglo XXI" de J. Durán Barba y S. Nieto-Debate-Buenos Aires 2017).
Quienes se jactan de tener una fe desligada de la razón y de las evidencias, en cierta forma se convierten en esclavos mentales de otros seres humanos, ya que la esclavitud mental voluntaria es una consecuencia de la negligencia mental. También son culpables de esta situación quienes adoptan la postura de rectores mentales de otros individuos. Miguel de Unamuno escribió: “El verdadero pecado, acaso el pecado contra el Espíritu Santo, que no tiene remisión, es el pecado de herejía, el de pensar por cuenta propia. Ya se ha oído aquí, en nuestra España, que ser liberal, esto es, hereje, es peor que ser asesino, ladrón o adúltero. El pecado más grave es no obedecer a la Iglesia, cuya infalibilidad nos defiende de la razón”.
“¿Y por qué ha de escandalizar la infalibilidad de un hombre, del Papa? ¿Qué más da que sea infalible un libro: la Biblia, una sociedad de hombres: la Iglesia, o un hombre solo? ¿Cambia por eso la dificultad racional de esencia? Y pues no siendo más racional la infalibilidad de un libro o la de una sociedad que la de un hombre solo, había que asentar este supremo escándalo para el racionalismo” (De “Del sentimiento trágico de la vida”-Espasa-Calpe SA-Madrid 1980).
La fe ciega y obsecuente no se observa sólo en el ámbito de la religión sino también en el ámbito de la política, ya que muchos adhieren a ciertas ideologías que les dan sentido a sus vidas, y que, en caso de rechazarlas, implicaría quedar perdidos por la vida sin ninguna orientación. Este es el caso de los totalitarismos, cuyos seguidores se someten voluntariamente a la visión del mundo impuesta por los ideólogos respectivos. Cuando existe diferencia entre teoría y realidad, proceden de inmediato a cambiar la realidad. Por el contrario, el científico auténtico, cuando existe tal diferencia, procede a cambiar la teoría en cuestión.
Las creencias asociadas al mantenimiento de teorías políticas poco compatibles con la realidad, conducen a opiniones inverosímiles. Este es el caso de un terremoto producido en Mendoza en 1985, con muy pocas víctimas pero con gran cantidad de viviendas averiadas. En la actualidad, se advierte la existencia de un importante porcentaje de gente que cree que tal movimiento sísmico fue producido por "una explosión en la precordillera ocasionada por EEUU". Asombra la "elasticidad ideológica" para asociar cualquier acontecimiento negativo al "imperialismo yanqui", ignorando toda opinión de gente especializada y mirando como estúpidos a quienes aceptan las opiniones de científicos, que estarían actuando en complot con el "imperialismo". Carlos Daniel Lasa escribió: "El progresista es, ante todo, un ferviente creyente. Cree que la razón humana es tan perfecta que es capaz de generar una idea que eliminará todo el mal de este mundo. El progresista, en efecto, propicia la existencia de un estado paradisíaco dentro de la misma historia. Y este «mañana» prometedor, gracias a la acción humana orientada por la razón omnipotente, será siempre mejor que el pasado y el presente".
"Abandonada la idea de eternidad, el progresista privilegia la dimensión futura del tiempo. Allí, en lo que «todavía no es» (pero que lo será por obra de la acción humana), el hombre podrá encontrar la satisfacción completa de todas sus exigencias. La razón progresista se considera capaz de generar una idea salvífica que se ejecutará a través de una ingeniería política. Entonces, la felicidad humana, ansiada y definitiva, será posible" (De www.laprensa.com.ar).
Algunos especialistas en materia de política consideran este proceso. Leemos al respecto: "Hasta el año 1500 había verdades inmutables a las que se llegaba a través de la meditación o la interpretación de textos sagrados. Existían también conocimientos sin importancia que se obtenían, casi accidentalmente, y podían permitir la creación de inventos, pero que estaban sujetos al verdadero saber".
"Esa postura subyace en las ciencias sociales y en los políticos precientíficos que suponen que lo importante es tener una ideología o un marco teórico correcto, aunque contradiga a la realidad. Creen en doctrinas infalibles y en poderes mágicos que atribuyen a sus dirigentes, desprecian los números, los descubrimientos y las observaciones porque creen que conducen a verdades superficiales".
