Mientras que, en épocas pasadas, los colonialismos europeos practicaban segregaciones raciales en países africanos, fueron luego tendiendo a una etapa en que se dejaron de lado las diferencias de tipo racial. Sin embargo, en algunos países como Zimbabue (ex Rhodesia) surgieron movimientos racistas de negros en contra de la minoría blanca. El principal cambio consistió en establecer reformas agrarias por las cuales las tierras de las minorías blancas serían expropiadas para pasar a manos de individuos negros.
No se tuvo en cuenta que, si un agricultor blanco producía trigo para 1 millón de personas, ello no significaba que habría de "consumir", junto a su familia, gran parte de esa producción por cuanto se trataba de individuos con un estómago por persona. De ahí que la expropiación de sus tierras implicaría que la producción habría de caer en picada en cuanto pasase a manos de gente inexperta y, muchas veces, con pocas ganas de trabajar.
Y esto fue lo que ocurrió en Zimbabue. Al respecto leemos: "El Producto Interno Bruto de Zimbabue se redujo en un 50% entre los años 2000 y 2008. Se trata de la mayor contracción de una economía en tiempos de paz, según el Banco Mundial".
"La economía cayó en crisis especialmente desde la reforma agraria de 2000, cuando grandes fincas de productores blancos fueron redistribuidas a agricultores negros sin tierra" (De www.bbc.com/mundo).
En la actualidad, está surgiendo en Sudáfrica un nuevo apartheid, pero esta vez surgiendo de grupos de negros que promueven incluso "matar a los blancos", por lo cual se ha iniciado un éxodo de agricultores blancos hacia Rusia y otros países. Incluso se dice que Donald Trump ha abierto la inmigración de estos agricultores sin ningún tipo de
restricciones, ya que la entrada a un país de gente de comprobada capacidad productiva, implica una importante elevación de capital humano.
Todo indica que en Sudáfrica están intentando repetir el desastre que se cometió en Zimbabue, país en que, por otra parte, han comenzado a intentar el retorno de los productores marginados por cuestiones raciales.
Las reformas agrarias, que no son otra cosa que expropiaciones sin indemnización alguna, producen similares efectos ya se trate de cuestiones ideológicas (como en Cuba y otros países), o bien se trate de cuestiones raciales; los efectos serán similares y las hambrunas serán las consecuencias casi inmediatas. Debe tenerse presente que la mayor hambruna de la historia fue promovida por Mao en la China comunista de los años 60, cuando la causa principal fue la reforma agraria de tipo socialista. En esa ocasión murieron entre 30 a 40 millones de chinos, según algunas estimaciones.
domingo, 30 de marzo de 2025
sábado, 29 de marzo de 2025
Beria y la época de Stalin
Por Alberto Amato
El torturador y violador serial que actuó como verdugo amparado por Stalin y fue ejecutado de un tiro en la frente acusado de traición.
Lavrenti Beria fue hombre de confianza de quien condujo a la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas entre 1924 y 1953. Fue el brazo ejecutor de las políticas de terror del stalinismo. Su ascenso, caída y muerte.
Lavrenti Beria se había ganado la confianza de Stalin no sólo en lo político. Tenía una relación personal, casi familiar con quien condujo la URSS con mano de hierro.
Fue un criminal. No fue el único de sus talentos, casi todos degradantes. También era un tipo capaz, inteligente, astuto, serpenteante, despiadado, infatigable, con una extraordinaria capacidad para la adulación y el servilismo, de un impetuoso apetito sexual que lo convirtió en un violador serial en sus años de influencia como mano derecha de José Stalin, el líder de la Unión Soviética; también desplegaba una rebuscada crueldad y un sadismo indecible que lo hacía un placentero espectador y a menudo ejecutor de las terribles torturas a las que el estalinismo sometió a opositores, viejos amigos caídos en desgracia o sospechosos de cualquier cosa.
Su sólo nombre, Lavrenti Beria, provocaba terror. Y el terror lo mató a cien días de la muerte de Stalin, con el que había cimentado una curiosa relación de amor que devino en desconfianza y odio: lo normal en aquella cofradía de sanguinarios, con la paranoia incrustada en el torrente sanguíneo, que gobernó con mano de hierro una tierra rica y devastada. Cualquier semejanza con la Rusia de hoy, no es mera coincidencia. Metido en el aparato de inteligencia soviética primero, como cabeza de la temida NKVD luego, Beria encarnó, aunque no fue el promotor, el Gran Terror que Stalin desató entre agosto de 1937 y noviembre de 1938. Las cifras de víctimas es incalculable; las aproximaciones hablan de setecientas cincuenta mil ejecuciones que siguieron a parodias de juicio, lo que hace un promedio de cincuenta mil ejecuciones por mes. Entre los ejecutados figuraron cerca de treinta mil oficiales del Ejército Rojo, y la vieja guardia bolchevique que habían forjado la Revolución Rusa.
Caer en manos de Beria implicaba tortura, juicio y fusilamiento, en el mejor de los casos; si no era así, las alternativas contemplaban el envenenamiento, o el secuestro y la desaparición; para los casos más benévolos estaban reservados los gulags, los campos de trabajos forzados donde agonizaban millones de personas. El 10 de marzo de 1939, mil novecientos delegados al XVIII Congreso del Partido Comunista se reunieron para declarar el fin de la matanza que, por otro lado, parecía haberse descontrolado. Se acercaba la guerra en Europa y si bien Stalin había firmado un pacto de no agresión con la Alemania de Adolfo Hitler, las constantes purgas amenazaban la operatividad de las fuerzas armadas en caso de que fuesen necesarias. Beria entonces liberó a miles de personas de los campos de concentración soviéticos, la URSS admitió “algunas injusticias” entre las miles de muertes que el Gran Terror había provocado, culpó, marca registrada de la URSS, a su antecesor, Nicolai Yezhov, que fue ejecutado y al que el propio Beria había ayudado a derribar, impulsado por Stalin, e inició una gigantesca purga en el NKVD para reemplazar a la mayor parte de sus miembros por gente del Cáucaso.
Tanto era el terror que Beria había impuesto en el imperio de Stalin, que en las propias narices del dictador se contaba un cuento muy festejado: Stalin perdía su famosa pipa, nadie podía encontrarla y le piden a Beria una investigación. Dos días después, Stalin llama a Beria con una buena noticia: “Camarada Beria, suspendé todo. Mi pipa ya apareció, se había caído debajo de uno de los sillones del gran salón”. Y Beria: “No puede ser, camarada Stalin. Yo ya tengo a tres tipos que confesaron habértela robado…”.
José Stalin llevó a la cima del poder a Lavrenti Beria y luego lo señaló como un enemigo. Beria era georgiano, como Stalin. Había nacido el 31 de marzo de 1899, según el calendario gregoriano, cerca de Sujumi, en la zona de Mingrelia, Abjasia, que hoy es república: una región histórica del noreste de Georgia que luego del triunfo de la Revolución Rusa pasó a formar parte de la Transcaucasia. Era hijo de un campesino abjasio y de una madre georgiana sumamente piadosa. Estudió en un instituto politécnico, que es hoy la Academia Estatal de Petróleo de Azerbaiyán donde se graduó como arquitecto constructor.
Como todo en la vida de Beria, lo que no está oculto es difuso. Parece que se alió con los bolcheviques triunfantes en 1917, pero que también sirvió como agente doble anticomunista al servicio del gobierno de Bakú, la capital azerbaiyana, durante los terribles años de la guerra civil que estalló no bien Vladimir Lenin y los suyos ocuparon el poder en Moscú. Fue un aliado de Stalin, Sergéi Kirov, el que lo salvó de ser fusilado. Se metió con la fuerza de los conversos en los servicios de inteligencia caucásicos y fue un “chekista” de primera. La Cheka fue la primera policía política de la URSS que fue creada en diciembre de 1917, al mes del triunfo de la Revolución Rusa. Sucedió a la antigua y temida “Ojrana” zarista: cambiaron los nombres, pero no los métodos ni quienes lo aplicaban bajo el dominio del zar.
Beria viajó en los años ‘20 a Checoslovaquia, donde aprendió los rudimentos del checo, el alemán y el francés. Cuando los soviéticos conquistaron Georgia, en febrero de 1921, Beria fue enviado a Tiflis para organizar la nueva cheka georgiana. Se casó allí con Nina Gueguechkori y tuvieron un hijo, Sergo, que nació en 1924. El nombre Sergo era un homenaje de Beria a su protector y mentor, Grigori Ordzhonikidze, a quien por razones obvias rebautizaron como Sergo, que era miembro del Politburó y amigo personal de Stalin. Cayó en desgracia cuando el dictador cuestionó su lealtad y las purgas empezaron a liquidar a sus antiguos camaradas: se suicidó en febrero de 1937.
Cuando Beria llegó a Moscú, según la descripción del gran biógrafo de Stalin, el británico Simon Sebag Montefiore, era un hombre “calvo, bajito y ágil, con una cara ancha y carnosa, unos labios gordezuelos y sensuales y unos ‘ojos de serpiente’ siempre parpadeantes, ocultos tras unos anteojos deslumbrantes”.
Por alguna razón desconocida, aunque Stalin no precisaba ninguna, que tal vez remita a que ambos eran georgianos o a la astucia de Beria, Stalin lo incorporó de inmediato a su núcleo íntimo: al político y al familiar. En 1934 lo invitó, junto a su esposa Nina, al Kremlin para que viera una película junto a otros miembros del Politburó. La pareja fue con su hijo Sergo, de diez años, que se hizo muy amigo de Svetlana, la hija de Stalin. Vieron “Los tres cerditos”, dibujos animados, y después los mayores se lanzaron a la mesa de un banquete en el que cantaron canciones georgianas. Cuando el chico Beria tuvo frío, Stalin lo cubrió con su abrigo de piel de lobo antes de llevarlo a la cama.
Cuatro años después, cuando Stalin liquidó a la vieja guardia bolchevique, nombró a Beria jefe del NKVD, el Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos de la Unión Soviética. Beria tuvo que asumir de inmediato porque esa misma noche, Stalin y su Jefe de Gobierno, Viacheslav Molotov, firmaron la orden de fusilamiento de tres mil ciento setenta y seis personas. La misma noche de su nombramiento, Beria se encargó de la suerte del prestigioso mariscal Vasili Bliujer, que había sido destituido en octubre, acusado de espiar para los japoneses, acusación que no estaba sostenida por ninguna prueba. Bliujer se negó a ser juzgado y nunca fue sometido a proceso, pero fue ferozmente torturado para arrancarle una confesión. No lo hizo. Aquella noche, Beria se presentó en la cárcel de Lefórtovo para torturar él mismo al destituido mariscal. Lo hizo con la compañía de tres de sus torturadores favoritos que también eran sus custodios. En medio de su delirio, Bliujer gritó: “¡Stalin! ¡¿Oyes lo que me están haciendo?”. Lo torturaron con tanta saña que le arrancaron un ojo y le provocaron la muerte. Beria informó a Stalin, que ordenó incinerar el cadáver. Bliujer fue exonerado en 1957 por Nikita Khruschev.
Durante la guerra, Beria encontró tiempo para llevar adelante “una vida sexual vampírica –según Sebag Montefiore– en la que se mezclaban el amor, la violación y la perversión en dosis casi iguales”. Durante años los investigadores pensaron que la historia del Beria violador era una exageración de sus enemigos, lanzada después de su muerte. Pero la apertura de los archivos de sus propios interrogatorios, las declaraciones de los testigos e incluso de las víctimas de sus violaciones echaron luz sobre un depredador sexual que usó su poder para permitirse todo tipo de depravaciones en forma casi obsesiva. Cita Sebag Montefiore: “El inventario del contenido de su escritorio llevado a cabo más tarde, cuando fuera detenido, revela cuáles eran sus intereses: el poder, el terror y el sexo. En su despacho, Beria guardaba elementos para torturar a la gente y una colección de ropa interior de mujer, juguetes sexuales y pornografía (…) Se descubrió que guardaba once pares de medias de seda, once ligueros de seda, siete saltos de cama también de seda, conjuntos de ropas deportivas de mujer, lusas, pañuelos de seda, infinitas cartas de amor obscenas y ‘una gran cantidad de objetos propios de un libertino’”.
Algunas mujeres aceptaban los abusos de Beria para garantizar su propia libertad o la de algún ser querido. Fue el caso de la actriz Tatiana Okunevskaya, a quien Beria llevó a su residencia con la excusa de que actuara para algunos miembros del Politburó. No había nadie. Beria le prometió liberar de la prisión a su padre y a su abuela y luego la violó mientras le decía: “Grites o no, no importa”. La promesa de Beria era imposible de cumplir: el padre y la abuela de Okunevskaya habían sido ejecutados meses antes por orden del propio Beria. La actriz fue luego arrestada y enviada a un confinamiento solitario en un gulag. Sobrevivió y fue liberada en 1954 por Khruschev.
Es muy probable que Beria haya asesinado a varias de sus víctimas sexuales, muchas de ellas desconocidas porque eran secuestradas en las calles por los agentes de la NKVD o por el propio Beria. En 1993, durante la instalación de un nuevo alumbrado público en Moscú, los obreros desenterraron restos humanos, cráneos, huesos pélvicos y fémures cerca de la que había sido la residencia de Beria. Cinco años después, en 1998, ahora en los terrenos de la que había sido la residencia de Beria y albergaba entonces a la embajada de Túnez, una cuadrilla de operarios que instalaba una nueva tubería en el lugar descubrió los esqueletos de cinco mujeres jóvenes que habían sido ejecutadas de un disparo en la base del cráneo y enterradas desnudas según los forenses, que fijaron la fecha del enterramiento en 1949.
Durante la guerra, Beria se convirtió en el tipo más eficaz para llevar adelante los caprichos, las estrategias y las paranoias de Stalin. Si bien las grandes purgas hacia el interior de la URSS se frenaron, se desataron en las poblaciones bajo el dominio soviético: contra los polacos en la zona dominada por los rusos luego de la invasión alemana de septiembre de 1939, contra los ucranianos occidentales, los moldavos, los lituanos, los letones y los estonios. Entre 1940 y 1941 cerca de doscientos mil habitantes de los países bálticos fueron enviados a los gulags soviéticos. Esas deportaciones alcanzarían luego al diez por ciento de la población de las antiguas repúblicas bálticas. Sólo en 1943, cuando la guerra se dio vuelta luego de Stalingrado y los alemanes enfilaron su retirada hacia Berlín, Beria detuvo a novecientas treinta y un mil quinientas personas en los “territorios liberados”.
