Por Diana Cohen Agrest
El mundo árabe fue el centro cultural que irradiaba su saber a Europa; ¿cómo fue posible el declive de una civilización donde florecieron el álgebra, la literatura, la medicina, la astronomía?
Uno de los más célebres intelectuales de la posguerra en Alemania que, en su adolescencia, había sido expulsado de las Juventudes Hitlerianas, evocó este raro privilegio señalando: “No valgo para camarada. No soy capaz de alinearme”. Tal vez ese fracaso de Hans Magnus Enzensberger gestó su opúsculo publicado en 2006, El perdedor radical. Ensayo sobre los hombres del terror, aludiendo a quienes buscan la destrucción del otro y su autodestrucción.
Enzesberger cita la experiencia histórica alemana cuando, perdedores tras la ofensa narcisista infligida por la derrota de 1918 y el Tratado de Versalles, “amplios sectores de la población se veían a sí mismos como perdedores. La mayoría de los alemanes buscaban a los culpables entre los demás. Los vencedores de entonces, la conspiración mundial capitalista-bolchevique y, sobre todo, ¡cómo no!, el judaísmo, eterno chivo expiatorio”.
Desde entonces, continúa este profético ensayo escrito hace ya un quindenio, el único movimiento dispuesto a la violencia, y con capacidad de actuar globalmente, es el islamismo radical (el cual debe ser distinguido de la comunidad árabe, pues “no todos los musulmanes son árabes, no todos los árabes son perdedores, ni todos los perdedores son radicales”, replica anticipadamente el autor ante la posible objeción de cometer la falacia de la generalización).
Este movimiento fue anticipado por las guerrillas amparadas tras el mote de “organizaciones de liberación”, y a las que los medios solían llamar “rebeldes”, eufemismo romántico que aludió a un centenar de organizaciones terroristas, desde Sendero Luminoso hasta las FARC, desde IRA y ETA hasta el ERP de nuestros “jóvenes idealistas”. Consagrados a explotar ideológicamente conflictos nacionales o étnicos, ninguno de estos grupos pudo seguir el paso de la globalización.
La innovación del terrorismo islámico es que, en lugar de depender de un Politburó central, se expande en redes. En “El populacho de los piadosos”, un artículo publicado por el periódico Die Welt en 2006, Wolfang Sofsky calculaba que el ejército yihadista militante constaba de siete millones de miembros, guarismo hoy superado por una expansión demográfica producida por la práctica de la poligamia, a la que se suman los europeos conversos al islamismo radical que se alistan en sus filas.
Pese a sus invocaciones ancestrales y gracias a sus petrodólares, todos los instrumentos del terror (la comunicación satelital, los explosivos, los aviones), son hijos de la cultura a la cual combaten. Y aunque Marx, Lenin, Mao, Gramsci fueron suplantados por ciertas interpretaciones del Corán y el proletariado mundial por ciertas formas de la comunidad musulmana, muy pocos de ellos provienen de un entorno ortodoxo. Según un estudio del Foreign Policy Research Institute norteamericano publicado por el Scientific American en 2006, de los cuatrocientos militantes registrados de Al Qaeda, el 63% había cursado el bachillerato y el 75% provenía de clases medioaltas, al igual de quienes integraban las guerrillas. Sin embargo, a diferencia de sus antecesores, el islamismo es un movimiento apolítico porque sus reclamos no son negociables: el falsamente poético “del río al mar” es un eufemismo de la destrucción del Estado de Israel, sin acuerdo posible.
Ocho siglos atrás, el mundo árabe fue el centro cultural que irradiaba su saber a Europa. Esa época selló en la memoria colectiva árabe una suerte de utopía retrospectiva, pues a partir de entonces, el declive se aceleró. A diferencia de los chinos, los indios y los coreanos que también fueron saqueados por potencias extranjeras y se recuperaron, hoy el mundo árabe atribuye su precaria situación a Estados Unidos, al colonialismo y a los judíos. El interrogante es: ¿cómo fue posible el declive de la civilización árabe, donde florecieron el álgebra, la literatura, la medicina, la astronomía?
En Tiempo sellado. Sobre el inmovilismo del mundo islámico, publicado en Berlín en 2005, Dan Diner se interroga por las causas endógenas de ese declive. El autor parte de la decadencia del capital intelectual de las sociedades árabes. Y cita el rechazo de la invención de la imprenta por parte de los jurisconsultos islámicos desde el siglo XV, quienes invocaban que no podía haber otro libro que el Corán. Ese mandato condujo a que la primera imprenta de libros en árabe se creara 300 años más tarde y que el número de traducciones de otras lenguas publicadas desde hace doce siglos equivalieran a la producción editorial anual en España. En cuanto al progreso tecnológico, un autor iraquí sugirió: “Si en siglo XVIII un árabe hubiera inventado la máquina de vapor, nunca se habría fabricado”, corroborado por la pobre estadística de patentes hasta hoy.
Las autopistas, los barcos de vapor, los puertos y puentes, el abastecimiento de gas y electricidad, los servicios de comunicaciones y los transportes públicos fueron creados y construidos por compañías europeas. Incluso los Estados petroleros son incapaces de explotar sus propios recursos sin la adquisición de tecnología, de geólogos e ingenieros, de flotas de buques cisternas y de refinerías provenientes de Occidente.
Los profesionales calificados locales abandonan la región. Según el Arab Human Development Report, entre 1976 y 2006 se produjo una fuga de cerebros que cercenó toda posibilidad de crecimiento autóctono: el 23% de los ingenieros, el 50% de los médicos y el 15% de los científicos emigraron. También dependen de la mano de obra extranjera: el gobierno autoriza a cada qatarí el empleo de migrantes en condiciones laborales abusivas, tal como mostró el Mundial de Qatar. Observaba Enzesberger que “tanta riqueza es una maldición, pues les recuerda constantemente su dependencia” de los infieles. El Corán ordena pegarles a las mujeres desobedientes y los musulmanes radicales lo hacen. Pero el problema no es del libro sagrado, sino de que el derecho familiar, sucesorio y penal de la sharía continúe vigente en la mayoría de los países árabes.
Pese a ese escenario retrógrado, el feminismo radical occidental silencia las violaciones de mujeres acaecidas en la invasión de Hamás y la progresía occidental defiende lo indefendible, a costa de traicionar la dignidad humana y los ideales igualitarios legados por la Ilustración y erróneamente proyectados en una cultura teocrática regulada por otra escala de valores. Asociados a un sentimiento de inferioridad, esos valores arcaicos condujeron a que los “infieles” deban ser injuriados porque su único propósito, a juicio de los islamistas radicales, es humillarlos. Y se los obedece: el mundo puso el grito en el cielo tras la matanza de Charlie Hebdo, pero pasó por alto un dibujo publicado en el Arab News saudí en abril de 2002 que caricaturizaba al entonces primer ministro de Israel, Ariel Sharon, con un hacha en forma de esvástica sacrificando a niños palestinos.
El 7 de octubre de 2023, la “muerte a los infieles” se encarnó en terroristas que, desde Gaza, invadieron Israel en parapentes motorizados. Terroristas desprovistos de ese halo heroico que se suele atribuir a quienes se inmolan con un cinturón de municiones. Fue un ataque sorpresa que, sin embargo, no sorprende: los “guerreros de Dios” matan en los trenes de Atocha, en negocios de barrio… Pero “los infieles” somos muchos más. Es inevitable evocar al pastor luterano Martin Niemöller (1892-1984), quien sentenció: “Primero vinieron por los socialistas, y yo no dije nada, porque yo no era socialista…. Luego vinieron por mí, y no quedó nadie para hablar por mí”. Los “guerreros de Dios” vinieron por Israel. De ahora en más, vendrán por Occidente.
(De www.lanacion.com.ar)
lunes, 12 de febrero de 2024
domingo, 11 de febrero de 2024
La "variable oculta" de las ciencias sociales
En la física del micromundo (atómico y nuclear), algunos científicos confían en la existencia de "variables ocultas" que podrían retrotraer la causalidad a nivel de las partículas individuales en lugar de la causalidad probabilísta que gobierna las leyes conocidas de la mecánica cuántica. En las ciencias sociales, en forma similar, puede hablarse de una "variable oculta", o mejor, una variable ignorada que daría sentido al conocimiento que disponemos actualmente del mundo social e individual, siendo materializada por la actitud moral de cada individuo y de toda sociedad, esta vez en forma de actitud predominante.
Entre las principales causas de este abandono aparece el relativismo moral, mediante el cual se rechaza la existencia de toda posible moral objetiva. Si no existe tal cosa, los promotores de tal postura no tienen “nada que ofrecer” a cada ser humano en cuanto una posible orientación en la vida, por lo cual se propone que cada uno se las arregle como pueda.
Otro de los inconvenientes es el obstruccionismo surgido de aquellas instituciones cristianas que, para llegar a la actitud cooperativa implícita en los mandamientos bíblicos, ofrecen al creyente un camino similar al ofrecido al participante de la carrera de 400 metros con vallas, es decir, los misterios, simbologías y tradiciones ocultan casi totalmente la respuesta ética prioritaria que constituye el espíritu de la religión moral.
