Muchos seres humanos tienen ansias de poder casi ilimitadas; también muchos otros tienen ansias de trascendencia. De ahí que la politica presenta la posibilidad de satisfacer ambas búsquedas, especialmente ante quienes carecen de aptitudes para realizar obras de cierto mérito.
En el caso de la búsqueda de trascendencia, ante la evidente limitación temporal de la vida humana, y ausente la posibilidad de trascender mediante una obra o acción propia, muchos son los que adhieren incondicionalmente a alguna ideología política para sentirse parte de ella y así compartir, de alguna forma, algo de la trascendencia de tal ideología.
Quizás esto explique en parte las creencias defendidas con uñas y dientes aún cuando las evidencias señalen la falsedad y la peligrosidad de tales creencias, como es el caso de las ideologías totalitarias. Incluso en la actualidad se puede advertir la existencia de un porcentaje nada despreciable de gente que admite el absurdo de la "tierra plana", ya que, desprovistos de todo nivel intelectual, se "juegan" por la validez de un absurdo con la esperanza de poder ver el triunfo de sus creencias. Se tranquilizan al saber que, en muchos casos, se trató de "locos" a verdaderos genios, si bien otros, calificados de la misma forma, hicieron honor al calificativo.
Volviendo a las ideologías políticas, haciendo una analogía, podría decirse que el "terraplanismo" es a la astronomía como el socialismo es a la economía (y a la ciencia en general). Esto se justifica por los reiterados fracasos socialistas, si bien ellos no impiden que sus creyentes mantengan la fe original. A manera de ejemplo puede mencionarse el caso de un intelectual que defendió a Lysenko sin apenas molestarse en estudiar o leer algo de biología. Tampoco los seguidores de Stalin se preocuparon por reproducir las experiencias de Gregor Mendel para comprobar por su cuenta las leyes de la genética. En cierta forma actuaron como los aristotélicos que rechazaron mirar el cielo mediante el telescopio que Galileo les ofrecía. Temían así perder "el sentido de sus vidas" asociado al poder y la trascendencia equivocadamente buscadas.
En cuanto al caso del intelectual socialista, Thérèse Delpech escribió: "El gran poeta nacional francés Louis Aragon, que no se destacaba por un particular talento por la agronomía, escribió en defensa de Lysenko un texto que sería cómico si la ofensiva en favor de este personaje no hubiera causado tantos crímenes en la URSS".
"Este oscuro técnico agrícola, que dominó toda una rama de la ciencia soviética, causó treinta años de atraso agrícola. El artículo de Louis Aragon fue publicado en la revista Europe en 1948: dada la incompetencia del autor sobre el tema, hubiera sido aconsejable una mayor discreción. Sin embargo, esto es lo que escribió, en momentos en que el «lysenkismo» estaba en pleno auge en Moscú y se cobraba vidas entre los opositores a esa doctrina:
«Es el carácter burgués de la ciencia lo que no permite, de hecho, la creación de una biología pura, científica, lo que impide a los científicos de la burguesía hacer algunos descubrimientos, cuyo principio de base no pueden aceptar, por razones sociológicas. En la URSS, la encarnizada lucha llevada adelante por los mendelistas nacionales contra los michurinistas no debería ser considerada por estos últimos, por Lysenko en especial, como una lucha biológica, científica, entre biólogos, sino como una pelea sociológica de científicos que están bajo la influencia sociológica de la burguesía (incluso por el simple hecho de participar en la ciencia burguesa que se mezcla con metáforas sociológicas), como un efecto de vestigios de la burguesía en la URSS».
«De ahí que, desde la perspectiva de Lysenko y de los michurinistas, koljosianos y sovjosianos de la URSS, del partido bolchevique, del Comité Central y de Stalin, la victoria de Lysenko sea, en efecto, una victoria de la ciencia, una victoria científica: el más rotundo rechazo a politizar el cromosoma»
"Las tesis genetistas eran vistas como «hitlero-trotskistas», y a los partidarios de Mendel se los condenaba a la categoría de «enemigos del pueblo soviético». La genética no podía ser verdadera, ¡puesto que era incompatible con el materialismo dialéctico! De esta manera, era posible justificar millones de muertos en Ucrania, el granero de trigo de la URSS, y también en el resto de la URSS".
"Las aberraciones de Lysenko provocaron la condena a muerte de muchos genetistas, entre los que se encontraba el gran científico Nikolai Vavilov, que murió en el campo de concentración de Saratov en 1943, pero sirvieron sobre todo para hallar chivos expiatorios del fracaso de la reforma agraria de Stalin en los años 1930, un fracasó que obligó a los padres a comer sus hijos" (De "El retorno a la barbarie en el siglo XXI"-Editorial El Ateneo-Buenos Aires 2006).
miércoles, 29 de mayo de 2024
lunes, 27 de mayo de 2024
Carlos Mugica ¿Mártir cristiano o héroe socialista?
Al cumplirse 50 años del asesinato de Carlos Mugica, ejecutado aparentemente por Montoneros el 11 de mayo de 1974, han surgido recordatorios y homenajes reivindicativos con su lucha. Algunas versiones indican que, una vez disuelta la sociedad Perón-Montoneros, Mugica decide seguirlo a Perón, lo que disgusta a Montoneros que optan por liquidarlo. En este caso se convalida el refrán: "Cría cuervos y te sacarán los ojos", ya que Mugica fue uno de los eficaces ideólogos que llenaron de odio a muchos jóvenes concurrentes a templos católicos convirtiéndolos en asesinos terroristas.
Se transcribe un artículo al respecto:
MUGICA: HISTORIA DE UNA IMPOSTURA (Su exaltación es parte del "relato setentista" eclesiástico)
Por Mario Caponnetto y Miguel De Lorenzo
Este mes de mayo, el 11 para ser más precisos, se han cumplido cincuenta años del asesinato del Padre Carlos Mugica, el reconocido “cura villero” o “cura de los pobres” como suelen denominarlo sus panegiristas. El aniversario ha dado ocasión a una desmesurada exaltación de su figura: grandes homenajes eclesiásticos, derroche de elogios y ditirambos y hasta la instalación de una llamada “carpa misionera” frente a la Catedral Metropolitana de Buenos Aires con la obvia autorización del Arzobispo García Cuerva y la activa participación del Vicario General Monseñor Carrara.
La Jerarquía Católica que, salvo pocas y honrosas excepciones, viene promoviendo desde hace tiempo una suerte de “relato setentista” eclesiástico (véase al respecto la obra en tres tomos La verdad los hará libres, una historia burdamente sesgada de los años setenta llevada a cabo directamente por encargo de la Conferencia Episcopal Argentina) no parece dispuesta a reconciliarse con la verdad histórica ni a admitir las antiguas complicidades de algunos de sus miembros con el terrorismo subversivo. Por el contrario, no oculta su empeño en mantener una impostura a tono con la “historia oficial” impuesta a palos desde hace cuarenta años. Contra esta falsificación, alertaba George Bernanós: “Existe una conspiración contra el mal, no para destruirlo, sino para disimularlo”.
Esto explica la exaltación de Mugica. Efectivamente, Mugica es una figura emblemática de ese “setentismo” ominoso y sangriento, metamorfoseado en epopeya, convertido en una imaginaria “lucha de liberación” en pro de los pobres. Porque digamos de una vez por todas la verdad: en esa historia real de los setenta, no la ficticia, una nada despreciable cantidad de católicos (obispos, sacerdotes, religiosas y laicos) fueron activos protagonistas y, por ende, responsables, de ese gran baño de sangre que nos sumió en el dolor y la muerte. Mugica fue, en este sentido, uno de los personajes más reconocidos (aunque no se le pueden atribuir las máximas responsabilidades); por eso hoy se ha convertido en la bandera enarbolada por vastos sectores católicos y la misma Jerarquía de la Iglesia en la Argentina, en ese intento de “disimular el mal” del que nos alertaba Bernanós.
Hemos oído hablar en estos días de Mugica como el mártir de los pobres; la palabra mártir es muy especial y adquiere un sentido muy hondo y sugestivo. Supone que alguien ha sido despojado de su vida por amor a la fe. Pero la realidad es muy otra y lo decimos sin la menor animosidad contra la figura del Padre Mugica: por el contrario, la vida y la muerte de este sacerdote nos mueven más bien a una profunda tristeza: Mugica es la parábola viviente de una tragedia que sacudió a la par a la Iglesia y a la Patria. Por eso, su muerte nada tuvo de la gloria del martirio cristiano: fue sólo el horrible episodio de una sórdida lucha interna de facciones y epílogo, a la vez, de un camino lleno de errores y desaciertos, de idas y de retornos.
RELATO INSOSTENIBLE
Pero si a esta altura de los hechos en Argentina, el relato “laico” de los años setenta ha sido ampliamente rebatido y sólo subsiste en los que de él viven (o en los obcecados pese a toda evidencia), no pasa lo mismo con el relato eclesiástico. Si bien mucho se ha escrito acerca del fenómeno, ya mencionado, del gravísimo compromiso de amplios sectores católicos con el marxismo revolucionario de los años setenta, todavía no se ha hecho una evaluación profunda de su significado; y nos referimos, fundamentalmente, de su significado a la luz de la Fe. Porque lo que ocurrió entonces en la Iglesia fue, por sobre todas las cosas, algo que afectó de manera esencial la Fe. Esta tarea está pendiente y lo seguirá estando mientras la Jerarquía Católica persista inexplicablemente en ignorar el problema o, lo que es peor, en exaltar sus consecuencias presentándolas como frutos evangélicos.
Pero la verdad, insistimos, es bien distinta. Mugica fue uno de los tantos frutos de muerte de la herejía progresista, modernista y tercermundista que desgarró, y aún desgarra, a la Iglesia. En aquella época de imaginarias primaveras conciliares, se deslizaron por las venas de la Iglesia toda suerte de errores y de extravíos. La Teología de la Liberación, típico producto “teológico” europeo trasladado a nuestra América por los misioneros del nuevo credo, dio el clima ideológico en el que pulularon las más extrañas aventuras eclesiásticas, entre ellas, el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo del que Carlos Mugica fue mentor y líder entre nosotros.
Aquel movimiento implicaba, en esencia, una grave adulteración del Evangelio de Cristo, de la naturaleza y de la misión del sacerdocio católico al tiempo que consumaba una radical ruptura con el Magisterio de la Iglesia. Para aquellos clérigos tercermundistas (y cuantos con ellos avanzaron por el mismo camino) la misión del sacerdote católico dejó de estar enraizada en el misterio salvador de Jesucristo para fundarse en una praxis social liberadora. La pastoral no tenía ya como objetivo que los hombres vivieran la vida de la gracia y de la unión plena con Dios sino llevar a los pobres a la toma de conciencia de clase explotada y a poner en marcha, desde sí mismos y para sí mismos, el proceso revolucionario que los liberaría de las estructuras capitalistas y burguesas concebidas como estructuras de pecado. Este proceso revolucionario hacía del socialismo marxista -entonces considerado ineluctable- su herramienta principal: el socialismo vino a ser así la encarnación del Evangelio, su expresión histórica y, por ende, el compromiso ineludible de una Iglesia que debía para ello, necesariamente, romper con todo cuanto había dicho, predicado y enseñado. El Concilio Vaticano II, recientemente concluido, era apreciado como la voz de orden de ese cambio y los sacerdotes, y católicos en general, que así pensaban se sintieron la vanguardia profética de esa Iglesia nueva, para un mundo nuevo y por un hombre nuevo.
Hubo más. Puesto que la praxis revolucionaria era, ahora, inseparable de la pastoral, antes bien, se identificaba con ella, se planteaba el problema del método de dicha praxis. ¿Era la lucha armada, asumida por aquel entonces en Argentina e Hispanoamérica por el castrocomunismo y sus variantes, un camino lícito para los cristianos? No todos respondieron afirmativamente a esta pregunta, pero un número nada despreciable de sacerdotes dio inequívocamente su absoluta conformidad. De este modo, no sólo algunos sacerdotes tomaron las armas sino, lo que fue más grave, arrastraron a centenares de jóvenes católicos a la aventura de la guerrilla. En ella, no pocos, mataron y murieron; pero no por Cristo y su Evangelio sino por la falsa utopía revolucionaria bajo la inspiración de Marx, de Castro y de Ernesto Guevara. Esta es la verdad, la que los hombres de nuestra generación hemos visto y vivido de modo directo. No hay otra.
ALGUNOS TESTIMONIOS
¿Qué papel jugó exactamente Carlos Mugica en todo esto que acabamos de reseñar? Una lectura objetiva de sus actos y de sus textos nos permite advertir que, gracias a Dios, nunca perdió totalmente de vista el sentido sobrenatural del sacerdocio. También hay que destacar, en honor a la verdad completa, que hacia el final de su vida asumió su cuota de responsabilidad por la ola de violencia desatada en Argentina, así como su total ruptura con Montoneros a los que había animado y acompañado en sus momentos iniciales. También nos consta, por dichos de testigos directos, que esa conciencia de culpabilidad lo torturaba y angustiaba, sobre todo en los meses inmediatamente previos a su muerte.
Sabía, y lo decía con verdad, que la misión del sacerdote es llevar al hombre al pleno desarrollo de lo que hay en él de divino. Pero enseguida caía en un funesto error que lo hacía retroceder. “Para Cristo -escribía en Peronismo y Cristianismo- cada hombre es imagen y semejanza de Dios, por lo tanto, ofender a un hombre es ofender a Dios. Y el rol del que es ministro de Cristo es asumir la defensa del hombre, y sobre todo del pobre, del oprimido. Hay gente que dice: Ah, ustedes los sacerdotes, tanto hablar ahora de los pobres, ¿por qué no se ocupan de los ricos? Creo que sí, el sacerdote tiene el deber de ocuparse de los ricos. Su misión frente a los ricos es interpelarlos. Lo que pasa es que los ricos no quieren que uno se ocupe de ellos. Porque mi misión como sacerdote es denunciarlos. Yo tendría un problema de conciencia si no le hiciera ver al rico que, si no cambia de vida, debe poner sus bienes al servicio de la comunidad” ("Peronismo y Cristianismo", Buenos Aires, 1973. Fuente: http://www.elortiba.org/pdf/Carlos_Mugica-PeronismoyCristianismo.pdf).
Claro está que esta oposición dialéctica entre ricos y pobres de pecunia es radicalmente falaz pues presupone que el pobre es inmaculadamente bueno y el rico perdidamente malo: el corazón del hombre es mucho más profundo y el drama del pecado mucho más abismal que estas superficialidades sociológicas. Vale recordar a Sciacca: “El progreso modifica la superficie, pero los estúpidos se contentan con eso porque niegan la grandeza y la profundidad que no saben ver”.
Más adelante, en el mismo libro, su opción por el socialismo quedaba netamente expresada: “Por eso, como movimiento, los Sacerdotes del Tercer Mundo propugnamos el socialismo en la Argentina como único sistema en el cual se pueden dar relaciones de fraternidad entre los hombres. Que cesen las relaciones de dominación para que haya relaciones de fraternidad. Un socialismo que responda a nuestras auténticas tradiciones argentinas, que sea cristiano, un socialismo con rostro humano, que respete la libertad del hombre” (ibídem).
Su confusión, empero, llegaba a la cima cuando, sin más, asimilaba el Evangelio a las ideologías materialistas y ateas del marxismo: “Yo me opongo violentamente a todos los que pretenden reducir a Cristo al papel de un guerrillero, de un reformador social. Jesucristo es mucho más ambicioso. No pretende crear una sociedad nueva, pretende crear un hombre nuevo y la categoría de hombre nuevo que asume el Che, sobre todo en su trabajo El Socialismo y el Hombre, es una categoría netamente cristiana que San Pablo usa mucho” (ibídem). Y volvemos a Sciacca: “Creer que el mal puede ser vencido únicamente por obra del hombre; creer en la felicidad en la tierra, en sustitución de una vida vivida a la luz de la verdad es, por cierto, la última victoria del mal, la más peligrosa tentación de Satanás”.
Su ubicación frente a la lucha armada fue ambigua: “Ahora lo que sucede es esto: en concreto encontramos en América Latina -incluso en nuestro país- una situación de violencia institucionalizada. Es la violencia del hambre. Como dice Helder Cámara «El General hambre mata cada día más hombres que cualquier guerra». Es decir que existe la violencia del sistema, el desorden establecido. Frente a este desorden establecido yo, cristiano, tomo conciencia de que algo hay que hacer y me encuentro entre dos alternativas igualmente válidas: la de la no violencia en la línea de Luther King o la de la violencia en la línea del Che Guevara; hablando en cristiano la violencia en la línea de Camilo Torres. Y pienso que las dos opciones son legítimas” (“Entrevista al Padre Mugica”. Fuente: Revista 7 Días, junio de 1972).
Es evidente, pues, que Carlos Mugica sucumbió a todos los errores de una herejía de cuño modernista y progresista que, en el fondo, no fue ni es otra cosa que una grave adulteración del Evangelio y de la Fe. ¿Cómo es posible poner en la misma línea del hombre nuevo paulino, el hombre cristiano redimido por Cristo, la utopía marxista, signada ab instrinseco por el ateísmo más radical? ¿Qué falló aquí? Pues no otra cosa que la entera teología. Sus errores respecto del orden político social, su concreta opción por el socialismo, constituyeron antes que una equivocada opción política una contradicción expresa de la Fe de los Apóstoles y del Magisterio auténtico de la Iglesia.
Sí, es cierto: el Vaticano II no condenó al comunismo; pero tampoco levantó las condenas que pesaban sobre él. Pese a todo, cuando Mugica optaba por el socialismo, seguía vigente, por ejemplo, el Decreto de la Suprema Congregación del Santo Oficio, del 1 de junio de 1949, confirmado después por el Dubium del 4 de abril de 1959 que prohibía expresamente a todos los católicos la colaboración en cualquier terreno con el comunismo y consideraba a quienes violaban esta prohibición “apóstatas de la fe” incursos en “excomunión reservada de modo especial a la Sede Apostólica”. También regía plenamente la condena sin matices del Papa Pío XI en Divini Redemptoris, documento donde no sólo, ni principalmente, se declara al comunismo “intrínsecamente malo” (su afirmación más difundida) sino en el que se pone de manifiesto su carácter radical de falsa promesa redentora opuesta a la verdadera Promesa de Cristo, es decir, la promesa del hombre que se endiosa levantada en guerra inconciliable contra la Promesa de Dios hecho hombre. ¿Dónde está la proclamada fidelidad de Mugica al Magisterio de la Iglesia?
ADVERTENCIA DESOIDA
Pero hubo algo más inmediato y próximo. La creciente actividad del llamado Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo provocó una intervención directa del Episcopado Argentino de aquella época. En su Declaración del 12 de agosto de 1970, afirmaban los Obispos: “«Adherir a un proceso revolucionario … haciendo opción por un socialismo latinoamericano que implique necesariamente la socialización de los medios de producción del poder económico y político y de la cultura» (Declaración del Tercer Encuentro del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo. Santa Fe, 2 de mayo de 1970), no corresponde ni es lícito a ningún grupo de sacerdotes ni por su carácter sacerdotal, ni por la doctrina social de la Iglesia a la cual se opone, ni por el carácter de revolución social que implica la aceptación de la violencia como medio para lograr cuanto antes la liberación de los oprimidos”.
Unos párrafos más arriba, los Obispos exhortaban: “Lo que buscamos y queremos ahora es la reflexión seria y obligada de conocer bien y respetar la verdad de la Iglesia, en puntos básicos claramente enseñada por ella, para rectificar rumbos, deponer actitudes y, si es necesario, para hacer penitencia, que significa cambiar de mentalidad, a fin de pensar como piensa la Iglesia, con ella y en ella, cooperando así a su obra de salvación”.
Los tercermundistas respondieron a este llamado episcopal con un extenso Documento en el que consideraban el texto de los obispos “insuficiente, intemporal y parcial”, lo ponían en contradicción con otros textos (la famosa Declaración de Medellín, especialmente), por lo que se veían obligados no sólo a “integrar” sino a tomar “opciones pastorales” (en detrimento de la obediencia, desde luego, a sus obispos ordinarios), para terminar con unas abstrusas elucubraciones pseudo eclesiológicas a la luz de un difuso “espíritu del Concilio” (cf. Reflexiones en torno a la declaración de la Comisión Permanente del Episcopado del 12 de Agosto de 1970, Córdoba, 3 y 4 de octubre de 1970).
No tenemos noticias de que, tras la advertencia de los Obispos, el Padre Mugica (más allá de su ya mencionada ruptura con Montoneros) haya abandonado sus posiciones tercermundistas. Por el contrario, resulta claro que las mantuvo. Otra vez la pregunta: ¿dónde está la fidelidad al Magisterio legítimo de la Iglesia?
COLOFON
No escribimos con la intención de acusar a nadie. No nos mueve siquiera el deseo, legítimo por lo demás, de reivindicar personas y hechos que, en esa misma época, marcaron una genuina reacción católica contra el desvarío progresista; hechos y personas injustamente olvidados. De eso habrá tiempo cuando lo disponga Dios. Tampoco nos mueven “memorias históricas” ni el anhelo de una justicia demasiado humana, apenas un miserable remedo de la Justicia de Dios a la que nos encomendamos. No. Sólo nos mueve la Fe. Esa Fe peligra si hoy a las nuevas generaciones de católicos (y pensamos sobre todo en los sacerdotes) se les propone un relato eclesial sesgado y se le presentan como modelos de vida personajes que, cuanto menos, obligan a un respetuoso silencio.