"No se pueden contradecir los conceptos de Antonio Gramsci o la doctrina de Lenin con el burdo argumento de que lo que dijeron no existe en la realidad según su análisis empírico o los estudios de opinión. Los conceptos no se pueden refutar desde la realidad concreta porque tienen que ver con teorías duras que son inmutables. Para saber qué hacemos con los youtubers y su impacto en los procesos democráticos debemos interpretar a Aristóteles o a León Trotsky".
"Tratar de entender esos fenómenos aplicando el método científico es degradar la política. Ningún profeta usó porcentajes o números para explicar su verdad, no se pueden reemplazar sus enseñanzas con simples investigaciones" (De "La política en el siglo XXI" de J. Durán Barba y S. Nieto-Debate-Buenos Aires 2017).
domingo, 1 de febrero de 2026
Desde Gramsci a la Teoría crítica y al wokismo
El marxismo original describe a la sociedad capitalista como una organización social constituida por una infraestructura económica y una superestructura cultural. Se supone que tal superestructura cultural sirve para mantener vigente la infraestructura económica. Para cambiar este tipo de organización social, Marx cree que es necesario cambiar, vía revolucionaria, la infraestructura económica, o economía capitalista, reemplazádola por una economía socialista.
A partir de Antonio Gramsci, se supone que, para combatir y destruir la sociedad capitalista, debe primeramente prestarse atención a la superestructura cultural en lugar de intentar la revolución violenta para cambiar primeramente la infraestructura económica. Este es el proceso que prevalecerá en adelante con el objetivo siempre presente de destruir la sociedad capitalista o democrática.
La Teoría crítica, derivada de la Escuela de Frankfurt, se presenta como una continuidad de la postura de Gramsci. Finalmente, el proceso destructor se "perfecciona" mediante el denominado wokismo. En todos estos casos se observan solamente las limitaciones o los defectos visibles de las sociedades democráticas, pero se combate incluso hasta las bases de lo conocido como "cultura o civilización occidental", a la cual se acusa de promover todo tipo de dominaciones con las consiguientes exclusiones sociales.
En el ámbito de la sociología, toda nueva teoría que se presente debería intentar una mejora social que llegara a todos los integrantes de la sociedad. Sin embargo, la mayor parte de las teorías neomarxistas apuntan hacia una finalidad destructiva. George Ritzer escribió: "La mayor parte de la Teoría crítica ha fracasado totalmente en su intento de integrar teoría y práctica. De hecho, una de las críticas más famosas que se dirigen a la Teoría crítica es que adopta formas de expresión tan complejas que las masas no pueden acceder a ella. Además, comprometida con el estudio de la cultura y la superestructura, aborda una serie de cuestiones sumamente esotéricas y apenas se ocupa de las preocupaciones pragmáticas y cotidianas de la mayoría de las personas" (De "Teoría sociológica contemporánea"-McGraw Hill Interamericana de España SA-Madrid 1993).
Cuando se habla en forma positiva de las sociedades democráticas o de la cultura occidental, no implica que no se adviertan las serias deficiencias que se observan cotidianamente. Debe tenerse presente que la base ideológica greco-romana-judeo-cristiana requiere de una previa adaptación a nivel individual y, aún cuando se acepte plenamente dicha base cultural, si no se cumplen con los requisitos, o "mandamientos", inherentes a ella, las crisis y la decadencia vendrán en forma inevitable. De ahí que no debería abandonarse la base cultural occidental para ser reemplazada por alguna variante del marxismo o bien por el Islam.
La Teoría crítica tiende a combatir todo lo que sea "dominación", ya que observa "dominaciones" por todas partes, y a pesar de buscar la propia dominación mental sobre la mayor parte de la población del planeta. Ritzer escribió: "Se hizo evidente que la Unión Soviética, a pesar de su economía socialista, era una sociedad tan opresora, incluso en la era de la perestroika, como la sociedad capitalista. Como las dos sociedades tenían economías diferentes, los pensadores críticos debían buscar en otro lugar la principal fuente de la opresión, y comenzaron a buscarla en la cultura".