También los especialismos conducen a tal rechazo; así, el político cree que todos los problemas sociales se habrán de corregir con las leyes humanas emanas del Congreso, el economista confía en que se podrán corregir a partir de la economía, el educador a partir de la educación, pero no de aquella educación que priorice al “Amarás al prójimo como a ti mismo”, o compartirás las penas y las alegrías ajenas como propias, sino en base al igualitarismo social o económico u otras alternativas.
En cuanto a la variable oculta mencionada, o ignorada, resulta ser completamente accesible al conocimiento elemental, y consiste en establecer una comparación entre la predisposición a compartir penas y alegrías ajenas (actitud cooperativa) y otras actitudes o predisposiciones diferentes:
Nivel moral (individual o social) = Actitud cooperativa – Actitud real
Cuando la actitud real de un individuo, o la actitud predominante de un grupo, igualan a la actitud cooperativa, la diferencia ha de ser nula, siendo ese caso el ideal. A mayor discrepancia, menor será el nivel moral del individuo o de la sociedad (también se asocia una mayor diferencia como medida de una menor adaptación al orden natural y al orden social). En este caso, se ha definido el nivel moral en forma negativa, de la misma manera en que se define a veces el nivel de salud individual o social como una diferencia entre la normalidad física y el estado real de la persona, siendo el ideal la diferencia nula. A menor enfermedad, mayor salud.
La actitud cooperativa queda incluida en el proceso de la empatía emocional, resultando accesible a la observación directa de la realidad y siendo fundamentada en neurociencia a través de las neuronas espejo. Posiblemente, y a través de la Psicología Social, este proceso pueda llegar a tener la importancia que alguna vez tuvo en la religión bíblica.
Entre las principales causas de este abandono aparece el relativismo moral, mediante el cual se rechaza la existencia de toda posible moral objetiva. Si no existe tal cosa, los promotores de tal postura no tienen “nada que ofrecer” a cada ser humano en cuanto una posible orientación en la vida, por lo cual se propone que cada uno se las arregle como pueda.
Otro de los inconvenientes es el obstruccionismo surgido de aquellas instituciones cristianas que, para llegar a la actitud cooperativa implícita en los mandamientos bíblicos, ofrecen al creyente un camino similar al ofrecido al participante de la carrera de 400 metros con vallas, es decir, los misterios, simbologías y tradiciones ocultan casi totalmente la respuesta ética prioritaria que constituye el espíritu de la religión moral.
También los especialismos conducen a tal rechazo; así, el político cree que todos los problemas sociales se habrán de corregir con las leyes humanas emanas del Congreso, el economista confía en que se podrán corregir a partir de la economía, el educador a partir de la educación, pero no de aquella educación que priorice al “Amarás al prójimo como a ti mismo”, o compartirás las penas y las alegrías ajenas como propias, sino en base al igualitarismo social o económico u otras alternativas.
En cuanto a la variable oculta mencionada, o ignorada, resulta ser completamente accesible al conocimiento elemental, y consiste en establecer una comparación entre la predisposición a compartir penas y alegrías ajenas (actitud cooperativa) y otras actitudes o predisposiciones diferentes:
Nivel moral (individual o social) = Actitud cooperativa – Actitud real
Cuando la actitud real de un individuo, o la actitud predominante de un grupo, igualan a la actitud cooperativa, la diferencia ha de ser nula, siendo ese caso el ideal. A mayor discrepancia, menor será el nivel moral del individuo o de la sociedad (también se asocia una mayor diferencia como medida de una menor adaptación al orden natural y al orden social). En este caso, se ha definido el nivel moral en forma negativa, de la misma manera en que se define a veces el nivel de salud individual o social como una diferencia entre la normalidad física y el estado real de la persona, siendo el ideal la diferencia nula. A menor enfermedad, mayor salud.
La actitud cooperativa queda incluida en el proceso de la empatía emocional, resultando accesible a la observación directa de la realidad y siendo fundamentada en neurociencia a través de las neuronas espejo. Posiblemente, y a través de la Psicología Social, este proceso pueda llegar a tener la importancia que alguna vez tuvo en la religión bíblica.
viernes, 9 de febrero de 2024
El imperdonable éxito ajeno
En cierta oportunidad, Astor Piazzola expresó: “Para un argentino no hay nada peor que otro argentino con éxito”. Esta expresión podría extenderse a otras latitudes sin perder validez. Lionel Messi es un ejemplo de éxito deportivo y, por lo tanto, es de esperar que “no haya algo peor” que este deportista ante las mentes envidiosas que abundan a nivel internacional.
Es fácil advertir, en redes sociales, que, entre un 20 o 30% de los lectores, contestarán con el símbolo de la risa, o la burla, ante una expresión favorable a Messi. Algunos lo califican de “el hormonado”, debido a que de niño necesitó un tratamiento especial ante un problema de crecimiento. Pero consideran que tal tratamiento es una ventaja ilegal, que posee ante sus rivales que no se “drogan”.
Ante un porcentaje de envidiosos como el estimado previamente, tampoco es de extrañar que personajes históricos, como el Gral. José de San Martín, sean descalificados de alguna manera por esos sectores. Como se dijo, para algunos el éxito ajeno es algo imposible de aceptar y se inventarán hipótesis de lo más disparatadas con tal de convertir el éxito ajeno en una mentira o en una inexactitud histórica. En el caso de San Martín se dice que no realizó su campaña libertadora para beneficiar a su patria de nacimiento, y de otras vecinas, sino que lo hizo por cuestiones económicas que beneficiaban a Gran Bretaña, y cosas por el estilo. De esa manera perdería toda la grandeza que le atribuye la mayoría de los historiadores.
El sector envidioso, de manera similar, tiende a cambiar el fracaso de sus personajes admirados por un éxito que no es tal. De ahí que tampoco uno deba sorprenderse por el hecho de que los sectores socialistas consideran un éxito a la URSS, Cuba o Venezuela; la realidad es lo de menos.
A continuación se transcribe un artículo en el que se describen algunos contratiempos que afrontó el Gral. San Martín durante su vida, ya que en todo lugar y en toda época, los personajes destacados tendrán fuerte oposición. Recordemos que personajes históricos destacados como Sócrates, Cristo, Séneca, Cicerón y Gandhi, fueron condenados a muerte por aquellos a quienes pretendieron educar.
LA ´PRIMERA´ MUERTE DE SAN MARTÍN
Por Gabriel Camilli
El 10 de febrero de 1824, el General San Martin y su hija Mercedes, de siete años y medio, se embarcaban en Buenos Aires en el barco Le Bayonnais, con rumbo a Europa, al no serle propicias las circunstancias políticas por las que atravesaba la Argentina y, especialmente, Buenos Aires. Con el mayor dolor en su corazón por la muerte de su esposa y por la ingratitud de los pueblos que él libertó, se fue de su Argentina amada.
Se despidió de América en silencio, su partida no estuvo acompañada de palabras resonantes, fuesen de amargura o de autoelogio; se fue estoico, orgulloso y desinteresado, como un gran soldado y con gran personalidad.
En ocasión de repatriar, los restos mortales de nuestro Libertador, en mayo de 1880, el entonces Presidente de la Nación, el Dr. Nicolás Avellaneda, supo decir: “Los Pueblos que olvidan sus tradiciones pierden la conciencia de sus destinos y los que se apoyan en sus tumbas gloriosas son los que mejor preparan su porvenir”. Proféticas y muy certeras palabras que hoy nos interpelan con una fuerza arrolladora. Pero también queremos llamar las cosas por su nombre.
LAS RAZONES
Debemos tener conciencia de por qué se fue el Padre de la Patria. El propio General San Martín, el 28 de julio de 1821 en Lima, había dicho: “Al Americano Libre corresponde trasmitir a sus hijos la gloria de los que contribuyeron a la restauración de sus derechos”; claro mandato con una absoluta e incuestionable autoridad moral.
Más tarde, en 1910 se le encargó a la ilustre pluma de Don Leopoldo Lugones una frase contenedora para toda la Argentina sin que nadie quedara excluido: “La justicia con los muertos, especialmente los ilustres, que es el más alto deber de todo ciudadano de bien, consiste, sobre todo, en librarlos del olvido y ponerlos en acto”.
Hoy queremos ayudar a librar del olvido y la confusión esta importante y dolorosa partida del Libertador San Martín ocurrida hace 200 años y que seguramente hoy este país confundido no recordará.
El mismo General nos dejaba esta profunda reflexión, para aclarar tantas versiones actuales injuriosas al Padre de la Patria, que se escriben con total desparpajo y sin conocimientos sólidos y veraces. Sus palabras ayudan a comprender por qué se fue San Martin en 1824. “Sé que la Logia (dice San Martin) nunca me perdonó mi conducta, pero aún tengo la conciencia de que obré en el interés de la revolución de América; y de que, si hubiese ido a Buenos Aires, la campaña del Perú no habría tenido lugar, ni la guerra de la Independencia habría terminado tan pronto” (Cf. Cuccorese, Horacio, Catolicismo y masonería. Precisiones históricas a la luz de los documentos, Fundación Mater Dei, Buenos Aires, 1993).
Notables palabras de este gran estadista que vio siempre en grande la política americana. No desenvainó la espada para pelear luchas entre hermanos. Visto desde las fuentes y no desde la interpretación de confusos biógrafos, el General San Martin no provocó ninguna tormenta interna, como lo acusan sus enemigos de antaño y los actuales.