Insistimos: lo más grave de Mugica no fueron ni sus opciones políticas, ni sus compromisos temporales, ni su identificación con este o aquel sector político, ni siquiera su ambigua posición frente a la lucha armada, a la que finalmente se opuso sin ambages tras la llegada de Perón al gobierno en 1973, oposición que tal vez fue la causa de su muerte.
Lo grave, lo decisivamente grave, es que contribuyó como pocos, en una Iglesia convulsa y confundida, a adulterar la Fe que recibió en su bautismo y que se comprometió a predicar el día de su ordenación. Puso al servicio de esta Fe adulterada los indiscutibles talentos que poseía, los rasgos de una personalidad fascinante que arrastraba y cautivaba auditorios y una pasión desbordante que, finalmente, lo llevó a morir. No cuestionamos su santidad personal. ¿Con qué derecho lo haríamos? Cuestionamos el significado y también la resignificación de su figura en el fondo trágica porque es, reiteramos, la parábola de una gran tragedia que los hombres de nuestra generación hemos vivido y que sigue gravando nuestras vidas.
Tal vez, después de todo, Mugica, sacerdos in aeternum, fue más víctima que victimario: la víctima de un tiempo confuso y oscuro que hoy, abrumados por la ideología del odio, algunos se empeñan en seguir llamando primavera.
Elevamos a Dios, con toda el alma, nuestra súplica por el Padre Mugica.
(De www.laprensa.com.ar)
Se transcribe un artículo al respecto:
MUGICA: HISTORIA DE UNA IMPOSTURA (Su exaltación es parte del "relato setentista" eclesiástico)
Por Mario Caponnetto y Miguel De Lorenzo
Este mes de mayo, el 11 para ser más precisos, se han cumplido cincuenta años del asesinato del Padre Carlos Mugica, el reconocido “cura villero” o “cura de los pobres” como suelen denominarlo sus panegiristas. El aniversario ha dado ocasión a una desmesurada exaltación de su figura: grandes homenajes eclesiásticos, derroche de elogios y ditirambos y hasta la instalación de una llamada “carpa misionera” frente a la Catedral Metropolitana de Buenos Aires con la obvia autorización del Arzobispo García Cuerva y la activa participación del Vicario General Monseñor Carrara.
La Jerarquía Católica que, salvo pocas y honrosas excepciones, viene promoviendo desde hace tiempo una suerte de “relato setentista” eclesiástico (véase al respecto la obra en tres tomos La verdad los hará libres, una historia burdamente sesgada de los años setenta llevada a cabo directamente por encargo de la Conferencia Episcopal Argentina) no parece dispuesta a reconciliarse con la verdad histórica ni a admitir las antiguas complicidades de algunos de sus miembros con el terrorismo subversivo. Por el contrario, no oculta su empeño en mantener una impostura a tono con la “historia oficial” impuesta a palos desde hace cuarenta años. Contra esta falsificación, alertaba George Bernanós: “Existe una conspiración contra el mal, no para destruirlo, sino para disimularlo”.
Esto explica la exaltación de Mugica. Efectivamente, Mugica es una figura emblemática de ese “setentismo” ominoso y sangriento, metamorfoseado en epopeya, convertido en una imaginaria “lucha de liberación” en pro de los pobres. Porque digamos de una vez por todas la verdad: en esa historia real de los setenta, no la ficticia, una nada despreciable cantidad de católicos (obispos, sacerdotes, religiosas y laicos) fueron activos protagonistas y, por ende, responsables, de ese gran baño de sangre que nos sumió en el dolor y la muerte. Mugica fue, en este sentido, uno de los personajes más reconocidos (aunque no se le pueden atribuir las máximas responsabilidades); por eso hoy se ha convertido en la bandera enarbolada por vastos sectores católicos y la misma Jerarquía de la Iglesia en la Argentina, en ese intento de “disimular el mal” del que nos alertaba Bernanós.
Hemos oído hablar en estos días de Mugica como el mártir de los pobres; la palabra mártir es muy especial y adquiere un sentido muy hondo y sugestivo. Supone que alguien ha sido despojado de su vida por amor a la fe. Pero la realidad es muy otra y lo decimos sin la menor animosidad contra la figura del Padre Mugica: por el contrario, la vida y la muerte de este sacerdote nos mueven más bien a una profunda tristeza: Mugica es la parábola viviente de una tragedia que sacudió a la par a la Iglesia y a la Patria. Por eso, su muerte nada tuvo de la gloria del martirio cristiano: fue sólo el horrible episodio de una sórdida lucha interna de facciones y epílogo, a la vez, de un camino lleno de errores y desaciertos, de idas y de retornos.
RELATO INSOSTENIBLE
Pero si a esta altura de los hechos en Argentina, el relato “laico” de los años setenta ha sido ampliamente rebatido y sólo subsiste en los que de él viven (o en los obcecados pese a toda evidencia), no pasa lo mismo con el relato eclesiástico. Si bien mucho se ha escrito acerca del fenómeno, ya mencionado, del gravísimo compromiso de amplios sectores católicos con el marxismo revolucionario de los años setenta, todavía no se ha hecho una evaluación profunda de su significado; y nos referimos, fundamentalmente, de su significado a la luz de la Fe. Porque lo que ocurrió entonces en la Iglesia fue, por sobre todas las cosas, algo que afectó de manera esencial la Fe. Esta tarea está pendiente y lo seguirá estando mientras la Jerarquía Católica persista inexplicablemente en ignorar el problema o, lo que es peor, en exaltar sus consecuencias presentándolas como frutos evangélicos.
Pero la verdad, insistimos, es bien distinta. Mugica fue uno de los tantos frutos de muerte de la herejía progresista, modernista y tercermundista que desgarró, y aún desgarra, a la Iglesia. En aquella época de imaginarias primaveras conciliares, se deslizaron por las venas de la Iglesia toda suerte de errores y de extravíos. La Teología de la Liberación, típico producto “teológico” europeo trasladado a nuestra América por los misioneros del nuevo credo, dio el clima ideológico en el que pulularon las más extrañas aventuras eclesiásticas, entre ellas, el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo del que Carlos Mugica fue mentor y líder entre nosotros.
Aquel movimiento implicaba, en esencia, una grave adulteración del Evangelio de Cristo, de la naturaleza y de la misión del sacerdocio católico al tiempo que consumaba una radical ruptura con el Magisterio de la Iglesia. Para aquellos clérigos tercermundistas (y cuantos con ellos avanzaron por el mismo camino) la misión del sacerdote católico dejó de estar enraizada en el misterio salvador de Jesucristo para fundarse en una praxis social liberadora. La pastoral no tenía ya como objetivo que los hombres vivieran la vida de la gracia y de la unión plena con Dios sino llevar a los pobres a la toma de conciencia de clase explotada y a poner en marcha, desde sí mismos y para sí mismos, el proceso revolucionario que los liberaría de las estructuras capitalistas y burguesas concebidas como estructuras de pecado. Este proceso revolucionario hacía del socialismo marxista -entonces considerado ineluctable- su herramienta principal: el socialismo vino a ser así la encarnación del Evangelio, su expresión histórica y, por ende, el compromiso ineludible de una Iglesia que debía para ello, necesariamente, romper con todo cuanto había dicho, predicado y enseñado. El Concilio Vaticano II, recientemente concluido, era apreciado como la voz de orden de ese cambio y los sacerdotes, y católicos en general, que así pensaban se sintieron la vanguardia profética de esa Iglesia nueva, para un mundo nuevo y por un hombre nuevo.
Hubo más. Puesto que la praxis revolucionaria era, ahora, inseparable de la pastoral, antes bien, se identificaba con ella, se planteaba el problema del método de dicha praxis. ¿Era la lucha armada, asumida por aquel entonces en Argentina e Hispanoamérica por el castrocomunismo y sus variantes, un camino lícito para los cristianos? No todos respondieron afirmativamente a esta pregunta, pero un número nada despreciable de sacerdotes dio inequívocamente su absoluta conformidad. De este modo, no sólo algunos sacerdotes tomaron las armas sino, lo que fue más grave, arrastraron a centenares de jóvenes católicos a la aventura de la guerrilla. En ella, no pocos, mataron y murieron; pero no por Cristo y su Evangelio sino por la falsa utopía revolucionaria bajo la inspiración de Marx, de Castro y de Ernesto Guevara. Esta es la verdad, la que los hombres de nuestra generación hemos visto y vivido de modo directo. No hay otra.
ALGUNOS TESTIMONIOS
¿Qué papel jugó exactamente Carlos Mugica en todo esto que acabamos de reseñar? Una lectura objetiva de sus actos y de sus textos nos permite advertir que, gracias a Dios, nunca perdió totalmente de vista el sentido sobrenatural del sacerdocio. También hay que destacar, en honor a la verdad completa, que hacia el final de su vida asumió su cuota de responsabilidad por la ola de violencia desatada en Argentina, así como su total ruptura con Montoneros a los que había animado y acompañado en sus momentos iniciales. También nos consta, por dichos de testigos directos, que esa conciencia de culpabilidad lo torturaba y angustiaba, sobre todo en los meses inmediatamente previos a su muerte.
Sabía, y lo decía con verdad, que la misión del sacerdote es llevar al hombre al pleno desarrollo de lo que hay en él de divino. Pero enseguida caía en un funesto error que lo hacía retroceder. “Para Cristo -escribía en Peronismo y Cristianismo- cada hombre es imagen y semejanza de Dios, por lo tanto, ofender a un hombre es ofender a Dios. Y el rol del que es ministro de Cristo es asumir la defensa del hombre, y sobre todo del pobre, del oprimido. Hay gente que dice: Ah, ustedes los sacerdotes, tanto hablar ahora de los pobres, ¿por qué no se ocupan de los ricos? Creo que sí, el sacerdote tiene el deber de ocuparse de los ricos. Su misión frente a los ricos es interpelarlos. Lo que pasa es que los ricos no quieren que uno se ocupe de ellos. Porque mi misión como sacerdote es denunciarlos. Yo tendría un problema de conciencia si no le hiciera ver al rico que, si no cambia de vida, debe poner sus bienes al servicio de la comunidad” ("Peronismo y Cristianismo", Buenos Aires, 1973. Fuente: http://www.elortiba.org/pdf/Carlos_Mugica-PeronismoyCristianismo.pdf).
Claro está que esta oposición dialéctica entre ricos y pobres de pecunia es radicalmente falaz pues presupone que el pobre es inmaculadamente bueno y el rico perdidamente malo: el corazón del hombre es mucho más profundo y el drama del pecado mucho más abismal que estas superficialidades sociológicas. Vale recordar a Sciacca: “El progreso modifica la superficie, pero los estúpidos se contentan con eso porque niegan la grandeza y la profundidad que no saben ver”.
Más adelante, en el mismo libro, su opción por el socialismo quedaba netamente expresada: “Por eso, como movimiento, los Sacerdotes del Tercer Mundo propugnamos el socialismo en la Argentina como único sistema en el cual se pueden dar relaciones de fraternidad entre los hombres. Que cesen las relaciones de dominación para que haya relaciones de fraternidad. Un socialismo que responda a nuestras auténticas tradiciones argentinas, que sea cristiano, un socialismo con rostro humano, que respete la libertad del hombre” (ibídem).
Su confusión, empero, llegaba a la cima cuando, sin más, asimilaba el Evangelio a las ideologías materialistas y ateas del marxismo: “Yo me opongo violentamente a todos los que pretenden reducir a Cristo al papel de un guerrillero, de un reformador social. Jesucristo es mucho más ambicioso. No pretende crear una sociedad nueva, pretende crear un hombre nuevo y la categoría de hombre nuevo que asume el Che, sobre todo en su trabajo El Socialismo y el Hombre, es una categoría netamente cristiana que San Pablo usa mucho” (ibídem). Y volvemos a Sciacca: “Creer que el mal puede ser vencido únicamente por obra del hombre; creer en la felicidad en la tierra, en sustitución de una vida vivida a la luz de la verdad es, por cierto, la última victoria del mal, la más peligrosa tentación de Satanás”.
Su ubicación frente a la lucha armada fue ambigua: “Ahora lo que sucede es esto: en concreto encontramos en América Latina -incluso en nuestro país- una situación de violencia institucionalizada. Es la violencia del hambre. Como dice Helder Cámara «El General hambre mata cada día más hombres que cualquier guerra». Es decir que existe la violencia del sistema, el desorden establecido. Frente a este desorden establecido yo, cristiano, tomo conciencia de que algo hay que hacer y me encuentro entre dos alternativas igualmente válidas: la de la no violencia en la línea de Luther King o la de la violencia en la línea del Che Guevara; hablando en cristiano la violencia en la línea de Camilo Torres. Y pienso que las dos opciones son legítimas” (“Entrevista al Padre Mugica”. Fuente: Revista 7 Días, junio de 1972).
Es evidente, pues, que Carlos Mugica sucumbió a todos los errores de una herejía de cuño modernista y progresista que, en el fondo, no fue ni es otra cosa que una grave adulteración del Evangelio y de la Fe. ¿Cómo es posible poner en la misma línea del hombre nuevo paulino, el hombre cristiano redimido por Cristo, la utopía marxista, signada ab instrinseco por el ateísmo más radical? ¿Qué falló aquí? Pues no otra cosa que la entera teología. Sus errores respecto del orden político social, su concreta opción por el socialismo, constituyeron antes que una equivocada opción política una contradicción expresa de la Fe de los Apóstoles y del Magisterio auténtico de la Iglesia.
Sí, es cierto: el Vaticano II no condenó al comunismo; pero tampoco levantó las condenas que pesaban sobre él. Pese a todo, cuando Mugica optaba por el socialismo, seguía vigente, por ejemplo, el Decreto de la Suprema Congregación del Santo Oficio, del 1 de junio de 1949, confirmado después por el Dubium del 4 de abril de 1959 que prohibía expresamente a todos los católicos la colaboración en cualquier terreno con el comunismo y consideraba a quienes violaban esta prohibición “apóstatas de la fe” incursos en “excomunión reservada de modo especial a la Sede Apostólica”. También regía plenamente la condena sin matices del Papa Pío XI en Divini Redemptoris, documento donde no sólo, ni principalmente, se declara al comunismo “intrínsecamente malo” (su afirmación más difundida) sino en el que se pone de manifiesto su carácter radical de falsa promesa redentora opuesta a la verdadera Promesa de Cristo, es decir, la promesa del hombre que se endiosa levantada en guerra inconciliable contra la Promesa de Dios hecho hombre. ¿Dónde está la proclamada fidelidad de Mugica al Magisterio de la Iglesia?
ADVERTENCIA DESOIDA
Pero hubo algo más inmediato y próximo. La creciente actividad del llamado Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo provocó una intervención directa del Episcopado Argentino de aquella época. En su Declaración del 12 de agosto de 1970, afirmaban los Obispos: “«Adherir a un proceso revolucionario … haciendo opción por un socialismo latinoamericano que implique necesariamente la socialización de los medios de producción del poder económico y político y de la cultura» (Declaración del Tercer Encuentro del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo. Santa Fe, 2 de mayo de 1970), no corresponde ni es lícito a ningún grupo de sacerdotes ni por su carácter sacerdotal, ni por la doctrina social de la Iglesia a la cual se opone, ni por el carácter de revolución social que implica la aceptación de la violencia como medio para lograr cuanto antes la liberación de los oprimidos”.
Unos párrafos más arriba, los Obispos exhortaban: “Lo que buscamos y queremos ahora es la reflexión seria y obligada de conocer bien y respetar la verdad de la Iglesia, en puntos básicos claramente enseñada por ella, para rectificar rumbos, deponer actitudes y, si es necesario, para hacer penitencia, que significa cambiar de mentalidad, a fin de pensar como piensa la Iglesia, con ella y en ella, cooperando así a su obra de salvación”.
Los tercermundistas respondieron a este llamado episcopal con un extenso Documento en el que consideraban el texto de los obispos “insuficiente, intemporal y parcial”, lo ponían en contradicción con otros textos (la famosa Declaración de Medellín, especialmente), por lo que se veían obligados no sólo a “integrar” sino a tomar “opciones pastorales” (en detrimento de la obediencia, desde luego, a sus obispos ordinarios), para terminar con unas abstrusas elucubraciones pseudo eclesiológicas a la luz de un difuso “espíritu del Concilio” (cf. Reflexiones en torno a la declaración de la Comisión Permanente del Episcopado del 12 de Agosto de 1970, Córdoba, 3 y 4 de octubre de 1970).
No tenemos noticias de que, tras la advertencia de los Obispos, el Padre Mugica (más allá de su ya mencionada ruptura con Montoneros) haya abandonado sus posiciones tercermundistas. Por el contrario, resulta claro que las mantuvo. Otra vez la pregunta: ¿dónde está la fidelidad al Magisterio legítimo de la Iglesia?
COLOFON
No escribimos con la intención de acusar a nadie. No nos mueve siquiera el deseo, legítimo por lo demás, de reivindicar personas y hechos que, en esa misma época, marcaron una genuina reacción católica contra el desvarío progresista; hechos y personas injustamente olvidados. De eso habrá tiempo cuando lo disponga Dios. Tampoco nos mueven “memorias históricas” ni el anhelo de una justicia demasiado humana, apenas un miserable remedo de la Justicia de Dios a la que nos encomendamos. No. Sólo nos mueve la Fe. Esa Fe peligra si hoy a las nuevas generaciones de católicos (y pensamos sobre todo en los sacerdotes) se les propone un relato eclesial sesgado y se le presentan como modelos de vida personajes que, cuanto menos, obligan a un respetuoso silencio.
Insistimos: lo más grave de Mugica no fueron ni sus opciones políticas, ni sus compromisos temporales, ni su identificación con este o aquel sector político, ni siquiera su ambigua posición frente a la lucha armada, a la que finalmente se opuso sin ambages tras la llegada de Perón al gobierno en 1973, oposición que tal vez fue la causa de su muerte.
Lo grave, lo decisivamente grave, es que contribuyó como pocos, en una Iglesia convulsa y confundida, a adulterar la Fe que recibió en su bautismo y que se comprometió a predicar el día de su ordenación. Puso al servicio de esta Fe adulterada los indiscutibles talentos que poseía, los rasgos de una personalidad fascinante que arrastraba y cautivaba auditorios y una pasión desbordante que, finalmente, lo llevó a morir. No cuestionamos su santidad personal. ¿Con qué derecho lo haríamos? Cuestionamos el significado y también la resignificación de su figura en el fondo trágica porque es, reiteramos, la parábola de una gran tragedia que los hombres de nuestra generación hemos vivido y que sigue gravando nuestras vidas.
Tal vez, después de todo, Mugica, sacerdos in aeternum, fue más víctima que victimario: la víctima de un tiempo confuso y oscuro que hoy, abrumados por la ideología del odio, algunos se empeñan en seguir llamando primavera.
Elevamos a Dios, con toda el alma, nuestra súplica por el Padre Mugica.
(De www.laprensa.com.ar)
domingo, 26 de mayo de 2024
La infancia en el centro de las acciones que buscan destruir a la sociedad
Por Enrique De Rosa Alabaster
En los últimos días, una campaña publicitaria en España desató una serie de respuestas en redes sociales en diversas partes del mundo. La contingencia permite señalar, hacer visible, una tendencia en el mundo y es la persistente e intensa acción que busca sexualizar a la infancia, asociando eso a otras acciones como las operaciones de cambio de sexo, que tantos desastres están dando por resultado. Pero vamos a ésta, ya que bajo la cubierta de un error no deja de actuar como la propaganda desde las cual se lanzan globos de ensayo, es decir intentos para ver la respuesta y ya luego ir habituando a la población a esto.
Hemos mencionado en varias oportunidades al origen moderno de la propaganda y de la figura del sobrino de Freud, Edward Bernays y cómo sus planteos hace un siglo siguen modelando la forma de instalar ideas en el público. Una de las características que persiste y se ha perfeccionado al día de hoy, es lanzar ideas controvertidas, que transgreden la norma vigente, pero luego en función de la respuesta obtenida, volver atrás en ellas, inclusive cuestionándolas. La idea transgresora ya ha sido “presentada en sociedad” y así de alguna manera ya ha estado instalada. Sin duda, la expresión que las teorías tachadas como conspirativas, anticientíficas, etcétera, son sólo la anticipación de la realidad, se cumple.
Una forma de ello es la programación predictiva, en la cual una idea se instala mucho tiempo antes de ser expuesta plenamente al público y permite ver cómo en diversas áreas temas absolutamente impensados en un momento, pasaron de ser parte de la ficción, de series, y hasta de debates televisivos que en su momento no se entendía la razón de los mismos por el absurdo que representaban, para que luego se instalen como (falso) dilema. Nadie hubiera dudado de sacar del aire una emisión televisiva hace por ejemplo 20 años que planteara la posibilidad de amor entre menores y adultos, hoy eso es un tema ya casi instalado. El camino, sin embargo, comenzó hace varias décadas, como se puede constatar en algunos casos célebres en la década de los años 70/80 en Francia.
