Tanto en Occidente, como en otras partes del planeta, el proceso educativo presenta cierta complejidad por cuanto han sido varias las influencias acerca de sus fines, contenidos y métodos de enseñanza. A continuación se trascribe una breve historia de la educación en Occidente desde la visión de un sacerdote católico, tal el caso de Alfredo Sáenz. Se advierte en la misma cierto predominio de críticas a lo no católico y pocas críticas a la influencia de su propia religión. Aún así, brinda un panorama general del proceso en cuestión.
El autor, al criticar el rechazo de lo sobrenatural, tal la postura de quienes observan un universo en donde lo natural y lo sobrenatural se identifican, pareciera que los propios creyentes no confían en las habilidades del Creador, ya que suponen que no le bastaba con una sola materia para construirlo todo. Una gran limitación del alcance y efectividad del cristianismo radica precisamente en la complejidad innecesaria que establece la intromisión de lo sobrenatural, siendo posible describir el universo en base a leyes naturales invariantes que no requieren de la intervención de una deidad que las interrumpe de vez en cuando.
BREVE HISTORIA DE LA EDUCACIÓN
El tema de la educación es un tema perenne. Ya los griegos se preocuparon por la formación del hombre integral. Y lo pensaron sobre todo en base a dos actividades, la gimnasia y la música; la gimnasia para la formación del cuerpo y la música (o bellas artes) para la educación del alma. Así trataban de lograr el hombre de la "areté", de la virtud.
Llegada la época del cristianismo, se planteó enseguida en la primitiva Iglesia el problema de la vinculación de las materias profanas con la revelación cristiana. Ello fue motivo de largas discusiones, que tuvieron por protagonistas a algunos Santos Padres y escritores eclesiásticos, discusiones que versaron acerca de la relación entre el Evangelio y la cultura griega o, al decir de Tertuliano, entre Pablo y Aristóteles. Razón y revelación, filosofía y cristianismo, naturaleza y gracia: he ahí los dos elementos que a veces pudieron ser considerados en relación dialéctica.
El hecho es que con el tiempo se fue produciendo la anhelada síntesis entre revelación -que provenía del ámbito del pueblo elegido- y la cultura del mundo greco-romano -derivada del ámbito de lo que los judíos llamaban "las naciones" o los gentiles. Ambas cosas: la revelación y la cultura, aunque de distintos modos, brotaban de la misma Providencia divina.
Al fin y al cabo, Cristo no era sino la plenitud de los tiempos, no sólo la plenitud de la revelación sino también la plenitud de la sabiduría, el Logos encarnado. Gracias principalmente a los intentos de la escuela palatina de Carlomagno, dirigida por Alcuino, se fue organizando la primera educación católica que alcanzaría un momento de apogeo en la Edad Media, la tan vilipendiada Edad Media.
La enseñanza se repartía en el "trivium", constituido por la gramática, la retórica y la dialéctica, o sea la enseñanza del idioma latín, la literatura y la oratoria, y el arte del razonamiento. El "quadrivium" completaba la formación intelectual añadiendo la aritmética, la geometría, la astronomía y la música. Esta última disciplina comprendía las diversas artes liberales: poesía, historia y música propiamente dicha.
Sin embargo, la enseñanza no quedaba circunscripta a estas siete materias. Trivium y quadrivium no eran más que medios; el fin consistía en formar a los alumnos en la verdad y la sabiduría. Todo el estudio de las diversas asignaturas humanas estaba empapado de Dios, de Cristo, de Iglesia, estaba bañado en la teología, en el conocimiento del mundo sobrenatural, sin escisión alguna. Cristo era considerado el Rey no sólo de las naciones -Rex regum- sino también de la cultura -Rex veritatis.
A partir de fines de la Edad Media comienza un proceso de desintegración de la cultura. El primer paso lo da el Renacimiento. El hombre del Renacimiento continúa siendo cristiano; para él teóricamente Dios sigue existiendo, pero sin embargo a la gloria de Dios va progresivamente sustituyendo de hecho la gloria del hombre. Este hombre sigue afirmando la gracia y el pecado, su filiación divina, etc., pero en la práctica se va convirtiendo en hombre a secas.
El genio y el artista sustituyen al hombre virtuoso, el príncipe maquiavélico sucede al rey santo, al estilo de San Luis. Interesa más el nuevo "homo universalis" que el "homo religiosus" del trasnochado medioevo. Subsiste la religión, pero escindida de todo lo demás. Lo temporal profano pretende independencia absoluta; no su justa autonomía sino su independencia total. La filosofía rompe con la teología; el derecho, la política y el arte se divorcian de la moral. Queda inaugurada la era de las rupturas y de las rebeliones.
Luego viene el Protestantismo, que implica un avance en la línea de la escisión desintegradora de aquel edificio arquitectónico que había constituido la grandeza de la cristiandad medieval. Dios existe, sí, pero se lo aleja más y más, hacia el mundo de lo irracional. Asimismo la Iglesia, expulsada antes del ámbito temporal, lo es ahora del ámbito mismo de lo religioso, e incluso se la aliena del hombre individual, el cual en adelante, recurriendo al libre examen, deberá entenderse a solas con Dios.
Y dentro mismo del hombre, la grieta entre gracia y naturaleza se va ampliando, ya que según la concepción protestante la gracia es algo puramente extrínseco que cubre pero no sana ni eleva propiamente. A su vez el mundo queda mucho más secularizado, no sólo porque la Iglesia ha sido exiliada de lo temporal, sino porque incluso los templos materiales dejan de ser templos sacros al desaparecer de ellos el sacrificio y al quedar reducida al mínimo la sacramentalidad.
Después se da otro paso: el Deísmo, que surgiendo en Inglaterra, pasa luego a Francia y Alemania con el nombre de Iluminismo o Aufklarung. El proceso de la rebelión avanza. Ahora va a comportar la negación de todo el orden sobrenatural. Dios existe, sí, pero no es el Dios de la revelación, el Dios uno y trino, sino el Creador del orden natural, el supremo Hacedor, el Arquitecto que hizo el mundo y se fue. Un Dios que está en el principio y en el fin. Pero no está en el presente, en la historia. Y lo que cuenta para este hombre es tan sólo la historia, lo intrahistórico. Es la época de la sectorización de la enseñanza, del enciclopedismo masónico. Es el mundo liberal, burgués, el mundo del "homo faber", del rendimiento, del negocio.
Finalmente accede el Materialismo contemporáneo, el individual freudiano y el social marxista. No sólo se expulsa a la Iglesia -como en el protestantismo- y a Cristo- como en el deísmo- sino al mismo Dios, proclamándose el ateísmo, o mejor, el antiteísmo más radical. Porque, si bien Dios no existe, debe ser combatido como si existiera. El hombre es sólo materia. Cualquier pretensión de espiritualidad, especialmente en el nivel de la educación, constituiría un espejismo alienante. Y el mundo se convierte en un hormiguero, un enorme Gulag.
Nosotros vivimos en esta época, en este siglo XX, que ha recibido los desemboques de todo ese largo proceso iniciado en el Renacimiento o al fin de la Edad Media. Y es precisamente el ámbito de la cultura el que ha sido más bombardeado por las fuerzas disgregadoras. Hoy todos los valores están en tela de juicio: la verdad, el bien, la belleza, el amor, la patria, la familia, Dios, todo. Y conste que no se trata de una crisis localizada en un espacio determinado, sino que se extiende peligrosamente, ya que prácticamente incide sobre la totalidad del mundo a través de los medios masivos de comunicación.
Una crisis que, para colmo, se presenta encarnada en personajes de literatura, o en personajes reales, del cine, del arte, lo cual resulta aún más impactante. La consecuencia: el hombre se siente vacío, disperso, incapaz de pensar, con una desbocada apetencia de sensaciones y de cosas materiales, ese hombre que experimenta una especie de frenesí por vencer el horrible aburrimiento que lo diseca.