Como nos relata el Coronel Santiago Rospide en su reciente libro ‘El sueño frustrado de San Martin’: “Era la envidia que generaba la sola figura de este hombre superior que tantos celos y enconos provocó en el partido liberal, principal obstáculo a su política independentista. Aunque la historia lo silencia y oculta, nosotros nos vimos en la obligación de refrescar a nuestros lectores las pruebas -otros lo han hecho en mejores tiempos- y por eso escribimos para desagraviar las calumnias y persecuciones cometidas contra su persona. En diciembre de 1823 después de su estadía en Mendoza el Gran Capitán regresó a Buenos Aires. Estanislao López le había advertido que lo querían detener -por eso le ofreció una escolta- y someter a juicio sumarísimo en un consejo de guerra, justamente por haber desatado esa ´tempestad´ de la que lo acusaban falsamente, al no haber querido repasar Los Andes para sumarse a las luchas internas que desangraron a los argentinos allá por 1820. Querían prender como a un delincuente al hombre que hizo un gran bien. Por un lado, lograba alejar la presencia enemiga de su patria con sus campañas militares y por el otro, evitaba derramar sangre de hermanos en una guerra que los unitarios desataron y que se prolongó hasta llegar al del fusilamiento de Dorrego”.
Pero la historia y los historiadores honestos nos enseñan que si alguna “tormenta” debemos recordar, es la que tiene a Bernardino Rivadavia y sus acólitos como protagonistas. A Rivadavia debemos recordarlo no como un gran estadista que sabe calmar tempestades políticas sino como el origen de las tempestades y calamidades de la historia argentina. Esos enemigos expulsaron a San Martin en 1824. Cuando nadie preveía algo tan bochornoso, allí estuvo Rivadavia. Y también después del triunfo de la Guerra contra el Brasil, allí nuevamente estaba Rivadavia para desencadenar la gran tormenta que culminó en el fusilamiento de Dorrego y en el inicio de las guerras civiles.
EL ARQUETIPO
La “vida” de San Martin terminaba, pero empezaba la vida del arquetipo. “Antes de derribar a don Quijote sobre la arena de la playa de Barcelona, el bachiller Sansón Carrasco (disfrazado para la ocasión de Caballero de la Blanca Luna) fija expresamente las reglas del desafío. Si don Quijote resulta vencido tendrá que retirarse en su aldea durante un año; vencido, pero antes tendrá que declarar que Dulcinea del Toboso no es la dama más hermosa del orbe. Haciéndolo abjurar de la dama de sus pensamientos, Sansón Carrasco pretende, en realidad, que el retiro de don Quijote sea definitivo; pues un caballero que dimite de su causa se convierte en un hombre sin misión. Pero, una vez derribado y a merced de su vencedor, con la lanza apuntando a su garganta, don Quijote, ´como si hablara dentro de una tumba, con voz debilitada y enferma´, se niega a renegar de su amada: ´Dulcinea del Toboso es la más hermosa mujer del mundo -afirma- , y yo el más desdichado caballero de la tierra, y no es bien que mi flaqueza defraude esta verdad.
Aprieta, caballero, la lanza, y quítame la vida, pues me has quitado la honra´. Don Quijote se ha entregado a Dulcinea sin condiciones, sin pedir nada a cambio, sin hacer depender su lealtad de que Dulcinea le corresponda. ¿Por qué habría de depender, pues, la grandeza de Dulcinea de la flaqueza de su brazo? No es la fortaleza de don Quijote la que ha encumbrado a Dulcinea como la más hermosa dama del orbe, no es la opinión cambiante de los hombres lo que cambia la sustancia de la verdad. La lealtad de don Quijote a Dulcinea no se ha inmutado ni siquiera cuando la ha visto convertida en una zafia labradora; así que tampoco se inmutará cuando la lanza del Caballero de la Blanca Luna le aprieta la gorja. Y es tan hermosa la determinación de don Quijote que hasta el bellaco de Sansón Carrasco se rinde ante ella: ´Viva, viva en su entereza la fama de la hermosura de la señora Dulcinea del Toboso, que sólo me contento con que el gran don Quijote se retire a su lugar un año´” (Juan Manuel de Prada, Enmienda a la totalidad).
Con ese capítulo final terminaba Don Quijote de la Mancha. Pero empezaba la vida del arquetipo Quijote que todavía vive, pese a nuestros tiempos tan poco heroicos, tan poco nobles. Y no sólo vive todavía Quijote sino que parece que ya no habrá de morir.
Como hemos dicho en otras ocasiones, con el General José de San Martín pasa otro tanto. Él tuvo entre nosotros dos nacimientos y varias muertes. Nació en Yapeyú en 1778 pero volvió a nacer para su Patria en 1812, cuando ya era teniente coronel de caballería y se disponía a luchar por la independencia. Y fueron varias sus "muertes", siempre rodeado por la incomprensión y la envidia de varios de sus compatriotas. Así, murió por primera vez para la Patria cuando partió al exilio voluntario en 1824. Y volvió a morir unos pocos años después, en 1829, cuando su frustrado regreso lo devolvió otra vez a Europa.
DOSCIENTOS AÑOS
Volvemos al legado de San Martín en palabras de uno de sus mejores intérpretes el querido Mayor de Infantería Don José Antonioni quien en la Escuela Superior de Guerra Conjunta nos decía: “Es hora de cumplir acabadamente con este mandato imperioso nuestro Padre de la Patria, haciendo lo que debemos, sin falsas excusas, sin esperar condiciones ideales, en una siembra constante, haciendo el bien a cada paso de nuestros quehaceres, en la realidad actual de nuestra Nación, por difícil que sea. Es hora de conocer y reconocer ésta grandeza sanmartiniana, para después vivirla y practicarla, trasmitiéndola. Un antiguo, pero muy valioso y verdadero refrán popular, dice: ‘es de bien nacidos, ser agradecidos’. Cómo podemos agradecer esta Patria y sus dones, adquiridos con inmensos sacrificios, del Gran Capitán y de sus seguidores, de todas las edades, de todas condiciones: con una conducta digna, permanente, comprometida con el Bien Común, haciendo lo que debemos, aquí y ahora. Así debemos mostrar nuestra gratitud, en plenitud, en nuestros quehaceres, sean cuales fueran; es época de sembrar, de sembrar dignidad agradecida y especialmente activa”.
Con ese ejemplo desde el Instituto Elevan-Estudios y Legado en valores nacionales- intentamos hacerlo formando a todos los hombres y mujeres que deseen penetrar en el espíritu y valor de San Martín y renovados en nuestra reciente Gesta Patriótica en y por Malvinas. A través de nuestra Diplomatura en Liderazgo Sanmartiniano para el Siglo XXI, al San Martin que hace 200 años algunos argentinos quisieron expulsar queremos repatriarlo, nuevamente, para que permanezca por siempre entre nosotros.
(De www.laprensa.com.ar)
Es fácil advertir, en redes sociales, que, entre un 20 o 30% de los lectores, contestarán con el símbolo de la risa, o la burla, ante una expresión favorable a Messi. Algunos lo califican de “el hormonado”, debido a que de niño necesitó un tratamiento especial ante un problema de crecimiento. Pero consideran que tal tratamiento es una ventaja ilegal, que posee ante sus rivales que no se “drogan”.
Ante un porcentaje de envidiosos como el estimado previamente, tampoco es de extrañar que personajes históricos, como el Gral. José de San Martín, sean descalificados de alguna manera por esos sectores. Como se dijo, para algunos el éxito ajeno es algo imposible de aceptar y se inventarán hipótesis de lo más disparatadas con tal de convertir el éxito ajeno en una mentira o en una inexactitud histórica. En el caso de San Martín se dice que no realizó su campaña libertadora para beneficiar a su patria de nacimiento, y de otras vecinas, sino que lo hizo por cuestiones económicas que beneficiaban a Gran Bretaña, y cosas por el estilo. De esa manera perdería toda la grandeza que le atribuye la mayoría de los historiadores.
El sector envidioso, de manera similar, tiende a cambiar el fracaso de sus personajes admirados por un éxito que no es tal. De ahí que tampoco uno deba sorprenderse por el hecho de que los sectores socialistas consideran un éxito a la URSS, Cuba o Venezuela; la realidad es lo de menos.
A continuación se transcribe un artículo en el que se describen algunos contratiempos que afrontó el Gral. San Martín durante su vida, ya que en todo lugar y en toda época, los personajes destacados tendrán fuerte oposición. Recordemos que personajes históricos destacados como Sócrates, Cristo, Séneca, Cicerón y Gandhi, fueron condenados a muerte por aquellos a quienes pretendieron educar.
LA ´PRIMERA´ MUERTE DE SAN MARTÍN
Por Gabriel Camilli
El 10 de febrero de 1824, el General San Martin y su hija Mercedes, de siete años y medio, se embarcaban en Buenos Aires en el barco Le Bayonnais, con rumbo a Europa, al no serle propicias las circunstancias políticas por las que atravesaba la Argentina y, especialmente, Buenos Aires. Con el mayor dolor en su corazón por la muerte de su esposa y por la ingratitud de los pueblos que él libertó, se fue de su Argentina amada.