Respecto a la programación predictiva, o más precisamente a la instalación de nuevas normas conceptuales y morales, es interesante una mirada a los sistemas de inteligencia artificial que ante una pregunta que reiteré en varios sistemas o plataformas, respecto a lo que es la programación predictiva responde, por ejemplo:
“…mediante el análisis de datos y la modelización predictiva, los gobiernos y organizaciones pueden identificar cuáles serán los problemas emergentes o las preocupaciones de la ciudadanía en el futuro. Con esta información, pueden adelantarse a los eventos, preparando iniciativas legislativas o campañas de comunicación que coloquen estos temas en el centro de la atención pública”.
O sea, la respuesta es que son temas que se estudian por anticipado para nuestro bien. Ahora bien, ¿eso incluye y responde a la idea de sexualizar a la infancia por ejemplo? Es en este contexto que viene a instalarse el tema del anuncio en la vía pública en España.
El Ayuntamiento (quizás nosotros lo llamaríamos municipalidad) de Almería, dice haberla lanzado “por error” en el marco de una campaña contra la violencia de género, un anuncio en la que por alguna extraña conexión se vinculaba el sexo con menores y en particular su capacidad de dar consentimiento en una imagen. El cartel venía encabezado con la imagen de un menor y el mensaje “Si dice no, no es sexo, es agresión”. Es decir, el problema es la agresión, que sumado a los repetidos mensajes de “no es no”, dejan en suspenso de una manera sugestiva implícitamente que el menor puede estar en condiciones psíquicas y emocionales de decir no. Ese es el límite, no el delito del adulto. Si bien se dice que la campaña era destinada a la violencia de género, instala con la imagen de un niño que el mismo puede decir no, y eso supondría que en caso que no diga no, según podemos inferir, tener sexo con un mayor no sería un inconveniente. Por supuesto, luego de la respuesta pública de rechazo a semejante dislate, el ayuntamiento, aduce un error del cual nadie parece ser responsable, aun cuando el anuncio portaba el logotipo no sólo del ayuntamiento de Almería, sino que el del Gobierno de España, y la campaña se había sufragado con fondos del Ministerio de Igualdad en el marco del Pacto de Estado contra la Violencia de Género.
En los términos de estudios poblacionales, el supuesto error de alguna manera sirvió de compulsa para ver el estado de la población respecto a un concepto/producto, al igual que se fueron instalando otras tantas imágenes primero de manera transgresora, como licencia artística o por error, para luego ser casi la norma. De hecho, la respuesta posterior a la crítica a nivel mundial fue mantener la campaña para, según señalaron, “concienciar y sensibilizar a la población almeriense sobre conceptos básicos de educación sexual para prevenir diferentes tipos de abusos sexuales”.
En varias notas en La Prensa se han señalado los intentos de sexualizar a la infancia, las doctrinas transgénero así como las operaciones mutilantes y los “arrepentidos” (de lo cual se habla poco), quienes al adquirir cierta madurez intentan volver para atrás una decisión que fue tomada a una edad que no podían tomarla. En muchos casos esa determinación es apoyada por el Estado, aun interviniendo contra la opinión de los padres.
En nuestro medio muchas veces se ha jugado con la idea del consentimiento del menor, instalando una idea que no resiste el menor análisis. Ese es el éxito de lo publicitario, no apelar a la razón, ya que plantearía un debate imposible en ese terreno, sino a la consigna ideologizada y completamente descontextualizada. En realidad, ese menor que sabemos desde la perspectiva psicoevolutiva no está en condiciones de dar un si o un no en determinadas áreas, menos frente a la presión de un adulto, se transforma en rehén, en víctima de un mercado humano: el mercado de la infancia que rinde unos extraordinarios beneficios.
La campaña internacional en favor de desproteger y exponer a los menores, bajo la idea de darles el poder de decisión, se extiende a todos los ámbitos no sólo el de la pedofilia que avanza a pasos agigantados. En los últimos tiempos empieza a ser evidente cómo esos menores también son no sólo producto a consumir en su inocencia, sino que son consumidores, como vemos en el auge de las apuestas en la infancia, en la cual cada vez más inmediatas plataformas virtuales facilitan el juego llevando al inicio de comportamientos adictivos y a la traslación de los mismos a otros dominios que pueden significar, en la necesidad de procurarse fondos para esas apuestas, el ingreso en el mundo del delito.
Quizás tenga que ser muy claro en que la infancia no sólo está en peligro, sino que está siendo desde hace mucho tiempo el objetivo principal de ciertas acciones que tienden a la destrucción de la sociedad, ya que el acoso a esos niños que serán pronto adultos los dejará en un mismo estado de indefensión y fácil presa de cualquier acción de control.
Lamentablemente, todo esto no es una novela distópica sino lo que ocurre, pero hay una intensa campaña que acompaña a la de dominación y control de la infancia y es la de instalar que cualquier intento de demostrar esto es parte de una especie de delirio conspirativo. Una de ellas es que un niño puede estar en condiciones de ser capaz de consentir. Un hecho ocurrido en estos días demuestra que no lo es y no necesitamos esperar el futuro, sólo basta mirar para atrás unos años, ver qué cosas creímos y ver cuáles se nos imponen ahora. El Parlamento alemán decide descriminalizar, reduciendo significativamente las penas, en caso de pornografía infantil. Esto quizás exima de todo comentario y resuma la famosa predicción de Orwell que, si no hacíamos algo ante el Estado que él anunciaba en sus obras, el futuro era una bota sobre nuestras cabezas. Evidentemente se refería a la bota concreta, pero especialmente a nuestras mentes aplastadas ante nuevos paradigmas totalitarios.
(De www.laprensa.com.ar)
En los últimos días, una campaña publicitaria en España desató una serie de respuestas en redes sociales en diversas partes del mundo. La contingencia permite señalar, hacer visible, una tendencia en el mundo y es la persistente e intensa acción que busca sexualizar a la infancia, asociando eso a otras acciones como las operaciones de cambio de sexo, que tantos desastres están dando por resultado. Pero vamos a ésta, ya que bajo la cubierta de un error no deja de actuar como la propaganda desde las cual se lanzan globos de ensayo, es decir intentos para ver la respuesta y ya luego ir habituando a la población a esto.
Hemos mencionado en varias oportunidades al origen moderno de la propaganda y de la figura del sobrino de Freud, Edward Bernays y cómo sus planteos hace un siglo siguen modelando la forma de instalar ideas en el público. Una de las características que persiste y se ha perfeccionado al día de hoy, es lanzar ideas controvertidas, que transgreden la norma vigente, pero luego en función de la respuesta obtenida, volver atrás en ellas, inclusive cuestionándolas. La idea transgresora ya ha sido “presentada en sociedad” y así de alguna manera ya ha estado instalada. Sin duda, la expresión que las teorías tachadas como conspirativas, anticientíficas, etcétera, son sólo la anticipación de la realidad, se cumple.
Una forma de ello es la programación predictiva, en la cual una idea se instala mucho tiempo antes de ser expuesta plenamente al público y permite ver cómo en diversas áreas temas absolutamente impensados en un momento, pasaron de ser parte de la ficción, de series, y hasta de debates televisivos que en su momento no se entendía la razón de los mismos por el absurdo que representaban, para que luego se instalen como (falso) dilema. Nadie hubiera dudado de sacar del aire una emisión televisiva hace por ejemplo 20 años que planteara la posibilidad de amor entre menores y adultos, hoy eso es un tema ya casi instalado. El camino, sin embargo, comenzó hace varias décadas, como se puede constatar en algunos casos célebres en la década de los años 70/80 en Francia.
Respecto a la programación predictiva, o más precisamente a la instalación de nuevas normas conceptuales y morales, es interesante una mirada a los sistemas de inteligencia artificial que ante una pregunta que reiteré en varios sistemas o plataformas, respecto a lo que es la programación predictiva responde, por ejemplo:
“…mediante el análisis de datos y la modelización predictiva, los gobiernos y organizaciones pueden identificar cuáles serán los problemas emergentes o las preocupaciones de la ciudadanía en el futuro. Con esta información, pueden adelantarse a los eventos, preparando iniciativas legislativas o campañas de comunicación que coloquen estos temas en el centro de la atención pública”.
O sea, la respuesta es que son temas que se estudian por anticipado para nuestro bien. Ahora bien, ¿eso incluye y responde a la idea de sexualizar a la infancia por ejemplo? Es en este contexto que viene a instalarse el tema del anuncio en la vía pública en España.
El Ayuntamiento (quizás nosotros lo llamaríamos municipalidad) de Almería, dice haberla lanzado “por error” en el marco de una campaña contra la violencia de género, un anuncio en la que por alguna extraña conexión se vinculaba el sexo con menores y en particular su capacidad de dar consentimiento en una imagen. El cartel venía encabezado con la imagen de un menor y el mensaje “Si dice no, no es sexo, es agresión”. Es decir, el problema es la agresión, que sumado a los repetidos mensajes de “no es no”, dejan en suspenso de una manera sugestiva implícitamente que el menor puede estar en condiciones psíquicas y emocionales de decir no. Ese es el límite, no el delito del adulto. Si bien se dice que la campaña era destinada a la violencia de género, instala con la imagen de un niño que el mismo puede decir no, y eso supondría que en caso que no diga no, según podemos inferir, tener sexo con un mayor no sería un inconveniente. Por supuesto, luego de la respuesta pública de rechazo a semejante dislate, el ayuntamiento, aduce un error del cual nadie parece ser responsable, aun cuando el anuncio portaba el logotipo no sólo del ayuntamiento de Almería, sino que el del Gobierno de España, y la campaña se había sufragado con fondos del Ministerio de Igualdad en el marco del Pacto de Estado contra la Violencia de Género.
En los términos de estudios poblacionales, el supuesto error de alguna manera sirvió de compulsa para ver el estado de la población respecto a un concepto/producto, al igual que se fueron instalando otras tantas imágenes primero de manera transgresora, como licencia artística o por error, para luego ser casi la norma. De hecho, la respuesta posterior a la crítica a nivel mundial fue mantener la campaña para, según señalaron, “concienciar y sensibilizar a la población almeriense sobre conceptos básicos de educación sexual para prevenir diferentes tipos de abusos sexuales”.
En varias notas en La Prensa se han señalado los intentos de sexualizar a la infancia, las doctrinas transgénero así como las operaciones mutilantes y los “arrepentidos” (de lo cual se habla poco), quienes al adquirir cierta madurez intentan volver para atrás una decisión que fue tomada a una edad que no podían tomarla. En muchos casos esa determinación es apoyada por el Estado, aun interviniendo contra la opinión de los padres.
En nuestro medio muchas veces se ha jugado con la idea del consentimiento del menor, instalando una idea que no resiste el menor análisis. Ese es el éxito de lo publicitario, no apelar a la razón, ya que plantearía un debate imposible en ese terreno, sino a la consigna ideologizada y completamente descontextualizada. En realidad, ese menor que sabemos desde la perspectiva psicoevolutiva no está en condiciones de dar un si o un no en determinadas áreas, menos frente a la presión de un adulto, se transforma en rehén, en víctima de un mercado humano: el mercado de la infancia que rinde unos extraordinarios beneficios.
La campaña internacional en favor de desproteger y exponer a los menores, bajo la idea de darles el poder de decisión, se extiende a todos los ámbitos no sólo el de la pedofilia que avanza a pasos agigantados. En los últimos tiempos empieza a ser evidente cómo esos menores también son no sólo producto a consumir en su inocencia, sino que son consumidores, como vemos en el auge de las apuestas en la infancia, en la cual cada vez más inmediatas plataformas virtuales facilitan el juego llevando al inicio de comportamientos adictivos y a la traslación de los mismos a otros dominios que pueden significar, en la necesidad de procurarse fondos para esas apuestas, el ingreso en el mundo del delito.
Quizás tenga que ser muy claro en que la infancia no sólo está en peligro, sino que está siendo desde hace mucho tiempo el objetivo principal de ciertas acciones que tienden a la destrucción de la sociedad, ya que el acoso a esos niños que serán pronto adultos los dejará en un mismo estado de indefensión y fácil presa de cualquier acción de control.
Lamentablemente, todo esto no es una novela distópica sino lo que ocurre, pero hay una intensa campaña que acompaña a la de dominación y control de la infancia y es la de instalar que cualquier intento de demostrar esto es parte de una especie de delirio conspirativo. Una de ellas es que un niño puede estar en condiciones de ser capaz de consentir. Un hecho ocurrido en estos días demuestra que no lo es y no necesitamos esperar el futuro, sólo basta mirar para atrás unos años, ver qué cosas creímos y ver cuáles se nos imponen ahora. El Parlamento alemán decide descriminalizar, reduciendo significativamente las penas, en caso de pornografía infantil. Esto quizás exima de todo comentario y resuma la famosa predicción de Orwell que, si no hacíamos algo ante el Estado que él anunciaba en sus obras, el futuro era una bota sobre nuestras cabezas. Evidentemente se refería a la bota concreta, pero especialmente a nuestras mentes aplastadas ante nuevos paradigmas totalitarios.
(De www.laprensa.com.ar)
Acerca de los jesuitas
Uno de los aspectos que caracterizan a los jesuitas es su mala reputación, ya que a lo largo de la historia
han sido expulsados muchas veces. Alain Woodrow escribió al respecto: "La voz pública -tal vez a causa de las tesis regicidas defendidas por algunos jesuitas- ha visto la mano oculta de la Compañía en muchos asesinatos, o intentos de asesinato...Ha sido esa pésima reputación la que ha hecho que los jesuitas fueran expulsados setenta y cuatro veces de los ditintos países en que se habían establecido, y que la misma Compañía fuera oficialmente disuelta por el papa Clemente XIV en 1773, para renacer unos años después, pero esta vez como defensora de las ideas absolutistas de la Santa Sede (defensa del trono, lucha contra el modernismo, etc)" (De "Los jesuitas"-Editorial Planeta SA-Buenos Aires 1985).
En cuanto a la postura política de los últimos tiempos, el citado autor escribió: "El director de Présent termina con este sorprendente resumen: «Los jesuitas han ganado. No han sido los únicos, pero han estado sin duda en primera fila de la colosal evolución mental, política y religiosa, por la que la Iglesia universal, en su conjunto, se encuentra hoy, casi, casi, más cerca del comunismo que del anticomunismo... Hasta tal punto que han llegado a hablar de ello abiertamente. ¿Por qué molestarse de ahora en adelante? Que nosotros sepamos, el padre Arrupe es hasta ahora el único superior general de una gran orden religiosa que haya declarado, que haya escrito, que haya decretado que la colaboración con el comunismo es ´no sólo posible, sino deseable´»".
La actuación de los jesuitas en Sudamérica, en el siglo XVIII, se materializa en la misiones en el Paraguay y el noroeste argentino, en donde establecen una especie de socialismo, siendo los aborígenes explotados laboralmente a imagen y semejanza de los socialismos que se verán después en el siglo XX. Es por ello que son expulsados de las misiones. La explotación laboral de los sectores privados es reemplazada por la explotación laboral del Estado, siendo el remedio peor que la enfermedad.
Es oportuno mencionar algunas opiniones respecto de los jesuitas:
Georges Bernanos escribió: "El viejo sueño de los jesuitas desde hace ciento cincuenta años: organizar la cristiandad siguiendo los métodos de la dictadura totalitaria y de la razón de Estado".
Blaise Pascal: "Los jesuitas han querido unir Dios al mundo, y lo único que han hecho ha sido ganarse el desprecio de Dios y del Mundo".
Información adicional en el siguiente artículo:
CUANDO SÓLO SE DIVIDE POR DOS
Por Noemi Agostino
Haciendo un poco de historia. La orden de los jesuitas surge como una orden militar para aniquilar al protestantismo, consigna explícita en el juramento de la orden. El tal reza la promesa: “Yo declaro y prometo cuando la oportunidad se presente de preparar y hacer implacable guerra contra todos los herejes protestantes, extirparlos de la faz de la tierra. No perdonaré ni edad, ni sexo, ni condición con tal de aniquilar su execrable raza” (…) El juramento es más largo y mucho más violento porque hace referencia a todas las manchas que la orden de la Compañía de Jesús ha tenido a lo largo de su historia: la copa del veneno, la daga, la espada. Pero para comprobar y hacer palpable este juramento. En la iglesia de Gesú que está en Roma, la cual es su templo central, donde su fundador Ignacio de Loyola oficiaba misas; podemos encontrar las estatuas que confirman el aniquilamiento.
Extraña el cruel silencio, nadie pide la remoción de estas imágenes de la feroz persecución. Aún aquellos que quieren volver al corazón del Santo Padre, no se han pronunciado. El respeto a los miles y miles de hermanos nuestros masacrados por el único delito de llevarnos a la verdad de la Palabra en días de prolongadas y sangrientas noches.
La Compañía Jesús fue expulsada de casi todos los países de Europa por su actitud conspirativa. Sus vinculaciones con el poder político-económico y principalmente por la desestabilización que produce el pensamiento dialéctico: Afirmar algo como una verdad y luego negarla. Primero aborrecer a los divorciados y luego querer darles la comunión. Primero perseguir a los homosexuales, luego abrirles las puertas para finalmente cerrarlas de golpe. Perseguir a los protestantes pero infiltrarse, conocerlos, penetrar en su doctrina, modificarla, de modo que se autodestruyan. Esa atomización del pensamiento y de las acciones fue la gran estrategia a los largo de su devenir.
Tal fue el poder que adquirió esta orden que, en el 1773, el Papa Clemente XIV prohibió La Compañía de Jesús siendo asesinado por envenenamiento poco tiempo después. El mismo advirtió que esta decisión podría costarle la vida. Una vez en el exilio, por medio del General Superior Jesuita Lorenzo Ricci, el 1 de mayo de 1776 se crea la Orden de los Iluminattis en Baviera, llevando como cabeza visible al catedrático de la Universidad Jesuita en Ingolstad Baviera, Adam Weishaupt. Es a partir de ese momento que se convierten en una secta secreta organizada.
En 1798 el papa Pio VI fue hecho prisionero por el ejército francés y el poder papal recibió su golpe mortal. Weishaupt y sus compañeros jesuitas recortaron las entradas económicas del Vaticano, suscitando y dirigiendo la Revolución francesa y a Napoleón hacia la conquista de la Europa católica. Utilizaron a Napoleón para encarcelar al papa en Avignon, hasta que recibió como pago de su liberación reestablecer la orden. Esta guerra entre el Vaticano contra los jesuitas terminó con el congreso de Viena y el tratado secreto de Verona. Napoleón al verse manipulado por ellos deja escrito: “Los Jesuitas son una organización militar, no una orden religiosa. Su jefe es un general de un ejército, no un mero padre abad de un monasterio. Y la meta de esta organización es: PODER. Poder en su ejercicio más déspota. Poder absoluto, poder universal, poder para controlar al mundo por la volición de un solo hombre. El Jesuitismo es el más absoluto de los despotismos; y al mismo tiempo el más grande y más enorme de los abusos..." (Memorial of the Captivity of Napoleón at St. Helena).
"El General de los Jesuitas insiste en ser el amo, soberano, sobre los soberanos. Donde quiera que los Jesuitas sean admitidos ellos serán los amos, cueste lo que cueste. La sociedad de ellos es por naturaleza dictatorial, por lo tanto, es el irreconciliable enemigo de toda autoridad constituida. Todo acto, todo crimen, por más atroz, es un trabajo meritorio, si es cometido por los intereses de la Sociedad de los Jesuitas, o por orden del General." -- General Montholon, (Memorial of the Captivity of Napoleón at St. Helena).
Finalmente, el papa Pio VI es liberado de la prisión a cambio de reestablecer la orden de los jesuitas con todos sus derechos y privilegios. Teniendo a los Papas bajo su poder, fue reestablecida la Orden por León XIII, SIN RESTRICCIÓN ALGUNA DE AUTORIDAD HUMANA Y PAPAL, con presencia permanente en el Vaticano del General Superior Jesuita. Al que a partir de ese entonces se lo denominará con el nombre de “Papa Negro”. (De www.cordialmentepxg.com)
En cuanto a la postura política de los últimos tiempos, el citado autor escribió: "El director de Présent termina con este sorprendente resumen: «Los jesuitas han ganado. No han sido los únicos, pero han estado sin duda en primera fila de la colosal evolución mental, política y religiosa, por la que la Iglesia universal, en su conjunto, se encuentra hoy, casi, casi, más cerca del comunismo que del anticomunismo... Hasta tal punto que han llegado a hablar de ello abiertamente. ¿Por qué molestarse de ahora en adelante? Que nosotros sepamos, el padre Arrupe es hasta ahora el único superior general de una gran orden religiosa que haya declarado, que haya escrito, que haya decretado que la colaboración con el comunismo es ´no sólo posible, sino deseable´»".
