miércoles, 28 de enero de 2026

George Soros vs. Karl Popper

Existe cierta confusión acerca de la compatibilidad de las ideas de Karl Popper y una posible aplicación de las mismas por parte de George Soros. En realidad, la propuesta de Popper no difiere esencialmente de lo que proponen los autores liberales, mientras que la propuesta de Soros tiene en cuenta prácticas cercanas al totalitarismo. Recordemos que Soros es un millonario que hace aportes para facilitar el éxito de la propuesta globalista, que apunta a la destrucción de la civilización humana.

La sociedad abierta, propuesta por Popper, implica un conjunto de seres humanos que se unen sin perder su individualidad, incluso acentuando los atributos que los distinguen de sus semejantes. Por el contrario, una sociedad cerrada es aquella en que sus integrantes se "unen" perdiendo su individualidad, renunciando a todo proyecto personal para participar solamente en la búsqueda de objetivos comunes impuestos por el Estado (o por quien, o quienes, lo dirigen).

En el caso del conjunto de los países ocurriría algo similar. El "planeta abierto" implicaría una unión pacífica de los países mediante intercambios comerciales (no exclusivamente), lo que conocemos como globalización. Este proceso queda amparado por una cultura universal construida con el aporte de todos. El "planeta cerrado" implica la unión forzada de los pueblos mediante intercambios poblacionales con diversas "culturas" (buenas o malas) que tienden a reemplazar a la cultura universal tanto como a los atributos, bienestar y potencialidades de los países desarrollados, tal el caso de la invasión colonialista afro-islámica que se abate sobre Europa, principalmente. Este proceso tiende a destruir todo atributo cultural previamente existente (globalismo).

Una sociedad abierta no ha de estar regida por decisiones individuales de algún gobernante, sino por leyes establecidas previamente y que conforman la democracia liberal. En este sentido, el liberalismo adopta una postura compatible con las religiones bíblicas, que consideran que el Reino de Dios implica el gobierno de Dios sobre los hombres a través de las leyes naturales existentes. Por el contrario, las religiones paganas (como el Islam) se basan en el criterio personal impuesto por un líder que ignora completamente toda ley natural existente, principalmente las leyes que rigen el comportamiento humano. Desde este punto de vista, se trata de una negación de la voluntad de Dios, o de la "voluntad" implícita en el espíritu de la ley natural.

Patricio Lóizaga escribió respecto de Popper: "La aplicación del racionalismo crítico al ámbito práctico se realiza en obras como La sociedad abierta y sus enemigos y La miseria del historicismo. Es deber de la praxis social evitar el sufrimiento, pero no hacer felices a los hombres (buscar esto conduce a formas de autoritarismo, ya que el que lo intenta debe imponer a los demás sus propias valoraciones)".

"A nivel político no se debe buscar la creación del «reino del amor», sino sólo instituciones controladas por la razón. Para Popper, los problemas del mundo actual no son fruto de la perversidad humana, sino consecuencia del deseo de mejorar el mundo: amor mal dirigido. Ahora bien, si la elección por la racionalidad es injustificable, también ha de serlo la elección por la irracionalidad".

"¿Por qué elegir la racionalidad como forma de vida? Siguiendo el método del racionalismo critico: por el análisis de las consecuencias. El irracionalista es dogmático a la fuerza, ya que desdeña el uso de la razón y la crítica, de modo que el racionalismo crítico se convierte en la única actitud que permite el desarrollo de la sociedad abierta, que posibilita el libre ejercicio de las facultades humanas, mientras el irracionalismo o el seudoirracionalismo a la manera platónica fomentan la constitución de sociedades cerradas, en las que un grupo de elegidos puede dictaminar qué es lo bueno para los demás".

"Si bien nuestra sociedad no es la mejor posible, es la mejor que ha existido en la historia humana. Esta imagen optimista popperiana se relaciona con su creencia de que las democracias representativas están en condiciones de defender a los miembros más débiles frente a los más fuertes. Las ideas del falibilismo hallan su aplicación política directa en el tema de la ingeniería social práctica, que permitiría la racionalización y planificación de la sociedad con el objeto de favorecer la libertad de los individuos".

"En el otro extremo del historicismo, que considera que es imposible alterar el curso de la historia, se halla la ingeniería utópica que afirma que sólo a partir de la determinación del Estado ideal es posible trazar planes concretos. La ingeniería social gradual sustentada por Popper se encuentra equidistante de ambos extremos, no plantea fines últimos para la sociedad, sino que se atiene a un plan más modesto: combatir los males" (Del "Diccionario de pensadores contemporáneos"-Emecé Editores España SA-Barcelona 1996).

lunes, 26 de enero de 2026

Cuando los Papas abandonan a sus fieles

En medios de comunicación se menciona que casi 5.000 cristianos en el mundo han sido asesinados, durante el año 2025, por el simple hecho de adherir al cristianismo. La gran maypría de estos asesinatos fueron realizados por adherentes al Islam. Sin embargo, nunca se ha escuchado decir que, tanto el Papa Francisco como León XIV, hayan protestado contra los jerarcas islámicos por tal proceso terrorífico. Por el contrario, aparecieron sonrientes durante algunos encuentros interreligiosos buscando confraternizar con quienes promueven tanto la destrucción del cristianismo como de la civilización occidental.

No todos los recientes Papas se han desinteresado por la religión para priorizar la política, como los antes mencionados, ya que Benedicto XVI sintió la responsabilidad de advertir a las mujeres católicas de no casarse con musulmanes, conociendo de antemano la vida de esclavitud que casi seguramente habrían de llevar.

Todo indica que al actual presidente de EEUU, Donald Trump, le afectan más las miles de pérdidas de vídas cristianas que a las propias autoridades de la Iglesia, que hacen todo lo posible por facilitar la expansión del Islam en Europa y en todo el planeta.

Tanto en política como en religión se corren riesgos de que aparezcan líderes más interesados en sus proyectos personales que por el bienestar y la seguridad de sus dirigidos. La Iglesia ha caído en una especie de paganismo en el cual sólo interesa la trascendencia y la popularidad de Cristo, mientras que apenas existe un interés por que sus mandamienos éticos sean aceptados por los integrantes de la sociedad humana.

