Mientras que la religión y los nacionalismos tienden a desunir a los pueblos, el comercio tiende a unirlos. De ahí que a veces se considera, entre las causas que motivaron las cruzadas, también al comercio, siendo posiblemente lo único que actuó como un vínculo entre el Occidente y el Oriente medievales. Recordemos que la Unión Europea nace principalmente para unir comercialmente a Francia con Alemania, para impedir futuras guerras entre ambos países.
Los papas organizan las cruzadas motivadas por cuestiones de fe y de expansión del poder de la Iglesia, siendo la denominación conocida debida a la vestimenta de los "soldados cristianos" que llevaban una cruz roja en su vestimenta.
La causa principal consistía en liberar Tierra Santa en poder de los musulmanes, bajo la absurda tendencia a materializar la religión moral priorizando los lugares sagrados a la vida humana. La religión está hecha para el hombre y no el hombre para la religión. Se atribuye a Indira Gandhi haber expresado, luego de un atentado ocurrido en la India en tiempos cercanos, que “hubo varios muertos, pero los lugares sagrados quedaron intactos”, como ejemplo de la prioridad antes mencionada.
Durante la Edad Media también se advertía que los intercambios comerciales favorecían la paz entre regiones. Jacques Le Goff escribió: "El comercio, aunque suscita conflictos, es también uno de los principales vínculos entre las zonas geográficas, entre las civilizaciones y entre los pueblos. Inclusive en la época de las Cruzadas no cesó el intercambio comercial -base de otros contactos- entre la Cristiandad occidental y el mundo musulmán. Más aún, hasta podría afirmarse que la constitución del Islam, lejos de separar Oriente de Occidente, fusionó ambos mundos, y que sus grandes centros urbanos de consumo crearon la demanda de productos que determinó la renovación comercial del Occidente bárbaro".
"La revolución comercial de la que fue teatro la Cristiandad medieval entre los siglos XI y XIII se halla estrechamente unida a algunos grandes fenómenos de la época, y no resulta fácil determinar si fue causa o efecto de los mismos. En primer lugar, cesan las invasiones. En cuanto dejan de penetrar en el corazón de la Cristiandad o de arribar a sus costas germanos, escandinavos, nómadas de las estepas eurasiáticas y sarracenos, los intercambios pacíficos -nacidos, por otra parte, modestamente en el mismo seno de las luchas- suceden a los combates. Y aquellos mundos hostiles se revelan como grandes centros de producción o de consumo".
"La paz -relativa- sucede a las incursiones y a los pillajes, creando una seguridad que permite renovar la economía y, sobre todo, al ser menos peligrosas las rutas de tierra y de mar, acelerar si no reanudar el comercio. Más aún; al disminuir la mortalidad por accidente y mejorar las condiciones de alimentación y las posibilidades de subsistencia, se produce un extraordinario aumento demográfico que provee a la Cristiandad de consumidores y productores, mano de obra y un stock humano del que tomará sus hombres el comercio. Y cuando el movimiento cambia, cuando la Cristiandad ataca a su vez, el gran episodio militar de las Cruzadas no será más que la fachada épica a la sombra de la cual se intensificará el comercio pacífico" (De "Mercaderes y banqueros de la Edad Media"-EUDEBA-Buenos Aires 1966).
En cuanto a los historiadores, se advierte que, por lo general, tratan de criticar al bando cristiano y de encubrir la acción del bando musulmán; parecen decirnos que, debido a que la Biblia desaconseja las respuestas armadas, los cruzados cristianos cometieron un serio pecado, mientras que el Corán, al promover la Guerra Santa, hace que sus adeptos realicen sus conquistas en forma “legítima”. Oriana Fallaci escribió: “Pero antes que una serie de expediciones encaminadas a reconquistar el Santo Sepulcro, las Cruzadas fueron la respuesta a cuatro siglos de invasiones, ocupaciones, vejaciones, carnicerías. Fueron una contraofensiva para bloquear el expansionismo islámico en Europa”.
En cierta oportunidad, el Papa Juan Pablo II pidió perdón al Islam por las Cruzadas, aunque el Islam no hizo otro tanto con el cristianismo. La citada autora escribió (dirigiéndose simbólicamente al Papa): “¿Nunca le han pedido perdón por haber dominado durante más de siete siglos la catoliquísima Península Ibérica, invadido y usurpado todo Portugal y tres cuartas partes de España, perseguido al pueblo, desnaturalizado sus costumbres y sus idiomas, así que si en 1492 Isabel de Castilla y Fernando de Aragón no hubiesen tomado cartas en el asunto, hoy en España y Portugal se hablaría todavía el árabe?” (De “La rabia y el orgullo”-Editorial El Ateneo-Buenos Aires 2004).
sábado, 9 de septiembre de 2023
miércoles, 6 de septiembre de 2023
Del "loco" Sarmiento al "loco" Milei
Ha sido el destacado economista Alberto Benegas Lynch (h) quien en primer término realizó la irreverente comparación entre Domingo F. Sarmiento y Javier G. Milei, ya que ambos han sido calificados como "locos" por sus contemporáneos. Ocupando Sarmiento un importante lugar en la historia del país, tal comparación seguramente escandalizará e indignará a más de uno.
El estilo un tanto chocante de Milei es rechazado por un importante sector de la sociedad, mientras que, como economista, muestra una gran capacidad para explicar con claridad los aspectos básicos de la economía de mercado, evidenciando un abismo mental, a su favor, respecto del resto de los políticos argentinos. Escuchando a Milei siempre se aprende algo nuevo, o se reafirma algún conocimiento vagamente establecido, mientras que poco puede esperarse del resto de los políticos que sólo emiten discursos orientados a aumentar el caudal de votos favorables.
Los aspectos favorables mostrados por el economista que actúa en política, no aseguran que, en caso de acceder a la presidencia de la nación, concreten una gestión aceptable ante la penosa y grave situación del país. Tampoco nadie puede asegurar que vaya a fracasar, como lo estima la mayor parte de sus detractores.
Mientras la pobreza se incrementa a pasos agigantados, el irresponsable gobierno peronista sigue incorporando miles de partidarios como personal estable del Estado, con altos sueldos y sin tarea concreta para realizar. De esa manera compran votos para futuras elecciones a la vez que destruyen la situación económica en forma premeditada para entorpecer la gestión del próximo gobierno, que posiblemente sea de otro partido distinto al que actualmente gobierna. De ahí que se justificaría la presencia de un "loco" que debe realizar una limpieza eficaz ante la enorme y firmemente corrupción establecida. Las restantes alternativas no parecen despertar esperanzas para ver erradicada tal corrupción generalizada, al menos ante la creencia de un importante sector de la sociedad.
Debe distinguirse entre posibles perturbaciones psíquicas que pueden afectar a una persona de aquellas perturbaciones de tipo emocional, por lo que, pareciera, en ambos casos se trataría de perturbaciones de tipo emocional, y no cognitivo. Tales perturbaciones se hacen evidentes en el trato social y en las reacciones que en ellos despiertan las opiniones o sucesos antagónicos, algo desmedidas en comparación a lo que la generalidad de las personas manifiesta en circunstancias similares.
La situación de la Argentina del siglo XIX, con una sucesión casi interminable de guerras civiles, requirió de la firmeza y de la personalidad de hombres como Sarmiento para iniciar el paso de la barbarie a la civilización. Nerio Rojas escribió sobre Sarmiento: "A los diecisiete años, a raíz de su protesta altiva por impuestas guardias de milicia enfrentó al gobernador Quiroga y fue a la cárcel; a los dieciocho, actuó heroicamente en la batalla de Niquivil; por entonces, actuando en la guerra civil, estuvo a punto de ser fusilado, pues a esa edad padeció «la catástrofe» de la del Pilar en Mendoza, en la cual cayó prisionero; a los veinte años sufrió su primera emigración a Chile por razones políticas y trabajó, respectivamente, de maestro, empleado y minero, en Los Andes, Valparaíso y Copiapó; en este sitio, a los veinticinco años, enfermó de un «ataque cerebral» y volvió a San Juan; después de años de relativa paz, a los veintinueve fue desterrado por Benavidez, después de estar preso y haber salvado de la muerte".
"Esa fue la tremenda escuela social donde Sarmiento halló su madurez...Pero en semejante tragedia según declaró después, encontró lo por él llamado su «Camino de Damasco». Como Pablo tuvo allí su «visión», al ver, siendo púber, la entrada a su ciudad de las huestes de Facundo, entre el polvo, los ruidos de los guardamontes y de los caballos y los gritos, blasfemias y carcajadas de los soldados. «He aquí -dijo en Los Andes- mi visión del Camino de Damasco, de la libertad y de la civilización. Todo el mal de mi país se reveló de improviso entonces: la barbarie». Tuvo razón, pues, cuando ya viejo, afirmó a su nieto que como el Dante él también había estado en el infierno" (De "Psicología de Sarmiento"-Guillermo Kraft Ltda.-Buenos Aires 1961).
En cuanto a sus aspectos psicológicos, el citado autor escribió: "Fue un impulsivo, pero sus impulsos tuvieron siempre un contenido afectivo y consciente y no fueron una simple descarga del automatismo. Y casi siempre tuvieron una justificación en situaciones de ambiente político con su lucha pasional, o en reacciones de su dignidad o en su opinión fundada sobre algunos contemporáneos. Sus violencias físicas o verbales no resultaban los actos de un irresponsable, sino los de un hombre de coraje viril y franquezas brutales, con las cuales quería dar una lección o descargar su conciencia".