La actuación de los jesuitas en Sudamérica, en el siglo XVIII, se materializa en la misiones en el Paraguay y el noroeste argentino, en donde establecen una especie de socialismo, siendo los aborígenes explotados laboralmente a imagen y semejanza de los socialismos que se verán después en el siglo XX. Es por ello que son expulsados de las misiones. La explotación laboral de los sectores privados es reemplazada por la explotación laboral del Estado, siendo el remedio peor que la enfermedad.
Es oportuno mencionar algunas opiniones respecto de los jesuitas:
Georges Bernanos escribió: "El viejo sueño de los jesuitas desde hace ciento cincuenta años: organizar la cristiandad siguiendo los métodos de la dictadura totalitaria y de la razón de Estado".
Blaise Pascal: "Los jesuitas han querido unir Dios al mundo, y lo único que han hecho ha sido ganarse el desprecio de Dios y del Mundo".
Información adicional en el siguiente artículo:
CUANDO SÓLO SE DIVIDE POR DOS
Por Noemi Agostino
Haciendo un poco de historia. La orden de los jesuitas surge como una orden militar para aniquilar al protestantismo, consigna explícita en el juramento de la orden. El tal reza la promesa: “Yo declaro y prometo cuando la oportunidad se presente de preparar y hacer implacable guerra contra todos los herejes protestantes, extirparlos de la faz de la tierra. No perdonaré ni edad, ni sexo, ni condición con tal de aniquilar su execrable raza” (…) El juramento es más largo y mucho más violento porque hace referencia a todas las manchas que la orden de la Compañía de Jesús ha tenido a lo largo de su historia: la copa del veneno, la daga, la espada. Pero para comprobar y hacer palpable este juramento. En la iglesia de Gesú que está en Roma, la cual es su templo central, donde su fundador Ignacio de Loyola oficiaba misas; podemos encontrar las estatuas que confirman el aniquilamiento.
Extraña el cruel silencio, nadie pide la remoción de estas imágenes de la feroz persecución. Aún aquellos que quieren volver al corazón del Santo Padre, no se han pronunciado. El respeto a los miles y miles de hermanos nuestros masacrados por el único delito de llevarnos a la verdad de la Palabra en días de prolongadas y sangrientas noches.
La Compañía Jesús fue expulsada de casi todos los países de Europa por su actitud conspirativa. Sus vinculaciones con el poder político-económico y principalmente por la desestabilización que produce el pensamiento dialéctico: Afirmar algo como una verdad y luego negarla. Primero aborrecer a los divorciados y luego querer darles la comunión. Primero perseguir a los homosexuales, luego abrirles las puertas para finalmente cerrarlas de golpe. Perseguir a los protestantes pero infiltrarse, conocerlos, penetrar en su doctrina, modificarla, de modo que se autodestruyan. Esa atomización del pensamiento y de las acciones fue la gran estrategia a los largo de su devenir.
Tal fue el poder que adquirió esta orden que, en el 1773, el Papa Clemente XIV prohibió La Compañía de Jesús siendo asesinado por envenenamiento poco tiempo después. El mismo advirtió que esta decisión podría costarle la vida. Una vez en el exilio, por medio del General Superior Jesuita Lorenzo Ricci, el 1 de mayo de 1776 se crea la Orden de los Iluminattis en Baviera, llevando como cabeza visible al catedrático de la Universidad Jesuita en Ingolstad Baviera, Adam Weishaupt. Es a partir de ese momento que se convierten en una secta secreta organizada.
En 1798 el papa Pio VI fue hecho prisionero por el ejército francés y el poder papal recibió su golpe mortal. Weishaupt y sus compañeros jesuitas recortaron las entradas económicas del Vaticano, suscitando y dirigiendo la Revolución francesa y a Napoleón hacia la conquista de la Europa católica. Utilizaron a Napoleón para encarcelar al papa en Avignon, hasta que recibió como pago de su liberación reestablecer la orden. Esta guerra entre el Vaticano contra los jesuitas terminó con el congreso de Viena y el tratado secreto de Verona. Napoleón al verse manipulado por ellos deja escrito: “Los Jesuitas son una organización militar, no una orden religiosa. Su jefe es un general de un ejército, no un mero padre abad de un monasterio. Y la meta de esta organización es: PODER. Poder en su ejercicio más déspota. Poder absoluto, poder universal, poder para controlar al mundo por la volición de un solo hombre. El Jesuitismo es el más absoluto de los despotismos; y al mismo tiempo el más grande y más enorme de los abusos..." (Memorial of the Captivity of Napoleón at St. Helena).
"El General de los Jesuitas insiste en ser el amo, soberano, sobre los soberanos. Donde quiera que los Jesuitas sean admitidos ellos serán los amos, cueste lo que cueste. La sociedad de ellos es por naturaleza dictatorial, por lo tanto, es el irreconciliable enemigo de toda autoridad constituida. Todo acto, todo crimen, por más atroz, es un trabajo meritorio, si es cometido por los intereses de la Sociedad de los Jesuitas, o por orden del General." -- General Montholon, (Memorial of the Captivity of Napoleón at St. Helena).
Finalmente, el papa Pio VI es liberado de la prisión a cambio de reestablecer la orden de los jesuitas con todos sus derechos y privilegios. Teniendo a los Papas bajo su poder, fue reestablecida la Orden por León XIII, SIN RESTRICCIÓN ALGUNA DE AUTORIDAD HUMANA Y PAPAL, con presencia permanente en el Vaticano del General Superior Jesuita. Al que a partir de ese entonces se lo denominará con el nombre de “Papa Negro”. (De www.cordialmentepxg.com)
sábado, 25 de mayo de 2024
Las leyes del azar
Por lo general se aduce que el azar no tiene leyes estando asociado a cierta forma de caos. De ahí que los creacionistas, que suponen una creación mágica de la vida, rechazan la intervención del azar en ese proceso. Sin embargo, existen leyes estadísticas que rigen el comportamiento de los procesos denominados "azarosos", o sin ley causal aparente.
Las leyes del azar, descriptas por el cálculo de probabilidades, presentan ciertos aspectos poco intuitivos, ya que resulta difícil imaginar cómo, en una sucesiva tirada de monedas al aire, es posible encontrar un comportamiento previsto para un gran número de tiradas. Si cada moneda carece de "conciencia y memoria" parece imposible que del caos de posibles resultados se llegue al orden previsto por las leyes del azar.
Hace varios años atrás, al leer "El inquieto universo", del Premio Nobel de Física Max Born (EUDEBA-Buenos Aires 1961), me pareció imposible que se pudiese prever el comportamieto de 10 monedas arrojadas 500 veces al aire. Esta predicción implica conocer de antemano cuantas CARA y cuantas CRUZ se obtendrían en ese caso concreto. Es decir, cuantas veces saldrían, por ejemplo, 10 CARA y 0 CRUZ, cuantas veces 9 CARA y 1 CRUZ, y así sucesivamente.
La tediosa experiencia llevada a cabo permitió advertir la validez enunciada en el citado libro, a pesar de la total independencia entre tirada y tirada, ya que tal comportamiento parecía insinuar que el conjunto de monedas llevara una "contabilidad" interna para saber cómo comportarse.
Si arrojamos una sola moneda al aire, muchas veces, la tendencia de salir CARA será de 1/2 y CRUZ también 1/2, siempre y cuando se trate de un número muy grande de tiradas. Además, si existiera una moneda "olvidada" en el campo, sometida a diversos movimientos ocasionados por el viento, durante miles de años, será posible afirmar que, aproximadamente, mostrará su CARA la mitad de las veces en que cambia de posición.
Si diversas moléculas, a lo largo de millones de años, tienen posibilidad de combinarse químicamente, será posible la formación de moléculas asociadas a la conformación de formas elementales de vida, lo que excluye la necesidad de un Creador que mágicamente crea la vida ante un designio establecido en un tiempo determinado.
Es posible distinguir entre los creyentes en las intervenciones directas de Dios de los creyentes en la creación de leyes causales y de leyes estadísticas por parte de Dios (generalmente calificados estos últimos como ateos y materialistas por los primeros) mientras que lo que más interesa preguntar es ¿Cómo funciona el universo real? dejando un tanto de lado las creencias subjetivas.
Como la religión bíblica es esencialmente una cuestión de ética, podemos dejar de lado las discusiones acerca de la creación directa o la creación indirecta de la vida y del universo, partiendo de la realidad del hombre actual con su naturaleza humana y su biología concreta.
Las leyes del azar, descriptas por el cálculo de probabilidades, presentan ciertos aspectos poco intuitivos, ya que resulta difícil imaginar cómo, en una sucesiva tirada de monedas al aire, es posible encontrar un comportamiento previsto para un gran número de tiradas. Si cada moneda carece de "conciencia y memoria" parece imposible que del caos de posibles resultados se llegue al orden previsto por las leyes del azar.
Hace varios años atrás, al leer "El inquieto universo", del Premio Nobel de Física Max Born (EUDEBA-Buenos Aires 1961), me pareció imposible que se pudiese prever el comportamieto de 10 monedas arrojadas 500 veces al aire. Esta predicción implica conocer de antemano cuantas CARA y cuantas CRUZ se obtendrían en ese caso concreto. Es decir, cuantas veces saldrían, por ejemplo, 10 CARA y 0 CRUZ, cuantas veces 9 CARA y 1 CRUZ, y así sucesivamente.
La tediosa experiencia llevada a cabo permitió advertir la validez enunciada en el citado libro, a pesar de la total independencia entre tirada y tirada, ya que tal comportamiento parecía insinuar que el conjunto de monedas llevara una "contabilidad" interna para saber cómo comportarse.
Si arrojamos una sola moneda al aire, muchas veces, la tendencia de salir CARA será de 1/2 y CRUZ también 1/2, siempre y cuando se trate de un número muy grande de tiradas. Además, si existiera una moneda "olvidada" en el campo, sometida a diversos movimientos ocasionados por el viento, durante miles de años, será posible afirmar que, aproximadamente, mostrará su CARA la mitad de las veces en que cambia de posición.
Si diversas moléculas, a lo largo de millones de años, tienen posibilidad de combinarse químicamente, será posible la formación de moléculas asociadas a la conformación de formas elementales de vida, lo que excluye la necesidad de un Creador que mágicamente crea la vida ante un designio establecido en un tiempo determinado.
Es posible distinguir entre los creyentes en las intervenciones directas de Dios de los creyentes en la creación de leyes causales y de leyes estadísticas por parte de Dios (generalmente calificados estos últimos como ateos y materialistas por los primeros) mientras que lo que más interesa preguntar es ¿Cómo funciona el universo real? dejando un tanto de lado las creencias subjetivas.
Como la religión bíblica es esencialmente una cuestión de ética, podemos dejar de lado las discusiones acerca de la creación directa o la creación indirecta de la vida y del universo, partiendo de la realidad del hombre actual con su naturaleza humana y su biología concreta.
jueves, 23 de mayo de 2024
Los terroristas conocidos y los anónimos
Mientras que los revolucionarios franceses, que implantaron el terror a fines del siglo XVIII, eran bastante conocidos, tales los casos de Robespierre, Danton, Marat, principalmente, en años recientes aparece una multitud de "intelectuales" que promueven el odio entre las masas con la finalidad de favorecer la violencia en un sentido determinado. Cuando las masas ideologizadas propagan el odio, como emisores secundarios, aparece el terrorismo anónimo mencionado en un principio.
Si bien se reserva el nombre de "terrorista" a quien ejerce una acción violenta concreta, debería aplicarse tal calificativo a quienes, desde las palabras pronunciadas o desde las escritas, llenan de odio a gran parte de la sociedad, siendo el primer eslabón de una cadena de violencia que termina con la represión violenta que provendrá del bando afectado.
Es oportuno mencionar el caso de María Antonieta y la reacción negativa del pueblo, que no adhirió al salvajismo de los revolucionarios. Stéphane Bern escribió: "Sometida a acusaciones abyectas, María Antonieta se defendió con una conmovedora dignidad. Esta proceso, particularmente arbitrario, duró sólo tres días, y se le negó a la reina el derecho de apelación. Se pronunció la sentencia: María Antonieta fue condenada a muerte por alta traición".
"Fue autorizada a escribirle una última carta a su cuñada Isabel para pedirle que se ocupara de sus hijos. Le cortaron muy toscamente sus cabellos blancos y la hicieron subir a una miserable carreta a la vista de todos, al contrario de Luis XVI, que había sido llevado a la guillotina en forma digna. Ese recorrido de más de una hora a través de París representó una última humillación. Pero el pueblo reaccionó de una manera inesperada: el silencio fue total, y la emoción, profunda".
"El pueblo le mostró respeto. Esto era lo que temía Robespierre: por eso contrató a un actor, Gramont, quien la insultó durante todo el trayecto, mientras exhortaba a la multitud a imitarlo. Sin embargo, el pueblo permaneció impasible. Al llegar a la plaza Louis XV, que en ese momento se llamaba Plaza de la Revolución, y hoy es la Place de la Concorde, María Antonieta se precipitó hacia el cadalso para terminar cuanto antes. Murió como una heroína. Un destino digno de una tragedia antigua" (De "Secreto de la Historia"-Editorial El Ateneo-Buenos Aires 2012).
Durante los procesos revolucionarios violentos, algunos de sus adherentes se alejan cuando advierten los excesos cometidos. Así, la joven Charlotte Corday, con una actitud favorable, en principio, hacia los revolucionarios, se rebela contra los promotores de tantos asesinatos, dirigiendo su atención a Jean-Paul Marat. Stéphane Bern escribió: "Al enterarse de la toma de la Bastilla y de la abolición de los privilegios, Charlotte lloró de alegría. Sólo atemperaron su entusiasmo los baños de sangre que generó la Revolución: incluso en Caen se masacraba a los aristócratas y esa violencia excesiva hacía temblar a la delicada joven".
"Jean-Paul Marat era un ex médico, que se había hecho famoso en 1789 por un periódico por él mismo redactado. En 1790, lo llamó El amigo del pueblo. La verdad era que el pueblo adoraba a ese tribuno radical, cuya pluma acerada y colérica expresaba las aspiraciones de los sans-culottes parisinos y los incitaba a la violencia contra los enemigos de la Revolución. Las masacres de septiembre de 1792 representaron el triste punto culminante de la carrera del periodista".
"Marat, en su periódico, no dejaba de exhortar a matar a los partidarios de la monarquía que se hallaban en las prisiones de la capital. Su prédica dio resultado cuando, del 2 al 6 de septiembre, una multitud furiosa se abalanzó sobre las prisiones y masacró a 1.300 detenidos sin distinción. Entre ellos, muchos sacerdotes, presos comunes y mujeres".
"Marat padecía migrañas permanentes y una grave enfermedad de la piel -un accema generalizado-, y casi no salía de su casa de la rue des Cordeliers, donde pasaba la mayor parte del día sumergido en una bañera. Con la cabeza envuelta en compresas de vinagre, Marat, a pesar del dolor, seguía redactando sin descanso los artículos de su periódico, sobre una tabla colocada en forma transversal en la bañera".
Con el pretexto de advertirle de un presunto complot, la joven Charlotte logra introducirse en la casa de Marat asesinándolo con un simple cuchillo de cocina. Antes de ser ejecutada, la joven expresa al acusador público: "A usted le sorprende lo que puede hacer la mano de una mujer allí donde tantos hombres han fracasado. Cada uno cumple su deber con la patria. Yo cumplí el mío: ustedes, señores, cumplan el suyo".
Si bien se reserva el nombre de "terrorista" a quien ejerce una acción violenta concreta, debería aplicarse tal calificativo a quienes, desde las palabras pronunciadas o desde las escritas, llenan de odio a gran parte de la sociedad, siendo el primer eslabón de una cadena de violencia que termina con la represión violenta que provendrá del bando afectado.
Es oportuno mencionar el caso de María Antonieta y la reacción negativa del pueblo, que no adhirió al salvajismo de los revolucionarios. Stéphane Bern escribió: "Sometida a acusaciones abyectas, María Antonieta se defendió con una conmovedora dignidad. Esta proceso, particularmente arbitrario, duró sólo tres días, y se le negó a la reina el derecho de apelación. Se pronunció la sentencia: María Antonieta fue condenada a muerte por alta traición".
"Fue autorizada a escribirle una última carta a su cuñada Isabel para pedirle que se ocupara de sus hijos. Le cortaron muy toscamente sus cabellos blancos y la hicieron subir a una miserable carreta a la vista de todos, al contrario de Luis XVI, que había sido llevado a la guillotina en forma digna. Ese recorrido de más de una hora a través de París representó una última humillación. Pero el pueblo reaccionó de una manera inesperada: el silencio fue total, y la emoción, profunda".
"El pueblo le mostró respeto. Esto era lo que temía Robespierre: por eso contrató a un actor, Gramont, quien la insultó durante todo el trayecto, mientras exhortaba a la multitud a imitarlo. Sin embargo, el pueblo permaneció impasible. Al llegar a la plaza Louis XV, que en ese momento se llamaba Plaza de la Revolución, y hoy es la Place de la Concorde, María Antonieta se precipitó hacia el cadalso para terminar cuanto antes. Murió como una heroína. Un destino digno de una tragedia antigua" (De "Secreto de la Historia"-Editorial El Ateneo-Buenos Aires 2012).
Durante los procesos revolucionarios violentos, algunos de sus adherentes se alejan cuando advierten los excesos cometidos. Así, la joven Charlotte Corday, con una actitud favorable, en principio, hacia los revolucionarios, se rebela contra los promotores de tantos asesinatos, dirigiendo su atención a Jean-Paul Marat. Stéphane Bern escribió: "Al enterarse de la toma de la Bastilla y de la abolición de los privilegios, Charlotte lloró de alegría. Sólo atemperaron su entusiasmo los baños de sangre que generó la Revolución: incluso en Caen se masacraba a los aristócratas y esa violencia excesiva hacía temblar a la delicada joven".
"Jean-Paul Marat era un ex médico, que se había hecho famoso en 1789 por un periódico por él mismo redactado. En 1790, lo llamó El amigo del pueblo. La verdad era que el pueblo adoraba a ese tribuno radical, cuya pluma acerada y colérica expresaba las aspiraciones de los sans-culottes parisinos y los incitaba a la violencia contra los enemigos de la Revolución. Las masacres de septiembre de 1792 representaron el triste punto culminante de la carrera del periodista".
"Marat, en su periódico, no dejaba de exhortar a matar a los partidarios de la monarquía que se hallaban en las prisiones de la capital. Su prédica dio resultado cuando, del 2 al 6 de septiembre, una multitud furiosa se abalanzó sobre las prisiones y masacró a 1.300 detenidos sin distinción. Entre ellos, muchos sacerdotes, presos comunes y mujeres".
"Marat padecía migrañas permanentes y una grave enfermedad de la piel -un accema generalizado-, y casi no salía de su casa de la rue des Cordeliers, donde pasaba la mayor parte del día sumergido en una bañera. Con la cabeza envuelta en compresas de vinagre, Marat, a pesar del dolor, seguía redactando sin descanso los artículos de su periódico, sobre una tabla colocada en forma transversal en la bañera".
Con el pretexto de advertirle de un presunto complot, la joven Charlotte logra introducirse en la casa de Marat asesinándolo con un simple cuchillo de cocina. Antes de ser ejecutada, la joven expresa al acusador público: "A usted le sorprende lo que puede hacer la mano de una mujer allí donde tantos hombres han fracasado. Cada uno cumple su deber con la patria. Yo cumplí el mío: ustedes, señores, cumplan el suyo".
miércoles, 22 de mayo de 2024
Religión: Espiritualidad vs. Ética
La religión, para cumplir con la definición de ser una actividad capaz de "unir a los adeptos", ha de presentar una actitud ascendente, lateral e igualitaria. Con "ascendente" se entiende una mirada hacia Dios, o el orden natural; con "lateral" se entiende una mirada hacia el prójimo, mientras con "igualitaria" se entiende la igualdad que para cada uno de nosotros ha de significar todo ser humano, regido por las mismas leyes que conforman el orden natural.
La visión ascendente conforma lo que generalmente se denomina "espiritualidad", mientras que la visión lateral conforma lo ético, siendo el igualitarismo un atributo predominante en el cristianismo original. La religión se distorsiona, y se convierte en un factor adicional de divisiones y antagonismos, cuando se anula la visión lateral y se entiende como "religión" solamente la visión ascendente. De ahí que, en lugar de complementarse ambas visiones, una anula a la otra, es decir, la espiritualidad (que sería en realidad una falsa espiritualidad) tiende a desplazar o bien a reemplazar completamente a la ética.
Desde el punto de vista de la religión auténtica, no existe tal cosa como la "perfección humana", por lo que se habla generalmente de un mejoramiento ético. La moralidad de un individuo debe "medirse" según cuánto bien produce en el resto de la sociedad o de la humanidad y también cuánto mal ha de producir, dando lugar a una moral positiva, neutra o negativa.
Desde el punto de vista de la religión mutilada o estrictamente espiritual, se admite la idea de "perfección" pero sin contemplar cuánto bien o cuánto mal se ejerce sobre los demás. Simplemente se tiende a "medir" tal supuesta perfección respecto al vínculo afectivo o emocional establecido con el mismísimo Dios, un ser imaginario considerado como perfecto. La religión auténtica, por el contrario, establece los méritos en función de la predisposición favorable hacia seres reales e imperfectos.