"A los aspectos de las preocupaciones de la Escuela de Frankfurt -la racionalidad, la industria de la cultura y la industria del conocimiento- pueden añadirse otros temas, de entre los que destaca el interés por la ideología. Los pensadores críticos entienden por ideología los sistemas de ideas producidos por las élites sociales que suelen ser falsos y cegadores. Todos estos aspectos específicos de la superestructura y la orientación que les dio la Escuela crítica pueden incluirse bajo el encabezamiento «crítica a la dominación»".
Mientras que Marx promovía la violencia revolucionaria en los proletarios del siglo XIX, con la esperanza de que de ellos surgiera la "mano de obra" revolucionaria, para los ideólogos de la Teoría crítica serán las universidades las que deberán cambiar las ideas y creencias de toda sociedad. Es oportuno señalar que los teóricos críticos se lamentaban que las universidades de algunas décadas atrás gozaran de cierta libertad intelectual, de ahí el trabajo de infiltración posterior. George Ritzer agrega: "La Escuela crítica también se interesa por lo que ella denomina la «industria del conocimiento», que hace referencia a las entidades relativas a la producción del conocimiento (por ejemplo, las universidades y los institutos de investigación), que han pasado a ser estructuras autónomas de nuestra sociedad. Su autonomía les ha permitido extender su mandato original. Se han convertido en estructuras opresoras interesadas en extender su influencia por toda la sociedad".
Puede decirse que, si antes las universidades eran "opresoras" ante los críticos, ahora se han convertido en "destructoras" de la sociedad, ya que todo lo que implique marxismo predica alguna forma de odio entre sectores, lo que impide la unión de seres humanos y la formación de una sociedad verdaderamente humana.
Sigue Ritzer: "El análisis crítico de Marx del capitalismo le llevó a confiar en el futuro; sin embargo, la postura que llegan a adoptar muchos teóricos críticos carece de esperanzas. Creen que los problemas del mundo moderno no son específicos del capitalismo, sino que son endémicos de un mundo racionalizado, incluyendo las sociedades socialistas. Ven el futuro, en términos weberianos, como una «jaula de hierro» llena de estructuras cada vez más racionales donde las posibilidades de escapar disminuyen a medida que pasa el tiempo".
"Una buena parte de la Teoría crítica (como el grueso de la teoría general de Marx) adopta la forma de análisis crítico. Aunque los teóricos críticos manifiestan también intereses positivos, una de las críticas fundamentales dirigida a la Teoría crítica es que ofrece más críticas que contribuciones positivas. Este permanente negativismo exaspera a muchos estudiosos que creen que la Teoría crítica tiene poco que ofrecer a la teoría sociológica".
A partir de Antonio Gramsci, se supone que, para combatir y destruir la sociedad capitalista, debe primeramente prestarse atención a la superestructura cultural en lugar de intentar la revolución violenta para cambiar primeramente la infraestructura económica. Este es el proceso que prevalecerá en adelante con el objetivo siempre presente de destruir la sociedad capitalista o democrática.
La Teoría crítica, derivada de la Escuela de Frankfurt, se presenta como una continuidad de la postura de Gramsci. Finalmente, el proceso destructor se "perfecciona" mediante el denominado wokismo. En todos estos casos se observan solamente las limitaciones o los defectos visibles de las sociedades democráticas, pero se combate incluso hasta las bases de lo conocido como "cultura o civilización occidental", a la cual se acusa de promover todo tipo de dominaciones con las consiguientes exclusiones sociales.
En el ámbito de la sociología, toda nueva teoría que se presente debería intentar una mejora social que llegara a todos los integrantes de la sociedad. Sin embargo, la mayor parte de las teorías neomarxistas apuntan hacia una finalidad destructiva. George Ritzer escribió: "La mayor parte de la Teoría crítica ha fracasado totalmente en su intento de integrar teoría y práctica. De hecho, una de las críticas más famosas que se dirigen a la Teoría crítica es que adopta formas de expresión tan complejas que las masas no pueden acceder a ella. Además, comprometida con el estudio de la cultura y la superestructura, aborda una serie de cuestiones sumamente esotéricas y apenas se ocupa de las preocupaciones pragmáticas y cotidianas de la mayoría de las personas" (De "Teoría sociológica contemporánea"-McGraw Hill Interamericana de España SA-Madrid 1993).