Se despidió de América en silencio, su partida no estuvo acompañada de palabras resonantes, fuesen de amargura o de autoelogio; se fue estoico, orgulloso y desinteresado, como un gran soldado y con gran personalidad.
En ocasión de repatriar, los restos mortales de nuestro Libertador, en mayo de 1880, el entonces Presidente de la Nación, el Dr. Nicolás Avellaneda, supo decir: “Los Pueblos que olvidan sus tradiciones pierden la conciencia de sus destinos y los que se apoyan en sus tumbas gloriosas son los que mejor preparan su porvenir”. Proféticas y muy certeras palabras que hoy nos interpelan con una fuerza arrolladora. Pero también queremos llamar las cosas por su nombre.
LAS RAZONES
Debemos tener conciencia de por qué se fue el Padre de la Patria. El propio General San Martín, el 28 de julio de 1821 en Lima, había dicho: “Al Americano Libre corresponde trasmitir a sus hijos la gloria de los que contribuyeron a la restauración de sus derechos”; claro mandato con una absoluta e incuestionable autoridad moral.
Más tarde, en 1910 se le encargó a la ilustre pluma de Don Leopoldo Lugones una frase contenedora para toda la Argentina sin que nadie quedara excluido: “La justicia con los muertos, especialmente los ilustres, que es el más alto deber de todo ciudadano de bien, consiste, sobre todo, en librarlos del olvido y ponerlos en acto”.
Hoy queremos ayudar a librar del olvido y la confusión esta importante y dolorosa partida del Libertador San Martín ocurrida hace 200 años y que seguramente hoy este país confundido no recordará.
El mismo General nos dejaba esta profunda reflexión, para aclarar tantas versiones actuales injuriosas al Padre de la Patria, que se escriben con total desparpajo y sin conocimientos sólidos y veraces. Sus palabras ayudan a comprender por qué se fue San Martin en 1824. “Sé que la Logia (dice San Martin) nunca me perdonó mi conducta, pero aún tengo la conciencia de que obré en el interés de la revolución de América; y de que, si hubiese ido a Buenos Aires, la campaña del Perú no habría tenido lugar, ni la guerra de la Independencia habría terminado tan pronto” (Cf. Cuccorese, Horacio, Catolicismo y masonería. Precisiones históricas a la luz de los documentos, Fundación Mater Dei, Buenos Aires, 1993).
Notables palabras de este gran estadista que vio siempre en grande la política americana. No desenvainó la espada para pelear luchas entre hermanos. Visto desde las fuentes y no desde la interpretación de confusos biógrafos, el General San Martin no provocó ninguna tormenta interna, como lo acusan sus enemigos de antaño y los actuales.
Como nos relata el Coronel Santiago Rospide en su reciente libro ‘El sueño frustrado de San Martin’: “Era la envidia que generaba la sola figura de este hombre superior que tantos celos y enconos provocó en el partido liberal, principal obstáculo a su política independentista. Aunque la historia lo silencia y oculta, nosotros nos vimos en la obligación de refrescar a nuestros lectores las pruebas -otros lo han hecho en mejores tiempos- y por eso escribimos para desagraviar las calumnias y persecuciones cometidas contra su persona. En diciembre de 1823 después de su estadía en Mendoza el Gran Capitán regresó a Buenos Aires. Estanislao López le había advertido que lo querían detener -por eso le ofreció una escolta- y someter a juicio sumarísimo en un consejo de guerra, justamente por haber desatado esa ´tempestad´ de la que lo acusaban falsamente, al no haber querido repasar Los Andes para sumarse a las luchas internas que desangraron a los argentinos allá por 1820. Querían prender como a un delincuente al hombre que hizo un gran bien. Por un lado, lograba alejar la presencia enemiga de su patria con sus campañas militares y por el otro, evitaba derramar sangre de hermanos en una guerra que los unitarios desataron y que se prolongó hasta llegar al del fusilamiento de Dorrego”.
Pero la historia y los historiadores honestos nos enseñan que si alguna “tormenta” debemos recordar, es la que tiene a Bernardino Rivadavia y sus acólitos como protagonistas. A Rivadavia debemos recordarlo no como un gran estadista que sabe calmar tempestades políticas sino como el origen de las tempestades y calamidades de la historia argentina. Esos enemigos expulsaron a San Martin en 1824. Cuando nadie preveía algo tan bochornoso, allí estuvo Rivadavia. Y también después del triunfo de la Guerra contra el Brasil, allí nuevamente estaba Rivadavia para desencadenar la gran tormenta que culminó en el fusilamiento de Dorrego y en el inicio de las guerras civiles.
EL ARQUETIPO
La “vida” de San Martin terminaba, pero empezaba la vida del arquetipo. “Antes de derribar a don Quijote sobre la arena de la playa de Barcelona, el bachiller Sansón Carrasco (disfrazado para la ocasión de Caballero de la Blanca Luna) fija expresamente las reglas del desafío. Si don Quijote resulta vencido tendrá que retirarse en su aldea durante un año; vencido, pero antes tendrá que declarar que Dulcinea del Toboso no es la dama más hermosa del orbe. Haciéndolo abjurar de la dama de sus pensamientos, Sansón Carrasco pretende, en realidad, que el retiro de don Quijote sea definitivo; pues un caballero que dimite de su causa se convierte en un hombre sin misión. Pero, una vez derribado y a merced de su vencedor, con la lanza apuntando a su garganta, don Quijote, ´como si hablara dentro de una tumba, con voz debilitada y enferma´, se niega a renegar de su amada: ´Dulcinea del Toboso es la más hermosa mujer del mundo -afirma- , y yo el más desdichado caballero de la tierra, y no es bien que mi flaqueza defraude esta verdad.
Aprieta, caballero, la lanza, y quítame la vida, pues me has quitado la honra´. Don Quijote se ha entregado a Dulcinea sin condiciones, sin pedir nada a cambio, sin hacer depender su lealtad de que Dulcinea le corresponda. ¿Por qué habría de depender, pues, la grandeza de Dulcinea de la flaqueza de su brazo? No es la fortaleza de don Quijote la que ha encumbrado a Dulcinea como la más hermosa dama del orbe, no es la opinión cambiante de los hombres lo que cambia la sustancia de la verdad. La lealtad de don Quijote a Dulcinea no se ha inmutado ni siquiera cuando la ha visto convertida en una zafia labradora; así que tampoco se inmutará cuando la lanza del Caballero de la Blanca Luna le aprieta la gorja. Y es tan hermosa la determinación de don Quijote que hasta el bellaco de Sansón Carrasco se rinde ante ella: ´Viva, viva en su entereza la fama de la hermosura de la señora Dulcinea del Toboso, que sólo me contento con que el gran don Quijote se retire a su lugar un año´” (Juan Manuel de Prada, Enmienda a la totalidad).
Con ese capítulo final terminaba Don Quijote de la Mancha. Pero empezaba la vida del arquetipo Quijote que todavía vive, pese a nuestros tiempos tan poco heroicos, tan poco nobles. Y no sólo vive todavía Quijote sino que parece que ya no habrá de morir.
Como hemos dicho en otras ocasiones, con el General José de San Martín pasa otro tanto. Él tuvo entre nosotros dos nacimientos y varias muertes. Nació en Yapeyú en 1778 pero volvió a nacer para su Patria en 1812, cuando ya era teniente coronel de caballería y se disponía a luchar por la independencia. Y fueron varias sus "muertes", siempre rodeado por la incomprensión y la envidia de varios de sus compatriotas. Así, murió por primera vez para la Patria cuando partió al exilio voluntario en 1824. Y volvió a morir unos pocos años después, en 1829, cuando su frustrado regreso lo devolvió otra vez a Europa.
DOSCIENTOS AÑOS
Volvemos al legado de San Martín en palabras de uno de sus mejores intérpretes el querido Mayor de Infantería Don José Antonioni quien en la Escuela Superior de Guerra Conjunta nos decía: “Es hora de cumplir acabadamente con este mandato imperioso nuestro Padre de la Patria, haciendo lo que debemos, sin falsas excusas, sin esperar condiciones ideales, en una siembra constante, haciendo el bien a cada paso de nuestros quehaceres, en la realidad actual de nuestra Nación, por difícil que sea. Es hora de conocer y reconocer ésta grandeza sanmartiniana, para después vivirla y practicarla, trasmitiéndola. Un antiguo, pero muy valioso y verdadero refrán popular, dice: ‘es de bien nacidos, ser agradecidos’. Cómo podemos agradecer esta Patria y sus dones, adquiridos con inmensos sacrificios, del Gran Capitán y de sus seguidores, de todas las edades, de todas condiciones: con una conducta digna, permanente, comprometida con el Bien Común, haciendo lo que debemos, aquí y ahora. Así debemos mostrar nuestra gratitud, en plenitud, en nuestros quehaceres, sean cuales fueran; es época de sembrar, de sembrar dignidad agradecida y especialmente activa”.
Con ese ejemplo desde el Instituto Elevan-Estudios y Legado en valores nacionales- intentamos hacerlo formando a todos los hombres y mujeres que deseen penetrar en el espíritu y valor de San Martín y renovados en nuestra reciente Gesta Patriótica en y por Malvinas. A través de nuestra Diplomatura en Liderazgo Sanmartiniano para el Siglo XXI, al San Martin que hace 200 años algunos argentinos quisieron expulsar queremos repatriarlo, nuevamente, para que permanezca por siempre entre nosotros.