La soberbia religiosa se incrementa cuando los creyentes aducen haber "recibido" un llamado del Creador para establecer el vínculo espiritual, mirando al resto de los mortales como simples seres naturales (a veces se los asocia a cierta animalidad). Como ejemplo ilustrativo de una postura espiritual se mencionan algunos párrafos del sacerdote Lorenzo Scupoli (siglo XVI): "En qué consiste la perefección cristiana, y que para adquirirla es necesario pelear y combatir; y de cuatro cosas que se requieren para este combate".
"Si deseas...llegar al más alto y eminente grado de la santidad y de la perfección cristiana, y de unirte de tal suerte a Dios, que vengas a ser un mismo espíritu con Él, que es la mayor hazaña y la más alta y gloriosa empresa que puede decirse e imaginarse, conviene que sepas primeramente en qué consiste la verdadera y perfecta vida espiritual".
"Es indudable que Dios estima y aprecia más la conversión de un alma, considerando este ejercicio en sí, que la mortificación de un apetito o deseo desordenado; sin embargo, tu no debes poner tu principal cuidado en querer y ejecutar lo que según su naturaleza es más noble y excelente, sino en obrar lo que Dios pide y desea particularmente de ti. Y es evidente que Dios se agrada más de que trabajes en mortificar tus pasiones que, si dejando advertidamente una sola en tu corazón, le sirves en cualquier otra cosa, aunque sea de mayor importancia".
"Pues ya has visto... en qué consiste la perfección cristiana, y para adquirirla es necesario que te determines a una continua guerra contra ti misma; conviene que te proveas de cuatro cosas, como armas seguras y necesarias para conseguir la palma, y quedar vencedora en esta espiritual batalla: éstas son, la desconfianza en nosotros mismos, la confianza en Dios, el ejercicio y la oración" (De "El combate espiritual"-Editorial Cruz del Sur-Mendoza 2014).
Se advierte que el citado autor poco o nada menciona, como objetivo principal del cristianismo, al "Amarás al prójimo como a ti mismo", que implica compartir las penas y las alegrías ajenas como propias, sintetizando en esta actitud social la esencia de la ética bíblica.
La visión ascendente conforma lo que generalmente se denomina "espiritualidad", mientras que la visión lateral conforma lo ético, siendo el igualitarismo un atributo predominante en el cristianismo original. La religión se distorsiona, y se convierte en un factor adicional de divisiones y antagonismos, cuando se anula la visión lateral y se entiende como "religión" solamente la visión ascendente. De ahí que, en lugar de complementarse ambas visiones, una anula a la otra, es decir, la espiritualidad (que sería en realidad una falsa espiritualidad) tiende a desplazar o bien a reemplazar completamente a la ética.
Desde el punto de vista de la religión auténtica, no existe tal cosa como la "perfección humana", por lo que se habla generalmente de un mejoramiento ético. La moralidad de un individuo debe "medirse" según cuánto bien produce en el resto de la sociedad o de la humanidad y también cuánto mal ha de producir, dando lugar a una moral positiva, neutra o negativa.
Desde el punto de vista de la religión mutilada o estrictamente espiritual, se admite la idea de "perfección" pero sin contemplar cuánto bien o cuánto mal se ejerce sobre los demás. Simplemente se tiende a "medir" tal supuesta perfección respecto al vínculo afectivo o emocional establecido con el mismísimo Dios, un ser imaginario considerado como perfecto. La religión auténtica, por el contrario, establece los méritos en función de la predisposición favorable hacia seres reales e imperfectos.
La soberbia religiosa se incrementa cuando los creyentes aducen haber "recibido" un llamado del Creador para establecer el vínculo espiritual, mirando al resto de los mortales como simples seres naturales (a veces se los asocia a cierta animalidad). Como ejemplo ilustrativo de una postura espiritual se mencionan algunos párrafos del sacerdote Lorenzo Scupoli (siglo XVI): "En qué consiste la perefección cristiana, y que para adquirirla es necesario pelear y combatir; y de cuatro cosas que se requieren para este combate".
"Si deseas...llegar al más alto y eminente grado de la santidad y de la perfección cristiana, y de unirte de tal suerte a Dios, que vengas a ser un mismo espíritu con Él, que es la mayor hazaña y la más alta y gloriosa empresa que puede decirse e imaginarse, conviene que sepas primeramente en qué consiste la verdadera y perfecta vida espiritual".
"Es indudable que Dios estima y aprecia más la conversión de un alma, considerando este ejercicio en sí, que la mortificación de un apetito o deseo desordenado; sin embargo, tu no debes poner tu principal cuidado en querer y ejecutar lo que según su naturaleza es más noble y excelente, sino en obrar lo que Dios pide y desea particularmente de ti. Y es evidente que Dios se agrada más de que trabajes en mortificar tus pasiones que, si dejando advertidamente una sola en tu corazón, le sirves en cualquier otra cosa, aunque sea de mayor importancia".
"Pues ya has visto... en qué consiste la perfección cristiana, y para adquirirla es necesario que te determines a una continua guerra contra ti misma; conviene que te proveas de cuatro cosas, como armas seguras y necesarias para conseguir la palma, y quedar vencedora en esta espiritual batalla: éstas son, la desconfianza en nosotros mismos, la confianza en Dios, el ejercicio y la oración" (De "El combate espiritual"-Editorial Cruz del Sur-Mendoza 2014).
Se advierte que el citado autor poco o nada menciona, como objetivo principal del cristianismo, al "Amarás al prójimo como a ti mismo", que implica compartir las penas y las alegrías ajenas como propias, sintetizando en esta actitud social la esencia de la ética bíblica.
martes, 21 de mayo de 2024
Discurso de Milei en Madrid
Discurso del Presidente de la Nación, Javier Milei, en el gran acto de Vox “Viva 24”, en Vistalegre Madrid, España.
Para comenzar quiero darle las gracias a los organizadores del Viva Vox y a mi querido amigo, Santiago Abascal, por invitarme estar aquí con ustedes hoy. El viernes presentando mi libro “El camino del Libertario” contaba que cuando empecé con toda esta peripecia de dar públicamente la batalla cultural estaba más solo que Adán en el día de la madre y en ese contexto uno de los pocos que me abrazaron y me aguantaron cuando todos me daban la espalda fue el querido Santiago, así que quiero comenzar hoy aquí haciéndole un agradecimiento público ante ustedes. Gracias Santiago. Mirá Santiago hasta donde hemos llegado y cuánto que tenemos por delante. Vengo predicando mi invención del sistema capitalista en auditorios donde la mayoría de los que escuchaban no siempre comparten lo que digo, a veces, inclusive, predicando de frente ante gente que lo detesta porque se sienten aludidos por mi crítica, como ocurrió, por ejemplo, en el Foro de Davos.
Así es que debo decir que, al igual que cuando expuse en el Instituto Milken en Los Ángeles, es grato hoy estar entre amigos. Es reconfortante estar frente a un público que comparte nuestras ideas y que es parte de la enorme tarea de dar la batalla cultural, frente a quienes quieren imponernos una visión del mundo que no solo es inmoral, sino que es contraria a los valores que hicieron grande occidente. Es cierto que dos años no son nada, pero han pasado algunas cosas desde la última vez que estuve aquí con ustedes. Cuando me presenté acá, hace 2 años, era tan solo un diputado nacional que acompañado solamente por quien ahora ejerce el cargo de vicepresidente de la Nación, enfrentábamos a la totalidad del sistema político en Argentina defendiendo las ideas de la Libertad. Quiero decirles que si bien ahora tengo un trabajo un poquito más complicado y algo más particular, nunca he dejado de lado, ni lo haré en el futuro, mi tarea histórica que es ser un humilde divulgador de las ideas de la libertad. Porque estoy convencido que hoy más que nunca que estas ideas y valores que llevaron a lo más alto a la especie humana corren peligro y necesitan ser defendidas del asedio del maldito y cancerígeno socialismo. El socialismo, esa de ideología que está pintada de una pátina altruista que, básicamente, esconde lo peor del ser humano, que es la envidia, el odio, el resentimiento, el trato desigual frente a la ley y si es necesario el asesinato, porque nunca se olviden que los malditos socialistas asesinaron a 150 millones de seres humanos.
Hace poco en la conferencia que brindé en el Instituto Milken dije que, en algún sentido, los argentinos somos profetas de un futuro apocalíptico que nosotros ya hemos vivido, pero que el resto de occidente aún tiene por delante. Porque si miran la historia Argentina de los últimos dos siglos verán una tragedia en dos partes: ascenso y caída. Una tragedia que es testimonio de lo que puede ocurrir cuando se reemplazan las ideas de la libertad por cualquier tipo de experimento colectivista. En la segunda mitad del siglo XIX la dirigencia Argentina grabó en piedra los principios básicos del liberalismo que son la defensa a la vida, a la libertad y a la propiedad privada y como resultado vimos el proceso de crecimiento económico más fuerte de nuestra historia, de hecho Argentina crecía más que la equivalente de las tasas chinas de este momento. En tan solo 35 años nos convertimos en una potencia mundial. Fuimos la primera nación de la historia humana en erradicar el analfabetismo, teníamos un producto bruto interno total superior a la suma de Brasil, México, Paraguay y Perú juntos, éramos la primera potencia mundial en términos de PBI per cápita. Nosotros, un país periférico que al resto del mundo apenas conocíamos, éramos la Meca de Occidente y recibimos millones y millones de inmigrantes que soñaron en Argentina la posibilidad de una vida mejor, la mayoría de ellos españoles, de ahí radica en parte la hermandad eterna entre nuestros pueblos.
Pero, en algún momento de la primera mitad del siglo XIX, la dirigencia política se enamoró del Estado, abandonó las ideas de la libertad y las reemplazó por la doctrina de la justicia social, que atenta directamente contra la libertad y la propiedad del individuo. Ahí comenzó el siglo de humillación Argentina, 100 años de decadencia en los que se rompieron, una y otra vez, todas las reglas básicas de la economía para sostener el afán de los políticos de gastar lo que no tenemos. Bajo el delirante pretexto de donde hay una necesidad nace un derecho, Argentina vivió permanentemente con déficit fiscal, con permanente crecimiento del gasto público y una situación que tenía que ser financiada. En primer lugar, los políticos inmorales los financian con deuda, que no es ni más ni menos que pasarle la fiesta presente a nuestros hijos, a nuestros nietos y a las generaciones futuras. Naturalmente, cuando el financiamiento se termina, recurren a la máquina de imprimir billetes y así, básicamente, Argentina, por ejemplo, le ha quitado 13 ceros a la moneda, ha tenido dos hiperinflaciones sin guerra, hoy podríamos quitarle tres ceros más a la moneda y han hecho un verdadero desastre con el impuesto inflacionario robándonos todo el tiempo. Y ya cuando no les queda más alternativa, suben directamente los impuestos explícitos, haciendo que el país verdaderamente deje de ser competitivo. Como resultado de estas medidas, vimos cómo nuestros ciudadanos comenzaron a empobrecerse sistemáticamente, hasta caer al puesto 140 del mundo en el ranking de PBI per cápita, habiendo llegar a multiplicar la pobreza por 10 veces en los últimos 50 años. Y no solo eso, Argentina que es un país que produce alimentos para 400 millones de seres humanos y tiene una presión fiscal en el sector agropecuario del 70%, es decir que el maldito Estado se queda con el alimento de 280 millones de seres humanos y a cinco millones de argentinos le falta de comer. ¡Basta de socialismo, basta de hambre, basta de miseria!
Por eso, es cuando miro a Europa hoy y también a los Estados Unidos y veo, lentamente, cómo van apareciendo pequeñas señales del trágico camino que tristemente recorrió la Argentina. En la otra vereda de la historia, mientras el socialismo destruía la Argentina, el capitalismo de Libre Mercado, literalmente, salvaba al mundo. Resta ver la historia económica global de los últimos 250 años y, en particular, de los últimos 100 años para demostrarlo. Hasta el año 1800, aproximadamente, el PBI per cápita del mundo prácticamente se mantuvo constante, pero a partir del siglo XIX y a raíz de la Revolución Industrial el PBI per cápita no sólo aumentó, sino que lo hizo de forma exponencial, multiplicándose por más de 20 veces y generando una explosión de riqueza que sacó de la pobreza al 90% de la población del mundo, aún cuando se multiplicó la población en ocho veces. Que lidien con ese dato los malditos aborteros.
¿Qué quiere decir esto? que cuanto más avanzó el capitalismo, la riqueza se incrementó cada vez a mayor velocidad. Por eso mientras que en el siglo XIX la tasa de crecimiento del PBI per cápita global fue en promedio del 0,6% anual compuesto, en el período comprendido entre 1950 y el 2000, vemos que la tasa de crecimiento fue de 2,1 anual compuesto y si se corrige por la subestimación de las estadísticas, estaríamos arriba del 3 anual compuesto. O sea, el capitalismo de libre empresa ha sido una panacea para Occidente, por eso no es casualidad que aquellos países que son libres crezcan el doble que crecen los países reprimidos y que tengan un PBI per cápita 12 veces mayor que lo que tiene un país reprimido. Por lo tanto, no solo eso, sino que además, aquellos países que son pobres, los que son pobres en los países capitalistas de Libre Mercado, tienen un ingreso promedio superior en el decil más bajo de 15 veces mayor y el 90% de la población de esos países reprimidos, vive por debajo de lo que viviría alguien pobre en un país capitalista. Esto demuestra, a pesar de los llantos de la izquierda, que los mercados libres generan prosperidad para todos, no solo para algunos. No hay caso de país en toda la historia de la humanidad que haya abrazado las ideas la libertad, que no haya experimentado una explosión de crecimiento y prosperidad para todos. Por el contrario, el socialismo siempre que se ha intentado, no solo en la Argentina, sino en el mundo entero, ha sido un fracaso en lo económico, ha sido un fracaso en lo social, un fracaso en lo cultural y en muchas ocasiones un fracaso impuesto sobre pilas y pilas de cadáveres y nombres.
Este punto es central para lograr una acabada comprensión de la tragedia que significa el socialismo. Dado que el socialismo es una ideología que va directamente en contra de la naturaleza humana, necesariamente derivan esclavitud o muerte, no hay otro destino posible, abrirle la puerta al socialismo es invitar a la muerte. Pero si bien, todo esto es obvio, hoy es más importante que nunca señalarlo, porque en las últimas décadas las élites globales, lamentablemente, han sido cautivadas por los cantos de sirena socialistas. A través de ideas, discursos y valores que se han colado en el sentido común de nuestras sociedades, promovidos por organismos supranacionales, por ONG, por instituciones educativas y por la industria del entretenimiento y los medios de comunicación; discurso que dicen que el capitalismo es malo porque es individualista y que el colectivismo es bueno porque es altruista y, por lo tanto, bregan por la justicia social. Que persiguen al privado para que se someta a mandamientos de supuesta moral en cuestiones como el género, la cuestión racial o la cuestión ambiental, que muchas veces terminan atentando directamente contra la libertad y la capacidad de las empresas para generar riqueza, sino también sobre la vida humana.
Parece que no entienden que la justicia social siempre es injusta, porque implica un robo, porque implica un trato desigual frente a la ley y que cada intento de los políticos por hacerse los buenos, terminan perjudicando la generación de riqueza y en consecuencia perjudicando el conjunto de la sociedad. Tampoco se dan cuenta o no parece importarles, que el costo de sostener esta pantomima bien pensante de los progres, sea subvertir todos los valores que hicieron de la civilización occidental, la punta de lanza de la historia del progreso humano. Porque, en el fondo, están siendo guiados por pasiones humanas de las más bajas, como la envidia, el odio y el resentimiento, que nublan el pensamiento y los enceguecen. Es más, tanto los enceguece, a punto tal, que viven proyectando sus miserias en el resto.
Por eso, a todos aquellos que se piensan que están salvando el mundo con el Estado presente, con impuestos altos, con cupo de géneros y castigando a los empresarios, yo les digo: ¿Saben qué es lo mejor para los trabajadores? Que pacten contrato libremente con sus empleadores. ¿Saben que es lo mejor para las mujeres? Dejar de tratarlas como víctimas que necesitan cuidados especiales. Yo me pregunto: ¿Acaso los socialistas consideran a las mujeres como seres inferiores para estar otorgándoles privilegios? Les pregunto a los socialistas ¿o acaso no alcanza con ser iguales ante la ley? ¿Saben qué es lo mejor para el planeta? Dejar que el mercado encuentre como ha hecho siempre, las mejores soluciones. ¿Saben que es lo mejor para los niños? Un padre y una madre que les conoce mucho mejor que cualquier burócrata. ¿Y saben cómo se logra esto? Retirando al Estado parasitario de la vida de las personas y dejando que los ciudadanos sean libres. Dejándolos asociarse libremente, elegir qué producir, a quién emplear, dónde estudiar, a quién venderle, qué comprar y qué hacer con el fruto del trabajo propio. En definitiva, el mundo se salva no corriendo atrás de una agenda culposa de un par de burócratas, sino achicando al Estado para engrandecer a la sociedad.
Hay que destruir esa idea parasitaria que ha aprendido en Occidente que dice que la tarea del Estado, o sea, del burócrata, es controlar cada aspecto de la vida de los ciudadanos. Esa idea de que los políticos deben cuidar a la gente desde la cuna hasta la tumba. Esto no ha sido nunca la tarea del Estado, la tarea del Estado, en caso de existir, es defender la vida, la libertad y la propiedad privada de los individuos. Pero las elites globales no se dan cuenta de lo destructivo que puede llegar a ser implementar las ideas del socialismo, porque lo tienen demasiado lejos, no saben qué tipo de sociedad y país puede producir, y qué calaña de gente atornillada al poder y qué niveles de abuso puede llegar a generar. Digo, aún cuando tenga a la mujer corrupta, se ensucia y se tome cinco días para pensarlo.
Por eso me toca a mí mostrarles lo que es lo siniestro y nefasto que es el socialismo. Porque lo hemos vivido en carne propia, lo sufrimos todos los días, porque la Argentina es un país infectado del socialismo hace décadas, o quizás debería decir, era. El socialismo conduce a la pobreza y a la muerte, el que diga otra cosa es un ignorante o un mentiroso. Y como el socialismo conduce a la muerte, nunca pero nunca, podemos dar el brazo a torcer, en nada, no podemos dejarnos correr un milímetro por los zurdos, ni aún cuando parezca que tienen razón, porque nunca la tienen. Porque cuando dejemos una rendija abierta, nos atacarán desde una posición mejor para ellos. Se aprovechan de los más débiles de nosotros, de los que no se han ganado la abundancia de la que disfrutan, de los que la han heredado sin saber el sacrificio que ha implicado, de aquellos como se saben en falta, los carcome la culpa y quieren usarnos a todos para resolver sus propios problemas. Pero nosotros no somos débiles, nos hemos ganado lo que tenemos, realmente creemos lo que decimos, nos ha costado sangre y sudor llegar a donde hemos llegado y nadie ni nadie se va a interponer en nuestro camino. No importa qué hagan, no importa qué digan, ni cómo nos ataquen, por eso les digo, me importa un rábano lo que opinen los zurdos. En definitiva, no hay nada que puedan hacer para alterar el curso de los acontecimientos.
A la luz de las cosas que suelo decir, de las discusiones en las que me suelo meter, muchas veces recibo críticas de distintos actores del establishment y en particular, de los ensobrados del periodismo. Digo, con esto de haberle quitado la pauta oficial a los medios, parece que estoy buscando empleo en el subsuelo, y lo voy a rajar al coloradito…Pero no se hagan problema, ese es zurdo también, así que, no me interesa ese negocio. Me dicen: “pero usted ahora es un jefe de Estado, cómo va a estar haciendo estos comentarios, cómo va a abrir a hablar así de sus adversarios políticos, cómo va a hablar así de otros mandatarios como hace dos años, o de un presidente”, como me toca ser ahora. En todo caso, ahora que soy presidente, mi responsabilidad por librar la batalla cultural es, aún, mucho mayor, porque lo que hago y digo tiene un efecto más grande. Y dar la batalla cultural no es solo moralmente correcto, sino que, además, es necesario de un punto de vista del gobierno, es necesario para el éxito de cualquier programa de gobierno liberal o libertario, para que las políticas que implementen sean duraderas y para que en el futuro sean los propios ciudadanos lo que defiendan su libertad y no se dejen pisotear nuevamente por los socialistas. Porque, además, es importante alzar la voz, porque nuestros adversarios siempre juegan con ventaja. Porque tienen su gente metida en todos los niveles del Estado, tienen la fuerza de los sindicatos y de las organizaciones sociales, tienen a los empresarios prebendarios que viven del Estado y los financian, tienen los organismos supranacionales, las organizaciones no gubernamentales, los medios de comunicación y la industria del entretenimiento, y en mi caso, en mi país, hasta el control sobre el fútbol.