No se ha avanzado demasiado desde la Edad Media cuando existían problemas similares. Así, Guillermo de Ockham escribía:

El Papa no tiene poder absoluto ni en las cosas temporales ni en las espirituales

El bien común se ha de preferir al bien particular. Por eso, al poner Cristo a Pedro al frente de las ovejas, lo que principalmente quiso fue atender a las ovejas, no a Pedro. Pero si Pedro hubiese recibido tal plenitud de poder del mismo Cristo, no habría mirado fundamentalmente por sus ovejas, sino por sí mismo y su honor. Queda, pues, claro que Cristo no dio ni a Pedro ni a sus sucesores tal plenitud de poder.

Esto se puede confirmar y apoyar desde la razón de muchas maneras. El gobierno apostólico o papal no fue instituido menos para la utilidad común de los fieles que el gobierno civil (secular) moderado y justo para la utilidad de los súbditos. Gobierno que, según los estudiosos del mundo en materia política, fue instituido para beneficio de los súbditos. Luego el gobierno papal no fue instituido por Cristo para el mismo Papa, sino para los fieles.

De todo lo cual se deduce claramente que el obispo de Roma -si quiere considerarse el primero entre los obispos- no debe buscar su propio honor diciendo que tiene toda la plenitud de poder sobre todos los fieles, sino que debe buscar la utilidad de los demás de manera que sólo se atribuya aquel poder que se juzgue necesario y útil a los fieles, con lo cual ya no es tal plenitud de poder. Pues ¿qué sentido tiene imponer cargas pesadas e insoportables o apenas llevaderas -sobre todo a débiles e imperfectos, proclives a la impaciencia y a la ira- por un señor que puede ser tonto, temerario, mal intencionado y perverso como el Papa? ¿Y de qué le sirve tener por encima de ellos a quien de iure puede imponerles sobre sus hombros cargas insoportables?

No teniendo, pues, el Papa poder dado por Dios -como ya hemos dicho- para destruir sino para edificar a los fieles, se sigue que el Papa no tiene de Cristo tal plenitud de poder.

Hay más. El Papa -lo mismo que los otros prelados de la Iglesia- no debe dominar sobre el clero tal como lo afirma san Pedro («Apacentad no como dominadores sobre la heredad, sino sirviendo de ejemplo al rebaño». Luego, no tiene ni en las cosas temporales ni en las espirituales tal plenitud de poder.

(De "La filosofía medieval" de Andrés Martínez Lorca-EMSE EDAPP SL-Buenos Aires 2015).

domingo, 25 de enero de 2026

Religión de la fe y la razón vs. Religión de la evidencia y la razón

Entre las principales formas de religión se encuentran la religión de la fe, o de la creencia, y también la religión que parte de evidencias. Ambas se expanden luego mediante la razón, con sucesivas deducciones a partir del punto de partida. La razón no sólo permite las expansión de ideas sino también una especie de "control de calidad" por cuanto la coherencia lógica de las deducciones resulta ser un requisito necesario, aunque no suficiente para garantizar su compatibilidad con las leyes naturales existentes.

A la religión tradicional, o teísmo, podemos considerarla como la “religión de la creencia”, ya que proclama que la verdad ha sido revelada por el Creador a algunos elegidos que tienen como misión orientar al resto de los hombres con la sabiduría que de Él proviene. Ese resto deberá abstenerse de indagar por su propia cuenta acerca de esa verdad, por cuanto puede contradecirla, debiendo acatarla bajo el riesgo de un posible castigo eterno en caso de desobedecerla.

La religión de la creencia, o de la fe, tiene varios inconvenientes por cuanto siempre aparecen individuos que aducen ser los “verdaderos” elegidos, por lo cual no existe un criterio, inherente a este tipo de religión, capaz de permitirnos adoptar a uno y rechazar al resto, porque todos dicen cosas similares. Este es un caso análogo al de los políticos, que pronuncian palabras semejantes, pero, mientras unos dicen la verdad, los otros mienten. Sin embargo, mirando lo que hacen los gobernantes, podremos finalmente advertir si dijeron o no la verdad (aunque a veces lo sepamos demasiado tarde), mientras que en el caso de la religión resulta casi imposible advertir la veracidad o la falsedad de las promesas realizadas, especialmente cuando se trata acerca de promesas de ultratumba, no así en el caso de las normas éticas sugeridas.

En nuestra época, el nivel de conocimientos aportado por la ciencia experimental nos permite afirmar, con pocas dudas, que todo lo existente está regido por leyes naturales, y que estas leyes son accesibles, en principio, a la indagación científica. Desde las diminutas partículas fundamentales, hasta los pequeños organismos y el propio ser humano, todo está regido por leyes naturales invariantes. Esta invariancia en el tiempo y el espacio puede advertirse cuando se extrapolan, hacia el pasado y hacia lo muy lejano, las leyes de la física, comprobándose que mantienen su validez.

Ello implica que las leyes naturales (como vínculos invariantes entre causas y efectos) constituyen una instancia superior respecto de la cual debe toda religión ser compatible. Aun cuando pueda decirse que la religión tradicional “sólo es verificable en el más allá”, debe tenerse presente que el camino hacia ese “más allá” implica el cumplimiento de mandamientos en el “más acá”. En el caso del cristianismo, los efectos del cumplimiento del mandamiento del amor al prójimo son verificables observando el grado de felicidad logrado.