Decía Chesterton que las viejas virtudes cristianas se han vuelto locas. ¿Cómo se produjo este enloquecimiento? Primero, desconectándose las virtudes entre sí. La caridad, por ejemplo, desconectada de la verdad, puede llevarnos a amar tanto al pecador que acabamos de decir que el pecado no es pecado. Segundo, desarraigándose las virtudes de sus respectivas potencias. Así, a una virtud cristiana tan fundamental como es la humildad, que tiene su propio lugar en la voluntad, se la cambia de potencia, se la ubica en la inteligencia.
Y entonces tenemos al hombre relativista, al escéptico, al que la certeza le angustia; su paz reside en la duda. Virtudes, pues, desconectadas; virtudes desubicadas de sus potencias y objetos. Más aún: en ocasiones las potencias y hábitos actúan sin objeto alguno, funcionan en el vacío, patinando como las ruedas sobre el barro. Es lo que le pasa con frecuencia al hombre de nuestro tiempo que se siente angustiado, deprimido, sin saber por qué, y entonces odia y declara repugnante la realidad con que se topa, cualquiera sea ella. En el nihilismo, la culminación y el paroxismo del subjetivismo, del autoencierro del hombre que se quiso autosuficiente.
(De "Cómo evangelizar desde la cátedra" de Alfredo Sáenz-Ediciones Mikael-Paraná 1983).
domingo, 11 de junio de 2023
sábado, 10 de junio de 2023
Limitación de la población mundial
En un año, el exceso de nacimientos sobre decesos, a nivel mundial, es de unos 100 millones de individuos. Debido a las limitaciones que impone el tamaño de nuestro planeta, resulta evidente que existirá una población límite más allá de la cual se producirán conflictos por falta de alimentos y de viviendas.
Si bien dicho límite poblacional no se conoce con exactitud, existen dos formas extremas de limitar la población mundial previendo no superar tal límite natural. Y son las siguientes posibilidades:
a) Afianzar las economías nacionales junto a los sistemas jubilatorios.
b) Promover métodos antirreproductivos (aborto, homosexualidad, etc).
En el primer caso, se justifica tal forma de encarar el problema teniendo presente que, en un pasado no tan lejano, los matrimonios tenían una gran cantidad de hijos por cuanto, al no existir sistemas jubilatorios adecuados, la única posibilidad de sobrevivir en la vejez implicaba tener el apoyo de gente joven, como sus hijos y nietos. Además, en épocas de gran mortalidad infantil, sólo teniendo varios hijos se lograría cierta seguridad para afrontar la vejez.
En la actualidad, el aumento poblacional está asociado a un encarecimiento de los alimentos, mientras que la adquisición o el alquiler de viviendas también actúa como una presión del medio para desalentar la formación de familias numerosas. De ahí que algunas versiones optimistas indican que estamos llegando a una etapa en que la duplicación de la población mundial se extenderá por un periodo de años bastante extenso.
Para calcular el tiempo de duplicación de una población se utiliza una regla práctica que implica dividir 70 por el porcentaje de aumento anual de la población. Así, si la población mundial crece a un 2% anual, el tiempo de duplicación será de 70/2 = 35 años, aproximadamente.
Una mejora en las condiciones económicas, previamente morales, podrá conducir al desaliento de familias numerosas sin necesidad de promover la "reducción artificial" o "antinatural" promovida por organismos y poderes económicos internacionales, vía aborto y homosexualidad, principalmente.
Las principales víctimas de esta alternativa son los niños por nacer, que serán mutilados por sus propias madres. Los niños que logran evitar tal destrucción, desde niños serán inducidos a cambiar de "preferencia sexual", es decir, serán inducidos a preferir la opción contraria a la que traen desde nacimiento. Ello conducirá posteriormente a formar "matrimonios" del mismo sexo con la imposibilidad de seguir trayendo nuevos habitantes al planeta.
Cuando intentamos comprender la mentalidad generalizada que se está imponiendo en el planeta, que a veces consideramos como una locura colectiva y en ascenso, podemos encontrale cierto sentido en la existencia de presiones de organismos que promueven una limitación artificial de la población mundial.
Respecto del aborto, la Madre Teresa de Calcuta, expresó: "La amenaza más grande que sufre la paz hoy en día es el aborto, porque el aborto es hacer la guerra al niño; el niño inocente muere a manos de su propia madre. Si aceptamos que una madre pueda matar a su propio hijo ¿cómo podremos decirle a otros que no se maten? El país que acepta el aborto no está enseñando a su pueblo a amar sino a aplicar la violencia para conseguir lo que quiere".
"Mucha gente se siente preocupada por los niños de la India o del África, donde tantos mueren de hambre. Muchos otros también están preocupados por la violencia en este gran país, los EEUU. Y estas preocupaciones son muy buenas. Pero muy a menudo esa misma gente no muestra la menor preocupación por los millones de niños que son asesinados por la deliberada decisión de sus propias madres. Este es hoy el mayor destructor de la paz -el aborto- que lleva a esa gente a tal ceguera".
"El aborto destruye la paz y causa ceguera hacia el enfermo, el hambriento y el desnudo. ¿El aborto guía a la ceguera entre las naciones? Por supuesto que sí, ya que la vida es tan débil y destruirla se hace tan trivial, tan clínico, tan fácil. ¿Por qué deberían las personas y las naciones dignificar la vida, si florece el aborto? ¿Por qué se atormentan por la muerte indiscriminada en Bosnia, cuando los niños son asesinados mucho más eficientemente y fuera de la vista de las cámaras de televisión?".
"Gustosamente acepto cualquier niño condenado a ser abortado. Yo les daré esos niños a un matrimonio que los ame y a su vez sea amado por ellos" (Citado en "Derecho a la vida: cultura de la muerte" de Alfredo Sáenz-Ediciones Gladius-Buenos Aires 1994).
Si bien dicho límite poblacional no se conoce con exactitud, existen dos formas extremas de limitar la población mundial previendo no superar tal límite natural. Y son las siguientes posibilidades:
a) Afianzar las economías nacionales junto a los sistemas jubilatorios.
b) Promover métodos antirreproductivos (aborto, homosexualidad, etc).
En el primer caso, se justifica tal forma de encarar el problema teniendo presente que, en un pasado no tan lejano, los matrimonios tenían una gran cantidad de hijos por cuanto, al no existir sistemas jubilatorios adecuados, la única posibilidad de sobrevivir en la vejez implicaba tener el apoyo de gente joven, como sus hijos y nietos. Además, en épocas de gran mortalidad infantil, sólo teniendo varios hijos se lograría cierta seguridad para afrontar la vejez.
En la actualidad, el aumento poblacional está asociado a un encarecimiento de los alimentos, mientras que la adquisición o el alquiler de viviendas también actúa como una presión del medio para desalentar la formación de familias numerosas. De ahí que algunas versiones optimistas indican que estamos llegando a una etapa en que la duplicación de la población mundial se extenderá por un periodo de años bastante extenso.
Para calcular el tiempo de duplicación de una población se utiliza una regla práctica que implica dividir 70 por el porcentaje de aumento anual de la población. Así, si la población mundial crece a un 2% anual, el tiempo de duplicación será de 70/2 = 35 años, aproximadamente.
Una mejora en las condiciones económicas, previamente morales, podrá conducir al desaliento de familias numerosas sin necesidad de promover la "reducción artificial" o "antinatural" promovida por organismos y poderes económicos internacionales, vía aborto y homosexualidad, principalmente.