"Por eso no tenía miedo en la acción ni «pelos en la lengua». Pero cuando era necesario, sabía controlarse, dominarse, equilibrarse, con un comportamiento ejemplar, como su primer viaje a Europa, como diplomático en EEUU y, salvo momentos, durante la campaña de su candidatura presidencial".
"Fue un desconfiado, un susceptible, que a veces se creyó perseguido, aislado, por lo demás, incluso cayendo en interpretaciones tendenciosas, con ideas sobrevaloradas en un sentido anormal, paralógico. Pero esas desviaciones del juicio eran con frecuencia fundadas, pues tenía auténticos enemigos, o fueron fenómenos aislados ante ciertas circunstancias, y jamás llegaron a la profundidad, organización y persistencia de un verdadero delirio de persecución".
"Fue un orgulloso, ambicioso, ególatra; no lo disimulaba y antes bien se complacía en demostrarlo. Se comparaba con los más grandes hombres, se consideraba la encarnación de la patria, era «Don yo» y agregaba: «como dicen», si bien lo aceptaba. Pero su autoexaltación de la personalidad, aunque anormal por su ostentación y exceso, era una especie de cenestesia del genio, de autocrítica justificada, que muchos contemporáneos y la posteridad han confirmado. En todo caso eso nunca llegó a constituir un verdadero delirio paranoico de grandeza; no fue un megalómano delirante: era grande de verdad. Pero todas esas anomalías psicológicas hicieron pensar o afirmar que era «loco»".
"Sarmiento, que fue como la síntesis humana de la patria por organizarse: anárquico, pujante, contradictorio como ella, ha conquistado la inmortalidad, mas sin haber perdido el epíteto de «loco» con que lo escarnecieran sus contemporáneos. Su extraordinario cerebro no podía sino despertar el azoramiento de la multitud, que llama loco a quien ama, siente o piensa más intensamente que ella".
"En un artículo de Tribuna, después de ser presidente, explicó él mismo el origen del calificativo. «En Mendoza, dice, el fraile Aldao, por una de aquellas 'gracias' federales de que don Eusebio era víctima en Buenos Aires, reunió una junta de médicos (federales) y ésta declaró en informe profesional con el lenguaje técnico que usan en estos casos de bronquitis, peritoneo, abdomen, etcétera, que los salvajes unitarios estaban locos; y el gobierno (el fraile Aldao) tiró un decreto confiscando sus bienes, y nombrándoles tutor y curador federal, como dementes incapaces de administrar. Se añadió, pues, en Mendoza, al epíteto de salvaje el de loco cuando se hablaba de una persona salvaje. El coronel Ramírez (macana) federal, remitiendo al ilustre Restaurador una carta del señor Sarmiento al nombrarlo le llamó como era uso y costumbre federal en Mendoza, el loco salvaje unitario Domingo F. Sarmiento. Consta en la crónica número 19, publicada en 1848, cuando aún no habían nacido los que le llaman loco hoy»".
El estilo un tanto chocante de Milei es rechazado por un importante sector de la sociedad, mientras que, como economista, muestra una gran capacidad para explicar con claridad los aspectos básicos de la economía de mercado, evidenciando un abismo mental, a su favor, respecto del resto de los políticos argentinos. Escuchando a Milei siempre se aprende algo nuevo, o se reafirma algún conocimiento vagamente establecido, mientras que poco puede esperarse del resto de los políticos que sólo emiten discursos orientados a aumentar el caudal de votos favorables.
Los aspectos favorables mostrados por el economista que actúa en política, no aseguran que, en caso de acceder a la presidencia de la nación, concreten una gestión aceptable ante la penosa y grave situación del país. Tampoco nadie puede asegurar que vaya a fracasar, como lo estima la mayor parte de sus detractores.
Mientras la pobreza se incrementa a pasos agigantados, el irresponsable gobierno peronista sigue incorporando miles de partidarios como personal estable del Estado, con altos sueldos y sin tarea concreta para realizar. De esa manera compran votos para futuras elecciones a la vez que destruyen la situación económica en forma premeditada para entorpecer la gestión del próximo gobierno, que posiblemente sea de otro partido distinto al que actualmente gobierna. De ahí que se justificaría la presencia de un "loco" que debe realizar una limpieza eficaz ante la enorme y firmemente corrupción establecida. Las restantes alternativas no parecen despertar esperanzas para ver erradicada tal corrupción generalizada, al menos ante la creencia de un importante sector de la sociedad.
Debe distinguirse entre posibles perturbaciones psíquicas que pueden afectar a una persona de aquellas perturbaciones de tipo emocional, por lo que, pareciera, en ambos casos se trataría de perturbaciones de tipo emocional, y no cognitivo. Tales perturbaciones se hacen evidentes en el trato social y en las reacciones que en ellos despiertan las opiniones o sucesos antagónicos, algo desmedidas en comparación a lo que la generalidad de las personas manifiesta en circunstancias similares.
La situación de la Argentina del siglo XIX, con una sucesión casi interminable de guerras civiles, requirió de la firmeza y de la personalidad de hombres como Sarmiento para iniciar el paso de la barbarie a la civilización. Nerio Rojas escribió sobre Sarmiento: "A los diecisiete años, a raíz de su protesta altiva por impuestas guardias de milicia enfrentó al gobernador Quiroga y fue a la cárcel; a los dieciocho, actuó heroicamente en la batalla de Niquivil; por entonces, actuando en la guerra civil, estuvo a punto de ser fusilado, pues a esa edad padeció «la catástrofe» de la del Pilar en Mendoza, en la cual cayó prisionero; a los veinte años sufrió su primera emigración a Chile por razones políticas y trabajó, respectivamente, de maestro, empleado y minero, en Los Andes, Valparaíso y Copiapó; en este sitio, a los veinticinco años, enfermó de un «ataque cerebral» y volvió a San Juan; después de años de relativa paz, a los veintinueve fue desterrado por Benavidez, después de estar preso y haber salvado de la muerte".
"Esa fue la tremenda escuela social donde Sarmiento halló su madurez...Pero en semejante tragedia según declaró después, encontró lo por él llamado su «Camino de Damasco». Como Pablo tuvo allí su «visión», al ver, siendo púber, la entrada a su ciudad de las huestes de Facundo, entre el polvo, los ruidos de los guardamontes y de los caballos y los gritos, blasfemias y carcajadas de los soldados. «He aquí -dijo en Los Andes- mi visión del Camino de Damasco, de la libertad y de la civilización. Todo el mal de mi país se reveló de improviso entonces: la barbarie». Tuvo razón, pues, cuando ya viejo, afirmó a su nieto que como el Dante él también había estado en el infierno" (De "Psicología de Sarmiento"-Guillermo Kraft Ltda.-Buenos Aires 1961).
En cuanto a sus aspectos psicológicos, el citado autor escribió: "Fue un impulsivo, pero sus impulsos tuvieron siempre un contenido afectivo y consciente y no fueron una simple descarga del automatismo. Y casi siempre tuvieron una justificación en situaciones de ambiente político con su lucha pasional, o en reacciones de su dignidad o en su opinión fundada sobre algunos contemporáneos. Sus violencias físicas o verbales no resultaban los actos de un irresponsable, sino los de un hombre de coraje viril y franquezas brutales, con las cuales quería dar una lección o descargar su conciencia".
"Por eso no tenía miedo en la acción ni «pelos en la lengua». Pero cuando era necesario, sabía controlarse, dominarse, equilibrarse, con un comportamiento ejemplar, como su primer viaje a Europa, como diplomático en EEUU y, salvo momentos, durante la campaña de su candidatura presidencial".
"Fue un desconfiado, un susceptible, que a veces se creyó perseguido, aislado, por lo demás, incluso cayendo en interpretaciones tendenciosas, con ideas sobrevaloradas en un sentido anormal, paralógico. Pero esas desviaciones del juicio eran con frecuencia fundadas, pues tenía auténticos enemigos, o fueron fenómenos aislados ante ciertas circunstancias, y jamás llegaron a la profundidad, organización y persistencia de un verdadero delirio de persecución".
"Fue un orgulloso, ambicioso, ególatra; no lo disimulaba y antes bien se complacía en demostrarlo. Se comparaba con los más grandes hombres, se consideraba la encarnación de la patria, era «Don yo» y agregaba: «como dicen», si bien lo aceptaba. Pero su autoexaltación de la personalidad, aunque anormal por su ostentación y exceso, era una especie de cenestesia del genio, de autocrítica justificada, que muchos contemporáneos y la posteridad han confirmado. En todo caso eso nunca llegó a constituir un verdadero delirio paranoico de grandeza; no fue un megalómano delirante: era grande de verdad. Pero todas esas anomalías psicológicas hicieron pensar o afirmar que era «loco»".
"Sarmiento, que fue como la síntesis humana de la patria por organizarse: anárquico, pujante, contradictorio como ella, ha conquistado la inmortalidad, mas sin haber perdido el epíteto de «loco» con que lo escarnecieran sus contemporáneos. Su extraordinario cerebro no podía sino despertar el azoramiento de la multitud, que llama loco a quien ama, siente o piensa más intensamente que ella".