Al constituir dicho mandamiento una adaptación del hombre a la elemental ley psicológica de la empatía emocional, se observa que resulta compatible con la instancia superior antes considerada. Por ello Cristo indicaba que “por sus frutos los conoceréis”, como criterio para distinguir entre verdaderos y falsos profetas, es decir, el profeta verdadero tiene en cuenta las leyes naturales mientras que el falso profeta no las tiene en cuenta. Jaime Balmes escribió: “Aquí no hay [término] medio: o la religión procede de una revelación primitiva, o de una inspiración de la naturaleza: en uno u otro caso hallamos su origen divino: si hay revelación, Dios ha hablado al hombre; si no la hay, Dios ha escrito la religión en el fondo de nuestra alma. Es indudable que la religión no puede ser invención humana, y que, a pesar de la desfigurada y adulterada que la vemos en diferentes tiempos y países, se descubre en el fondo del corazón humano un sentimiento descendido de lo alto: a través de las monstruosidades que nos presenta la historia, columbramos la huella de una revelación primitiva” (De “El criterio”-Editorial Difusión-Buenos Aires 1952)

Muchos predicadores cristianos parecen ignorar la simplicidad de la empatía emocional, la cual nos permite compartir las penas y las alegrías de los demás como propias. Tal fenómeno psicológico, simple e inmediato, no requiere de una revelación directa desde Dios hacia un enviado. De ahí que, para darle un justificativo al proceso de la revelación, los predicadores aducen que el amor al prójimo implica un proceso mucho más complejo, inaccesible al individuo común y sólo accesible a los “elevados”; los que están vinculados a lo sobrenatural. Por ello establecen luego planteos de tipo filosófico que resultan inaccesibles al hombre común, careciendo de toda utilidad debido a la ambigüedad y oscuridad de sus deducciones.

Mientras que la religión tradicional requiere de la existencia de una interacción entre el hombre y lo sobrenatural, la religión de la evidencia (o religión natural) no se distingue esencialmente de la ciencia experimental, rechazando la hipótesis de lo sobrenatural por cuanto advierte que no hace falta complicar lo simple. Si tenemos en cuenta que la ciencia experimental describe las leyes naturales, o leyes de Dios, constituye una forma directa de conocer a Dios, a través de su obra. De ahí que, en lugar de suponer la existencia de un Dios que interviene en los acontecimientos humanos y se comunica con algunos hombres a través de lo sobrenatural, supone un mundo ordenado mediante leyes naturales invariantes al cual nos debemos adaptar. Así, el Reino de Dios sobre el hombre es interpretado en la religión natural como el gobierno de Dios a través de las leyes naturales, que se instalará plenamente cuando el hombre se disponga a acatar dichas leyes, es decir, cuando el hombre se decida a compartir las penas y las alegrías ajenas como propias. Esto, como una tendencia, actitud o predisposición general, sin un acatamiento estricto por cuanto la empatía se establece dependiendo siempre de dos o más personas.

A quienes se oponen a la religión natural, por cuanto no coincide con sus creencias y opiniones personales, se les puede recordar que es importante y necesario un resurgimiento moral de los seres humanos debido a los altos porcentajes de sufrimiento existentes en el planeta. Se les puede preguntar acerca de cuánto tiempo consideran necesario para hacer que, con sus creencias, la mayoría de los seres humanos adopten el “mandamiento empático” que permitirá el resurgimiento del hombre. Todo indica que los antagonismos y divisiones que generan las religiones de la fe no tienen solución en ese ámbito, ya que sólo la descripción y el entendimiento de las leyes naturales constituye el camino efectivo y seguro para la supervivencia amplia de la humanidad.

Este planteo resulta inobjetable teniendo presente las propias profecías bíblicas, ya que predicen un cambio importante en el futuro. Si actualmente predomina la religión de la fe y lo sobrenatural, el cambio importante ha de conducir a la religión de lo evidente y de lo natural. De lo contrario, no ha de haber ningún cambio esencial por lo que tampoco la profecía bíblica habría de ser verdadera. De ahí que, los que promueven la fe en la Biblia no creen entonces en la validez de la profecía apocalíptica, por cuanto tampoco creen en cambio alguno.

El filósofo romano Epicteto advirtió hace varios siglos respecto de la diferencia existente entre el conocimiento puramente contemplativo y aquél que nos sugiere acciones accesibles a nuestras decisiones. Debemos distinguir entre religión moral y religión contemplativa. La primera implica priorizar nuestra actitud cooperativa mientras que la segunda implica priorizar nuestra actitud cognitiva. Incluso se ha llegado al extremo de considerar que la virtud del creyente está asociada a la postura filosófica adoptada en lugar de vincularla al cumplimiento de los mandamientos. Se puede ser creyente sin cumplir con los mandamientos, mientras que se puede ser no creyente y cumplir con ellos. Jaime Balmes escribió: “Son muchas y muy varias las religiones que dominan en los diferentes puntos de la Tierra: ¿sería posible que todas fuesen verdaderas? El sí y el no, con respecto a una misma cosa, no puede ser verdadero a un mismo tiempo. Los judíos dicen que el Mesías no ha venido, los cristianos afirman que sí; los musulmanes respetan a Mahoma como insigne profeta, los cristianos le miran como solemne impostor; los católicos sostienen que la Iglesia es infalible en puntos de dogma y de moral, los protestantes lo niegan; la verdad no puede estar por ambas partes, unos y otros se engañan. Luego es un absurdo decir que todas las religiones son verdaderas”.

Desde el punto de vista de la religión natural se sostiene que el resurgimiento moral del hombre no sólo requiere del conocimiento y acatamiento de la ley natural, sino también de una decidida búsqueda de una mejora intelectual, ya que la predisposición a mantener nuestra mente ocupada con pensamientos importantes, deja poco tiempo y lugar para el pensamiento superfluo e incluso negativo hacia los demás. De ahí que el amor a Dios puede interpretarse, no como un proceso empático similar al destinado a los demás seres humanos, sino como “el amor intelectual de Dios” propuesto por Baruch de Spinoza.

El predominio de la religión moral sobre la religión contemplativa implica un todo coherente con la ética y con las ciencias que estudian al hombre. Jaime Balmes escribe al respecto: “Las ideas morales no se nos han dado como objetos de pura contemplación, sino como reglas de conducta: no son especulativas, son eminentemente prácticas: por esto no necesitan del análisis científico para que puedan regir al individuo y a la sociedad. Antes de las escuelas filosóficas había moralidad en los individuos y en los pueblos”.