(De www.laprensa.com.ar)
lunes, 5 de febrero de 2024
ERP + Montoneros = 4380 bombas + .....
Alguna vez alguien expresó: "Si hay guerra, es porque la gente quiere que haya guerra". En forma similar, puede decirse: "Si en la Argentina hubo terrorismo marxista, es porque la gente así lo quiso". Esta predisposición favorable al terrorismo, por parte de los sectores políticos de izquierda, se advierte en la persistente crítica a la represión ilegal de las Fuerzas Armadas junto al silencio cómplice y reivindicativo de los atentados y secuestros cometidos por la guerrilla de los años 70.
Los "jóvenes idealistas" que "asesinaban con dignidad" (según el actor Gerardo Romano) cometieron unos 4.380 atentados con bombas, además de otros ataques y atentados, con 1.094 asesinatos en total. Sin embargo, la gente no tuvo inconvenientes en votar a muchos de ellos como candidatos e integrantes del kirchnerismo. Así nos fue.
De manera ilustrativa se reproduce la descripción de uno de los atentados que hubo en la época referida:
A 47 AÑOS DE UN ATROZ ATENTADO CON EXPLOSIVOS DEL ERP
Por Eduardo Jorge Arcuri
El pasado 28 de enero se cumplieron 47 años del trágico atentado terrorista contra la comisaría de Tres de Febrero 2ª. Ciudadela, Bs. As., llevado a cabo el 28 de enero de 1977 a las 19:20. En esa oportunidad yo cumplía la finalización de mi servicio como Ayudante de Guardia y, próximo a mi relevo, vi ingresar a Juana Silvia Charur, vecina e hija del presidente de la Asociación Cooperadora de nuestra Comisaría.
Basándose en esa confianza familiar con la que se la trataba por ser colaboradora e hija de nuestro amigo contribuyente, Juana Charur logró esquivar la vigilancia de los dos policías que estaban en la puerta de acceso y, sin que se le revisaran los tres bolsos de cuerina marrón que colgaban de sus brazos, pidió entrevistar al jefe de la dependencia. Su argumento fue agradecer la asistencia prestada por nuestro médico policial -el Dr. Rossi- ante una emergencia médica que el día anterior había sufrido su padre mientras estaba en su domicilio.
Nadie sospechó de su artero plan porque desconocíamos que militaba en una organización guerrillera del ERP avalada por Montoneros. Sus cómplices debieron haberla usado para que, aprovechando la familiaridad con la que se la trataba en la seccional, pudiera cometer un atentado de magnitud para conseguir el ascenso al «grado de combatiente».
De este modo pudo ingresar a la dependencia con sus tres bolsos que, luego habríamos de saber, contenían ocho kg de explosivos de alto poder. Al ser atendida por el comisario, dejó los bolsos sobre la mesita ratona de su despacho y la vi salir presurosa, por lo que al preguntarle qué le pasaba, justificó haberse olvidado los cigarrillos en el negocio de su padre que quedaba a la vuelta de la comisaría y que enseguida regresaría.
Hasta ese momento nada había hecho suponer que instantes después, habría de volar el edificio de la comisaría y los edificios colindantes, causando las muertes del comisario Carlos Alberto Benítez, el subcomisario Ricardo Lorenzo Bonnani y el agente César Landaida, en tanto los demás policías y vecinos civiles que sobrevivimos, fuimos rescatados de entre los escombros con nuestras ropas desgarradas, diferentes grados de fracturas y lesiones sangrantes.
La llegada de nuestros compañeros de la guardia entrante, junto a los bomberos, las ambulancias y algunos otros vecinos, ayudaron a que los heridos fuéramos atendidos y derivados al hospital Ramón Carrillo de Ciudadela, en tanto el edificio de la comisaría como las casas vecinas quedaron derruidas.
HOMENAJES
Desde entonces, cada 28 de enero a las 19:20, rindo homenaje a los muertos y heridos policiales y civiles de aquel día.
En sus nombres, reclamo que seamos también considerados por los mismos organismos de derechos humanos que avalan y reconocen las consignas de “Memoria, Verdad, Justicia y Resarcimiento”. No sería más que lo mismo que reciben aquellos a quienes, además, con el pretexto de un romanticismo revolucionario, con el pretexto de ser considerados «jóvenes idealistas», jamás se los inculpó por los actos criminales que perpetraron desde períodos de gobierno democrático.
Considero que en aquellos años se cometieron muchos errores fatales, si bien los poderes de la democracia pretendieron restaurar la justicia, estos no fueron de igual consideración para ambos bandos. Fuimos muchos los miembros de las FF. AA. y FF. SS. que actuamos con vocación de servicio dentro del marco legal que rigen los códigos de procedimientos, sin que por ello se nos deba considerar responsables a la par de quienes sí los pudieron haber transgredidos.
Estas son las injusticias que me rebelan y las que pretendo poner de manifiesto en esta nota. Yo, como testigo presencial, insisto en contar los hechos tal como sucedieron, sin permitir que la mentira política que se ha instalado como un credo fundamentalista sirva a muchos para seguir usufructuando un papel de víctima. Un papel que representan, no solo para obtener un provecho económico, sino también para evitar ser juzgados, para no aparecer ante la opinión pública como los dogmáticos victimarios que fueron, y los verdaderos devastadores de una sociedad indefensa. Un papel que ciertos dirigentes, con prepotencia autocrática, supieron utilizar para conseguir espurios réditos políticos.
(De www.laprensa.com.ar)
Los "jóvenes idealistas" que "asesinaban con dignidad" (según el actor Gerardo Romano) cometieron unos 4.380 atentados con bombas, además de otros ataques y atentados, con 1.094 asesinatos en total. Sin embargo, la gente no tuvo inconvenientes en votar a muchos de ellos como candidatos e integrantes del kirchnerismo. Así nos fue.
De manera ilustrativa se reproduce la descripción de uno de los atentados que hubo en la época referida:
A 47 AÑOS DE UN ATROZ ATENTADO CON EXPLOSIVOS DEL ERP
Por Eduardo Jorge Arcuri
El pasado 28 de enero se cumplieron 47 años del trágico atentado terrorista contra la comisaría de Tres de Febrero 2ª. Ciudadela, Bs. As., llevado a cabo el 28 de enero de 1977 a las 19:20. En esa oportunidad yo cumplía la finalización de mi servicio como Ayudante de Guardia y, próximo a mi relevo, vi ingresar a Juana Silvia Charur, vecina e hija del presidente de la Asociación Cooperadora de nuestra Comisaría.
Basándose en esa confianza familiar con la que se la trataba por ser colaboradora e hija de nuestro amigo contribuyente, Juana Charur logró esquivar la vigilancia de los dos policías que estaban en la puerta de acceso y, sin que se le revisaran los tres bolsos de cuerina marrón que colgaban de sus brazos, pidió entrevistar al jefe de la dependencia. Su argumento fue agradecer la asistencia prestada por nuestro médico policial -el Dr. Rossi- ante una emergencia médica que el día anterior había sufrido su padre mientras estaba en su domicilio.
Nadie sospechó de su artero plan porque desconocíamos que militaba en una organización guerrillera del ERP avalada por Montoneros. Sus cómplices debieron haberla usado para que, aprovechando la familiaridad con la que se la trataba en la seccional, pudiera cometer un atentado de magnitud para conseguir el ascenso al «grado de combatiente».
De este modo pudo ingresar a la dependencia con sus tres bolsos que, luego habríamos de saber, contenían ocho kg de explosivos de alto poder. Al ser atendida por el comisario, dejó los bolsos sobre la mesita ratona de su despacho y la vi salir presurosa, por lo que al preguntarle qué le pasaba, justificó haberse olvidado los cigarrillos en el negocio de su padre que quedaba a la vuelta de la comisaría y que enseguida regresaría.
Hasta ese momento nada había hecho suponer que instantes después, habría de volar el edificio de la comisaría y los edificios colindantes, causando las muertes del comisario Carlos Alberto Benítez, el subcomisario Ricardo Lorenzo Bonnani y el agente César Landaida, en tanto los demás policías y vecinos civiles que sobrevivimos, fuimos rescatados de entre los escombros con nuestras ropas desgarradas, diferentes grados de fracturas y lesiones sangrantes.
La llegada de nuestros compañeros de la guardia entrante, junto a los bomberos, las ambulancias y algunos otros vecinos, ayudaron a que los heridos fuéramos atendidos y derivados al hospital Ramón Carrillo de Ciudadela, en tanto el edificio de la comisaría como las casas vecinas quedaron derruidas.
HOMENAJES
Desde entonces, cada 28 de enero a las 19:20, rindo homenaje a los muertos y heridos policiales y civiles de aquel día.
En sus nombres, reclamo que seamos también considerados por los mismos organismos de derechos humanos que avalan y reconocen las consignas de “Memoria, Verdad, Justicia y Resarcimiento”. No sería más que lo mismo que reciben aquellos a quienes, además, con el pretexto de un romanticismo revolucionario, con el pretexto de ser considerados «jóvenes idealistas», jamás se los inculpó por los actos criminales que perpetraron desde períodos de gobierno democrático.