En 1940 Beria presentó a Stalin un plan para eliminar en Polonia a “los enemigos declarados del régimen soviético y que odian el sistema soviético”. Eran palabras que ocultaban la intención de desmantelar la estructura nacional polaca. Entre esos “enemigos” figuraban gran parte de la oficialidad militar de Polonia, presa en cuatro campos de concentración, uno vecino a los bosques de Katyn. El destino de los militares fue decidido en una reunión del Politburó soviético del 5 de marzo de 1940, cuando todavía la URSS no había entrado en la Segunda Guerra. Cerca de veintidós mil polacos fueron asesinados entre abril y mayo de 1940 en el campo vecino a Katyn y en las prisiones de las ciudades de Kalinin, Jarkov y Koselsk y en otros campos instalados en Rusia. Cerca de ocho mil de los ejecutados eran oficiales polacos “prisioneros de guerra” de un país que no estaba en guerra; otros seis mil eran policías, gendarmes, guardias de prisiones y funcionarios de inteligencia; el resto eran civiles parte de la intelectualidad polaca: profesores, artistas, investigadores e historiadores, terratenientes, dueños de empresas, abogados y sacerdotes católicos.
Sólo en el campo ruso de Ostashkov una sola persona, el mayor del Ejército Rojo Vladimir Blojin, se encargó del mayor asesinato en masa cometido por una sola persona. Junto a dos miembros de la cheka preparó un barracón con paredes acolchadas e insonorizadas y se impuso una cuota de doscientos asesinatos diarios: en veintiocho noches mató a siete mil hombres, con un balazo en la nuca disparado a través de un agujero de la pared con una pistola Walther alemana, para evitar identificaciones posteriores y echar la culpa de la matanza a los nazis. Cuatro mil quinientos oficiales polacos, asesinados en el campo de Kozelsk, fueron enterrados en los bosques de Katyn, vecinos a la ciudad rusa de Smolensk. Cuatro millones de polacos que vivían en la Polonia anexionada por Stalin, fueron enviados en los meses siguientes a los gulags soviéticos. Los historiadores calculan que sólo uno de cada tres logró sobrevivir y fue repatriado a Polonia tras la muerte de Stalin. Beria fue el artífice del desmantelamiento de Polonia y luego de la deportación genocida de varios pueblos soviéticos, entre ellos tártaros y chechenos.
Fue un hombre que, a la distancia, respondía a la NKVD que dirigía Beria quien asesinó en México a León Trotsky, el gran enemigo de Stalin. Uno de los jefes de la inteligencia soviética, Nahum Eitingon, conocido como “Kotov”, que en 1933 vivía en Estados Unidos como supervisor clandestino de una red de espías, comprometió en su plan de asesinato a Caridad y Ramón Mercader, madre e hijo, dos comunistas españoles aunque la mujer había nacido en Cuba. En mayo de 1940, Ramón Mercader logró integrar el círculo íntimo de Trotsky, que vivía muy custodiado, a través de una de sus secretarias, Silvia Ageloff, con la que mantuvo un noviazgo planeado sólo para cometer el asesinato.
A las cinco y veinte de la tarde del 20 de agosto de 1940, Mercader apareció en la casa de Trotsky, abrigo en mano, y dijo que quería mostrarle un artículo que había escrito. Subió al despacho de Trotsky y lo encontró sentado en su escritorio, leyendo unos papeles; se colocó a su espalda y le clavó en la cabeza un pico de montañista. Trotsky murió al día siguiente.
Beria, el implacable verdugo de Stalin, se anotó esa muerte en su favor: el plan del asesinato había sido elaborado por uno de sus agentes en la NKVD. También fueron agentes de Beria, o de alguna manera ligados a la NKVD, quienes integraron la famosa “Orquesta Roja”, una red de espionaje que descubrió y pasó a la URSS la estrategia alemana en la crucial Batalla de Stalingrado, entre otros datos operativos esenciales de los nazis en el frente del Este europeo. El jefe del espionaje alemán, almirante Wilhelm Canaris, dijo que “Orquesta roja” había matado al menos a doscientos mil soldados alemanes.
Cuando terminó la guerra, la Gran Guerra Patria para los soviéticos, Beria fue uno de los funcionarios más activos en la preparación de las reuniones de los tres grandes, Stalin, Winston Churchill y Franklin D. Roosevelt, en Teherán y en Yalta. Beria colocó micrófonos en la habitación de Roosevelt en Teherán y puso a un hombre de su confianza a escuchar qué se decía: su hijo Sergo. Fue durante una cena de los tres grandes, en el Palacio Yusupov de Yalta, cuando Roosevelt se fijó en un hombre silencioso y extraño que le había llamado la atención. Le preguntó a Stalin: “¿Quién es ese hombre con lentes que está sentado frente al embajador Gromiko?”. Y Stalin, con malicia, dijo: “¡Ah, ése! Ése es nuestro Himmler. Se llama Beria”.
Beria lo oyó y se limitó a sonreír con tristeza pero “debió sentirse herido en lo más profundo”, escribió en su libro “Mi padre. Dentro del Kremlin de Stalin”, su hijo Sergo. Hasta Roosevelt se sintió incómodo ante el comentario. Los americanos se fijaron en Beria: “Es bajito y gordito, y lleva unos lentes gruesos que le dan un aspecto siniestro, pero bastante genial”. El comentario de Stalin mostraba el desdén que el dictador empezaba a sentir por su verdugo, provocado por las ambiciones políticas que Beria empezaba a mostrar para sucederlo en el poder.
La guerra le había costado caro a la URSS: habían muerto casi veintiseis millones de personas y otros veintitantos millones no tenían hogar; el hambre hacía estragos; había estallado una guerra nacionalista en Ucrania, que Beria enfrentó junto a un político en ascenso, Nikita Khruschev, con un brutal enfrentamiento a los tres ejércitos que se disputaban el poder. Y, para colmo de los males, Stalin sabía, se lo había sugerido Harry Truman en la conferencia de Potsdam, que Estados Unidos disponía de un arma de enorme poder. Era la bomba atómica. Después de Hiroshima, el mismo 6 de agosto de 1945, Stalin dijo “El equilibrio se ha roto. Eso no puede ser” y puso a Beria al frente de la “Tarea Número Uno”, una especie de “politburó atómico” destinado a que la URSS desarrollara su primera arma nuclear. Beria, según su estilo, lo tomó como la misión de su vida. Lo era. Lo colocaba casi en la cima del poder.
La historia de la primera arma nuclear soviética es apasionante: Beria empleó su arma más conocida, el terror, para manejar a entre trescientas treinta y cuatrocientas sesenta mil personas embarcadas en el plan, junto a diez mil técnicos. La lógica estaliniana lo regía todo. El control estricto de Beria sobre los científicos soviéticos merecía cierta dispensa de Stalin: “Dejálos en paz… Siempre podemos fusilarlos después…”. Además del ejército de militares, civiles y científicos civiles y militares, fue el espionaje de la NKVD el que consiguió de Estados Unidos los datos esenciales para desarrollar la bomba. Cuando a las seis de tarde del 29 de agosto de 1949, Beria contempló a diez kilómetros de distancia el estallido de la primera bomba atómica soviética, quiso saber, excitado: “¿Es como la americana? ¿No la habremos cagado?”.
En los años siguientes, el creciente deterioro en la salud de Stalin, las ambiciones de poder de Beria, sus planes de drásticas reformas liberales que abarcaban incluso parte de la política exterior de la URSS y los secretos sobre toda la jerarquía soviética que atesoraba en sus cajas fuertes, lo convirtieron en un enemigo temido. Beria anunció una gran amnistía para los presos políticos e intentó establecer relaciones con Occidente como parte de esas reformas, y llegó a decir: “La URSS no será grande hasta que no admita la propiedad privada”. A su modo, fue un Gorbachov adelantado, con el embrión de una “perestroika” en el centro de sus ambiciones.
Partido por la artritis, con una arterioesclerosis galopante, con leves desmayos continuos, avergonzado por sus fallos de memoria, torturado por una gingivitis y por su dentadura postiza, paranoico y furioso, Stalin se acercó al final de su vida con un fiero odio hacia Beria. Era mutuo. El domingo 1 de marzo de 1953, Stalin cayó derrumbado por un derrame cerebral. Nadie lo descubrió porque nadie se atrevió a despertar al dictador. Cuando lo hicieron, cuando por fin dos oficiales entraron al dormitorio, lo encontraron tendido en la alfombra, vestido con un pantalón pijama y una camiseta; estaba apoyado sobre una mano, en una rara posición, consciente, pero inmóvil. Levantó un poco la mano al ver a uno de los guardias, el comandante auxiliar Piotr Lozgachev para llamar su atención. Lozgachev corrió a su lado: “¿Qué le pasa, camarada Stalin?”. Como respuesta le llegó un extraño sonido, mitad silbido, mitad gruñido. Stalin se había orinado encima.
Nadie intervino hasta que no llegó parte de la jerarquía del Kremlin a la “dacha” de Stalin, en la antigua ciudad de Kuntsevo, un suburbio a diecisiete kilómetros de Moscú, que era el refugio personal de Stalin. Nadie intervino después: los médicos fueron llamados con mucha demora mientras Stalin agonizaba; fue una demora criminal y en ella estuvieron involucrados Beria, Nikita Khruschev y Gueorgui Malenkov. El historiador británico Sebag Montefiore afirma que, luego de la muerte de Stalin, Beria dijo: “Yo lo maté y los salvé a todos ustedes”. Y arriesga: “Investigaciones recientes indican que tal vez Beria echara en el vino de Stalin un fármaco anticoagulante a base de sodio cristalino, que, al cabo de varios días, fuera el detonante del ataque de apoplejía”.
Stalin agonizó cuatro días, murió el 5 de marzo. Alrededor de su lecho, ante los ojos de su hija Svetlana que acusó a los jerarcas del Kremlin de dejar morir a su padre, se apiñaron además de Khruschev y de Lazar Kaganovich, cabeza del PC, varios miembros del Politburó, entre ellos el mariscal Klim Voroshilov, comisario de Defensa, Viascheslav Molotov, primer ministro de Asuntos Exteriores, Anastas Mikoyan, entonces ministro de Comercio. Y, por supuesto, el verdugo Beria.
A Molotov le pareció que “Beria estaba al mando” en esos cuatro días. Cada quien expresaba su pena a su modo: había lágrimas, falsas o sinceras, rostros graves y ensombrecidos o inexpresivos como el de Beria. Voroshilov se dirigió al moribundo con mucho respeto: “Camarada Stalin –dijo– somos nosotros, tus fieles amigos y camaradas. Estamos aquí, ¿Cómo te sientes, querido amigo?”. La cara de Stalin estaba deformada: intentaba reaccionar pero nunca llegó a recobrar la conciencia.
En medio de esa tensión, Beria armó un show lamentable. Cuando el dictador cerró los ojos para ya no abrirlos más Beria lo imaginó muerto. Entonces lo insultó, le hizo saber cuánto le odiaba y hasta lo escupió. Pero Stalin movió apenas sus párpados, tal vez un movimiento reflejo, o acaso algo más. Beria entonces se lanzó a besar sus manos, arrodillado a la vera del lecho y envuelto en llanto.
Beria fue uno de los tres oradores en los funerales de Stalin. Le quedaban cien días de vida, pero no lo sabía. Subestimó un poco a Khruschev y a Malenkov, que eran sus enemigos y se movían con más cautela que él, que fue designado adjunto a la jefatura de lo que luego sería la KGB. Con su cargo de espía recobró su apodo de “ojos de serpiente”, y no vio, o no quiso ver, que la ascensión de Khruschev como secretario del PC constituía una pérdida de peso político en su gestión.
Promovió sus reformas radicales, prohibió las torturas en las prisiones, aquel trueno que se había hartado de lacerar la carne de los presos soviéticos, dictó una política de mayores libertades hacia las minorías étnicas, el mismo trueno que había deportado a millones hacia los gulags, y anunció su deseo de reducir la responsabilidad del PC en la administración directa de la economía para que la manejaran cuadros técnicos y no políticos.
Esas reformas eran inadmisibles. Pero para la jerarquía soviética Beria era mucho más peligroso por los secretos que atesoraba, había espiado durante años las comunicaciones de todos y cada uno de los miembros del Politburó y del Partido Comunista: era más peligroso si hablaba, que si instrumentaba sus reformas imposibles. Decidieron eliminarlo. El sistema que Beria había implantado en la URSS y que le había permitido dominar durante años el escenario político y social de su país, se había vuelto contra él y le tendía la misma trampa que Beria había tendido a otros.
Los conspiradores contra Beria, temerosos de los tentáculos del servicio secreto que todavía manejaba, aunque había sido apartado en 1945 de la NKVD, mantuvieron sus conversaciones y tramaron el golpe contra Beria en las calles y al aire libre. Molotov fue quien más apoyó la ejecución, contra la postura de Anastas Mikoyán, que sugería enviarlo al extranjero. Los conspiradores se decidieron por el arresto y la ejecución. ¿Quién lo haría? Bajo las órdenes de Beria estaban todas las fuerzas policiales y de los servicios especiales. Khruschev pensó entonces en el mariscal Georgy Zhukov, el héroe que había conquistado Berlín en los días decisivos de la Segunda Guerra, y que había caído en desgracia en los años de Stalin porque el dictador envidiaba su fama y su popularidad. Zhukov, que tenía el apoyo del ejército, recibió el cargo de viceministro de Defensa y dirigió la operación para apresar a Beria.
El 26 de junio de 1953, Khruschev convocó al Presidium soviético donde acusaron a Beria de ser un espía británico. Beria, que conocía de sobra esos métodos, preguntó: “¿Qué sucede, Nikita Sergéievich?”, pero Khruschev no le dio respuesta alguna. Enseguida Molotov acusó a Beria de conspiración y Malenkov llamó al mariscal Zhukov que entró al salón con un grupo de oficiales armados. “Le sugiero –le dijo Malenkov con tono respetuoso–que usted, como jefe del Consejo de Ministros, detenga a Beria”. Zhukov le ordenó a Beria: “¡Arriba las manos!”, y le aferró una cuando en un gesto reflejo Beria intentó tomar su maletín.