“Así, pues, al entrar en el examen de la moral, es preciso considerar que se trata de un hecho; las teorías no serán verdaderas si no están acordes con él. La filosofía debe explicarle, no alterarle; pues no se ocupa de un objeto que ella haya inventado y que puede modificar, sino de un hecho que se le da para que lo examine. Por ese motivo, los elementos constitutivos de las ideas morales es necesario buscarlos en la razón, en la conciencia, en el sentido común. Siendo reguladores de la conducta del hombre, no pueden estar en contradicción con los medios perceptivos del humano linaje: debiendo dominar en la conciencia, han de encontrarse en la conciencia misma”.

“La razón, el sentido común, la conciencia, no son exclusivo patrimonio de los filósofos: pertenecen a todos los hombres, por lo que la filosofía moral debe comenzar interrogando al linaje humano, para que de la respuesta pueda sacar qué es lo que se entiende por moral o inmoral, y cuáles son las condiciones constitutivas de estas propiedades” (De “Ética”-Editorial TOR-Buenos Aires 1947).

sábado, 24 de enero de 2026

Las dimensiones humanas

Generalmente, se busca definir una identidad humana, con lo que se favorecería la ubicación personal en la sociedad y en el mundo. Por identidad se entiende "el conjunto único de características, creencias, valores, experiencias y rasgos que una persona desarrolla sobre sí misma". Sin embargo, muchas veces se busca integrar conjuntos humanos que coinciden con nuestros gustos o deseos personales, sintiéndose un individuo como parte integrante de una religión, tendencia política, etnia, nacionalidad, etc. Este es el primer paso para los conflictos sociales que llevan al enfrentamiento entre los distintos subgrupos humanos.

El camino inverso a mirar hacia afuera, a la sociedad, implica mirar hacia dentro, hacia uno mismo advirtiendo la existencia de tres dimensiones básicas que debemos intentar acrecentar. Ello implica que tiene mayor sentido práctico intentar mejorarse uno mismo que intentar mejorar a los demás.

Podemos describir el comportamiento humano considerando los objetivos fijados por distintos individuos para el progreso personal, y que constituyen las tres dimensiones básicas del hombre. Tales dimensiones tendrán como objetivo lograr el Bien, la Verdad y la Belleza, de ahí que apuntarán a la búsqueda del mejoramiento ético, como del intelectual y del corporal o estético. Así como el individuo que busca mejorar en los tres aspectos logrará llegar a ser un hombre integro, o completo, quien desatienda estos aspectos tenderá a ser un hombre "mutilado".

Suponiendo que nos hemos de especializar, por distintas razones, en el desarrollo de uno de los aspectos mencionados, debemos establecer cierta prioridad. De ahí que, contemplando nuestra esencia y nuestra naturaleza humana, debemos considerar el aspecto ético como prioritario, luego el aspecto intelectual y finalmente el estético. Podemos entonces hacer una síntesis de las dimensiones del hombre y los objetivos correspondientes:

1- Ética (la búsqueda del Bien)
2- Intelectualidad (la búsqueda de la Verdad)
3- Estética (la búsqueda de la Belleza)

Lo emocional está asociado al aspecto ético, y constituye el conjunto de valores más importantes del hombre. Wolfgang Goethe, para resaltar la superioridad de los sentimientos respecto del intelecto, dijo: “Lo que yo sé, todos pueden saberlo, pero el corazón es sólo mío”. Por otra parte, el destacado filósofo y matemático René Descartes, quizás justificando su estado de soltero, expresó: “He preferido la verdad a la belleza”.

Podemos caracterizar a todo ser humano, incluso a todo grupo social, mediante estos tres aspectos: ético, intelectual y estético, ya que existe cierta independencia entre los mismos. Esto se debe a que existen personas de reconocida belleza exterior, pero con pocos atributos éticos e intelectuales, o bien personas con reconocida belleza interior, pero con pocos atributos físicos e intelectuales, y así todas las demás posibilidades. El hombre plenamente adaptado al orden natural será el que tenga un desarrollo equilibrado de los tres aspectos.

Siendo la vida espiritual la que caracteriza nuestra esencia humana, la propia naturaleza nos brinda posibilidades a todos para llegar a ser personas íntegras, o a llegar muy cerca de ese ideal. Así, hay veces en que los aspectos afectivos e intelectuales crecen como compensación a una pobre valoración estética por parte del medio social. Tanto Blaise Pascal, como San Francisco de Asís, Baruch de Spinoza y Sören Kierkegaard, poseían una salud precaria, posiblemente tendrían poco atractivo estético y los cuatro vivieron alrededor de los cuarenta años, pero pasan los siglos y sus atractivas personalidades siguen despertando curiosidad. Dijo François Mauriac sobre Pascal: “…al cabo de tres siglos él aún está ahí, vivo, tomando parte en nuestras disputas. Hasta sus mínimos pensamientos nos confunden, entusiasman o incomodan, pero él es comprendido al momento, desde la primera palabra, mucho mejor que en su propio tiempo…”.

Si tuviésemos que elegir una edad óptima para detener el paso del tiempo, un deportista la elegiría entre 25 o 30 años, un científico entre 35 y 45 años, un filósofo quizás algo más, mientras que, quien basa su vida en sus vínculos sociales y afectivos, podrá elegir una edad mayor aún. De ahí que una valoración excesiva de la belleza física hará sentir poco feliz a quien posee una edad que excede a la óptima de su ideal. Lograr el desarrollo equilibrado de nuestras tres dimensiones equivale hacer más intensa nuestra propia vida.

Si tuviésemos que elegir al “modelo de hombre feliz”, quienes viven en la fase estética pensarán en algún millonario que vive lujosamente. En cambio, quienes viven en la fase ética e intelectual, podrán elegir una vida como la del médico Edward Jenner, quien alguna vez habrá podido decir con orgullo: “…con mi vacuna podré salvar 60 millones de vidas por siglo”, ya que esa fue la cantidad estimada de víctimas de la viruela durante el siglo XVIII. Por su obra podemos decir que era “creyente”, en el sentido religioso, aunque no sepamos cuáles eran sus pensamientos al respecto.

