jueves, 5 de noviembre de 2026

El mito del buen salvaje

Uno de los mitos que circulan en el ámbito de la opinión pública y de los intelectuales de izquierda, sostiene que las primeras etapas de la humanidad constituyeron una “Edad de oro”, seguidas de etapas de decadencia o caída, por lo que se requiere de una restauración inminente de aquella época ideal. Incluso el papel histórico que cumpliría Cristo es el de un “revolucionario” que pretende volver al “socialismo inicial” (la supuesta Edad de oro), que el revolucionario marxista-leninista trata de reinstalar en nuestra época.

Es interesante observar que el mito anterior ya tenía vigencia en la época del descubrimiento de América. Carlos Rangel escribe al respecto: “Buscando lo que preexistía en su deseo, los descubridores crearon el mito más potente de los tiempos modernos: el buen salvaje, versión «americanizada» o «americanista» del mito de la inocencia humana antes de la caída, fábula destinada a tener inmensa fortuna en la historia de las ideas, y desde luego igualmente inmensas consecuencias”.

“En forma mucho más vívida e inmediata que sus antecedentes, el mito del buen salvaje responde a las angustias características de la civilización europea, occidental, cristiana, historicista. Si el hombre fue bueno y es la civilización la que lo ha corrompido, si hubo una Edad de Oro y estamos en una Edad de Hierro o de Bronce, no puede haber mayor maravilla que encontrar ese tiempo primitivo coexistiendo con nuestro tiempo, y constatar que en efecto hombres incontaminados por la civilización han permanecido inocentes”.

“Así vio Colón a los nativos de las islas del mar Caribe, y así los describió en sus cartas a los Reyes Católicos: «Certifico a sus Altezas que no existe mejor tierra ni mejor gente; aman al prójimo como a ellos mismos y hablan la lengua más suave del mundo»”.

“A uno de ellos, al ofrecerle Colón su espada, no supo qué cosa era, y tomándola por la hoja, se cortó con ella, de lo que dedujo el descubridor que estos hombres no conocían las armas ni la guerra. La facilidad con que se desprendían de chucherías de oro, le hizo pensar que ignoraban igualmente la codicia”.

“Por causa del mito del buen salvaje, Occidente sufre hoy de un absurdo complejo de culpa, íntimamente convencido de haber corrompido con su civilización a los demás pueblos de la tierra. Agrupados genéricamente bajo el calificativo de «Tercer Mundo», los cuales, sin la influencia occidental habrían supuestamente permanecido tan felices como Adán y tan puros como el diamante” (De “Del buen salvaje al buen revolucionario”-Editorial CEC SA-Caracas 2015).

En la actualidad, las tendencias de izquierda ideologizan a la historia en lugar de adaptar su ideología a la realidad. En tal ideologización reducen todo acontecimiento, o toda época histórica, a una lucha entre opresores y oprimidos. Tanto en América como en Asia y en África, hubo en el pasado un colonialismo europeo, al cual se le asocia el atributo de "opresor", siendo los oprimidos los pueblos de esos continentes. Adicionalmente, se desconoce toda virtud a los opresores y todo defecto a los oprimidos. De ahí que en pleno siglo XXI, especialmente en Europa, se trata de "castigar" y destruir todo resabio asociado a los "opresores" tanto como a su religión y a su cultura. Axel Kaiser escribió: "La obsesión con la diversidad e inclusión y el multiculturalismo autodestructivo que proponen las élites occidentales tiene un fundamento en la idea de que el hombre blanco occidental es el ser más despreciable y opresor que jamás haya existido".

"Este parásito mental reconoce ciertamente un origen en doctrinas neomarxistas que se propusieron destruir la civilización cristiana, pero encuentra un correlato en la idea de que el Nuevo Mundo fue corrompido por el hombre blanco, especialmente, por las colonias que establecieron las potencias europeas. Una y otra vez esta mitología ha servido para revoluciones e intentos de imponer una descolonización del orden social «injusto», usándose como fundamento para centenares de normas nacionales e internacionales que dan privilegios especiales a grupos supuestamente indígenas a expensas del resto de la población y del progreso general" (De "Parásitos mentales"-Ariel-Santiago de Chile 2024).

Resulta evidente que los aborígenes, en contacto con pueblos civilizados, habrían de mejorar en forma notable su situación. Sin embargo, para algunos autores, los individuos “no contaminados” por la sociedad, es decir, los buenos salvajes, son mejores que los que “sufren” el proceso civilizatorio. De ahí que resulte imperdonable que los españoles hayan llevado su cultura y su religión a los pueblos nativos americanos. Henry de Lesquen escribió: “De Montaigne a Lévi-Strauss, pasando por Rousseau, el mito del buen salvaje ha sido siempre un arma terriblemente eficaz en manos de los intelectuales que están «contra Europa»”.

“El buen salvaje no es un caribe ni un indio. Representa el negativo del europeo y se define por lo que no posee: no tiene gobierno, ni leyes, ni policía en el sentido que a esos términos puede conferir un europeo civilizado. «Ser humano enteramente abstracto y teórico, es más bien el esqueleto fantasmal del francés y del inglés del siglo XVIII, despojado de manera sistemática de su educación, sus deseos y sus valores», afirma André Reszler”. (De “La política de lo viviente”-EUDEBA-Buenos Aires 1981).

Mientras que, para muchos, la humanidad tiende a lograr mayores niveles de adaptación al orden natural, faltando bastante para que tal proceso pueda calificarse como satisfactorio, para otros estaríamos inmersos en un proceso de lenta desadaptación, considerando que la “edad de oro” de la humanidad estaba en el pasado; y de ahí la promoción de un retorno a ese pasado.

Resulta evidente, sin embargo, que toda generación necesita imperiosamente de las generaciones pasadas y también de otros pueblos, así como cada ser humano necesita del resto de la sociedad para asegurar una supervivencia efectiva. De ahí el fundamento de que el ser humano es un “ser social”.

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