Fue detenido en el Kremlin hasta la noche y luego lo llevaron al búnker del cuartel general de Defensa de Moscú. Ese mismo día fue despojado de todos sus cargos y condecoraciones. Una semana después, a inicios de julio, durante el Pleno del Comité Central del Partido Comunista, Malenkov, Khruschev y otros conspiradores lo denunciaron por “actividades maliciosas”, traición, conspiración para tomar el poder, colaboración con la inteligencia extranjera y hasta de haber llevado adelante el proyecto nuclear soviético sin el conocimiento del Partido.
El arresto de Beria se mantuvo en secreto para poder dar caza a todos sus principales hombres, que eran muchos, mientras las fuerzas de la NKVD eran desarmadas. Recién el 10 de julio el “Pravda” anunció la prisión de Beria a quien culpó de “actividades ilegales contra el Partido y el Estado”. En diciembre hubo nuevas acusaciones contra Beria: decían que desde hacía años estaba pagado por agencias de inteligencia extranjeras que buscaban derrocar al gobierno comunista de la URSS.
Beria fue juzgado por un “tribunal especial”, sin defensa y sin derecho a apelación. Lo condenaron a muerte junto a seis cómplices. No fue una ceremonia militar. Beria fue llevado a los sótanos de la prisión en ropa interior, lloraba a gritos y pedía misericordia: el general Pavel Batitsky le disparó con su rifle en la frente. Su cuerpo fue cremado.
(De www.infobae.com)
El torturador y violador serial que actuó como verdugo amparado por Stalin y fue ejecutado de un tiro en la frente acusado de traición.
Lavrenti Beria fue hombre de confianza de quien condujo a la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas entre 1924 y 1953. Fue el brazo ejecutor de las políticas de terror del stalinismo. Su ascenso, caída y muerte.
Lavrenti Beria se había ganado la confianza de Stalin no sólo en lo político. Tenía una relación personal, casi familiar con quien condujo la URSS con mano de hierro.
Fue un criminal. No fue el único de sus talentos, casi todos degradantes. También era un tipo capaz, inteligente, astuto, serpenteante, despiadado, infatigable, con una extraordinaria capacidad para la adulación y el servilismo, de un impetuoso apetito sexual que lo convirtió en un violador serial en sus años de influencia como mano derecha de José Stalin, el líder de la Unión Soviética; también desplegaba una rebuscada crueldad y un sadismo indecible que lo hacía un placentero espectador y a menudo ejecutor de las terribles torturas a las que el estalinismo sometió a opositores, viejos amigos caídos en desgracia o sospechosos de cualquier cosa.
Su sólo nombre, Lavrenti Beria, provocaba terror. Y el terror lo mató a cien días de la muerte de Stalin, con el que había cimentado una curiosa relación de amor que devino en desconfianza y odio: lo normal en aquella cofradía de sanguinarios, con la paranoia incrustada en el torrente sanguíneo, que gobernó con mano de hierro una tierra rica y devastada. Cualquier semejanza con la Rusia de hoy, no es mera coincidencia. Metido en el aparato de inteligencia soviética primero, como cabeza de la temida NKVD luego, Beria encarnó, aunque no fue el promotor, el Gran Terror que Stalin desató entre agosto de 1937 y noviembre de 1938. Las cifras de víctimas es incalculable; las aproximaciones hablan de setecientas cincuenta mil ejecuciones que siguieron a parodias de juicio, lo que hace un promedio de cincuenta mil ejecuciones por mes. Entre los ejecutados figuraron cerca de treinta mil oficiales del Ejército Rojo, y la vieja guardia bolchevique que habían forjado la Revolución Rusa.
Caer en manos de Beria implicaba tortura, juicio y fusilamiento, en el mejor de los casos; si no era así, las alternativas contemplaban el envenenamiento, o el secuestro y la desaparición; para los casos más benévolos estaban reservados los gulags, los campos de trabajos forzados donde agonizaban millones de personas. El 10 de marzo de 1939, mil novecientos delegados al XVIII Congreso del Partido Comunista se reunieron para declarar el fin de la matanza que, por otro lado, parecía haberse descontrolado. Se acercaba la guerra en Europa y si bien Stalin había firmado un pacto de no agresión con la Alemania de Adolfo Hitler, las constantes purgas amenazaban la operatividad de las fuerzas armadas en caso de que fuesen necesarias. Beria entonces liberó a miles de personas de los campos de concentración soviéticos, la URSS admitió “algunas injusticias” entre las miles de muertes que el Gran Terror había provocado, culpó, marca registrada de la URSS, a su antecesor, Nicolai Yezhov, que fue ejecutado y al que el propio Beria había ayudado a derribar, impulsado por Stalin, e inició una gigantesca purga en el NKVD para reemplazar a la mayor parte de sus miembros por gente del Cáucaso.
Tanto era el terror que Beria había impuesto en el imperio de Stalin, que en las propias narices del dictador se contaba un cuento muy festejado: Stalin perdía su famosa pipa, nadie podía encontrarla y le piden a Beria una investigación. Dos días después, Stalin llama a Beria con una buena noticia: “Camarada Beria, suspendé todo. Mi pipa ya apareció, se había caído debajo de uno de los sillones del gran salón”. Y Beria: “No puede ser, camarada Stalin. Yo ya tengo a tres tipos que confesaron habértela robado…”.
José Stalin llevó a la cima del poder a Lavrenti Beria y luego lo señaló como un enemigo. Beria era georgiano, como Stalin. Había nacido el 31 de marzo de 1899, según el calendario gregoriano, cerca de Sujumi, en la zona de Mingrelia, Abjasia, que hoy es república: una región histórica del noreste de Georgia que luego del triunfo de la Revolución Rusa pasó a formar parte de la Transcaucasia. Era hijo de un campesino abjasio y de una madre georgiana sumamente piadosa. Estudió en un instituto politécnico, que es hoy la Academia Estatal de Petróleo de Azerbaiyán donde se graduó como arquitecto constructor.
Como todo en la vida de Beria, lo que no está oculto es difuso. Parece que se alió con los bolcheviques triunfantes en 1917, pero que también sirvió como agente doble anticomunista al servicio del gobierno de Bakú, la capital azerbaiyana, durante los terribles años de la guerra civil que estalló no bien Vladimir Lenin y los suyos ocuparon el poder en Moscú. Fue un aliado de Stalin, Sergéi Kirov, el que lo salvó de ser fusilado. Se metió con la fuerza de los conversos en los servicios de inteligencia caucásicos y fue un “chekista” de primera. La Cheka fue la primera policía política de la URSS que fue creada en diciembre de 1917, al mes del triunfo de la Revolución Rusa. Sucedió a la antigua y temida “Ojrana” zarista: cambiaron los nombres, pero no los métodos ni quienes lo aplicaban bajo el dominio del zar.
Beria viajó en los años ‘20 a Checoslovaquia, donde aprendió los rudimentos del checo, el alemán y el francés. Cuando los soviéticos conquistaron Georgia, en febrero de 1921, Beria fue enviado a Tiflis para organizar la nueva cheka georgiana. Se casó allí con Nina Gueguechkori y tuvieron un hijo, Sergo, que nació en 1924. El nombre Sergo era un homenaje de Beria a su protector y mentor, Grigori Ordzhonikidze, a quien por razones obvias rebautizaron como Sergo, que era miembro del Politburó y amigo personal de Stalin. Cayó en desgracia cuando el dictador cuestionó su lealtad y las purgas empezaron a liquidar a sus antiguos camaradas: se suicidó en febrero de 1937.
Cuando Beria llegó a Moscú, según la descripción del gran biógrafo de Stalin, el británico Simon Sebag Montefiore, era un hombre “calvo, bajito y ágil, con una cara ancha y carnosa, unos labios gordezuelos y sensuales y unos ‘ojos de serpiente’ siempre parpadeantes, ocultos tras unos anteojos deslumbrantes”.
Por alguna razón desconocida, aunque Stalin no precisaba ninguna, que tal vez remita a que ambos eran georgianos o a la astucia de Beria, Stalin lo incorporó de inmediato a su núcleo íntimo: al político y al familiar. En 1934 lo invitó, junto a su esposa Nina, al Kremlin para que viera una película junto a otros miembros del Politburó. La pareja fue con su hijo Sergo, de diez años, que se hizo muy amigo de Svetlana, la hija de Stalin. Vieron “Los tres cerditos”, dibujos animados, y después los mayores se lanzaron a la mesa de un banquete en el que cantaron canciones georgianas. Cuando el chico Beria tuvo frío, Stalin lo cubrió con su abrigo de piel de lobo antes de llevarlo a la cama.
Cuatro años después, cuando Stalin liquidó a la vieja guardia bolchevique, nombró a Beria jefe del NKVD, el Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos de la Unión Soviética. Beria tuvo que asumir de inmediato porque esa misma noche, Stalin y su Jefe de Gobierno, Viacheslav Molotov, firmaron la orden de fusilamiento de tres mil ciento setenta y seis personas. La misma noche de su nombramiento, Beria se encargó de la suerte del prestigioso mariscal Vasili Bliujer, que había sido destituido en octubre, acusado de espiar para los japoneses, acusación que no estaba sostenida por ninguna prueba. Bliujer se negó a ser juzgado y nunca fue sometido a proceso, pero fue ferozmente torturado para arrancarle una confesión. No lo hizo. Aquella noche, Beria se presentó en la cárcel de Lefórtovo para torturar él mismo al destituido mariscal. Lo hizo con la compañía de tres de sus torturadores favoritos que también eran sus custodios. En medio de su delirio, Bliujer gritó: “¡Stalin! ¡¿Oyes lo que me están haciendo?”. Lo torturaron con tanta saña que le arrancaron un ojo y le provocaron la muerte. Beria informó a Stalin, que ordenó incinerar el cadáver. Bliujer fue exonerado en 1957 por Nikita Khruschev.
Durante la guerra, Beria encontró tiempo para llevar adelante “una vida sexual vampírica –según Sebag Montefiore– en la que se mezclaban el amor, la violación y la perversión en dosis casi iguales”. Durante años los investigadores pensaron que la historia del Beria violador era una exageración de sus enemigos, lanzada después de su muerte. Pero la apertura de los archivos de sus propios interrogatorios, las declaraciones de los testigos e incluso de las víctimas de sus violaciones echaron luz sobre un depredador sexual que usó su poder para permitirse todo tipo de depravaciones en forma casi obsesiva. Cita Sebag Montefiore: “El inventario del contenido de su escritorio llevado a cabo más tarde, cuando fuera detenido, revela cuáles eran sus intereses: el poder, el terror y el sexo. En su despacho, Beria guardaba elementos para torturar a la gente y una colección de ropa interior de mujer, juguetes sexuales y pornografía (…) Se descubrió que guardaba once pares de medias de seda, once ligueros de seda, siete saltos de cama también de seda, conjuntos de ropas deportivas de mujer, lusas, pañuelos de seda, infinitas cartas de amor obscenas y ‘una gran cantidad de objetos propios de un libertino’”.
Algunas mujeres aceptaban los abusos de Beria para garantizar su propia libertad o la de algún ser querido. Fue el caso de la actriz Tatiana Okunevskaya, a quien Beria llevó a su residencia con la excusa de que actuara para algunos miembros del Politburó. No había nadie. Beria le prometió liberar de la prisión a su padre y a su abuela y luego la violó mientras le decía: “Grites o no, no importa”. La promesa de Beria era imposible de cumplir: el padre y la abuela de Okunevskaya habían sido ejecutados meses antes por orden del propio Beria. La actriz fue luego arrestada y enviada a un confinamiento solitario en un gulag. Sobrevivió y fue liberada en 1954 por Khruschev.
Es muy probable que Beria haya asesinado a varias de sus víctimas sexuales, muchas de ellas desconocidas porque eran secuestradas en las calles por los agentes de la NKVD o por el propio Beria. En 1993, durante la instalación de un nuevo alumbrado público en Moscú, los obreros desenterraron restos humanos, cráneos, huesos pélvicos y fémures cerca de la que había sido la residencia de Beria. Cinco años después, en 1998, ahora en los terrenos de la que había sido la residencia de Beria y albergaba entonces a la embajada de Túnez, una cuadrilla de operarios que instalaba una nueva tubería en el lugar descubrió los esqueletos de cinco mujeres jóvenes que habían sido ejecutadas de un disparo en la base del cráneo y enterradas desnudas según los forenses, que fijaron la fecha del enterramiento en 1949.
Durante la guerra, Beria se convirtió en el tipo más eficaz para llevar adelante los caprichos, las estrategias y las paranoias de Stalin. Si bien las grandes purgas hacia el interior de la URSS se frenaron, se desataron en las poblaciones bajo el dominio soviético: contra los polacos en la zona dominada por los rusos luego de la invasión alemana de septiembre de 1939, contra los ucranianos occidentales, los moldavos, los lituanos, los letones y los estonios. Entre 1940 y 1941 cerca de doscientos mil habitantes de los países bálticos fueron enviados a los gulags soviéticos. Esas deportaciones alcanzarían luego al diez por ciento de la población de las antiguas repúblicas bálticas. Sólo en 1943, cuando la guerra se dio vuelta luego de Stalingrado y los alemanes enfilaron su retirada hacia Berlín, Beria detuvo a novecientas treinta y un mil quinientas personas en los “territorios liberados”.
En 1940 Beria presentó a Stalin un plan para eliminar en Polonia a “los enemigos declarados del régimen soviético y que odian el sistema soviético”. Eran palabras que ocultaban la intención de desmantelar la estructura nacional polaca. Entre esos “enemigos” figuraban gran parte de la oficialidad militar de Polonia, presa en cuatro campos de concentración, uno vecino a los bosques de Katyn. El destino de los militares fue decidido en una reunión del Politburó soviético del 5 de marzo de 1940, cuando todavía la URSS no había entrado en la Segunda Guerra. Cerca de veintidós mil polacos fueron asesinados entre abril y mayo de 1940 en el campo vecino a Katyn y en las prisiones de las ciudades de Kalinin, Jarkov y Koselsk y en otros campos instalados en Rusia. Cerca de ocho mil de los ejecutados eran oficiales polacos “prisioneros de guerra” de un país que no estaba en guerra; otros seis mil eran policías, gendarmes, guardias de prisiones y funcionarios de inteligencia; el resto eran civiles parte de la intelectualidad polaca: profesores, artistas, investigadores e historiadores, terratenientes, dueños de empresas, abogados y sacerdotes católicos.