"En un artículo de Tribuna, después de ser presidente, explicó él mismo el origen del calificativo. «En Mendoza, dice, el fraile Aldao, por una de aquellas 'gracias' federales de que don Eusebio era víctima en Buenos Aires, reunió una junta de médicos (federales) y ésta declaró en informe profesional con el lenguaje técnico que usan en estos casos de bronquitis, peritoneo, abdomen, etcétera, que los salvajes unitarios estaban locos; y el gobierno (el fraile Aldao) tiró un decreto confiscando sus bienes, y nombrándoles tutor y curador federal, como dementes incapaces de administrar. Se añadió, pues, en Mendoza, al epíteto de salvaje el de loco cuando se hablaba de una persona salvaje. El coronel Ramírez (macana) federal, remitiendo al ilustre Restaurador una carta del señor Sarmiento al nombrarlo le llamó como era uso y costumbre federal en Mendoza, el loco salvaje unitario Domingo F. Sarmiento. Consta en la crónica número 19, publicada en 1848, cuando aún no habían nacido los que le llaman loco hoy»".
martes, 5 de septiembre de 2023
Feminismo: Victoria Ocampo vs. Eva Duarte
Con la palabra "feminismo" se designa la lucha establecida, tanto por hombres como por mujeres, por una igualdad de derechos y por una mayor estima hacia la mujer por parte de los hombres. De ahí que tal igualdad depende tanto de los hombres como de las mujeres. Si bien el mandato bíblico que induce a "amar al prójimo como a uno mismo", lleva implícita la igualdad de trato y de estima, aún en las sociedades cristianas muchas veces no se lo ha tenido presente.
Los desvíos respecto de la igualdad cristiana, por los cuales se ha promovido la preeminencia del hombre, han sido mantenidos en diversas épocas y en distintos países, siendo incluso aceptado y promovido por las propias mujeres. En nuestra época han surgido movimientos "feministas" que en realidad no buscan tanto la igualdad de la mujer sino la separación y cierta aversión a todo lo que signifique masculinidad. Tal lucha contra el hombre es absurda por cuanto todo ser humano está íntimamente ligado a hombres y mujeres, con quienes convive en todo ambiente familiar.
Entre las figuras destacadas de la lucha de las mujeres por liberarse del excesivo paternalismo varonil, encontramos a la escritora Victoria Ocampo. Así, en épocas pasadas, los padres disponían de la facultad de decidir el rumbo que, en la vida, sus hijos habrían de seguir, incluso eligiendo la persona con quien habrían de casarse. En este caso, aunque se adujera que lo hacían para beneficio y seguridad de sus hijos, no siempre resultaba la mejor opción. Laura Averza de Castillo y Odile Felgine escriben: “«Estoy en la edad de la brutalidad» declaró Victoria de forma abrupta y extraña a los nueve años. Alrededor de los doce, la niña se encontraba en la adolescencia, que fue para ella, como para muchos, un periodo difícil, pese a las excepcionales condiciones materiales de que disfrutaba y el amor tranquilo y sano que le tributaban las personas de su entorno. Y es que, paralelamente a su creciente deseo de independencia y a su necesidad de absoluto, Victoria chocó «con las absurdas costumbres de la época», con «todas aquellas prohibiciones» y todos los límites impuestos a la mujer a principios de siglo. El esplendor de la sociedad aristocrática argentina rayaba a la misma altura que su misoginia y había todo un código de buenas maneras que regulaba «lo que hay que hacer» y «lo que no hay que hacer»”.
“Las muchachas podían organizar reuniones, pero de aquellas fiestas quedaba excluida toda presencia masculina. Telefonear, escribir o invitar a chicos era algo que estaba rigurosamente prohibido y, si una chica salía sola a la calle, daba muestras de una conducta inconveniente que delataba sus «malas costumbres». Sólo al final de la adolescencia, cuando la señorita argentina estaba en edad de elegir esposo, tenía autorización para participar en un baile, si bien incluso entonces debía observar ciertas costumbres y no podía conculcar las prohibiciones con respecto a las cuales había sido concienzudamente catequizada, so pena de rebajarse y de comprometer su reputación y su honor, además de echar por los suelos sus probabilidades de encontrar un «buen» marido” (De “Victoria Ocampo”-Circe Ediciones SA-Barcelona 1998).
Los padres vigilaban las lecturas de sus hijos, prohibiéndoles algunas. También les prohibían optar por algunas actividades como el teatro, cuyo ambiente era mal visto en la Argentina de principios del siglo XX. “Un día, la doncella que se ocupaba de Victoria, Fani, descubrió escondido […] el «De Profundis» de Oscar Wilde. Su madre, convenientemente advertida, le confiscó la obra, no sin antes dirigirle una gran cantidad de reproches. Victoria, furiosa (tenía entonces diecinueve años), perdió los estribos y amenazó con arrojarse por la ventana, al tiempo que gritaba que no pensaba continuar «viviendo de esa manera»”.
“Aquella contrariedad no fue más que la gota de agua que hizo desbordar el vaso. Hacía poco tiempo que Victoria se había sentido contrariada de forma mucho más grave al ver frustrado su ardiente deseo de consagrar su vida al teatro. «Creo tener una auténtica vocación para el teatro […] La he conservado viva contra viento y marea», decía en una de sus autobiografías. Parece, efectivamente, que mantuvo toda su vida el amor a los escenarios y al público, la afición a la interpretación y al repertorio teatral e incluso, ya en edad avanzada, un cierto gusto por la teatralidad”.
Los padres que tratan que sus hijos no se “contaminen” con la sociedad tal como es, impiden que vayan formando sus propios “anticuerpos”, quedando expuestos a padecer en el futuro las consecuencias de no conocer a las personas en forma adecuada. Junto a la necesidad de evadirse de la tutela familiar, tal tipo de educación conduce a veces a fracasos matrimoniales, como fue el caso de Victoria Ocampo. La separación matrimonial, era mal vista en esa época, tanto como mantener algún vínculo social extramatrimonial, como fue la opción que eligió, promoviendo un escándalo dadas las costumbres de la época.
Cabe destacar que la mujer, luego de obedecer a sus padres, debía obedecer al marido, por lo cual durante toda su vida habría de padecer restricciones a su libertad. Victoria Ocampo expresaba en 1907: “Estoy cansada de sentirme incomprendida. Deseo que me reconozcan por lo que soy: una persona que piensa […] Para ser feliz sinceramente y de verdad, la mujer debe estar descerebrada, no tener inteligencia, o bien estar armada de un gran valor…”. “La única cosa que me hace bien, lo único que me hace olvidar hasta qué punto puede ser detestable la vida es el arte, el arte bajo todas sus forma…”.
Las autoras mencionadas escriben: “Los años de mediados del siglo XIX habían visto a un político de importancia, Domingo Faustino Sarmiento, adoptar posturas extremadamente progresistas a favor de la educación de las mujeres. Sin embargo, las resistencias eran profundas. A principios del siglo XX, la sociedad argentina seguía siendo patriarcal, tanto en el plano de las costumbres como en el de las leyes. Hasta 1926 las mujeres estuvieron totalmente subordinadas a su padre o a su marido y el estatuto de la esposa era el mismo que el de la hija menor de edad”.
“En 1926 se elaboró una nueva ley sobre el estatuto civil de las mujeres que interesaba directamente a Victoria: por razones evidentes, a partir de ahora toda mujer casada podía ejercer cualquier profesión, tenía derecho a disponer de su salario como se le antojase, firmar contratos y acuerdos financieros sin autorización de su consorte y, en caso de separación legal (no se admite el divorcio), «puede ejercer su autoridad sobre hijos y bienes»”.
Las costumbres mencionadas no sólo imperan a comienzos del siglo XX y en los ambientes aristocráticos, sino que se expanden hasta el resto de la sociedad y hasta más allá de mediados de siglo. Sin embargo, en lugar de realizar correcciones graduales a lo que no funciona bien, la sociedad argentina parece haber adoptado como referencia a todo lo que se hacia antes y a todo lo que sugería la Iglesia Católica, pero para hacer todo lo contrario. De ahí parece provenir el actual caos y libertinaje en las costumbres. La libertad plena no sólo se ha aceptado en el caso de las mujeres, sino también en adolescentes y niños, aun cuando no hayan adquirido la madurez suficiente para poder disponer de tal concesión. Albert Einstein escribió: “Comienza a manifestarse la madurez cuando sentimos que nuestra preocupación es mayor por los demás que por nosotros mismos”.
En el otro extremo encontramos a Eva Duarte de Perón, quien admitía una actitud de dependencia y sumisión voluntaria hacia el dominio del hombre; a no ser que fuera una actitud fingida para promover la masiva sumisión de las mujeres argentinas ante el despotismo del tirano sediento de poder. Por las razones que fueren, Eva mantiene en público su adhesión a las costumbres de la época, es decir, considera que la mujer debe realizarse en total dependencia del hombre, en lugar de adoptar una postura independiente. En realidad, una actitud normal e igualitaria, implica que hombre y mujer compartan éxitos y fracasos, alegrías y tristezas, ya que la tan mencionada “liberación” de la mujer puede implicar cierto distanciamiento no recomendable. Juan José Sebreli escribió: “El feminismo, según Evita, se apartaba de la naturaleza misma de la mujer, que era «darse, entregarse por amor, que en esa entrega está su gloria, su salvación y su eternidad». Paradójicamente, Evita quedaría como adalid de la emancipación femenina cuando en realidad fue una defensora acérrima de la visión machista y paternalista de la mujer” (De "Comediantes y mártires"-Editorial Sudamericana SA-Buenos Aires 2008).