Las principales víctimas de esta alternativa son los niños por nacer, que serán mutilados por sus propias madres. Los niños que logran evitar tal destrucción, desde niños serán inducidos a cambiar de "preferencia sexual", es decir, serán inducidos a preferir la opción contraria a la que traen desde nacimiento. Ello conducirá posteriormente a formar "matrimonios" del mismo sexo con la imposibilidad de seguir trayendo nuevos habitantes al planeta.
Cuando intentamos comprender la mentalidad generalizada que se está imponiendo en el planeta, que a veces consideramos como una locura colectiva y en ascenso, podemos encontrale cierto sentido en la existencia de presiones de organismos que promueven una limitación artificial de la población mundial.
Respecto del aborto, la Madre Teresa de Calcuta, expresó: "La amenaza más grande que sufre la paz hoy en día es el aborto, porque el aborto es hacer la guerra al niño; el niño inocente muere a manos de su propia madre. Si aceptamos que una madre pueda matar a su propio hijo ¿cómo podremos decirle a otros que no se maten? El país que acepta el aborto no está enseñando a su pueblo a amar sino a aplicar la violencia para conseguir lo que quiere".
"Mucha gente se siente preocupada por los niños de la India o del África, donde tantos mueren de hambre. Muchos otros también están preocupados por la violencia en este gran país, los EEUU. Y estas preocupaciones son muy buenas. Pero muy a menudo esa misma gente no muestra la menor preocupación por los millones de niños que son asesinados por la deliberada decisión de sus propias madres. Este es hoy el mayor destructor de la paz -el aborto- que lleva a esa gente a tal ceguera".
"El aborto destruye la paz y causa ceguera hacia el enfermo, el hambriento y el desnudo. ¿El aborto guía a la ceguera entre las naciones? Por supuesto que sí, ya que la vida es tan débil y destruirla se hace tan trivial, tan clínico, tan fácil. ¿Por qué deberían las personas y las naciones dignificar la vida, si florece el aborto? ¿Por qué se atormentan por la muerte indiscriminada en Bosnia, cuando los niños son asesinados mucho más eficientemente y fuera de la vista de las cámaras de televisión?".
"Gustosamente acepto cualquier niño condenado a ser abortado. Yo les daré esos niños a un matrimonio que los ame y a su vez sea amado por ellos" (Citado en "Derecho a la vida: cultura de la muerte" de Alfredo Sáenz-Ediciones Gladius-Buenos Aires 1994).
viernes, 9 de junio de 2023
La libertad religiosa y el Concilio Vaticano II
Cuando Juan Bautista Alberdi propone una Constitución para la Argentina, incluye la libertad religiosa. Lo hace principalmente para no impedir la llegada de inmigrantes que profesaran religiones distintas a la católica. Alberdi actúa como un pensador liberal, siendo partidario del cristianismo, escribiendo al respecto: “La religión cristiana es el único medicamento que puede curar la República de sus achaques morales. Ella es la religión de la libertad porque enseña el dogma de la igualdad y el de la hermandad de los hombres, además de inculcar las cualidades del hombre libre: humildad, mansedumbre, indulgencia, desprendimiento”. “La religión misma es el primero de los bienes humanos” (Citado en “Alberdi y su circunstancia histórica” de Guillermo G. Mosso-Mendoza 1984).
La Iglesia Católica, antes del Concilio Vaticano II, se oponía a la libertad religiosa pretendiendo que fuera la única religión aceptada por el Estado, ya que sería la verdadera y única religión revelada por Dios a los seres humanos. Actualmente un sector importante de la Iglesia lo sigue manifestando. De ahí que el liberalismo, en cuestiones teológicas, es ampliamente rechazado por este sector.
El rechazo de tal liberalismo no implica un rechazo al liberalismo político y económico (mercado), si bien hay sectores católicos que rechazan todo tipo de liberalismo. Michel Martin escribió: "Puntualicemos, para evitar cualquier mala interpretación, que en este artículo jamás aludiremos al «liberalismo económico». Es esa una teoría a la cual nuestra época puede oponerla al socialismo, que es un remedio peor que la enfermedad" (De "El Vaticano II y los errores liberales"-Editorial Nuevo Orden-Buenos Aires 1977).
En realidad, todas las religiones aducen ser "la verdadera" o "la mejor", de lo contrario sus adeptos se convertirían al catolicismo. Si consideramos que "por sus frutos los conoceréis", puede decirse que la religión que propone al "Amarás al prójimo como a ti mismo" es la que mejores resultados habrá de producir. Y, desde tal resultado, puede afirmarse que es la mejor religión. Debido a la imposibilidad práctica de evaluar resultados, la libertad religiosa no constituye una mala idea.
La declaración del Concilio Vaticano II manifiesta al respecto: "Este Concilio Vaticano declara que la persona humana tiene derecho a la libertad religiosa. Esta libertad consiste en que todos los hombres deben estar inmunes a la coacción, tanto por parte de personas particulares como de grupos sociales y de cualquier potestad humana, y ello de tal manera que en materia religiosa ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia ni se le impida que actúe conforme con ella en privado y en público, solo o asociado con otros, dentro de los límites debidos....".
El conflicto dentro de la Iglesia surge por el hecho de que tal Concilio ignora encíclicas previas, que negaban la libertad religiosa. Michel Martin escribió: "Rechazando siempre toda distinción entre fuero interno y fuero externo, el Concilio afirma que: «...esta doctrina de la libertad tiene sus raíces en la divina Revelación, por lo cual ha de ser tanto más escrupulosamente observada por los cristianos»".
"Pío IX en Quanta Cura afirmaba lo contrario. Decía, en efecto, que la libertad religiosa en el fuero externo es opuesta a: «la doctrina de la Escritura, de la Iglesia y de los Santos Padres»".
"De hecho, la Declaración se refiere dieciocho veces a textos pontificios. ¿Por qué no hace ninguna mención a las encíclicas Mirari vos, Quanta Cura y al Syllabus ?"
La división existente en la Iglesia, luego del Concilio Vaticano II, se incrementa con una casi masiva adhesión al marxismo. Si se le agregan los numerosos escándalos por corrupción de menores por parte de sacerdotes, se advierte la existencia de una severa crisis institucional que resulta bastante más amplia que el problema de la libertad religiosa. Ello se debe a que el derecho a ser aceptado (el catolicismo) como "única religión verdadera" carece de sentido a partir de su tácita renuncia al cristianismo para aceptar la Teología de la Liberación, de esencia marxista-leninista.
La Iglesia Católica, antes del Concilio Vaticano II, se oponía a la libertad religiosa pretendiendo que fuera la única religión aceptada por el Estado, ya que sería la verdadera y única religión revelada por Dios a los seres humanos. Actualmente un sector importante de la Iglesia lo sigue manifestando. De ahí que el liberalismo, en cuestiones teológicas, es ampliamente rechazado por este sector.
El rechazo de tal liberalismo no implica un rechazo al liberalismo político y económico (mercado), si bien hay sectores católicos que rechazan todo tipo de liberalismo. Michel Martin escribió: "Puntualicemos, para evitar cualquier mala interpretación, que en este artículo jamás aludiremos al «liberalismo económico». Es esa una teoría a la cual nuestra época puede oponerla al socialismo, que es un remedio peor que la enfermedad" (De "El Vaticano II y los errores liberales"-Editorial Nuevo Orden-Buenos Aires 1977).
En realidad, todas las religiones aducen ser "la verdadera" o "la mejor", de lo contrario sus adeptos se convertirían al catolicismo. Si consideramos que "por sus frutos los conoceréis", puede decirse que la religión que propone al "Amarás al prójimo como a ti mismo" es la que mejores resultados habrá de producir. Y, desde tal resultado, puede afirmarse que es la mejor religión. Debido a la imposibilidad práctica de evaluar resultados, la libertad religiosa no constituye una mala idea.