Sólo en el campo ruso de Ostashkov una sola persona, el mayor del Ejército Rojo Vladimir Blojin, se encargó del mayor asesinato en masa cometido por una sola persona. Junto a dos miembros de la cheka preparó un barracón con paredes acolchadas e insonorizadas y se impuso una cuota de doscientos asesinatos diarios: en veintiocho noches mató a siete mil hombres, con un balazo en la nuca disparado a través de un agujero de la pared con una pistola Walther alemana, para evitar identificaciones posteriores y echar la culpa de la matanza a los nazis. Cuatro mil quinientos oficiales polacos, asesinados en el campo de Kozelsk, fueron enterrados en los bosques de Katyn, vecinos a la ciudad rusa de Smolensk. Cuatro millones de polacos que vivían en la Polonia anexionada por Stalin, fueron enviados en los meses siguientes a los gulags soviéticos. Los historiadores calculan que sólo uno de cada tres logró sobrevivir y fue repatriado a Polonia tras la muerte de Stalin. Beria fue el artífice del desmantelamiento de Polonia y luego de la deportación genocida de varios pueblos soviéticos, entre ellos tártaros y chechenos.
Fue un hombre que, a la distancia, respondía a la NKVD que dirigía Beria quien asesinó en México a León Trotsky, el gran enemigo de Stalin. Uno de los jefes de la inteligencia soviética, Nahum Eitingon, conocido como “Kotov”, que en 1933 vivía en Estados Unidos como supervisor clandestino de una red de espías, comprometió en su plan de asesinato a Caridad y Ramón Mercader, madre e hijo, dos comunistas españoles aunque la mujer había nacido en Cuba. En mayo de 1940, Ramón Mercader logró integrar el círculo íntimo de Trotsky, que vivía muy custodiado, a través de una de sus secretarias, Silvia Ageloff, con la que mantuvo un noviazgo planeado sólo para cometer el asesinato.
A las cinco y veinte de la tarde del 20 de agosto de 1940, Mercader apareció en la casa de Trotsky, abrigo en mano, y dijo que quería mostrarle un artículo que había escrito. Subió al despacho de Trotsky y lo encontró sentado en su escritorio, leyendo unos papeles; se colocó a su espalda y le clavó en la cabeza un pico de montañista. Trotsky murió al día siguiente.
Beria, el implacable verdugo de Stalin, se anotó esa muerte en su favor: el plan del asesinato había sido elaborado por uno de sus agentes en la NKVD. También fueron agentes de Beria, o de alguna manera ligados a la NKVD, quienes integraron la famosa “Orquesta Roja”, una red de espionaje que descubrió y pasó a la URSS la estrategia alemana en la crucial Batalla de Stalingrado, entre otros datos operativos esenciales de los nazis en el frente del Este europeo. El jefe del espionaje alemán, almirante Wilhelm Canaris, dijo que “Orquesta roja” había matado al menos a doscientos mil soldados alemanes.
Cuando terminó la guerra, la Gran Guerra Patria para los soviéticos, Beria fue uno de los funcionarios más activos en la preparación de las reuniones de los tres grandes, Stalin, Winston Churchill y Franklin D. Roosevelt, en Teherán y en Yalta. Beria colocó micrófonos en la habitación de Roosevelt en Teherán y puso a un hombre de su confianza a escuchar qué se decía: su hijo Sergo. Fue durante una cena de los tres grandes, en el Palacio Yusupov de Yalta, cuando Roosevelt se fijó en un hombre silencioso y extraño que le había llamado la atención. Le preguntó a Stalin: “¿Quién es ese hombre con lentes que está sentado frente al embajador Gromiko?”. Y Stalin, con malicia, dijo: “¡Ah, ése! Ése es nuestro Himmler. Se llama Beria”.
Beria lo oyó y se limitó a sonreír con tristeza pero “debió sentirse herido en lo más profundo”, escribió en su libro “Mi padre. Dentro del Kremlin de Stalin”, su hijo Sergo. Hasta Roosevelt se sintió incómodo ante el comentario. Los americanos se fijaron en Beria: “Es bajito y gordito, y lleva unos lentes gruesos que le dan un aspecto siniestro, pero bastante genial”. El comentario de Stalin mostraba el desdén que el dictador empezaba a sentir por su verdugo, provocado por las ambiciones políticas que Beria empezaba a mostrar para sucederlo en el poder.
La guerra le había costado caro a la URSS: habían muerto casi veintiseis millones de personas y otros veintitantos millones no tenían hogar; el hambre hacía estragos; había estallado una guerra nacionalista en Ucrania, que Beria enfrentó junto a un político en ascenso, Nikita Khruschev, con un brutal enfrentamiento a los tres ejércitos que se disputaban el poder. Y, para colmo de los males, Stalin sabía, se lo había sugerido Harry Truman en la conferencia de Potsdam, que Estados Unidos disponía de un arma de enorme poder. Era la bomba atómica. Después de Hiroshima, el mismo 6 de agosto de 1945, Stalin dijo “El equilibrio se ha roto. Eso no puede ser” y puso a Beria al frente de la “Tarea Número Uno”, una especie de “politburó atómico” destinado a que la URSS desarrollara su primera arma nuclear. Beria, según su estilo, lo tomó como la misión de su vida. Lo era. Lo colocaba casi en la cima del poder.
La historia de la primera arma nuclear soviética es apasionante: Beria empleó su arma más conocida, el terror, para manejar a entre trescientas treinta y cuatrocientas sesenta mil personas embarcadas en el plan, junto a diez mil técnicos. La lógica estaliniana lo regía todo. El control estricto de Beria sobre los científicos soviéticos merecía cierta dispensa de Stalin: “Dejálos en paz… Siempre podemos fusilarlos después…”. Además del ejército de militares, civiles y científicos civiles y militares, fue el espionaje de la NKVD el que consiguió de Estados Unidos los datos esenciales para desarrollar la bomba. Cuando a las seis de tarde del 29 de agosto de 1949, Beria contempló a diez kilómetros de distancia el estallido de la primera bomba atómica soviética, quiso saber, excitado: “¿Es como la americana? ¿No la habremos cagado?”.
En los años siguientes, el creciente deterioro en la salud de Stalin, las ambiciones de poder de Beria, sus planes de drásticas reformas liberales que abarcaban incluso parte de la política exterior de la URSS y los secretos sobre toda la jerarquía soviética que atesoraba en sus cajas fuertes, lo convirtieron en un enemigo temido. Beria anunció una gran amnistía para los presos políticos e intentó establecer relaciones con Occidente como parte de esas reformas, y llegó a decir: “La URSS no será grande hasta que no admita la propiedad privada”. A su modo, fue un Gorbachov adelantado, con el embrión de una “perestroika” en el centro de sus ambiciones.
Partido por la artritis, con una arterioesclerosis galopante, con leves desmayos continuos, avergonzado por sus fallos de memoria, torturado por una gingivitis y por su dentadura postiza, paranoico y furioso, Stalin se acercó al final de su vida con un fiero odio hacia Beria. Era mutuo. El domingo 1 de marzo de 1953, Stalin cayó derrumbado por un derrame cerebral. Nadie lo descubrió porque nadie se atrevió a despertar al dictador. Cuando lo hicieron, cuando por fin dos oficiales entraron al dormitorio, lo encontraron tendido en la alfombra, vestido con un pantalón pijama y una camiseta; estaba apoyado sobre una mano, en una rara posición, consciente, pero inmóvil. Levantó un poco la mano al ver a uno de los guardias, el comandante auxiliar Piotr Lozgachev para llamar su atención. Lozgachev corrió a su lado: “¿Qué le pasa, camarada Stalin?”. Como respuesta le llegó un extraño sonido, mitad silbido, mitad gruñido. Stalin se había orinado encima.
Nadie intervino hasta que no llegó parte de la jerarquía del Kremlin a la “dacha” de Stalin, en la antigua ciudad de Kuntsevo, un suburbio a diecisiete kilómetros de Moscú, que era el refugio personal de Stalin. Nadie intervino después: los médicos fueron llamados con mucha demora mientras Stalin agonizaba; fue una demora criminal y en ella estuvieron involucrados Beria, Nikita Khruschev y Gueorgui Malenkov. El historiador británico Sebag Montefiore afirma que, luego de la muerte de Stalin, Beria dijo: “Yo lo maté y los salvé a todos ustedes”. Y arriesga: “Investigaciones recientes indican que tal vez Beria echara en el vino de Stalin un fármaco anticoagulante a base de sodio cristalino, que, al cabo de varios días, fuera el detonante del ataque de apoplejía”.
Stalin agonizó cuatro días, murió el 5 de marzo. Alrededor de su lecho, ante los ojos de su hija Svetlana que acusó a los jerarcas del Kremlin de dejar morir a su padre, se apiñaron además de Khruschev y de Lazar Kaganovich, cabeza del PC, varios miembros del Politburó, entre ellos el mariscal Klim Voroshilov, comisario de Defensa, Viascheslav Molotov, primer ministro de Asuntos Exteriores, Anastas Mikoyan, entonces ministro de Comercio. Y, por supuesto, el verdugo Beria.
A Molotov le pareció que “Beria estaba al mando” en esos cuatro días. Cada quien expresaba su pena a su modo: había lágrimas, falsas o sinceras, rostros graves y ensombrecidos o inexpresivos como el de Beria. Voroshilov se dirigió al moribundo con mucho respeto: “Camarada Stalin –dijo– somos nosotros, tus fieles amigos y camaradas. Estamos aquí, ¿Cómo te sientes, querido amigo?”. La cara de Stalin estaba deformada: intentaba reaccionar pero nunca llegó a recobrar la conciencia.
En medio de esa tensión, Beria armó un show lamentable. Cuando el dictador cerró los ojos para ya no abrirlos más Beria lo imaginó muerto. Entonces lo insultó, le hizo saber cuánto le odiaba y hasta lo escupió. Pero Stalin movió apenas sus párpados, tal vez un movimiento reflejo, o acaso algo más. Beria entonces se lanzó a besar sus manos, arrodillado a la vera del lecho y envuelto en llanto.
Beria fue uno de los tres oradores en los funerales de Stalin. Le quedaban cien días de vida, pero no lo sabía. Subestimó un poco a Khruschev y a Malenkov, que eran sus enemigos y se movían con más cautela que él, que fue designado adjunto a la jefatura de lo que luego sería la KGB. Con su cargo de espía recobró su apodo de “ojos de serpiente”, y no vio, o no quiso ver, que la ascensión de Khruschev como secretario del PC constituía una pérdida de peso político en su gestión.
Promovió sus reformas radicales, prohibió las torturas en las prisiones, aquel trueno que se había hartado de lacerar la carne de los presos soviéticos, dictó una política de mayores libertades hacia las minorías étnicas, el mismo trueno que había deportado a millones hacia los gulags, y anunció su deseo de reducir la responsabilidad del PC en la administración directa de la economía para que la manejaran cuadros técnicos y no políticos.
Esas reformas eran inadmisibles. Pero para la jerarquía soviética Beria era mucho más peligroso por los secretos que atesoraba, había espiado durante años las comunicaciones de todos y cada uno de los miembros del Politburó y del Partido Comunista: era más peligroso si hablaba, que si instrumentaba sus reformas imposibles. Decidieron eliminarlo. El sistema que Beria había implantado en la URSS y que le había permitido dominar durante años el escenario político y social de su país, se había vuelto contra él y le tendía la misma trampa que Beria había tendido a otros.
Los conspiradores contra Beria, temerosos de los tentáculos del servicio secreto que todavía manejaba, aunque había sido apartado en 1945 de la NKVD, mantuvieron sus conversaciones y tramaron el golpe contra Beria en las calles y al aire libre. Molotov fue quien más apoyó la ejecución, contra la postura de Anastas Mikoyán, que sugería enviarlo al extranjero. Los conspiradores se decidieron por el arresto y la ejecución. ¿Quién lo haría? Bajo las órdenes de Beria estaban todas las fuerzas policiales y de los servicios especiales. Khruschev pensó entonces en el mariscal Georgy Zhukov, el héroe que había conquistado Berlín en los días decisivos de la Segunda Guerra, y que había caído en desgracia en los años de Stalin porque el dictador envidiaba su fama y su popularidad. Zhukov, que tenía el apoyo del ejército, recibió el cargo de viceministro de Defensa y dirigió la operación para apresar a Beria.
El 26 de junio de 1953, Khruschev convocó al Presidium soviético donde acusaron a Beria de ser un espía británico. Beria, que conocía de sobra esos métodos, preguntó: “¿Qué sucede, Nikita Sergéievich?”, pero Khruschev no le dio respuesta alguna. Enseguida Molotov acusó a Beria de conspiración y Malenkov llamó al mariscal Zhukov que entró al salón con un grupo de oficiales armados. “Le sugiero –le dijo Malenkov con tono respetuoso–que usted, como jefe del Consejo de Ministros, detenga a Beria”. Zhukov le ordenó a Beria: “¡Arriba las manos!”, y le aferró una cuando en un gesto reflejo Beria intentó tomar su maletín.
Fue detenido en el Kremlin hasta la noche y luego lo llevaron al búnker del cuartel general de Defensa de Moscú. Ese mismo día fue despojado de todos sus cargos y condecoraciones. Una semana después, a inicios de julio, durante el Pleno del Comité Central del Partido Comunista, Malenkov, Khruschev y otros conspiradores lo denunciaron por “actividades maliciosas”, traición, conspiración para tomar el poder, colaboración con la inteligencia extranjera y hasta de haber llevado adelante el proyecto nuclear soviético sin el conocimiento del Partido.
El arresto de Beria se mantuvo en secreto para poder dar caza a todos sus principales hombres, que eran muchos, mientras las fuerzas de la NKVD eran desarmadas. Recién el 10 de julio el “Pravda” anunció la prisión de Beria a quien culpó de “actividades ilegales contra el Partido y el Estado”. En diciembre hubo nuevas acusaciones contra Beria: decían que desde hacía años estaba pagado por agencias de inteligencia extranjeras que buscaban derrocar al gobierno comunista de la URSS.