En ese sentido hay que reconocer que han hecho un trabajo formidable, en términos de lo que, Antonio Gramsci, llamaría “la construcción de una verdadera hegemonía global”. Si todos los que creemos en la vida, la libertad y la propiedad, no hacemos nada, estamos condenados. Si todos los que creemos en los valores que hicieron de Occidente la civilización más próspera de la historia no hacemos nada, estamos condenados. Por eso, todos los que estamos acá, ciudadanos españoles, argentinos, presidentes, pensadores, empresarios, todos aquellos que creemos en la libertad, debemos ponernos de pie y decirles ¡basta! Basta al odio al resentimiento y a la envidia que implica el socialismo. Basta a la autoflagelamiento y la culpa de Occidente. Basta a la pretensión de vivir en un mundo de cristal, sin que nadie se pueda sentir ofendido. Basta de la intromisión del Estado en todos y cada uno de los aspectos de nuestra vida, volvamos a defender los valores que hicieron grande a Occidente. Volvamos a defender la vida, la libertad y la propiedad.
Ya estamos a cinco meses que asumí como presidente de la República Argentina, el 10 de diciembre y con orgullo puedo decir que estamos cumpliendo a rajatabla, la promesa que le hicimos a los argentinos. Agarramos una economía al borde de la hiperinflación, con 15 puntos de déficit fiscal consolidado, con emisión descontrolada después de haber emitido dinero por 13 puntos del PBI un año, con precios reprimidos a niveles ridículos y con tasas de interés altísimas y, a pesar de todo eso, la estamos dando vuelta. Con un esfuerzo enorme por parte de todos los argentinos, pero lentamente la estamos dando vuelta. Hemos resucitado sistemáticamente la inflación, mes tras mes, hasta lograr una inflación de un dígito mensual. Hemos bajado la tasa de interés sin que se dispare la inflación y sin que se dispare el tipo de cambio. Estamos haciendo el ajuste más grande y abrupto de la historia humana y para el espanto de todo el zurderío, la sociedad nos sigue apoyando con la misma condición que el 10 de diciembre.
Por eso, llora la izquierda local e internacional, porque todo lo que ellos resumen como imposible, nosotros lo realizamos. Porque todo lo que han roto con su chamanismo económico, nosotros lo estamos enmendando con trabajo y con las ideas y valores correctos; porque todas las ideas valores y teorías que ellos predican en mi país, ya han fracasado. Y todo aquello, a lo que ellos le tienen miedo, está empezando a tener éxito. Y también porque le estamos demostrando al mundo que, inclusive, en la peor adversidad, inclusive, cargando con la peor herencia económica de la historia del país, inclusive, siendo el gobierno con menos poder institucional de la historia e inclusive, con toda la política, los medios y los empresarios prebendarios en contra, quienes esgrimimos la verdad en un puño y en convicción en el otro podemos perseverar y salir triunfantes.
Porque, más tarde o más temprano, la verdad siempre se impone sobre la mentira, la libertad siempre se impone sobre la opresión, la vida siempre se impone sobre la muerte, y el bien siempre triunfa sobre el mal. Por todo esto, quiero decirles que soy un optimista. Cada vez son más los pueblos del mundo que se rebelan contra el maldito mandato socialista y lo hacen porque a diferencia de los socialistas nosotros confiamos en los ciudadanos, nos pensamos que hay que tratarlos como a niños en un jardín de infantes. Confiamos en su creatividad, en su capacidad de resolver problemas por su cuenta, en su criterio para criar en libertad a sus hijos en el seno de la familia, confiamos en la capacidad de los hombres y mujeres de forjar su propio destino y que esto redunde en mayor beneficio para el conjunto de la sociedad. Y esta confianza que tenemos en el ciudadano común tarde o temprano vuelve, porque para obtener confianza hay que dar confianza, y nosotros hemos entablado un pacto de verdad con la sociedad, porque, como siempre digo: es preferible decir una verdad incómoda en vez de una mentira confortable.
Por todo esto, quiero comprometerme con todos ustedes y decirles que no les voy a fallar. Voy a predicar con el ejemplo y demostrarle al mundo que un gobierno con nuestras ideas puede tener éxito y las hazañas que nuestro gobierno realice en la Argentina serán testimonio y prédica del paradigma capitalista de libre empresa. Pero no serán ningún milagro, sino la consecuencia necesaria del ejercicio de las ideas correctas, porque la libertad es el único camino posible a la prosperidad. Por eso les digo, ánimo en esta gesta por salvar a occidente de la decadencia, porque occidente está a tiempo aún de elegir si quiere persistir en la senda del fracaso o si quiere retomar el camino de la libertad. Finalmente les quiero dejar una frase de uno de los mayores pensadores del siglo 20, que fue Ludwig Von Mises, y que además demostró la imposibilidad del socialismo ya en 1922, con su famoso tratado “El socialismo”. Mises sostenía que el socialismo es una alternativa al capitalismo como el cianuro de potasio es una alternativa al agua. Y dado que Mises era una persona con una gran visión y entendía de qué iba el desafío hizo una frase de Virgilio su frase de cabecera, una frase en latín que dice: “Tu ne cede malis, sed contra audentior ito”. Qué significa no cedas ante el mal, sino que enfréntalo con mayor audacia. No cedamos frente al socialismo, vamos a enfrentarlo con mayor valentía.
Naturalmente, parece una tarea titánica, parece que somos pocos, pero no tenemos nada que temer porque la victoria en el campo de batalla no depende de la cantidad de soldados, sino de las fuerzas que vienen del cielo. ¡Viva la libertad carajo! ¡Viva la libertad carajo! ¡Viva la libertad carajo! Muchas gracias. Gracias Santiago. Gracias Vox. Gracias a todos, gracias, muchas gracias.
Para comenzar quiero darle las gracias a los organizadores del Viva Vox y a mi querido amigo, Santiago Abascal, por invitarme estar aquí con ustedes hoy. El viernes presentando mi libro “El camino del Libertario” contaba que cuando empecé con toda esta peripecia de dar públicamente la batalla cultural estaba más solo que Adán en el día de la madre y en ese contexto uno de los pocos que me abrazaron y me aguantaron cuando todos me daban la espalda fue el querido Santiago, así que quiero comenzar hoy aquí haciéndole un agradecimiento público ante ustedes. Gracias Santiago. Mirá Santiago hasta donde hemos llegado y cuánto que tenemos por delante. Vengo predicando mi invención del sistema capitalista en auditorios donde la mayoría de los que escuchaban no siempre comparten lo que digo, a veces, inclusive, predicando de frente ante gente que lo detesta porque se sienten aludidos por mi crítica, como ocurrió, por ejemplo, en el Foro de Davos.
Así es que debo decir que, al igual que cuando expuse en el Instituto Milken en Los Ángeles, es grato hoy estar entre amigos. Es reconfortante estar frente a un público que comparte nuestras ideas y que es parte de la enorme tarea de dar la batalla cultural, frente a quienes quieren imponernos una visión del mundo que no solo es inmoral, sino que es contraria a los valores que hicieron grande occidente. Es cierto que dos años no son nada, pero han pasado algunas cosas desde la última vez que estuve aquí con ustedes. Cuando me presenté acá, hace 2 años, era tan solo un diputado nacional que acompañado solamente por quien ahora ejerce el cargo de vicepresidente de la Nación, enfrentábamos a la totalidad del sistema político en Argentina defendiendo las ideas de la Libertad. Quiero decirles que si bien ahora tengo un trabajo un poquito más complicado y algo más particular, nunca he dejado de lado, ni lo haré en el futuro, mi tarea histórica que es ser un humilde divulgador de las ideas de la libertad. Porque estoy convencido que hoy más que nunca que estas ideas y valores que llevaron a lo más alto a la especie humana corren peligro y necesitan ser defendidas del asedio del maldito y cancerígeno socialismo. El socialismo, esa de ideología que está pintada de una pátina altruista que, básicamente, esconde lo peor del ser humano, que es la envidia, el odio, el resentimiento, el trato desigual frente a la ley y si es necesario el asesinato, porque nunca se olviden que los malditos socialistas asesinaron a 150 millones de seres humanos.
Hace poco en la conferencia que brindé en el Instituto Milken dije que, en algún sentido, los argentinos somos profetas de un futuro apocalíptico que nosotros ya hemos vivido, pero que el resto de occidente aún tiene por delante. Porque si miran la historia Argentina de los últimos dos siglos verán una tragedia en dos partes: ascenso y caída. Una tragedia que es testimonio de lo que puede ocurrir cuando se reemplazan las ideas de la libertad por cualquier tipo de experimento colectivista. En la segunda mitad del siglo XIX la dirigencia Argentina grabó en piedra los principios básicos del liberalismo que son la defensa a la vida, a la libertad y a la propiedad privada y como resultado vimos el proceso de crecimiento económico más fuerte de nuestra historia, de hecho Argentina crecía más que la equivalente de las tasas chinas de este momento. En tan solo 35 años nos convertimos en una potencia mundial. Fuimos la primera nación de la historia humana en erradicar el analfabetismo, teníamos un producto bruto interno total superior a la suma de Brasil, México, Paraguay y Perú juntos, éramos la primera potencia mundial en términos de PBI per cápita. Nosotros, un país periférico que al resto del mundo apenas conocíamos, éramos la Meca de Occidente y recibimos millones y millones de inmigrantes que soñaron en Argentina la posibilidad de una vida mejor, la mayoría de ellos españoles, de ahí radica en parte la hermandad eterna entre nuestros pueblos.
Pero, en algún momento de la primera mitad del siglo XIX, la dirigencia política se enamoró del Estado, abandonó las ideas de la libertad y las reemplazó por la doctrina de la justicia social, que atenta directamente contra la libertad y la propiedad del individuo. Ahí comenzó el siglo de humillación Argentina, 100 años de decadencia en los que se rompieron, una y otra vez, todas las reglas básicas de la economía para sostener el afán de los políticos de gastar lo que no tenemos. Bajo el delirante pretexto de donde hay una necesidad nace un derecho, Argentina vivió permanentemente con déficit fiscal, con permanente crecimiento del gasto público y una situación que tenía que ser financiada. En primer lugar, los políticos inmorales los financian con deuda, que no es ni más ni menos que pasarle la fiesta presente a nuestros hijos, a nuestros nietos y a las generaciones futuras. Naturalmente, cuando el financiamiento se termina, recurren a la máquina de imprimir billetes y así, básicamente, Argentina, por ejemplo, le ha quitado 13 ceros a la moneda, ha tenido dos hiperinflaciones sin guerra, hoy podríamos quitarle tres ceros más a la moneda y han hecho un verdadero desastre con el impuesto inflacionario robándonos todo el tiempo. Y ya cuando no les queda más alternativa, suben directamente los impuestos explícitos, haciendo que el país verdaderamente deje de ser competitivo. Como resultado de estas medidas, vimos cómo nuestros ciudadanos comenzaron a empobrecerse sistemáticamente, hasta caer al puesto 140 del mundo en el ranking de PBI per cápita, habiendo llegar a multiplicar la pobreza por 10 veces en los últimos 50 años. Y no solo eso, Argentina que es un país que produce alimentos para 400 millones de seres humanos y tiene una presión fiscal en el sector agropecuario del 70%, es decir que el maldito Estado se queda con el alimento de 280 millones de seres humanos y a cinco millones de argentinos le falta de comer. ¡Basta de socialismo, basta de hambre, basta de miseria!
Por eso, es cuando miro a Europa hoy y también a los Estados Unidos y veo, lentamente, cómo van apareciendo pequeñas señales del trágico camino que tristemente recorrió la Argentina. En la otra vereda de la historia, mientras el socialismo destruía la Argentina, el capitalismo de Libre Mercado, literalmente, salvaba al mundo. Resta ver la historia económica global de los últimos 250 años y, en particular, de los últimos 100 años para demostrarlo. Hasta el año 1800, aproximadamente, el PBI per cápita del mundo prácticamente se mantuvo constante, pero a partir del siglo XIX y a raíz de la Revolución Industrial el PBI per cápita no sólo aumentó, sino que lo hizo de forma exponencial, multiplicándose por más de 20 veces y generando una explosión de riqueza que sacó de la pobreza al 90% de la población del mundo, aún cuando se multiplicó la población en ocho veces. Que lidien con ese dato los malditos aborteros.
¿Qué quiere decir esto? que cuanto más avanzó el capitalismo, la riqueza se incrementó cada vez a mayor velocidad. Por eso mientras que en el siglo XIX la tasa de crecimiento del PBI per cápita global fue en promedio del 0,6% anual compuesto, en el período comprendido entre 1950 y el 2000, vemos que la tasa de crecimiento fue de 2,1 anual compuesto y si se corrige por la subestimación de las estadísticas, estaríamos arriba del 3 anual compuesto. O sea, el capitalismo de libre empresa ha sido una panacea para Occidente, por eso no es casualidad que aquellos países que son libres crezcan el doble que crecen los países reprimidos y que tengan un PBI per cápita 12 veces mayor que lo que tiene un país reprimido. Por lo tanto, no solo eso, sino que además, aquellos países que son pobres, los que son pobres en los países capitalistas de Libre Mercado, tienen un ingreso promedio superior en el decil más bajo de 15 veces mayor y el 90% de la población de esos países reprimidos, vive por debajo de lo que viviría alguien pobre en un país capitalista. Esto demuestra, a pesar de los llantos de la izquierda, que los mercados libres generan prosperidad para todos, no solo para algunos. No hay caso de país en toda la historia de la humanidad que haya abrazado las ideas la libertad, que no haya experimentado una explosión de crecimiento y prosperidad para todos. Por el contrario, el socialismo siempre que se ha intentado, no solo en la Argentina, sino en el mundo entero, ha sido un fracaso en lo económico, ha sido un fracaso en lo social, un fracaso en lo cultural y en muchas ocasiones un fracaso impuesto sobre pilas y pilas de cadáveres y nombres.
Este punto es central para lograr una acabada comprensión de la tragedia que significa el socialismo. Dado que el socialismo es una ideología que va directamente en contra de la naturaleza humana, necesariamente derivan esclavitud o muerte, no hay otro destino posible, abrirle la puerta al socialismo es invitar a la muerte. Pero si bien, todo esto es obvio, hoy es más importante que nunca señalarlo, porque en las últimas décadas las élites globales, lamentablemente, han sido cautivadas por los cantos de sirena socialistas. A través de ideas, discursos y valores que se han colado en el sentido común de nuestras sociedades, promovidos por organismos supranacionales, por ONG, por instituciones educativas y por la industria del entretenimiento y los medios de comunicación; discurso que dicen que el capitalismo es malo porque es individualista y que el colectivismo es bueno porque es altruista y, por lo tanto, bregan por la justicia social. Que persiguen al privado para que se someta a mandamientos de supuesta moral en cuestiones como el género, la cuestión racial o la cuestión ambiental, que muchas veces terminan atentando directamente contra la libertad y la capacidad de las empresas para generar riqueza, sino también sobre la vida humana.
Parece que no entienden que la justicia social siempre es injusta, porque implica un robo, porque implica un trato desigual frente a la ley y que cada intento de los políticos por hacerse los buenos, terminan perjudicando la generación de riqueza y en consecuencia perjudicando el conjunto de la sociedad. Tampoco se dan cuenta o no parece importarles, que el costo de sostener esta pantomima bien pensante de los progres, sea subvertir todos los valores que hicieron de la civilización occidental, la punta de lanza de la historia del progreso humano. Porque, en el fondo, están siendo guiados por pasiones humanas de las más bajas, como la envidia, el odio y el resentimiento, que nublan el pensamiento y los enceguecen. Es más, tanto los enceguece, a punto tal, que viven proyectando sus miserias en el resto.
Por eso, a todos aquellos que se piensan que están salvando el mundo con el Estado presente, con impuestos altos, con cupo de géneros y castigando a los empresarios, yo les digo: ¿Saben qué es lo mejor para los trabajadores? Que pacten contrato libremente con sus empleadores. ¿Saben que es lo mejor para las mujeres? Dejar de tratarlas como víctimas que necesitan cuidados especiales. Yo me pregunto: ¿Acaso los socialistas consideran a las mujeres como seres inferiores para estar otorgándoles privilegios? Les pregunto a los socialistas ¿o acaso no alcanza con ser iguales ante la ley? ¿Saben qué es lo mejor para el planeta? Dejar que el mercado encuentre como ha hecho siempre, las mejores soluciones. ¿Saben que es lo mejor para los niños? Un padre y una madre que les conoce mucho mejor que cualquier burócrata. ¿Y saben cómo se logra esto? Retirando al Estado parasitario de la vida de las personas y dejando que los ciudadanos sean libres. Dejándolos asociarse libremente, elegir qué producir, a quién emplear, dónde estudiar, a quién venderle, qué comprar y qué hacer con el fruto del trabajo propio. En definitiva, el mundo se salva no corriendo atrás de una agenda culposa de un par de burócratas, sino achicando al Estado para engrandecer a la sociedad.
Hay que destruir esa idea parasitaria que ha aprendido en Occidente que dice que la tarea del Estado, o sea, del burócrata, es controlar cada aspecto de la vida de los ciudadanos. Esa idea de que los políticos deben cuidar a la gente desde la cuna hasta la tumba. Esto no ha sido nunca la tarea del Estado, la tarea del Estado, en caso de existir, es defender la vida, la libertad y la propiedad privada de los individuos. Pero las elites globales no se dan cuenta de lo destructivo que puede llegar a ser implementar las ideas del socialismo, porque lo tienen demasiado lejos, no saben qué tipo de sociedad y país puede producir, y qué calaña de gente atornillada al poder y qué niveles de abuso puede llegar a generar. Digo, aún cuando tenga a la mujer corrupta, se ensucia y se tome cinco días para pensarlo.
Por eso me toca a mí mostrarles lo que es lo siniestro y nefasto que es el socialismo. Porque lo hemos vivido en carne propia, lo sufrimos todos los días, porque la Argentina es un país infectado del socialismo hace décadas, o quizás debería decir, era. El socialismo conduce a la pobreza y a la muerte, el que diga otra cosa es un ignorante o un mentiroso. Y como el socialismo conduce a la muerte, nunca pero nunca, podemos dar el brazo a torcer, en nada, no podemos dejarnos correr un milímetro por los zurdos, ni aún cuando parezca que tienen razón, porque nunca la tienen. Porque cuando dejemos una rendija abierta, nos atacarán desde una posición mejor para ellos. Se aprovechan de los más débiles de nosotros, de los que no se han ganado la abundancia de la que disfrutan, de los que la han heredado sin saber el sacrificio que ha implicado, de aquellos como se saben en falta, los carcome la culpa y quieren usarnos a todos para resolver sus propios problemas. Pero nosotros no somos débiles, nos hemos ganado lo que tenemos, realmente creemos lo que decimos, nos ha costado sangre y sudor llegar a donde hemos llegado y nadie ni nadie se va a interponer en nuestro camino. No importa qué hagan, no importa qué digan, ni cómo nos ataquen, por eso les digo, me importa un rábano lo que opinen los zurdos. En definitiva, no hay nada que puedan hacer para alterar el curso de los acontecimientos.
A la luz de las cosas que suelo decir, de las discusiones en las que me suelo meter, muchas veces recibo críticas de distintos actores del establishment y en particular, de los ensobrados del periodismo. Digo, con esto de haberle quitado la pauta oficial a los medios, parece que estoy buscando empleo en el subsuelo, y lo voy a rajar al coloradito…Pero no se hagan problema, ese es zurdo también, así que, no me interesa ese negocio. Me dicen: “pero usted ahora es un jefe de Estado, cómo va a estar haciendo estos comentarios, cómo va a abrir a hablar así de sus adversarios políticos, cómo va a hablar así de otros mandatarios como hace dos años, o de un presidente”, como me toca ser ahora. En todo caso, ahora que soy presidente, mi responsabilidad por librar la batalla cultural es, aún, mucho mayor, porque lo que hago y digo tiene un efecto más grande. Y dar la batalla cultural no es solo moralmente correcto, sino que, además, es necesario de un punto de vista del gobierno, es necesario para el éxito de cualquier programa de gobierno liberal o libertario, para que las políticas que implementen sean duraderas y para que en el futuro sean los propios ciudadanos lo que defiendan su libertad y no se dejen pisotear nuevamente por los socialistas. Porque, además, es importante alzar la voz, porque nuestros adversarios siempre juegan con ventaja. Porque tienen su gente metida en todos los niveles del Estado, tienen la fuerza de los sindicatos y de las organizaciones sociales, tienen a los empresarios prebendarios que viven del Estado y los financian, tienen los organismos supranacionales, las organizaciones no gubernamentales, los medios de comunicación y la industria del entretenimiento, y en mi caso, en mi país, hasta el control sobre el fútbol.
En ese sentido hay que reconocer que han hecho un trabajo formidable, en términos de lo que, Antonio Gramsci, llamaría “la construcción de una verdadera hegemonía global”. Si todos los que creemos en la vida, la libertad y la propiedad, no hacemos nada, estamos condenados. Si todos los que creemos en los valores que hicieron de Occidente la civilización más próspera de la historia no hacemos nada, estamos condenados. Por eso, todos los que estamos acá, ciudadanos españoles, argentinos, presidentes, pensadores, empresarios, todos aquellos que creemos en la libertad, debemos ponernos de pie y decirles ¡basta! Basta al odio al resentimiento y a la envidia que implica el socialismo. Basta a la autoflagelamiento y la culpa de Occidente. Basta a la pretensión de vivir en un mundo de cristal, sin que nadie se pueda sentir ofendido. Basta de la intromisión del Estado en todos y cada uno de los aspectos de nuestra vida, volvamos a defender los valores que hicieron grande a Occidente. Volvamos a defender la vida, la libertad y la propiedad.