La declaración del Concilio Vaticano II manifiesta al respecto: "Este Concilio Vaticano declara que la persona humana tiene derecho a la libertad religiosa. Esta libertad consiste en que todos los hombres deben estar inmunes a la coacción, tanto por parte de personas particulares como de grupos sociales y de cualquier potestad humana, y ello de tal manera que en materia religiosa ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia ni se le impida que actúe conforme con ella en privado y en público, solo o asociado con otros, dentro de los límites debidos....".
El conflicto dentro de la Iglesia surge por el hecho de que tal Concilio ignora encíclicas previas, que negaban la libertad religiosa. Michel Martin escribió: "Rechazando siempre toda distinción entre fuero interno y fuero externo, el Concilio afirma que: «...esta doctrina de la libertad tiene sus raíces en la divina Revelación, por lo cual ha de ser tanto más escrupulosamente observada por los cristianos»".
"Pío IX en Quanta Cura afirmaba lo contrario. Decía, en efecto, que la libertad religiosa en el fuero externo es opuesta a: «la doctrina de la Escritura, de la Iglesia y de los Santos Padres»".
"De hecho, la Declaración se refiere dieciocho veces a textos pontificios. ¿Por qué no hace ninguna mención a las encíclicas Mirari vos, Quanta Cura y al Syllabus ?"
La división existente en la Iglesia, luego del Concilio Vaticano II, se incrementa con una casi masiva adhesión al marxismo. Si se le agregan los numerosos escándalos por corrupción de menores por parte de sacerdotes, se advierte la existencia de una severa crisis institucional que resulta bastante más amplia que el problema de la libertad religiosa. Ello se debe a que el derecho a ser aceptado (el catolicismo) como "única religión verdadera" carece de sentido a partir de su tácita renuncia al cristianismo para aceptar la Teología de la Liberación, de esencia marxista-leninista.
miércoles, 7 de junio de 2023
La "religión atea"
La palabra "religión" se asocia a "unir a los adeptos"; de ahí que las actualmente denominadas "religiones" resultan incompatibles con tal denominación. En el caso del cristianismo, al promover el amor al prójimo (siendo el prójimo todo ser humano), resulta evidente que es una religión en el sentido estricto de la palabra. Sin embargo, por errores de interpretación o de comunicación, se ha desvirtuado totalmente ese atributo unificador.
En nuestra época, por el contrario, se ha instalado lo que podríamos denominar "religión atea", es decir, lo que une a ciertos sectores para desunirlos del resto. Para ello, se desconoce totalmente cualquier forma de ley natural y de sus posibles efectos, bajo la tendencia a imponer criterios humanos desligados de toda ley natural (de ahí el atributo de ateo).
Si se considera que la religión bíblica es una propuesta esencialmente moral, o prioritariamente moral, un "ateo" (o no creyente) que cumpla con los mandamientos bíblicos, estaría en realidad cumpliendo con el objetivo esperado por los fundadores de la religión (el calificativo carecería de importancia). De ahí que convendría distinguirlo del ateo activo; del que promueve toda forma de división entre sectores sociales y entre individuos.
Mientras que la religión atea, en el sentido antes señalado, se caracterizaba por sembrar el odio entre burgueses y proletarios, luego entre ricos y pobres, ha ampliado actualmente su repertorio divisionista creando luchas que antes no existían, como es el de las mujeres en contra de los hombres, entre hetero y homosexuales, entre negros y blancos, entre abortistas y no abortistas, y así casi indefinidamente.
El ateísmo activo se advierte cuando se establece una multitud casi interminable de "preferencias sexuales". Incluso se llega al extremo de ignorar las bases genéticas de nuestra naturaleza humana exigiéndonos respetar la subjetiva opinión que cada uno tiene respecto de su género. Para colmo se han enfocado en los niños induciéndolos a rever sus orientaciones sexuales (fuera de una edad adecuada) con la perversa finalidad de llegar a convencerlos de un cambio respecto de su masculinidad o feminidad natural.
El ateísmo activo no se detiene en la promoción del relativismo moral extremo, sino que apunta a establecer un totalitarismo que, como todo totalitarismo, tiende a controlar a todo integrante de la sociedad influyendo en sus acciones y pensamientos. Agustín Laje comentaba que, en Canadá, el padre de una niña fue encarcelado por oponerse a que su hija se sometiera a una operación asociada a cuestiones sexuales.
El éxito inmediato que logran proviene de cierta identificación individual respecto de alguno de estos sectores; tal identificación pareciera poder elevar del anonimato a un individuo para integrarlo a alguno de los grupos en conflicto, dándoles, en cierta forma, un sentido de la vida, o un sentido para una lucha, que antes no poseía. Por este medio, sin embargo, se está en camino de construir una disociación generalizada, que es lo contrario a la asociación entre individuos vinculados por la cooperación voluntaria.
En la profecía del Apocalipsis se habla de una "caída de las estrellas", o algo similar. Como la Biblia es un libro de moral, seguramente que no se debe a la descripción de un fenómeno astronómico, sino a un importante trastorno y caída de los valores éticos esenciales que apuntan a una destrucción de la humanidad como tal. Ello se debe a que "supervivencia" de la humanidad no implica mantener la vida de cualquier forma, sino mantenerla respetando los atributos esenciales con que nos ha provisto el orden natural a través del proceso evolutivo.
En nuestra época, por el contrario, se ha instalado lo que podríamos denominar "religión atea", es decir, lo que une a ciertos sectores para desunirlos del resto. Para ello, se desconoce totalmente cualquier forma de ley natural y de sus posibles efectos, bajo la tendencia a imponer criterios humanos desligados de toda ley natural (de ahí el atributo de ateo).
Si se considera que la religión bíblica es una propuesta esencialmente moral, o prioritariamente moral, un "ateo" (o no creyente) que cumpla con los mandamientos bíblicos, estaría en realidad cumpliendo con el objetivo esperado por los fundadores de la religión (el calificativo carecería de importancia). De ahí que convendría distinguirlo del ateo activo; del que promueve toda forma de división entre sectores sociales y entre individuos.
Mientras que la religión atea, en el sentido antes señalado, se caracterizaba por sembrar el odio entre burgueses y proletarios, luego entre ricos y pobres, ha ampliado actualmente su repertorio divisionista creando luchas que antes no existían, como es el de las mujeres en contra de los hombres, entre hetero y homosexuales, entre negros y blancos, entre abortistas y no abortistas, y así casi indefinidamente.
El ateísmo activo se advierte cuando se establece una multitud casi interminable de "preferencias sexuales". Incluso se llega al extremo de ignorar las bases genéticas de nuestra naturaleza humana exigiéndonos respetar la subjetiva opinión que cada uno tiene respecto de su género. Para colmo se han enfocado en los niños induciéndolos a rever sus orientaciones sexuales (fuera de una edad adecuada) con la perversa finalidad de llegar a convencerlos de un cambio respecto de su masculinidad o feminidad natural.
El ateísmo activo no se detiene en la promoción del relativismo moral extremo, sino que apunta a establecer un totalitarismo que, como todo totalitarismo, tiende a controlar a todo integrante de la sociedad influyendo en sus acciones y pensamientos. Agustín Laje comentaba que, en Canadá, el padre de una niña fue encarcelado por oponerse a que su hija se sometiera a una operación asociada a cuestiones sexuales.
El éxito inmediato que logran proviene de cierta identificación individual respecto de alguno de estos sectores; tal identificación pareciera poder elevar del anonimato a un individuo para integrarlo a alguno de los grupos en conflicto, dándoles, en cierta forma, un sentido de la vida, o un sentido para una lucha, que antes no poseía. Por este medio, sin embargo, se está en camino de construir una disociación generalizada, que es lo contrario a la asociación entre individuos vinculados por la cooperación voluntaria.