Beria fue juzgado por un “tribunal especial”, sin defensa y sin derecho a apelación. Lo condenaron a muerte junto a seis cómplices. No fue una ceremonia militar. Beria fue llevado a los sótanos de la prisión en ropa interior, lloraba a gritos y pedía misericordia: el general Pavel Batitsky le disparó con su rifle en la frente. Su cuerpo fue cremado.
(De www.infobae.com)
viernes, 28 de marzo de 2025
La autodestrucción de la Iglesia Católica
Cuesta bastante entender a los numerosos sacerdotes que, interiorizándose del contenido y alcance de la ética bíblica, han cometido abusos en contra de niños y adolescentes, por lo que ello da lugar a pensar que eligieron el sacerdocio para tener cierta seguridad económica personal sin apenas tener una vocación para la divulgación de las prédicas cristianas.
Mayor es el asombro cuando advertimos que, incluso desde el Vaticano, se predica abiertamente la adhesión católica al marxismo-leninismo, como si acaso no existiera información de todos los desastres sociales que se han producido bajo los gobiernos totalitarios que respondieron a tal ideología. Aun cuando muchos católicos rechacen tal adhesión al marxismo, persisten en una lucha absurda en contra del liberalismo, lo que equivale a coincidir con el marxismo en su lucha contra la democracia política y la democracia económica.
Cuando se produce tal desviación de la ética bíblica, puede afirmarse que la Iglesia Católica ha perdido su esencia y su razón de ser. Si bien alguien puede decir que muchos sacerdotes jóvenes desconocen las catástrofes sociales promovidas por el comunismo en Rusia, China y muchos otros países, con unas cien millones de víctimas, resulta inadmisible que no hayan leído las proclamas de Ernesto Che Guevara, héroe de los tercermundistas, cuando propone abiertamente que hay que ser “una fría máquina de matar”, dando su ejemplo personal con unos 216 asesinatos con su propia arma, ninguno de ellos en combate. Además, ordenó el fusilamiento de unas 1.500 personas, llegando a ser conocido en Cuba como “el carnicero de La Cabaña”.
Como los “sacerdotes” marxistas no han sido expulsados de la Iglesia, sino que la Iglesia los avala por su ideología, no resulta extraño escuchar a quienes han ido a misa en los últimos tiempos, que les queda como síntesis de lo ahí escuchado, que el “comunismo es bueno” y, en general, que el “liberalismo es lo peor”. En los años 70, varias parroquias en la Argentina, actuaron como lugares de adoctrinamiento para futuros integrantes del grupo terrorista Montoneros.
El debilitamiento producido en la Iglesia ha favorecido el descrédito del cristianismo y el avance del Islam, especialmente en Europa. Ante la inoperancia y la complicidad de gobiernos socialistas europeos, el futuro de Europa se ve amenazado en sus fundamentos culturales.
En el pasado también hubo sacerdotes desviados moral e intelectualmente de la ética bíblica. Leemos al respecto en el Crisóstomo: “Así como las virtudes de los sacerdotes aprovechan a muchos como una exhortación viva de imitación, así sus defectos favorecen la tibieza en la práctica de la virtud y nos hacen aflojar en el esfuerzo que exige la vida de perfección… Los pecados de la gente vulgar, como si se cometieran a la sombra de un tejado, sólo dañan al que los hace; mas la falta de un hombre que está sobre el candelero y a quien todos miran, a todos produce daño. A los que ya eran flojos y tibios para la virtud, los vuelve más tibios y flojos todavía, y a los que tratan su aprovechamiento, los incita a la soberbia… Aun cuando caigan en faltas ligerísimas, lo que en sí es ligero, parece grande a los ojos del mundo; pues no se mide el pecado por el hecho en sí, sino por la dignidad del que pecó”.
Mientras que Gregorio Magno escribió: “Cuando el pastor se encamina por despeñaderos, el rebaño le sigue al precipicio. Por eso, el Señor se lamenta de la despreciable ciencia de los pastores, diciendo contra ellos por el profeta: «Vosotros mismos, cuando bebéis agua limpísima, enturbiáis el resto con los pies; mis ovejas tienen que pastar lo que vuestros pies han pisoteado y beber lo que vuestros pies han enturbiado». En verdad, los pastores sí que beben agua limpísima cuando se sacian de los manantiales de la Verdad y la entienden correctamente; pero enturbian con sus pies esta misma agua cuando corrompen con su mala vida lo estudiado en la santa meditación. Y, por supuesto, las ovejas beben agua ensuciada por sus pies cuando algunos fieles no siguen las palabras que oyen, sino que sólo imitan los malos ejemplos que ven… Por eso, también está escrito por el profeta: «Lazo para la ruina de mi pueblo, sacerdotes malos»”.
(Citas de “Las parábolas del Evangelio” de Alfredo Sáenz-Ediciones Gladius-Buenos Aires 1997).
Mayor es el asombro cuando advertimos que, incluso desde el Vaticano, se predica abiertamente la adhesión católica al marxismo-leninismo, como si acaso no existiera información de todos los desastres sociales que se han producido bajo los gobiernos totalitarios que respondieron a tal ideología. Aun cuando muchos católicos rechacen tal adhesión al marxismo, persisten en una lucha absurda en contra del liberalismo, lo que equivale a coincidir con el marxismo en su lucha contra la democracia política y la democracia económica.
Cuando se produce tal desviación de la ética bíblica, puede afirmarse que la Iglesia Católica ha perdido su esencia y su razón de ser. Si bien alguien puede decir que muchos sacerdotes jóvenes desconocen las catástrofes sociales promovidas por el comunismo en Rusia, China y muchos otros países, con unas cien millones de víctimas, resulta inadmisible que no hayan leído las proclamas de Ernesto Che Guevara, héroe de los tercermundistas, cuando propone abiertamente que hay que ser “una fría máquina de matar”, dando su ejemplo personal con unos 216 asesinatos con su propia arma, ninguno de ellos en combate. Además, ordenó el fusilamiento de unas 1.500 personas, llegando a ser conocido en Cuba como “el carnicero de La Cabaña”.
Como los “sacerdotes” marxistas no han sido expulsados de la Iglesia, sino que la Iglesia los avala por su ideología, no resulta extraño escuchar a quienes han ido a misa en los últimos tiempos, que les queda como síntesis de lo ahí escuchado, que el “comunismo es bueno” y, en general, que el “liberalismo es lo peor”. En los años 70, varias parroquias en la Argentina, actuaron como lugares de adoctrinamiento para futuros integrantes del grupo terrorista Montoneros.
El debilitamiento producido en la Iglesia ha favorecido el descrédito del cristianismo y el avance del Islam, especialmente en Europa. Ante la inoperancia y la complicidad de gobiernos socialistas europeos, el futuro de Europa se ve amenazado en sus fundamentos culturales.
En el pasado también hubo sacerdotes desviados moral e intelectualmente de la ética bíblica. Leemos al respecto en el Crisóstomo: “Así como las virtudes de los sacerdotes aprovechan a muchos como una exhortación viva de imitación, así sus defectos favorecen la tibieza en la práctica de la virtud y nos hacen aflojar en el esfuerzo que exige la vida de perfección… Los pecados de la gente vulgar, como si se cometieran a la sombra de un tejado, sólo dañan al que los hace; mas la falta de un hombre que está sobre el candelero y a quien todos miran, a todos produce daño. A los que ya eran flojos y tibios para la virtud, los vuelve más tibios y flojos todavía, y a los que tratan su aprovechamiento, los incita a la soberbia… Aun cuando caigan en faltas ligerísimas, lo que en sí es ligero, parece grande a los ojos del mundo; pues no se mide el pecado por el hecho en sí, sino por la dignidad del que pecó”.
Mientras que Gregorio Magno escribió: “Cuando el pastor se encamina por despeñaderos, el rebaño le sigue al precipicio. Por eso, el Señor se lamenta de la despreciable ciencia de los pastores, diciendo contra ellos por el profeta: «Vosotros mismos, cuando bebéis agua limpísima, enturbiáis el resto con los pies; mis ovejas tienen que pastar lo que vuestros pies han pisoteado y beber lo que vuestros pies han enturbiado». En verdad, los pastores sí que beben agua limpísima cuando se sacian de los manantiales de la Verdad y la entienden correctamente; pero enturbian con sus pies esta misma agua cuando corrompen con su mala vida lo estudiado en la santa meditación. Y, por supuesto, las ovejas beben agua ensuciada por sus pies cuando algunos fieles no siguen las palabras que oyen, sino que sólo imitan los malos ejemplos que ven… Por eso, también está escrito por el profeta: «Lazo para la ruina de mi pueblo, sacerdotes malos»”.
(Citas de “Las parábolas del Evangelio” de Alfredo Sáenz-Ediciones Gladius-Buenos Aires 1997).
jueves, 27 de marzo de 2025
Los atributos de Dios y la simplificación estoica
En la actualidad existe una imperiosa necesidad de encontrar aspectos comunes de nuestro universo para utilizarlos como referencia y vínculo entre las distintas religiones, creencias y filosofías, y, además, como vínculo entre los distintos pueblos. El único “candidato” que presenta tales características es el orden natural y las leyes naturales que lo conforman. Ello significa adoptar como referencia aquellas leyes que han permitido la universalización de la validez de la ciencia experimental.
Algunas religiones han simbolizado al orden natural, con sus leyes naturales invariantes, como un ente realizado “a imagen y semejanza del ser humano”. Pero otros han ido más allá y han considerado tal idealización, no como una simbología, sino como una realidad concreta. De ahí las diversas interpretaciones de los atributos de Dios, de cómo actúa en nuestras vidas, de quienes son sus verdaderos enviados y de lo que espera de cada uno de nosotros.
En cierta forma se ha idealizado a un “Dios mago” que ha construido el universo de la nada y que tiene la posibilidad de interrumpir sus leyes ante los pedidos realizados por los seres humanos. Todo ello da lugar a severos conflictos entre religiones e incluso a severos conflictos dentro de una misma religión. Si la palabra “religión” implica “unir a los adeptos”, puede decirse que casi no existe en el planeta una verdadera religión.
En oposición al “Dios mago”, surge el “Dios sabio”, capaz de establecer leyes físicas que gobiernan el comportamiento de las partículas fundamentales en las cuales va implícito todo el orden natural hasta llegar a la compleja vida inteligente. Cuando los físicos apuntan a realizar una “teoría de todo”, no solamente se refieren a una teoría que incluya las cuatro fuerzas básicas a nivel atómico y nuclear, ya que, de hallarla, implicaría acercarnos a la teoría básica de todo lo existente.
Si bien la postura que propone el “Dios mago”, que crea el universo de la nada, resulta ser algo ciertamente ilógico, la postura del “Dios sabio” identificado con el orden natural, que presupone un universo que no tuvo comienzo y que existe desde siempre, también resulta una postura ilógica; al menos difícil de aceptar por nuestras limitadas mentes.
Si intentamos ponernos de acuerdo en estas cuestiones, seguramente que nunca llegaremos a ningún acuerdo y los conflictos se mantendrán vigentes. Sin embargo, tenemos la posibilidad de adoptar la postura de los antiguos estoicos, quienes distinguían entre lo que es accesible a nuestras decisiones y aquello que no lo es.
Así, los atributos de Dios no dependen de los seres humanos, pero sí depende de nosotros adaptarnos a las leyes naturales que conforman el orden natural. Incluso tampoco debemos preocuparnos por determinar si el universo está bien o está mal hecho. En cualquiera de estos casos la única alternativa concreta implica adaptarnos a las leyes naturales invariantes (luego de haberlas descrito satisfactoriamente). En este caso serían las leyes naturales que rigen nuestras conductas individuales y que son el objeto de estudio de la psicología y de las ciencias sociales.
El cristianismo, como religión moral, fundamenta la ética bíblica en la empatía emocional, sugiriendo u ordenando compartir las penas y las alegrías ajenas como propias, tal el significado del “Amarás al prójimo como a ti mismo”. En realidad implica adoptar una predisposición o actitud hacia tal conducta, en lugar de establecer una práctica imposible de cumplir dada nuestra limitada capacidad de amar y las limitadas oportunidades que muchas veces nos ofrecen los demás.
Algunas religiones han simbolizado al orden natural, con sus leyes naturales invariantes, como un ente realizado “a imagen y semejanza del ser humano”. Pero otros han ido más allá y han considerado tal idealización, no como una simbología, sino como una realidad concreta. De ahí las diversas interpretaciones de los atributos de Dios, de cómo actúa en nuestras vidas, de quienes son sus verdaderos enviados y de lo que espera de cada uno de nosotros.
En cierta forma se ha idealizado a un “Dios mago” que ha construido el universo de la nada y que tiene la posibilidad de interrumpir sus leyes ante los pedidos realizados por los seres humanos. Todo ello da lugar a severos conflictos entre religiones e incluso a severos conflictos dentro de una misma religión. Si la palabra “religión” implica “unir a los adeptos”, puede decirse que casi no existe en el planeta una verdadera religión.
En oposición al “Dios mago”, surge el “Dios sabio”, capaz de establecer leyes físicas que gobiernan el comportamiento de las partículas fundamentales en las cuales va implícito todo el orden natural hasta llegar a la compleja vida inteligente. Cuando los físicos apuntan a realizar una “teoría de todo”, no solamente se refieren a una teoría que incluya las cuatro fuerzas básicas a nivel atómico y nuclear, ya que, de hallarla, implicaría acercarnos a la teoría básica de todo lo existente.
Si bien la postura que propone el “Dios mago”, que crea el universo de la nada, resulta ser algo ciertamente ilógico, la postura del “Dios sabio” identificado con el orden natural, que presupone un universo que no tuvo comienzo y que existe desde siempre, también resulta una postura ilógica; al menos difícil de aceptar por nuestras limitadas mentes.
Si intentamos ponernos de acuerdo en estas cuestiones, seguramente que nunca llegaremos a ningún acuerdo y los conflictos se mantendrán vigentes. Sin embargo, tenemos la posibilidad de adoptar la postura de los antiguos estoicos, quienes distinguían entre lo que es accesible a nuestras decisiones y aquello que no lo es.