Ya estamos a cinco meses que asumí como presidente de la República Argentina, el 10 de diciembre y con orgullo puedo decir que estamos cumpliendo a rajatabla, la promesa que le hicimos a los argentinos. Agarramos una economía al borde de la hiperinflación, con 15 puntos de déficit fiscal consolidado, con emisión descontrolada después de haber emitido dinero por 13 puntos del PBI un año, con precios reprimidos a niveles ridículos y con tasas de interés altísimas y, a pesar de todo eso, la estamos dando vuelta. Con un esfuerzo enorme por parte de todos los argentinos, pero lentamente la estamos dando vuelta. Hemos resucitado sistemáticamente la inflación, mes tras mes, hasta lograr una inflación de un dígito mensual. Hemos bajado la tasa de interés sin que se dispare la inflación y sin que se dispare el tipo de cambio. Estamos haciendo el ajuste más grande y abrupto de la historia humana y para el espanto de todo el zurderío, la sociedad nos sigue apoyando con la misma condición que el 10 de diciembre.
Por eso, llora la izquierda local e internacional, porque todo lo que ellos resumen como imposible, nosotros lo realizamos. Porque todo lo que han roto con su chamanismo económico, nosotros lo estamos enmendando con trabajo y con las ideas y valores correctos; porque todas las ideas valores y teorías que ellos predican en mi país, ya han fracasado. Y todo aquello, a lo que ellos le tienen miedo, está empezando a tener éxito. Y también porque le estamos demostrando al mundo que, inclusive, en la peor adversidad, inclusive, cargando con la peor herencia económica de la historia del país, inclusive, siendo el gobierno con menos poder institucional de la historia e inclusive, con toda la política, los medios y los empresarios prebendarios en contra, quienes esgrimimos la verdad en un puño y en convicción en el otro podemos perseverar y salir triunfantes.
Porque, más tarde o más temprano, la verdad siempre se impone sobre la mentira, la libertad siempre se impone sobre la opresión, la vida siempre se impone sobre la muerte, y el bien siempre triunfa sobre el mal. Por todo esto, quiero decirles que soy un optimista. Cada vez son más los pueblos del mundo que se rebelan contra el maldito mandato socialista y lo hacen porque a diferencia de los socialistas nosotros confiamos en los ciudadanos, nos pensamos que hay que tratarlos como a niños en un jardín de infantes. Confiamos en su creatividad, en su capacidad de resolver problemas por su cuenta, en su criterio para criar en libertad a sus hijos en el seno de la familia, confiamos en la capacidad de los hombres y mujeres de forjar su propio destino y que esto redunde en mayor beneficio para el conjunto de la sociedad. Y esta confianza que tenemos en el ciudadano común tarde o temprano vuelve, porque para obtener confianza hay que dar confianza, y nosotros hemos entablado un pacto de verdad con la sociedad, porque, como siempre digo: es preferible decir una verdad incómoda en vez de una mentira confortable.
Por todo esto, quiero comprometerme con todos ustedes y decirles que no les voy a fallar. Voy a predicar con el ejemplo y demostrarle al mundo que un gobierno con nuestras ideas puede tener éxito y las hazañas que nuestro gobierno realice en la Argentina serán testimonio y prédica del paradigma capitalista de libre empresa. Pero no serán ningún milagro, sino la consecuencia necesaria del ejercicio de las ideas correctas, porque la libertad es el único camino posible a la prosperidad. Por eso les digo, ánimo en esta gesta por salvar a occidente de la decadencia, porque occidente está a tiempo aún de elegir si quiere persistir en la senda del fracaso o si quiere retomar el camino de la libertad. Finalmente les quiero dejar una frase de uno de los mayores pensadores del siglo 20, que fue Ludwig Von Mises, y que además demostró la imposibilidad del socialismo ya en 1922, con su famoso tratado “El socialismo”. Mises sostenía que el socialismo es una alternativa al capitalismo como el cianuro de potasio es una alternativa al agua. Y dado que Mises era una persona con una gran visión y entendía de qué iba el desafío hizo una frase de Virgilio su frase de cabecera, una frase en latín que dice: “Tu ne cede malis, sed contra audentior ito”. Qué significa no cedas ante el mal, sino que enfréntalo con mayor audacia. No cedamos frente al socialismo, vamos a enfrentarlo con mayor valentía.
Naturalmente, parece una tarea titánica, parece que somos pocos, pero no tenemos nada que temer porque la victoria en el campo de batalla no depende de la cantidad de soldados, sino de las fuerzas que vienen del cielo. ¡Viva la libertad carajo! ¡Viva la libertad carajo! ¡Viva la libertad carajo! Muchas gracias. Gracias Santiago. Gracias Vox. Gracias a todos, gracias, muchas gracias.
lunes, 20 de mayo de 2024
Galileo y la Iglesia Católica
El caso de Galileo Galilei ha sido el más representativo de los conflictos entre ciencia y religión, que en realidad es un caso especial del conflicto que existe cuando se instala una ideología, que se supone que es la verdad definitiva, y se rechaza cualquier visión diferente, aun cuando sea algo evidente y comprobable, apareciendo el conflicto entre ambas visiones.
Galileo, el primer observador del cielo con telescopio, apoyó con sus observaciones el modelo heliocéntrico de Nicolás Copérnico, por lo cual confiaba en que, con sus evidencias, podría asesorar a las autoridades de la Iglesia para aceptar la novedosa propuesta astronómica. Sin embargo, sus aspiraciones son rechazadas ya que se aducía incompatibilidad del modelo copernicano con las enseñanzas de la Biblia, ya que en una parte de la misma Josué ordena al sol que se detenga, por lo que la Biblia enseñaría que el sol se mueve.
Galileo pensaba que existía una sola verdad, y no una verdad científica y otra verdad religiosa, distinta de la primera. De ahí que su propuesta consistía en unificar ambas “verdades”. Sin embargo, para la Iglesia, sí existían diferencias, y eran los científicos quienes deberían corregir sus investigaciones. Por ser Galileo una persona luchadora y amante de la verdad, mantiene sus opiniones hasta que son consideradas heréticas por la Inquisición y es obligado a no publicar nada al respecto y a un encierro hogareño de por vida. Ludovico Geymonat escribió: “Frente a la existencia de estos dos caminos, absolutamente diferentes, para conocer la verdad (no doble sino única), Galileo parece admitir a priori con santo Tomás que las conclusiones de una deben necesariamente coincidir, en última instancia, con las de la otra. Pero invierte la posición del santo medieval: considera que si entre las verdades religiosas y las científicas surge una aparente contradicción, el hombre, para resolverlo, debe partir no de la presunción tomista de que la ciencia es la equivocada y la religión verdadera, sino de la franca y completa aceptación de los resultados de la ciencia con la reserva de considerar, si acaso, la interpretación de los textos sagrados en los que se apoyan los dogmas si está en eventual contraste con la Biblia”.
“Naturaleza y Biblia –explica Galileo- derivan del mismo Verbo divino: la naturaleza, como ejecutora muy respetuosa de las órdenes de Dios; la Biblia, como libro inspirado por el Espíritu Santo. Pero en la Biblia la palabra de Dios debió adecuarse al intelecto de los hombres a los que se dirigía; en la naturaleza, en cambio, la voluntad de Dios se cumple con inexorable necesidad. Es inútil, pues, querer conocer la naturaleza a través de la Sagrada Escritura; es más justo, en caso necesario, servirse de las leyes naturales para comprender el verdadero significado de algunas expresiones, necesariamente veladas, de la Biblia” (De “Historia de la Filosofía y de la Ciencia”-Crítica-Barcelona 1998).
Es lamentable la existencia de conflictos entre ciencia y religión, que a veces son promovidos por quienes rechazan a una de tales actividades humanas. Este es el caso de Carl Sagan, quien escribió: “Kepler se apresuró a marchar hacia Württemberg donde encontró a su madre de setenta y cuatro años encerrada en un calabozo secular protestante y bajo amenaza de tortura, como le sucedió a Galileo en una prisión católica” (De “Cosmos”-Editorial Planeta SA-Barcelona 1980).
Distintos autores señalan que Galileo no estuvo encerrado en una “prisión católica”. Tampoco estaba en contra de la religión y de la Iglesia, incluso dos hijas suyas eran monjas, por lo que el “encierro” fue en Arcetri, una casa cercana al convento en donde estaban sus hijas. Ludovico Geymonat escribió: “Galileo fue procesado, reconocido culpable y obligado a abjurar. Además fue condenado a prisión de por vida, que se transformó de inmediato en aislamiento del mundo, primero en Siena (en la casa del arzobispo de la ciudad, su amigo) y luego en su propia villa de Arcetri”.
En la actualidad, si consideramos que la Biblia es un libro histórico sobre ética, nos parece absurda la continuidad de la lucha entre ciencia y religión, por cuanto la física, la astronomía o la biología poco o nada tienen que ver con las propuestas éticas de la Biblia.
Es oportuno mencionar el caso del biólogo soviético Trofim Lysenko, cuando, para compatibilizar la genética con el “materialismo dialéctico”, rechaza toda la biología “burguesa” occidental, mientras que varios “galileos biológicos” son expulsados de los centros de investigación por cometer el "sacrilegio" de defender la biología científica. Puede establecerse una comparación cercana de este caso con el anterior de Galileo. Respecto de Lysenko, Andrei Sajarov escribió: "Es responsable del vergonzoso atraso de la biología y genética soviéticas en particular, por la difusión de visiones pseudocientíficas, por el aventurismo, por la degradación del aprendizaje y por la difamación, despido, arresto y aún la muerte de muchos científicos genuinos".
Galileo, el primer observador del cielo con telescopio, apoyó con sus observaciones el modelo heliocéntrico de Nicolás Copérnico, por lo cual confiaba en que, con sus evidencias, podría asesorar a las autoridades de la Iglesia para aceptar la novedosa propuesta astronómica. Sin embargo, sus aspiraciones son rechazadas ya que se aducía incompatibilidad del modelo copernicano con las enseñanzas de la Biblia, ya que en una parte de la misma Josué ordena al sol que se detenga, por lo que la Biblia enseñaría que el sol se mueve.
Galileo pensaba que existía una sola verdad, y no una verdad científica y otra verdad religiosa, distinta de la primera. De ahí que su propuesta consistía en unificar ambas “verdades”. Sin embargo, para la Iglesia, sí existían diferencias, y eran los científicos quienes deberían corregir sus investigaciones. Por ser Galileo una persona luchadora y amante de la verdad, mantiene sus opiniones hasta que son consideradas heréticas por la Inquisición y es obligado a no publicar nada al respecto y a un encierro hogareño de por vida. Ludovico Geymonat escribió: “Frente a la existencia de estos dos caminos, absolutamente diferentes, para conocer la verdad (no doble sino única), Galileo parece admitir a priori con santo Tomás que las conclusiones de una deben necesariamente coincidir, en última instancia, con las de la otra. Pero invierte la posición del santo medieval: considera que si entre las verdades religiosas y las científicas surge una aparente contradicción, el hombre, para resolverlo, debe partir no de la presunción tomista de que la ciencia es la equivocada y la religión verdadera, sino de la franca y completa aceptación de los resultados de la ciencia con la reserva de considerar, si acaso, la interpretación de los textos sagrados en los que se apoyan los dogmas si está en eventual contraste con la Biblia”.
“Naturaleza y Biblia –explica Galileo- derivan del mismo Verbo divino: la naturaleza, como ejecutora muy respetuosa de las órdenes de Dios; la Biblia, como libro inspirado por el Espíritu Santo. Pero en la Biblia la palabra de Dios debió adecuarse al intelecto de los hombres a los que se dirigía; en la naturaleza, en cambio, la voluntad de Dios se cumple con inexorable necesidad. Es inútil, pues, querer conocer la naturaleza a través de la Sagrada Escritura; es más justo, en caso necesario, servirse de las leyes naturales para comprender el verdadero significado de algunas expresiones, necesariamente veladas, de la Biblia” (De “Historia de la Filosofía y de la Ciencia”-Crítica-Barcelona 1998).
Es lamentable la existencia de conflictos entre ciencia y religión, que a veces son promovidos por quienes rechazan a una de tales actividades humanas. Este es el caso de Carl Sagan, quien escribió: “Kepler se apresuró a marchar hacia Württemberg donde encontró a su madre de setenta y cuatro años encerrada en un calabozo secular protestante y bajo amenaza de tortura, como le sucedió a Galileo en una prisión católica” (De “Cosmos”-Editorial Planeta SA-Barcelona 1980).
Distintos autores señalan que Galileo no estuvo encerrado en una “prisión católica”. Tampoco estaba en contra de la religión y de la Iglesia, incluso dos hijas suyas eran monjas, por lo que el “encierro” fue en Arcetri, una casa cercana al convento en donde estaban sus hijas. Ludovico Geymonat escribió: “Galileo fue procesado, reconocido culpable y obligado a abjurar. Además fue condenado a prisión de por vida, que se transformó de inmediato en aislamiento del mundo, primero en Siena (en la casa del arzobispo de la ciudad, su amigo) y luego en su propia villa de Arcetri”.
En la actualidad, si consideramos que la Biblia es un libro histórico sobre ética, nos parece absurda la continuidad de la lucha entre ciencia y religión, por cuanto la física, la astronomía o la biología poco o nada tienen que ver con las propuestas éticas de la Biblia.
Es oportuno mencionar el caso del biólogo soviético Trofim Lysenko, cuando, para compatibilizar la genética con el “materialismo dialéctico”, rechaza toda la biología “burguesa” occidental, mientras que varios “galileos biológicos” son expulsados de los centros de investigación por cometer el "sacrilegio" de defender la biología científica. Puede establecerse una comparación cercana de este caso con el anterior de Galileo. Respecto de Lysenko, Andrei Sajarov escribió: "Es responsable del vergonzoso atraso de la biología y genética soviéticas en particular, por la difusión de visiones pseudocientíficas, por el aventurismo, por la degradación del aprendizaje y por la difamación, despido, arresto y aún la muerte de muchos científicos genuinos".
domingo, 19 de mayo de 2024
La fatal arrogancia del Fondo Monetario
Por Dardo Gasparré
Otra burocracia supranacional que juega a la política con su poder de préstamo y pretende dar dudosos y peligrosos consejos económicos.
Con un sospechoso sentido de la oportunidad el FMI habló por medio de su vocera en una conferencia de prensa –otro mecanismo burocrático poco técnico– sobre la economía nacional.
Una de sus afirmaciones fue que la economía comenzará a crecer a partir del segundo semestre. Buena noticia, aunque no la haya fundamentado. Imposible no preguntarse si se trata de una opinión medulosa de los imaginados expertos economistas del ente, o si fue una afirmación complaciendo gentiles pedidos. Por las dudas habrá que tomarla con pinzas.
Luego la vocera pasó al sector consejos y opiniones, reiterando algunos de los comunicados del Fondo, que también pueden interpretarse como intentos de indicar lo que se debe hacer, suponiendo siempre que el organismo de crédito tiene el conocimiento y la autoridad técnica para hacerlo. Sostuvo que la política monetaria deberá seguir evolucionando para anclar la inflación y las expectativas de inflación. Además de ser una perogrullada, la afirmación implica aferrarse al ancla cambiaria, concepto que está bastante discutido por un sector importante de economistas profesionales, posiblemente con una visión más amplia que la del organismo. O más académica.
Luego insistió en que la política cambiaria deberá volverse más flexible con el tiempo para salvaguardar una mayor mejora en la cobertura de reservas. Otra perogrullada, pero al mismo tiempo un indicador de que los supuestos expertos economistas del FMI creen en el concepto de juntar reservas para fijar un tipo de cambio a dedo y luego vender dólares a precio más barato que el mercado para sostener ese tipo de cambio decretado. Deficiencias de formación o de ideología, quizás.
Se trata de un viejo concepto proteccionista que siempre fracasa y termina en corridas cambiarias, nuevos millonarios en dólares que esquilman al Banco Central, perdedores y ganadores determinados por el gobierno y más endeudamiento e inflación. Es todo lo opuesto a un tipo de cambio libre y fijado por el mercado, no por una autoridad. Insiste así en su vieja receta, suponiendo que esta vez será exitosa, sin querer advertir que el concepto se contrapone a todo lo que aspira.
A continuación se despachó con otra obviedad, aunque solapadamente está abogando por la no dolarización (o ayudando al gobierno a explicar por qué no dolarizará, o a cambiar el significado de la palabrita). Entonces recurre a mencionar al mal llamado sistema de competencia de monedas que en su percepción “se aplicará una vez que se libere el cepo, a medida que las condiciones lo permitan”. ¡Aleluyah!
Una idea limitada
Por un lado, ratifica el ancla cambiaria, pero no habla ni de las retenciones, ni del impuesto país, ni de un mercado libre de cambios, es decir sin la intromisión estatal. No lo hace porque la idea central y limitada fondomonetarista es eliminar el déficit, no el gasto, y para ello los impuestos son una variable fundamental no sacrificable. Y porque la idea de un tipo de cambio totalmente libre le repugna. Por ejemplo, cuando habla de que en Uruguay existe ese sistema, que en definitiva es un sistema de libre contratación, omite que en el vecino el tipo de cambio surge de la oferta y demanda, no de lo que deciden los iluminados.
De nada vale aplicar un sistema de competencia de monedas, si el valor de las divisas es fijado a dedo por el Estado. El actual paupérrimo Código Civil permite la contratación en cualquier moneda, pero de inmediato lo desvirtúa al establecer que los compromisos en otras monedas se pueden cumplir con el equivalente en pesos “al valor de cotización oficial”. Por eso sólo es viable el sistema si el mercado es totalmente libre de toda intermediación, regulación o administración del Estado. De lo contrario es una frase, como la que dice la vocera. Y en ese TOC de bajar el déficit y no el gasto, que repite desde siempre como un mantra, se alegra porque se llegó a un trimestre con superávit fiscal, sin preocuparse de cómo se logró y de la calidad del logro, como ha sido siempre su política y su recomendación en todo el mundo y en todos los casos.
Imposible también evitar preguntarle a la burócrata vocera si alguna vez se le ocurrió a su orga hacer este listado de recomendaciones a Alberto Fernández o a Sergio Massa, cuando destruían el bienestar, las finanzas, la moneda y el futuro del país sin respetar ningún parámetro válido en ninguna línea económica del mundo.
La parte sensiblera y demagógica
El punto más peligroso del vademécum de consejos-órdenes es cuando llega a su parte sensiblera y demagógica: “se debe mejorar la calidad del ajuste para mejorar tanto su durabilidad como su equidad”. Hasta ahí se trata de una aparente preocupación similar a la de los vecinos sensibles de Palermo, una concesión a la solidaridad.
Pero en vez de reclamar por la aprobación sin la deliberada emasculación de la Ley de Bases, que da por sancionada con mucho optimismo y poco fundamento, confiesa finalmente su tendenciosidad e ideología oculta al decir: “Esto significa mejorar específicamente la eficiencia y progresividad del sistema tributario”. Para ponerlo de un modo comprensible, el Fondo Monetario internacional propone, recomienda y espera lo mismo que el Frente Amplio uruguayo, el peronismo argentino, la izquierda española, la Unión Europea, el partido demócrata americano, la Doctrina Social de Francisco y la Agenda 2030 internacional: más impuestos confiscatorios sobre los patrimonios, los ahorros, cualquier manifestación de capital, y de modo progresivo, es decir con tasas más altas a medida que mayor sea el monto involucrado, ya que no le alcanza la simple proporcionalidad, de por sí progresiva.
Ese es el condicionamiento de hierro del FMI. Eso es lo que piensan sus economistas y sus mandantes. Es la primera vez que el Banco de empeños internacional toma esta posición tan clara e inequívoca. Y aquí debe tener cuidado el Presidente. No se trata de un apoyo, se trata de un requisito y de una orden. De sabotear la ley de Bases aún más, a pesar de que se diga lo contrario.
Porque ese objetivo del Fondo Burócrata Internacional se opone frontalmente a la idea central original propuesta por Milei, ya suficientemente desvirtuada sin ayuda externa. Una medida como la bomba arrojada por la vocera ahuyenta instantáneamente la inversión, el crecimiento, el empleo y aún el invocado deseo de eliminar el déficit. Es exactamente lo que ocurrió cuando los inaceptables Máximo Kirchner y Carlos Heller atacaron a impuestazos los mismos objetivos: desapareció instantáneamente la poca inversión posible. Todo el sacrificio que se cree servirá para algo, terminará siendo inútil, de aceptarse la imposición.
También destroza el proyecto de blanqueo, la idea de reducción del gasto del Estado, la seguridad jurídica, la austeridad, la reducción de la burocracia en número, costo y capacidad paralizante, la seriedad y la honestidad. El Fondo se ha sincerado. Casi ni necesita ya de economistas. El Fondo es casta. Aunque el presidente no lo señale en sus reportajes.