La evolución tecnológica y la vida moderna exigen al hombre un mínimo esfuerzo físico en sus actividades cotidianas, mientras que nuestra propia naturaleza requiere de cada uno de nosotros una actividad muscular permanente para el logro de una vida sana. El ejercicio físico y el deporte son necesarios e imprescindibles para el logro de una vida plena; fortalecen al cuerpo y prolongan la vida. Ayudan a embellecer el aspecto exterior como también han de servir para ejercitar la voluntad y la disciplina; aspectos necesarios para nuestro cotidiano vivir. John Locke escribió: “Educar es obtener un alma sana en un cuerpo sano”.

Cuando vemos diariamente el caso de algunos animalitos domésticos que muestran una buena dosis de afecto y de sociabilidad, y los comparamos con muchos seres humanos, compartimos aquella expresión que indica que “a medida que conozco mejor al ser humano, quiero más a mi perro”. De ahí que pareciera una sugerencia inútil hacer resaltar en la sociedad el ejemplo de notables hombres del pasado cuando, para una mejora inmediata, bastaría que señalar la presencia de algunos seres del reino animal que muestran aptitudes éticas bastante más elevadas que muchos seres humanos.

Podemos incluso establecer una escala de valores que, posiblemente, reflejará la actualidad ética de muchas sociedades. No es una escala ideal, sino real, ya que refleja los resultados de lo que el hombre busca para su vida:

1- El hombre económico (ser unidimensional que busca y valora el placer o el poder, o ambos).
2- Los animales domésticos (seres bidimensionales que superan éticamente a muchos hombres).
3- El hombre tridimensional (el que logra la integridad humana).

Mientras que el hombre crece buscando algunas, o todas, de las tres dimensiones mencionadas primeramente, los pueblos progresan eligiendo mejorar su nivel cultural, su nivel científico y tecnológico o bien su nivel económico. Incluso podemos decir que lo ético en el individuo se proyecta socialmente en lo cultural, lo intelectual en lo científico, tecnológico, artístico, etc., mientras que la búsqueda de comodidades y seguridad personales promoverán el desarrollo económico de la sociedad. Así, los romanos tenían una mentalidad práctica. Realizan, entre otras obras, 90.000 kilómetros de caminos, haciendo que Roma represente la fase tecnológica de la humanidad. Uno de ellos dijo: “Los griegos y los egipcios construyen monumentos que no tienen utilidad práctica, mientras que Roma construye caminos y acueductos que sirven a todo el pueblo”. Por el contrario, en la Grecia antigua se acentúa la fase intelectual y científica de la humanidad, y en donde, incluso, se desprecian las actividades puramente prácticas. También los pueblos deberán buscar un desarrollo equilibrado entre cultura, ciencia, tecnología y economía, que, como se dijo, resultan de la proyección de los valores individuales como valores sociales.

Generalmente se afirma que las crisis sociales y humanas se deben a un descenso en la búsqueda de valores personales. En esos casos predomina la idea del relativismo moral y cognitivo. Quienes adhieren a tales relativismos consideran que no existe el Bien ni la Verdad en un sentido objetivo. De ahí que, si el Bien y la Verdad son sólo cuestiones convencionales, no merecerían que les dediquemos demasiado tiempo y esfuerzos, ya que sólo adquiriremos atributos de reducida valoración social y de dudosa validez objetiva.

La más importante sugerencia para la mutilación espiritual del hombre proviene del marxismo cuando sostiene que no existen el Bien ni la Verdad objetivos y que todos esos conceptos derivan del sistema económico de producción y distribución vigente en determinada sociedad. Sostiene que todos los atributos del hombre renacerán una vez que se haya establecido el socialismo, al cual se llegará mediante una revolución, es decir, primeramente se siembra el odio, que luego llevará a una lucha entre sectores y finalmente, casi por arte de magia, aparecerá el “hombre nuevo” emergente del socialismo.

Podemos decir que el “homo economicus”, como “especie” predominante en las sociedades en crisis, no sólo lo encontramos en la base del socialismo, sino también en las sociedades de consumo. Posiblemente de ahí surjan las severas críticas al capitalismo, como sistema económico creador del “hombre unidimensional”, que carece de atributos éticos e intelectuales.

En este caso, el error que se comete radica en seguir el pensamiento marxista, ya que atribuye todos los defectos de una sociedad al sistema de producción. Si el individuo típico de la sociedad de consumo no busca su perfeccionamiento ético, intelectual y estético, y tan sólo busca lograr comodidades para su cuerpo, a través de la adquisición de bastante dinero, ello poco tiene que ver con las ventajas operativas que presenta el sistema capitalista de producción y distribución de bienes y servicios.

La economía de mercado es superior, o menos mala, si se prefiere, que la economía planificada. Su función es responder y satisfacer de la mejor manera a las demandas establecidas por el consumidor. Pero la ética que debe imperar en la sociedad debe reflejarse en el tipo de demanda que el consumidor establece. La ética debe tratar de mejorar las actitudes del cliente y del productor, siendo el sistema del mercado un sistema éticamente neutro, que no empeora ni mejora las conductas individuales. Si alguien come o bebe excesivamente, no debe culparse a quienes producen o venden alimentos o bebidas, sino que toda la responsabilidad recae sobre el propio consumidor. Si se atribuye al sistema capitalista la culpabilidad respecto del egoísmo y del materialismo extremo que impera en las sociedades en crisis, se deja de lado la posibilidad de buscar mejoras a nivel individual.

Todo sistema que funcione en base a la libre elección, por parte de los individuos que lo integran, funcionará aceptablemente en cuanto exista en tales individuos una base ética mínima y aceptable. De lo contrario, nunca funcionará adecuadamente. De la misma manera en que se acusa al sistema de mercado por “permitir” los excesos del hombre, podemos incluso cuestionar al propio Creador, o a la propia Naturaleza, por habernos dado libertad de elección por cuanto todavía no somos capaces de adaptarnos plenamente a las leyes naturales establecidas siendo el sufrimiento una medida de esa desadaptación.