El odio de Eva hacia las mujeres destacadas era sorprendente. John Barnes escribió: “En las puertas del periódico La Nación, entonaron las estrofas del Himno Nacional con aquel verso del estribillo que dice: «Libertad, libertad, libertad»…Los vítores y los cantos de aquellas damas de la sociedad porteña muy pronto atrajeron la atención de los guardias de asalto. Siete señoras fueron arrestadas…Todas ellas pasaron la noche en la cárcel, para ser puestas en libertad a la mañana siguiente con una seria advertencia del juez de turno. Durante todos estos acontecimientos, Evita había estado ausente de la ciudad. Cuando regresó y se enteró de lo ocurrido, inmediatamente ordenó que se arrestara nuevamente a las mujeres”.
“Fueron conducidas y amontonadas en celdas que generalmente se reservan para las prostitutas..., un cruel toque de venganza de Evita. Ya lo había hecho antes con un grupo de adolescentes que habían sido arrestadas por reírse del rústico acento de un gobernador de provincia peronista…Por tanto, repitió el mismo castigo con las mujeres mayores y luego las hizo comparecer ante un juez designado por Perón, quien las sentenció a treinta días de cárcel” (De “Eva Perón”-Ultramar Editores Argentina SA-Buenos Aires 1987).
Los desvíos respecto de la igualdad cristiana, por los cuales se ha promovido la preeminencia del hombre, han sido mantenidos en diversas épocas y en distintos países, siendo incluso aceptado y promovido por las propias mujeres. En nuestra época han surgido movimientos "feministas" que en realidad no buscan tanto la igualdad de la mujer sino la separación y cierta aversión a todo lo que signifique masculinidad. Tal lucha contra el hombre es absurda por cuanto todo ser humano está íntimamente ligado a hombres y mujeres, con quienes convive en todo ambiente familiar.
Entre las figuras destacadas de la lucha de las mujeres por liberarse del excesivo paternalismo varonil, encontramos a la escritora Victoria Ocampo. Así, en épocas pasadas, los padres disponían de la facultad de decidir el rumbo que, en la vida, sus hijos habrían de seguir, incluso eligiendo la persona con quien habrían de casarse. En este caso, aunque se adujera que lo hacían para beneficio y seguridad de sus hijos, no siempre resultaba la mejor opción. Laura Averza de Castillo y Odile Felgine escriben: “«Estoy en la edad de la brutalidad» declaró Victoria de forma abrupta y extraña a los nueve años. Alrededor de los doce, la niña se encontraba en la adolescencia, que fue para ella, como para muchos, un periodo difícil, pese a las excepcionales condiciones materiales de que disfrutaba y el amor tranquilo y sano que le tributaban las personas de su entorno. Y es que, paralelamente a su creciente deseo de independencia y a su necesidad de absoluto, Victoria chocó «con las absurdas costumbres de la época», con «todas aquellas prohibiciones» y todos los límites impuestos a la mujer a principios de siglo. El esplendor de la sociedad aristocrática argentina rayaba a la misma altura que su misoginia y había todo un código de buenas maneras que regulaba «lo que hay que hacer» y «lo que no hay que hacer»”.
“Las muchachas podían organizar reuniones, pero de aquellas fiestas quedaba excluida toda presencia masculina. Telefonear, escribir o invitar a chicos era algo que estaba rigurosamente prohibido y, si una chica salía sola a la calle, daba muestras de una conducta inconveniente que delataba sus «malas costumbres». Sólo al final de la adolescencia, cuando la señorita argentina estaba en edad de elegir esposo, tenía autorización para participar en un baile, si bien incluso entonces debía observar ciertas costumbres y no podía conculcar las prohibiciones con respecto a las cuales había sido concienzudamente catequizada, so pena de rebajarse y de comprometer su reputación y su honor, además de echar por los suelos sus probabilidades de encontrar un «buen» marido” (De “Victoria Ocampo”-Circe Ediciones SA-Barcelona 1998).
Los padres vigilaban las lecturas de sus hijos, prohibiéndoles algunas. También les prohibían optar por algunas actividades como el teatro, cuyo ambiente era mal visto en la Argentina de principios del siglo XX. “Un día, la doncella que se ocupaba de Victoria, Fani, descubrió escondido […] el «De Profundis» de Oscar Wilde. Su madre, convenientemente advertida, le confiscó la obra, no sin antes dirigirle una gran cantidad de reproches. Victoria, furiosa (tenía entonces diecinueve años), perdió los estribos y amenazó con arrojarse por la ventana, al tiempo que gritaba que no pensaba continuar «viviendo de esa manera»”.
“Aquella contrariedad no fue más que la gota de agua que hizo desbordar el vaso. Hacía poco tiempo que Victoria se había sentido contrariada de forma mucho más grave al ver frustrado su ardiente deseo de consagrar su vida al teatro. «Creo tener una auténtica vocación para el teatro […] La he conservado viva contra viento y marea», decía en una de sus autobiografías. Parece, efectivamente, que mantuvo toda su vida el amor a los escenarios y al público, la afición a la interpretación y al repertorio teatral e incluso, ya en edad avanzada, un cierto gusto por la teatralidad”.
Los padres que tratan que sus hijos no se “contaminen” con la sociedad tal como es, impiden que vayan formando sus propios “anticuerpos”, quedando expuestos a padecer en el futuro las consecuencias de no conocer a las personas en forma adecuada. Junto a la necesidad de evadirse de la tutela familiar, tal tipo de educación conduce a veces a fracasos matrimoniales, como fue el caso de Victoria Ocampo. La separación matrimonial, era mal vista en esa época, tanto como mantener algún vínculo social extramatrimonial, como fue la opción que eligió, promoviendo un escándalo dadas las costumbres de la época.
Cabe destacar que la mujer, luego de obedecer a sus padres, debía obedecer al marido, por lo cual durante toda su vida habría de padecer restricciones a su libertad. Victoria Ocampo expresaba en 1907: “Estoy cansada de sentirme incomprendida. Deseo que me reconozcan por lo que soy: una persona que piensa […] Para ser feliz sinceramente y de verdad, la mujer debe estar descerebrada, no tener inteligencia, o bien estar armada de un gran valor…”. “La única cosa que me hace bien, lo único que me hace olvidar hasta qué punto puede ser detestable la vida es el arte, el arte bajo todas sus forma…”.
Las autoras mencionadas escriben: “Los años de mediados del siglo XIX habían visto a un político de importancia, Domingo Faustino Sarmiento, adoptar posturas extremadamente progresistas a favor de la educación de las mujeres. Sin embargo, las resistencias eran profundas. A principios del siglo XX, la sociedad argentina seguía siendo patriarcal, tanto en el plano de las costumbres como en el de las leyes. Hasta 1926 las mujeres estuvieron totalmente subordinadas a su padre o a su marido y el estatuto de la esposa era el mismo que el de la hija menor de edad”.
“En 1926 se elaboró una nueva ley sobre el estatuto civil de las mujeres que interesaba directamente a Victoria: por razones evidentes, a partir de ahora toda mujer casada podía ejercer cualquier profesión, tenía derecho a disponer de su salario como se le antojase, firmar contratos y acuerdos financieros sin autorización de su consorte y, en caso de separación legal (no se admite el divorcio), «puede ejercer su autoridad sobre hijos y bienes»”.
Las costumbres mencionadas no sólo imperan a comienzos del siglo XX y en los ambientes aristocráticos, sino que se expanden hasta el resto de la sociedad y hasta más allá de mediados de siglo. Sin embargo, en lugar de realizar correcciones graduales a lo que no funciona bien, la sociedad argentina parece haber adoptado como referencia a todo lo que se hacia antes y a todo lo que sugería la Iglesia Católica, pero para hacer todo lo contrario. De ahí parece provenir el actual caos y libertinaje en las costumbres. La libertad plena no sólo se ha aceptado en el caso de las mujeres, sino también en adolescentes y niños, aun cuando no hayan adquirido la madurez suficiente para poder disponer de tal concesión. Albert Einstein escribió: “Comienza a manifestarse la madurez cuando sentimos que nuestra preocupación es mayor por los demás que por nosotros mismos”.
En el otro extremo encontramos a Eva Duarte de Perón, quien admitía una actitud de dependencia y sumisión voluntaria hacia el dominio del hombre; a no ser que fuera una actitud fingida para promover la masiva sumisión de las mujeres argentinas ante el despotismo del tirano sediento de poder. Por las razones que fueren, Eva mantiene en público su adhesión a las costumbres de la época, es decir, considera que la mujer debe realizarse en total dependencia del hombre, en lugar de adoptar una postura independiente. En realidad, una actitud normal e igualitaria, implica que hombre y mujer compartan éxitos y fracasos, alegrías y tristezas, ya que la tan mencionada “liberación” de la mujer puede implicar cierto distanciamiento no recomendable. Juan José Sebreli escribió: “El feminismo, según Evita, se apartaba de la naturaleza misma de la mujer, que era «darse, entregarse por amor, que en esa entrega está su gloria, su salvación y su eternidad». Paradójicamente, Evita quedaría como adalid de la emancipación femenina cuando en realidad fue una defensora acérrima de la visión machista y paternalista de la mujer” (De "Comediantes y mártires"-Editorial Sudamericana SA-Buenos Aires 2008).