En la profecía del Apocalipsis se habla de una "caída de las estrellas", o algo similar. Como la Biblia es un libro de moral, seguramente que no se debe a la descripción de un fenómeno astronómico, sino a un importante trastorno y caída de los valores éticos esenciales que apuntan a una destrucción de la humanidad como tal. Ello se debe a que "supervivencia" de la humanidad no implica mantener la vida de cualquier forma, sino mantenerla respetando los atributos esenciales con que nos ha provisto el orden natural a través del proceso evolutivo.
domingo, 4 de junio de 2023
Adaptación al orden natural y a la sociedad
Los objetivos de la religión, la filosofía y las ciencias sociales deberían implicar, en el mejor de los casos, la adaptación del ser humano tanto al orden natural como a la sociedad. Estos objetivos se caracterizan a veces como el vínculo entre "el hombre y el mundo". Así, Jorge Acevedo escribió: "Todas las formas de vivir y pensar -incluyendo, por cierto, la filosofía y las ciencias- suponen un fenómeno fundamental, del que son sólo modulaciones: el estar en el mundo inherente al ser humano. Filósofos contemporáneos cuya vigencia aún no alcanza su culminación se caracterizan, precisamente, por arraigar el despliegue de sus obras en una meditación de ese acontecimiento".
"Para referirse a él, Ortega nos habla del enfronte entre el yo que es cada cual y su circunstancia; Sartre, de los vínculos que unen al para-sí (conciencia) con el en-sí (situación); Heidegger, del ser-ahí como ser-en-el-mundo. Utilizando terminologías diversas, estos filósofos movilizan su reflexión desde un punto de partida común: el esclarecimiento sistemático de las relaciones entre hombre y mundo" (De "Hombre y mundo"-Editorial Universitaria-Santiago de Chile 1984).
En nuestra época, pocos son los intelectuales que intentan establecer los pasos necesarios para la adaptación al orden natural, ya que ni siquiera sospechan de su existencia. Si bien tal orden se asocia a la creación de Dios, desde la religión sugieren más bien una sumisión a los mandatos de un Dios que interviene en los acontecimientos humanos. Incluso se llega al absurdo de intentar que los seres humanos nos adaptemos a las sociedades artificiales que surgen de la mente de algunos ideólogos que juegan a competir con el Dios Creador de las distintas religiones.
Todo indica que, adaptándonos al orden natural, simultánemente nos estamos adaptando de la mejor manera posible a la sociedad. Debe aclararse que "adaptarse a la sociedad" no significa compartir las ideas y costumbres predominantes, ya que a veces tales ideas y costumbres se oponen al criterio implícito en las leyes naturales que conforman al orden natural. En ese caso, adaptarse de la mejor manera implica poder vivir acorde al orden natural a pesar de la oposición de la sociedad. Tal situación es considerada muchas veces como una confrontación entre "lo que agrada a Dios" contra "lo que agrada a los hombres".
Si consideramos "lo que debe ser", en vista a establecer una mejora definitiva de la sociedad, puede decirse que conviene interpretar con mayor justeza al espíritu de la ley natural y del orden natural para, luego, establecer un orden social compatible con tal espíritu. Recordemos que esta postura es compatible con la prioridad cristiana cuando sugiere: "Primeramente buscad el Reino de Dios y su justicia que lo demás se os dará por añadidura". Ello implica que, adoptando en forma generalizada la actitud de cooperación asociada al "Amarás al prójimo como a ti mismo", ya disponemos de todo lo que hace falta para llegar a una óptima sociedad.
Pocas dudas surgen de que este es el camino mejor. Sin embargo, es necesario distinguir entre una cooperación voluntaria, como lo sugiere el cristianismo y el liberalismo, y una cooperación forzada, como la que tratan de imponer los sectores socialistas. En todos los casos en que la acción humana es libre y voluntaria, tal acción se prolonga en el tiempo, mientras que, cuando no es libre y es forzada, la acción resulta ineficaz.
Anticipándose, en el siglo XIX, al auge de los sistemas socialistas, Herbert Spencer advertía la existencia de estas dos formas de cooperación social. Al respecto escribió: "Remontándonos a una época anterior a sus nombres (conservadores y liberales), los dos partidos políticos representaban primeramente los dos tipos opuestos de organización social, el militar y el industrial, que se caracterizan, uno por el régimen del Estado, casi universal en los antiguos tiempos, y el otro por el régimen del contrato, que ha llegado a ser general en nuestros días, sobre todo en las naciones occidentales, y especialmente entre nosotros mismos y los americanos".
"Si en vez de emplear la palabra cooperación en su sentido restringido, la usamos en más amplio sentido, como significando la combinación de las actividades de los ciudadanos, bajo cualquier forma de gobierno estos dos tipos de organización social pueden entonces definirse: el primero, como el sistema de cooperación obligatoria, como el sistema de cooperación voluntaria el segundo" (De "El individuo contra el Estado"-Ediciones Orbis SA-Madrid 1984).
En la actualidad siguen vigentes ambas posturas, es decir, por una parte aparece el globalismo, como un intento por establecer un gobierno político universal, o supranacional, mientras que, por otra parte, se mantiene vigente la antigua idea cristiana del mejoramiento ético individual que hace innecesaria la existencia de tal gobierno, ya que prevalecería la cooperación voluntaria. De esa forma, el orden social sería compatible con lo que "nos sugiere" el orden natural.
"Para referirse a él, Ortega nos habla del enfronte entre el yo que es cada cual y su circunstancia; Sartre, de los vínculos que unen al para-sí (conciencia) con el en-sí (situación); Heidegger, del ser-ahí como ser-en-el-mundo. Utilizando terminologías diversas, estos filósofos movilizan su reflexión desde un punto de partida común: el esclarecimiento sistemático de las relaciones entre hombre y mundo" (De "Hombre y mundo"-Editorial Universitaria-Santiago de Chile 1984).
En nuestra época, pocos son los intelectuales que intentan establecer los pasos necesarios para la adaptación al orden natural, ya que ni siquiera sospechan de su existencia. Si bien tal orden se asocia a la creación de Dios, desde la religión sugieren más bien una sumisión a los mandatos de un Dios que interviene en los acontecimientos humanos. Incluso se llega al absurdo de intentar que los seres humanos nos adaptemos a las sociedades artificiales que surgen de la mente de algunos ideólogos que juegan a competir con el Dios Creador de las distintas religiones.
Todo indica que, adaptándonos al orden natural, simultánemente nos estamos adaptando de la mejor manera posible a la sociedad. Debe aclararse que "adaptarse a la sociedad" no significa compartir las ideas y costumbres predominantes, ya que a veces tales ideas y costumbres se oponen al criterio implícito en las leyes naturales que conforman al orden natural. En ese caso, adaptarse de la mejor manera implica poder vivir acorde al orden natural a pesar de la oposición de la sociedad. Tal situación es considerada muchas veces como una confrontación entre "lo que agrada a Dios" contra "lo que agrada a los hombres".
Si consideramos "lo que debe ser", en vista a establecer una mejora definitiva de la sociedad, puede decirse que conviene interpretar con mayor justeza al espíritu de la ley natural y del orden natural para, luego, establecer un orden social compatible con tal espíritu. Recordemos que esta postura es compatible con la prioridad cristiana cuando sugiere: "Primeramente buscad el Reino de Dios y su justicia que lo demás se os dará por añadidura". Ello implica que, adoptando en forma generalizada la actitud de cooperación asociada al "Amarás al prójimo como a ti mismo", ya disponemos de todo lo que hace falta para llegar a una óptima sociedad.