Así, los atributos de Dios no dependen de los seres humanos, pero sí depende de nosotros adaptarnos a las leyes naturales que conforman el orden natural. Incluso tampoco debemos preocuparnos por determinar si el universo está bien o está mal hecho. En cualquiera de estos casos la única alternativa concreta implica adaptarnos a las leyes naturales invariantes (luego de haberlas descrito satisfactoriamente). En este caso serían las leyes naturales que rigen nuestras conductas individuales y que son el objeto de estudio de la psicología y de las ciencias sociales.
El cristianismo, como religión moral, fundamenta la ética bíblica en la empatía emocional, sugiriendo u ordenando compartir las penas y las alegrías ajenas como propias, tal el significado del “Amarás al prójimo como a ti mismo”. En realidad implica adoptar una predisposición o actitud hacia tal conducta, en lugar de establecer una práctica imposible de cumplir dada nuestra limitada capacidad de amar y las limitadas oportunidades que muchas veces nos ofrecen los demás.
miércoles, 26 de marzo de 2025
Suprimiendo la realidad
Un fenómeno social muy frecuente, tanto en el presente como en el pasado, es el reemplazo de la realidad, en los cerebros de muchos seres humanos, por un conjunto de ideas (ideología) poco compatibles con las leyes naturales y con la realidad acontecida. En este caso se produce una marginación mental, o alienación, por la cual se produce el gobierno mental del hombre sobre el hombre, siendo la religión y la política los ámbitos más propicios para ello.
Un caso ilustrativo es el de la supresión de León Trotsky en la historia de la Unión Soviética por parte de Stalin. En este caso, no se trato sólo de una tergiversación o distorsión de la realidad, sino directamente de la supresión de una parte de la realidad. Así, en fotos de la época de la Revolución bolchevique, en las cuales aparecía Trotsky con otros revolucionarios, mediante arreglos fotográficos fue suprimida la imagen de Trotsky. Para las posteriores generaciones soviéticas, Trotsky no existió.
Algo similar ocurre en la Argentina cuando, desde ámbitos periodísticos y educativos, principalmente, la guerrilla marxista no existió, sólo hubo un grupo de "jóvenes idealistas" que se manifestaban por un mundo mejor y por lo cual fueron liquidados por los militares y por ese simple hecho. Con esta supresión de la realidad se conquistaron muchos votos a favor de políticos izquierdistas, mientras se mantiene el odio encendido para futuras elecciones.
Recordemos que Montoneros y ERP produjeron 1.094 asesinatos, 2.368 heridos, 756 secuestros extorsivos y 4.380 bombas, según Victoria Villaruel, investigadora de estos casos.
Se menciona un artículo al respecto:
MEMORIA SELECTIVA Y CONSTRUCCIÓN DE UN RELATO UNILATERAL
Por Mariangel Márquez
Cada año, el 24 de marzo se presenta como una jornada de “memoria, verdad y justicia”. Sin embargo, lejos de ser una fecha de reflexión histórica integral, se ha convertido en un símbolo de manipulación ideológica, donde el relato hegemónico impone una versión mutilada del pasado argentino. Bajo el pretexto de homenajear a las víctimas de la última dictadura militar, se oculta deliberadamente el papel clave que tuvo el terrorismo guerrillero en el colapso institucional que desembocó en el golpe del 76.
DOBLE VARA
Quienes hoy se erigen como adalides de los derechos humanos fueron, en su momento, cómplices silenciosos -o incluso justificadores- del accionar criminal de los grupos armados como Montoneros y el ERP. Años antes del golpe militar, Argentina ya estaba sumida en una ola de violencia sistemática. Guerrilleros adoctrinados, con financiamiento externo y formación de estilo comunista, perpetraban secuestros, asesinatos, atentados con explosivos y extorsiones a plena luz del día. Su objetivo no era la democracia: era la instauración de una dictadura socialista revolucionaria, al estilo cubano.
GÉNESIS DEL CAOS
Desde principios de los años 70, Argentina vivió una guerra interna encubierta. El relato actual borra de un plumazo las más de 17.000 víctimas del terrorismo subversivo -entre muertos, heridos y secuestrados- y pretende instalar la idea de que todo comenzó el 24 de marzo. Nada más lejos de la verdad. Las bandas armadas sembraron el terror años antes, mientras el Estado democrático era vulnerado desde adentro. La Triple A, el accionar paramilitar del peronismo ortodoxo, fue también producto del desgobierno y del caos previo, con Isabel Perón completamente sobrepasada, y un país al borde del abismo económico y social.
MÁRTIRES DE PAPEL
Hoy se presentan como "jóvenes idealistas" a quienes, en realidad, impusieron el miedo y la muerte como doctrina. Se pretende romantizar a los autores de atentados como el del comedor de la Policía Federal en 1976, donde murieron 23 personas, o la masacre en Formosa, donde guerrilleros asesinaron a soldados conscriptos. La exaltación de estos criminales como mártires ha sido una jugada cultural muy eficaz, que logró instalar una historia parcial, omitiendo que fueron ellos quienes desataron el conflicto.
CIFRA INFLADA
Uno de los pilares del relato oficialista es la repetida cifra de “30.000 desaparecidos”. No se trata sólo de una falta de rigor histórico: se trata de una estrategia propagandística. Incluso el ex Montonero Luis Labraña admitió públicamente que esa cifra fue inventada para obtener respaldo internacional. Los propios registros oficiales del Estado y las listas de organismos reconocidos indican alrededor de 8.000 desaparecidos identificados. ¿Qué valor tiene la memoria si se construye sobre una mentira numérica? ¿Qué clase de justicia puede nacer de una falsificación histórica?
MEMORIA INCOMPLETA
Las víctimas del terrorismo guerrillero han sido sistemáticamente excluidas del discurso institucional. No figuran en los actos oficiales, no tienen monumentos, ni días de homenaje. No hay reparación para sus familias ni reconocimiento público. ¿Acaso su dolor vale menos? La memoria, para ser memoria auténtica, debe abarcar a todas las víctimas por igual. Si se calla a los que murieron por las balas de los Montoneros y el ERP, no hay justicia: hay adoctrinamiento.
COLONIZACION EDUCATIVA
Una de las estrategias más eficaces del relato parcial ha sido la penetración en el sistema educativo. Desde niveles iniciales se inculca una historia recortada, donde los niños aprenden que la violencia comenzó con los militares y que los guerrilleros fueron héroes románticos. Padres, estén atentos: esto no es formación, es colonización ideológica. Se ha instalado una narrativa oficial sin matices, que omite el contexto y convierte a los criminales en víctimas. Es responsabilidad de cada familia rescatar el pensamiento crítico y evitar que las nuevas generaciones crezcan repitiendo consignas sin entender la historia completa.
RECONSTRUCCION HONESTA
La historia no puede seguir siendo utilizada como herramienta política para mantener privilegios y manipular conciencias. Argentina necesita una reconstrucción honesta de su pasado, que reconozca todas las responsabilidades y no silencie a miles de víctimas por no ser funcionales al relato de turno. No hubo santos ni demonios absolutos. Hubo una guerra interna, con actores violentos en ambos bandos. Sólo reconociendo esa verdad podremos avanzar hacia una memoria verdaderamente justa.
(De www.laprensa.com.ar)
Un caso ilustrativo es el de la supresión de León Trotsky en la historia de la Unión Soviética por parte de Stalin. En este caso, no se trato sólo de una tergiversación o distorsión de la realidad, sino directamente de la supresión de una parte de la realidad. Así, en fotos de la época de la Revolución bolchevique, en las cuales aparecía Trotsky con otros revolucionarios, mediante arreglos fotográficos fue suprimida la imagen de Trotsky. Para las posteriores generaciones soviéticas, Trotsky no existió.
Algo similar ocurre en la Argentina cuando, desde ámbitos periodísticos y educativos, principalmente, la guerrilla marxista no existió, sólo hubo un grupo de "jóvenes idealistas" que se manifestaban por un mundo mejor y por lo cual fueron liquidados por los militares y por ese simple hecho. Con esta supresión de la realidad se conquistaron muchos votos a favor de políticos izquierdistas, mientras se mantiene el odio encendido para futuras elecciones.
Recordemos que Montoneros y ERP produjeron 1.094 asesinatos, 2.368 heridos, 756 secuestros extorsivos y 4.380 bombas, según Victoria Villaruel, investigadora de estos casos.
Se menciona un artículo al respecto:
MEMORIA SELECTIVA Y CONSTRUCCIÓN DE UN RELATO UNILATERAL
Por Mariangel Márquez
Cada año, el 24 de marzo se presenta como una jornada de “memoria, verdad y justicia”. Sin embargo, lejos de ser una fecha de reflexión histórica integral, se ha convertido en un símbolo de manipulación ideológica, donde el relato hegemónico impone una versión mutilada del pasado argentino. Bajo el pretexto de homenajear a las víctimas de la última dictadura militar, se oculta deliberadamente el papel clave que tuvo el terrorismo guerrillero en el colapso institucional que desembocó en el golpe del 76.
DOBLE VARA
Quienes hoy se erigen como adalides de los derechos humanos fueron, en su momento, cómplices silenciosos -o incluso justificadores- del accionar criminal de los grupos armados como Montoneros y el ERP. Años antes del golpe militar, Argentina ya estaba sumida en una ola de violencia sistemática. Guerrilleros adoctrinados, con financiamiento externo y formación de estilo comunista, perpetraban secuestros, asesinatos, atentados con explosivos y extorsiones a plena luz del día. Su objetivo no era la democracia: era la instauración de una dictadura socialista revolucionaria, al estilo cubano.
GÉNESIS DEL CAOS
Desde principios de los años 70, Argentina vivió una guerra interna encubierta. El relato actual borra de un plumazo las más de 17.000 víctimas del terrorismo subversivo -entre muertos, heridos y secuestrados- y pretende instalar la idea de que todo comenzó el 24 de marzo. Nada más lejos de la verdad. Las bandas armadas sembraron el terror años antes, mientras el Estado democrático era vulnerado desde adentro. La Triple A, el accionar paramilitar del peronismo ortodoxo, fue también producto del desgobierno y del caos previo, con Isabel Perón completamente sobrepasada, y un país al borde del abismo económico y social.
MÁRTIRES DE PAPEL
Hoy se presentan como "jóvenes idealistas" a quienes, en realidad, impusieron el miedo y la muerte como doctrina. Se pretende romantizar a los autores de atentados como el del comedor de la Policía Federal en 1976, donde murieron 23 personas, o la masacre en Formosa, donde guerrilleros asesinaron a soldados conscriptos. La exaltación de estos criminales como mártires ha sido una jugada cultural muy eficaz, que logró instalar una historia parcial, omitiendo que fueron ellos quienes desataron el conflicto.
CIFRA INFLADA
Uno de los pilares del relato oficialista es la repetida cifra de “30.000 desaparecidos”. No se trata sólo de una falta de rigor histórico: se trata de una estrategia propagandística. Incluso el ex Montonero Luis Labraña admitió públicamente que esa cifra fue inventada para obtener respaldo internacional. Los propios registros oficiales del Estado y las listas de organismos reconocidos indican alrededor de 8.000 desaparecidos identificados. ¿Qué valor tiene la memoria si se construye sobre una mentira numérica? ¿Qué clase de justicia puede nacer de una falsificación histórica?
MEMORIA INCOMPLETA
Las víctimas del terrorismo guerrillero han sido sistemáticamente excluidas del discurso institucional. No figuran en los actos oficiales, no tienen monumentos, ni días de homenaje. No hay reparación para sus familias ni reconocimiento público. ¿Acaso su dolor vale menos? La memoria, para ser memoria auténtica, debe abarcar a todas las víctimas por igual. Si se calla a los que murieron por las balas de los Montoneros y el ERP, no hay justicia: hay adoctrinamiento.
COLONIZACION EDUCATIVA
Una de las estrategias más eficaces del relato parcial ha sido la penetración en el sistema educativo. Desde niveles iniciales se inculca una historia recortada, donde los niños aprenden que la violencia comenzó con los militares y que los guerrilleros fueron héroes románticos. Padres, estén atentos: esto no es formación, es colonización ideológica. Se ha instalado una narrativa oficial sin matices, que omite el contexto y convierte a los criminales en víctimas. Es responsabilidad de cada familia rescatar el pensamiento crítico y evitar que las nuevas generaciones crezcan repitiendo consignas sin entender la historia completa.
RECONSTRUCCION HONESTA
La historia no puede seguir siendo utilizada como herramienta política para mantener privilegios y manipular conciencias. Argentina necesita una reconstrucción honesta de su pasado, que reconozca todas las responsabilidades y no silencie a miles de víctimas por no ser funcionales al relato de turno. No hubo santos ni demonios absolutos. Hubo una guerra interna, con actores violentos en ambos bandos. Sólo reconociendo esa verdad podremos avanzar hacia una memoria verdaderamente justa.
(De www.laprensa.com.ar)
lunes, 24 de marzo de 2025
Acerca de la matemática Emy Noether
Artículo de BBC News Mundo
EMY NOETHER, LA MUJER CUYO TEOREMA REVOLUCIONÓ LA FÍSICA Y A QUIEN EINSTEIN CALIFICÓ DE UN ABSOLUTO "GENIO MATEMÁTICO"
Cuando la alemana Emmy Noether quiso estudiar matemáticas, no estaba permitido que las mujeres se inscribieran en la universidad.
Años después, cuando consiguió que le dieran permiso para dar clases a estudiantes universitarios, no recibió salario.
Aun así, para Albert Einstein, "la señorita Noether fue el genio matemático creativo más importante que haya existido desde que comenzó la educación superior para las mujeres".
Se le considera la madre del álgebra moderna con sus teorías sobre anillos y cuerpos, pero su aporte a la ciencia no se restringe a las matemáticas.
Su trabajo es fundamental para entender la teoría de la relatividad general.
Y tampoco se limita a ella.
Noether es clave para comprender todas las teorías de la física.
Teoria General de la relatividad
"Al conocer su historia te preguntas: ¿qué otras contribuciones hubiese hecho una persona con ese tipo de genio matemático si todas las puertas hubiesen estado abiertas para ella desde el primer día?", le dijo a BBC Mundo en 2017 ―cuando se escribió este artículo― Mayly Sánchez, quien actualmente es profesora del Departamento de Física de la Universidad Estatal de Florida, en EE.UU.