Cuando se habla en forma positiva de las sociedades democráticas o de la cultura occidental, no implica que no se adviertan las serias deficiencias que se observan cotidianamente. Debe tenerse presente que la base ideológica greco-romana-judeo-cristiana requiere de una previa adaptación a nivel individual y, aún cuando se acepte plenamente dicha base cultural, si no se cumplen con los requisitos, o "mandamientos", inherentes a ella, las crisis y la decadencia vendrán en forma inevitable. De ahí que no debería abandonarse la base cultural occidental para ser reemplazada por alguna variante del marxismo o bien por el Islam.
La Teoría crítica tiende a combatir todo lo que sea "dominación", ya que observa "dominaciones" por todas partes, y a pesar de buscar la propia dominación mental sobre la mayor parte de la población del planeta. Ritzer escribió: "Se hizo evidente que la Unión Soviética, a pesar de su economía socialista, era una sociedad tan opresora, incluso en la era de la perestroika, como la sociedad capitalista. Como las dos sociedades tenían economías diferentes, los pensadores críticos debían buscar en otro lugar la principal fuente de la opresión, y comenzaron a buscarla en la cultura".
"A los aspectos de las preocupaciones de la Escuela de Frankfurt -la racionalidad, la industria de la cultura y la industria del conocimiento- pueden añadirse otros temas, de entre los que destaca el interés por la ideología. Los pensadores críticos entienden por ideología los sistemas de ideas producidos por las élites sociales que suelen ser falsos y cegadores. Todos estos aspectos específicos de la superestructura y la orientación que les dio la Escuela crítica pueden incluirse bajo el encabezamiento «crítica a la dominación»".
Mientras que Marx promovía la violencia revolucionaria en los proletarios del siglo XIX, con la esperanza de que de ellos surgiera la "mano de obra" revolucionaria, para los ideólogos de la Teoría crítica serán las universidades las que deberán cambiar las ideas y creencias de toda sociedad. Es oportuno señalar que los teóricos críticos se lamentaban que las universidades de algunas décadas atrás gozaran de cierta libertad intelectual, de ahí el trabajo de infiltración posterior. George Ritzer agrega: "La Escuela crítica también se interesa por lo que ella denomina la «industria del conocimiento», que hace referencia a las entidades relativas a la producción del conocimiento (por ejemplo, las universidades y los institutos de investigación), que han pasado a ser estructuras autónomas de nuestra sociedad. Su autonomía les ha permitido extender su mandato original. Se han convertido en estructuras opresoras interesadas en extender su influencia por toda la sociedad".
Puede decirse que, si antes las universidades eran "opresoras" ante los críticos, ahora se han convertido en "destructoras" de la sociedad, ya que todo lo que implique marxismo predica alguna forma de odio entre sectores, lo que impide la unión de seres humanos y la formación de una sociedad verdaderamente humana.
Sigue Ritzer: "El análisis crítico de Marx del capitalismo le llevó a confiar en el futuro; sin embargo, la postura que llegan a adoptar muchos teóricos críticos carece de esperanzas. Creen que los problemas del mundo moderno no son específicos del capitalismo, sino que son endémicos de un mundo racionalizado, incluyendo las sociedades socialistas. Ven el futuro, en términos weberianos, como una «jaula de hierro» llena de estructuras cada vez más racionales donde las posibilidades de escapar disminuyen a medida que pasa el tiempo".
"Una buena parte de la Teoría crítica (como el grueso de la teoría general de Marx) adopta la forma de análisis crítico. Aunque los teóricos críticos manifiestan también intereses positivos, una de las críticas fundamentales dirigida a la Teoría crítica es que ofrece más críticas que contribuciones positivas. Este permanente negativismo exaspera a muchos estudiosos que creen que la Teoría crítica tiene poco que ofrecer a la teoría sociológica".
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