Pocas dudas surgen de que este es el camino mejor. Sin embargo, es necesario distinguir entre una cooperación voluntaria, como lo sugiere el cristianismo y el liberalismo, y una cooperación forzada, como la que tratan de imponer los sectores socialistas. En todos los casos en que la acción humana es libre y voluntaria, tal acción se prolonga en el tiempo, mientras que, cuando no es libre y es forzada, la acción resulta ineficaz.
Anticipándose, en el siglo XIX, al auge de los sistemas socialistas, Herbert Spencer advertía la existencia de estas dos formas de cooperación social. Al respecto escribió: "Remontándonos a una época anterior a sus nombres (conservadores y liberales), los dos partidos políticos representaban primeramente los dos tipos opuestos de organización social, el militar y el industrial, que se caracterizan, uno por el régimen del Estado, casi universal en los antiguos tiempos, y el otro por el régimen del contrato, que ha llegado a ser general en nuestros días, sobre todo en las naciones occidentales, y especialmente entre nosotros mismos y los americanos".
"Si en vez de emplear la palabra cooperación en su sentido restringido, la usamos en más amplio sentido, como significando la combinación de las actividades de los ciudadanos, bajo cualquier forma de gobierno estos dos tipos de organización social pueden entonces definirse: el primero, como el sistema de cooperación obligatoria, como el sistema de cooperación voluntaria el segundo" (De "El individuo contra el Estado"-Ediciones Orbis SA-Madrid 1984).
En la actualidad siguen vigentes ambas posturas, es decir, por una parte aparece el globalismo, como un intento por establecer un gobierno político universal, o supranacional, mientras que, por otra parte, se mantiene vigente la antigua idea cristiana del mejoramiento ético individual que hace innecesaria la existencia de tal gobierno, ya que prevalecería la cooperación voluntaria. De esa forma, el orden social sería compatible con lo que "nos sugiere" el orden natural.
sábado, 3 de junio de 2023
Dostoievski y la libertad
Los seres humanos disponemos de la posibilidad de elegir entre el bien y el mal. Como no siempre elegimos el bien, han aparecido dos soluciones extremas para limitar ese riesgo. En el primer caso aparece la solución marxista, que consiste en diseñar una sociedad en la cual se ofrece la seguridad emanada desde el Estado, evitando que cada individuo elija individualmente el camino a seguir en su vida. A cambio de la protección estatal, todo individuo ha de renunciar a su libertad personal.
La segunda opción es la ofrecida por el cristianismo. Así, al existir la libertad natural, que conlleva a elegir entre el bien y el mal, se sigue respetando tal libertad, pero se orienta a todo individuo acerca del camino que conduce al bien y rechaza el mal, quedando la posibilidad de aceptar o de rechazar tal propuesta.
Los seres humanos no siempre eligen la seguridad en desmedro de la libertad. Nicolás Berdiaev escribió: "Según Dostoievski, el sufrimiento de los hombres, y hasta la falta de pan diario, proviene no de la explotación del hombre por el hombre, o de una clase social por otra, sino del hecho de que el hombre ha nacido libre y con un espíritu libre. Y un ser libre prefiere sufrir y que le falte el pan antes que perder la libertad de espíritu y quedar sojuzgado por el pan terrenal".
"Por amor a la libertad se ha rebelado Dostoievski contra la «revolución» desenmascarando sus principios que conducen a la esclavitud, a la negación de la igualdad y la fraternidad de las personas, hasta llegar a la más inaudita de las desigualdades. La revolución no cumple jamás con el objetivo prometido. En ella el Anticristo reemplaza a Cristo. Y los hombres que se niegan a unirse libremente con Cristo han de unirse por fuerza con el Anticristo" (De "El espíritu de Dostoievski"-Ediciones Carlos Lohlé SA-Buenos Aires 1978).
El precio que debemos pagar por nuestra libertad, como se dijo, radica en que no sólo tenemos la opción de elegir el bien sino también el mal. Cuando elegimos esta última posibilidad, generalmente sin advertirlo, nos damos cuenta que la libertad es un arma de doble filo. De ahí la solución propuesta por varios sectores, como la que consiste en recurrir al Estado “todopoderoso” que "sabiamente" conoce todo lo que el ciudadano común ignora. Como el Estado está constituido por seres humanos, tal carácter todopoderoso deriva de una supuesta superioridad racial, social, ideológica, ética, o alguna otra, atribuida a los integrantes del grupo totalitario. Ludwig von Mises escribió: “Libertad, en definitiva, significa derecho a equivocarse. Destaquemos esto. Tal vez nos desagraden sobremanera los hábitos de nuestros contemporáneos, su forma de vivir y de gastar; posiblemente pensemos que lo que practican es tonto y nocivo. Pero, en una sociedad libre, hay múltiples vías de expresión para airear los ajenos errores, para expresar qué debieran hacer los demás, en nuestra opinión. Cabe escribir libros, publicar artículos, dar conferencias, perorar en los parques, como en algunas ciudades se hace. Lo que no resulta permisible –si se quiere vivir en libertad- es prohibir, por la fuerza o la coacción, a los demás que sigan sus personales vías de actuación simplemente porque a mí, sujeto, me desagradan”.
Si bien la libertad es un valor esencial para Occidente, existe una lucha abierta y encubierta, por abolirla. Y ella surge principalmente del marxismo, ideología que critica, esencialmente, a las sociedades previas a la aparición del capitalismo. Ello se debe a que, antes de tal aparición, no existía movilidad social y, efectivamente, las sociedades estaban estratificadas en clases sociales bastante definidas. Sin embargo, tal caracterización sigue vigente, en la mente de muchos, y es utilizada para tratar de restringir la libertad individual. El autor citado agrega: “Karl Marx, en el primer capitulo del «Manifiesto Comunista», ese pequeño panfleto con el que se inicia su movimiento socialista, cuando proclama la existencia de una inevitable lucha clasista, para probar su tesis, no consigue, sin embargo, presentar más que ejemplos y situaciones de las épocas precapitalistas. Entonces sí hallábase la sociedad dividida en diversos estamentos de condición hereditaria, similares a las castas de la India” (De “Seis lecciones sobre el capitalismo”-Union Editorial SA-Madrid 1981).
La segunda opción es la ofrecida por el cristianismo. Así, al existir la libertad natural, que conlleva a elegir entre el bien y el mal, se sigue respetando tal libertad, pero se orienta a todo individuo acerca del camino que conduce al bien y rechaza el mal, quedando la posibilidad de aceptar o de rechazar tal propuesta.
Los seres humanos no siempre eligen la seguridad en desmedro de la libertad. Nicolás Berdiaev escribió: "Según Dostoievski, el sufrimiento de los hombres, y hasta la falta de pan diario, proviene no de la explotación del hombre por el hombre, o de una clase social por otra, sino del hecho de que el hombre ha nacido libre y con un espíritu libre. Y un ser libre prefiere sufrir y que le falte el pan antes que perder la libertad de espíritu y quedar sojuzgado por el pan terrenal".
"Por amor a la libertad se ha rebelado Dostoievski contra la «revolución» desenmascarando sus principios que conducen a la esclavitud, a la negación de la igualdad y la fraternidad de las personas, hasta llegar a la más inaudita de las desigualdades. La revolución no cumple jamás con el objetivo prometido. En ella el Anticristo reemplaza a Cristo. Y los hombres que se niegan a unirse libremente con Cristo han de unirse por fuerza con el Anticristo" (De "El espíritu de Dostoievski"-Ediciones Carlos Lohlé SA-Buenos Aires 1978).