Así como no es oportuno decir que el mundo está mal hecho, y que es para el hombre una trampa sin solución ni esperanzas, es posible decir que el capitalismo es un sistema que requiere del individuo el mismo tipo de ética que el necesario para el buen desempeño individual en la sociedad humana surgida libremente a partir de nuestros atributos personales.

viernes, 23 de enero de 2026

Democracia vs. Comunismo: cuadro comparativo

Se menciona a continuación un cuadro comparativo entre democracia y socialismo, o comunismo, cuyo autor es Sebastián Soler y que fuera editado por la Revista Somos bajo el título "¿De qué República hablamos?" (Editorial Atlántida SA-Buenos Aires 1981).

El ser humano

Para la democracia, el ser humano es el que, mediante su acción, ha proyectado el espíritu sobre un mundo ciego. La idea democrática reposa en la confianza de que en todo ser humano hay un fondo común y valioso de dignidad. Y que por ese fondo está dotado no sólo de autoconsciencia, sino también de capacidad para dar valiosas respuestas a los estímulos del mundo moderno. El hombre posee una originalidad creadora cuya libertad debe ser respetada. Esa revalorización del hombre, de su dignidad y de su originalidad es una de las formas más claras y evidentes de la vida democrática.

Para el comunismo, el ser humano es proletario o burgués: esclavo u opresor. El burgués será necesariamente explotador, sanguijuela, puerco, usurero, egoísta e inmoral. El proletario, naturalmente, todo lo opuesto. La historia del hombre y del mundo es la historia de la lucha de clases.

La familia

Para la democracia, la familia constituye el núcleo básico donde se conservan, transmiten y nutren los principios fundamentales de la moral individual, que en su característica de buena fe, configuran la virtud sobre la que reposa la república.

Para el comunismo, la familia es el primer gérmen de la propiedad. "La mujer y los hijos -dice Marx- son los esclavos del marido". O sea que ese "salvaje propietario y vampiro capitalista" -el marido, se entiende- para su personal prosperidad económica deberá darles de comer lo estrictamente necesario para que no perezcan de hambre, y la mujer pueda seguir cocinando para él, los hijos manteniéndolo, y él acumulando plusvalía más no sea en forma de gordura y colesterol.

La propiedad privada

Para la democracia, la propiedad privada forma parte del ser humano en el mismo sentido que forma parte de él la capacidad creadora que se funda en la libertad. Es uno de los bienes inajenables del hombre, como su libertad, su racionalidad inteligente, su moralidad, su religión.

Para el comunismo, la propiedad privada es la expresión externa de una tendencia del hombre, que trata de establecer sobre los demás un poder ajeno, para encontrar así una satisfacción de su necesidad egoísta. Es la gran responsable de todos los males: inmoralidad, frustración, esclavitud. Por lo tanto hay que abolirla e instaurar el comunismo.

Los derechos humanos

Para la democracia, los derechos humanos son violados cuando se violan las leyes.

Para el comunismo, los derechos humanos son violados cumpliendo las leyes.

El Estado

Para la democracia, el Estado le reconoce al hombre el máximo campo de desenvolvimiento, pues confía en que aquel hará buen uso de su libertad. El Estado democrático se asienta en la virtud.

Para el comunismo, el Estado está entretejido por estructuras de desconfianza y temor hacia la libertad. Multiplica sus leyes, reglamentos, órdenes, prohibiciones y penas: lo encarrila todo. Vive un perpetuo crecimiento canceroso. El Estado totalitario se asienta en la fuerza.

El poder

Para la democracia, el poder reside en el pueblo, "quien -como dice nuestra ley fundamental- no delibera ni gobierna sino por medio de sus representantes y autoridades creadas por esta Constitución". La democracia no coloca a todos los hombres en el mismo nivel de poder, pero sí en el mismo nivel de dignidad y de valor como seres humanos.

Para el comunismo, el poder está en manos del "proletariado", aunque no quede bien definido qué es el proletariado, y en la realidad sea ejercido por una minoría selecta digitada por el Partido.

El individuo

Para la democracia, el individuo es quien puede ofrecer testimonio seguro de la justicia de una ley, porque en él y sólo en él es donde podemos hallar el fundamento de toda evidencia. El manantial de las corrientes dinámicas y creadoras de la especie humana fluye en el individuo y en él brota. El liberalismo está fundado sobre "la noción del valor absoluto de la personalidad, la dignidad y la excelencia humanas".

Para el comunismo, el individuo es eclipsado por la masa. Y el individualismo fue convertido por la propaganda marxista en sinónimo de egoísmo, codicia, soberbia, falta de caridad y amor al prójimo.

La educación

Para la democracia, la educación es fundamental, ya que sólo a través de ésta el ser humano biológico alcanza a un tiempo autoconsciencia y visión objetivante; captación del mundo externo y captación de los valores: comprensión de las leyes naturales y de las relaciones de convivencia; distinción entre el pensamiento lírico y el pensamiento válido. La democracia se apoya en ese ser. Ella cre que la inteligencia humana es atraída por la verdad, aunque admite el error, no sólo como posible, sino aun como natural. Cree que la inteligencia humana es capaz de desenmascarar todo interés y que la verdad es implacable, hasta en cada uno de nosotros.

Para el comunismo, la educación consiste en difundir la ideología marxista. La formación del hombre no apunta al desarrollo de la personalidad individual, sino al moldeo de un eficiente instrumento de producción y consolidación del sistema. Toda proyección individual -que se aparte o cuestione los principios filosóficos del sistema soviético- es por definición falsa y atentatoria contra la seguridad del Estado.

La prensa

Para la democracia, la prensa es un poder real del hombre, como la palabra y la opinión. Apenas es concebible que se abuse de esa libertad pues todas las desviaciones de la verdad no se comprenden sino como errores accidentales, que no pueden torcer el curso de aquélla; además, los destinatarios también son inteligencias tendientes a la verdad y voluntades en busca del bien.