Considero que en aquellos años se cometieron muchos errores fatales, si bien los poderes de la democracia pretendieron restaurar la justicia, estos no fueron de igual consideración para ambos bandos. Fuimos muchos los miembros de las FF. AA. y FF. SS. que actuamos con vocación de servicio dentro del marco legal que rigen los códigos de procedimientos, sin que por ello se nos deba considerar responsables a la par de quienes sí los pudieron haber transgredidos.
Estas son las injusticias que me rebelan y las que pretendo poner de manifiesto en esta nota. Yo, como testigo presencial, insisto en contar los hechos tal como sucedieron, sin permitir que la mentira política que se ha instalado como un credo fundamentalista sirva a muchos para seguir usufructuando un papel de víctima. Un papel que representan, no solo para obtener un provecho económico, sino también para evitar ser juzgados, para no aparecer ante la opinión pública como los dogmáticos victimarios que fueron, y los verdaderos devastadores de una sociedad indefensa. Un papel que ciertos dirigentes, con prepotencia autocrática, supieron utilizar para conseguir espurios réditos políticos.
(De www.laprensa.com.ar)
domingo, 4 de febrero de 2024
Juzgar desde arriba vs. Juzgar desde abajo
Las diversas críticas que surgen respecto de una persona, de un país, de un sistema económico, etc., pueden clasificarse, entre otras formas, como provenientes de personas que observan la realidad “desde arriba”, por una parte, y “desde abajo”, por otra parte, con una transición gradual entre ambos extremos.
En el primer caso se trataría de opiniones emitidas por personas que adoptan como referencia la propia realidad, a partir de una visión amplia, buscando solucionar situaciones mediante una actitud de cooperación social. En el segundo caso se trataría de opiniones emitidas por personas que adoptan como referencia la opinión de otras personas o bien de lo que dice y piensa la mayoría, con una actitud que apunta a la destrucción de lo bueno y a la reafirmación de lo malo. Desde lo alto implica criticar al pecado y luego al pecador; desde lo bajo implica criticar al pecador con la intención de destruirlo.
Desde los Evangelios se promueve llegar al extremo de “amar al enemigo”, implicando un mensaje que proviene “desde arriba”, en el sentido indicado, cuando el ser humano ha adoptado una actitud favorable a la cooperación social, intuyendo que existe una justicia natural, o divina, que hace innecesaria al existencia de todo tipo de venganza o de violencia, aun cuando previamente se la reciba en forma injustificada.
Esta sugerencia bíblica carece totalmente de sentido para quienes transitan por la vida motivados por el odio, además de excluir la posible existencia de una justicia natural, por lo cual suponen acertada y justa toda venganza, especialmente la descalificación y difamación del enemigo. El odio, como siempre, va asociado a la mentira.
Cuando se habla de los EEUU, desde arriba puede advertirse una gran nación con ciertas debilidades, como ocurre con todos los países reales. De ahí que se haya lamentado la pérdida de numerosas vidas durante los atentados islámicos a las torres de Nueva York. Desde abajo, por el contrario, un gran porcentaje de gente afirmó “haber festejado” esas muertes, o bien convalidó al siniestro personaje que realizó públicamente tal afirmación.
Adviértase que, “desde abajo”, consideran que la opinión “desde arriba”, acerca de los atentados mencionados, les permmite ubicar en un mismo bando al que lamenta las muertes con el sector enemigo; de esa manera aumenta el número de personas a quienes destinar la producción cotidiana de veneno emocional. De ahí que resulta pura ilusión esperar que la izquierda política emita alguna forma de arrepentimiento por los más de mil asesinatos cometidos por la guerrilla de los años setenta.
Mientras que los familiares de las víctimas de ERP y Montoneros, nunca han promovido en las nuevas generaciones actitudes de venganza contra los terroristas, evitando destruirles la vida ante la posibilidad de ser portadores de un odio siempre presente, los familiares de los terroristas, por el contrario, se encargaron de mantener encendido el odio al enemigo, en lugar de explicarles que quienes iniciaron la etapa de las matanzas fueron los ideólogos izquierdistas que sembraron el odio en todo ámbito social.
Como sugirió Nietzsche, “no se odia más que al igual o al superior”. De ahí que la actitud “desde arriba”, respecto de personas odiosas que se comportan emocionalmente como un perro rabioso, está exenta de odio, aunque sí de temor y de repugnancia. Los ideólogos de izquierda, por el contrario, se dedicaron a transformar personas normales hasta denigrarlos en perros rabiosos, tal el caso de Rodolfo Walsh, ideólogo del mayor atentado hasta ese momento: una bomba en el comedor de la Policía Federal.
Adviértase el grado de decadencia nacional cuando, desde la Capital Federal de la República, se decide homenajear al ideólogo de tal atentado colocando su nombre a una estación del subterráneo. Así como en algunos países islámicos se homenajea a los terroristas que matan judíos, en la Argentina se homenajea a quienes promovieron atentados contra individuos pertenecientes a la propia sociedad.
Es oportuno mencionar la opinión de la hija de uno de los intelectuales asesinados por la guerrilla marxista de los años 70, al hacer referencia a la actitud de su padre (Jordan Bruno Genta) ante la espera de su pronto asesinato. María Lilia Genta de Caponnetto escribió: “La posibilidad cierta de la muerte violenta no le surgió ni por extrañas visiones ni por dones de adivino. Las amenazas llegaban por teléfono, todos los sábados a las 11 de la mañana (por lo menos aquellas de las que tuvimos noticia, porque varias veces atendieron el teléfono mi madre o la empleada)”.
“Jamás, por otra parte, alardeó de esa persecución, tomando de ella ocasión para ensoberbecerse o presumir de fuerte. Innumerables veces incluso, le oímos poner en duda su propio comportamiento cuando llegara el momento crucial. Transcribo exactamente: «Siempre le ruego a Dios que si cumplen la amenaza me maten pero no me secuestren. Tengo conciencia de mi bajo umbral al dolor. Me dolería mucho hacer un mal papel en ese trance, no por mí, sino por la doctrina que represento»”.
“Su estilo frente a la muerte viene a ser la «versión criolla» de un Tomás Moro (quien se defendió con todo el peso de su rango) o el de José Antonio: «la vida no es una bengala para quemarla en fuegos de artificio», o «nunca es alegre morir a mi edad»”.
“Admiraba sí, aun en el adversario, el temple ante la tortura (por comentarios por ejemplo cuando los montoneros publicaron el relato de la muerte de Aramburu), pero no creo que nadie le haya escuchado postularse como mártir, o pedir aquella muerte”.
“Frente a las amenazas tomó la misma actitud que ante otras cruces o pruebas de su vida: aceptación confiada, fidelidad y disponibilidad a la suprema Voluntad de Dios” (De “El asalto terrorista al poder” de Jordan Bruno Genta-Editorial Santiago Apóstol-Buenos Aires 1999)
En el primer caso se trataría de opiniones emitidas por personas que adoptan como referencia la propia realidad, a partir de una visión amplia, buscando solucionar situaciones mediante una actitud de cooperación social. En el segundo caso se trataría de opiniones emitidas por personas que adoptan como referencia la opinión de otras personas o bien de lo que dice y piensa la mayoría, con una actitud que apunta a la destrucción de lo bueno y a la reafirmación de lo malo. Desde lo alto implica criticar al pecado y luego al pecador; desde lo bajo implica criticar al pecador con la intención de destruirlo.
Desde los Evangelios se promueve llegar al extremo de “amar al enemigo”, implicando un mensaje que proviene “desde arriba”, en el sentido indicado, cuando el ser humano ha adoptado una actitud favorable a la cooperación social, intuyendo que existe una justicia natural, o divina, que hace innecesaria al existencia de todo tipo de venganza o de violencia, aun cuando previamente se la reciba en forma injustificada.
Esta sugerencia bíblica carece totalmente de sentido para quienes transitan por la vida motivados por el odio, además de excluir la posible existencia de una justicia natural, por lo cual suponen acertada y justa toda venganza, especialmente la descalificación y difamación del enemigo. El odio, como siempre, va asociado a la mentira.
Cuando se habla de los EEUU, desde arriba puede advertirse una gran nación con ciertas debilidades, como ocurre con todos los países reales. De ahí que se haya lamentado la pérdida de numerosas vidas durante los atentados islámicos a las torres de Nueva York. Desde abajo, por el contrario, un gran porcentaje de gente afirmó “haber festejado” esas muertes, o bien convalidó al siniestro personaje que realizó públicamente tal afirmación.
Adviértase que, “desde abajo”, consideran que la opinión “desde arriba”, acerca de los atentados mencionados, les permmite ubicar en un mismo bando al que lamenta las muertes con el sector enemigo; de esa manera aumenta el número de personas a quienes destinar la producción cotidiana de veneno emocional. De ahí que resulta pura ilusión esperar que la izquierda política emita alguna forma de arrepentimiento por los más de mil asesinatos cometidos por la guerrilla de los años setenta.
Mientras que los familiares de las víctimas de ERP y Montoneros, nunca han promovido en las nuevas generaciones actitudes de venganza contra los terroristas, evitando destruirles la vida ante la posibilidad de ser portadores de un odio siempre presente, los familiares de los terroristas, por el contrario, se encargaron de mantener encendido el odio al enemigo, en lugar de explicarles que quienes iniciaron la etapa de las matanzas fueron los ideólogos izquierdistas que sembraron el odio en todo ámbito social.