El precio que debemos pagar por nuestra libertad, como se dijo, radica en que no sólo tenemos la opción de elegir el bien sino también el mal. Cuando elegimos esta última posibilidad, generalmente sin advertirlo, nos damos cuenta que la libertad es un arma de doble filo. De ahí la solución propuesta por varios sectores, como la que consiste en recurrir al Estado “todopoderoso” que "sabiamente" conoce todo lo que el ciudadano común ignora. Como el Estado está constituido por seres humanos, tal carácter todopoderoso deriva de una supuesta superioridad racial, social, ideológica, ética, o alguna otra, atribuida a los integrantes del grupo totalitario. Ludwig von Mises escribió: “Libertad, en definitiva, significa derecho a equivocarse. Destaquemos esto. Tal vez nos desagraden sobremanera los hábitos de nuestros contemporáneos, su forma de vivir y de gastar; posiblemente pensemos que lo que practican es tonto y nocivo. Pero, en una sociedad libre, hay múltiples vías de expresión para airear los ajenos errores, para expresar qué debieran hacer los demás, en nuestra opinión. Cabe escribir libros, publicar artículos, dar conferencias, perorar en los parques, como en algunas ciudades se hace. Lo que no resulta permisible –si se quiere vivir en libertad- es prohibir, por la fuerza o la coacción, a los demás que sigan sus personales vías de actuación simplemente porque a mí, sujeto, me desagradan”.
Si bien la libertad es un valor esencial para Occidente, existe una lucha abierta y encubierta, por abolirla. Y ella surge principalmente del marxismo, ideología que critica, esencialmente, a las sociedades previas a la aparición del capitalismo. Ello se debe a que, antes de tal aparición, no existía movilidad social y, efectivamente, las sociedades estaban estratificadas en clases sociales bastante definidas. Sin embargo, tal caracterización sigue vigente, en la mente de muchos, y es utilizada para tratar de restringir la libertad individual. El autor citado agrega: “Karl Marx, en el primer capitulo del «Manifiesto Comunista», ese pequeño panfleto con el que se inicia su movimiento socialista, cuando proclama la existencia de una inevitable lucha clasista, para probar su tesis, no consigue, sin embargo, presentar más que ejemplos y situaciones de las épocas precapitalistas. Entonces sí hallábase la sociedad dividida en diversos estamentos de condición hereditaria, similares a las castas de la India” (De “Seis lecciones sobre el capitalismo”-Union Editorial SA-Madrid 1981).
jueves, 1 de junio de 2023
¿El Dios que cambia?
En el ámbito de la religión predomina la idea de que Dios es inmutable y que no cambia en el tiempo. Si se lo caracteriza como una persona, se supone que responde de igual manera en iguales circunstancias, o que posee una definida actitud característica.
Desde la religión natural se considera que el Dios que actúa en los acontecimientos humanos en realidad es una simbología asociada a la existencia de leyes naturales invariantes. Decir que Dios cambia en el tiempo equivale a decir que las leyes naturales no son invariantes y que cambian de alguna forma.
Posiblemente no exista una idea más desafortunada que la de las leyes naturales que cambian en el tiempo, o que el Dios personal cambia de "personalidad" y de atributos que le son asociados por el hombre. Si ya existen muchas discusiones e incoherencias lógicas a partir del Dios que no cambia, la religión sufriría un colapso total si se asumiera que existe un Dios que cambia.
Si alguien intentara hacer un cambio en las reglas del juego del ajedrez, de inmediato tal juego quedaría destruido al ser reemplazado por un nuevo juego. Y si en el futuro se siguieran haciendo cambios, terminarían destruyendo los anteriores juegos. En forma similar, si existen cambios en las leyes naturales, nuestro universo dejaría de ser lo que es.
La idea del Dios que cambia, ha sido propuesta por el teólogo católico Walter Kasper. Al respecto, Robert Kempson escribió: "En 1967 Kasper explícitamente vinculó la inmutabilidad de Dios a una «cosmovisión rígida». Es precisamente porque Dios es inmutable, sostiene Kasper, que se convierte en el garante del status quo y enemigo de lo nuevo. Si la revolución contra el orden divino de la Creación, que se va dando en marcha rápida en el mundo, ha de triunfar también en la Iglesia, es necesario que se niegue la inmutabilidad de Dios".
"Si la naturaleza divina también se ve sometida al cambio, entonces todo lo demás, incluyendo la Ley Moral, deben ser considerados mudables. Entonces Kasper busca encadenar a Dios a la Historia y, en consecuencia, al Progreso y a la Evolución. Este error repetido esencialmente en su libro de 2013, está en el núcleo de toda la agenda progresista del Sínodo" (De "Francisco" de Varios Autores-Editorial Santiago Apóstol-Buenos Aires 2015).
Walter Kasper escribía en 1967: "Un Dios entronizado sobre el mundo y la historia como un ser inmutable es una ofensa al hombre. Debemos negarlo por el bien del hombre porque reclama para sí una dignidad y un honor que pertenecen por derecho propio al hombre. Debemos resistir a un Dios tal, no sólo por el bien del hombre sino también por el del propio Dios. No sería el Dios verdadero sino un ídolo maldito. Pues un Dios que está al margen y por encima de la historia es un Dios finito. Si a un ser tal lo llamamos Dios, entonces, en razón del Absoluto debemos volvernos ateos absolutos. Tal Dios surge de una cosmovisión rígida: es el garante del statu quo y enemigo de lo nuevo".
El mencionado teólogo escribe posteriormente otros libros, manteniendo su "loca idea" anterior, expresando Bergoglio respecto de uno de ellos: "En estos días, he podido leer un libro de un cardenal -el cardenal Kasper, un teólogo talentoso, un buen teólogo- sobre la misericordia. Y me hizo tanto bien ese libro; y no crean que esté promocionando los libros de mis cardenales. ¡No es este el caso! Pero me hizo tanto bien, tanto bien..El cardenal Kasper decía que el oír la palabra misericordia lo cambia todo".
Bajo el mando de Bergoglio, la decadencia de la Iglesia parece no tener fin. Entre otras quejas, aparece la de Antonio Caponnetto: "Sólo para nosotros, por ejemplo, cobra un patético y aterrador sentido verlo al cardenal Bergoglio recibir en la Santa Sede a la hez de la política y la farándula nativa. Y recibirlos a sus integrantes, no como a pecadores públicos a los que se reconviene con caridad y energía, sino como compinches de correrías pasadas, sino de amicales relaciones presentes y de trabajos futuros en común".
"Sólo para nosotros ese desfile impúdico de depravados vernáculos de todo jaez, nos llena el alma de una particular amargura, nos solivianta e irrita de un modo particularmente concreto y vívido. Porque ningún correctivo o pedido de enmienda hay para ellos, sino por el contrario, las ternezas de un compañerismo que irrita y subleva; el plebeyismo y hasta la vulgaridad en el trato, que han ganado triste carta de ciudadanía en estos lares argentos, y ahora vemos exportado nada menos que a Roma".
"Son muchos los católicos autorizados y contritos -perplejos si no atónitos- que llevan la crónica de sus desafueros doctrinales, de sus juicios erráticos, de sus enseñanzas equívocas, de sus heterodoxias múltiples, de su predicación heterizante, de su sincretismo extremo, de su irenismo atroz, de su liturgismo horizontalista, de su ecumenismo nivelador, de su humildad sobreactuada. Sí: también esto último. Porque es de suponer que de san Ignacio debió captar que el primer grado de la humildad es el martirio causado por ir contracorriente del mundo, a causa de no querer pecar...".
"Rezamos por Francisco, por cierto. Pero rezamos también por sus víctimas, que somos todos nosotros, sencillamente los católicos a quienes la enseñanza y la conducta del Pastor Universal arroja a la confusión, la ignorancia, el error y la mentira. Y hasta con sofocante reiteración parece arrojarlos incluso a la compatibilidad entre el catolicismo y la contranatura".