Sin salario
Nació en 1882 y su padre, el matemático Max Noether, enseñaba en la Universidad de Erlangen, en Baviera.
El claustro de esa casa de estudios había dicho que permitir que las mujeres se registraran "derrocaría todo el orden académico".
Sin embargo, según la Sociedad Estadounidense de Física (APS, por sus siglas en inglés), dos años después Noether fue una de las dos estudiantes a la que se le permitió inscribirse en esa universidad.
Pero no con los mismos derechos que el resto de estudiantes.
Sólo se le permitía entrar como oyente a las clases y eso si los profesores daban la autorización expresa de que podía entrar al aula.
"Pero eso fue suficiente para que pasara el examen de graduación en 1903 y para que calificara a un título equivalente al de una licenciatura", indica Michael Lucibella, autor de la biografía sobre Noether publicada por APS.
"Pasó el año siguiente estudiando en la Universidad de Gotinga, pero regresó a Erlangen cuando la universidad finalmente revocó las restricciones contra las estudiantes y terminó su disertación sobre invariantes para las formas biquadráticas ternarias en 1907", señala el escritor.
Pese a que la universidad dio un paso adelante para permitir a mujeres estudiantes, continuaba excluyendo a las mujeres de tener posiciones en la facultad.
"Noether enseñó en Erlangen por los siguientes siete años sin salario, en algunas ocasiones reemplazando a su padre", indica Lucibella.
"Somos una universidad, no un sauna"
En 1915, el gran matemático alemán David Hilbert trató de llevarla a la Universidad de Gotinga, pero recibió el rechazo de sus colegas en el Departamento de Matemáticas.
"¿Qué pensarán nuestros soldados cuando regresen a la universidad y encuentren que se les pedirá que aprendan de una mujer?", un profesor se quejó de la propuesta.
Hilbert respondió: "No veo por qué el sexo de los candidatos sea un argumento contra su admisión. Somos una universidad, no un sauna".
Noether tuvo que dar clases bajo el nombre de Hilbert por los siguientes cuatro años y sin pago alguno.
Lucibella explica que la esperanza de Hilbert de contar con la matemática en la Universidad de Gotinga era que su conocimiento y experiencia sobre "la teoría invariante ―los números que se mantienen constantes incluso aunque sean manipulados de diferentes maneras― pudiera ser llevada a la incipiente teoría de la relatividad general de Albert Einstein, que parecía violar la (ley) de la conservación de energía".
El teorema de Noether
Noether desarrolló un teorema que es clave para entender la física de partículas elementales y la teoría cuántica de campos.
En pocas palabras, "para comprender toda la física más sofisticada", le explicó a BBC Mundo Manuel Lozano Leyva en 2017, quien ahora es investigador honorario del Departamento de Física Atómica, Molecular y Nuclear de la Universidad de Sevilla.
"Cuando Einstein vio el trabajo de Noether sobre las invariantes, le escribió a Hilbert: 'Estoy impresionado de que esas cosas puedan ser entendidas de una manera tan general. La vieja guardia de Gotinga debería aprender algunas lecciones de la señorita Noether. Se ve que sabe de lo suyo'", indica la biografía de APS.
¿Pero en qué consiste este teorema?
Lozano explicó: "El teorema conceptualmente es muy sencillo y matemáticamente muy complicado. Se trata de relacionar la simetría con las cantidades conservadas".
Una copa con vino
Una copa de vino para entender un teorema clave en la física.
Así que le pasamos la tiza al profesor, quien durante 30 años se lo enseñó a sus alumnos en España. Esta fue la explicación de Lozano:
"¿Qué es una simetría?
Imagínese que tengo una copa de vino en la mano y le digo que cierre los ojos. Mientras los tiene cerrados, giro la copa en su eje y después le digo que los abra. Seguramente no se dará cuenta si la copa se ha movido o no.
Pero si el giro que hago es perpendicular a ese eje, es decir, le doy la vuelta a la copa, y le digo que abra los ojos, sí se dará cuenta que ha habido una transformación, que le ha pasado algo a la copa.
Eso significa que la copa es simétrica con respecto a las rotaciones en relación a un eje y no es simétrica respecto a las rotaciones en otro eje.
Ahora piense en cantidades físicas que todo el mundo conoce como lo es la energía, que ni se crea ni se destruye, sino que se transforma. Eso se llama una cantidad conservada.
Lo que hizo Emmy Noether fue fundamentalmente relacionar la simetría de un sistema con las cantidades físicas que se conservan y esas cantidades son una herramienta fundamental a la hora de plantear problemas y de resolverlos en física".
Y eso afecta a todos los sistemas físicos, desde el sistema planetario hasta un cristal, los metales. "¡Todo!", dijo con emoción el profesor.
"El teorema más bello del mundo"
El teorema creado por la científica alemana ha recibido un sinnúmero de adjetivos y no precisamente fríos.
"Lo llaman el teorema más bello del mundo, pero no es solo que sea hermoso por las cuestiones de la simetría, sino que es de una potencia matemática tremenda y de una potencia de cálculo fantástica", indicó Lozano desde España.
"Mis estudiantes quedaban maravillados cuando se los enseñaba porque, aunque sea matemáticamente difícil de formular, las consecuencias son muy grandes", agregó. Y sentenció: "A esta mujer le debemos mucho todos los físicos".
Esa opinión la compartió la profesora Sánchez desde Estados Unidos.
"Es un teorema sumamente elegante. Trae la belleza de un concepto de simetría a lo que son los principios de la física", le dijo a BBC Mundo.
"Noether es una de esas figuras en la historia de la física que se te escoden y después la descubres", sostuvo.
"Cuando aprendí el teorema por primera vez, me enamoré del concepto. Mi profesor nos dio una clase bellísima de cómo este era uno de los principios más elegantes de la física y, ahora, que enseño la misma materia en el pregrado, todavía me emociono cuando doy esa clase. Es uno de los puntos donde la física y la matemática se conectan de una manera muy bonita".
"Lo que no me dijo el profesor ese día es que el teorema de Noether estaba escrito por Emmy Noether. Nunca me dijo que era una mujer y solo años más tarde, en mi doctorado, descubrí que había sido una mujer la que lo concibió", contó. "Los chicos de Noether".
Tras el fin de la Primera Guerra Mundial, hubo algunos avances en materia de los derechos de las mujeres en Alemania.
"Noether recibió un pequeño salario en la Universidad de Gotinga en 1923", señala Lucibella. "Sin embargo, nunca se le otorgó el rango de profesora titular".
La mayoría de los estudiantes de la matemática eran hombres. Se les conocía como "Los chicos de Noether", indica en dicha biografía.
Con el surgimiento del nazismo en Alemania, Noether tuvo que abandonar la vida académica en su país debido a la puesta en vigencia de una ley que removía a los judíos de posiciones gubernamentales y universitarias, recuerda Lucibella.
Noether fue despedida de la casa de estudios de Gotinga.
"Inicialmente recibió a los estudiantes en su casa, pero finalmente fue forzada a abandonar Alemania, junto a muchos otros académicos judíos", señala Lucibella.
Ejército nazi
El nazismo obligó a mentes brillantes como Noether y Einstein a abandonar su país.
Se fue a Estados Unidos, en donde continuó con su vida académica en el Colegio Bryn Mawr de Princeton y en el Instituto de Estudios Avanzados de esa ciudad.
En 1935, le detectaron un tumor en la pelvis. Fue operada y, aunque la intervención fue un éxito, una serie de complicaciones la llevaron a la muerte cuatro días después.
Tenía 53 años.
La carta de Albert Einstein en honor a Emmy Noether tras su muerte.
Fragmentos de la carta que escribió Albert Einstein y que dirigió a The New York Times el 1 de mayo de 1935
A juicio de los matemáticos vivos más competentes, la señorita Noether fue el genio matemático creativo más importante que haya existido desde que comenzó la educación superior para las mujeres.
En el campo del álgebra, en el cual los matemáticos más talentosos han estado ocupados por siglos, ella descubrió métodos que han probado ser de una importancia enorme en el desarrollo de la actual generación de matemáticos jóvenes.
Albert Einstein
La matemática pura es, a su manera, la poesía de las ideas lógicas.
Nacida en una familia judía que se distinguió por el amor al aprendizaje, Emmy Noether, quien, pese a los esfuerzos del gran matemático de Gotinga, Hilbert, nunca alcanzó la posición académica que se merecía en su propio país, pero aún así se rodeó de un grupo de estudiantes e investigadores en Gotinga, quienes ya se han convertido en distinguidos profesores e investigadores.
Su desinteresado y significativo trabajo realizado durante muchos años fue recompensado por los nuevos gobernantes de Alemania con un despido, el cual le costó su ingreso para poder mantener su (estilo de) vida simple y la oportunidad de continuar con sus estudios matemáticos.
Sus amigos visionarios de la ciencia en este país (EE.UU.) fueron afortunados de poder hacer las gestiones necesarias con el Colegio Bryn Mawr y (la Universidad de) Princeton para que ella encontrara en Estados Unidos, hasta el día de su muerte, no solo colegas que apreciaron su amistad sino pupilos agradecidos, cuyo entusiasmo hizo de sus últimos años los más felices y quizás los más fructíferos de su carrera entera.
(De www.bbc.com/mundo)
EMY NOETHER, LA MUJER CUYO TEOREMA REVOLUCIONÓ LA FÍSICA Y A QUIEN EINSTEIN CALIFICÓ DE UN ABSOLUTO "GENIO MATEMÁTICO"
Cuando la alemana Emmy Noether quiso estudiar matemáticas, no estaba permitido que las mujeres se inscribieran en la universidad.
Años después, cuando consiguió que le dieran permiso para dar clases a estudiantes universitarios, no recibió salario.
Aun así, para Albert Einstein, "la señorita Noether fue el genio matemático creativo más importante que haya existido desde que comenzó la educación superior para las mujeres".
Se le considera la madre del álgebra moderna con sus teorías sobre anillos y cuerpos, pero su aporte a la ciencia no se restringe a las matemáticas.
Su trabajo es fundamental para entender la teoría de la relatividad general.
Y tampoco se limita a ella.
Noether es clave para comprender todas las teorías de la física.
Teoria General de la relatividad
"Al conocer su historia te preguntas: ¿qué otras contribuciones hubiese hecho una persona con ese tipo de genio matemático si todas las puertas hubiesen estado abiertas para ella desde el primer día?", le dijo a BBC Mundo en 2017 ―cuando se escribió este artículo― Mayly Sánchez, quien actualmente es profesora del Departamento de Física de la Universidad Estatal de Florida, en EE.UU.
Sin salario
Nació en 1882 y su padre, el matemático Max Noether, enseñaba en la Universidad de Erlangen, en Baviera.
El claustro de esa casa de estudios había dicho que permitir que las mujeres se registraran "derrocaría todo el orden académico".
Sin embargo, según la Sociedad Estadounidense de Física (APS, por sus siglas en inglés), dos años después Noether fue una de las dos estudiantes a la que se le permitió inscribirse en esa universidad.
Pero no con los mismos derechos que el resto de estudiantes.
Sólo se le permitía entrar como oyente a las clases y eso si los profesores daban la autorización expresa de que podía entrar al aula.
"Pero eso fue suficiente para que pasara el examen de graduación en 1903 y para que calificara a un título equivalente al de una licenciatura", indica Michael Lucibella, autor de la biografía sobre Noether publicada por APS.
"Pasó el año siguiente estudiando en la Universidad de Gotinga, pero regresó a Erlangen cuando la universidad finalmente revocó las restricciones contra las estudiantes y terminó su disertación sobre invariantes para las formas biquadráticas ternarias en 1907", señala el escritor.
Pese a que la universidad dio un paso adelante para permitir a mujeres estudiantes, continuaba excluyendo a las mujeres de tener posiciones en la facultad.
"Noether enseñó en Erlangen por los siguientes siete años sin salario, en algunas ocasiones reemplazando a su padre", indica Lucibella.
"Somos una universidad, no un sauna"
En 1915, el gran matemático alemán David Hilbert trató de llevarla a la Universidad de Gotinga, pero recibió el rechazo de sus colegas en el Departamento de Matemáticas.
"¿Qué pensarán nuestros soldados cuando regresen a la universidad y encuentren que se les pedirá que aprendan de una mujer?", un profesor se quejó de la propuesta.
Hilbert respondió: "No veo por qué el sexo de los candidatos sea un argumento contra su admisión. Somos una universidad, no un sauna".
Noether tuvo que dar clases bajo el nombre de Hilbert por los siguientes cuatro años y sin pago alguno.
Lucibella explica que la esperanza de Hilbert de contar con la matemática en la Universidad de Gotinga era que su conocimiento y experiencia sobre "la teoría invariante ―los números que se mantienen constantes incluso aunque sean manipulados de diferentes maneras― pudiera ser llevada a la incipiente teoría de la relatividad general de Albert Einstein, que parecía violar la (ley) de la conservación de energía".
El teorema de Noether
Noether desarrolló un teorema que es clave para entender la física de partículas elementales y la teoría cuántica de campos.
En pocas palabras, "para comprender toda la física más sofisticada", le explicó a BBC Mundo Manuel Lozano Leyva en 2017, quien ahora es investigador honorario del Departamento de Física Atómica, Molecular y Nuclear de la Universidad de Sevilla.
"Cuando Einstein vio el trabajo de Noether sobre las invariantes, le escribió a Hilbert: 'Estoy impresionado de que esas cosas puedan ser entendidas de una manera tan general. La vieja guardia de Gotinga debería aprender algunas lecciones de la señorita Noether. Se ve que sabe de lo suyo'", indica la biografía de APS.
¿Pero en qué consiste este teorema?
Lozano explicó: "El teorema conceptualmente es muy sencillo y matemáticamente muy complicado. Se trata de relacionar la simetría con las cantidades conservadas".
Una copa con vino
Una copa de vino para entender un teorema clave en la física.
Así que le pasamos la tiza al profesor, quien durante 30 años se lo enseñó a sus alumnos en España. Esta fue la explicación de Lozano:
"¿Qué es una simetría?