El odio de Eva hacia las mujeres destacadas era sorprendente. John Barnes escribió: “En las puertas del periódico La Nación, entonaron las estrofas del Himno Nacional con aquel verso del estribillo que dice: «Libertad, libertad, libertad»…Los vítores y los cantos de aquellas damas de la sociedad porteña muy pronto atrajeron la atención de los guardias de asalto. Siete señoras fueron arrestadas…Todas ellas pasaron la noche en la cárcel, para ser puestas en libertad a la mañana siguiente con una seria advertencia del juez de turno. Durante todos estos acontecimientos, Evita había estado ausente de la ciudad. Cuando regresó y se enteró de lo ocurrido, inmediatamente ordenó que se arrestara nuevamente a las mujeres”.
“Fueron conducidas y amontonadas en celdas que generalmente se reservan para las prostitutas..., un cruel toque de venganza de Evita. Ya lo había hecho antes con un grupo de adolescentes que habían sido arrestadas por reírse del rústico acento de un gobernador de provincia peronista…Por tanto, repitió el mismo castigo con las mujeres mayores y luego las hizo comparecer ante un juez designado por Perón, quien las sentenció a treinta días de cárcel” (De “Eva Perón”-Ultramar Editores Argentina SA-Buenos Aires 1987).
lunes, 4 de septiembre de 2023
El revolucionario reconocimiento del cristianismo de las mujeres como iguales
Por David J. Theroux
El matrimonio ha sido universal a la civilización estando la mayor parte de las ceremonias matrimoniales relacionadas con la religión. Sin embargo, durante años, el matrimonio tradicional y la familia han sido objeto del ridículo secular, con la familia cada vez más politizada y socializada por las burocracias gubernamentales “progresistas”. El resultado ha sido una reducción sin precedentes de la familia en los Estados Unidos, produciendo crecientes tasas de nacimientos fuera del matrimonio, divorcios, delincuencia juvenil, abuso de sustancias y otras patologías. Esta tendencia, no obstante, puede ser revertida, dado que la narrativa progresista que la apuntala es infundada y fácilmente refutable.
El relato bíblico del matrimonio comienza con un hombre y una mujer: “Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios”. Y, “Por esto el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne”. Jesús más adelante recordó a la humanidad estos antecedentes (Mateo 19:4-5, Marcos 10:6-8), y la historia cristiana es vista como culminando con la boda de Cristo con su contrayente, la Iglesia, de la cual derivan todas las discusiones cristianas del matrimonio.
En el cristianismo, el matrimonio es, por lo tanto, una unión sagrada del orden más elevado. Sin embargo, desde la Ilustración, el secularismo ha definido el matrimonio como una unión civil. Muchos académicos consideran el matrimonio tradicional como un patriarcado para dominar y oprimir a las mujeres, todo eso con el apoyo de los déspotas cristianos. Tal narrativa se basa en la teoría de que la humanidad primitiva era igualitaria, matrilineal y socialista, con relaciones sexuales comunitarias, a pesar de la base biológica y de parentesco del apareamiento heterosexual.
Sin embargo, durante miles de años en todo el mundo, una esposa era consideraba propiedad de un marido. En las antiguas comunidades judías, casi todos los adultos estaban casados. A los trece años, un hombre escogía una esposa con la que se comprometía y era considerado casado. El hombre dirigía la familia, con la esposa como su propiedad. En el mundo pagano greco-romano, el matrimonio estaba reservado a los ciudadanos, y una mujer compartía la posición de su esposo como madre de sus hijos, pero ella y la prole eran de él.
Mientras que el adulterio estaba prohibido para las mujeres, no existía obligación alguna de fidelidad para los hombres. Los hombres mayores podían obligar a contraer matrimonio a niñas pre-púberes y forzarlas a realizarse abortos, generalmente una muerte segura no sólo para el bebé sino también para la muchacha. Además, según el sociólogo e historiador Rodney Stark en su libro que resultara finalista al Premio Pulitzer The Rise of Christianity, el infanticidio era un lugar común, siendo las niñas bebe abandonadas de manera desproporcionada, lo que redundaba en “131 hombres por cada 100 mujeres en la ciudad de Roma, y 140 hombres por cada 100 mujeres en Italia, Asia Menor, y el norte de África”.
Sólo con la llegada del cristianismo cambió la condición de la mujer al ser impuestas obligaciones sobre los maridos. Como Stark ha demostrado, “los cristianos condenaron la promiscuidad en los hombres así como en las mujeres y acentuaron las obligaciones de los esposos para con las esposas, así como las de las esposas para con los maridos.... La simetría de la relación descripta por Pablo discrepaba totalmente no sólo con la cultura pagana sino también con la cultura judía”.
Stark demuestra que el cristianismo reconocía a las mujeres como iguales a los hombres, todos sagrados para Dios. Las esposas cristianas no se realizaban abortos (ni lo hacían las esposas judías), y los cristianos se opusieron el infanticidio, la poligamia, el incesto, el divorcio y el adulterio— todo en beneficio de las mujeres. Ya no más sirvientas de los hombres, las mujeres tenían dignidad, no eran compelidas a contraer matrimonio, y sirvieron como líderes en las comunidades cristianas de rápido crecimiento. Las mujeres cristianas se casaban a mayor edad que las paganas y en familias más seguras, tenían mejores matrimonios, no eran obligadas a volver a casarse si enviudaban, y se les brindaba asistencia cuando la precisaban. Stark señala la enseñanza de Pablo:
Pero en vista de tanta inmoralidad, cada hombre debe tener su propia esposa, y cada mujer su propio esposo.El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido. La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer.
Por lo tanto, la narrativa progresista sobre la cual descansan las políticas anti-familia contemporáneas, es falsa. Sólo a través del cristianismo las mujeres recibieron derechos matrimoniales plenos e igualdad de género en la fidelidad. La familia monógama privada ha servido a las necesidades humanas de amor y compañía, al bienestar económico y social y a la crianza de los hijos. El abandono de estas lecciones está en la raíz de la moderna decadencia de la familia, y el gobierno sólo puede socavar aún más los derechos y beneficios que han elevado las vidas de innumerables hombres, mujeres y niños a través del matrimonio de inspiración cristiana. Para restaurar la familia, los líderes cívicos y religiosos deben desafiar dicho disparate a fin de lograr la privatización y despolitización necesarias.
(De www.elindependent.org)
El matrimonio ha sido universal a la civilización estando la mayor parte de las ceremonias matrimoniales relacionadas con la religión. Sin embargo, durante años, el matrimonio tradicional y la familia han sido objeto del ridículo secular, con la familia cada vez más politizada y socializada por las burocracias gubernamentales “progresistas”. El resultado ha sido una reducción sin precedentes de la familia en los Estados Unidos, produciendo crecientes tasas de nacimientos fuera del matrimonio, divorcios, delincuencia juvenil, abuso de sustancias y otras patologías. Esta tendencia, no obstante, puede ser revertida, dado que la narrativa progresista que la apuntala es infundada y fácilmente refutable.
El relato bíblico del matrimonio comienza con un hombre y una mujer: “Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios”. Y, “Por esto el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne”. Jesús más adelante recordó a la humanidad estos antecedentes (Mateo 19:4-5, Marcos 10:6-8), y la historia cristiana es vista como culminando con la boda de Cristo con su contrayente, la Iglesia, de la cual derivan todas las discusiones cristianas del matrimonio.
En el cristianismo, el matrimonio es, por lo tanto, una unión sagrada del orden más elevado. Sin embargo, desde la Ilustración, el secularismo ha definido el matrimonio como una unión civil. Muchos académicos consideran el matrimonio tradicional como un patriarcado para dominar y oprimir a las mujeres, todo eso con el apoyo de los déspotas cristianos. Tal narrativa se basa en la teoría de que la humanidad primitiva era igualitaria, matrilineal y socialista, con relaciones sexuales comunitarias, a pesar de la base biológica y de parentesco del apareamiento heterosexual.
Sin embargo, durante miles de años en todo el mundo, una esposa era consideraba propiedad de un marido. En las antiguas comunidades judías, casi todos los adultos estaban casados. A los trece años, un hombre escogía una esposa con la que se comprometía y era considerado casado. El hombre dirigía la familia, con la esposa como su propiedad. En el mundo pagano greco-romano, el matrimonio estaba reservado a los ciudadanos, y una mujer compartía la posición de su esposo como madre de sus hijos, pero ella y la prole eran de él.
Mientras que el adulterio estaba prohibido para las mujeres, no existía obligación alguna de fidelidad para los hombres. Los hombres mayores podían obligar a contraer matrimonio a niñas pre-púberes y forzarlas a realizarse abortos, generalmente una muerte segura no sólo para el bebé sino también para la muchacha. Además, según el sociólogo e historiador Rodney Stark en su libro que resultara finalista al Premio Pulitzer The Rise of Christianity, el infanticidio era un lugar común, siendo las niñas bebe abandonadas de manera desproporcionada, lo que redundaba en “131 hombres por cada 100 mujeres en la ciudad de Roma, y 140 hombres por cada 100 mujeres en Italia, Asia Menor, y el norte de África”.