Como sugirió Nietzsche, “no se odia más que al igual o al superior”. De ahí que la actitud “desde arriba”, respecto de personas odiosas que se comportan emocionalmente como un perro rabioso, está exenta de odio, aunque sí de temor y de repugnancia. Los ideólogos de izquierda, por el contrario, se dedicaron a transformar personas normales hasta denigrarlos en perros rabiosos, tal el caso de Rodolfo Walsh, ideólogo del mayor atentado hasta ese momento: una bomba en el comedor de la Policía Federal.
Adviértase el grado de decadencia nacional cuando, desde la Capital Federal de la República, se decide homenajear al ideólogo de tal atentado colocando su nombre a una estación del subterráneo. Así como en algunos países islámicos se homenajea a los terroristas que matan judíos, en la Argentina se homenajea a quienes promovieron atentados contra individuos pertenecientes a la propia sociedad.
Es oportuno mencionar la opinión de la hija de uno de los intelectuales asesinados por la guerrilla marxista de los años 70, al hacer referencia a la actitud de su padre (Jordan Bruno Genta) ante la espera de su pronto asesinato. María Lilia Genta de Caponnetto escribió: “La posibilidad cierta de la muerte violenta no le surgió ni por extrañas visiones ni por dones de adivino. Las amenazas llegaban por teléfono, todos los sábados a las 11 de la mañana (por lo menos aquellas de las que tuvimos noticia, porque varias veces atendieron el teléfono mi madre o la empleada)”.
“Jamás, por otra parte, alardeó de esa persecución, tomando de ella ocasión para ensoberbecerse o presumir de fuerte. Innumerables veces incluso, le oímos poner en duda su propio comportamiento cuando llegara el momento crucial. Transcribo exactamente: «Siempre le ruego a Dios que si cumplen la amenaza me maten pero no me secuestren. Tengo conciencia de mi bajo umbral al dolor. Me dolería mucho hacer un mal papel en ese trance, no por mí, sino por la doctrina que represento»”.
“Su estilo frente a la muerte viene a ser la «versión criolla» de un Tomás Moro (quien se defendió con todo el peso de su rango) o el de José Antonio: «la vida no es una bengala para quemarla en fuegos de artificio», o «nunca es alegre morir a mi edad»”.
“Admiraba sí, aun en el adversario, el temple ante la tortura (por comentarios por ejemplo cuando los montoneros publicaron el relato de la muerte de Aramburu), pero no creo que nadie le haya escuchado postularse como mártir, o pedir aquella muerte”.
“Frente a las amenazas tomó la misma actitud que ante otras cruces o pruebas de su vida: aceptación confiada, fidelidad y disponibilidad a la suprema Voluntad de Dios” (De “El asalto terrorista al poder” de Jordan Bruno Genta-Editorial Santiago Apóstol-Buenos Aires 1999)
jueves, 1 de febrero de 2024
La demanda de utopías
Por lo general se culpa a los diversos ideólogos de ofrecer al público ciertas sociedades artificiales, o utópicas, que poco o nada tienen en cuenta a la naturaleza humana. Debe también tenerse presente que existe previamente una demanda de tales sociedades, a las cuales alguien ha de satisfacer.
La demanda de utopías depende esencialmente de personas que nunca tratan de mejorarse a ellas mismas, sino que buscan cambiar toda la sociedad, y todo el planeta, para, de esa forma, sentirse plenamente adaptados a la sociedad y al planeta.
La búsqueda de las sociedades ideales constituye el sentido de la vida adoptado por muchos, por lo que no les resultará sencillo renunciar a esos ideales, ya que tal sentido implica la vida misma de quienes lo adoptan. De ahí que sea difícil que un socialista cambie de opinión aún cuando le muestren los fracasos y desastres asociados a la sociedad que él mantiene como un ideal.
Como consecuencia de todo esto, resulta recomendable tratar de que algunos ilusos no caigan bajo la prédica socialista, en lugar de empecinarse por hacer cambiar de opinión a los creyentes con varios años de marxismo encima. Es oportuno mencionar el caso de Arthur Koestler, un intelectual muy capaz a quien le costaron ocho años de su vida para despertar del engaño marxista. Por lo que uno puede imaginarse el tiempo que demandará la conversión de aquellos que poca vocación por el razonamiento tienen.
Por lo general, el marxista tiende a solucionar todas las fallas visibles de las sociedades comunistas aduciendo que “ya está prevista la planificación para solucionarlo en el futuro”, u otras salidas similares. Helmut Schoeck escribió: “Tanto en Norteamérica cuanto en la República Federal Alemana, he encontrado algunos jóvenes que se empeñan en una rara actitud de obstinación. No hace falta conversar largamente con ellos para advertir que un sentimiento destructor los consume”.
“No están conformes con la sociedad en que viven, o sea, con la de Occidente. No les agrada porque es cómoda; y les es incómoda, es decir, no les conviene o no es decente (tal la significación de la palabra «unbequem» en su forma primitiva), debido a que no todos viven igualmente mal, o igualmente bien, e incluso algunos viven demasiado bien”.
“Algunos se hallan en muy mala situación, sin embargo, casi nunca lo están mis interlocutores. Éstos, incluso, pueden tener padres adinerados, lo cual empeora más el asunto. Es el pesimismo melancólico de un alma igualitaria que se halla en una realidad que posee una cierta, pero no suficiente, consideración para con este hecho. La mayoría de las veces, ellos se encuentran en una posición demasiado buena como para compararse con los demás”.
“Generalmente suelen decir: «¡Observe usted a esa gente, y luego el lujo de ese o de aquel ricachón que gana tanto dinero!». Muy a menudo se escandalizan por los ingresos de conocidos médicos, promotores artísticos o empresarios. Nosotros siempre les insistimos para que nombren sobre esta tierra una sociedad que les agrade y en donde se apacigüe su conciencia. Con una sinceridad que desarma, responden: «Tal sociedad no existe, pero creemos que en la Unión Soviética o en Cuba se ha de vivir mejor que en Estados Unidos o en la República Federal Alemana»”.
“Entonces comienzo a citar hechos económicos de la Unión Soviética, los que casi siempre aceptan sin protestar y hasta sin dudar de ellos, como por ejemplo, de que los ingresos máximos en Rusia, en 1960, estaban distanciados de los mínimos en una proporción de 40 a 1, mientras que esta relación en los países de Occidente, en EEUU, RFA, Suiza, Inglaterra, etc., es más bien de 10 a 1”.
“Formulo la siguiente pregunta: ¿No se escandalizaría usted por el hecho de que la diferencia entre la posición económica de un empresario altamente dotado, general, administrador, director o profesor, y el obrero que se desempeña con un ínfimo sueldo bajo sus órdenes es, en la Unión Soviética, mucho mayor que en el Occidente capitalista? Mi contrincante no se desconcierta; objeta que este caso es muy distinto, pues aquella gente hace algo por el pueblo, esforzándose para que los rusos que todavía no estén tan bien económicamente, un día puedan vivir mejor”.
“Este empeño disculpa sus altos ingresos. Los jóvenes iracundos encuentran muy bien cuando el comisario X, empleado en la ejecución de un plan estatal recibe, en el año 1965, un salario 50 veces mayor que el obrero, porque trabaja en un plan que, dentro de 50 años (si todo anda bien, y esto presumiblemente a pesar de su plan y no a causa del mismo), hará posible a la clase media de Rusia la adquisición de un auto, casa propia y de televisión en colores”.
“Nuestro critico social, en cambio, califica como «socialmente intolerante» la proporción 1 a 5 que rige para un gerente o empresario en los EEUU, los cuales, desde hace años, han posibilitado estas cosas y muchas otras más a los que ganan un salario promedio. ¿Les molesta acaso a esos jóvenes iracundos que los empresarios norteamericanos hoy hagan posible el porvenir, mientras que ellos mismos prefieran el lejano día de mañana sólo para que no tengan que decidirse ahora por un puesto fijo en la sociedad actual?” (De “La envidia”-Club de Lectores-Buenos Aires 1969).
La demanda de utopías depende esencialmente de personas que nunca tratan de mejorarse a ellas mismas, sino que buscan cambiar toda la sociedad, y todo el planeta, para, de esa forma, sentirse plenamente adaptados a la sociedad y al planeta.
La búsqueda de las sociedades ideales constituye el sentido de la vida adoptado por muchos, por lo que no les resultará sencillo renunciar a esos ideales, ya que tal sentido implica la vida misma de quienes lo adoptan. De ahí que sea difícil que un socialista cambie de opinión aún cuando le muestren los fracasos y desastres asociados a la sociedad que él mantiene como un ideal.
Como consecuencia de todo esto, resulta recomendable tratar de que algunos ilusos no caigan bajo la prédica socialista, en lugar de empecinarse por hacer cambiar de opinión a los creyentes con varios años de marxismo encima. Es oportuno mencionar el caso de Arthur Koestler, un intelectual muy capaz a quien le costaron ocho años de su vida para despertar del engaño marxista. Por lo que uno puede imaginarse el tiempo que demandará la conversión de aquellos que poca vocación por el razonamiento tienen.