Imagínese que tengo una copa de vino en la mano y le digo que cierre los ojos. Mientras los tiene cerrados, giro la copa en su eje y después le digo que los abra. Seguramente no se dará cuenta si la copa se ha movido o no.
Pero si el giro que hago es perpendicular a ese eje, es decir, le doy la vuelta a la copa, y le digo que abra los ojos, sí se dará cuenta que ha habido una transformación, que le ha pasado algo a la copa.
Eso significa que la copa es simétrica con respecto a las rotaciones en relación a un eje y no es simétrica respecto a las rotaciones en otro eje.
Ahora piense en cantidades físicas que todo el mundo conoce como lo es la energía, que ni se crea ni se destruye, sino que se transforma. Eso se llama una cantidad conservada.
Lo que hizo Emmy Noether fue fundamentalmente relacionar la simetría de un sistema con las cantidades físicas que se conservan y esas cantidades son una herramienta fundamental a la hora de plantear problemas y de resolverlos en física".
Y eso afecta a todos los sistemas físicos, desde el sistema planetario hasta un cristal, los metales. "¡Todo!", dijo con emoción el profesor.
"El teorema más bello del mundo"
El teorema creado por la científica alemana ha recibido un sinnúmero de adjetivos y no precisamente fríos.
"Lo llaman el teorema más bello del mundo, pero no es solo que sea hermoso por las cuestiones de la simetría, sino que es de una potencia matemática tremenda y de una potencia de cálculo fantástica", indicó Lozano desde España.
"Mis estudiantes quedaban maravillados cuando se los enseñaba porque, aunque sea matemáticamente difícil de formular, las consecuencias son muy grandes", agregó. Y sentenció: "A esta mujer le debemos mucho todos los físicos".
Esa opinión la compartió la profesora Sánchez desde Estados Unidos.
"Es un teorema sumamente elegante. Trae la belleza de un concepto de simetría a lo que son los principios de la física", le dijo a BBC Mundo.
"Noether es una de esas figuras en la historia de la física que se te escoden y después la descubres", sostuvo.
"Cuando aprendí el teorema por primera vez, me enamoré del concepto. Mi profesor nos dio una clase bellísima de cómo este era uno de los principios más elegantes de la física y, ahora, que enseño la misma materia en el pregrado, todavía me emociono cuando doy esa clase. Es uno de los puntos donde la física y la matemática se conectan de una manera muy bonita".
"Lo que no me dijo el profesor ese día es que el teorema de Noether estaba escrito por Emmy Noether. Nunca me dijo que era una mujer y solo años más tarde, en mi doctorado, descubrí que había sido una mujer la que lo concibió", contó. "Los chicos de Noether".
Tras el fin de la Primera Guerra Mundial, hubo algunos avances en materia de los derechos de las mujeres en Alemania.
"Noether recibió un pequeño salario en la Universidad de Gotinga en 1923", señala Lucibella. "Sin embargo, nunca se le otorgó el rango de profesora titular".
La mayoría de los estudiantes de la matemática eran hombres. Se les conocía como "Los chicos de Noether", indica en dicha biografía.
Con el surgimiento del nazismo en Alemania, Noether tuvo que abandonar la vida académica en su país debido a la puesta en vigencia de una ley que removía a los judíos de posiciones gubernamentales y universitarias, recuerda Lucibella.
Noether fue despedida de la casa de estudios de Gotinga.
"Inicialmente recibió a los estudiantes en su casa, pero finalmente fue forzada a abandonar Alemania, junto a muchos otros académicos judíos", señala Lucibella.
Ejército nazi
El nazismo obligó a mentes brillantes como Noether y Einstein a abandonar su país.
Se fue a Estados Unidos, en donde continuó con su vida académica en el Colegio Bryn Mawr de Princeton y en el Instituto de Estudios Avanzados de esa ciudad.
En 1935, le detectaron un tumor en la pelvis. Fue operada y, aunque la intervención fue un éxito, una serie de complicaciones la llevaron a la muerte cuatro días después.
Tenía 53 años.
La carta de Albert Einstein en honor a Emmy Noether tras su muerte.
Fragmentos de la carta que escribió Albert Einstein y que dirigió a The New York Times el 1 de mayo de 1935
A juicio de los matemáticos vivos más competentes, la señorita Noether fue el genio matemático creativo más importante que haya existido desde que comenzó la educación superior para las mujeres.
En el campo del álgebra, en el cual los matemáticos más talentosos han estado ocupados por siglos, ella descubrió métodos que han probado ser de una importancia enorme en el desarrollo de la actual generación de matemáticos jóvenes.
Albert Einstein
La matemática pura es, a su manera, la poesía de las ideas lógicas.
Nacida en una familia judía que se distinguió por el amor al aprendizaje, Emmy Noether, quien, pese a los esfuerzos del gran matemático de Gotinga, Hilbert, nunca alcanzó la posición académica que se merecía en su propio país, pero aún así se rodeó de un grupo de estudiantes e investigadores en Gotinga, quienes ya se han convertido en distinguidos profesores e investigadores.
Su desinteresado y significativo trabajo realizado durante muchos años fue recompensado por los nuevos gobernantes de Alemania con un despido, el cual le costó su ingreso para poder mantener su (estilo de) vida simple y la oportunidad de continuar con sus estudios matemáticos.
Sus amigos visionarios de la ciencia en este país (EE.UU.) fueron afortunados de poder hacer las gestiones necesarias con el Colegio Bryn Mawr y (la Universidad de) Princeton para que ella encontrara en Estados Unidos, hasta el día de su muerte, no solo colegas que apreciaron su amistad sino pupilos agradecidos, cuyo entusiasmo hizo de sus últimos años los más felices y quizás los más fructíferos de su carrera entera.
(De www.bbc.com/mundo)
Por la memoria completa
Artículo del Diario Los Andes
Qué dice Agustín Laje en el video del gobierno por el Día de la Memoria
“Nací en 1989. Soy parte de una generación que vivió toda su vida en democracia. Los violentos años 70 no llegaron a mí más que como un ejercicio de memoria histórica que se convirtió en política estatal justo cuando entré en el colegio secundario. En la práctica, esta política funcionó como un proceso de destrucción de la verdad histórica, con fines partidarios, ideológicos y económicos”, dijo Laje en el polémico video.
"Lejos de conocer lo que verdaderamente ocurrió en la década del 70, los alumnos del siglo XXI fuimos adoctrinados en un relato historietístico, maniqueo y reduccionista. Si la teoría de los dos demonios ya era en sí misma reduccionista, dado que le salvaba el pellejo a la casta política responsable de impulsar el terrorismo y después de promover la represión ilegal, la primera década del siglo 21, conoció la teoría del demonio único”, lanzó el influencer de la derecha.
Según Laje, esta teoría señalaba que “el horror de la década del 70 empieza un 24 de marzo de 1976, día en que las Fuerzas Armadas encabezan un golpe de Estado, poniendo en marcha un plan de aniquilamiento de jóvenes idealistas que luchaban por un mundo mejor, dejando como saldo 30.000 desaparecidos”.
"Los promotores de la teoría del demonio único han negado la existencia de una guerra en la Argentina de los 70. Para ello han acusado a quienes describen como un conflicto bélico lo ocurrido en aquel período de intentar justificar los horrores cometidos por las Fuerzas Armadas. No obstante, la realidad es exactamente la opuesta. Quienes han negado la guerra revolucionaria lo han hecho con el propósito de borrar de la historia los horrores cometidos por las organizaciones terroristas y para eliminar de la memoria colectiva a sus víctimas", arremetió.
Para el escritor, "la historia debe contarse completa o se convierte en un instrumento de manipulación política. No hay tal cosa como una verdad a medias. La omisión de lo necesario es tan grave como la afirmación del error. Si borraron de la historia las atrocidades de las organizaciones terroristas, también se encargaron de ocultar el hecho de que los métodos ilegales de represión estatal comenzaron durante el gobierno democrático anterior al 24 de marzo de 1976″.
“Durante la presidencia de Juan Domingo Perón se creó y empezó a actuar la Triple A, una organización paramilitar vinculada al gobierno que secuestró y asesinó a cerca de 500 personas. Además, en febrero y en octubre de 1975, el gobierno de María Estela Martínez de Perón ordenó por medio de dos decretos del Poder Ejecutivo las operaciones militares y de seguridad que sean necesarias a los efectos de Aniquilar el accionar de los elementos subversivos”, destacó Laje en el video que narra sobre la conmemoración de este feriado.
"Las organizaciones terroristas llevaron adelante la mayor parte de sus atentados contra gobiernos democráticamente elegidos. Lo que pretendían era perpetrar su propio golpe de Estado para instalar en la Argentina un sistema de corte socialista a la fuerza asimilable a la Cuba castrista”, consignó.
"Fuimos empujados a ignorar esta parte crucial de nuestra historia simplemente porque no convenía a los mercaderes de la memoria a medias. Y lo que tampoco les convenía era contarnos que, según las mismas organizaciones terroristas, lo que atravesaba la Argentina en la década del 70 era un verdadero estado de guerra revolucionaria”, agregó.
"No está bien ocultar la situación de guerra revolucionaria que vivía la Argentina de los años 70. No está bien disimular el hecho de que la represión ilegal y la técnica de desaparición de personas comenzaron antes del 24 de marzo de 1976. No está bien negar a las víctimas cuando son de un lado e inflarlas cuando son del otro. No está bien inventar cifras con propósitos efectistas", denunció.
El video institucional cierra con el siguiente mensaje: “Queremos ser libres de conocer nuestra historia. Es la única forma que existe de aprender del pasado y no repetirlo nunca más. Una sociedad que se aferra a la mentira no puede construir un futuro en libertad. Este 24 de marzo rompamos con el relato impuesto y reivindiquemos nuestro derecho a conocer la verdad completa”.
(De www.losandes.com.ar)
En cuanto al número de víctimas ocasionadas por la guerrilla, tenemos:
Montoneros + ERP = 1094 asesinatos + 2368 heridos + 756 secuestros extorsivos + 4380 bombas. (Según Victoria Villaruel)
Qué dice Agustín Laje en el video del gobierno por el Día de la Memoria
“Nací en 1989. Soy parte de una generación que vivió toda su vida en democracia. Los violentos años 70 no llegaron a mí más que como un ejercicio de memoria histórica que se convirtió en política estatal justo cuando entré en el colegio secundario. En la práctica, esta política funcionó como un proceso de destrucción de la verdad histórica, con fines partidarios, ideológicos y económicos”, dijo Laje en el polémico video.
"Lejos de conocer lo que verdaderamente ocurrió en la década del 70, los alumnos del siglo XXI fuimos adoctrinados en un relato historietístico, maniqueo y reduccionista. Si la teoría de los dos demonios ya era en sí misma reduccionista, dado que le salvaba el pellejo a la casta política responsable de impulsar el terrorismo y después de promover la represión ilegal, la primera década del siglo 21, conoció la teoría del demonio único”, lanzó el influencer de la derecha.
Según Laje, esta teoría señalaba que “el horror de la década del 70 empieza un 24 de marzo de 1976, día en que las Fuerzas Armadas encabezan un golpe de Estado, poniendo en marcha un plan de aniquilamiento de jóvenes idealistas que luchaban por un mundo mejor, dejando como saldo 30.000 desaparecidos”.
"Los promotores de la teoría del demonio único han negado la existencia de una guerra en la Argentina de los 70. Para ello han acusado a quienes describen como un conflicto bélico lo ocurrido en aquel período de intentar justificar los horrores cometidos por las Fuerzas Armadas. No obstante, la realidad es exactamente la opuesta. Quienes han negado la guerra revolucionaria lo han hecho con el propósito de borrar de la historia los horrores cometidos por las organizaciones terroristas y para eliminar de la memoria colectiva a sus víctimas", arremetió.
Para el escritor, "la historia debe contarse completa o se convierte en un instrumento de manipulación política. No hay tal cosa como una verdad a medias. La omisión de lo necesario es tan grave como la afirmación del error. Si borraron de la historia las atrocidades de las organizaciones terroristas, también se encargaron de ocultar el hecho de que los métodos ilegales de represión estatal comenzaron durante el gobierno democrático anterior al 24 de marzo de 1976″.
“Durante la presidencia de Juan Domingo Perón se creó y empezó a actuar la Triple A, una organización paramilitar vinculada al gobierno que secuestró y asesinó a cerca de 500 personas. Además, en febrero y en octubre de 1975, el gobierno de María Estela Martínez de Perón ordenó por medio de dos decretos del Poder Ejecutivo las operaciones militares y de seguridad que sean necesarias a los efectos de Aniquilar el accionar de los elementos subversivos”, destacó Laje en el video que narra sobre la conmemoración de este feriado.
"Las organizaciones terroristas llevaron adelante la mayor parte de sus atentados contra gobiernos democráticamente elegidos. Lo que pretendían era perpetrar su propio golpe de Estado para instalar en la Argentina un sistema de corte socialista a la fuerza asimilable a la Cuba castrista”, consignó.
"Fuimos empujados a ignorar esta parte crucial de nuestra historia simplemente porque no convenía a los mercaderes de la memoria a medias. Y lo que tampoco les convenía era contarnos que, según las mismas organizaciones terroristas, lo que atravesaba la Argentina en la década del 70 era un verdadero estado de guerra revolucionaria”, agregó.
"No está bien ocultar la situación de guerra revolucionaria que vivía la Argentina de los años 70. No está bien disimular el hecho de que la represión ilegal y la técnica de desaparición de personas comenzaron antes del 24 de marzo de 1976. No está bien negar a las víctimas cuando son de un lado e inflarlas cuando son del otro. No está bien inventar cifras con propósitos efectistas", denunció.
El video institucional cierra con el siguiente mensaje: “Queremos ser libres de conocer nuestra historia. Es la única forma que existe de aprender del pasado y no repetirlo nunca más. Una sociedad que se aferra a la mentira no puede construir un futuro en libertad. Este 24 de marzo rompamos con el relato impuesto y reivindiquemos nuestro derecho a conocer la verdad completa”.
(De www.losandes.com.ar)
En cuanto al número de víctimas ocasionadas por la guerrilla, tenemos:
Montoneros + ERP = 1094 asesinatos + 2368 heridos + 756 secuestros extorsivos + 4380 bombas. (Según Victoria Villaruel)
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