Sólo con la llegada del cristianismo cambió la condición de la mujer al ser impuestas obligaciones sobre los maridos. Como Stark ha demostrado, “los cristianos condenaron la promiscuidad en los hombres así como en las mujeres y acentuaron las obligaciones de los esposos para con las esposas, así como las de las esposas para con los maridos.... La simetría de la relación descripta por Pablo discrepaba totalmente no sólo con la cultura pagana sino también con la cultura judía”.
Stark demuestra que el cristianismo reconocía a las mujeres como iguales a los hombres, todos sagrados para Dios. Las esposas cristianas no se realizaban abortos (ni lo hacían las esposas judías), y los cristianos se opusieron el infanticidio, la poligamia, el incesto, el divorcio y el adulterio— todo en beneficio de las mujeres. Ya no más sirvientas de los hombres, las mujeres tenían dignidad, no eran compelidas a contraer matrimonio, y sirvieron como líderes en las comunidades cristianas de rápido crecimiento. Las mujeres cristianas se casaban a mayor edad que las paganas y en familias más seguras, tenían mejores matrimonios, no eran obligadas a volver a casarse si enviudaban, y se les brindaba asistencia cuando la precisaban. Stark señala la enseñanza de Pablo:
Pero en vista de tanta inmoralidad, cada hombre debe tener su propia esposa, y cada mujer su propio esposo.El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido. La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer.
Por lo tanto, la narrativa progresista sobre la cual descansan las políticas anti-familia contemporáneas, es falsa. Sólo a través del cristianismo las mujeres recibieron derechos matrimoniales plenos e igualdad de género en la fidelidad. La familia monógama privada ha servido a las necesidades humanas de amor y compañía, al bienestar económico y social y a la crianza de los hijos. El abandono de estas lecciones está en la raíz de la moderna decadencia de la familia, y el gobierno sólo puede socavar aún más los derechos y beneficios que han elevado las vidas de innumerables hombres, mujeres y niños a través del matrimonio de inspiración cristiana. Para restaurar la familia, los líderes cívicos y religiosos deben desafiar dicho disparate a fin de lograr la privatización y despolitización necesarias.
(De www.elindependent.org)
domingo, 3 de septiembre de 2023
¿Es la ley natural determinista incompatible con la libertad de elección?
Todo lo existente está regido por leyes naturales, siendo la ley natural el vínculo invariante entre causa y efecto. A nivel atómico se mantiene el concepto si bien la causalidad se mantiene pero a nivel estadístico. En la escala humana se puede mantener la idea de ley natural determinista, como un vínculo necesario entre pasado, presente y futuro.
Varios son los autores que aducen que, si estamos los seres humanos regidos por leyes naturales causales, se desvanece la posibilidad del libre albedrío, o libre elección, por lo cual seríamos seres vivientes sumergidos en un determinismo (o fatalismo) del cual poco podemos hacer para salir de él. Emile Boutroux escribió: "En el origen, el hombre no veía por todas partes sino capricho y arbitrariedad. Por consiguiente, la libertad que se atribuía carecía de poder sobre nada. La ciencia moderna le ha hecho ver leyes en todas partes, y cree advertir cómo su libertad se pierde en el determinismo. Pero un justo concepto de las leyes naturales le devuelve la posesión de sí mismo, a la vez que le muestra que su libertad puede ser eficaz y dirigir los fenómenos" (Del "Diccionario del Lenguaje Filosófico" de Paul Foulquie-Editorial Labor SA-Barcelona 1967).
Es oportuno señalar que en toda secuencia de causas y efectos existe un punto de partida que se denomina "condición inicial", que es justamente la que elige libremente cada ser humano, si bien luego todo lo que sigue vendrá determinado por el conjunto de leyes naturales existentes. Así, en cada momento de nuestra vida tenemos a nuestra disposición una gran variedad de posibilidades entre las cuales elegimos una sola de ellas. Podemos elegir salir a caminar, o leer un libro o escuchar música, por ejemplo. Una vez elegida una de esas posibilidades, se desencadena una secuencia de causas y efectos regida por leyes causales, si bien se mantiene la libre elección asociada al ser humano como atributo principal.
Puede aducirse, sin embargo, que la elección adoptada en cada instante viene determinada por la información mantenida en nuestra mente, y que tal información vino regida también por leyes naturales, lo que también es cierto. Sin embargo, debe tenerse presente que los seres humanos actuamos en base a una conjunción de herencia y de infuencias sociales. Así, cada vez que interactuamos con alguien, algo de ese contacto quedará guardado en nuestra memoria, por lo cual queda en nuestra mente la influencia de muchos seres humanos.
Cada una de las personas influyentes, a través de un contacto directo, o de la televisión o a través de un libro, ha sido a la vez influenciada por una cantidad casi ilimitada de personas. Por ello podemos decir que las causas que conducen a cada una de nuestras elecciones cotidianas son ilimitadas, o casi infinitas.
De ahí que la libertad de elección que disponemos descansa sobre una infinidad de causas previas con distintos grados de influencia. Cuando una de tales influencias tiene un predominio mucho mayor que las restantes, puede decirse que la persona influenciada ha perdido, para bien o para mal, parte de su libertad de elección, como es el caso de quienes reemplazan en su mente la realidad observada por una ideología previamente adoptada como referencia para interpretar la realidad.
Acerca del tema tratado, Baruch de Spinoza escribió: "Ninguna cosa singular, o sea, ninguna cosa que es finita y tiene una existencia determinada, puede existir, ni ser determinada a obrar, si no es determinada a existir y obrar por otra causa, que es también finita y tiene una existencia determinada; y esta causa, a su vez, no puede tampoco existir, ni ser determinada a obrar, si no es determinada a existir y a obrar por otra, que también es finita y tiene una existencia determinada, y así al infinito" (Citado en "Spinoza" de Joan Solé-EMSE EDAPP SL-Buenos Aires 2015).
Respecto de lo anterior, Joan Solé escribió: "Esta visión del mundo se denomina determinismo: dado el pasado o antecedente, el futuro o consecuente está decidido, la suerte está echada, lo que ha sucedido determina lo que sucederá debido a leyes de causalidad. Pero, a pesar de que esta visión parece imponer un fatalismo absoluto a los hechos del mundo, si se observa bien deja resquicios para la contingencia".
"El determinismo no afirma que el antecedente sea necesario; la cadena de causas podría haber sido distinta, un hecho remoto no tenía por qué ser necesariamente el que fue, y de haber sido distinto, toda la serie subsiguiente de hechos habría tomado otra dirección, a pesar de que la hubieran regido las mismas leyes de causalidad; dicho de otro modo, dadas las leyes de la naturaleza y un determinado conjunto de condiciones antecedentes, cualquier hecho particular es necesario, pero aún así hay margen para la contingencia porque podría haberse dado otro conjunto de condiciones antecedentes".
Varios son los autores que aducen que, si estamos los seres humanos regidos por leyes naturales causales, se desvanece la posibilidad del libre albedrío, o libre elección, por lo cual seríamos seres vivientes sumergidos en un determinismo (o fatalismo) del cual poco podemos hacer para salir de él. Emile Boutroux escribió: "En el origen, el hombre no veía por todas partes sino capricho y arbitrariedad. Por consiguiente, la libertad que se atribuía carecía de poder sobre nada. La ciencia moderna le ha hecho ver leyes en todas partes, y cree advertir cómo su libertad se pierde en el determinismo. Pero un justo concepto de las leyes naturales le devuelve la posesión de sí mismo, a la vez que le muestra que su libertad puede ser eficaz y dirigir los fenómenos" (Del "Diccionario del Lenguaje Filosófico" de Paul Foulquie-Editorial Labor SA-Barcelona 1967).
Es oportuno señalar que en toda secuencia de causas y efectos existe un punto de partida que se denomina "condición inicial", que es justamente la que elige libremente cada ser humano, si bien luego todo lo que sigue vendrá determinado por el conjunto de leyes naturales existentes. Así, en cada momento de nuestra vida tenemos a nuestra disposición una gran variedad de posibilidades entre las cuales elegimos una sola de ellas. Podemos elegir salir a caminar, o leer un libro o escuchar música, por ejemplo. Una vez elegida una de esas posibilidades, se desencadena una secuencia de causas y efectos regida por leyes causales, si bien se mantiene la libre elección asociada al ser humano como atributo principal.
Puede aducirse, sin embargo, que la elección adoptada en cada instante viene determinada por la información mantenida en nuestra mente, y que tal información vino regida también por leyes naturales, lo que también es cierto. Sin embargo, debe tenerse presente que los seres humanos actuamos en base a una conjunción de herencia y de infuencias sociales. Así, cada vez que interactuamos con alguien, algo de ese contacto quedará guardado en nuestra memoria, por lo cual queda en nuestra mente la influencia de muchos seres humanos.
Cada una de las personas influyentes, a través de un contacto directo, o de la televisión o a través de un libro, ha sido a la vez influenciada por una cantidad casi ilimitada de personas. Por ello podemos decir que las causas que conducen a cada una de nuestras elecciones cotidianas son ilimitadas, o casi infinitas.
De ahí que la libertad de elección que disponemos descansa sobre una infinidad de causas previas con distintos grados de influencia. Cuando una de tales influencias tiene un predominio mucho mayor que las restantes, puede decirse que la persona influenciada ha perdido, para bien o para mal, parte de su libertad de elección, como es el caso de quienes reemplazan en su mente la realidad observada por una ideología previamente adoptada como referencia para interpretar la realidad.