Por lo general, el marxista tiende a solucionar todas las fallas visibles de las sociedades comunistas aduciendo que “ya está prevista la planificación para solucionarlo en el futuro”, u otras salidas similares. Helmut Schoeck escribió: “Tanto en Norteamérica cuanto en la República Federal Alemana, he encontrado algunos jóvenes que se empeñan en una rara actitud de obstinación. No hace falta conversar largamente con ellos para advertir que un sentimiento destructor los consume”.
“No están conformes con la sociedad en que viven, o sea, con la de Occidente. No les agrada porque es cómoda; y les es incómoda, es decir, no les conviene o no es decente (tal la significación de la palabra «unbequem» en su forma primitiva), debido a que no todos viven igualmente mal, o igualmente bien, e incluso algunos viven demasiado bien”.
“Algunos se hallan en muy mala situación, sin embargo, casi nunca lo están mis interlocutores. Éstos, incluso, pueden tener padres adinerados, lo cual empeora más el asunto. Es el pesimismo melancólico de un alma igualitaria que se halla en una realidad que posee una cierta, pero no suficiente, consideración para con este hecho. La mayoría de las veces, ellos se encuentran en una posición demasiado buena como para compararse con los demás”.
“Generalmente suelen decir: «¡Observe usted a esa gente, y luego el lujo de ese o de aquel ricachón que gana tanto dinero!». Muy a menudo se escandalizan por los ingresos de conocidos médicos, promotores artísticos o empresarios. Nosotros siempre les insistimos para que nombren sobre esta tierra una sociedad que les agrade y en donde se apacigüe su conciencia. Con una sinceridad que desarma, responden: «Tal sociedad no existe, pero creemos que en la Unión Soviética o en Cuba se ha de vivir mejor que en Estados Unidos o en la República Federal Alemana»”.
“Entonces comienzo a citar hechos económicos de la Unión Soviética, los que casi siempre aceptan sin protestar y hasta sin dudar de ellos, como por ejemplo, de que los ingresos máximos en Rusia, en 1960, estaban distanciados de los mínimos en una proporción de 40 a 1, mientras que esta relación en los países de Occidente, en EEUU, RFA, Suiza, Inglaterra, etc., es más bien de 10 a 1”.
“Formulo la siguiente pregunta: ¿No se escandalizaría usted por el hecho de que la diferencia entre la posición económica de un empresario altamente dotado, general, administrador, director o profesor, y el obrero que se desempeña con un ínfimo sueldo bajo sus órdenes es, en la Unión Soviética, mucho mayor que en el Occidente capitalista? Mi contrincante no se desconcierta; objeta que este caso es muy distinto, pues aquella gente hace algo por el pueblo, esforzándose para que los rusos que todavía no estén tan bien económicamente, un día puedan vivir mejor”.
“Este empeño disculpa sus altos ingresos. Los jóvenes iracundos encuentran muy bien cuando el comisario X, empleado en la ejecución de un plan estatal recibe, en el año 1965, un salario 50 veces mayor que el obrero, porque trabaja en un plan que, dentro de 50 años (si todo anda bien, y esto presumiblemente a pesar de su plan y no a causa del mismo), hará posible a la clase media de Rusia la adquisición de un auto, casa propia y de televisión en colores”.
“Nuestro critico social, en cambio, califica como «socialmente intolerante» la proporción 1 a 5 que rige para un gerente o empresario en los EEUU, los cuales, desde hace años, han posibilitado estas cosas y muchas otras más a los que ganan un salario promedio. ¿Les molesta acaso a esos jóvenes iracundos que los empresarios norteamericanos hoy hagan posible el porvenir, mientras que ellos mismos prefieran el lejano día de mañana sólo para que no tengan que decidirse ahora por un puesto fijo en la sociedad actual?” (De “La envidia”-Club de Lectores-Buenos Aires 1969).
Acción y reacción en ciencias sociales; indicios de la justicia natural
Uno de los axiomas básicos de la mecánica newtoniana es el de Acción y Reacción, el cual implica que a toda fuerza aplicada le corresponde otra igual y de sentido contrario. Esto podemos observarlo subiendo a una balanza y levantando de golpe ambos brazos. En ese momento la balanza acusará un peso algo mayor que antes, indicando que nuestro movimiento generó una reacción igual y contraria, esto es, dirigida hacia abajo.
Es posible aplicar este principio, sólo como una analogía, a nuestras actitudes básicas, ya que no existe ningún vínculo aparente entre el proceso físico mencionado y las actitudes humanas. Así, la acción y reacción más evidente se encuentra en el caso del odio, manifestado mediante la burla y la envidia. Quien se burla de otras personas, alegrándose de las tristezas, penurias o debilidades de otros, en otras ocasiones se entristecerá por las alegrías, gozos y éxitos ajenos, advirtiéndose que el castigo de la envidia surge como sanción ante la actitud de la burla.
En el caso del amor al prójimo se advierte que, al compartir las penas y las alegrías ajenas como propias se produce cierta “ganancia” de felicidad al compartir la ajena. De ahí que se diga que “Alegría compartida es doble alegría y dolor compartido es medio dolor”. Téngase presente que la actitud mencionada deriva de una previa idea de dignidad personal por la cual, cuando nos interesamos por los demás, no pensamos prioritariamente en los demás, sino en nosotros mismos al sentir la necesidad de responder como personas virtuosas ante toda situación social.
La oposición a esa dignidad personal está asociada al egoísmo, actitud por la cual ignoramos toda idea asociada a contemplarnos como partes de un orden natural preexistente. Con el egoísmo mostramos carecer de tal dignidad y, como consecuencia, carecemos de amor propio suficiente, ignorando a los demás de nuestro centro de interés. Luego, los demás responderán en una forma similar (acción y reacción), advirtiéndose la existencia de una justicia natural elemental que ha de regular nuestras acciones cotidianas. En el caso de la indiferencia, o negligencia, ocurre algo similar al caso del egoísmo.
Las religiones éticas, o bíblicas, tienden a impulsar el crecimiento de la dignidad personal en todo individuo, asociándola a la exigencia de un Dios que espera de cada uno de nosotros una plena adaptación a sus leyes. Quienes comparten esa visión, es posible que emprendan una actitud orientada hacia una plena adaptación a dichas leyes, que no son otras que las leyes naturales que rigen todo lo existente.
Si, mediante este principio, análogo al de acción y reacción de la mecánica, se advierte cierta justicia natural que premia y sanciona nuestras actitudes cotidianas, tratando de encauzarnos por la buena senda, se advierte que no resulta necesaria una intermediación divina para “redistribuir” adicionalmente premios y sanciones, como muchas veces se cree. Si tratamos de asociar algo concreto al concepto de “justicia natural”, o “justicia divina”, podemos hacerlo con el principio mencionado. De ahí la expresión de Cristo: “El Reino de Dios está dentro de vosotros”.
Es posible aplicar este principio, sólo como una analogía, a nuestras actitudes básicas, ya que no existe ningún vínculo aparente entre el proceso físico mencionado y las actitudes humanas. Así, la acción y reacción más evidente se encuentra en el caso del odio, manifestado mediante la burla y la envidia. Quien se burla de otras personas, alegrándose de las tristezas, penurias o debilidades de otros, en otras ocasiones se entristecerá por las alegrías, gozos y éxitos ajenos, advirtiéndose que el castigo de la envidia surge como sanción ante la actitud de la burla.
En el caso del amor al prójimo se advierte que, al compartir las penas y las alegrías ajenas como propias se produce cierta “ganancia” de felicidad al compartir la ajena. De ahí que se diga que “Alegría compartida es doble alegría y dolor compartido es medio dolor”. Téngase presente que la actitud mencionada deriva de una previa idea de dignidad personal por la cual, cuando nos interesamos por los demás, no pensamos prioritariamente en los demás, sino en nosotros mismos al sentir la necesidad de responder como personas virtuosas ante toda situación social.
La oposición a esa dignidad personal está asociada al egoísmo, actitud por la cual ignoramos toda idea asociada a contemplarnos como partes de un orden natural preexistente. Con el egoísmo mostramos carecer de tal dignidad y, como consecuencia, carecemos de amor propio suficiente, ignorando a los demás de nuestro centro de interés. Luego, los demás responderán en una forma similar (acción y reacción), advirtiéndose la existencia de una justicia natural elemental que ha de regular nuestras acciones cotidianas. En el caso de la indiferencia, o negligencia, ocurre algo similar al caso del egoísmo.
Las religiones éticas, o bíblicas, tienden a impulsar el crecimiento de la dignidad personal en todo individuo, asociándola a la exigencia de un Dios que espera de cada uno de nosotros una plena adaptación a sus leyes. Quienes comparten esa visión, es posible que emprendan una actitud orientada hacia una plena adaptación a dichas leyes, que no son otras que las leyes naturales que rigen todo lo existente.
Si, mediante este principio, análogo al de acción y reacción de la mecánica, se advierte cierta justicia natural que premia y sanciona nuestras actitudes cotidianas, tratando de encauzarnos por la buena senda, se advierte que no resulta necesaria una intermediación divina para “redistribuir” adicionalmente premios y sanciones, como muchas veces se cree. Si tratamos de asociar algo concreto al concepto de “justicia natural”, o “justicia divina”, podemos hacerlo con el principio mencionado. De ahí la expresión de Cristo: “El Reino de Dios está dentro de vosotros”.
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