Para el comunismo, la prensa es un poder del Estado, que expresa lo que debe decirse. Se trata de una prensa manejada como cualquier rama de la administración pública. Los ministerios de propaganda son una típica creación de los Estados totalitarios: su plan es el de pensar y hacer pensar de acuerdo con la norma.

jueves, 22 de enero de 2026

¿Moral subjetiva?

La principal base de la civilización occidental es la ética bíblica, ya que el "Amarás al prójimo como a ti mismo" constituye el fundamento moral básico que ha permitido construir una sociedad favorecedora de la libertad individual. Tal libertad permite luego poner a disposición de todo integrante de la misma todas las potencialidades individuales que se suman para favorecer al conjunto humano.

A la predisposición al progreso y a la construcción social se ha opuesto lo que se denomina "deconstrucción social", esto es, un proceso intelectual que busca descalificar y destruir las bases de la cultura occidental. Si se logra instalar la idea de que no existe una moral objetiva, compatible con el orden natural, sino que tan sólo existe un relativismo moral asociado a las diversas opiniones humanas, haciendo imposible concluir que una ética propuesta es mejor que otra, se logra el objetivo de abandonar definitivamente la base bíblica antes mencionada.

En realidad, toda ética, toda religión y toda descripción de la realidad humana, son "construcciones sociales", pero debemos distinguir entre las construcciones sociales compatibles con la realidad, o con las leyes naturales que rigen nuestras conductas individuales, respecto de aquellas construcciones sociales poco compatibles con dichas leyes. Como ejemplo de este proceso puede mencionarse a la física experimental; en un momento dado, existen varias teorías descriptivas diferentes acerca de ciertos fenómenos naturales. Luego, ante las evidencias que da la experimentación requerida, se acepta la teoría que con mayor precisión describe tales fenómenos.

En cuestiones humanas debería ocurrir algo similar, es decir, deberíamos aceptar la ética que mejores resultados produzca una vez puesta en práctica, en lugar de buscar sólo el éxito de aquella ética que más nos agrada. De ahí que la ética bíblica, que se basa en la empatía emocional, puede interpretarse como una sugerencia a compartir penas y alegrías ajenas como propias, por lo cual, al adoptar tal actitud o predisposición, se advierte que es la que mejores resultados produce. Adam Omary escribió: "El progreso humano depende de una comprensión compartida de lo que realmente significa «progreso». Esa comprensión se basa en nuestra psicología moral: cómo pensamos sobre la moralidad y lo que consideramos moral o inmoral. Durante milenios, las personas han debatido cuál debería ser la moral correcta, pero la moralidad no es un constructo unitario".

"Por ello, algunos filósofos han abandonado por completo la tarea de establecer prescripciones morales, optando en su lugar por una filosofía de relativismo moral, es decir, la visión de que lo correcto y lo incorrecto dependen de la cultura o de la elección personal. En el mejor de los casos, el relativismo moral reconoce que no existe un enfoque universal para el florecimiento humano en todos los contextos, lo que conduce a un debate más matizado sobre el progreso humano. En el peor de los casos, el relativismo moral representa un desprecio total por las restricciones morales".

"Filósofos posmodernistas, como Michel Foucault y Jacques Derrida, argumentaron que la moralidad no es objetiva, sino más bien una construcción social arbitraria, típicamente moldeada y aplicada para servir a los intereses de quienes están en el poder. Esta interpretación tiene consecuencias desastrosas: si la moralidad no es más que una máscara del poder, entonces la justicia se vuelve indistinguible de la dominación, y toda reivindicación moral se reduce a una lucha por el control. La posibilidad de la verdad, la virtud o la libertad genuina desaparece, dejando sólo narrativas morales contrapuestas sin ningún estándar ético objetivo que aplicar. Pero esa es una posición extrema y quizás deliberadamente provocadora. Existe una comprensión más matizada del relativismo moral, basada en la psicología evolutiva, que reconoce los diferentes valores morales como reales, pero que a menudo implican concesiones personales y sociales". (De "La psicología del progreso moral"-http://elcato.org).

Gran parte de los filósofos actuales, tienden a denigrar incluso a la ciencia experimental, aun a pesar de los importantes resultados logrados por la física, la biología y otras ramas de la ciencia. Leemos al respecto acerca de la postura de Jean-François Lyotard: "Dada la falta de anclaje a una realidad a la que no tiene acceso, el científico apela al consenso interno de la propia comunidad científica: es verdadero aquello que los científicos acuerdan que es verdadero. La verdad de un enunciado científico depende de la competencia de quien lo enuncia. Es necesario, por tanto, formar «buenos» científicos: esto es, semejantes (o iguales) a aquellos que los educaron. En definitiva, la ciencia se ve envuelta en este bucle autorreferencial, y necesita recurrir al lenguaje narrativo para justificarse" (De "Postmodernidad" de M. T. Oñate y B. G. Arribas-EMSE EDAPP SL-Buenos Aires 2016).

Llama la atención el grado de ignorancia del mencionado "filósofo" respecto de la ciencia experimental, ya que desconoce que, justamente, cuando se logra establecer una verificación experimental, todos los científicos aceptan el veredicto de la propia naturaleza, que es la que, en definitiva, aprueba o desaprueba las diversas teorías. Antes de llegar a tal comprobación, durante la lucha entre los diversos teóricos, existen preferencias, en universidades, por incluir en el plantel de investigadores a quienes adhieren a una teoría en especial, lo que implica también el rechazo de otros.

De la misma forma en que, en el ámbito de la ciencia experimental, se llega a un conocimiento objetivo, que es el primer paso para su aceptación generalizada, es deseable que en cuestiones humanas se acepte la ética que mejores resultados produzca, por lo cual es esencial la prioritaria búsqueda de la verdad, antes que la prioritaria búsqueda del interés personal. De ahí que es oportuno traer a la memoria las disputas entre un buscador de la verdad (Sócrates) y los buscadores del interés personal (los sofistas):

Antifonte: Mira, Sócrates, lo que en verdad no comprendo de ti es por qué buscas distinguirte de los demás. Tu eres maestro al igual que nosotros los sofistas, usas la palabra como tu herramienta, y si no cobras por ello, pues bien, tus razones tendrás. Pero te engañas si crees ser diferente al resto.