Cundo Bergoglio acepta cierta "igualdad de las religiones", parece desconocer que sólo una de ellas propone el "amor al prójimo como a uno mismo". Entendido este mandamiento como el simple e inmediato proceso psíquico de la empatía emocional, se advierte que es el único camino para lograr la supervivencia de la humanidad como tal. José Alberto Villasana Munguía escribió: "El hecho de que Benedicto XVI pudiera seguir siendo el Vicario de Cristo explicaría por qué éste se ha distanciado de las ideas proclamadas por el nuevo obispo de Roma, que a sí mismo se hace llamar padre Bergoglio, quien ha declarado que «todas las religiones son iguales», o que «Dios no es católico» o que «da igual si un niño es educado por un judío o un musulmán o un cristiano»".
"En su discurso para la Universidad Urbaniana, el 22 de octubre de 2014, Benedicto XVI refutó esas tesis de Francisco, derivadas de un falso diálogo interreligioso, y marcó su distancia doctrinal respecto a las mismas. Por el contrario, Benedicto XVI reafirmó que Jesucristo es el camino para llegar al Padre; recordó que la Iglesia -y su único Dios- es católica desde el inicio, pues ofrece la salvación a todos, y que el cristiano tiene el mandato de proclamar la fe en Cristo hasta los confines de la Tierra".
Desde la religión natural se considera que el Dios que actúa en los acontecimientos humanos en realidad es una simbología asociada a la existencia de leyes naturales invariantes. Decir que Dios cambia en el tiempo equivale a decir que las leyes naturales no son invariantes y que cambian de alguna forma.
Posiblemente no exista una idea más desafortunada que la de las leyes naturales que cambian en el tiempo, o que el Dios personal cambia de "personalidad" y de atributos que le son asociados por el hombre. Si ya existen muchas discusiones e incoherencias lógicas a partir del Dios que no cambia, la religión sufriría un colapso total si se asumiera que existe un Dios que cambia.
Si alguien intentara hacer un cambio en las reglas del juego del ajedrez, de inmediato tal juego quedaría destruido al ser reemplazado por un nuevo juego. Y si en el futuro se siguieran haciendo cambios, terminarían destruyendo los anteriores juegos. En forma similar, si existen cambios en las leyes naturales, nuestro universo dejaría de ser lo que es.
La idea del Dios que cambia, ha sido propuesta por el teólogo católico Walter Kasper. Al respecto, Robert Kempson escribió: "En 1967 Kasper explícitamente vinculó la inmutabilidad de Dios a una «cosmovisión rígida». Es precisamente porque Dios es inmutable, sostiene Kasper, que se convierte en el garante del status quo y enemigo de lo nuevo. Si la revolución contra el orden divino de la Creación, que se va dando en marcha rápida en el mundo, ha de triunfar también en la Iglesia, es necesario que se niegue la inmutabilidad de Dios".
"Si la naturaleza divina también se ve sometida al cambio, entonces todo lo demás, incluyendo la Ley Moral, deben ser considerados mudables. Entonces Kasper busca encadenar a Dios a la Historia y, en consecuencia, al Progreso y a la Evolución. Este error repetido esencialmente en su libro de 2013, está en el núcleo de toda la agenda progresista del Sínodo" (De "Francisco" de Varios Autores-Editorial Santiago Apóstol-Buenos Aires 2015).
Walter Kasper escribía en 1967: "Un Dios entronizado sobre el mundo y la historia como un ser inmutable es una ofensa al hombre. Debemos negarlo por el bien del hombre porque reclama para sí una dignidad y un honor que pertenecen por derecho propio al hombre. Debemos resistir a un Dios tal, no sólo por el bien del hombre sino también por el del propio Dios. No sería el Dios verdadero sino un ídolo maldito. Pues un Dios que está al margen y por encima de la historia es un Dios finito. Si a un ser tal lo llamamos Dios, entonces, en razón del Absoluto debemos volvernos ateos absolutos. Tal Dios surge de una cosmovisión rígida: es el garante del statu quo y enemigo de lo nuevo".
El mencionado teólogo escribe posteriormente otros libros, manteniendo su "loca idea" anterior, expresando Bergoglio respecto de uno de ellos: "En estos días, he podido leer un libro de un cardenal -el cardenal Kasper, un teólogo talentoso, un buen teólogo- sobre la misericordia. Y me hizo tanto bien ese libro; y no crean que esté promocionando los libros de mis cardenales. ¡No es este el caso! Pero me hizo tanto bien, tanto bien..El cardenal Kasper decía que el oír la palabra misericordia lo cambia todo".
Bajo el mando de Bergoglio, la decadencia de la Iglesia parece no tener fin. Entre otras quejas, aparece la de Antonio Caponnetto: "Sólo para nosotros, por ejemplo, cobra un patético y aterrador sentido verlo al cardenal Bergoglio recibir en la Santa Sede a la hez de la política y la farándula nativa. Y recibirlos a sus integrantes, no como a pecadores públicos a los que se reconviene con caridad y energía, sino como compinches de correrías pasadas, sino de amicales relaciones presentes y de trabajos futuros en común".
"Sólo para nosotros ese desfile impúdico de depravados vernáculos de todo jaez, nos llena el alma de una particular amargura, nos solivianta e irrita de un modo particularmente concreto y vívido. Porque ningún correctivo o pedido de enmienda hay para ellos, sino por el contrario, las ternezas de un compañerismo que irrita y subleva; el plebeyismo y hasta la vulgaridad en el trato, que han ganado triste carta de ciudadanía en estos lares argentos, y ahora vemos exportado nada menos que a Roma".
"Son muchos los católicos autorizados y contritos -perplejos si no atónitos- que llevan la crónica de sus desafueros doctrinales, de sus juicios erráticos, de sus enseñanzas equívocas, de sus heterodoxias múltiples, de su predicación heterizante, de su sincretismo extremo, de su irenismo atroz, de su liturgismo horizontalista, de su ecumenismo nivelador, de su humildad sobreactuada. Sí: también esto último. Porque es de suponer que de san Ignacio debió captar que el primer grado de la humildad es el martirio causado por ir contracorriente del mundo, a causa de no querer pecar...".
"Rezamos por Francisco, por cierto. Pero rezamos también por sus víctimas, que somos todos nosotros, sencillamente los católicos a quienes la enseñanza y la conducta del Pastor Universal arroja a la confusión, la ignorancia, el error y la mentira. Y hasta con sofocante reiteración parece arrojarlos incluso a la compatibilidad entre el catolicismo y la contranatura".
Cundo Bergoglio acepta cierta "igualdad de las religiones", parece desconocer que sólo una de ellas propone el "amor al prójimo como a uno mismo". Entendido este mandamiento como el simple e inmediato proceso psíquico de la empatía emocional, se advierte que es el único camino para lograr la supervivencia de la humanidad como tal. José Alberto Villasana Munguía escribió: "El hecho de que Benedicto XVI pudiera seguir siendo el Vicario de Cristo explicaría por qué éste se ha distanciado de las ideas proclamadas por el nuevo obispo de Roma, que a sí mismo se hace llamar padre Bergoglio, quien ha declarado que «todas las religiones son iguales», o que «Dios no es católico» o que «da igual si un niño es educado por un judío o un musulmán o un cristiano»".
"En su discurso para la Universidad Urbaniana, el 22 de octubre de 2014, Benedicto XVI refutó esas tesis de Francisco, derivadas de un falso diálogo interreligioso, y marcó su distancia doctrinal respecto a las mismas. Por el contrario, Benedicto XVI reafirmó que Jesucristo es el camino para llegar al Padre; recordó que la Iglesia -y su único Dios- es católica desde el inicio, pues ofrece la salvación a todos, y que el cristiano tiene el mandato de proclamar la fe en Cristo hasta los confines de la Tierra".
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