Acerca del tema tratado, Baruch de Spinoza escribió: "Ninguna cosa singular, o sea, ninguna cosa que es finita y tiene una existencia determinada, puede existir, ni ser determinada a obrar, si no es determinada a existir y obrar por otra causa, que es también finita y tiene una existencia determinada; y esta causa, a su vez, no puede tampoco existir, ni ser determinada a obrar, si no es determinada a existir y a obrar por otra, que también es finita y tiene una existencia determinada, y así al infinito" (Citado en "Spinoza" de Joan Solé-EMSE EDAPP SL-Buenos Aires 2015).
Respecto de lo anterior, Joan Solé escribió: "Esta visión del mundo se denomina determinismo: dado el pasado o antecedente, el futuro o consecuente está decidido, la suerte está echada, lo que ha sucedido determina lo que sucederá debido a leyes de causalidad. Pero, a pesar de que esta visión parece imponer un fatalismo absoluto a los hechos del mundo, si se observa bien deja resquicios para la contingencia".
"El determinismo no afirma que el antecedente sea necesario; la cadena de causas podría haber sido distinta, un hecho remoto no tenía por qué ser necesariamente el que fue, y de haber sido distinto, toda la serie subsiguiente de hechos habría tomado otra dirección, a pesar de que la hubieran regido las mismas leyes de causalidad; dicho de otro modo, dadas las leyes de la naturaleza y un determinado conjunto de condiciones antecedentes, cualquier hecho particular es necesario, pero aún así hay margen para la contingencia porque podría haberse dado otro conjunto de condiciones antecedentes".
sábado, 2 de septiembre de 2023
Justicia natural vs. Justicia social
Mientras que en al Antiguo Testamento predomina la idea de un Dios justiciero, que castiga a los seres humanos cuando no acatan sus mandatos, en el Nuevo Testamento predomina la idea de un Dios padre, que protege a sus hijos cuando acatan sus mandatos. Cuando se advierte cierta contradicción interna en la Biblia, esta aparente incoherencia puede interpretarse a través de la adaptación, o no, de los seres humanos ante la ley natural.
Cuando el ser humano no se adapta a las leyes que conforman el orden natural, sufre como consecuencia, por lo que en la visión de la antigüedad se interpretaba tal sufrimiento como la consecuencia de un castigo proveniente de Dios, y de ahí la caracterización de Dios como un justiciero que castiga la desobediencia a sus leyes.
Por el contrario, cuando el ser humano se adapta a las leyes que conforman el orden natural, se beneficia con cierto bienestar o felicidad, como una consecuencia inmediata. De ahí que surja la visión de un Dios padre que vela por la integridad de sus hijos. Ello conduce a la idea de que existe un orden natural, sin intervenciones de Dios, siendo el propio ser humano quien se autocastiga o bien se autobeneficia.
Este proceso de adaptación del ser humano al orden natural puede denominarse "justicia natural" ya que funciona en base a premios y castigos, aún cuando tales consecuencias sean "elegidas" por los propios seres humanos.
En la actualidad, sin embargo, tal justicia tiende a ser reemplazada por la denominada "justicia social", por la cual el Estado, como principal actor, se encarga de quitar recursos económicos al que produce (contra su voluntad) para otorgárselos a quienes poco o nada producen (recibidos con beneplácito). El lema de esta "justicia" podría asociarse a una expresión atribuida a Eva Perón: "Cada necesidad genera un derecho". También resulta compatible con el lema socialista: "De cada uno según su capacidad, a cada uno según su necesidad".
La "justicia social", sin embargo, es rechazada por individuos que tienen dignidad y no aceptan beneficios que no sean logrados mediante el trabajo productivo. No quieren sentirse como parásitos sociales sumidos en la inferioridad moral a que conduce tamaña desigualdad. Por el contrario, las masas con poca dignidad aceptan gustosamente el proceso confiscatorio que produce el Estado para mantenerlos sin ninguna obligación laboral, o bien mediante una aparente función laboral.
La severa decadencia económica y social que padece la Argentina resulta ser una consecuencia inmediata del auge de la "justicia social" peronista, llegando al extremo de que, quienes reciben planes sociales, y no trabajan mínimamente, ganan mensualmente más que quienes deben trabajar arduamente, incluso en más de un trabajo. Además, se ha llenado el Estado con millones de empleados públicos que realizan un pseudotrabajo, que muchas veces sólo sirve para entorpecer a quienes realizan un trabajo productivo. De esa forma, además, se ha llegado al extremo de que algunas provincias argentinas, como es el caso de Formosa, generen sólo el 6% de lo que consumen.
A pesar de las enormes dificultades que debe afrontar el ciudadano argentino, existe un alto porcentaje de la población que defiende la "justicia social" peronista, socialista y católica (ya que el actual pontífice es un alto exponente a favor de la misma).
Lo que llama la atención es que los defensores de la, mejor llamada, "injusticia social", aducen principios morales que la justifican, y con tales "principios" descalifican toda propuesta liberal que se aproxima mucho más a la justicia natural. Es oportuno tener presente que la finalidad y la justificación de la economía de mercado es la cooperación social, mediante intercambios asociados al trabajo productivo.
Cuando el ser humano no se adapta a las leyes que conforman el orden natural, sufre como consecuencia, por lo que en la visión de la antigüedad se interpretaba tal sufrimiento como la consecuencia de un castigo proveniente de Dios, y de ahí la caracterización de Dios como un justiciero que castiga la desobediencia a sus leyes.
Por el contrario, cuando el ser humano se adapta a las leyes que conforman el orden natural, se beneficia con cierto bienestar o felicidad, como una consecuencia inmediata. De ahí que surja la visión de un Dios padre que vela por la integridad de sus hijos. Ello conduce a la idea de que existe un orden natural, sin intervenciones de Dios, siendo el propio ser humano quien se autocastiga o bien se autobeneficia.
Este proceso de adaptación del ser humano al orden natural puede denominarse "justicia natural" ya que funciona en base a premios y castigos, aún cuando tales consecuencias sean "elegidas" por los propios seres humanos.
En la actualidad, sin embargo, tal justicia tiende a ser reemplazada por la denominada "justicia social", por la cual el Estado, como principal actor, se encarga de quitar recursos económicos al que produce (contra su voluntad) para otorgárselos a quienes poco o nada producen (recibidos con beneplácito). El lema de esta "justicia" podría asociarse a una expresión atribuida a Eva Perón: "Cada necesidad genera un derecho". También resulta compatible con el lema socialista: "De cada uno según su capacidad, a cada uno según su necesidad".
La "justicia social", sin embargo, es rechazada por individuos que tienen dignidad y no aceptan beneficios que no sean logrados mediante el trabajo productivo. No quieren sentirse como parásitos sociales sumidos en la inferioridad moral a que conduce tamaña desigualdad. Por el contrario, las masas con poca dignidad aceptan gustosamente el proceso confiscatorio que produce el Estado para mantenerlos sin ninguna obligación laboral, o bien mediante una aparente función laboral.
La severa decadencia económica y social que padece la Argentina resulta ser una consecuencia inmediata del auge de la "justicia social" peronista, llegando al extremo de que, quienes reciben planes sociales, y no trabajan mínimamente, ganan mensualmente más que quienes deben trabajar arduamente, incluso en más de un trabajo. Además, se ha llenado el Estado con millones de empleados públicos que realizan un pseudotrabajo, que muchas veces sólo sirve para entorpecer a quienes realizan un trabajo productivo. De esa forma, además, se ha llegado al extremo de que algunas provincias argentinas, como es el caso de Formosa, generen sólo el 6% de lo que consumen.
A pesar de las enormes dificultades que debe afrontar el ciudadano argentino, existe un alto porcentaje de la población que defiende la "justicia social" peronista, socialista y católica (ya que el actual pontífice es un alto exponente a favor de la misma).
Lo que llama la atención es que los defensores de la, mejor llamada, "injusticia social", aducen principios morales que la justifican, y con tales "principios" descalifican toda propuesta liberal que se aproxima mucho más a la justicia natural. Es oportuno tener presente que la finalidad y la justificación de la economía de mercado es la cooperación social, mediante intercambios asociados al trabajo productivo.
viernes, 1 de septiembre de 2023
Perón vs. Victoria Ocampo
La Argentina, a partir del peronismo, quedó dividida en dos sectores irreconciliables. Tal es así, que desde el sector peronista no se considera “argentino” al anti-peronista, ni tampoco el anti-peronista reconoce como argentino al peronista, justamente porque el peronista considera a su héroe político por encima de la integridad de la patria. Alicia Jurado escribió al respecto: “El gobierno peronista, antes de que yo la conociera [a Victoria Ocampo], había demostrado ese odio metiéndola en la cárcel durante un mes, sin que se la acusara de nada ni se le diera explicación alguna al ponerla en libertad; este episodio le produjo una impresión indeleble y se refirió a él muchas veces. Para mí, la prisión de 1945 había sido una semana de exaltación y camaradería juveniles y no le di demasiada importancia; pero para Victoria, persona ya mayor y que en nada había provocado, como lo hicimos los estudiantes, la ira oficial, aquella incomprensible injusticia y el hecho de no verse en compañía de sus pares sino sola entre delincuentes, tiene que haberle parecido una pesadilla semejante a «El proceso de Kafka» o a los insólitos destinos que imagina Borges en «La lotería en Babilonia»”.