Sócrates: Celebro lo que dices, mi buen Antifonte, y celebro que por fin puedas razonar conmigo. Pero has de saber que yo encuentro muchas diferencias entre tú y yo. En primer lugar, no me considero un maestro, aunque así me llaman algunos de mis amigos. Maestro es quien tiene algo para enseñar, mientras que yo, como sabes, me paso el día entero preguntando. También dices que la palabra es mi herramienta, y en eso guardas razón, pero mientras tú usas la retórica para jugar y hacer malabares, yo pretendo utilizarla para llegar a la verdad.

Antifonte: ¿Qué quieres decir con eso, Sócrates? Nosotros empleamos las palabras con gran elegancia y no hacemos juegos ni malabares con ellas.

Sócrates: Creo que no me he explicado bien. Si juegas o no con las palabras, eso es un asunto de menor importancia. Lo esencial, amigo mío, es que los sofistas sólo se conforman con opinar, seducir, fascinar con la retórica, en vez de ir a lo hondo del problema. Confunden la elocuencia con la verdad. Se pavonean ante sus discípulos cautivándolos como Orfeo, con la música de sus palabras, pero no advierten que el discurso vacío no conduce a ninguna parte.

(De "Sócrates" de Miguel Betanzos-Grijalbo-Buenos Aires 2005).

Puede decirse que otro de los síntomas de la severa crisis moral y social que afecta gran parte de la humanidad, es el amplio predominio de los nuevos sofistas por sobre los nuevos socráticos.

miércoles, 21 de enero de 2026

Hayek y la forma de combatir la inflación

Cuando en un país se llega a un proceso inflacionario importante, es necesario revertirlo hasta llegar a una inflación mínima o nula. Como la causa principal de este proceso es el gasto estatal excesivo, se recomienda bajarlo en forma gradual o bien en una forma rápida. En la forma a adoptar difieren los economistas. Así, la reducción del déficit fiscal; déficit que implica que los gastos estatales exceden a los ingresos, implica un “ajuste” que ha de producir sufrimientos en distintos sectores de la sociedad. Esta vez se busca que el proceso de ajuste sea lo menos “doloroso” posible. Las dos opciones son: intenso “dolor” durante breve tiempo o bien mediano “dolor” durante bastante tiempo, con la posibilidad de no llegar, en este caso, a la solución esperada.

En la Argentina, el gobierno de Javier Milei adoptó la alternativa de reducir las causas de la inflación en forma rápida, consiguiendo resultados positivos hasta el momento. Sin embargo, algunos “periodistas” aducen que no es tan exitoso el proceso porque en años anteriores, bajo gobiernos kirchneristas, se tenían niveles de inflación similares. Este es el caso de Rolando Graña, que envenena las pantallas televisivas semanalmente añorando, pareciera, al gobierno anterior.

Supongamos que el gobierno kirchnerista recibió al país con una inflación del 10% anual hasta subirla hasta el 300% (por decir algunas cifras). Es evidente que, en algún momento, pasó por el 30% de inflación, que es aproximadamente la inflación anual actual con Milei. Pero es muy distinto tener ese nivel en un proceso económico con inflación ascendente que tenerlo en un proceso de inflación descendente. Además, la inflación kirchnerista mantenía precios bajos de los servicios con fuertes subvenciones a las empresas respectivas, y con fuerte déficit fiscal. La inflación de Milei, por el contrario, se establece con déficit nulo, o muy bajo, y con subvenciones también muy bajas.

Puede decirse que, con tres o cuatro “periodistas” como el mencionado, un país puede caer en las peores crisis, ya que el votante desprevenido, que confía en lo que observa en televisión, posiblemente orientará su apoyo político a sectores populistas o totalitarios. De la misma forma en que los sectores socialistas utilizan la democracia para acceder al poder, para luego destruirla, se amparan en la libertad de expresión para difundir su nefasta ideología.

Ante la pregunta: ¿En qué se parece la crisis de 1930 a la actual? [década de los 70], Friedrich Hayek respondía: “Entre la primera y la segunda –que venimos atravesando desde 1973- hay parecidos y diferencias. Los parecidos se encuentran en las malas orientaciones de las actividades económicas, que hoy se manifiestan y que son la consecuencia del periodo de inflación que precedió”.

“Pero en la década del 30 la política monetaria era deflacionista, mientras que hoy todavía se cree que prolongando la inflación a un ritmo moderado se mantendrá un índice de actividad más elevado. Todo lo que se obtiene con ello es la «stagflación»”.

“Hemos llegado al punto en el que sólo una aceleración de la inflación podría mantener las actividades anteriores. Al no atreverse a detener la inflación, se juntan los males de las dos situaciones: se tiene a la vez inflación y desempleo”.

“Yo considero que deben ser corregidas las malas orientaciones de la producción debidas al periodo de inflación. Detener la inflación traerá aparejado un aumento del desempleo. Pero esto es posible realizarlo de dos maneras: rápidamente o lentamente. Personalmente estoy convencido de que hay que actuar rápidamente, porque ningún gobierno puede hacer frente políticamente a una política, extendida a lo largo de varios años, de reducción de la inflación, que se acompaña de depresión”.

“Pienso que es necesario estabilizar la situación en seis meses, que serán difíciles de soportar y muy penosos, pero que permitirán un nuevo comienzo económico. Es lo que hicieron los Estados Unidos después de la Primera Guerra Mundial: bajaron el nivel de los precios en un 44% en seis meses; seis meses horribles, con un 20% de desempleo. Pero al final de ese periodo, el camino estaba despejado para un nuevo boom: la reactivación fue posible”. (De “¿De qué República hablamos?”-Revista Somos-Editorial Atlántida SA-Buenos Aires 1981).