Tradicionalmente se han cuestionado sus recomendaciones que eran en general sensatas, aunque siempre obvias. Ahora se lo puede cuestionar porque sus recomendaciones, o imposiciones, son una condena a corto plazo para cualquier plan de crecimiento, de seriedad económica y de futuro. Y, definitivamente, serían un peligro para el país si se adoptaran.
Más que la frase del título, copiada del nombre del fundamental libro de Hayek, se podría hablar de La fatal ignorancia de la burocracia, lisa y llanamente.
(De www.laprensa.com.ar)
Otra burocracia supranacional que juega a la política con su poder de préstamo y pretende dar dudosos y peligrosos consejos económicos.
Con un sospechoso sentido de la oportunidad el FMI habló por medio de su vocera en una conferencia de prensa –otro mecanismo burocrático poco técnico– sobre la economía nacional.
Una de sus afirmaciones fue que la economía comenzará a crecer a partir del segundo semestre. Buena noticia, aunque no la haya fundamentado. Imposible no preguntarse si se trata de una opinión medulosa de los imaginados expertos economistas del ente, o si fue una afirmación complaciendo gentiles pedidos. Por las dudas habrá que tomarla con pinzas.
Luego la vocera pasó al sector consejos y opiniones, reiterando algunos de los comunicados del Fondo, que también pueden interpretarse como intentos de indicar lo que se debe hacer, suponiendo siempre que el organismo de crédito tiene el conocimiento y la autoridad técnica para hacerlo. Sostuvo que la política monetaria deberá seguir evolucionando para anclar la inflación y las expectativas de inflación. Además de ser una perogrullada, la afirmación implica aferrarse al ancla cambiaria, concepto que está bastante discutido por un sector importante de economistas profesionales, posiblemente con una visión más amplia que la del organismo. O más académica.
Luego insistió en que la política cambiaria deberá volverse más flexible con el tiempo para salvaguardar una mayor mejora en la cobertura de reservas. Otra perogrullada, pero al mismo tiempo un indicador de que los supuestos expertos economistas del FMI creen en el concepto de juntar reservas para fijar un tipo de cambio a dedo y luego vender dólares a precio más barato que el mercado para sostener ese tipo de cambio decretado. Deficiencias de formación o de ideología, quizás.
Se trata de un viejo concepto proteccionista que siempre fracasa y termina en corridas cambiarias, nuevos millonarios en dólares que esquilman al Banco Central, perdedores y ganadores determinados por el gobierno y más endeudamiento e inflación. Es todo lo opuesto a un tipo de cambio libre y fijado por el mercado, no por una autoridad. Insiste así en su vieja receta, suponiendo que esta vez será exitosa, sin querer advertir que el concepto se contrapone a todo lo que aspira.
A continuación se despachó con otra obviedad, aunque solapadamente está abogando por la no dolarización (o ayudando al gobierno a explicar por qué no dolarizará, o a cambiar el significado de la palabrita). Entonces recurre a mencionar al mal llamado sistema de competencia de monedas que en su percepción “se aplicará una vez que se libere el cepo, a medida que las condiciones lo permitan”. ¡Aleluyah!
Una idea limitada
Por un lado, ratifica el ancla cambiaria, pero no habla ni de las retenciones, ni del impuesto país, ni de un mercado libre de cambios, es decir sin la intromisión estatal. No lo hace porque la idea central y limitada fondomonetarista es eliminar el déficit, no el gasto, y para ello los impuestos son una variable fundamental no sacrificable. Y porque la idea de un tipo de cambio totalmente libre le repugna. Por ejemplo, cuando habla de que en Uruguay existe ese sistema, que en definitiva es un sistema de libre contratación, omite que en el vecino el tipo de cambio surge de la oferta y demanda, no de lo que deciden los iluminados.
De nada vale aplicar un sistema de competencia de monedas, si el valor de las divisas es fijado a dedo por el Estado. El actual paupérrimo Código Civil permite la contratación en cualquier moneda, pero de inmediato lo desvirtúa al establecer que los compromisos en otras monedas se pueden cumplir con el equivalente en pesos “al valor de cotización oficial”. Por eso sólo es viable el sistema si el mercado es totalmente libre de toda intermediación, regulación o administración del Estado. De lo contrario es una frase, como la que dice la vocera. Y en ese TOC de bajar el déficit y no el gasto, que repite desde siempre como un mantra, se alegra porque se llegó a un trimestre con superávit fiscal, sin preocuparse de cómo se logró y de la calidad del logro, como ha sido siempre su política y su recomendación en todo el mundo y en todos los casos.
Imposible también evitar preguntarle a la burócrata vocera si alguna vez se le ocurrió a su orga hacer este listado de recomendaciones a Alberto Fernández o a Sergio Massa, cuando destruían el bienestar, las finanzas, la moneda y el futuro del país sin respetar ningún parámetro válido en ninguna línea económica del mundo.
La parte sensiblera y demagógica
El punto más peligroso del vademécum de consejos-órdenes es cuando llega a su parte sensiblera y demagógica: “se debe mejorar la calidad del ajuste para mejorar tanto su durabilidad como su equidad”. Hasta ahí se trata de una aparente preocupación similar a la de los vecinos sensibles de Palermo, una concesión a la solidaridad.
Pero en vez de reclamar por la aprobación sin la deliberada emasculación de la Ley de Bases, que da por sancionada con mucho optimismo y poco fundamento, confiesa finalmente su tendenciosidad e ideología oculta al decir: “Esto significa mejorar específicamente la eficiencia y progresividad del sistema tributario”. Para ponerlo de un modo comprensible, el Fondo Monetario internacional propone, recomienda y espera lo mismo que el Frente Amplio uruguayo, el peronismo argentino, la izquierda española, la Unión Europea, el partido demócrata americano, la Doctrina Social de Francisco y la Agenda 2030 internacional: más impuestos confiscatorios sobre los patrimonios, los ahorros, cualquier manifestación de capital, y de modo progresivo, es decir con tasas más altas a medida que mayor sea el monto involucrado, ya que no le alcanza la simple proporcionalidad, de por sí progresiva.
Ese es el condicionamiento de hierro del FMI. Eso es lo que piensan sus economistas y sus mandantes. Es la primera vez que el Banco de empeños internacional toma esta posición tan clara e inequívoca. Y aquí debe tener cuidado el Presidente. No se trata de un apoyo, se trata de un requisito y de una orden. De sabotear la ley de Bases aún más, a pesar de que se diga lo contrario.
Porque ese objetivo del Fondo Burócrata Internacional se opone frontalmente a la idea central original propuesta por Milei, ya suficientemente desvirtuada sin ayuda externa. Una medida como la bomba arrojada por la vocera ahuyenta instantáneamente la inversión, el crecimiento, el empleo y aún el invocado deseo de eliminar el déficit. Es exactamente lo que ocurrió cuando los inaceptables Máximo Kirchner y Carlos Heller atacaron a impuestazos los mismos objetivos: desapareció instantáneamente la poca inversión posible. Todo el sacrificio que se cree servirá para algo, terminará siendo inútil, de aceptarse la imposición.
También destroza el proyecto de blanqueo, la idea de reducción del gasto del Estado, la seguridad jurídica, la austeridad, la reducción de la burocracia en número, costo y capacidad paralizante, la seriedad y la honestidad. El Fondo se ha sincerado. Casi ni necesita ya de economistas. El Fondo es casta. Aunque el presidente no lo señale en sus reportajes.
Tradicionalmente se han cuestionado sus recomendaciones que eran en general sensatas, aunque siempre obvias. Ahora se lo puede cuestionar porque sus recomendaciones, o imposiciones, son una condena a corto plazo para cualquier plan de crecimiento, de seriedad económica y de futuro. Y, definitivamente, serían un peligro para el país si se adoptaran.
Más que la frase del título, copiada del nombre del fundamental libro de Hayek, se podría hablar de La fatal ignorancia de la burocracia, lisa y llanamente.
(De www.laprensa.com.ar)
sábado, 18 de mayo de 2024
Acerca de la violencia urbana
La violencia urbana, como todo hecho sociológico, es un efecto que tiene causas que lo producen y lo favorecen. Como siempre, reconocemos en las ideas y creencias predominantes en la sociedad la causa principal de todos los hechos que acontecen.
Para muchos, la causa principal radica en el marginamiento, o en la desigualdad social, ya que ésta promovería su surgimiento en los menos favorecidos económicamente. Desde la izquierda política se aduce, generalmente, que "el delincuente ha sido previamente marginado de la sociedad, debido a un sistema injusto y el delicto es una justa venganza".
Al respecto, Jorge Bosch escribió: “Uno de los argumentos favoritos de los ideólogos de la desestructuración en el ámbito de la justicia, consiste en afirmar que el delincuente no es el verdadero culpable, sino que siempre hay alguien detrás de él, alguien más poderoso y en consecuencia perteneciente a clases sociales más altas, y además detrás de este hay otro, y finalmente se llega a la estructura social propiamente dicha. Así, la culpabilidad del delincuente se diluye en el océano de un orden social supuestamente injusto” (De “Cultura y contracultura”–Emecé Editores SA-Buenos Aires 1992).
Esta postura surge en quienes consideran que el factor económico determina completamente al individuo, quien, además, sólo actuaría por influencia del medio social. Justifican de esa forma a la violencia y la consideran como una justa venganza contra ese medio. Sin embargo, sabemos que hay personas de limitados recursos económicos que poseen valores éticos adecuados e incluso aceptables niveles intelectuales. Alentar la violencia en la gente de menos recursos implica degradarlos e intentar marginarlos verdaderamente de la sociedad, aunque se culpe a otros sectores por una actitud similar. Mientras que en los países avanzados se cita como ejemplo al gerente de una empresa que comenzó a trabajar en los puestos menos jerárquicos, en la Argentina se supone que el que nació pobre, ha de seguir siéndolo durante toda la vida, excepto que se haga delincuente o participe en la “revolución socialista”.
Cuando el ciudadano común pide “mano dura”, por lo general no espera una venganza hacia el delincuente, sino que busca que sea separado de la sociedad para que no constituya un peligro para los demás. Jorge Bosch escribió: “En uno de los momentos en que la gente se sentía más insegura por los estragos de la ola delictiva, los diarios publicaron declaraciones de un Premio Nobel de la Paz según las cuales la policía estaba actuando con exceso de rigor, lo que se veía ejemplificado –según aquellas declaraciones- por el elevado número de delincuentes muertos en enfrentamientos con la fuerza de seguridad”.
Muchos son los que lamentan más la muerte de un delincuente que la de un policía, o incluso sienten cierto beneplácito cuando muere un habitante común, víctima de un hecho delictivo, especialmente cuando se trata de alguien con aceptables recursos materiales. Incluso desde la justicia se apoya al que delinque, ya que se ha establecido que el policía, o el habitante común, sólo puede actuar legalmente si lo hace en defensa propia, luego de que la iniciativa ha sido tomada por el delincuente. Esta ventaja otorgada a los automarginados ha favorecido notablemente su accionar. Hay quienes afirman que tales leyes han sido establecidas para debilitar la efectividad policial favoreciendo un posible rebrote subversivo similar al de épocas pasadas.
El delincuente juvenil se va formando de a poco, en una sociedad en la que a los adolescentes se les inculca hacer respetar sus propios derechos, pero pocas veces se les pide cumplir con sus deberes, que son generalmente los derechos de los demás. La precocidad para los vicios y para el libertinaje es por todos conocida, sin embargo, cuando se trata de un hecho delictivo, la ley los ampara a través de la “inimputabilidad de los menores de edad” por los delitos cometidos. En lugar de hacerlos imputables, para su propio beneficio, para que no sigan delinquiendo y marginándose cada vez más de la sociedad, la ley promueve ese accionar.
Mientras que el policía debe dar una “ventaja” al delincuente común, en el caso del menor que delinque se le hace casi prohibitivo su accionar, ya que cualquier exceso, o incluso una falsa denuncia, puede costarle la pérdida de su empleo. Ello ha llevado a la inefectividad casi total de la policía. Jorge Bosch escribió: “Llamo contrajusticia al conjunto de normas legales, procedimientos y actuaciones que, bajo apariencia de un espíritu progresista interesado en tratar humanitariamente a los delincuentes, conduce de hecho a la sociedad a un estado de indefensión y propicia de este modo un trato antihumanitario a las personas inocentes. Muchas veces este «humanitarismo» protector de la delincuencia es una expresión de frivolidad: «queda bien» hacer gala de humanitarismo y de preocupación por los marginados que delinquen, sin mostrar el mismo celo en la defensa de las víctimas y sin siquiera preocuparse por reflexionar seriamente y profundamente sobre el tema”.
La delincuencia también se ve favorecida por los medios masivos de comunicación cuando legitiman la burla y la grosería, que terminan siendo otro factor de marginamiento social. Los asesinatos no sólo son cometidos junto a los asaltos y robos, sino que existe un gran porcentaje de crímenes ocurridos entre personas conocidas, hechos derivados casi siempre del trato irrespetuoso entre seres humanos, que afecta también al que posee un aceptable nivel económico.
A los alumnos secundarios se les permite actitudes caprichosas y exigentes, por ello no es extraña la ocurrencia de casos como el de un docente, cuya firma fue falsificada por un alumno, y que fue culpado por ese hecho por la directora de la escuela quien adujo que el “buen alumno” tuvo que actuar de esa forma por alguna deficiencia del docente. Presionado a renunciar ante tal bajeza, el docente tuvo que soportar faltas de respeto de algunos alumnos dentro y fuera del ámbito escolar ante el tácito apoyo del directivo mencionado. (Caso ocurrido en la Escuela Gabriel del Mazo, de Mendoza).
La demagogia es el efecto que surge de la actitud del que quiere congraciarse con el “menos favorecido” tratando de defenderlo de su “enemigo”, escuchando difamaciones y promoviéndolas por ese hecho, como en el caso citado de la directora de escuela. Esta actitud no sólo crea divisiones y antagonismos, sino que remarca la incapacidad del “protegido” y debilita sus fuerzas para la posterior adaptación al medio social.
La contracultura, amparada por el relativismo cultural y por el relativismo moral, ejercida a través de la demagogia, en sus distintas formas, está llevando a la sociedad hacia la masificación y la violencia. Desde la política, los medios de comunicación, la educación y la justicia se trata de mostrar un verdadero interés por la sociedad. Sin embargo, se actúa como el padre irresponsable que se pone exigente e intolerante ante los docentes de sus hijos, por el mínimo motivo, para mostrarles a éstos que se interesa mucho por ellos, cuando en realidad está tratando de disfrazar un profundo desinterés por lo que les habrá de suceder en sus vidas. La hipocresía es lo que predomina en estos casos.
Para muchos, la causa principal radica en el marginamiento, o en la desigualdad social, ya que ésta promovería su surgimiento en los menos favorecidos económicamente. Desde la izquierda política se aduce, generalmente, que "el delincuente ha sido previamente marginado de la sociedad, debido a un sistema injusto y el delicto es una justa venganza".
Al respecto, Jorge Bosch escribió: “Uno de los argumentos favoritos de los ideólogos de la desestructuración en el ámbito de la justicia, consiste en afirmar que el delincuente no es el verdadero culpable, sino que siempre hay alguien detrás de él, alguien más poderoso y en consecuencia perteneciente a clases sociales más altas, y además detrás de este hay otro, y finalmente se llega a la estructura social propiamente dicha. Así, la culpabilidad del delincuente se diluye en el océano de un orden social supuestamente injusto” (De “Cultura y contracultura”–Emecé Editores SA-Buenos Aires 1992).
Esta postura surge en quienes consideran que el factor económico determina completamente al individuo, quien, además, sólo actuaría por influencia del medio social. Justifican de esa forma a la violencia y la consideran como una justa venganza contra ese medio. Sin embargo, sabemos que hay personas de limitados recursos económicos que poseen valores éticos adecuados e incluso aceptables niveles intelectuales. Alentar la violencia en la gente de menos recursos implica degradarlos e intentar marginarlos verdaderamente de la sociedad, aunque se culpe a otros sectores por una actitud similar. Mientras que en los países avanzados se cita como ejemplo al gerente de una empresa que comenzó a trabajar en los puestos menos jerárquicos, en la Argentina se supone que el que nació pobre, ha de seguir siéndolo durante toda la vida, excepto que se haga delincuente o participe en la “revolución socialista”.
Cuando el ciudadano común pide “mano dura”, por lo general no espera una venganza hacia el delincuente, sino que busca que sea separado de la sociedad para que no constituya un peligro para los demás. Jorge Bosch escribió: “En uno de los momentos en que la gente se sentía más insegura por los estragos de la ola delictiva, los diarios publicaron declaraciones de un Premio Nobel de la Paz según las cuales la policía estaba actuando con exceso de rigor, lo que se veía ejemplificado –según aquellas declaraciones- por el elevado número de delincuentes muertos en enfrentamientos con la fuerza de seguridad”.
Muchos son los que lamentan más la muerte de un delincuente que la de un policía, o incluso sienten cierto beneplácito cuando muere un habitante común, víctima de un hecho delictivo, especialmente cuando se trata de alguien con aceptables recursos materiales. Incluso desde la justicia se apoya al que delinque, ya que se ha establecido que el policía, o el habitante común, sólo puede actuar legalmente si lo hace en defensa propia, luego de que la iniciativa ha sido tomada por el delincuente. Esta ventaja otorgada a los automarginados ha favorecido notablemente su accionar. Hay quienes afirman que tales leyes han sido establecidas para debilitar la efectividad policial favoreciendo un posible rebrote subversivo similar al de épocas pasadas.
El delincuente juvenil se va formando de a poco, en una sociedad en la que a los adolescentes se les inculca hacer respetar sus propios derechos, pero pocas veces se les pide cumplir con sus deberes, que son generalmente los derechos de los demás. La precocidad para los vicios y para el libertinaje es por todos conocida, sin embargo, cuando se trata de un hecho delictivo, la ley los ampara a través de la “inimputabilidad de los menores de edad” por los delitos cometidos. En lugar de hacerlos imputables, para su propio beneficio, para que no sigan delinquiendo y marginándose cada vez más de la sociedad, la ley promueve ese accionar.
Mientras que el policía debe dar una “ventaja” al delincuente común, en el caso del menor que delinque se le hace casi prohibitivo su accionar, ya que cualquier exceso, o incluso una falsa denuncia, puede costarle la pérdida de su empleo. Ello ha llevado a la inefectividad casi total de la policía. Jorge Bosch escribió: “Llamo contrajusticia al conjunto de normas legales, procedimientos y actuaciones que, bajo apariencia de un espíritu progresista interesado en tratar humanitariamente a los delincuentes, conduce de hecho a la sociedad a un estado de indefensión y propicia de este modo un trato antihumanitario a las personas inocentes. Muchas veces este «humanitarismo» protector de la delincuencia es una expresión de frivolidad: «queda bien» hacer gala de humanitarismo y de preocupación por los marginados que delinquen, sin mostrar el mismo celo en la defensa de las víctimas y sin siquiera preocuparse por reflexionar seriamente y profundamente sobre el tema”.
La delincuencia también se ve favorecida por los medios masivos de comunicación cuando legitiman la burla y la grosería, que terminan siendo otro factor de marginamiento social. Los asesinatos no sólo son cometidos junto a los asaltos y robos, sino que existe un gran porcentaje de crímenes ocurridos entre personas conocidas, hechos derivados casi siempre del trato irrespetuoso entre seres humanos, que afecta también al que posee un aceptable nivel económico.
A los alumnos secundarios se les permite actitudes caprichosas y exigentes, por ello no es extraña la ocurrencia de casos como el de un docente, cuya firma fue falsificada por un alumno, y que fue culpado por ese hecho por la directora de la escuela quien adujo que el “buen alumno” tuvo que actuar de esa forma por alguna deficiencia del docente. Presionado a renunciar ante tal bajeza, el docente tuvo que soportar faltas de respeto de algunos alumnos dentro y fuera del ámbito escolar ante el tácito apoyo del directivo mencionado. (Caso ocurrido en la Escuela Gabriel del Mazo, de Mendoza).
La demagogia es el efecto que surge de la actitud del que quiere congraciarse con el “menos favorecido” tratando de defenderlo de su “enemigo”, escuchando difamaciones y promoviéndolas por ese hecho, como en el caso citado de la directora de escuela. Esta actitud no sólo crea divisiones y antagonismos, sino que remarca la incapacidad del “protegido” y debilita sus fuerzas para la posterior adaptación al medio social.
La contracultura, amparada por el relativismo cultural y por el relativismo moral, ejercida a través de la demagogia, en sus distintas formas, está llevando a la sociedad hacia la masificación y la violencia. Desde la política, los medios de comunicación, la educación y la justicia se trata de mostrar un verdadero interés por la sociedad. Sin embargo, se actúa como el padre irresponsable que se pone exigente e intolerante ante los docentes de sus hijos, por el mínimo motivo, para mostrarles a éstos que se interesa mucho por ellos, cuando en realidad está tratando de disfrazar un profundo desinterés por lo que les habrá de suceder en sus vidas. La hipocresía es lo que predomina en estos casos.
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