“De esas arbitrariedades nadie se vio libre. En una ocasión, por cantar el Himno Nacional en la calle, metieron presas a un grupo de señoras entre las que estaban Adela Grondona, que años después contó el hecho en un librito al que tituló «El grito sagrado». Norah, la hermana de Borges y la propia Leonor Acevedo, madre de ambos, quien por su avanzada edad cumplió la sentencia arrestada en su domicilio. Contaba Leonorcita que el comisario la reconvino por perturbar, a sus años, el orden público y ella respondió:
- No hice más que cantar mi himno.
- El nuestro –le señaló el comisario
- Así es, pero es más mío que suyo.
Y ante el asombro de su interlocutor, añadió:
- Lo escribió mi abuelo Vicente López y Planes
(De “El mundo de la palabra”-Emecé Editores SA-Buenos Aires 1990).
Durante el régimen totalitario peronista, el líder y sus seguidores podían emitir descalificaciones y agravios a los "enemigos de la patria", mientras que éstos deberían quedarse callados ante el riesgo de ser detenidos por la policía y encarcelados posteriormente, como fue el caso de la escritora Victoria Ocampo, encarcelada durante casi un mes por el hecho de ser opositora al régimen.
Ovidio Lagos escribe sobre su madre, que estuvo detenida por silbar en un cine en el momento en que en un noticiero aparecía Perón. Escribió al respecto: "Ya en 1947 el régimen peronista comenzaba a mostrar su espíritu totalitario, y tanto la clase alta como la clase media sintieron la irritación que producían las formas -más que la ideología- producto del gobierno de Juan Perón y de su mujer, María Eva Duarte, que pronto sería Evita".
"El pronóstico que se cernía sobre el futuro es ominoso. Ese segmento no estaba acostumbrado a gabinetes integrados por desconocidos, a una creciente propaganda que comenzaba a asemejarse peligrosamente al fascismo italiano, y a un poder gremial que se consolidaba día a día. Pero aún faltaba mucho por ver".
"Inesperadamente, mi madre apareció en el diario La Razón. El título de la nota decía: «Tres señoras detenidas en un cine por silbar al Presidente». Apenas fue liberada, lo consideró poco menos que una gesta, aunque en realidad se trató de una comedia que denotó su poca paciencia de las épocas que se avecinaban".
"Aquella tarde de julio de 1947, lanzaría su primer desafío antiperonista. Veamos. Sucesos Argentinos era el obligado noticiario que se proyectaba antes de la película principal y mirado desde la perspectiva actual constituía un perfecto ejemplo del kitsch y del candor político".
"La propaganda en el celuloide del régimen de Juan Domingo Perón -básicamente inauguración de obras públicas y actos oficiales- era la esencia de su contenido, aun cuando admitía algunas notas «de color»; por ejemplo, una doma de potros en San Antonio de Areco. La voz del locutor y los textos inverosímiles se convirtieron en una suerte de marca registrada".
"No bien comenzada la proyección, aparecieron las imágenes de Perón visitando la Exposición Rural de Palermo, momento que eligieron estas tres señoras para emitir estridentes silbidos. Cuando se mostraba un toro, en cambio, aplaudían con desbordado entusiasmo...Lo que nunca imaginaron estas reactivas adolescentes tardías es que tres hombres vestidos de civil se les aproximarían".
"-Señoras, están detenidas- sentenciaron".
"Poco después llegaron a la Comisaría 1era donde las recibieron el comisario y un ayudante, que les preguntó sus nombres. Estuvieron más desafiantes cuando se les preguntó por su profesión".
"-Oligarcas- respondieron al unísono".
"El comisario atinó -sabiamente- a aconsejarles que cambiaran su «profesión», ya que, si no lo hacían, la de «oligarcas» quedaría asentada en sus prontuarios. Pero las señoras eran obstinadas...".
"El comisario no se equivocó: cinco años después, en 1952, cuando mi madre intentó viajar conmigo a Punta del Este, el gobierno exigía pasaporte, y se lo negaron por aquella declaración en la Comisaría 1era" (De "Una mujer irreverente"-Editorial El Ateneo-Buenos Aires 2011).
Finalmente, gracias a un militar amigo, peronista, pudo obtener su pasaporte y viajar. Es oportuno mencionar un hecho innegable; que los peronistas odiaban a la "oligarquía" porque en realidad querían estar en esa posición social. Al respecto, Lagos escribió: "Como es habitual en la Argentina, varias fortunas nacen al calor de la política y el gobierno peronista no fue la excepción. A esta clase social que, curiosamente, aspiraba a asemejarse a la aristocracia y no al pueblo, se los llamó jerarcas...Se desvivían por hacerse amigos de los oligarcas".
“De esas arbitrariedades nadie se vio libre. En una ocasión, por cantar el Himno Nacional en la calle, metieron presas a un grupo de señoras entre las que estaban Adela Grondona, que años después contó el hecho en un librito al que tituló «El grito sagrado». Norah, la hermana de Borges y la propia Leonor Acevedo, madre de ambos, quien por su avanzada edad cumplió la sentencia arrestada en su domicilio. Contaba Leonorcita que el comisario la reconvino por perturbar, a sus años, el orden público y ella respondió:
- No hice más que cantar mi himno.
- El nuestro –le señaló el comisario
- Así es, pero es más mío que suyo.
Y ante el asombro de su interlocutor, añadió:
- Lo escribió mi abuelo Vicente López y Planes
(De “El mundo de la palabra”-Emecé Editores SA-Buenos Aires 1990).
Durante el régimen totalitario peronista, el líder y sus seguidores podían emitir descalificaciones y agravios a los "enemigos de la patria", mientras que éstos deberían quedarse callados ante el riesgo de ser detenidos por la policía y encarcelados posteriormente, como fue el caso de la escritora Victoria Ocampo, encarcelada durante casi un mes por el hecho de ser opositora al régimen.
Ovidio Lagos escribe sobre su madre, que estuvo detenida por silbar en un cine en el momento en que en un noticiero aparecía Perón. Escribió al respecto: "Ya en 1947 el régimen peronista comenzaba a mostrar su espíritu totalitario, y tanto la clase alta como la clase media sintieron la irritación que producían las formas -más que la ideología- producto del gobierno de Juan Perón y de su mujer, María Eva Duarte, que pronto sería Evita".
"El pronóstico que se cernía sobre el futuro es ominoso. Ese segmento no estaba acostumbrado a gabinetes integrados por desconocidos, a una creciente propaganda que comenzaba a asemejarse peligrosamente al fascismo italiano, y a un poder gremial que se consolidaba día a día. Pero aún faltaba mucho por ver".
"Inesperadamente, mi madre apareció en el diario La Razón. El título de la nota decía: «Tres señoras detenidas en un cine por silbar al Presidente». Apenas fue liberada, lo consideró poco menos que una gesta, aunque en realidad se trató de una comedia que denotó su poca paciencia de las épocas que se avecinaban".
"Aquella tarde de julio de 1947, lanzaría su primer desafío antiperonista. Veamos. Sucesos Argentinos era el obligado noticiario que se proyectaba antes de la película principal y mirado desde la perspectiva actual constituía un perfecto ejemplo del kitsch y del candor político".
"La propaganda en el celuloide del régimen de Juan Domingo Perón -básicamente inauguración de obras públicas y actos oficiales- era la esencia de su contenido, aun cuando admitía algunas notas «de color»; por ejemplo, una doma de potros en San Antonio de Areco. La voz del locutor y los textos inverosímiles se convirtieron en una suerte de marca registrada".
"No bien comenzada la proyección, aparecieron las imágenes de Perón visitando la Exposición Rural de Palermo, momento que eligieron estas tres señoras para emitir estridentes silbidos. Cuando se mostraba un toro, en cambio, aplaudían con desbordado entusiasmo...Lo que nunca imaginaron estas reactivas adolescentes tardías es que tres hombres vestidos de civil se les aproximarían".
"-Señoras, están detenidas- sentenciaron".
"Poco después llegaron a la Comisaría 1era donde las recibieron el comisario y un ayudante, que les preguntó sus nombres. Estuvieron más desafiantes cuando se les preguntó por su profesión".
"-Oligarcas- respondieron al unísono".
"El comisario atinó -sabiamente- a aconsejarles que cambiaran su «profesión», ya que, si no lo hacían, la de «oligarcas» quedaría asentada en sus prontuarios. Pero las señoras eran obstinadas...".
"El comisario no se equivocó: cinco años después, en 1952, cuando mi madre intentó viajar conmigo a Punta del Este, el gobierno exigía pasaporte, y se lo negaron por aquella declaración en la Comisaría 1era" (De "Una mujer irreverente"-Editorial El Ateneo-Buenos Aires 2011).
Finalmente, gracias a un militar amigo, peronista, pudo obtener su pasaporte y viajar. Es oportuno mencionar un hecho innegable; que los peronistas odiaban a la "oligarquía" porque en realidad querían estar en esa posición social. Al respecto, Lagos escribió: "Como es habitual en la Argentina, varias fortunas nacen al calor de la política y el gobierno peronista no fue la excepción. A esta clase social que, curiosamente, aspiraba a asemejarse a la aristocracia y no al pueblo, se los llamó jerarcas...Se desvivían por hacerse amigos de los oligarcas".
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